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Fan del Mes
Nombre: Rocío Valverde Torres
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Edad: 22 años
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 La Gran Leyenda del Lobo Blanco

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sohamG95
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Edad : 21
Localización : Puerto Rico

MensajeTema: La Gran Leyenda del Lobo Blanco   Miér Jul 09, 2014 2:26 am




BIENVENIDOS

LECTORES FANTASMAS.
SEGUIDORES ANTIGUOS
Y
NUEVOS SEGUIDORES


ESTA ES LA ULTIMA Y NUEVA ACTUALIZACION DE LA NOVELA.
Si tiene USTED alguna duda sobre lo que sucede. pregunteme en un mensaje privado. con gusto le respondere las preguntas sobre el cambio que esta ocurriendo.


 Exclamation     Exclamation     Exclamation 
 
TITULO: La Gran Leyenda del Lobo Blanco
         

Autora original:
              Sohamg95 (Soham Garcia Ocasio)

Trama: sci-ficcion,drama, romance y comedia.

Clasificacion: Teen Mature (preferiblemente +15)

             N/a: Pero si crees que eres lo suficiente maduro como para enfrenta asi sea dialogos o escenas fuertes, eres totalmente bienvenid@. (no me hare responsable de algún malestar, es su decisión leerla y no tiene NADA que ver CONMIGO.)

Informacion adicional:

               ESTA NOVELA NO ES BASADA EN JACOB BLACK Y RENESMEE CULLEN SWAN, SI SE BASA UN POCO EN LO ESCRITO DE STEPHANIE MEYER SOBRE LAS LEYENDAS QUILEUTS PERO NO ES OTRA SAGA DE TWILIGHT, ES SOLO UNA NOVELA QUE SI... TIENE ALGUNOS DE SUS PERSONAJES CON OTROS INVENTADOS PERO LOS PROTAGONISTAS NO SON BELLA, NI NESSIE, NI EDWARD Y MUCHO MENOS JACOB.

ADVERTENCIA:   ESTA NOVELA ES ORIGINAL BAJO MI MANO, NO AL PLAGIO! DERECHOS DEL AUTOR RESERVADOS

*N/a: NO ES CHISTE.(BROMA).

  POSDATA:

ALGUNOS DE LOS PERSONAJES LE PERTENECEN A MEYER, LOS QUE NO… SON MI PURA CREACION. DIOS BENDIGA Y FELICITE  DE POR VIDA A LA IMAGINACION Y SER HUMANO DE MEYER.


ESTA NOVELA SE CREO SIN FINES DE LUCRO.

Resumen:

         Zeeb Ateara, mayormente conocida como Zeze, la sobrina del Viejo Quil y prima de Quil y Jacob.  Despues de haber sido alejada abruptamente de la tribu por sus padres, ella se ve obligada a olvidar todo de su crianza en esos cinco a~os...

se vuelve rebelde, de temperamento volatil al extremo... incontrolable hasta para sus padres, o al menos eso es lo que ellos dicen. Zeeb se ven obligados a ser abandonada a su suerte, trasladada a la push, con su tio el viejo Quil como ultimo recurso y esperanza para sus padres y su fama, para que este le ense~e modales y moral...

Pero de todas las leyendas de la tribu, aun late la mas antigua. y a la llegada de Zeeb hasta el propio destino estara en juego, y la magia de Taha'ki se vera mas fuerte y latente que nunca...Zeze se vera obligada a enfrentar no tan solo reglas, leyendas, magia, amor,misterios, dolor... si no tambien su propio DESTINO.



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sohamG95
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MensajeTema: Re: La Gran Leyenda del Lobo Blanco   Miér Jul 09, 2014 3:02 am

PRIMER CAPITULO




Me observe fuera de mi cama tan pronto escuche el aullido, profundo y ostentoso de un lobo salvaje, pero no era cualquier tipo de lobo.

Tate.

Yo sabia que era el autentico aullido de un alfa.
¿Cómo sabia eso? No lo se.

¿Y, que sucede, si les digo que miento?


Bueno, la realidad es que desde que tengo uso de razón e estudiado sus leyendas, su comportamiento e incluso su tipo de pelaje y como la propia manada se caracteriza en ello.

Si, lo hacen. Y  si, también mentí.


Por lo general, en ejemplo, las manadas llevaban como líder, a un ser capaz, fuerte, ostentoso, valiente, todo un guerrero incluso en su aullido, se puede oír su poderosa autoridad. Y por lo general siempre llega a ser un salvaje y enorme lobo negro o marrón.

…Pero esta manada que estaba apunto de pasar frente al perímetro de mi casa, era especial. Diferente.  Esta intrigante manada, llevaba como líder a un precioso y místico lobo blanco, al cual yo había llamado, Tate. Lo sabía porque lo había estudiado toda mi vida. Y  era el líder lobuno más fuerte que había estudiado.

Me acerque al enorme ventanal de mi habitación porque, deseaba verlos.
Colocando automáticamente mis manos en el seguro, para abrirla.


Solo unos cortos segundos. Nada más.
Pero no podía…


Mis padres me lo tenían terminantemente prohibido. Tanto a mi, como a mi hermano adoptivo, Erick.


Aun así la adrenalina corría por mis venas como fuego cautivo, arropándome hasta la columna vertebral, creando que mi débil corazón latiera deprisa. Dentro de mis venas parpadeaba la sensación que se siente cuando sabes que a tus padres no le agradaría, en el jamás de los jamases, el siguiente movimiento que fueras a jugar.


Era como correr en moto sin casco. O escaparte a las tantas de la madrugada para ver al chico que piensas que es el amor de tu vida. Incluso era como huir de la escuela a escondidas con tus amigos de mal prestigio. O robar cerveza de una licorería. Si, hablo de esa sensación de libertad.


Sin responsabilidades, sin emociones o problemas que te atolondren la mente. Como si desde este punto pudiera arrasar con el mundo y sentirse el rey de el por unos segundos y con poca suerte horas. Era tu pequeño momento en el que podías brillar para ti mismo y ser visto.


No puedes abrir la ventana, gruño mi yo interno alejándome de cualquier rebelde pensamiento de acción por el momento.

Hace poco me habían castigado manteniéndome enclaustrada en la habitación por semanas, pero no fue mi culpa.

Una chica especialmente problemática en mi ahora-antigua-escuela, me había aventado una bandeja llena de comida chatarra encima, justo en medio de toda la cafetería.


Anteriormente me había prometido evitarla a toda costa. Pero ella tenía una extraña aberración con verme algún día lamiendo la suela de sus zapatos, trate de evitarla, lo juro, pero ese día,  ese día en especial, simplemente las cosas se salieron de control.

Y no,  no la mate. Por suerte… para ella. No me malentiendan, no soy capaz de matar a una mosca, pero eso no significa que no le haya pegado hasta dentro de sus huesos. Bueno creo, que es más que suficiente mencionar que me suspendieron.

Hice una mueca al recordar los rostros llenos de ira de mis padres.


Aun tratando de hacerles ver que no era mi culpa, yo cargué con ella. Se supone que ellos me conocen, por ser su hija de sangre, pero aparentemente engendrar a un hijo no significa nada, si realmente no saben nada de mí. O al menos lo suficiente como para saber que no tenía la culpa y darme la opción de la duda. Una ventaja. Pero no.


Si, era totalmente injusto. ¿Pero qué podía hacer?
Yo  no tenía una muy buena reputación en donde sea, en cualquier lugar que pienses, en especifico yo era la oveja negra. Punto.


Suspire pesadamente. Sentía cosquillas en mis dedos, los aferre a mí en puños apretados.


No podía contener las ganas terribles de ver a la manada de lobos desplazarse por el abundante bosque que abrazaba los alrededores de mi casa.

Me explico…


Si, vivíamos en el bosque en una casa de expedición de dos pisos. Si, nuestra, o al menos por ahora, esta era una casa de trabajo. Por Hunter.

La adrenalina aumento.


No-puedes-abrir-la-ventana-Zeeb. Mi conciencia tomo la voz severa de Hunter.
Mi corazón galopo un nivel extra.

Sabía que esto me iba a meter en graves problemas y no es que tuviera poca Fe. Pero enserio, necesitaba esa sensación, ese tiempo mínimo de reflexión, de paz. Ya había pasado demasiado tiempo enclaustrada, y me encontraba realmente absorbida y cargada de los problemas de mi hogar. Absorbida principalmente por la soledad.

Solo quiero respirar. Fruncí mis labios en una línea apretada. Mi nariz comenzó a picar mientras sentía mis ojos humedecerse.

Lo siento Hunter.

Abrir la ventana completamente. Sintiéndome libre por primera vez en días. Y entre lagrimas sonreí de verdad, como no lo hacia hace tiempo. Aspire del aire libre con todo lo que tenía y podía.


En el ambiente, el aire traía consigo el olor picante a pinos silvestres y hojas de cacao.


Calidez y frescura.


La carga de mis hombros comenzó a desvanecerse.  Olvide todo, y a todos. Olvide mis frecuentes problemas de la enfermedad. Olvide mis problemas con las supuestas amistades que tenia. Olvide la poca atención que obtenía mis padres.
En estos momentos, solamente estaba yo… yo era la única que contaba.

Una chica normal y corriente.

Entonces lo sentí, ese algo diferente en el aire, era como, una bienvenida.


Al parecer la naturaleza se encontraba en armonía, al darles hogar a los lobos con sus pequeños nuevos integrantes.

El alfa de la manada aulló de nuevo.
Tate.


Mi sonrisa se ensancho, con un nudo terrible en la base de mi garganta. Ellos estaban cerca. Los podía escuchar bajo el profundo silencio del bosque.


Me senté al umbral de mi ventana, con cuidado de no caerme al primer piso para ser comida de algún animal salvaje, y sin moverme, espere a ver la manada de lobos que estaba por llegar.

Hacía tiempo que no los veía, ni  había sabido nada de ellos. En lo prefundo de mi los extrañaba.


Limpie mis mejillas abarrotadas en lágrimas.

Ellos, los lobos salvajes, eran mi pasión y de cierta manera simbolizaban lo que yo anhelaba ser… libre. Libertada. Libre de la sociedad, del hurto, las bromas, chismes, hipocresías y entre otras.  


Recuerdo muy bien cuando comencé a estudiarlos de cerca. Apenas tenía 12 años el momento en que eso ocurrió, al mismo tiempo en el que mis padres me alejaron de mi familia. De mi tribu. Los Quileutes. Ese era el único recuerdo que vivía parpadeante y a la vez trasparente en mi retina.


 Creo que la fascinación por ellos ya la llevaba en la sangre, después de todo… dice la leyenda que somos descendientes de ellos.


Siempre había sido fanática de los lobos y su comportamiento, incluso antes de tener memoria. Pero, eso es absurdo.

Sonreí tontamente.


Otra cosa que me identificaba era, que nosotros, mi-supuesta-familia Tate.


No sé en que parte vivo en estos momentos, desde hace años, no teníamos un hogar fijo, como la manada de lobos. Y desde entonces se me había ido el interés de saber donde estaba viviendo. Complacida solo con saber el hecho de que  tenia un techo y conmigo a mi hermano mayor, Erick, lo demás había dejado de importar.

Por nuestros padres, nos mudábamos constantemente. De ciudad en ciudad, al igual que de país en país. Mis padres tenían mucho dinero, realmente lo hacían.


Pero su trabajo y su fruto, al parecer era insuficiente para ellos. Por lo que siempre trabajaban sin descanso, tomando hasta incluso el más insulso minuto para ponerse manos a la obra en sus asuntos socio-personales, en ves de brindarles tiempo a sus hijos. Por eso, sus caprichos, nos mudamos cada año por cuestiones del trabajo de mi padre.


Hunter, mi padre, es un zoólogo.  Conocido mundialmente, y ganador de muchos premios ambientalistas.  Mi madre es abogada graduada, con excelente prestigio, también, y reconocida mundialmente.


En la última gira fuimos a África, por algún proyecto importante de Hunter.  Eso fue hace mucho, Pero ¿Ahora?, ¿Justo ahora? No sabía dónde estaba.
Ni me importaba.  

Como dije, me basta con saber que tengo un techo, que mi hermano esta siempre conmigo y además como bono extra estamos en medio de un bosque.
Y estaba feliz por ello, en parte.

Me gustaba mi espacio. Es mas, ¡Amaba mi espacio! Aunque estuviera enclaustrada en cuatro paredes unas-que-a veces-asfixiaban, pero era mío, mi propio mundo, mi propia burbuja personal.



A este punto el hecho de tener padres poco-comprensivos-al-extremo en realidad  era lo menos que me importaba.  No me malentiendan…


Ellos tienen una vida muy ajetreada, lo que no los hacia  malos padres. Solo que no tienen tanto tiempo como para prestarle atención a su problemática hija adolescente y a su responsable hijo.



Si, es cierto, hay veces que les gustaba hacerse de su presencia en mi vida, conllevando el cargo de responsables, como ahora que me tenían cautiva.



Había hecho y desecho tanto, que a estas alturas era… incomprensible su trato hacia mi. Me refiero a que… ¿Enserio solo por una pelea en el comedor, fui enclaustrada para el resto de mi eternidad? Y ¿No, por conducir ebria? o ¿Por acostarme, en una caseta de la playa, con un salvavidas, súper-caliente, en su puesto de trabajo? o ¿Por liberar a un tigre de un zoológico, que casi mata al presidente?  No eso no es suficiente, no…


¿Pero, por una pelea? Si, eso parece.

¡Sabes que no fue solo por la pelea!
Si, este bien, puede que haya ido sumando puntos, pero eso es una nimiedad.


Supongo…
Talvez no.

Erick aunque a veces me fastidiaba siempre me apoyaba. Estaba ahí, donde lo necesitaba, cuando tengo problemas en alguna parte. El acude y me saca de ellos, es como mi ángel guardián. Y aunque el, no sea mi hermano de sangre, éramos como hermanos verdaderos. Siempre cuidábamos el uno del otro. Le importaba lo que yo pensara y  como me sentía, y viceversa.


Erick era mi Pilar.


Había sido adoptado cuando apenas tenia unos 13 años y yo unos 12. Pero desde entonces la unión de nosotros se hizo inminente.


Pero ahora, mis padres tenían esta loca idea en la cabeza de que de alguna manera, Erick, era una mala influencia para mi vida y desarrollo como adulta. Comentando siempre, que por eso yo estaba como estaba, de mal en peor, como una rebelde hija adolescente. Y por supuesto, preguntándose si será mejor que me enviaran a vivir con mi tío…

El viejo Quil.

No lo recuerdo muy bien que digamos. Solo se que siempre llevaba consigo este viejo bastón de madera caobatizada, y su largo y blanco cabello, siempre amarrado a una larga coleta de caballo encima de su nuca.

 Volví a inhalar el picante y relajante aroma. Sentí las cosquillas de la punta de mis dedos aumentar un poco por el desgarrador recuerdo.


Han pasado muchísimos años desde que fui apartada de mi familia paterna, por un repentino ataque de epidemia en el pueblo. Obvio que fui victima de el. Necesitaba recursos desarrollados para batallarlo. Ese fue el momento en el que una enfermedad extraña se apodero de mi cuerpo, y como estaba fuera de control, mis padres decidieron desembocar, o alejarse completamente de su familia, la tribu, llevándome con ellos para que pudiera encontrar una cura a mi epidemia, antes de que la contagiara a alguien.


En fin.  

Solo tengo pequeñas imágenes de recuerdos, una que otra palabra de leyendas y su típico bastón. También el hecho de que era una persona seria y cerrada, muy apegada a las leyes de la tribu, realmente estricta en ese sentido. Pero fuera de eso… nada más, incluso de mis familiares.


 Sentí una opresión en el corazón.


Había olvidado todo de mi familia.

Al punto de que con el pasar de los años, yo me he vuelto una extraña para ellos, y ellos para  mí. Decidí dejar de atormentarme con estos amargos y tristes pensamientos.

Entonces ocurrió,  la manada de lobos cruzaba el bosque en dirección al norte. Y como había mencionado, el gran jefe de la manada, Tate, era de color blanco como la nieve, un mítico espíritu como los de las leyendas que me contaban de niña en la tribu…


Era poderoso, enorme… se veía su grandeza y demanda alfa, el como cuidaba a los demás e incluso a los mas chicos que no podían sostener el paso delantero, Tate solo retrocedía e iba al paso de ellos. Incluso se quedo atrás, cubriendo el rastro, marcado, alejando a los posibles depredadores.


Y entonces, poso sus oscuros ojos en mi, y se detuvo olisqueando el aire a mi dirección. Sus ojos parecieron taladrarme por unos microsegundos, como si pensara y estudiara el hecho de que yo podría ser una posible amenaza o depredador hacheando a su manada, todo el tiempo sostuvo mi mirada hasta que los demás desaparecieron entre los matorrales.


Hermoso.


Suspire llena de emoción y paz. Me quede, bajo el ventanal, a observar  la luna, tan grande, tan redonda y tan blanca, blanca como el lobo. Blanca como Tate.




*     *     *




- Zeeb.
Una voz lejana.

Las hojas del final del invierno, algunas eran suaves y otras espesas, bajo mi toque aun así húmedas por la reciente nieve descongelada. Bajo mis pasos  descalzos,  la tierra se amoldaba a las plantas de mis pies. El frío del final acariciaba mi rostro, creando halos de humedad en mi nuca, evaporizándose en finas gotas de sudor que delineaban mi delgado cuello, trazando el inicio de mi Columba vertebral.


Me encuentro a mi misma caminando…

A lo lejos, veo el océano, y lo que parece a simple vista el fin del mundo en una densa caída por un líquido precipicio. Pero frente a mi aun tengo que cruzar el acantilado.

Llegue al comienzo del bosque. La oscuridad esta tras nuestras templadas sombras. Se que aquí termino el camino, porque ya no siento las hojas en la punta de mis dedos. El suelo deja de amoldarse a la planta de mis pies, se que ahora estoy pisando una enorme y sólida piedra.


Nubes de aire abrazan mis hinchados labios, los siento latir en protesta.  

Las olas, las escucho cantando un eco armónico, rugen con violencia al romper contra el acantilado. Mi nariz pica, aun tengo mis ojos humedecidos.
El esta cerca.

-Volverás a casa, Zeeb. – su voz, es profunda, su aliento acaricia mi oído. Observo su mano cuando sujeta a la mía.

La forma en que sus dedos morenos encajan con los míos en ese gesto, me dice todo lo que su boca no habla, y se que me ama con todo lo que tiene.. Siempre estuvo conmigo. Mi estomago salta lleno de cosquillas. Siento como todo mi cuerpo responde nervioso a su cercanía, a su presencia masculina.

Mi cuerpo responde a su dueño.


No se que decir, solo lo miro. No recuerdo como respirar, siempre se me olvida a su lado. La angustia bulle en mí en bajas hondas hirvientes.

No se quien es. Nunca me dice su nombre. Nunca lo puedo ver.
Observo su cara sin rostro.


- ¿Quién eres?- se que no me responderá, pero siempre se lo pregunto.


No importa cuanto lo haga, y como se que el me ama igual que yo, siempre estaré dispuesta a esperar su  respuesta.



*    *    *



- ¿Zeeb?


La conocía muy bien. Pero se escuchaba muy lejos, demasiado para ser real. Me removí respondiendo a mi nombre de forma involuntaria.  Mi cuerpo duele, siento como si me hubiera pisoteado una maratón de hombres atractivos y calientes.
Sonreí somnolienta, no suena tan mal como parece.


- Zeeb, despierta ahora mismo, Zeeb. ¿Por qué te quedaste dormida? ¿Por qué lo hiciste?-. Erick. Chico, tienes que dejar de sacudirme. Ahora la voz era seguida de molestos piquetes en mi hombro.

Gruñí y gimotee, incomoda y a punto de lloriquear.

¿Por que me está levantando?
- Zeeb, nuestros padres acaban de llegar. Levántate del suelo antes de que te vean, vamos Zeeb, pon de tu parte. No puedo hacer esto solo… Zeeb.-


Un fuerte estruendo antes de yo poder reaccionar al miedo. Mi cabeza truena, las sienes comienzan a latirme violentamente.

Escucho gritos y voces altas.
Erick discute con Mamá.


- ¿Viste como noto que eres una mala influencia? ¡Te dije que la vigilaras! ¡Has dejado a tu hermana en el medio del peligro y ahora… ¿Intentas taparlo bajo mis narices?
- ¡No es lo que crees!, yo nunca la deje sola, por favor mamá, escúchame!...
- ¡No tengo nada que escuchar de ti!, ¡Fuera de esta habitación y enciérrate en tu cuarto! ¡Lo que ocurra a continuación no es asunto tuyo! ¡Dije ya!-


¡No!, ¡Erick!


 La cabeza comenzó a latirme violentamente. La tome con ambas manos. Comencé a temblar. Mi corazón comenzó a relantizarce.

No, no, ahora no.

El oxigeno comenzó a escaparse de mi oprimido pecho.

- !Zeeb levántate ahora mismo!-

 La fría mano de mi madre tomo mi brazo de una brusca posesión y  de forma violenta me sacudió.

El miedo que me corroe ahora es más grande.


Abrí mis ojos bruscamente, desorientada y con mis extremidades aun dormidas, me puse de pie tratando de estabilizarme, pero su amarre era demasiado violento e incontrolado, por lo que quede tropezando con la alfromba en mi piso y cayendo de bruces en un ruido sordo.

Siento que me rompió el labio inferior, saboreo la sangre, su sabor agrio baña mi sentido gustativo.

Su mano aun me apretaba el brazo, gemí de dolor. Las lágrimas comenzaron a oprimir mi visión borrosa.


- Mama, por favor, me lastimas. –Mi voz era un quejido de dolor ante su aura de ira.

-
"¡No se te ocurría abrir la ventana señorita! ¡O estarás en graves problemas!"
-

Era el recuerdo de la voz de mi padre, Hunter había sido recto y severo. Su tono había hecho temblar mis huesos hasta el miedo violento. Y había roto su orden,  puesto en riesgo mi vida al quedarme dormida en el umbral de la ventana.


Abrí mis ojos con lentillas estas me impidieron la visión, por lo que me tropecé y caí de bruces al suelo nuevamente, aun con la mano de mi madre sobre mi.

- ¡Eres un bochorno para nuestra familia!, ¡Eres una abominación enferma!-.

Sus ojos llameaban llenos de furia y decepción. Intimidando mi alma rebelde. Su voz, la voz de la que era mi madre, estaba quebrando mi espíritu en pedazos. Sollozos brotaron de mi pecho, las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. Sentía su espesor y sabor salado mezclándose con la sangre de mi adolorido labio.

Mi padre entro a mi visión borrosa, su alta y morena figura me impidió ver a mi madre. Me sobre exalte ante su tan derepente presencia en mi habitación, ni siquiera tuve tiempo de ponerme de pie o aclarar mi visión.

Mi corazón dolió ante su despreciable mirada.


- ¡Te atreviste a quebrantar mi palabra, que es ley en esta casa!, ¡Eres una humillación para esta familia! ¡Ya está decidido, no me arriesgare a que el mundo sepa la horrible hija que tengo!, ¡Te enviare con mi hermano te guste o no cambiaras esa estupida rebeldía por un poco de moral y sensatez! ¡Dejaras de ser tan egoísta en tu maldita mente, te guste o no! ¡Estoy seguro de que a mi hermano le encantara tu visita en a tribu!- grito en cólera frente a mis narices. Su rostro estaba rojo por la presión alta y su cuello estaba lleno de venas inflamadas.


Me estremecí del  miedo y del dolor. Jamás creí… que mis propios padres me hablarían así.

Ellos… no eran malos, solo no tenían tiempo para mi. Tenia que dejar de engañarme a mi misma.

Tan solo al terminar, como mismo entro, con una furia animal surcando sus facciones, me dio la espalda con hastío y azotó la puerta detrás de el. El fuerte estruendo me hizo saltar desde mi posición en el suelo.


Nunca había querido decepcionarlos. Pero ninguno de ellos me había dado el tiempo de explicar como me había sentido y como me sentía ante la opción de quedarme dé porvida en su prisión, y mucho menos de destapar mis sentimientos.


Tenían razón, yo era una decepción. Una humillación a la familia y a su carrera.

Un nudo enorme abrazo mi garganta.  Me puse de pie, con las lágrimas en mis ojos, que aun impedían la visión pero esta vez las dejara fluir.  

Podía vislumbrar perfectamente la silueta de mi aun furiosa madre. Trate de articular una palabra, levante mi mano tratando de tomar la suya en busca de comprensión. Aferro sus manos fuera de mi alcance.


El nudo en mi garganta y el dolor en mi pecho aumentaron a niveles inimaginables, por las grotescas palabras de ella y de Hunter, por lo que no pude confesar lo mucho que sentía al haber defraudado su confianza, y el valor familiar, y de mi vida al ponerla en peligro.…


Mi mundo se comenzó a caer, al mismo tiempo en el que veía  la desilusión de mi madre en los ojos.  La vida, la situación me robo el oxigeno y mi corazón se detuvo ante sus palabras.


- Eres demasiado rebelde, Zeze, pensé y creí que no me defraudarías esta vez. Ya eres demasiado grande hija, ¡Lo suficiente como para que no tenga que repetirte las cosas! ¡¿No tienes sentido de la responsabilidad!? –su respiración se volvió entrecortada mientras algunas lagrimas espesas, cruzaban su rostro a dolorido.


Su mirada se volvió  dura,  aun que sus ojos claros como el cielo, nunca eran dulces, pero ese  brillo que yo conocía había desaparecido.


- ¿Es eso? ¿Ya no te importa que seamos tus padres? ¿Te gusta humillarnos frente a la sociedad y avergonzarnos con tu comportamiento y grotesca presencia? -.

Mi corazón se detuvo. Jadee ante sus palabras.
No pude decir ni una sola palabra.

Ella no tenia idea de lo mucho que me estaba destrozando.
- Te largaras de aquí lo mas pronto posible, te iras de mi casa.- dijo saliendo detrás de mi padre mas destrozada que enfadada.

No podía creerlo. Todo por abrir la ventana.

Me quede en el suelo abrazando mi propio cuerpo. Sufriendo espasmos por los intensos sollozos que me recorrían violentamente. Sentí unos calidos brazos sostenerme contra su pecho.

Erick.


- Esta bien, ya paso… respira, vamos, respira lentamente - Acaricia mi largo cabello, besando mi cabeza repetitivamente. Su calor  comienza a estabilizarme. De alguna manera consigue una pastilla azul y me la pasa. La tomo con dedos torpes y temblorosos.


Ese medicamento me ayudaba a seguir viva.

A pesar de que mis progenitores habían movido cielo y tierra para conseguir una cura, mi epidemia no tenia nombre. Y al parecer yo era la única en todo el mundo que era portadora de ella, por lo que como el Cáncer o el SIDA, mi enfermedad no tenia cura.
El medicamento me ayudaba a estabilizarme, al comienzo del ataque. Pero no me curaba por completo.

… Yo seguía estando enferma.  


Al estabilizarme segundos después, percatándome de que me encontraba en el regazo de Erick. Me pongo de pie.  Observo la naturaleza de las afueras de mi ventana, mi visión ya no estaba borrosa. Pero sentía mi rostro hinchado y sonrojado.
Mi corazón latía de forma normal.  


- No te preocupes, resolveremos esto a como de lugar. No iras a ninguna parte…- mire a Erick. Sus palabras estaban llenas de seguridad.
Pero no llegaron a mi alma.

Estoy segura de que lo noto, porque se puso de pie abruptamente. Sus ojos verdes estaban helados de la desesperación. Me querían convencer. Quería hacerme creer… pero ya mi interior se estaba cayendo en cantos.

Sus palabras no eran más pesadas que las palabras que habían dicho mis padres. Las heridas estaban recién echas.  Y me escocía el alma.

Me acerque a la ventana tragando mi dolor, bañándome en el.

La serré poco a poco. La humedad gélida abrazaba mi habitación, afuera había comenzado a llover violentamente.  Un pequeño golpe seco, madera contra madera.

Y todo quedo en silencio.
Ecepto la desesperación de Erick.


- Aun queda algo por hacer, tienes que hacer que te escuchen.- susurro serrando la puerta cuidadosamente. No queriendo llamar la atención de mis padres.- Luego… puedes tomar tus cosas, nos iremos a vivir a otra parte… e reunido dinero durante meses, tengo lo suficiente como para irnos a vivir a otra parte, buscare un trabajo, tengo un amigo en Kansas City que…


- No iré a ninguna parte Erick.- mi voz apenas era un hilo.
- Bajaras en unos momentos, y hablaras con ellos.  Si no te escuchan yo are que te escuchen, nos iremos de aquí y podremos...- dijo convencido, comenzó a recoger ropa de mi armario, algunos de mis libros.

Mi computadora portátil…
- No, me refiero a que “no iré” contigo a ninguna parte. Ellos tienen razón.- dejo de recoger mis cosas. Una que otra prenda de ropa se le cayó al suelo.
- ¿Qué?
- Iré con mi tío, iré a Forks, ellos tienen razón.- lanzo la ropa a mi cama y se acerco a mi lentamente. Tomo mis hombros.
- No, ellos no tienen razón. Son unos padres horribles. ¿Porque sigues defendiéndolos y dándoles excusas para permitirles que te traten como te traten? No puedes permitir que te humillen… no dejes que jueguen con tu mente y sentimientos.

- No voy a cambiar de opinión Erick-. Respiro profundamente por sus fosas nasales.
- Zeeb, es una locura… hace años que no tienes ningún tipo de contacto con esa familia, son unos extraños... ¿Qué te hace pensar que tal vez ese tío tuyo no esta demente?-
- Recuerdo lo suficiente, para saber que no me harán daño.-
- Dices eso de cada persona que conoces, créeme Zeeb. Es mejor que vengas conmigo. Estarás a salvo.
- No iré contigo, Erick, no insistas mas.-
- ¿No vas a cambiar de opinión, verdad?- negué con pesadez, su voz era un hilillo, sus ojos estaban empapados en lagrimas la igual que los míos. El asintió rendido respetando mi decisión, para luego estrecharme en un fuerte abrazo.
- Espero que sepas lo que estas haciendo.

Yo también lo espero. Yo también lo espero.



*  *  *



Espero que les haya gustado, lamento este tremendo despelote (problema, rebulu, enrredo), lamento si los confunde, no tengo idea de como borrar el viejo post.

en fin.

Besos y abrazos.

Ya saben,  las dudas por mensaje de privado, si no contactame por FACEBOOK O TWITTER (mejor aconsejado me consigues mas rapido) el proximo capitulo sera posteado el sabado.
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MensajeTema: Re: La Gran Leyenda del Lobo Blanco   Jue Jul 17, 2014 4:40 am

HOLA!

Bienvenidos a los lectores fantasmas!
y los seguidores que leen pero no tienen tiempo a comentar.

(si me gustaria que comentaran, ya que eso depende de si vale la pena seguir publicando o no)
puede que algunos esten molestos, pero asi es la vida de una novela, aun que fue mi fallo decirles que aun era un borrador, lo siento mucho por no continuar la otra, pero entiendan, que no tenia ningun fin, solo seguia y seguia... y todos sabemos que nada dura para siempre.

bueno, aqui se los dejo.
no dire fecha de publicacion, por que SIEMPRE QUE PONGO ALGUNA de mala pata pasa algo y ni puedo llegar a la suela de la promesa ( algo que detesto es no poder cumplirles).

Pero por ello aqui les dejo dos capitulos.

Difrutenlo!.

Capitulo: 2



Dios nunca abandona a nadie en quien El ha depositado su amor;
Ni tampoco Cristo, el buen pastor,
Alguna vez les pierde el rastro a sus ovejas.
-J.L. Packer



*  *  *











De momento, Hunter, me toma posesivamente del brazo. Siento sus fuertes dedos penetrar en el debí hueso de mi brazo, se que va a dejar una fea marca hay, pero no puedo hacer nada.

Iría siendo la millonésima vez que lo hace, en otro agarre violento.

Esta levantándome bruscamente del asiento, parecía como si me estuviera dando la reprimenda de mi vida. Pero en realidad solo se quería deshacer lo más rápido de mí.

Las personas a nuestro alrededor nos miran de reojo, llenos de vergüenza ajena.


Hacia apenas unas horas Hunter me había traído al aeropuerto. Y apesar de la prisa, Hunter solo me había dado un breve tiempo de cenar unas tostadas con mantequilla y te de hierbas.

No era mucho, pero no tenia tanta hambre como para quejarme.
Un nudo de bochorno y humillación crece en mi herido corazón.

Las personas susurraban y murmuraban cosas sobre nosotros, lo se porque sus punzantes pupilas apuntan  mi dirección.

Sorbo por la nariz.

Trato de no tropezarme al seguir el paso de Hunter.
- ¡Ya se ha acabado tu tiempo, querida Zeeb!- su voz era agria y llena de tensión. – No queremos que se te vaya el avión, ¿O si?- continuo arrastrándome fuera de la cafetería.

Mi madre ni siquiera quiso dar la cara y Hunter solo vino para asegurarse de que no me escapara.


Ni siquiera se despidió de mí.

Entrego mi boleto a la azafata y le pago con cien dólares, asegurándose de que subiera al avión, justo frente al umbral del avión y sin siquiera darme un beso o un abrazo de despedida e incluso solo una pequeña mirada, se alejo de mí, dándome la espalda inmediatamente.

Tampoco se despidió.

 Mi padre no se despidió de mí.


Mi corazón se oprimió bruscamente. Las lágrimas contenidas comenzaron a brotar y a confundir mi visión.  
Todo lo que quería era tiempo con mis padres. Y ahora no tenía ni sus reprimendas.
Lo acepto, tengo un alma rebelde, pero a veces solo rompía las reglas, para verlos, a mis padres; para que me hablaran, al menos un instante. Solo quería un “¿necesitas hablar, Zeeb?” o un “Dime, ¿que sucede?” de parte de ellos. Pero solo tenía a Erick.
Agradecía su compañía y calor, pero no era lo mismo el calor de un hermano que  ese calor de hogar que dan los propios padres.

A veces me podía llegar a sentir muy sola.

Sollocé en silencio, sentándome cerca de la ventanilla después de que acomode mi equipaje, lentamente sin ningún tipo de prisa.

No tenía a nadie.

Estoy sola.


Sentí como si mi pecho fuera aplastado, y lejos de ser amoroso, era realmente doloroso.


*       *      *



Maldije por lo bajo sobresaltándome, aun un poco somnolienta, por las turbulencias del avión. Mire por el ventanal cuando comenzaron a cesar.

Las nubes negras alrededor del avión se asemejaban mucho con la oscuridad de un denso bosque. Me resultaba vagamente similar con el que rodeaba mi casa.

Mi casa...

Un tecleo de laptop llamo mi atención, a mi lado, un señor de reluciente cabellera rubia parecía que irradiaba luz, como un sol, muy apuesto y  que juzgaba tener unos veinticinco años por lo mucho, parecía trabajar arduamente en un proyecto importante. Por su tunica supuse que era algún tipo de medico o científico.

Que guapo es.

Intente oler su colonia, por alguna extraña razón y ridículo impulso femenino.

Arrugué la nariz inmediatamente.

Dios, voy a vomitar.
 
Una arcada me sacudió la garganta. Hice una mueca de asco.


Su aroma era muy dulzón, lo demasiado como para empalagarte y marearte.
El leve olor de su colonia dulzona envío cosquillas a mi columna vertebral y extremidades. Mis manos comenzaron a cosquillear también, como leves picaduras de hormigas, al igual que en mis piernas…

Será guapo, medico o científico, pero realmente el tipo apestaba a tomate podrido.  Aun tenía arcadas leves,  las cuales las trate de controlar.


Algo pareció llamarle la atención, por lo que pronto tuve sus ojos ámbares, llenos de curiosidad, sobre mi persona. Sonríe genuinamente, algo calido, sus dientes son perfectos y relucientemente blancos, resultando casi… peligrosos. Le devolví una pequeña y disimulada sonrisa. Que me salio mas a una mueca incomoda.


Me removí en mi asiento, fijando mi vista, en el objeto que descansaba abierto en mi regazo, era mi cuaderno de dibujos.

Fruncí el entrecejo regañándome por ser tan despistada con mis cosas personales.
Lo había dejado en mi regazo antes de quedarme dormida. En una página se encontraba el rostro lobuno de Tate, mirándome fijamente.

- Es un excelente dibujo el que tienes hay.- comento el señor a mi lado, lo vi asentir de reojo. Lo observo, ahora un poco curiosa, tal vez el medico-científico-loco, no estaba tan concentrado en su trabajo.


Se veía muy atento a mi labor artística.
- Gracias, es un lobo que estoy dibujando recientemente.
- Un lobo Blanco. Un color muy raro para la especie misma.-. Asentí de acuerdo.
- Tate es especial.
- ¿Tate? ¿Es tuyo?-
- No-  sonrío un poco.


La imagen de un lobo como mascota es graciosa. No me molestaría tener a Tate de mascota, pero un lobo… siempre será un lobo. No un animal domestico.

- Es un lobo que he estudiado desde hace tiempo, lo del nombre solo es un capricho mío.- asiente con su frente fruncida. Estaba un poco sonrojada de vergüenza.

- ¿Tienes mas dibujos como esos?- pregunta curioso. Vuelvo a asentir frunciendo el entrecejo. Por supuesto que tengo más dibujos. No tan recientes como Tate pero… me puedo defender.

- ¿Puedo?- hace señas para tomar mi libreta.

- Claro, por supuesto…- le pase la libreta ahora serrada. Sus guantes negros, que supuse a simple vista eran de cuero de animal real, tomaron mi carpeta de dibujos con delicadeza. Y con cuidado, comenzó a hojearla encima de su computadora portátil.

Mis dibujos, comenzaban desde los que había dibujado en mi pasado, cuando tenia apenas 12 años, hasta el tiempo actual. Ya habían pasado unos cinco años desde el primer dibujo.

El primer dibujo, se trataba sobre otro lobo blanco, uno realmente especial.

Un lobo perteneciente a las leyendas de mi tribu. Este aparecía acostado frente a el doctor y  sus ojos estaban atentos a el  mientras pasaba las páginas.

Era ostentoso y enorme. Las leyendas de mi tribu dicen que el, es el espíritu del bosque, y que siempre nos esta cuidando.

Sabía que era un mito. Pero en lo profundo de mi no encontraba razón alguna como para haberlo dibujado… era un poco inquietante.

El segundo dibujo, mostraba un acantilado. Uno, intrigante, que se adueñaba siempre de mis sueños, junto con un chico misterioso. Supuse que  el acantilado era un recuerdo, y que era tan y tan especial en mi infancia que siempre terminaba soñando con el, aun que no lo recordara en mis memorias pasadas cuando re calculaba sobre ello despierta.

Inevitablemente pensé en el sueño de esta madrugada, antes de todo eso. Ese hombre, siempre me ponía los pelos de punta y hacia que mi respiración se atascara. Como ahora.

Respira. Me recordé sonrojada.

Ese hombre se llevaba mis nervios, siempre que soñaba con el me mencionaba lo mismo. Pero hasta el sol de hoy lo ignoraba.
Pensé que era un recuerdo de la infancia, pero en comenzaba a dudarlo.

En mis sueños habían besos con el… besos tan profundos y a apasionados que era imposible que simplemente fuera un recuerdo de la infancia.
La vergüenza baño mi rostro.

Tome mis mejillas calientes tratando de estabilizarme.

El tercer dibujo, iba de  un amigo de crianza, su nombre estaba escrito en una esquinita con letras infantiles, disparejas y mezcladas. Un Jake pronunciado se apoderaba de un canto del papel áspero.

Su cabello era realmente largo y negro, su piel era oscura, por lo que siempre pensé que el chico era moreno, y su sonrisa enorme topándose casi toda la pagina. Justo detrás de el se encontraba una casita roja.

No recuerdo nada de el… solo se que cuando veo la imagen, un cariño familiar se deposita en mi pecho.


Nunca me he permitido preguntarle a mis padres sobre el, no se porque… supongo que jamás tuvo tanta importancia con el  pasar del tiempo.
Simplemente lo deje en anonimato.

- ¿Tu hermano?- el señor,  ahora un poco mas curioso que antes, pregunta señalando la foto con uno de sus  perfectos y dedos.
Me encogí de hombros.


- No realmente, no se quien es el. Solo se,  que lo dibuje cuando tenia doce años, eso es todo. Pudo haber sido cualquiera.- le sonreí. El asintió frunciendo el entrecejo.- Solo, supongo que lo conserve por que es una verdadera obra de arte.-



*      *       *



Cuando el avión aterrizo ya eran apenas las doce de la media noche. Amarre mi largo y lacio cabello, teñido en color negro, en una coleta alta.


Hasta ahora se me había olvidado de que tenía  un poco de delineador negro alrededor de mis ojos, resaltando el caramelo crema de mis lentillas. Comencé a limpiar el desastre bajo mis ojos. Y aproveche para limpiar mis lentillas, tendiendo en cuenta que estaba en el baño publico del aeropuerto de Port Angeles.


No, no las necesitaba, pero las quería, no por capricho… si no más bien para ocultar el verdadero color de mis ojos. Estos siempre habían sido de un aturdido color gris, casi blanco. Al igual que mí ahora cabello teñido de negro, era blanco.  

Y no… yo no era albina.
Mi piel siempre parecía tener un bronceado moreno.

La razón por la que me tenía el cabello y mis cejas era por herencia, mi madre si era albina, o como dicen en mi tribu, un cara pálida, según Hunter.


Aun así me los teñía y era porque no me gustaban de su color natural y tampoco iban con mi color de piel. Punto.

Cada vez que estaba frente al espejo, esos detalles de mi me alteraban, otra de las razones por las que no las toleraba. Aun que no es que fuera muy amante del espejo tampoco.


Serré los ojos ara evitar volver a verme en el  y me tome los medicamentos de una vez.


Decidí salir, esperando encontrarme con alguien o algo que se me pareciera familiar. El pasillo estaba vacío a excepción de dos o tres familias y pasajeros. Pero no había nadie que pareciera reconocerme.


Talvez ellos también me abandonaron.
Suspire agotada, y con los ojos, ahora limpios pero aun hinchados de tanto llorar.

Arrastre la maleta silenciosamente pasillo abajo, hasta salir del aeropuerto. Estaba realmente exhausta por el viaje. Solo quería tomar una buena ducha y descansar. Levante mis pesados parpados por última vez hacia el perímetro, buscando…  un rostro,  familiar.

A lo lejos, un viejo señor, con un bastón, recargado de un carro aun mas oxidado que el, llamaron mi atención.

¿Será el?.  Dentro de mi corazón, sentí un destello de esperanza.
Talvez no me hayan olvidado. O talvez solo se aseguran de que no te escapes.
La esperanza se evaporo al instante.

Frente a mi, se encontraba un anciano sujetando un bastón, bastante fuerte y bien parecido, su cabello era realmente largo y pesado, era una maranta amarrada en una cola de caballo espesa encima de su nuca, estaba sobre poblado de canas, pero  el anciano no tenia ninguna barba. Su expresión seguía seria, aun estando recostado de un auto viejo y mas oxidado que el.


Es el.


De alguna forma lo sabia, creo que un presentimiento y el recuerdo de su bastón en forma de lobo. Era raro, pero comprendía que ese debía de ser el viejo Quil.
Talvez en lo profundo de mi, lo conocía.


Por lo que me acerque a el lentamente. Con una chispa de duda en mi interior.
¿Cómo reaccionaria? ¿Su actitud seria igual que Hunter, para conmigo? Bueno, después de todo eran hermanos. Aun que, talvez eso no significaba nada.


Decidí no hacerme esperanzas.

- Hola Zeeb.- su voz, era suave, casi gentil. Aunque su expresión fuera seria y firme. Estaba confundida. Trate de hablar, pero simplemente no me salía nada. Así que decidí, solo serrar la boca.

- Soy El viejo Quil Ateara, hermano mayor de tu padre, talvez no me recuerdes… ¿o si?- frunció el entrecejo.
Asentí intimidada por su profundo escudriñamiento.
- Di algo muchacha, por el amor de Dios. No te comeré.- trague hondo, un poco perpleja.
- Solo un poco.
- Bien me alegro que no nos hayas olvidado, al menos no a todos, espero que el viaje no te haya causado ninguna clase de molestia.-

Negué con la cabeza sin contestar verbalmente, a lo que el suspiro.
- Soy demasiado viejo para acostumbrarme a esto.- murmura dándole la vuelta al auto con su bastón en mano.

Estoy segura de que lo dijo por mi comportamiento tranquilo y silencioso.
- Bueno, basta de charla, anda, pon tus cosas en la parte trasera y sube, ya es demasiado tarde para andar en la calle y me pone algo incomodo.-




*     *     *




El auto olía a especias y tenia un ambiente tranquilo, en estos momentos estaba imposiblemente relajada, como si hubiera dejado una carga en el aeropuerto.
No me había sentido así… de cómoda, en comparación con el suceso de anoche, desde hace muchos años.

Risas, muchas risas. Yo, corriendo por el bosque… la adrenalina en mis venas bailaba, pulsaba en mí.  Solo pensaba en no ser atrapada.


- Dime Zeeb, ¿Por qué estas aquí?- me removí del asiento alejándome de mis pensamientos, gire a verlo, frunciendo mis labios.
¿Por qué estaba aquí? No lo sabía. Digo, si lo sabia, pero aun así no era razón suficiente como para que mis padres me hayan alejado de ellos.
Y de esa manera.

- Yo, estoy segura de que Hunter te abra contando…
- Si, se su versión de la historia, y la de tu madre, por supuesto...- me miro serio. Había algo familiar en sus ojos negros, la empatia brillaba en esos posos almendrados-. Pero aun no he escuchado la tuya.-.


¿Mi versión?
No, no creo que mi versión cuente en estos momentos.

- No creo que valga la pena que diga algo… o me defienda.- murmure  cabizbaja, sintiéndome derrotada.- de todos modos, ya es demasiado tarde para eso.- mire los árboles.

Mi pecho se oprimió y las lágrimas se comenzaron a acercar, aglomerándose en la superficie, locas por salir. Aspire profundamente tratando de tragar. De momento, no tenia saliva en mi boca.


Los árboles a nuestro alrededor eran cada vez mas  enormes, tanto que parecía que abrazaban la carretera. Parecían posesivos con el camino, dejando solo alguna que otra rendija para la luna llena que se asomaba sobre el cielo. Sumiéndola en una mística y tenebrosa oscuridad, llena de secretos.

Una pulsión de adrenalina me atravesó, por lo que en un parpadeo, mis manos se posaban sobre los acondicionadores de aire, pertenecientes al copiloto.

Hacia mucho frío afuera del auto, y aun incluso con el calentador que permanecía encendido para nosotros, las frías temperaturas parecían entrar al auto predominar en el.

- ¿Tienes frío? Lo siento mucho, el calefactor se descompuso esta tarde. Ya estamos por llegar, ¿Crees que puedes aguantar unos minutos mas?-. Asentí levemente.

Las lágrimas bañaban mis pupilas, solo me mantuve cabizbaja bajo el tono de voz de mi viejo tío. Sus dedos comenzaron a dar contra el volante.

- Mi hermano me hablo sobre una chica rebelde, pero ahora… mirándote…- suspiro por la nariz, posando sus ojos en el camino, dejando de mover sus dedos. Trate de respirar sin agitarme.


Entonces se habría dado cuenta que yo no valía la pena. Que era una vergüenza, tal y como pensaban mis padres. Un nudo se abrió paso mi faringe.

- A veces mi hermano puede llegar a exagerar, y hasta mentir…y no, no creo que seas rebelde niña.-. Lo mire, entre lágrimas. Tiesa. Con un torbellino de sentimientos y emociones haciendo una tormenta de arena en mi cerebro.

¿No era rebelde? ¿No lo suficiente, quizá?, tal vez… pero, entonces, si era una vergüenza para la tribu. Por eso yo estaba aquí.

Sorbí, asintiendo sin mirarle. Limpie una lágrima rebelde, lejos de su punto de visión, con el dorso de mi mano.

- ¿Y entonces?- inevitablemente mi voz era estrangulada, tenia un enorme nudo en la garganta, no quería llorar aquí.

No, y mucho menos con el viéndome. Volví a sorber por la nariz.
- Solo buscas atención de tus padres.-




*     *     *




La casa era sencilla justo encima de la arena de la playa, y era de dos pisos, todo en madera, e incluso los sofás tambien.  


Y estaba sola la casa.
No había nadie, excepto claro, solo el viejo Quil y yo.  
El vive solo.


No me daba miedo. De hecho, hace años que no me sentía como en casa. Lo que me hizo confundirme más. Entre mas minutos pasaba en Forks, La push, mas tranquila me sentía.

Fruncí mi entrecejo.

Hacia mucho frío en el suelo que pisaba, este traspasaba la suela de mis zapatos y lejos de ser molesto,  era acogedor.

Mi habitación se encontraba subiendo las escaleras y dirigiéndose totalmente al fondo. El cuarto del viejo se encontraba a bajo, junto con otra habitación más, vecina a las escaleras. Supuse que solo era la comodidad, por el bastón.


Mi viejo tío a simple vista, se observaba fuerte, nada viejo. Pero lo era, y necesitaba cuidados también.


Aleje las uñas de mi boca y me dispuse a ver mi habitación.
Me despedí en silencio del viejo Quil, después de su charla sobre las cosas de la casa. Tampoco es como si hubiera dado la charla del siglo.


“Mi casa, es tu casa”.

La habitación era pequeña, con una cama en la esquina, justo encima de ella se encontraba una ventana de madera, con solo una puerta. A  los pies de la cama, un armario, y al lado contrario de la habitación había un cuarto de baño, una tina blanca en el entro, un inodoro y un espejo encima de un lavamanos.
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MensajeTema: Re: La Gran Leyenda del Lobo Blanco   Jue Jul 17, 2014 4:55 am

Capitulo: 3


No juzgues el día por la coseca que siegas, si no por las semillas que plantas.
-Robert Louis Stevenson




*   *   *












Había un nudo abrupto en mi garganta. Y mi visión estaba nublada frente al espejo ahumado.


- ¡Eres una vergüenza para la familia!

Pase mis dedos temblorosos, y con cada sacudida de los sollozos que trataba de silenciar, recorriendo el camino de las marcas que mi padre había dejado en mis brazos.

Solté un quejido lastimero, la calidez de las lagrimas acariciaban mis mejillas sonrojadas.

Maldición.
Dolían como el demonio al rozarlas.
Lo que significaba que: dolerían como el infierno si las llegaba a apretar.

No podía superar aquello, mis padres, sus golpes, su ira contra mí.  
¿Por qué me tenía que tratar así?

Estaba tan cargada de dolor, que se me hacia imposible estar en calma en estos momentos.

Sujete el lavamanos, dejando caer la toalla blanca que envolvía mi cuerpo ya seco de la reciente ducha. Y aquí me encontraba de nuevo, presionando mis labios lo más que podía, mientras otro sollozo me atravesaba la garganta.

Prensé mis ojos, cabizbaja.

 No quería ver ninguna de las tantas marcas, oscuras, en los brazos que ellos me habían hecho.

Era con solo verlas y  un dolor punzante atravesaba mi alma.

Talvez Erick tenía razón. Talvez mi vida habría ido mejor si me hubiera ido con el.

Era en estos momentos en los que anhelaba los brazos de Erick, su calor rodeándome, su respiración sobre mi cabeza y sus dedos entre mi cabello, acariciándome  mientras me calmaba, siempre susurrando cosas hermosas.


Lo necesitaba aquí y ahora, susurrándome cuentos e historias de su disparatada imaginación.


Todo esta bien, ya estoy aquí. Su voz comenzó a acariciar mi pensamiento. Y se que comienzo a alucinar por la falta de descanso.
 
Pero luego recordé lo que hizo…


…Y mi alma se estrujo dolorosamente con el recuerdo del, dándome la espalda sin despedirse tampoco.

El no había aceptado mi decisión de la mejor forma, por lo que no quería siquiera acercárseme.

Y mucho menos contestar mis llamadas.

Observe de reojo el teléfono que descansaba en el suelo húmedo del baño. Lo había lanzado en medio de mi arrebato de depresión. Suelo perder los estribos cuando me encuentro acorralada por mis propias tormentas.

Como en estos momentos.

Estaba tan desesperada por hablar con el, por escuchar una persona que entendiera mi dolor. Y hay estaba yo, presionándolo para que me apoyara, sin querer, necesitando que aceptara mi decisión inmediatamente. Sin importar lo que el pensara al respecto y si estaba de acuerdo o no.


Es lo mejor para todos.  Pensé, repitiéndolo varias veces en lo que queda de la noche.
Suspire, recogiendo el celular.


Talvez me llamara luego de un tiempo.

Solté mi largo y ondulado cabello, dejándolo caer por mis hombros y espalda desnuda. Y me dirigí con pesadez de mi cama, sorbiendo por la nariz.

Me hice un ovillo, las sabanas y la cama, la solitaria habitación, todo en ella se me hacía extraño y ajeno esta noche.

Había intentado conciliar el sueño antes, pero los ojos decepcionados de mis padres pudieron con todo, alejándome del descanso, abrazándome entera había  sido tanto que había terminado llorando con más fuerza que antes…


Estaba destrozada, pero aun así lo último que quería era pensar que mis padres no me querían.  

Eso era demasiado doloroso.

Quería seguir pensando que me amaban y me adoraban, que queriéndose hacer cargo de mi vida me enviaron aquí, todo por mi bien y por que me querían. Eso era más fácil y más seguro para mi salud psicológica.


Pero aun así, con sus palabras llenas de ira penetrando como un gusano podrido en mi mente, se me era mas que complicado.

Espero haber tomado la decisión correcta, Erick.




*        *        *




Mi habitación olía a salitre. Mucho salitre.

Y lo lejos  podía jurar escuchar el leve oleaje del mar rompiendo con la arena y la espuma que se deshacía en ella.  Pero en el aire, un exquisito y leve olor a café lleno poco a poco mis fosas nasales.

Parpadee, descubriendo así, que ya había amanecido y que unos pocos rayos de luz se asomaban por mi ventana, acariciando el suelo de la habitación.

Mire mi reloj en el celular.

6:45 AM.


Suspire con pesadez, enredando mis piernas en la sabana.


No había podido dormir, por eso solo me abstuve de descansar un poco con los ojos cerrados, desde entonces, pero no creo que pueda dormir un poco más.


Rendida y con entumecimiento en cada músculo de mi delgado cuerpo, me dispuse a recoger y acomodar mis maletas, organizar mi armario y luego de terminar, darme una rápida ducha.


Luego de ducharme, me introduje en unos pantalones cortos y elegí una cómoda camisa de manga larga, sin abdomen y unas zapatillas. Peine mi aun húmedo cabello en una larga trenza, para luego bajar a desayunar.


El sol apenas alcanzaba las ventanas y arropaba las encimeras de la sala y el umbral de la cocina. Pero se podía sentir su calidez mañanera.


El olor al salitre de la playa parecía tomar textura al abrigarse a tu piel, y darte un leve toque a sal en la lengua.


Escucho leves bastonazos y se de inmediato que es el viejo Quil, caminando de aquí para allá en la pequeña cocina. Me asome en el umbral, para que negarlo, un poco temerosa. Inexperta a como acercarme a el. O como reaccionaria al verme.


- Oh, Con que ya estas despierta…- su sorprendida voz me tomo mas a mi de sorpresa, de lo que el estaba.

¿Cómo me había escuchado? Ni siquiera había hecho ruido.


Observe como su figura medio encorvada se movía en la cocina, terminando de preparar un emparedado de jamón y queso para llevárselo a la boca.


– Buenos días.- levanta su taza de café en señal, con una sonrisa alrededor de sus dientes.

- Buenos días- Asentí un poco indecisa, no sabia como comportarme, no sabia que hacer, como moverme a su alrededor. Aun parada en medio del umbral de la cocina.- Y provecho.- dije con ligereza, posando todo mi peso en otro pie.


- Gracias.- hizo una mueca, comiendo de su emparedado y café, ahora sobre la isla de la cocina.

Después de unos minutos suspiro en mi dirección. Aun no me podía mover de mi sitio.

- No tengo idea de cómo cocinar para dos personas. Pero el día anterior envíe a Quil a hacer una gran compra. Por lo que eso significaría que puedes prepararte lo que gustes. Lo que quieras, esta en la nevera.-


En pocas palabras mi presencia inmóvil te pone los pelos de punta. Y claro, te detiene el hecho de que no sabes cocinar.  

¿Cómo puede ser eso posible? ¿El viejo no vive solo?
Ignore eso.


- Gracias, no tenias porque…-
- Para, Zeeb, si, si tenia porque… - dejo la taza de café para mirarme con sus ojos negros rodeados de años. Me señalo con su dedo índice moreno.

- Eres mi sobrina Puedo darme la tarea de  complacerte y comprarte lo que quieras, lo que yo quiera. Y si, incluyendo la comida. Eres familia. Así que no hay peros que valgan. Ahora. Come.

Me quede un momento en silencio, teniendo un debate interno.

Literalmente hablando, mi estomago estaba en guerra, lo bueno era que por ahora no había conseguido comerse algún otro órgano interno. Y después de todo, tal vez pueda no ser tan cruel conmigo misma e hincarle el diente a algo.


El viejo tenía razón, y tras que además no había comido nada en dos días.

- Esta bien, pero no creo que coma demasiado… de todos modos, no tengo tanta hambre.- el  baja la cabeza, murmurando por lo bajo algo de que estaba muy viejo para esas cosas y siguió comiendo.


Mis piernas temblorosas casi no me permiten llegar a la nevera y mis hombros  estaban tensos bajo su inquisidora mirada oscura, que por supuesto me ponían nerviosa, lo suficiente para ser una torpe total en todo lo que hacia.


Con dos lascas de pan, me prepare un emparedado de jamón y queso con una taza de café y queso crema. No era mucho, pero para mi era más que suficiente.

En todo momento el viejo Quil me observaba de reojo, podía sentir sus ojos en cada movimiento que hacia. Era como si esperara algo, como si me estuviera estudiando.


Luego de comer decidí, con su permiso, dar una vuelta por la playa. No le pareció nada mal, así que me dejo ir, con la esperanza de que tomara aire fresco por unas horas y me relajara.


Así que eso hice.


Con mi celular en la parte trasera de mis pantalones cortos, Salí por la puerta principal y no mire atrás.


Necesito pensar en que voy a hacer con mi vida.

Lejos de la casa de mi viejo tío, encontré un tronco torcido, justo en medio del camino de la arena y el bosque, en un pequeño sendero de piedras, en el cual me senté a retozar mientras miraba el mar.


La brisa, llena de un tierno olor oceánico a salitre, era suave y sincera conmigo, el mar parecía cantarme al oído. Pero sobre todo, jamás en mi vida me había sentido tan protegida cuando me encontraba tan sola. No lejos de los brazos de Erick. Y ahora sola… en tan poco tiempo, me estaba comenzando a acostumbrar a este olor.
Aun que….


Talvez siempre estuve acostumbrada. Tal vez en lo profundo de mi alma siempre quise volver a casa. A mi reserva.


Podría acostumbrarme… talvez, podría correr cada mañana.
Aleje las uñas de mi boca.

Tome una solitaria piedra plana de forma ovalada y la lance al agua. Esta reboto par de pasos para luego hundirse nuevamente.  

Mi corazón imito ese movimiento. Recordando los ojos verdes de Erick.
Hice una mueca.

Ojala hallas tomado la decisión correcta, Zeeb.

- Si Erick, lo hice.




*       *       *



Nos encontrábamos en la ferretería del pueblo.

A el pobre viejo Quil, le había dado con comprar unas cosas que se le antojaban satisfactorias, llevándome con el, teniendo la esperanza de que yo pudiera reconocer nuevamente mi hogar primogénito.

Por supuesto que no me negué.


Primero: quería recordar aquellos tiempos olvidados.
Segundo: no quería entrar en otro ataque de mi enfermedad estando enclaustrada en esa pequeña casita, y menos sin nadie en los alrededores.


Podría pasar cualquier cosa. Puse los ojos en blanco. Sacando las uñas de mi boca. Le eche un ojo a mis manos…

Debería de dejar de comerme las uñas. Se ven espantosas.
Abrí los ojos de par en par.

El olor a madera quemada me hacia cosquillas en los orificios nasales, y erizaba los bellos de mi nuca. A nuestro alrededor, el polvo se levantaba en una pequeña bruma susceptible, esta danzaba con ligereza cuando algún personal ingresaba a la pequeña ferretería del pueblo, luego descendía alejándose como nubes de tormenta.


- Dame cinco paneles de caoba roja.- la voz de mi viejo tío no dejaba de ser imponente, fuera a donde fuera. De eso no cabía duda. Hice una mueca, era una de las únicas cosas que recordaba de el.

Su voz fue seria.


Suspire con cansancio.


Ahora se le había metido entre ceja y ceja, hacer una pequeña terraza perteneciente a mi habitación. Había tratado de convencerlo de lo contrario, diciéndole que no era necesario… pero como en esta madrugada, había insistido con aun más ímpetu, añadiendo el hecho de que remitía varias veces su argumento para remarcarlo. Si, ese de “eres mi sobrina, puedo consentirte cuantas veces quiera”.

Por supuesto, me rendí antes de siquiera volver a intentarlo.

Así que lo deje ser. No quería discutir con un anciano. Y después de todo, era su casa.

No la mía.

Tome nota mental: Es imposible llevarle la contraria a el viejo Quil.

Me apoye en otro pie, sacudiendo mi nariz de vez en cuando, el aire lleno de polvo de madera era realmente molesto. No me extrañaría que tuviera pajillas de madera enredadas en mi cabello.

Jamás en toda mi vida había estado tan aburrida como ahora. Cómoda, pero aburrida.  Me entraba unas tremendas ganas de reanudar la siesta que no había tenido desde que llegue la otra noche. Justo ahora. Aquí y de pie. Como un caballo.


Suspire con pereza, controlando esta vez que nadie me escuchara, no quería ser una maleducada. El viejo había sido bueno conmigo, no quería echarlo a perder.

La campanilla de la tienda resonó, creando que un pequeño pero molestoso pitido se introdujera en mi oído izquierdo. Tapándolo inmediatamente, me gire con mala cara, el sueño que había evitado en la noche esta haciendo mella en mi, poniéndome cansada y  de mal humor.


Y… entonces algo capto mi atención.


Afuera de la ferretería frente al cristal sucio en el que me encontraba, justo en la calle de enfrente, un lujoso volvo platinado se había recién estacionado en la acera.
Me removí a otro pie alejándome de mi tío.


La curiosidad arropo graciosamente a la pereza que me tenía cautiva segundos atrás, haciendo un triple salto de bailarina de ballet.

Fruncí mis labios. Alejando nuevamente las uñas de mi boca.
Definitivamente debo dejar de comerme las uñas.

Era demasiado llamativo como para pasarlo desapercibido. Y no es que el auto me gustara, no lo hace, pero inmediatamente llama mi atención.  Y es que iba totalmente impar con el ambiente y construcción rustica india del pueblo.


Parecía una joya en medio de una caja de madera roída.


¿Quién en este pequeño pueblo tendría tanto dinero como para comprar algo así? Probablemente nadie.
-El dueño de aquel flamante volvo, salio del auto.- y definitivamente llamo mucho más mi atención.
Era… curiosamente impresionante.
El tipo era enorme.

Demasiado de alto y fornido para mi gusto.  Con solo unos pantalones roídos y una camisa sin mangas de color gris. Rodea el auto en un escandaloso trote.


Y no me refiero a que se cayó y derrapo sus calientes, paquetes de seis músculos en su abdomen, por la calle, puliéndola de vez, hasta llegar a mi y ofrecerme una malteada de chocolate con pedazos de algodones blancos y almendras, simulando el mantecado de Rocky Road.

No me malinterpreten.


Fruncí esta vez mi entrecejo…
Aun que el tipo no se hubiera visto  nada mal en el acto.

El chico, que de hecho solo caminaba, parecía que modelaba en su camino hasta la puerta del copiloto, y era tan perfecto, que parecía como si estuviera modelando para fotógrafos de la revista de “Calvin Klein” y todo bajo este húmedo y frío clima.  

Su andar era ciertamente llamativo, pero todo su aire de macho-macho lo era aun mas.


En su moreno rostro una enorme sonrisa resplandecía tanto, que por supuesto, casi me deja siega de tan blanca y reluciente que era, pero también causo una calida sensación en mi pecho y dedos.  Cosquillas.

Me parecía… familiar.
Se me hace que conozco a ese tipo de algún lado.

Me acerque mas al cristal frunciendo mi entrecejo, fijándome en que le abría la puerta a una joven de belleza deslumbrante.


Abrí los ojos perpleja, esta vez acercando las uñas a mis dientes nuevamente.

La chica era alta, casi como el chico-calientes-abdominales-. Y, si no fuera por sus impares colores de piel pensaría que son hermanos, por la altura.

Obvio son novios. No se parecen en nada. Refunfuñe, comiéndome una uña.

Su cabello era ondulado y cobrizo, brillante bajo el poco sol del pequeño pueblo, realmente largo, más que mi cabello.

Y mi cabello realmente era largo. Tomo mi trenza automáticamente, haciendo un bucle al final de la trenza con mi mano libre.


Su rostro en forma de corazón era tierno comparado con su esbelta figura de modelo, se amoldo con soltura y naturalidad al brazo del -sexy-abdomen- y- caliente-moreno.


Ambos se miraron por unos segundos en los que sonríen con complicidad, fue tan intenso el momento entre ellos, con esas simples miradas, como si tuvieran una conversación, que casi-casi-bajo la mirada un poco cohibida por tal momento intimo, como si yo fuera una intrusa o algo.


Abrí los ojos de par en par, absorta ante la mágica aura que ambos irradiaban. Parecía como si se amaran de toda la vida. Y un aura celestial de amor los rodeara. Era como si fueran capaces de tomar una bala el uno por el otro.


Desearía tener un momento así con alguien. Pensé, aguantando un suspiro, esta vez de amor.

Pero inmediatamente mi expresión de soñadora cayó en picada. A la vez me enrojecí. Molesta por no haber soñado con el chico del acantilado.


Estupido sueño caliente.
- Llegaran el viernes en la mañana, los dejaremos frente a su puerta-.
- Bien, eso seria estupendo.-
Mi tío estrecho manos con el dueño de la ferretería, parecían ser amigos de muchos años, o al menos a simple vista.

 Me hace señas para salir del lugar.

Inmediatamente fijo mi vista por última vez en la feliz pareja, del moreno y la pelirroja, estos dos se introdujeron a una lejana tienda de ropa de bodas en la otra esquina de la cuadra.


Se casaran. Pensé con instinto femenino y realismo. Es tan romántico.


Con pesadez seguí a mi tío, mientras se despedía de los otros empleados entre bromas y chistes hacia su edad. Salimos de la ferretería para introducirnos a una tienda, vecina, de pesca.


Fruncí mi entrecejo.  
No pensé  que el pescara. Lo mire curiosa.
- No sabia que pescaras…- murmure. Mientras mi tío saludaba a uno que otro empleado nuevamente.

Esta tienda era diferente. Porque tras que olía a salitre, había un leve olor a pescado viejo. Hice una mueca de arcadas, tape mi boca inmediatamente. El viejo se ríe de mí. Entrecierro la mirada hacia el. No se que le da tanta gracia.


Se encogió de hombros siguiéndome el paso.
- Son costumbres viejas de la tribu, nunca se van. Además, los peces son abundantes en esta época río abajo.

- Vaya.- abrí los ojos de par en par. No me lo imagine pescando.- Entonces… supongo que ¿iremos a pescar?- No recordaba la ultima vez que había pescado algo.
Corrección, jamás he pescado. En mi vida.

Hice una mueca mientras dejaba la caña en su lugar.

Podría entrar en pánico solo con un pez. No crea que sea buena idea.

- Eh, si… estas invitada, no me harás mala compañía, pero por lo general voy solo, o acompaño a Billy y a Charlie. Observo con ansia una caña de pescar, dejando su bastón apoyado en unas cajas cercanas a nosotros, para estudiarla con ambas manos.

- ¿Quiénes son Billy y Charlie?- pregunte como quien no quiere la cosa.

Mientras acariciaba cada instrumento de pesca con mis pupilas aventureras. Se encoje de hombros nuevamente, antes de contestar.

Que modesto.
- ¿Por qué no vas a explorar? Ve si hay algo que te gusta.- dijo tomando otra caña de pescar mas grande. Asentí totalmente de acuerdo. Mis pies comenzaban a doler de tanto tiempo parada sin hacer nada. Necesitaba pasearlos.

- Luego vuelvo.-. hace un gesto de despreocupación con su mano libre.
Pero una voz me detuvo.

- Pero mira a quien tenemos aquí, el viejo Quil decide reanudar la artillería pesada. Sabia que estabas molesto por la pesca pasada, pero creía que lo habías superado, deja que se lo cuente a Billy.-  Un hombre mas joven que mi tío se acerca a nosotros, sus ojos cafés profundos se burlan, su cabello es como la sal y la pimienta, y tiene residuos de barba.

Bajo su hombro se encuentra una mujer entrada en edad, morena y de cabello negro y largo, como sus ojos, estaba tan suelto que parece muerto alrededor de su rostro ovalado. Afianzada a su codo derecho.

Sonríe mostrando todos sus dientes en dirección a mi tío. Parece que se conocen.  Los ojos curiosos de la mujer adulta se posan en mí. Siento como me hace exámenes con sus oscuros ojos.

Fue pura suerte de principiante. .- mi viejo tío sacude el bastón a su dirección. Fijo mis pupilas a otro lado. Ella me incomoda grandemente.

El hombre blanco suelta una gran carcajada y ambos se abrasan de la nada, palmeando sus espaldas. La mujer sigue con sus ojos de halcón sobre mí.

- ¡Oh, viejo! Todos te extrañamos en la cena ayer en la noche. Sue preparo estofado de ganso, debiste haber ido.-
- Estuve ocupado, Charlie, ya te lo había dicho.-
Poso mi peso en otro pie, colocando mis manos el los bolsillos traseros de mi pantalón. Ellos dejan de abrazarse.

- Siempre ocupado con tus cosas, y al final nunca haces nada.- el viejo suelta una carcajada corta.

- Fui a buscar a mi sobrina al aeropuerto.- dijo señalándome sonriente.
- ¿Tu? Tú no tienes sobrina, y en caso de que tuvieras, no la has visto hace…- deja de hablar mirándome perplejo.


La mujer abre los ojos de par en par a mi dirección, y comienza a sonreír.
De la nada se lanza sobre mí en un enorme abrazo. Su afecto estaba rozando los niveles del  espacio personal.


Me quede tiesa.

No lo tomen a  mal, no le devolví el abrazo, no por que no quería… era por que estaba incomoda. No me gusta que las personas con las que yo no tengo ningún tipo de relación me abracen, es un poco raro admitir también que el único que me abraza es Erick.

No es de extrañar que la palidez y la sorpresa me hayan arrasado entera.

¿Quién es esta extraña mujer que me ha hecho de su prisionera?

Debería buscar ayuda desde ya. Observe a nuestro alrededor. El viejo Quil solo nos observaba con cariño. El señor, Charlie, esta todo sonriente.

¿Podría soltarme señora?


- No lo puedo creer, la famosa Zeeb. ¿Quién lo diría? Aun que, pensándolo bien, casi ni te reconozco…con esos ojos y ese cabello.- comento Charlie.

- Han pasado muchísimos años- se aleja la mujer, tomándome de los hombros tomándome desprevenida, parece escanearme con rayos-x. – estas tan hermosa. Pero… ¡Oh!, te teñiste el pelo, ¡Y tienes lentes! ¡Por eso no te reconocimos! ¡Estas tan grande!, toda una mujercita. Debes de tener muchos novios y chicos babeándose por ti.


Hice una mueca. Ojala, mujer, Ojala.
- Lo siento. Me encantaría poder decir lo mismo…- me mira con los ojos abiertos de par en par.

- ¿Cómo? ¿No me reconoces? ¡Soy Sue! La madre de Leah y Seth. Siempre te pasabas correteando por mi jardín con Seth.- Negué. Aturdida por su decepción. La nostalgia me abofeteo. Otra de las personas a las que había olvidado.

- Lo siento- mi voz a penas era un murmullo.
- Esta bien, no te preocupes. Han pasado muchos años también. A puesto a que tampoco reconociste a Charlie, todos estamos viejos también.- dice riendo un poco apenada.- lo siento mucho si te hice sentir incomoda…-
- Esta bien, esas cosas pasan…- dije restándole importancia, se veía realmente apenada.
- Vaya, jamás me lo hubiera podido imaginar…- le dijo al viejo Quil que seguía sonriendo.- Jamás pensamos que volvería Zeeb. El viejo niega con la cabeza.
- Yo siempre supe que volvería. Aquí es donde pertenece.- dijo tomándoselo a pecho.

Después de las presentaciones formales, nos despedimos con la clara invitación Charlie sobre ir a su casa, para cenar aquel famoso estofado que hacia su esposa, Sue.


Tardamos mucho en irnos de la tienda de pescar, ya que el viejo tenía entre ceja y ceja ganarles en la pesca a Billy y a Charlie, por lo que termino comprando una poderosa caña con textura de marfil también. Reí entre dientes, el viejo Quil parecía un hombre testarudo.

Ya en el auto nos dirigimos nuevamente a la casa de la playa.  

El sol ya se escondía por sobre las montañas, e intensos colores naranjas y violáceos se apoderaban del cielo.

No muy clara aun, termine preguntándole a mi viejo tío quien era Charlie.


- Es el viejo jefe de Policía, el padre de Bella, el señor Swan. No me extraña que no lo recuerdes, llevas muchos años sin visitarnos.- lo miro de reojo. Hago una mueca.
- Jugabas mucho de niña con El hijo de Billy y con Bella. -
- ¿Y ese tal Billy?-
- Billy es de la tribu, es un miembro del consejo. Y tu tío lejano, además de que es padre de Jake.- me detengo de lo que estoy haciendo.


Una suave brisa, proveniente del aire del exterior se entreteje entre mi piel y la ropa que traigo puesta. Las ventanas del auto estaban echadas abajo, por lo que el olor a salitre se entretejían en mi cabello.

- ¿Jake?-

¿Jake?


- Si, Jacob, Jake. El hijo del viejo Billy Black y tú primo segundo. ¿Acaso no lo recuerdas?- se gira un poco hacia mi. Lo volví a mirar ceñuda, hacia años que no había visto a mi familia paterna. Estaba segura de que si ese tal Jacob se detuviera a saludarme ni lo reconocería.


- No, yo…  en realidad no sabia que tenía un primo.- dije  ahora sonrojada. Había olvidado tano.- supongo que me he olvidado muchas cosas de mis raíces.
- Dos, tienes dos primos, Zeeb. Jacob, y Quil. Mi nieto.- suspira con pesadez.

¿Dos primos?  Abro los ojos perpleja. No se que decir.
- Quil  vive conmigo. Con nosotros de hecho. – abrí la boca para decir algo, pero el me detuvo de inmediato.- Y no, no lo has visto porque esta atendiendo… unos asuntos. El llega, y se va. A veces pienso que es hijo del viento o algo así. El chico ni se siente en la casa. A menos claro que este con Embry o Jake. No hacen mas que juntarse y son el maldito Apocalipsis.- farfullo un poco enojado. Parecía resentido.


- Ah, bien… bueno, gracias por contármelo ahora- le dije con sarcasmo. No Lo pude evitar, yo si me encontraba un poco resentida.

¿Por qué no me lo habría dicho antes cuando llegue? Me había comenzado a dar pena porque vivía solo. Ahora se porque todo siempre esta en orden. Saco mi mano de la boca.


- Calma.- dijo – A veces se me olvida que, prácticamente casi no recuerdas a nadie.-
- No recuerdo a nadie…- murmure puntualizándolo.
- Ya, bueno, lo siento…-
- Si, yo… como sea, no lo he olvidado… todo, todo.- me encogí de hombros.-  recuerdo tu bastón… y tú forma de ser. Si no llega a ser por eso, me hubiera perdido en el aeropuerto.- sonreí sin ganas.- y otras… cosas.
- ¿Qué es lo otro que recuerdas?- me tense inmediatamente. Recordando mis gritos y la oscura noche. Mi pecho dolió.
- No quiero hablar de eso…-mi voz sonó tosca.
- Recuerdas el día…- aparco el coche frente a la casa. Sus ancianos ojos me estudiaron con pena. Ni siquiera asentí.
- ¿Sabes que tus padres querían lo mejor para ti? ¿No?-
- Si, aja…-
- Ellos prácticamente entraron en pánico, solo querían salvarte…- Los dedos de mis manos y pies hormiguearon.
¿Los defendía? Ellos tenían tanta culpa en esto, si no me hubiera ido, prácticamente no hubiera olvidado a mi familia. Mi cuero cabelludo se erizo. Deje lo que estaba haciendo y lo enfrente.
- Si, bueno, no sirvió de mucho. Y ¿Adivina que?,  Sigo estando enferma. Las cosas no han cambiado.

- Eso piensas… pero las cosas, han cambiado mas de lo que crees.- dice de la forma más seria que jamás había visto.

Pero jamás pensé que hablara tan enserio.

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MensajeTema: Re: La Gran Leyenda del Lobo Blanco   Hoy a las 4:56 am

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