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Mar Mayo 26, 2015 5:16 pm por JACOB&NESSIE

Nuestro autografo de Taylor Lautner

Fan del Mes
Nombre: Rocío Valverde Torres
Alias/Apodo: Rocio
Edad: 22 años
País: España-Madrid
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Jacob Black Fan

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 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18

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AutorMensaje
JACOB&NESSIE
Team Mariana


Mensajes : 414
Fecha de inscripción : 14/01/2011
Edad : 37
Localización : Asturias, España, en el bosque con Jake =)ººº

MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Dic 20, 2011 12:12 pm

sunny sunny sunny ¡HOLA, PRECIOSAS! sunny sunny sunny

¡¡MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODAS POR SEGUIR LEYÉNDOME Y POR ESOS COMENTARIOS TAN BONITOS QUE ME PONÉIS, SOIS UNOS SOLES, COMO JAKE!! ¡¡MUCHAS GRACIAS, ValeriaNessie, Andii, carlie_cullen_s, Maryteresa21, vatz, Ewwa Cullen Black, elida12, Acercats, nessiecullenblack, eviana, sofie-nessie.black, LuzNessieBlack99, delzodriak, Pequeña Nessie y Stephaniie_CullenBlack (Bienvenida!!!!)!!

delzodriak, de nada, para eso estamos, mujer Razz jajaja, seguro que a Alice le encanta comprarle ropa a Anthony!! xDD Lo que pasa que ya será adolescente, porque no se activará su gen lupino hasta la adolescencia Razz

Stephaniie_CullenBlack, bienvenida a la manada!!!! Muchas gracias por darle una oportunidad a mis libros, y muchas gracias por las cosas tan bonitas que me pones, me haces muy feliz =º) Guau, yo la inspiración de alguien, me siento muy halagada, en serio I love you Te deseo mucha suerte con tu fic, y sigue escribiendo pase lo que pase, no te rindas jamás Wink


Bueno, chicas, como siempre voy con prisas Sad Aquí traigo la actu de hoy. Espero que os guste Wink Por cierto, ya queda muuuuuuuy poco para el nacimiento de Anthony!!!! sunny

Una nota, para las que no sepan qué es un “morreo”, es un beso en la boca, pero un beso de esos largos, generalmente con lengua, aunque tb puede ser sin ella xDD, ¿vale? Wink "Caerse de morros", es caerse de bruces, caerse con la cara por delante, y "tener morro" o "¡vaya morro que tienes!" quiere decir que es un caradura, que tiene una cara que se la pisa, que es un sinvergüenza Wink Es que, perdonadme, a veces con la emoción al escribir se me olvida que aquí tenemos expresiones diferentes a las que tenéis en América, disculpad ^^




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LLAMANDO A QUIL, LLAMANDO A QUIL.
AQUÍ EL PLANETA TIERRA. CORTO


―¿Seguro que estarás bien? ―le pregunté por enésima vez.
―Sí, no te preocupes ―me contestó Nessie, que tenía las manos sobre la zona de los riñones.

Terminó de acercarse a la silla que yo había traído de la cocina y que había colocado en mi garaje para la ocasión, y la ayudé a sentarse, asiéndola por el brazo. También había traído unos cojines del sofá, así que después me apresuré a cogerlos del capó del Golf, volví a la silla y se los coloqué en la parte trasera de su cintura.

―Ah, gracias, cielo ―me agradeció, sonriéndome y dándome un beso corto―. La verdad es que tengo la espalda molida, Anthony cada vez pesa más.

Me lo podía imaginar, bueno, no, claro, yo no estaba en su pellejo, pero solamente faltaban alrededor de tres semanas para el parto, y su barriga ya era más que enorme. Además, ahora que todo el peligro se había esfumado, Carlisle le había hecho una última ecografía en la que habíamos comprobado el estado de nuestro bebé, y su tamaño ya era el de un bebé, bebé. Esta vez sí que habíamos podido imprimir la ecografía, y la teníamos colgada en la nevera, por medio de un imán. Sí, por fin. La primera fotografía de Anthony. Se me caía la baba cada vez que abría la nevera, qué puedo decir…

―Pues luego tenemos que ir al curso de preparación al parto, ¿no sería mejor que descansaras un poco en el sillón de la chimenea? ―sugerí, preocupado, poniéndome en cuclillas a su lado para acariciar su panza―. No sé, allí estarías más cómoda, podrías leer…
―Ni hablar ―se negó, con una sonrisa, colocando su dedo índice en mi boca para que cerrase el pico―. Prefiero quedarme aquí, viendo cómo haces la cuna.

Sonreí.

Ya habían pasado dos semanas de la batalla con los licántropos, de la muerte de Razvan y el resto de chusma, y nuestra vida había vuelto a la normalidad. A la normalidad de antes, claro está, a la que teníamos cuando vivíamos solos en nuestra casa. ¡Sí! Mi familia política se había mudado a su casa de Forks, el aquelarre de Denali se había pirado a Denali, y ahora volvíamos a disfrutar de nuestra intimidad, como marido y mujer.

Bueno, de toda no.

―Toma, hija ―Bella entró en el garaje y le pasó la zanahoria pelada y lavada que Nessie le había pedido.

Sí, los Cullen venían todos los días y se pasaban las horas aquí.

―Gracias, mamá ―agradeció ella, cogiéndola.

Últimamente, a Nessie le daba por comer zanahorias, era su antojo más reciente. Le dio un mordisco y Bella se sentó en el banco formado por cajas de refrescos, a su lado.

Me quedé mirando a Nessie embobado durante un instante. Dios, era tan hermosa. Todavía no podía creerme que todo el peligro se hubiera terminado y que por fin pudiéramos vivir en paz. Pero así era, ¡sí! Habíamos terminado con esos apestosos licántropos, con los rumanos, con esos dos magos momificados, y yo había aniquilado a mi peor enemigo: Razvan.

Eso sí, aún me rechinaban las muelas al recordar lo que ese desgraciado había estado a punto de hacerles a Nessie y a mi hijo. Menos mal que ese maldito no se había salido con la suya. Ezequiel me había explicado que los exteriores de nuestra casa seguramente habían sido rociados con algún tipo de polvo mágico o algo así para hechizar a la pulsera de Nessie, con el fin de adormilarla, por eso el aro de cuero no había podido reaccionar ni actuar durante ese alocado trayecto en el Jeep de Emmett, ni tampoco después.

Ezequiel no había sido capaz de explicar por qué Nessie había podido desviar hacia ella el hechizo encadenado de Razvan, pero no me había hecho falta, porque yo sabía de sobra por qué había pasado eso. No había sido mi poder espiritual, ni ninguna magia, bueno, sí, había sido una magia, pero nada que ver con la que últimamente estábamos acostumbrados a toparnos. Había sido un milagro, el milagro que sólo una madre puede conseguir gracias al amor que le procesa a su hijo. Nessie había luchado con todas sus fuerzas, con toda su alma, para salvar a Anthony, y sin darse cuenta había hecho que el hechizo pasase a ella. De ahí que la mirase tan atontado, era inevitable.

Entonces, el bebé le propinó una buena patada al vientre de Nessie, un puntapié que sentí en la palma de mi mano con claridad, obligándome a bajar de mi nube.

―Vaya, parece que A. J. ya tenía ganas de esa zanahoria ―reí, frotando el vientre de mi chica.
―No sé si él tenía ganas, pero yo sí que me moría por hincarle el diente a una ―rió Nessie también.
―A lo mejor está dormido y está soñando ―imaginó Bella, sonriendo.
―¿Qué estará soñando? ―se preguntó Nessie.
―Puede que esté soñando con lo poco que sabe de zanahorias ―bromeó Bells.
―Llama a Edward ―propuse, mirando a la puerta del garaje para escudriñar los exteriores―. ¿Dónde está?

Nessie me había contado que Edward podía ver los pensamientos o lo que fuera del bebé, esos sueños difusos. Me moría de curiosidad por saber qué sensaciones podía estar teniendo A. J. ahora mismo.

―No está aquí ―me reveló Bella―. Se ha ido al aeropuerto.

Giré el rostro hacia ella.

―¿Al aeropuerto? ―inquirí, extrañado.
―Oh, se me olvidó decírtelo ―exclamó Nessie, pegándole otro mordisco a su zanahoria.
―El lunes nos volvemos a Anchorage ―me explicó Bella―. Tenemos exámenes, y no queremos perder este curso. Pero estaremos aquí dentro de dos semanas, y se quedan Carlisle y Esme.

No quería ser malo, pero no pude evitar sentir esa alegría dentro de mí, qué quieres que te diga. No es que me molestasen, ni mucho menos, es más, nos estaban ayudando bastante con las tareas domésticas y eso, pero saber que íbamos a tener dos semanas enteras de paz, tranquilidad y sobre todo intimidad, me satisfacía que no veas.

―Ah, vale, no pasa nada ―se me escapó una sonrisilla.

No escapó a ojos de Bella y Nessie, por supuesto, pero ambas me sonrieron con comprensión.

―Bueno, será mejor que me ponga manos a la obra ―sonreí.

Le di un beso en la barriga a Nessie, otro en esos preciosos y carnosos labios sonrientes que me correspondieron de muy buena gana y me levanté.

Esta semana ya había terminado el dormitorio del bebé, que, por cierto, y no era por echarme flores, pero me había quedado perfecto, hasta la Barbie tuvo que callarse la boca, así que había empezado con la cuna. Ya tenía todas las piezas cortadas, con los cantos redondeados, lijadas y lacadas en blanco, incluido el somier. Ahora me quedaba lo que más ilusión me hacía del proceso, solamente me quedaba atornillarlas para terminar de montar la cuna, y después tenía pensado adornar el cabecero de los pies con algún dibujo infantil. Todavía tenía que elegir una plantilla, pero eso ya lo compraría con Nessie. Uno de los lados iba a ser abatible, que era lo más chungo de conseguir, pero Nathan me había enseñado cómo hacerlo, así que esperaba no tener mayor problema.

Me acerqué a esa mesa improvisada consistente en un tablón con patas que Emmett se había empeñado en construirme para que trabajara mejor, y me puse manos a la obra.

Agarré uno de los cabeceros y lo posé en la mesa. Cogí el lápiz, el metro, y empecé a marcar los puntos donde iban a ir los tornillos, midiéndolos bien. También apunté esas medidas en mi libretilla, para no olvidarme.

Repetí la misma acción en todas las piezas, midiendo las distancias bien y comparándolas con las de las partes que iban a ir encajadas con su pieza correspondiente, para que no hubiera ni un fallo. Esto me llevó un buen rato, la verdad, aunque estaba entretenido con la charla que mantenían Bella y Nessie sobre la universidad y las anécdotas que contaba mi amiga.

Me acerqué a la estantería que tenía detrás y cogí la taladradora. Escogí la broca adecuada, se la puse, la enchufé y empecé a hacer los agujeros de los tornillos en todas las piezas. Comencé por los cabeceros, seguí por el somier y terminé con las bandas laterales.

Justo cuando terminé de hacer todo esto, alguien apareció por la puerta del garaje.

―Hombre, Quil, ¿qué te trae por aquí? ―le saludé, echándole un fugaz vistazo, ya que estaba bastante centrado con mi tarea.

Nessie y Bella le sonrieron.

―Qué hay ―saludó él, apoyándose en la pared, con las manos en los bolsillos de su pantalón―. ¿Qué, terminando la cuna?
―Eso intento ―asentí.
―Ajá.

Ese ajá no me gustó mucho. Había sonado demasiado distraído, como si en realidad no me hubiera escuchado. Levanté la vista de las piezas y le miré más detenidamente. Estaba observando las cosas que tenía sobre la mesa, pero sin observarlo, es decir, simplemente sus ojos habían fijado un punto en el que detenerse y quedarse ahí, y resultaba ser la mesa, pero se notaba que su cocorota estaba pensando en otras cosas, creo que ni siquiera veía lo que sus pupilas le enfocaban.

―Esto… nosotras nos vamos a casa, Jake ―dijo Nessie, muy suspicaz, levantándose de la silla para dejarnos a solas. Bella lo hizo de las cajas de refrescos apiladas, en un parpadeo, para ayudarla―. Voy a descansar en el sillón y leer un poco.

Sí, estaba claro que Quil había venido para hablar conmigo, y Nessie se había dado cuenta, cómo no.

―Vale ―acepté.

Se acercó a mí, sujetando su enorme barriga.

―Recuerda que a las cinco tenemos que estar en el curso de preparación al parto ―cuchicheó.
―¿Cómo se me iba a olvidar? ―le sonreí.

Solamente llevábamos yendo cuatro días, pero para mí ya era una cita obligada a la que no quería faltar, porque me encanta.

Nessie correspondió mi sonrisa y acercó su rostro para darme un beso tierno y dulce. Las chispas enseguida saltaron en mi estómago, electrizándolo. Mi boca no se quería separar de la suya, sin embargo, no me quedó más remedio.

―Te veo luego ―murmuró en mis labios.

Se separó de mi careto alelado y se dio la vuelta, sonriéndome.

―Hasta luego, Quil ―se despidió―. Si quieres tomar algo, sólo tienes que pedírmelo, ¿vale?

Pero el muy pasmado seguía pensando en sus cosas.

―Llamando a Quil, llamando a Quil. Aquí el planeta Tierra. Corto ―me burlé, imitando la voz de una radio transmisora, poniendo las manos sobre mi boca para que sonase con más efecto.
―Ah ―Quil regresó de su mundo―. No, gracias, Nessie, no tengo sed.

Mi chica asintió. Me dedicó una última sonrisa, sonrisa que yo correspondí irremediablemente, claro, y después salió del garaje, junto a Bella.

―¿De verdad que no quieres tomar nada? ―le pregunté, cogiendo la taladradora para quitarle la broca―. ¿Ni siquiera nada para papear?
―No, gracias. No tengo hambre ―contestó, caminando hacia el banco de cajas de refrescos como un zombie.

Vale. Estaba claro que le pasaba algo.

―¿Qué te pasa, tío? Pareces un fantasma penitente.

Dejó caer su trasero sobre las cajas, cansado.

―Es que no he dormido nada estos días ―suspiró, apoyando los codos sobre sus rodillas.

Era evidente que no era por patrullar, ya que esta semana lo estaba haciendo por el día. Un momento. Entorné el ojo, analizándole, cuando recordé que había sido a petición suya, ya que la semana pasada le había tocado el turno de día, y esta semana le tocaba el turno de noche. ¿Dos turnos de día seguidos? Qué raro…

―Te ha pasado algo con Claire, ¿no es eso? ―opté por ir al grano, no me gustaban los rodeos. Se alzó de repente para mirarme, algo nervioso―. Y no me digas que no, llevas así de raro desde hace dos semanas, ya cuando fuimos a por los licántropos. Además, no haces más que desviar tus pensamientos cuando Claire te viene a la cabeza.

Lo cual solía ser muy a menudo, porque siempre pensaba en ella.

―Es que… estoy hecho un lío ―murmuró, llevando la vista a un lado mientras se rascaba la nuca.
―Venga, desembucha ya ―resoplé―. Para eso has venido, ¿no? Vamos, te mueres por desahogarte.
―Prométeme que lo mantendrás en secreto ―me pidió, observándome fijamente con esa mirada de honor a la amistad que dos colegas conocen tan bien―. Prométeme que esto que te voy a contar no se lo enseñarás a nadie de la manada.
―¿Y Embry?
―A Embry se lo contaré en cuanto te lo cuente a ti, cuando ya esté más tranquilo.

Suspiré y asentí.

―Bueno, vale ―acepté―. ¿De qué va todo esto?

Mantuvo un momento de silencio, hasta que bajó el rostro hacia el suelo y por fin habló, eso sí, con un murmullo.

―Claire me besó.

Tuve que pestañear para reaccionar. ¿Eso era todo? ¿Y por eso estaba así? Pero si debería de estar contento, ¿no?

―Bueno, ¿y qué pasa? ―me encogí de hombros.

Levantó el careto de nuevo para mirarme, un poco sorprendido por mi falta de entendimiento. La verdad es que no entendía nada.

―Pues que no pude evitarlo y le correspondí el beso ―confesó, con un lamento, inclinándose para meter la cabeza entre sus manos.
―¿Y cuál es el problema? ―yo seguía sin comprender nada.

Quil volvió a alzarse.

―Pues que tiene quince años recién cumplidos, Jake, ese es el problema ―me aclaró, con una voz nerviosa más cercana al miedo escénico que otra cosa.
―Oh ―murmuré como un idiota, cayendo en eso.

Ya se me había olvidado ese detalle… Es que, bueno, es decir, Claire se vestía y se maquillaba de esa forma que la hacía parecer mayor, y a veces se te pasaba que solamente tenía quince años.

―Bueno, pero, ¿cuánto se lo correspondiste? ―inquirí―. Porque si sólo fue un beso inocente…
―Mucho, Jake, le correspondí el beso bien ―me cortó, pronunciando las palabras a regañadientes, con ese nerviosismo.
―¿Pero fueron unos besuqueos o fue un morreo? ―interrogué para cerciorarme.

Mi amigo me miró y me hizo una mueca, matándome con la mirada.

Vale, había sido un morreo en toda regla. Conociendo a Quil, seguramente le había comido la boca bien.

―Sam me va a matar ―se lamentó, hundiendo la cabeza en sus manos una vez más.
―Vamos, él sabe de sobra que no vas con malas intenciones ―le calmé―. No veo por qué ha de tomárselo a mal.

Volvió a sacar la cara de los subsuelos.

―¿Tal vez porque su sobrina tiene quince años y yo veintinueve? ―dijo, con ironía―. Casi le doblo la edad.
―Venga, tío, físicamente, hace tiempo que ya no has envejecido más, y mentalmente… bueno, mentalmente te quedaste en los quince, así que estáis a la par ―bromeé, para quitarle algo de hierro al asunto.
―Ja, ja ―articuló, sarcástico―. Da lo mismo lo que yo aparente, ella no deja de ser menor de edad ―insistió, inquieto y visiblemente preocupado por ese dato.
―¿Y qué importa eso? Piensa que vais a estar juntos toda la vida, ¿qué más da si cuando empezasteis ella era menor o no? Además, todo el mundo sabe que Claire es mucho más madura que una chica de su edad.
―Ya, pero Sam da por hecho que yo voy a esperar a que Claire tenga los dieciocho.
―¿Tanto te preocupa Sam? ―critiqué―. Háblalo con él, déjale las cosas claras y ya está. Tendrá que entenderlo y aceptarlo. No sé por qué le tienes tanto miedo.
―No le tengo miedo ―afirmó, mirándome fijamente para corroborarlo―. Es sólo que yo le respeto, ¿entiendes? Ya sé que él sabe de sobra que no voy con malas intenciones, que voy muy en serio con Claire, pero también sé que él prefiere que ella tenga la mayoría de edad. Además ―bajó la mirada―, esto también me ha pillado por sorpresa a mí, ¿sabes? Yo también quería esperar a su mayoría de edad para... En fin, que esto… no entraba en mis planes.

Enseguida supe a qué se refería.

―No has podido evitar enamorarte de ella, ¿no? ―le miré con certidumbre, ya que sabía de sobra de qué hablaba.

Sus ojos se levantaron para observarme, y ya me lo ratificaron.

―Sí ―suspiró, bajando los párpados con un sentimiento de culpabilidad que barría todo su semblante.
―Quil, escucha, tío, es normal e inevitable que te enamorases de Claire ―intenté calmarle―. Ella es tu mujer ideal, tiene lo que siempre has buscado en una chica, todo lo que podrías soñar, tiene todas las cualidades que te gustan en una mujer, es tu alma gemela. Ya sé que es raro, porque es muy joven, pero que te enamorases de ella es lo más natural del mundo, créeme, yo he pasado por lo mismo, ¿sabes?
―Ya, lo sé, pero lo tuyo es distinto ―rebatió un poco―. Nessie pasó de tener doce años a tener diecisiete en sólo un mes.
―Mes y medio ―le corregí.
―Ya era casi mayor de edad ―siguió él, ignorando mi puntualización―. Tú no pasaste esta transición. Cuando te enamoraste, ella ya tenía diecisiete.
―Oye, yo también tuve que pasar lo mío, ¿qué te crees? ―refuté, algo molesto―. No fue nada fácil para mí pasar de sentirse el hermano mayor de una niña de doce años, a de repente ver que estaba enamorado hasta las trancas de la misma chica que hacía sólo un mes y medio había sido esa cría. Fue un cambio muy drástico para mí, ¿sabes? No voy a negar que no me gustó, al contrario, me encantó que ella por fin creciera, para qué lo voy a negar, pero al principio tenía que pellizcarme para saber si estaba soñando o no, porque no me creía que ella ya fuera una mujer. No te imaginas lo que es ver que ella tiene doce años, y que a las tres semanas tiene quince y ya te empieza a gustar físicamente, tú ya me entiendes.
―Sí, creo que algo te entiendo ―murmuró, otra vez con ironía.
―Fue algo muy raro para mí. Tú por lo menos has ido viendo crecer a Claire poco a poco, has ido viendo cómo ella cambiaba progresivamente, y eso más o menos te ha ido preparando el terreno, ¿entiendes? Pero yo no tuve eso. Lo mío fue un… ¡bum! ―gesticulé con los brazos, simulando una explosión―, ella de repente tenía diecisiete años, era la mujer de mis sueños y yo ya veía que empezaba a enamorarme hasta las trancas, sin remedio.
―Pero tú enseguida lo asumiste y pudiste disfrutar de lo vuestro, porque Nessie ya casi era mayor de edad ―debatió.

Eso era verdad, así que tuve que cerrar el pico.

Se hizo un mutismo en el que él volvió a mirar al suelo y yo lo hice con las piezas de la cuna.

―¿Sabes? Yo creía que esto de la imprimación era otra cosa ―murmuró, sin alzar la vista―. Pensaba que iba a sentirme como su hermano mayor siempre, hasta que ella cumpliera la mayoría de edad, y que entonces ya podría enamorarme de ella.
―Pues ya ves que no es así ―le dije, metiendo la broca de atornillar en la taladradora―. Que yo sepa, nadie elige de quién se enamora, ni cuándo, y a nosotros, los imprimados, nos pasa lo mismo. No somos diferentes a las demás personas. Lo único que nos diferencia es que jugamos con la ventaja de ya saber de quién nos vamos a enamorar, gracias a la imprimación, porque, claro, ya sabemos que ellas son nuestras almas gemelas, pero nada más.

Suspiró, soltando el aire con un largo soplido.

―No sé qué hacer, estoy hecho un lío ―admitió, con un quejido.
―¿Y qué dice Claire?
―No lo sé, no he hablado mucho de esto con ella todavía.

Levanté la cabeza de la taladradora. Las dos semanas de turno de día se plantaron en mi sesera una vez más y recordé en lo que había caído antes.

―Así que por eso llevas dos semanas rehuyendo de ella, para evitar el tema ―me sorprendí―. Pues sí que tienes fuerza de voluntad.

Sí, ya tenía que tenerla, porque yo no me imaginaba huyendo de Nessie ni un solo segundo.

―No rehuyo de ella ―me corrigió, alzando la vista del suelo para observarme―. Sigo viéndola, sólo que…, bueno, la veo a ratos para…, en fin, para no tener que enfrentarme a esto.
―O sea, para evitar el tema ―repetí, con cierto aire crítico.
―No, no es eso ―alegó, frustrado por no saber explicarse bien. Tomó aire para sosegarse un poco y siguió hablando―. Antes de hablar con ella necesito aclararme las ideas, dejar que se calmen las aguas y tranquilizarme. Aún no sé qué hacer, tengo que pensármelo bien antes de tener una conversación con ella, ¿comprendes? Porque sé que ella quiere…, bueno ―se llevó la mano a la nuca y se rascó con nerviosismo y algo de apuro―, quiere que seamos… novios ―bajó la mano y la posó en su rodilla, encerrada en un puño―, pero yo creo que sería mejor que esperásemos un poco, ya me entiendes, por lo menos un par de años. Todavía estoy hecho un lío, no quiero hablarlo con ella sin haber tomado una decisión. No te imaginas lo persuasiva que puede a llegar a ser Claire.

No, sí, no hacía falta que lo jurara, persuasiva debía de serlo un rato, porque de momento ya le había sacado todo un morreo.

―Bueno, no veo por qué tienes que esperar a que Claire tenga los dieciocho ―opiné―. Puedes salir con ella en plan casto, ya sabes, sin sexo y esas cosas.
―Por Dios, Jake, no me hables de sexo ―Quil casi se pone a sudar de repente y todo.

Me quedé mirando a mi amigo durante un par de segundos. Me sorprendía verle así, la verdad, con lo que había sido Quil en el pasado. En aquellos tiempos, no hubiera desaprovechado la mínima oportunidad con ninguna chica. Todavía me acordaba de aquel jaleo que había tenido en el instituto con uno de los alumnos mayores por haberse liado con su novia. El muy idiota. Encima sabía de sobra que ella tenía novio.

Pensaba que cuando Claire creciera, él se lanzaría de cabeza a por ella, y más después de estar tantos años esperándola, de celibato total y eso, pero no. Aunque, bueno, vale, no era nada difícil el deducir el por qué con Claire era diferente. Quil nunca se había enamorado de este modo.

―Bah, ¿sabes qué te digo? Que te estás engañando a ti mismo, chaval ―le solté. Quil bajó en entrecejo―. ¿Ves tu puño? ―le indiqué con el dedo. Él bajó su careto para mirarlo―, pues así estás tú. Todo esto que haces no es más que una coraza, porque lo que te pasa en realidad es que estás muerto de miedo. No quieres aceptar que estás enamorado de una chica de quince años.
―Pues sí, estoy muerto de miedo ―reconoció, eso sí, algo irritado―. Ella tiene quince años, y me da miedo no saber respetarla hasta que sea mayor de edad, ¿sabes? Me da miedo no poder controlarme, que llegue un día en que incluso la desvirgue y me diga: “¡Dios mío, ¿qué he hecho?! ¡Sólo tiene quince años!”. ¿En qué me convertiría eso? Sería un… pervertido o algo así.

No pude evitar reírme.

―Dervirgar. Dices desvirgar como si te fueras a abalanzar sobre ella como un poseso ―me reí.

Quil cogió una tuerca del suelo y me la lanzó.

―No te rías, no tiene gracia ―se quejó mientras yo esquivaba ese misil, aunque a él también se le escapó la risa―. Te parecerá una tontería, pero yo me como el tarro todos los días con esto ―entonces, le dio por ponerse tímido―. Bueno, ya sabes que… nunca he estado con una chica de ese modo, tú ya me entiendes.
―Uf, la verdad es que veintinueve años de celibato es mucho tiempo ―vale, no era para reírse, lo sé, pero mi risa fue inevitable.
―Venga, tío, no te rías ―sonrió él también, arrojándome otra tuerca.

Tuerca que yo volví a esquivar entre mis carcajadas maliciosas.

―Sí, ya te veo abalanzándote sobre ella como un auténtico poseso ―bromeé.
―Y encima, yo no puedo ocultar mis pensamientos como tú. ¿Te imaginas la cara de Sam? ―rió, siguiendo mi broma.
―Me imagino la tuya cuando él corra detrás de ti para clavarte los dientes ―me tronché.
―Ja, ja ―masculló, usando un tono de retintín―. ¿Ves? Por eso es mejor que no empecemos nada hasta que pasen un par de años. Tengo que evitar la tentación, ¿qué quieres que haga?
―Pues que no te comas tanto el tarro ―le aconsejé, cogiendo los tornillos de la estantería que tenía detrás de mí―. Si pasa, pasa, ya está. Además, no sabes qué puede ocurrir. A lo mejor ella te para los pies muy bien.
―Tú no conoces a Claire ―volvió a soplar―. Ya te he dicho que puede llegar a ser muy persuasiva.
―¿Tan lanzada es? ―sonreí, con algo de socarronería.

Quil me miró como si tuviera que adivinar algo muy evidente.

―Jake, es mi alma gemela ―me recordó, con esa expresión.

Ambos nos quedamos un instante observándonos y terminamos soltando unas risitas sordas.

―Bueno, pues no sé, tío ―le dije, mordiéndome el labio, sonriente, al tiempo que hacía una negación con la cabeza―. Tú sabrás lo que haces. Si yo fuera tú, me lanzaba a la piscina de cabeza y saldría con ella en plan casto, pero, en fin, si crees que eres capaz esperar un par de años más…
―El problema es que Claire no quiere esperar ―suspiró―. Fue ella la que me besó, ya te lo dije.
―¿Y por qué le dio por besarte? Creía que ella iba a esperar, también.
―Porque Nessie le dijo que ella me gustaba ―respondió, pronunciando las palabras con cierto reproche y un tono acusica.

Giré el rostro para mirarle, extrañado.

―¿Cómo?
―¡No es así exactamente! ―irrumpió Nessie de pronto, entrando en el garaje con rapidez al tiempo que sostenía su enorme barriga con una mano, con un semblante de apuro y preocupación―. ¡Todo tiene una explicación!

Bella lo hizo detrás de ella.

―Hola ―intentó disimular, con una sonrisa tonta.
―¿Qué hacíais ahí? ―protesté, frunciendo el ceño―. ¿Es que estabais cotilleando?
―Estupendo… ―resopló Quil, cruzándose de brazos y mirando hacia otro lado.
―No… ―miré a Nessie con una cara que decía “venga ya”―. Bueno, vale, sí ―reconoció, avergonzada―. Pero fue sin querer. Estábamos paseando por el jardín, os oímos hablar y, bueno, no pudimos evitar quedarnos para escuchar.
―Genial, Nessie ―le regañé.
―Lo siento ―se disculpó, poniendo ojitos.

Ay, esos ojitos…

―En fin, da igual ―dijo Quil, soltando otro suspiro―. De todas formas, se iban a enterar.
―No le dije que ella te gustaba ―aclaró Nessie―. Bueno, no con esas palabras ―bajó la mirada, colorada, y después la volvió a subir para mirarnos―. Lo que le dije es que tuviera paciencia, que solamente tenía que esperar un par de años más, y que tú terminarías lanzándote algún día, sólo eso.
―Pues Claire debió de cansarse de esperar y decidió que lo mejor era lanzarse ella ―le contestó Quil, con un poso de reproche.
―Mira, Quil, tienes que hablar con Claire, tenéis que aclarar las cosas de una vez ―le aconsejé. Ya no sabía qué más decirle, la verdad―. Si ella no sabe lo que tú quieres y tú tampoco sabes lo que ella quiere, no podrás tomar una decisión, ¿entiendes? Me refiero a la decisión correcta, la decisión adecuada para los dos. Así que déjate de ir por ahí como un mártir y ponte las pilas con ella. ¿Cómo vais a arreglar el tema si no lo habláis? Es absurdo.

Mi amigo soltó un suspiro largo una vez más.

―Tienes razón ―asintió, cerrando los ojos―. Lo mejor es que hable con ella.
―Eso es, habla con ella ―reiteré, colocando una pieza lateral sobre el cabecero de la cuna para comenzar a atornillarla.

Se quedó mirando cómo lo hacía, junto a Nessie y Bella.

―Oye, te está quedando muy bien ―me alabó―. Tu cuna tiene buena pinta.
―Bueno, más me vale, por mi bien. Ya sabes, no quiero tener a la Barbie todo el día encima de mí echándome en cara lo de la cuna ―afirmé, en broma.
―¡Te he oído, chucho! ―gritó Rosalie desde el interior de mi casa.

Yo me carcajeé, pero a Quil se le puso la cara pálida.

―¿También están ellos en tu casa? ―preguntó, señalando el exterior con el dedo, aunque más que una pregunta, era un lamento quejumbroso. No hizo falta que le contestara, claro―. Genial… ―se quejó, inclinándose sobre sus manos para hundir la cabeza en ellas.

A Bella se le escapó una risita y los demás no pudimos evitar hacer lo mismo.

―Emmett está viendo un partido, no creo que haya oído nada ―se me ocurrió.
―¡Lo malo es que hoy no hay partido! ―voceó el mencionado.
―Estupendo ―gruñó Quil, levantándose―. Menuda intimidad que tienes aquí, esto es peor que la manada. Pues sí que...
―Y que lo digas… ―suspiré yo.

Bella me dedicó un mohín.

―Bueno, tío, creo que mejor voy a hablar con Claire antes de que lo sepa el mundo entero menos ella ―declaró, de camino a la puerta.
―Me parece genial. Yo seguiré con la cuna.
―Que te quede bien ―se despidió, saliendo del garaje.
―Que te vaya bien con Claire ―le deseé.
―Ah ―se detuvo y se giró en el umbral para mirarme, otra vez con ese honor a la amistad―, y gracias, tío.

Tonto.

―De nada, hombre. Anda, tira ya con Claire ―le contesté, con una sonrisa, alzando el brazo para instarle a que se fuera ya.
―Ya nos vemos ―se rió, dándose la vuelta.
―Adiós ―me reí yo también―. ¡Y trata de controlarte! ―le grité acto seguido, con sorna.
―¡Ja, ja! ―escuché que me contestaba, con sarcasmo.

Me carcajeé.

Quil se perdió de mi vista, por el jardín, y yo continué con mi tarea mientras Nessie y Bella se sentaban de nuevo para observarme trabajar.

Sí, dulce trabajo.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Dic 20, 2011 6:23 pm

Jajajaja ese Quil esta hecho un lío.... Genial como siempre... Aaaah, ya quiero que Anthony nazca YA!! Yum, yum, zanahorias. Suspect
lametazoos!!!
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vatz
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Dic 20, 2011 7:13 pm

Qué guay que Claire le haya besado!!! Ya quiero saber que pasará con esos dos.
Y el nacimiento ya lo estoy deseando.
Besos.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Dic 20, 2011 9:45 pm

Hola al fin ya estan un poco mas tranquilos esa parejita de ensueño ,esa barriga esta muy grande ,me encanta el amor que le tiene jake a su bebe? , nos tienes una sorpresa verdad y va a ser grande lo presiento, tu eres estupenda dando una trama genial a tu historia y que yo agradezco , espero hasta el jueves a seguir leyendote para seguir fascinada con esta fabulosa historia nos seguimos leyendo bye
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Dic 20, 2011 10:54 pm

Wooo Clarie se lanza a la piscina ehh? jajaja
Me alegro muchisimo por Quil jaja
Me encanta aver cuando nace Anthony...
Lametoneeeeees!!
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vatz
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Dic 20, 2011 11:06 pm

Ay! Qué rabia tengo, seguramente suspenderé alguna asignatura y mis padres me van a matar. Estaré castigada seguro, así que no podré leerte y claro mucho menos comentarte.
Besos.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Dic 21, 2011 3:35 am

Hola tamy: Sus vidas volvieron a la normalidad eso me gusta.

Pobre Quil menudo lio tiene Embarassed.
Haber cuando nace Anthony, estoy impaciente.
Bueno amiga nos vemos en el proximo capi.

Muchos besitos y Lametones. flower

P/D: Hasta que tu escribas otros capis yo estoy volviendo a leer los capi anteriores.asi la espera no es tanta.ja ja Laughing
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Dic 21, 2011 6:38 am

lindo cap me encanto Very Happy
pobre Quil que ya se deje de tonterías y hable con Claire I love you
gracias por el cap muy bueno te leo el jueves study
saluditos
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Dic 21, 2011 9:38 am

hola ola pues aqui reportandome jeje aaa que emocion aaa me dio dolor de cabeza con la mendiga pitufina jejejejje, me recordo a la peli de los pitufod wue estaba biendo ejejjejee... que mala y Thiago igual jummm que bueno que ya se fueron de ahi

que empcion por nessi y jake y todo slos cullen aaa amo tu historia...

pasandoa lo otro aaa que cosas con el pobre quil jejjej es de esperarse si claire es super inteligente kejejejjejjee lastima por la privacidad jejejeje, eso si esta cruel wajaja jajjaja imaginate a toda la familia en tu casa oooo dio
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Dic 21, 2011 9:53 am

ola tamyy porcierto estab leendo el principio de la historia y me acorde de BRENDA que paso con ella, jejjeje bueno recuerdo que setd se imprimo de ella o algo asi jeejjejej

bueno bueno es que con tantos personajes pues como que uno se pierde jeje
pero te felicito eres super, a en verdad que me eomciona, oye sera mucha molestia pedirte envies la primera parte de despertar para que la lea en, mi correo es kamicassi_ivon03@hotmail.com te lo agradecere mil

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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Dic 21, 2011 3:23 pm

Eso es Claire tomando el control jijijiji buenisimo capitulo y mil gracias por el libro q me mqandastes tamara te estoy super agradecida y sigue asi q eres increible Very Happy
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Dic 22, 2011 12:45 am

Holaaa... soy nueva por aqui.... Very Happy pero quiero decirte q te leo hace unas semanas ya lei despertar y ahora esperando el proximo cap study ... eres una excelente escritora no parab de leer apoyo a las q se volvieron adicyas a tu historia ya q tienes mucho talento¿¿?? no te habia podido comentar ya q eh leido todos los cap desde el cel !!!

sigue asi eres re bn Very Happy

Question ya quiero saber q pasara con quil y clarie bounce

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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Dic 22, 2011 1:25 am




Buenooooooo!!! HOLA TAMYTA!!!. como estas?, hace tanto que no comento?

NO IMPORTA CHICA, ya digo yo que el capi estubo fenomenal como siempre y muy tierno con nessie!, y eso de que "ya todo va normal, eh?", no se.... yo jacob no estaria tan confiada. siempre hay nuevos enemigos que surguen de las sombras!!! Rolling Eyes Que por coincidencia no les GUSTA ver NADIE feliz y siempre quieren fastidiar con "J"" grande!!!

si sabes a lo que me refiero? Cool eh!. Razz

pero nada. QUE Quil se deje de babosadas y sea hombre! Twisted Evil que tome el control y ya!. que sea sincero con Claire( aun que se lance como lanza en una picada directa... Cool )_
y nessie!!!... ESPERO CON ANSIAS IGUAL QUE LAS CHICAS EL GRAN NACIMIENTO DEL HIJO DEL GRAN LOBO Y LA HERMOSA REINA DE LOBOS alien I love you



AWWWWEEE!!! espero el proximo cap con ansias!!! Shocked cat
lametasos tamyta!!!, te leo tomorrow!! cheers

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delzodriak
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Dic 22, 2011 2:27 am

Hola niña muy lindo el capitulo pobre Quill de que no quiere que se entere nadie de su problema se enteran todos los demás Razz Razz Razz Razz aparte ojala le vayan bien las cosas con Claire y con respecto a las frases que utilizas craneando uno va entendiendo de apoco que es lo que queres expresar pero aun así yo te agradezco que explicaras que significan algunas frases, gracias por las explicaciones espero el próximo capitulo Lametazos y muchas energías para que continúes lol!
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Acercats
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Dic 22, 2011 3:50 am

Awww *o* que lindos... Tomare apuntes amorosos por si los necesito alguna vez... *O*
Ains... a ver cuando nace Anthony... ^^ a ver si nace el finde ^^
:O A ver si nace el día de navidad!! *O* Sería como un regalo más *w*
AC.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Dic 22, 2011 12:47 pm

sunny sunny sunny ¡HOLA, PRECIOSAS! sunny sunny sunny

¡¡MUCHAS GRACIAS POR LEERME Y SEGUIR AQUI, Stepheniie_CullenBlack, vatz, eviana, nessiecullenblack, Andii, maryteresa21, Ewwa Cullen Black, vacamila, AnGeLa Black Cullen (Bienvenida!!!), nina_Black17, delzodriak y Acercats!! ¡¡GRACIAS POR ESOS COMENTARIOS, ME LOS LEO TODOS TODITOS!!

Mirad, esta es más o menos la cuna que le está haciendo Jake al bebé *___* ¿Qué os parece? *___* Lo que cambia es el dibujo, ya veréis Wink

Spoiler:
 

AnGeLa Black Cullen, bienvenida a la manada!!! Muchas gracias por darle una oportunidad a mis libros!!! I love you Y muchas gracias por esas cosas tan bonitas que me pones, eres un sunny Espero que te siga gustando la historia y que aparezcas por aquí de vez en cuando I love you

Jaja, se nota que la mayoría os acercáis más a la edad de Claire y no sois unas carcas de 32 años como yo xDD , por eso veis el tema de Quil de otra manera, por eso lo veis todo de color de rosa, como se suele decir xDD , y os es más fácil poneros en el lugar de Claire en vez de ver el apurón de Quil Razz , pero lo entiendo, la mayoría, por vuestra edad, os identificáis más con ella Wink Yo como tengo 32 pues puedo entender el punto de vista de Quil un poco más Razz

El problema no es que se hayan besado, sino lo que eso implica para Quil y para Claire Wink , porque ese beso supone un cambio para ambos en su relación, y eso es lo que Quil se está planteando y lo que le tiene en vilo Wink
Bueno, veo normal que la pobrecita Claire se lance, con 15 años es lógico que ya tenga ganas de experimentar lo que es el amor, y, es más, tiene todo el derecho del mundo *__* Pero también entiendo el punto de vista de Quil Rolling Eyes Él tiene 29 años, prácticamente le dobla la edad, y también veo lógico que quiera esperar un poco para estar con ella Rolling Eyes , pero no sólo por lo sexual, sino por todo en general. Yo no sé qué haría en su situación, la verdad xDD Pobre, él tb lo está pasando mal, porque quiere respetarla, pero es evidente que las hormonas de Claire no estarán por la labor xDD y encima él también está un poco revolucionado, vosotras ya me entiendéis xDD Uf, no sé xDD Hombre, es lógico que no se la va a tirar así porque sí, no es eso lo que le preocupa a Quil, él jamás haría eso, lo que le preocupa es que un día inevitablemente suceda lo que normalmente sucede en una pareja xDD , y como ya dije, quiere respetarla, porque solamente tiene 15 añitos, y el pobre no se ve muy capaz de poder controlarse en un momento dado si Claire le insiste demasiado xDD En fin, yo le haría caso a Jake y ya está, pero entiendo la comedura de coco de Quil Wink

Y Sam, bueno, por supuesto que él sabe que Quil no va a ir con malas intenciones, claro está, pero una cosa no quita a la otra, que Quil vaya en serio no quita para que Claire siga siendo menor de edad (recordemos que tiene 15 recién cumplidos, o sea, que hace no tanto tiempo todavía jugaba con muñecas xDD ), y Emily y Sam son sus tíos, digo yo que algo les preocupará Razz Esto es como Edward con Jake cuando empezó a salir con Nessie xDD Ningún padre, abuelo, tío, etc, quiere que su niña pase a ser una mujer “antes de tiempo”, por mucho que la quiera su pareja xDD Y encima hay que ponerse en la situación de Quil, porque Sam puede ver todos sus pensamientos, recuerdos y todo eso, ¿os imagináis? Shocked Qué fuerte… Por muy liberal que fuera Sam no creo que le hiciera mucha gracia ver ninguna escena que se le escapase a Quil de su sobrinita de 15 o 16 años ahí…, con Quil xDD


Bueno, pues aquí tenéis el capi de hoy. Es un capítulo doble, casi triple, diría yo, así que no os quejéis, ¿eh? Wink Terminé con ojos de besugo total, después de tantas horas delante del ordenador xDD Espero que os guste Wink




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NENA, CIELO, PRECIOSA, CARIÑO

Subí los peldaños tranquilamente, de dos en dos, al tiempo que silbaba el estribillo de una canción de la que no sabía ni el título, ya que solamente la había oído en el estéreo del coche un par de veces. Eso sí, era pegadiza, la condenada. Atravesé la corta distancia que había de la escalera al cuarto del bebé y pasé adentro.

Como me había supuesto, Nessie se encontraba en este dormitorio, observando lo bonita que nos había quedado la decoración con mi, no es por nada, excelente trabajo y, vale, los acertados cuadros y blancas estanterías con motivos infantiles que había aportado Esme. Estaba doblando la diminuta ropa de A. J. por enésima vez, señal de que había vuelto a sacarla para mirarla, y la estaba colocando de nuevo en el armario. Sí, se notaba que solamente faltaba una semana para que saliera de cuentas.

Me acerqué a ella por detrás y rodeé su descomunal barriga con mis manos. No se asustó, claro, ya me había oído silbar de camino hacia aquí. Giró su rostro hacia el mío, sonriente.

―Hola ―le saludé, sonriendo como un alelado.

No sé por qué la saludaba, porque acababa de verla hace un rato, en realidad, no me había pirado de casa en todo el día, pero no pude evitarlo.

―Hola ―respondió ella, también con una sonrisa.

Los dos nos dimos un beso. Despegué mi bocaza, antes de que el chisporroteo de mi estómago subiera de intensidad, como la energía, y ya se convirtiera en una misión imposible.

―¿Viendo la ropa del bebé? ―le pregunté, acariciando su vientre.
―Sí ―asintió, poniendo sus manos sobre las mías.

Me fijé en que incluso había vestido la cuna con uno de los juegos de ropa de cama que Bella y Edward habían comprado hacía poco menos de un mes, movidos por el entusiasmo de nuestra salida victoriosa contra los magos y los rumanos, bueno, sobre todo porque Nessie y el bebé finalmente habían salido ilesos de aquello. La cuna tenía la mantita de color azul puesta, de la que sobresalía el embozo de la sábana blanca, con las letras “A. J.” bordadas y una franja de rayas de unos ocho centímetros justo en el borde de la tela, todo ello también en azul, y esa diminuta y plana almohada, que hacía juego con el resto, ya que seguía la estética de rayas azules y blancas.

―Veo que ya le has preparado la cuna y todo ―sonreí, apretándola contra mí con ilusión.

Vale, vale, lo reconozco, se me caía la baba, casi nos podíamos poner a nadar allí.

―Ya sé que todavía queda una semana para que nazca, pero me gusta tanto la cuna, que me moría por verla vestida ―se giró hacia mí y rodeó mi cuello con sus brazos, mirándome con una amplia sonrisa de orgullo y satisfacción―. Te ha quedado genial.

Ver su rostro satisfecho y desbordante de adoración me llenaba de felicidad, qué puedo decir. Bueno, es que la cuna me había quedado muy bien, para qué íbamos a negarlo. Al final había encontrado la plantilla para el dibujo infantil de un cachorro de lobo. A Nessie le hacía especial ilusión que el cabecero de los pies tuviera el dibujo de un lobo, así que rebusqué por todos los sitios habidos y por haber, me costó un triunfo, todo hay que decirlo, hasta que por fin di con esa plantilla en una pequeña tienda de aquí, en La Push.

―Entonces, ¿te gusta de verdad? ―inquirí, observando esos ojazos con atención.
―Me encanta, es la cuna de mis sueños ―afirmó, sonriéndome―. No hay otra cuna mejor en todo el mundo.

Sonreí, más que satisfecho, y volví a besarla, esta vez con un beso más largo.

Claro, por supuesto una vez más tuve que obligarme a despegar mi boca de la suya, porque si seguía…

―¿A qué hora llegan tus padres y tus tíos? ―pregunté, para poder tomar aire y recuperarme.

Y también porque había subido hasta aquí para otra cosa.

―El avión aterrizará sobre las seis de la tarde.
―¿Y Carlisle y Esme?
―Pues, no lo sé. El congreso empezaba a las nueve de la mañana, pero ni siquiera Carlisle sabe a qué hora terminará. Es el último día, y es cuando los médicos hacen sus preguntas y resuelven las dudas que tienen, así que puede que se alargue un poco ―me explicó.
―Ah.

Carlisle y Esme llevaban todo el fin de semana en Port Angeles, asistiendo a un tedioso congreso sobre genética, ese tema que le encantaba a Doc. Había empezado el viernes y duraba cuatro días, así que hoy, lunes, era el último atracón de genes que se daba Carlisle. Y la pobre Esme, que menuda paciencia.

Nessie entrecerró los ojos, perspicaz.

―¿Por qué? ―inquirió.
―Bueno, verás, es que quería limpiar un poco mi Harley, ¿sabes?, últimamente la tengo muy abandonada ―reconocí, alzando una de las comisuras de mis labios―. Pero primero quería cerciorarme de que después teníamos tiempo de sobra para disfrutar de lo poco que nos queda de nuestra soledad. Viendo cómo está el patio es un privilegio, y no quiero desaprovecharlo.
―Anda, ve a limpiar tu Harley ―accedió, riéndose, ladeando mi cara con la mano―. Todavía tenemos tiempo de disfrutar de esta paz.

Me carcajeé.

―No tardaré nada, te lo prometo ―le di un último beso en los labios, este corto, y me separé de ella, girando medio cuerpo sin dejar de mirarla, para echar a andar hacia la puerta.
―Yo iré abajo, quiero terminarme ese libro que empecé ayer ―dijo, guardando lo que le quedaba de ropa en el armario y cerrando las puertas del mismo.

Le echó un último vistazo al mueble, ahora que lo había cerrado, y sonrió. Sí, no me había quedado nada mal. Lo había lacado en blanco y había aprovechado la misma plantilla de la cuna para estampar ese dibujo de cachorro de lobo en la parte inferior de una de las puertas.

―Te acompañaré al salón ―me ofrecí. Me di la vuelta y la cogí de la mano.
―No hace falta, puedo yo sola ―aseguró, aunque no se soltó de mi amarre―. Estoy embarazada, no…
―No enferma, ya, ya ―terminé yo, echando a caminar con ella hacia el pasillo―. Pero estás en la etapa final, finalísima, del embarazo, y tu barriga pesa más.
―Eso sí ―gimió de repente, sumándose una mueca de dolor mientras se sujetaba el enorme vientre con la mano suelta.
―¿Qué pasa? ―quise saber, algo alarmado.
―Nada, cielo, una de esas contracciones de siempre ―me calmó, ahora más aliviada al dejar de sentirla.

Ah, sí. Uf, qué susto. De un tiempo para acá Nessie había empezado a sentir unas contracciones que tenían un nombre rarísimo. Doc me había dicho cómo se llamaban, era algo así como contracciones de Braxton no sé qué, pero mi sesera no había sido capaz de retener ese extraño nombre. Según él, esas contracciones eran normales en esta etapa final del embarazo, aunque yo no acababa de acostumbrarme.

La tomé en brazos al llegar a las escaleras y la bajé hasta el vestíbulo de abajo. Como ya estaba en ello, la llevé al salón y la dejé junto al sillón de la chimenea, donde se solía sentar para leer.

―Gracias ―sonrió, y me dio un beso en los labios.

Mientras se sentaba, le acomodé los cojines en la espalda, para que estuviera más cómoda.

―¿Mejor así?
―Sí ―me sonrió de nuevo.

Cogí el libro que reposaba sobre la chimenea y se lo pasé.

―No tardaré, ¿vale? En cuanto termine, me tendrás aquí ―prometí, con una sonrisa, acariciando su mejilla.
―Venga, ve, no te preocupes por mí ―me instó con la mano, sonriéndome―. Estaré bien leyendo este libro tan interesante.
―Vale ―sonreí, dándole un beso en los labios―. Te veo ahora ―me di la vuelta y comencé a caminar hacia el vestíbulo, pero luego me paré y me giré para mirarla―. Si necesitas algo, llámame, ¿de acuerdo?
―Sí, no te preocupes ―rió, meneando las manos hacia fuera para que me largara de una vez.

Me reí y me di la vuelta una vez más para seguir caminando.

Salí de casa y me dirigí al garaje, silbando esa dichosa canción otra vez. Hay que ver, cómo se pegaba la condenada. Entré en el recinto de esta guisa, me acerqué a una de las estanterías, cogí el cubo, una esponja, dos paños, encendí mi viejo y anticuado radiocasete para amenizar el asunto con un poco de música y me puse a trabajar.

Maldije para mis adentros cuando recordé que todavía no había arreglado el problema con la manguera. Seguía sin funcionar bien, y tan pronto no tenía presión, como de repente te soltaba un chorretón que te dejaba la camiseta y los pantalones perdidos. Y eso me pasó cuando estaba llenando el cubo. Genial.

En cuanto terminé de pelearme con la manguera y conseguí verter toda el agua que quise en el cubo, le eché ese jabón especial para metales, mojé la esponja y me puse a restregar mi preciosa Harley Davidson, silbando alegremente esa canción que estaban radiando.

No es que estuviera sucia, vale, pero últimamente tenía a mi Harley muy olvidada, y, Jesús, ese polvillo que la cubría era la prueba.

La limpié bien, introduciendo la esponja hasta por los recovecos más difíciles, y después pasé a la segunda fase del lavado: el secado.

Tiré la esponja en el agua y cogí el paño para comenzar a secar la moto. No sé cuánto tiempo estuve, pero me pareció que había terminado pronto y todo.

Vale, tercera fase del lavado: brillo.

Agarré el otro paño, ese que era más suave, y me puse con ello enseguida. Le pasé el paño una y otra vez a los tubos metálicos de mi preciosa Harley Davidson. Sí, estaba quedando brillante, brillante.

―¡Jake! ¡JAKE!

Casi tiro la moto abajo al escuchar los gritos de Nessie, del sobresalto.

―Nessie… ―sólo conseguí que me saliera un murmullo.

Mis torpes piernas tropezaron con el cubo en su salida hacia la puerta del garaje y el agua me salpicó hasta los pantalones, mojando también lo que acababa de secar del vehículo. Guay.

Salí despedido del garaje y entré en casa a todo lo que daban mis empapadas piernas.

―¡Nessie! ―voceé ya.
―¡Jake!

Me dirigí hacia el salón, y cuando entré, la vi arrodillada en la alfombra de la chimenea, envolviendo su barriga con los brazos. Me asusté al verla así, además, su rostro estaba desfigurado con una mueca de dolor.

―¡Nessie, ¿qué te pasa?! ―pregunté ansiosamente, acercándome a ella y arrodillándome a su lado de igual modo.
―Ya viene. He roto aguas ―me anunció con tranquilidad, seguramente para tranquilizarme a mí.

Ay, madre. Esa era la voz de alarma. El anuncio que tanto estaba esperando, aunque no contaba con que fuera tan pronto. Dios, demasiado pronto. ¡Pero si se suponía que todavía quedaba una semana!

Bueno, venga, tranquilo, tranquilo. Respiré hondo, ya más calmado, aunque sólo por un diminuto segundo, porque no sabía si Carlisle todavía estaba en Port Angeles, ni si le iba a dar tiempo a llegar. Intenté no seguir pensando en eso y relajarme.

―Vale, nena, no pasa nada ―le calmé, acariciándole la cara. No sabía si esas palabras eran para ella o eran más bien para mí―. ¿Puedes ponerte de pie?
―No, esto empieza a dolerme mucho… ―se quejó, encogiéndose sobre su vientre.
―Bueno, cielo, pues túmbate aquí, venga ―y coloqué su brazo sobre mi hombro para ayudarle a que lo hiciera.
―La alfombra… ―lamentó mientras tanto―. La he puesto perdida.

No pude evitar que se me escapara una pequeña risa nerviosa.

―Ya compraremos otra ―y la tumbé del todo―. Espera.

Me puse de pie con rapidez y cogí un montón de cojines del sofá, incluido el que formaba el asiento de abajo, más la manta que siempre usábamos para acurrucarnos juntos en el mismo.

Aparté un sillón y coloqué los cojines en el suelo y la pared, a modo de camilla improvisada.

―Aquí estarás más cómoda ―le dije, poniendo su brazo sobre mis hombros, como antes.

La levanté un poco, tomándola en brazos, y la recosté con mucho cuidado en esa “camilla” cutre, recolocando los cojines en su espalda para que estuviera un poco incorporada y se sintiera lo más cómoda posible.

―¿Mejor así?
―Sí, gracias ―me sonrió.

Cogí la manta y la abrí.

―No, la manta no ―me paró cuando se la iba a extender―. Tengo calor.
―Vale, nada de mantas ―acepté, inquieto.

Y la tiré en uno de los butacones.

―Ay ―gimió.
―¡¿Qué?! ¡¿Qué pasa?! ―dejé caer las rodillas con tanta fuerza para estar junto a ella, que vibró toda la solera de la casa.
―Tranquilo, sólo es una contracción ―su boca se curvó hacia arriba.
―Ah, ya, claro. Una contracción ―contesté, con nerviosismo.

Mierda. No sabía qué hacer.

Vale, vale, tranquilo, Jake, tranquilo, me dije a mí mismo. Piensa, piensa. Ah, Carlisle.

Me volví a levantar y corrí hacia el teléfono.

―Jake… ―me reclamó.
―Ya voy, preciosa. Voy a llamar a Carlisle para que venga, ¿vale? Me tendrás contigo en dos segundos.
―Vale ―aceptó, con voz quejumbrosa.

Salí del saloncito y me fui hacia el vestíbulo. No quería que ella me viera en este estado neurótico.

Marqué el teléfono de Carlisle a toda velocidad y me puse el teléfono en la oreja mientras paseaba de aquí para allá.

Ni siquiera llegó al tercer tono.

―¿Diga?
―¡Carlisle! ¡Ya… ya está aquí! ―grité en voz baja.
―¿Jacob?
―¡Sí, soy Jacob! ¡Tienes que venir! ¡Nessie está de parto!
―Oh, mi niña está de parto ―escuché que exclamaba Esme, emocionada―. Llamaré a Bella.
―Vaya, parece que se le ha adelantado un poco ―dijo Carlisle con voz sosegada, y hasta alegre.
―Sí, qué agudo, Doc ―afirmé, con sarcasmo.
―¿Y va todo bien?

¿Pero qué le pasaba? ¿Me estaba tomando el pelo o qué?

―Sí, claro, Nessie acaba de romper aguas, está tumbada en la alfombra con contracciones… Nada, ya sabes, lo normal ―esta vez el sarcasmo me salió con más acidez―. ¡¿Me estás tomando el pelo?!
―Me refería a si está teniendo alguna complicación ―me corrigió él.

Genial. Encima ahora quedaba de estúpido y todo.

―Ah ―carraspeé―. No, bueno, no sé. Ella tiene dolores, contracciones, no sé, todo eso ―declaré, rascándome la nuca impacientemente.
―Mmm, si acaba de romper aguas, las contracciones deberían haber venido más tarde ―murmuró para sí.
―¿Qué? ―mi neurosis aumentó.
―Nada, todo va bien. Escucha, ya estoy de camino, el congreso ha terminado más pronto de lo que creía y ya llevo una hora y media en el coche. Ahora tranquilízate. Acabo de entrar en la carretera que lleva a Forks, así que hasta que yo llegue, tendrás que ocuparte tú.
―¡¿Yo?!

¡Uf! Ahora sí que estaba asustado.

―No te preocupes, todo irá bien. Normalmente un parto suele durar entre ocho y doce horas desde la primera contracción, sobre todo en madres primerizas, así que llegaré a tiempo. Yo te iré dando instrucciones mientras tanto. Dime, ¿cada cuánto tiene las contracciones?
―No sé, tuvo una hace unos cinco minutos, más o menos.
―Bien, tienes que vigilar eso, y también la dilatación.
―Está bien. Voy… voy a mirarlo y te llamo.
―De acuerdo. Comprueba eso y ve bajando unas toallas. Estaré con el manos libres todo el tiempo, así que llámame siempre que quieras.
―Vale. Hasta ahora.

Y colgué el teléfono.

Estaba nerviosísimo, bueno, más bien histérico, neurótico perdido. El único parto que había visto en mi vida era el nacimiento de mi mujer, y encima aquello había sido peor que una escena de una película gore en directo.

Intenté relajarme y me apresuré a subir al baño, dando zancadas por las escaleras para recorrerlas de tres en tres. Atravesé el pasillo como un galgo, entré en el baño y posé el teléfono en la meseta del lavabo. Me lavé las manos y los brazos con agua y jabón, estilo médico, un poco más y me lavo hasta los hombros. En fin, no sabía si tenía que hacer esto, me sentía como un auténtico idiota, pero por si acaso, aunque, vale, Doc iba a llegar dentro de nada y él tomaría las riendas. En cuanto terminé de secarme, abrí el mueble que teníamos debajo del lavabo y saqué unas toallas limpias; no tenía ni idea de cuántas tenía que llevar, así que agarré tres. Cerré el mueble, cogí el teléfono y bajé las escaleras corriendo, otra vez de tres en tres, para irme al lado de Nessie.

―Has tardado mucho ―se quejó cuando llegué al salón, sin dejar de acariciar su barriga con ansiedad mientras yo tiraba las toallas en la butaca de al lado, me arrodillaba a su lado y posaba el teléfono junto a mí.
―Lo siento, cielo, es que estaba hablando con Carlisle ―le di un beso en los labios y le acaricié la frente―. Va a tardar un poco, así que por el momento me tengo que encargar yo de controlar el parto. Él me irá dando instrucciones, pero llegará enseguida, así que todo saldrá bien, ¿vale?
―Vale ―asintió.

Miré el reloj del saloncito y me desplacé hacia sus piernas.

―Bueno, preciosa, vamos a ver cómo va esto.

Levanté la falda de su vestido de lino azul y le quité la ropa interior. Ella dobló las piernas y las abrió. De momento, no se veía nada raro. Aquello estaba igual que como lo había dejado la última vez que lo vi.

Me posicioné más arriba para sentarme a su lado, entrelazando las piernas, y le tomé de la mano.

―Puedes sentarte en uno de los butacones, no tienes por qué estar aquí, en el suelo conmigo ―afirmó, llevando una sonrisa a esa carita suya de ángel.
―¿Qué dices? Esto no me lo pierdo por nada del mundo ―le sonreí yo también.
―Por el momento estoy bien, en serio.
―¿Tú lo harías? ¿Si yo estuviera en tu lugar, lo harías?
―La verdad es que no te imagino en mi situación ―se rió―. Pero no, tienes razón, no lo haría.
―Pues eso.

Llevé mi otra mano a su cabello y comencé a pasarle los dedos como a ella le gustaba, para que estuviera lo más tranquila posible. No nos dijimos nada, tan sólo nos miramos y nos sonreímos. Me di cuenta de que los dos teníamos una chispa distinta en la mirada, una mezcla de alegría y nerviosismo, ambos estábamos ansiosos de que naciera nuestro bebé. Estuvimos así un buen rato, hasta que su sonrisa se volvió a desfigurar con otra mueca de dolor y se le escapó un gemido.

―¿Otra contracción?
―Sí… ―asintió, con la misma cara.

Miré el reloj de nuevo.

Cogí el teléfono y llamé a Carlisle. No tardó nada en cogerlo.

―Dime, Jacob.
―Las contracciones son cada veinte minutos, bueno, eso creo.
―Bien. Esas son las primeras contracciones, todavía no son las contracciones del parto, propiamente dicho. Estará así, con esas contracciones suaves, unas horas, hasta que el cuello del útero empiece a dilatarse. Bueno, voy a explicártelo lo más sencillamente posible.
―Sí, por favor ―le pedí con un tono un tanto sarcástico.

Con los nervios que tenía, como para tener que centrarme en palabras raras, además, ya había leído algo de eso en las revistas premamá de Nessie.

―El cuello uterino comenzará a dilatarse poco a poco, y, entonces, a partir de ese momento, ya serán contracciones de parto. Una vez que eso ocurra, empezará a tenerlas con más frecuencia y se irán intensificando. El cuello del útero deberá dilatarse hasta los diez centímetros para el buen paso del bebé, así que eso llevará horas, no te preocupes.
―Bueno, ¿y qué tengo que hacer?
―Ve a coger mi maletín, lo dejé en la habitación del niño. Bájalo y ábrelo para que esté todo listo para cuando yo llegue. Ahora sólo te toca esperar y alentar a Nessie, que ya es mucho ―se notó que esto lo dijo con una sonrisa―. Por cierto, hemos intentado llamar a Bells y a los demás, pero ya deben de estar en el avión y tienen los móviles apagados, no obstante, continuaremos intentándolo. Tú sigue controlando las contracciones, y si pasaran a ser cada diez minutos, cosa que es muy improbable, llámame.
―Vale, de acuerdo. Hasta luego, Doc.

Colgué y dejé el teléfono en el suelo.

―¿Qué te ha dicho? ―quiso saber, acariciando su barriga.

La pobre estaba tan centrada en lo suyo, que ni siquiera prestó atención a la voz de Carlisle al otro lado de la línea.

―Que coja su maletín y que le llame si las contracciones son cada diez minutos, aunque me ha dicho que eso es muy improbable ―le revelé, levantándome―. Vengo ahora, ¿vale? Está en la habitación del niño.

Asintió y yo salí presto hacia las escaleras. Una vez más, subí los peldaños de tres en tres, a toda velocidad, pasé al vestíbulo superior, en el cual derrapé a un lado, y cuando recuperé el control de mis piernas, entré en el dormitorio del bebé. Enseguida avisté el maletín, estaba encima del escritorio. Lo cogí y salí de la habitación para bajar las escaleras con la misma rapidez con la que las había subido.

Cuando llegué al salón, Nessie seguía igual que como la dejé, con su adorable ceño, fruncido, y acariciando su vientre. Posé el maletín en el suelo y lo abrí, dejando la tapa del mismo levantada. Ugh. El contenido parecía un muestrario de accesorios de tortura. Lo giré para que Nessie no lo viera y me senté a su lado, con la postura de antes.

―¿Cómo lo llevas? ―me uní a sus caricias y entrelacé mis dedos sobre los suyos.
―Bueno, esto me duele bastante... ―murmuró, con ese rostro aquejado.
―Todo saldrá bien, ya lo verás.

Me sonrió y me incliné sobre ella para besarla.

―Tengo muchas ganas de verle la carita ―declaró, observando su vientre y frotándolo con mi mano encima de la suya―. Espero que se parezca a ti.
―¿Y si se parece a ti?
―No, será a ti ―afirmó, con confianza.
―Siempre dices lo mismo. ¿Y cómo lo sabes? ―me reí.
―Lo sé ―y me miró con esa mirada de convicción que tienen las madres embarazadas cuando les da una corazonada y después se cumple.

Iba a inclinarme sobre ella otra vez para darle otro beso, cuando soltó un gemido de dolor más agudo que el anterior. Su carita se retorció con más sufrimiento y mi corazón pegó un brinco.

―¿Otra contracción? ―intenté preguntarlo con tranquilidad, pero creo que mi estúpida voz me traicionó.
―Sí, y esta dura más y duele mucho… ―gimió.

Miré el reloj. Solamente habían pasado diez minutos desde la anterior. ¿No me había dicho Carlisle que estaría unas cuantas horas con contracciones cada veinte minutos? ¿Le habría oído mal?

Respiré hondo para relajarme un poco. Lo mejor era esperar a la próxima contracción para llamar a Doc, no fuera que esta se hubiera adelantado o algo. Tampoco quería ser un padre de esos histéricos que se llevan las manos a la cabeza por nada. Además, estaba acostumbrado a llevar situaciones peores, ¿no? Esto no era nada para mí.

Los siguientes minutos pasaron bastante bien, aunque un poco lentos, la verdad. Puede que fuera porque yo no hacía más que oscilar la mirada del reloj a Nessie y de Nessie al reloj, controlando el cadencioso y aburrido movimiento de las agujas a la vez que observaba el estado de mi mujer y la peinaba con mis dedos para tratar de aliviarle un poco. Sí, como si así fuera a hacer algo, lo sé, lo sé.

Pegué otro bote cuando Nessie apretó mi mano y se retorció al gemir, ahora sus cejas finas y perfectas se fruncieron con más dolor.

¿Ya? ¿Otra? Miré el reloj por enésima vez. Ocho minutos. Dios. Bueno, vale, era un padre histérico, mejor dicho, estaba al borde de un ataque de nervios. ¿Seguro que un parto duraba de ocho a doce horas?

―Jake… esto me duele mucho… ―se quejó.
―Tranquila, nena, todo irá bien ―le calmé, acariciando su frente.

Ahora sí. Agarré el teléfono y marqué el botón de rellamada. Casi no esperé ni al click del descuelgue.

―Ya. Ya son cada diez minutos. Bueno, ahora ocho, mejor dicho.
―¿Ya? ¿Estás seguro?

Parecía sorprendido. Eso me inquietó aún más.

―Sí, sí, lo he comprobado dos veces ―respondí, con nervios.
―Entonces ya son contracciones de parto ―afirmó, con voz seria, aunque seguía conservando esa serenidad tan propia de Carlisle. Aún así, a mí no me serenó nada. Mi mujer ya estaba de parto. De parto, parto. Y él no iba a llegar. Dios. Genial―. Dime, ¿y cuánto ha dilatado?
―¿Qué? ¿Cuánto? ―pregunté sin comprender.
―Sí, ¿cuántos centímetros ha dilatado?

Centímetros, centímetros, ¿y yo qué sabía cómo se medía eso ahí?

Me desplacé para mirarlo. Nessie volvió a abrir las piernas y yo tuve que pestañear un par de veces. ¡Uf! Eso de ahí no era lo que me encontraba normalmente.

―No… no sé, creo que unos dos o tres centímetros, puede que cuatro.
―Bien, sigue vigilando eso y llámame cuando haya algún cambio. Yo ya estoy llegando ―dijo con apremio.
―De acuerdo. Hasta luego.

Volví a colgar el teléfono, lo dejé en el suelo y me coloqué de nuevo junto a Nessie.

―Jake… ―se quejó otra vez.

Maldición. Ojalá pudiera meterme en su cuerpo y sufrir yo el dolor por ella. Verla sufrir, aunque fuera en una situación tan especial y bonita como iba a ser esta, me dolía como si me quemasen vivo. En cambio, tenía que quedarme aquí como un idiota a esperar, sin poder hacer nada. Qué asco de impotencia.

Entonces, me acordé de todas esas sesiones de preparación al parto a las que habíamos asistido.

―Vale, nena ―empecé, lo más relajado que fui capaz, cogiendo su mano―. Vamos a hacer lo siguiente. Vamos a respirar como en las sesiones esas, ¿recuerdas?
―Sí…
―Pues, hala ―y me puse a hacer las respiraciones como un idiota para que ella me siguiera.

Hice tantas, y con tanto entusiasmo, que me mareé un poco y todo.

Eso pareció hacerle algo de gracia ―sí, debía de estar patético―, ya que sus labios se curvaron hacia arriba levemente, muy levemente, pues los dolores debían de ser bastante fuertes y se lo impedían, pero comenzó a seguirme.

De repente…

―Jake… Otra… ―gimió una vez más, espachurrando mi mano con más fuerza.

Miré el dichoso reloj.

―Vale, contracciones cada cinco minutos ―dije para mí mismo.

Hice el amago de soltar su mano, ya que quería volver a moverme para mirar la dilatación, pero no me la soltaba, así que lo hice aferrado a su mano, asomando la cabeza como pude.

Mierda. Aquello cada vez era más grande.

―Me duele mucho… ―lloriqueó.

No me extraña.

Volví a mi posición junto a ella para acariciarla y calmarla, aunque yo estaba hecho un flan.

―Tranquila, nena, cielo, preciosa, cariño.

No se me ocurrían más formas cariñosas de llamarla, bueno, sí, pero me parecían demasiado ridículas, incluso para esta situación.

―Jake… ―lloró.

Las lágrimas comenzaron a deslizarse a ambos lados de su precioso y perfecto rostro, que estaba desfigurado por esos gestos de dolor mientras gemía y respiraba con agitación a la vez. Dios, cómo me dolía verla así…

―Tranquila, respira, respira. Todo irá bien, ya lo verás.

Su frente empezó a humedecerse y su mano apretaba la mía con angustia.

Otro intenso gemido me hizo mirar el reloj una vez más.

Mierda, mierda. La última contracción había sido hacía tres minutos. Estaba claro que esto iba mucho más rápido de lo normal. Volví a mirarle ahí abajo sin soltar su mano. La mandíbula casi se me cae al suelo.

―Jake, me duele mucho ―volvió a gimotear, aunque esta vez su voz sonó más alta―. Y tengo muchas ganas de empujar…
―Tranquila, nena, cielo, preciosa, cariño.

Diablos. ¿Es que sólo sabía decir eso?

Mi mano suelta se lanzó al teléfono con nerviosismo, tanto, que se me cayó al suelo y tuve que cogerlo otra vez.

Click.

―Doc, las contracciones ya son cada tres minutos ―revelé, ya con frenetismo, mientras Nessie seguía gimiendo y expirando el aire con fuertes jadeos llenos de dolor―. Bueno, en realidad, ni cinco, ni tres, ni nada, porque cada vez que le da una, pasa menos tiempo. Y tiene ganas de empujar ―sí, vale, mi voz ya era de padre histérico, histérico.
―¿Cuántos centímetros ha dilatado? ―quiso saber.

Otra vez los dichosos centímetros.

―Unos… ―volví a mirar para cerciorarme― ocho centímetros o así, bueno, nueve, ocho, no… no sé.
―Está bien. Escúchame, que todavía no empuje hasta que no dilate los diez centímetros. Y tienes que tranquilizarte ―eso era muy difícil, teniendo a Nessie gimiendo con agonía y llorando desconsoladamente―. Es muy importante. Ella tiene que estar lo más relajada posible y vas a tener que encargarte tú del parto.

Oh, Dios…

―De... de acuerdo ―acepté, pasando la mano por mi pelo, nerviosamente. Luego, me dirigí a Nessie―. Cielo, Carlisle dice que todavía no empujes.

Nessie asintió entre lágrimas. Maldita sea…

―Todo irá bien. Yo ya estoy llegando.
―Eso dijiste hace un rato… ―mascullé.
―Ahora, pon atención. Lo más seguro es que ya esté yo allí y no haga falta, pero te lo digo por si acaso.

Por si acaso, sí. Empezaba a pensar que esto era uno de esos trucos suyos para mantenerme tranquilo.

―Vale, Doc, ya he pillado el mensaje. Deja de fingir y dispara ya.

Carlisle carraspeó.

―Cuando la cabeza corone, es decir, que asome unos tres o cuatro centímetros, tienes que vigilar que no tarde demasiado en salir, pues el bebé podría sufrir. Bien, esta práctica de la que te voy a hablar es muy controvertida, yo estoy totalmente en contra, a no ser que sea estrictamente necesaria, pero te la comento por si se diera el caso.

Nessie no hacía más que respirar agitadamente, llena de dolores. Y yo estaba más cerca del histerismo que de escuchar ninguna explicación médica.

―¿Pero de qué me estás hablando? ―le azucé, nervioso.
―De que estés preparado por si tuvieras que practicarle una episiotomía.
―¿Una qué? Por favor, Doc, no me hables en chino, ¿quieres?
―Una episiotomía es un corte en la zona del periné.
―Sigues hablándome en chino ―protesté.
―Es la parte que se encuentra entre la vagina y el recto. No tenemos mucho tiempo, pero intentaré explicártelo lo mejor que pueda, por si tuvieras que hacerle un pequeño corte para evitar un posible desgarro.

¿Un… desgarro? ¡¿Tenía que cortarle ahí?!

―¡No, no! ¡Ni hablar, Doc! ―empecé a protestar, nerviosamente, más bien cagado de miedo―. ¡No pienso cortarle nada ahí!
―¡¿Cortarme el qué?! ―preguntó Nessie, muy alarmada, incorporándose un poco hacia delante.
―Nada, cielo. Tú sigue respirando ―y me puse a hacer las respiraciones esas como un tonto otra vez.

Ella me miró, no muy conforme, pero siguió haciendo los ejercicios de respiración y volvió a apoyar la espalda en los cojines con esa cara de agonía.

―Sólo si es estrictamente necesario ―repitió Carlisle.
―¡¿Y yo qué sé cuándo es estrictamente necesario?! ―protesté de nuevo.

Nessie volvió a mirarme con ese recelo mientras hacía sus ejercicios de respiración y su carita sufría, y yo me puse a respirar con ella como un idiota otra vez para tranquilizarla.

―Lo sabrás ―aseguró.
―Sí, ya… ―resoplé, aferrando un mechón de mi frente en un puño, histérico.

No entendía nada. ¿Qué era esto? Pensaba que parir era…, bueno, eso, parir y ya está, pero no. Ahora me enteraba de cosas como “desgarros”, “cortes”, “bebés sufriendo”…

―Jacob, tranquilízate, sólo lo harás si es estrictamente necesario ―insistió, tratando de calmarme―. Ya te he dicho que yo estoy totalmente en contra a no ser que no quede más remedio.
―Jake, me duele… ―se quejó Nessie una vez más, lloriqueando―. Tengo ganas de empujar…

Mi ángel…

―Respira, cielo, respira ―le calmé, acariciando su frente, aunque yo estaba muy nervioso―. Carlisle me está explicando lo que tengo que hacer para que todo salga bien, ¿de acuerdo?

Doc siguió a lo suyo.

―Normalmente el periné se estira lo suficiente y el bebé sale sin complicaciones, aunque eso hace que el parto sea más largo. Esto en sí no es un inconveniente, no obstante, si el parto se prolonga demasiado y el periné no estira, podrían aparecer síntomas de sufrimiento en el bebé, y ahí es donde sí debería practicarse la episiotomía, facilitando la salida del niño.
―¡Jake…! ―sollozó Nessie, muy dolorida.
―Tranquila, pequeña ―volví a acariciar su rostro, con más ansiedad. Su preciosa piel estaba humedecida por el sudor. Seguí hablando con Doc―. Entonces, si eso estira de una forma natural, no veo que tenga que hacérsela.

Omití palabras como “corte” y cosas así, para no poner más nerviosa a Nessie, ya estaba sufriendo bastante.

―Por supuesto, lo sé, lo sé, es justo mi punto de vista ―coincidió―, pero si te explico cómo hacer una, es por mera prevención. Yo ya estoy llegando a La Push, probablemente estaré allí antes de que tuvieras que practicársela, y eso si se diera el caso, sin embargo, toda precaución es poca. Escúchame, en el maletín hay un pequeño bisturí. Cógelo, te indicaré cómo tendrías que usarlo en caso de que…
―¡Jake! ―volvió a llorar Nessie, con un grito, interrumpiendo a Carlisle―. ¡Tengo muchas ganas de empujar! ¡No aguanto más!

El teléfono se me cayó al suelo, del sobresalto, con tan mala suerte, que salió rodando unos metros en dirección al sofá.

―¡Mierda! ―mascullé.
―¡Jake! ―lloró, con desesperación―. ¡Me duele mucho!

Dios, Dios. Mierda. Bueno, vale, tenía que estar tranquilo, tenía que estar tranquilo. Eso es lo que me había dicho Carlisle. Tranquilo, tranquilo, me dije. Estaba claro que no me quedaba otra, así que tenía que calmarme y ayudar a Nessie en todo lo que pudiera. Estábamos solos, y el bebé ya no quería esperar más, así que esto es lo que había. Jacob Black, tendrás que ocuparte tú, me ordené a mí mismo. Respiré hondo y me preparé para tomar las riendas del parto.

Sí, de esto tenía que encargarme yo, el hombre de la casa, el macho Alfa, el Gran Lobo, ¿no? Y ella siempre confiaba en mí. Eso me dio valor y fuerzas.

―Vale, preciosa, vamos a tener a nuestro bebé ―afirmé, con determinación.
―Jake…, no… no puedo ―sollozó a la vez que me imploraba con sus dulces ojos y negaba con la cabeza―. Tengo miedo… Me duele mucho…
―Sí, sí puedes ―le animé, acariciando su cara con seguridad―. Sé lo fuerte que eres, confío en ti. Vas a hacerlo muy bien, yo te ayudaré, ¿de acuerdo? Vamos a tener a nuestro bebé y será un niño precioso.

Se quedó mirándome a los ojos, con los suyos llenos de ansiedad, sin dejar de jadear con esa fuerza, pero, al fin, asintió.

Sin embargo, cuando me disponía a moverme hacia sus piernas, ella sujetó mi mano y me detuvo.

―Jake, no te vayas… ―me suplicó, asustada.
―Cielo, tengo que coger al bebé ―le calmé, hablándole con tranquilidad y acariciando su rostro otra vez―. No me iré de tu lado nunca, estaré aquí mismo, ¿vale? Lo haremos juntos, estoy aquí contigo.

Nessie respiró hondo, cerrando los ojos, y asintió.

―Te quiero ―susurré, sonriéndole.
―Te quiero ―me contestó, intentando corresponder mi sonrisa.

Acerqué mi rostro al suyo y nos dimos un beso corto.

―Jake… ―susurró cuando aún tenía mi frente pegada a la suya.
―Todo saldrá bien, estoy aquí contigo ―murmuré yo.

Asintió una vez más. Le di un último beso y me despegué de ella.

Soltó mi mano y me desplacé al meollo de la cuestión, arrodillándome frente a sus piernas abiertas. Aquello ya estaba más dilatado, calculé que ya tendría unos diez centímetros, así que ya podíamos empezar.

―¡Vale, pequeña, empuja! ―exclamé con entusiasmo para contagiárselo a ella.

No sabía si funcionaría, pero esa estupidez fue lo único que se me ocurrió hacer.

Nessie se inclinó un poco hacia delante, aferrando las manos a los cojines, y comenzó a empujar, emitiendo unos gemidos y gritos espantosos. Estuvo así unos segundos, hasta que su espalda cayó en el respaldo de esa camilla improvisada para descansar.

―¡Venga, lo estás haciendo muy bien, preciosa! ¡Empuja, empuja otra vez!

Volvió a inclinarse hacia delante y empujó durante otros segundos, gritando de dolor.

―¡No puedo! ―voceó, llorando, echándose de nuevo hacia atrás―. ¡No puedo hacerlo! ¡Me duele mucho! ¡Mucho!

Me moví un poco hacia delante y cogí su mano.

―Claro que puedes hacerlo, pequeña ―le animé, frotando su mano―. Sé lo fuerte que eres, esto no es nada para ti. Vamos, empuja.

Asintió, sacando el aire con esa respiración fuerte, y yo me coloqué frente a sus piernas.

―¡Venga, cielo, empuja con todas tus fuerzas! ―la exhorté, con ánimo.

Mi chica se inclinó hacia delante, encerró los cojines en sus puños y gritó cuando apretó con toda su alma. Después, su espalda volvió a caerse en el respaldo.

―¡No puedo! ¡Me duele demasiado! ―se quejó, respirando con cansados y fuertes jadeos.
―¡Claro que puedes! ¡Lo estás haciendo genial, nena! ¡Eres la mejor mamá del mundo! ¡Vamos, preciosa, empuja!

Su espalda se separó del respaldo y chilló de nuevo al empujar. No sé si era mi estúpida imaginación, mis ganas o qué, pero cuando lo hizo, me pareció ver un cambio. Algo quería asomarse. Mi corazón pegó un salto de alegría, pero Nessie se cayó sobre el cojín otra vez, fatigada.

―¡No puedo más! ―lloró.
―Vamos, nena. Si lo haces, te prometo servidumbre eternamente, podrás hacer conmigo lo que quieras.
―¡Lo único que quiero hacer contigo ahora es matarte por dejarme embarazada! ―chilló, rabiosa, envarándose.

Los cojines se desgarraron en sus manos, de lo fuerte que empujó esta vez.

―¡Así, así! ¡Lo estás haciendo genial!

Entonces, mi cara se iluminó como si lo que saliese de allí fuera la luz de un foco. De entre sus piernas, dentro de su vagina, se veía una pequeña maraña de pelos negros ensangrentados. Mi corazón pegó un tumbo y latió con más fuerza, impresionado y conmovido. La cabeza de nuestro bebé ya asomaba como unos tres centímetros. No sé cómo pude, la verdad, porque estaba…, estaba…, no sé, no puedo explicarlo, tenía un montón de sentimientos encima que se mezclaban los unos con los otros en un extraño pero gozoso revuelto: emoción, preocupación por Nessie, nervios, ansias, más nervios…, pero recordé lo que Doc me había dicho. Mientras Nessie gemía del dolor al empujar y yo me estremecía por verla así, me fijé bien en lo que él me había descrito del dichoso periné. Ahí no se veía nada desgarrado, es más, la cabecita de A. J. no parecía tener ningún problema para salir, así que decidí que las cosas siguieran su curso natural y no practicarle esa epito…, episio…, bueno, como diablos se llamase.

Nessie se cayó hacia atrás, rendida.

―¡No puedo más! ―repitió, llorando con desconsuelo y agonía, bañada en sudor.
―¡Ánimo, pequeña, ya le veo la cabeza! ―clamé, emocionado―. ¡Empuja, empuja más fuerte!

Eso pareció darle un chute de adrenalina o algo. Sus gemidos y gritos fueron acompasados por su cuerpo, que sacó fuerzas como por arte de magia. Su tremendo empuje fue correspondido como se debía y la ensangrentada cabeza del bebé resbaló sobre mis deslumbradas manos.

―¡Ya… ya salió la cabeza! ―anuncié, con un nudo en la garganta, de la emoción―. ¡Un último esfuerzo, nena!

En medio de aquellos agotados y tremendos gemidos, Nessie sacó su último resto de fuerza y nuestro bebé consiguió abrirse paso hacia el exterior. Primero salió uno de sus diminutos hombros, y después el otro, hasta que su pequeño y frágil cuerpo, lleno de sangre y una telilla semitransparente de un color grisáceo, se deslizó sobre mi otra mano.

Nessie reposó su espalda, rendida y extenuada.

Mi hijo rompió a llorar instantáneamente, casi no me dio tiempo ni de alzarlo para verlo. Era tan pequeñito, que todo su cuerpo cabía en mis dos manos. Su corazón latía a mil por hora, pero fuerte y vigorosamente, y su piel era templada a mi tacto. Aquel pequeño cuerpo y rostro estaban arrugados, bañados en sangre y restos de placenta, temblaba y su llanto era agudo y ronco, pero a mí me pareció lo más bonito que había visto en mi vida.

No pude evitarlo. Las lágrimas empezaron a desbordarse por mis ojos sin cuartel, de la enorme emoción que me embargó, y se derramaron por toda mi cara.

De repente, un borrón se plantó a mi lado, aunque no bajé mucho de mi nube. Esto era demasiado increíble, demasiado mágico, no podía describir todo lo que sentía, era imposible.

―Mantenlo así un momento ―me pidió Carlisle, con prisas, refiriéndose a que dejase a mi hijo en la misma posición.

No le había escuchado ni entrar.

Tampoco me fijé mucho en cómo le cortó el cordón umbilical a Anthony, solamente sé que, mientras Nessie terminaba de recuperarse, Carlisle se lo cortó muy rápido. Después, en cuanto le puso una pinza médica y me pasó una de las toallas, envolví al bebé con sumo cuidado, sujetando su delicada cabecita en todo momento, limpié su cabello, su cuerpo y su carita un poco, y me apresuré a llevárselo a Nessie, que ya había terminado de tomar aire y me lo estaba suplicando con ese rostro conmovido y feliz.

Me senté a su lado. Lo dejé entre sus brazos, que se amoldaron al bebé con absoluta perfección, y ella lo acercó a su pecho para observarle, emocionada. A. J. dejó de llorar automáticamente, parecía que hubiese estado esperando los cómodos y acogedores brazos de su madre. Entonces, cuando por fin los vi juntos, cuando por fin vi esa imagen que tanto había soñado en estos nueve meses, mis lágrimas pasaron a ser las Cataratas del Niágara.

Me acerqué a ellos, preso de esta inmensa felicidad, y le di un beso a A. J. en su pequeña frente. Sí, era el hombre más feliz del universo, no había nada más especial que esto.

―Jake… ―sollozó Nessie, esta vez de felicidad, mientras llevaba su frente a la mía―. Es nuestro bebé…
―Sí… ―lloriqueé, como un niño pequeño, frotándosela.

Ahora que ya se había callado el crío, lloraba yo. Pero era imposible describir lo que sentía, esto era lo más maravilloso que me había pasado nunca. No había felicidad más grande que esta. Esto era un milagro, el milagro de la vida. Habíamos creado y traído a un bebé al mundo. Nosotros. Nosotros dos. Nuestro bebé, nuestro hijo. Una parte de ella y otra mía, las dos mezcladas, formando un sólo ser. Sí, era un milagro, un milagro maravilloso y mágico. Y todo lo que habíamos luchado, todo lo que habíamos pasado, todos estos meses, había merecido la pena, el premio había superado todo eso con creces.

―Te quiero ―murmuró, en mis labios.
―Te quiero ―susurré yo también.

Unimos nuestros labios del todo y comenzamos a besamos con pasión y emoción, haciendo que la energía ya comenzase a descargar su electricidad mágica a nuestro alrededor. Mi estómago estaba invadido por una mezcla de chisporroteo, felicidad y ansias por disfrutar de mi hijo, no podía describirlo.

―Trae una palangana con agua caliente, por favor ―escuché que pedía Doc.

Mi chica y yo nos obligamos a despegar nuestras bocas, ya que queríamos ver mejor al bebé. En esta ocasión no nos costó tanto hacerlo, tantos meses esperando para verle…

Fue entonces cuando nos percatamos de la presencia de Esme, que corría hacia la cocina para atender a la petición de su marido, el cual ya estaba trabajando para atender a Nessie.

Nosotros nos dedicamos a acariciar a nuestro hijo y aprovechamos para verle mejor.

―Hola, cielo ―le susurró Nessie, todavía emocionada, sonriéndole al tiempo que acicalaba su pelo con los dedos, delicadamente.

Anthony le contestó con una especie de balbuceo.

Ay, se me caía la baba… Si hace una hora ya casi nadaba en el dormitorio del bebé, ahora ya teníamos que usar barcas.

Como había visto antes, A. J. tenía el cabello negro, pero ahora que lo tenía más limpio, seco y peinado por los dedos de su madre se lo veía mejor. Éste cubría todo su cuero cabelludo, sin embargo, no tenía demasiado pelo. O sea, no lo tenía ralo; quiero decir, que no era uno de esos niños peludos que ya nacen con toda una mata en la cabeza, vamos. Pero su cabello era de color azabache, como el mío. Su piel era una mezcla de la de Nessie y la mía, ni muy clara ni oscura, mestiza, aunque todavía estaba un poco enrojecida, supuse que debido al parto. Su naricilla era chata y pequeña, sus manitas, las cuales sobresalían de la toalla, eran diminutas, así como sus deditos, eso sí, tenía unas uñas larguísimas. Tenía los ojos cerrados, pero sus párpados ya estaban provistos de sus pestañitas y todo, y su boca, bueno, su boca era la de un bebé recién nacido, supongo. Conclusión, que mirándole así en general, y teniendo en cuenta que los recién nacidos normalmente no se parecen a nadie porque son más o menos todos iguales, A. J. tenía un asombroso parecido a mí, la verdad, bueno, a mí cuando yo era un bebé, claro.

―¿Lo ves? Es igual que tú ―afirmó Nessie, como si acabase de leerme el pensamiento, sonriéndome. Luego, observó a A. J. ―. Eres igualito a papá ―le susurró, con dulzura, acariciando su mejilla con el dedo.
―Sí ―coincidí, con una sonrisa orgullosa.

No lo podía negar, lo estaba.

Carlisle asomó la cabeza de entre las piernas de Nessie para hablarnos.

―Enhorabuena ―nos felicitó, con una enorme y satisfecha sonrisa llena de felicidad―. Lo habéis hecho muy bien y tenéis un niño precioso.
―Sí, enhorabuena ―se sumó Esme, que se la notaba que ya se moría por hacerle carantoñas a Anthony, pero que tenía que ayudar a su marido.
―Bueno, lo ha hecho todo Nessie. Es una campeona ―le alabé, acariciando su mejilla con una sonrisa.
―Tú me has ayudado mucho ―me sonrió, orgullosa y emocionada―. No sé qué habría hecho sin ti.

Me quedé sin palabras. ¿Y ella estaba orgullosa de mí? ¿De mí?

Observé a Nessie y de pronto me sentí tan pequeño. Yo sólo había puesto una semilla, y ella había creado una vida. Ella, ella sola. Y después, había hecho el milagro de traerlo al mundo, con mi ayuda, sí, pero ella sola otra vez. En ese momento me pareció una diosa, pero una diosa de verdad. Noté que mi cara reflejaba el estado maravillado y deslumbrado en el que me quedé y la profunda admiración que sentía por ella. La amaba con toda mi alma, esto tampoco podía describirlo.

―Oh ―exclamó de pronto, alegre, haciéndome salir de mis pensamientos―. Anthony ha abierto los ojos.
―¿A ver? ―me fijé de inmediato.

Sólo fue un pequeño momento, pero sí, A. J. había abierto los ojos. Y me quedé sorprendido.

Vaya, ¿qué te parece? Sus ojos…

―Son verdes ―sonrió Nessie, maravillada―. Verde esmeralda, como los de mi padre.
―¿Cómo los de tu padre? ―inquirí, frunciendo el ceño con extrañeza―. Pero si son de ese amarillo dorado raro.
―Como los de mi padre cuando era humano ―matizó ella, sonriente, dándome un toque en la nariz con la yema de su dedo. Luego, llevó la vista hacia A. J. otra vez―. Los tenía verde esmeralda.
―Sí, es cierto ―secundó Esme, esbozando otra sonrisa, la suya con hoyuelos.
―Vaya, parece ser que Anthony no sólo ha heredado el segundo nombre de Edward ―se pispó Carlisle, asomando la cabeza otra vez para mirarnos con una sonrisa orgullosa.

Genial. Ahora no habría quién aguantase a Edward.

―Vaya por Dios ―murmuré, haciendo una mueca―. Bueno, pero todavía le pueden cambiar de color. Lo he leído en una de esas revistas.
―No, no le cambiarán ―aseguró Nessie, mirándole con esa adoración maternal―. Es un niño precioso. Cuando sea mayor, las chicas se van a pelear por él ―y soltó una risilla.

Bueno, en eso estaba de acuerdo. No es porque fuera su padre, pero era un crío precioso, el más guapo del mundo, de eso no había ninguna duda.

―En fin, esto ya está ―terminó Carlisle, poniéndose de pie, junto a Esme―. No has sufrido desgarro alguno, así que ha sido un parto muy limpio y rápido ―sonrió, orgulloso, quitándose esos guantes de látex blancos―. Para ser una madre primeriza, lo has hecho estupendamente.
―Es una campeona ―repetí yo, con una enorme sonrisa, pasando los dedos por la frente de Nessie para apartarle esos cabellos que tenía pegados.

Nessie me miró y me sonrió.

Esme también se quitó sus guantes, los tiró en la bolsa negra de plástico que Doc tenía preparada para deshacerse de todo y se acercó a nosotros, arrodillándose al otro lado de Nessie.

―Es un bebé precioso ―murmuró, con una de esas voces tontas que se ponen cuando se ve a un bebé precioso.
―¿Quieres cogerlo? ―le ofreció Nessie.
―Me encantaría, cielo, pero prefiero que lo disfrutéis vosotros un poco más. Es vuestro momento, yo ya tendré los míos ―sonrió, metiéndole el pelo detrás de la oreja.

Mi chica le correspondió la sonrisa y asintió.

―¿Sabéis algo de mis padres y los demás? ―preguntó, mirando a A. J. de nuevo mientras le acariciaba la mejilla con el dedo.

Doc comenzó a limpiarlo todo, echando los restos de placenta, guantes, toallas, gasas y demás cosas ensangrentadas en la bolsa de plástico negra.

―Aún tienen los móviles apagados, pero deben de estar a punto de aterrizar ―le contestó Esme―. No te preocupes, estaré insistiendo hasta que alguno me coja el teléfono.

A. J. giró su pequeño rostro instintivamente hacia el pecho de Nessie.

―Oh ―murmuró ella.
―Parece que tiene hambre ―sonrió Doc, que recogía todo aquello con rapidez, pero que no dejaba de prestarle atención al bebé.
―Ah, no, colega, lo siento mucho, pero eso no es tuyo ―le dije a A. J., bromeando.
―Jake ―me regañó Nessie, riéndose, al tiempo que me empujaba el brazo.

Me carcajeé.

―Anda, ve a la cocina y prepárale su primer biberón ―me mandó, siguiendo con esa risa.
―¡A la orden! ―exclamé yo, con entusiasmo, irguiéndome para hacer el saludo militar.

Ella se rió y yo me levanté como un muelle para correr a la cocina.

Estaba feliz, ¡feliz!

Sí, ¿qué puedo decir? Era el hombre más feliz del universo.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Dic 22, 2011 1:45 pm

ahhhhhh me mori de amor y soyyy la primera wiiiiii sii me asombran tus conocimientos de medicina emocionante y hermoso sos una campeona como dice jake
besos
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Andii
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Dic 22, 2011 2:39 pm

Hola Tamy: Al fin nació A.J que emocionante cheers cheers.
Me encanto este capi,entre la emoción y los nervios han hecho un combo Laughing.

Gracias por poner el significado de las palabras y con respecto a Quil yo tambien pienso como tu por eso dije que el tenia menudo lío lo de más de 30 entedemos eso Laughing.

Bueno nos vemos en el proximo capi,eres una genia cuando escribes queen.
Besitos y lametones.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Dic 22, 2011 4:25 pm

definitivamente el capitlo mas lindo de la historia de la humanidad!!!
espero que el proximo sea igual de largo y hermosooo
vos sos la genia por escribiir asi!
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Dic 22, 2011 8:34 pm

Hola…
Que bonito capitulo al fin nació AJ y es un golpe duro para Jake igual a él pero con ojos verdes jajajaja Razz Razz Razz Razz Razz realmente esta excelente la forma de describir el parto ojala todos fueran así de fácil. Espero poder leer el capitulo del sábado y si no quisiera felicitarte por adelantado “FELIZ NAVIDAD” santa a ti y también a todas las personas que leen el fic Lametazos y muchas energías para que continues
lol!
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Dic 22, 2011 11:44 pm

Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Que emocon en verdad Tamy.. haz hecho un gran trabajo aaa que emocion como siempre logras qie imagine toda la escena y que lindoo siempre aa tan perfecto en verdad, te felicito eres super y pues aqui estoy en schok la verdad no see que cosas tienes pero eres tan perfecta jejejejjeje te mega aprecio eres genial en horabuena haz creado algo maravillosooo
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Vie Dic 23, 2011 12:05 am

Hola Tamy!!
Lamento no haber podido leerte el martes pero estuve ocupadisima, pero hoy es hoy y mañana mañana.
Los capis geniales, pobre Quil pero alfinal sabra resolverlo.
Y Anthoni haww los ojos del abuelo que tierno.
Bueno Tamy te leo pronto Bye!!

lol! lol! lol! lol!
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Vie Dic 23, 2011 3:52 am

que lindooo al fin nació A.J que emoción y lo ayudo A nacer su padre Crying or Very sad
hermoso capi eres genial me muero por saber como reaccionan los demás Smile
ese niño va a ser irresistible What a Face como dice Ness va a tener muchas admiradoras I love you
saluditos gracias por el capi te leo el sábado
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Vie Dic 23, 2011 4:22 am

wiii al fin Anthoni esta en brazos de nessi y jake aaa queemocion

vamos hay que festejar aaa que emocion pobre jake jejeje se emociono y se puso un manojo de nervios y como no si el vio nacer a nessi pero lo de el fue fatal aaa si y ahora la vison era otra aaaa

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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Vie Dic 23, 2011 7:06 pm

GENIAL! bounce sinceramente fue mejor de lo que me esperaba el parto. Laughing y que tenga los ojos de edward es lo mejor. ya quiero ver a jake y a nessie siendo padres... Wink no puedo esperar a que llegue mañana, subiras el capitulo aunque sea casi noche buena no?
Espero leerte el sabado,saludos a españa lol!
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Hoy a las 4:57 am

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2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18
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