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Mar Mayo 26, 2015 5:16 pm por JACOB&NESSIE

Nuestro autografo de Taylor Lautner

Fan del Mes
Nombre: Rocío Valverde Torres
Alias/Apodo: Rocio
Edad: 22 años
País: España-Madrid
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Jacob Black Fan

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 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18

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daniela_1505
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Mensajes : 6
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Mayo 12, 2011 10:21 pm

Maldita como se atreve a mirar asi a Jacob que parte de esta comprometido no entendio
Bueno..te ha quedado super chulo este capitulo
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JACOB&NESSIE
Team Mariana


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Fecha de inscripción : 14/01/2011
Edad : 37
Localización : Asturias, España, en el bosque con Jake =)ººº

MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Mayo 17, 2011 7:08 pm

¡HOLA, GUAPISIMAS! alien

Lo siento, es que he estado un poco ocupada estos dias, por eso no he podido poner mas capis antes Embarassed

Pero aqui so dejo mas alien alien alien

Habeis visto a esa ****** de Jane, ¿eh? Twisted Evil Twisted Evil ¡Estupida, que se fije en los vampiros que tiene alrededor! Razz

Bueno, aqui teneis el capi I love you I love you I love you I love you

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

ANTÍDOTO

El salón se llenó de saludos de bienvenida cuando Carlisle y Esme llegaron junto con Louis y Monique.

- Hola, ¿cómo estáis? – saludaba Louis con su acento francés mientras se movía con rapidez para abrazarnos uno por uno con unos movimientos propios de una persona hiperactiva que hacía que sus rizos castaños se balanceasen a todas partes.

Su mujer se limitó a darnos un beso a cada uno. Al contrario que su marido, Monique era mucho más comedida y sosegada, haciendo un total contraste con él.

- ¿Qué tal el viaje? – inquirió Alice.
- Bien, gracias – respondió Monique -. Sufrimos unas cuantas turbulencias, pero, en general, fue un vuelo muy tranquilo.
- Llevaré vuestras maletas a vuestra habitación – dijo Emmett, asiendo las mismas.

En un parpadeo, mi tío desapareció.

- ¿Cómo estáis, mis queridos metamorfos? – nos preguntó Louis a Jacob y a mí con una enorme sonrisa, llevando sus rizos hacia atrás.

Mi boca se curvó en una risilla.

- De lujo, nos hemos tomado unas pequeñas vacaciones y aquí estamos – contestó Jake, sonriéndole.
- Venid, sentémonos un poco – les exhortó Carlisle, indicándoles el camino hacia el sofá con la mano.
- Oh, sí, estupendo – aprobó Louis.

Todos tomamos asiento, incluido Em, que bajó como una exhalación del piso superior.

Después de un momento de charlas típicas que sirvieron para que nos explicaran cómo les iban las cosas por París, cómo había sido el viaje y todas esas cosas, la estancia se quedó en silencio.

Aunque fue breve.

- Bueno, ¿dónde están esas ecuaciones y esa sangre que hay que analizar? – interrogó Louis enseguida, dando una palmada alegre -. Estoy ansioso por comenzar nuestra pequeña investigación científica.
- No ha pensado en otra cosa durante estas últimas semanas – nos reveló Monique con una risa de resignación.

Mi familia se rió.

- Lo tengo todo preparado en el laboratorio de mi despacho – le contestó Carlisle con una sonrisa.
- Ya ves que mi esposo tampoco – dijo Esme con otra sonrisa igual.

Mi familia volvió a reírse.

- ¿Pues a qué esperamos? – sonrió Louis, poniéndose en pie de un brinco.
- Si nos disculpáis – nos dijo Carlisle.
- Nosotros iremos a la ciudad para que Monique, Jacob y Renesmee la conozcan – le avisó mi padre -. ¿Os apetece? – nos preguntó.
- Sí, genial – aprobó Jacob, levantándose.
- Entonces, nos veremos después – manifestó mi abuelo, ya caminando junto con Louis hacia las escaleras.
- De acuerdo – asintió mi progenitor.

Carlisle y Louis se perdieron escaleras arriba y los demás nos levantamos para marcharnos.

Esta vez Jacob se puso la cazadora para disimular, aunque debajo solamente llevaba una camiseta de manga corta. Se me hizo hasta raro verle así, puesto que jamás le había visto con ropa de abrigo. Nos repartimos entre el Volvo de mi padre, el Jeep de Emmett y el Porsche plateado de Alice. Por supuesto, a Jake le hubiera gustado ir en este último, pero su altura no se lo permitía, así que se quedó con las ganas y terminamos yendo en el nuevo Jeep de Em, que tampoco estaba nada mal, por otra parte.

Mi familia nos llevó por la zona principal de la ciudad, que estaba al noroeste de la misma; era el único sitio de la localidad que gozaba de edificios altos, ya que el resto de Anchorage constaba de casas bajas de una o dos plantas, a lo sumo. Eso sí, había nieve y frío por doquier. Menos mal que yo tenía a mi Jacob para arrimarme.

Pasamos toda la tarde visitando la ciudad, aunque enseguida anocheció, así que volvimos a los vehículos y regresamos a la casa.

Mi abuelo y su amigo se encontraban en el sofá, charlando animadamente con una terminología que ninguno de nosotros comprendíamos.

- ¡Buf! ¡Qué calor he pasado! – protestó Jake, quitándose la cazadora con precipitación y colgándola del perchero que había en la entrada.
- Tienes un montón de nieve ahí fuera – le sugirió Emmett -, si quieres, puedes salir y rebozarte un poco – y su sonrisa burlona se amplió.
- Muy gracioso – le replicó Jake con retintín.

Me quité la parca y el gorro y los colgué detrás de él mientras me reía.

- Oh, ¿ya habéis llegado? – inquirió Louis.
- Hola, ¿qué tal la visita? – nos preguntó Carlisle cuando se dio cuenta de que estábamos allí.

Esa conversación debía de tenerles muy entretenidos.

- Ha sido muy interesante – contestó Monique, tomando asiento junto a su marido y dándole un corto beso en los labios -. ¿Y vosotros? ¿Habéis averiguado algo?
- Sí. Por favor, tomad asiento – nos instó Carlisle, dirigiéndose a Jacob y a mí, pues éramos los interesados.
- ¿Ya? ¿Tan pronto? – mis ojos se iluminaron y me senté en el sofá, junto a Jake.

Mis padres y mis tíos también se sentaron.

- La fórmula ha sido bastante fácil de deducir, puesto que la ecuación que nos aportasteis estaba casi concluida – declaró Louis, jugando con sus dedos sin parar.
- O sea, que ya tenéis la fórmula – afirmé, alegre.
- Bueno, tengo que prevenirte – me advirtió Carlisle.

Mi sonrisa se esfumó y cogí la mano de Jacob.

- ¿Prevenirme?
- Hemos terminado la ecuación y tenemos la fórmula completa – empezó a explicar -, pero tenemos un problema respecto al asunto del antídoto.
- ¿No… no hay antídoto? Pero si tenéis la fórmula…
- No he dicho que no haya antídoto – me corrigió Carlisle.
- ¿Entonces, lo hay? – interrogué, sonriente.
- Por favor, déjame terminar.
- Lo siento – murmuré, ruborizada.
- Hemos encontrado un antídoto – alzó la mano antes de que me diera tiempo a sonreír más -, pero su elaboración es muy complicada.

Bajé las cejas a modo de pregunta.

Mi abuelo y su amigo se miraron con cautela.

- La fórmula compone un veneno muy potente – comenzó a explicar Carlisle -. Como había supuesto, éste no cambia la genética del individuo en el cual ha sido inoculado, sin embargo, es lo suficientemente fuerte como para interferir en el sistema endocrino.
- El sistema endocrino es el encargado de regular, coordinar e integrar gran cantidad de procesos fisiológicos – siguió Louis, haciendo unos efusivos gestos con las manos que provocaban que sus ricillos se movieran con soltura -. Para llevar a cabo sus funciones, el sistema endocrino se vale de hormonas, que son unas sustancias químicas producidas por las células endocrinas como respuesta a estímulos específicos. Estas hormonas son las que regulan y coordinan las funciones fisiológicas, ejerciendo sus funciones sobre las llamadas células diana. A través de la sangre o por difusión en el líquido intersticial, las hormonas llegan a las células y…
- Para, para, para – interrumpió Jake, agitando las manos mientras fruncía el ceño con extrañeza -. No entiendo nada de nada. No sé para los demás, pero a mí me parece que estáis hablando en chino.
- Yo estoy con Jacob – apoyó Jasper -. ¿No podéis ser más claros?
- Lo simplificaré todo lo que pueda – Carlisle carraspeó y siguió con su exposición -. El veneno actúa directamente en el hipotálamo, que forma parte del sistema endocrino; es el encargado de controlar la secreción de la hormona del crecimiento. Como su propio nombre indica, esta hormona es la que estimula el crecimiento de tejidos y órganos durante la niñez y la adolescencia. El hipotálamo la segrega a intervalos cada dos horas, y la mayor descarga la realiza durante el sueño, es decir, aumenta mientras se duerme y disminuye durante la vigilia. La producción de la hormona del crecimiento es elevada en niños y adolescentes, y es menor en adultos. Su regulación depende, además del metabolismo, de factores hormonales y nerviosos. Y en este último es donde actúa el veneno.

››Mediante unos complejos procesos químicos, el veneno hace que el hipotálamo responda a estímulos fuertes como la furia o la ira, y esto hace que segregue más hormonas de las necesarias cuando el individuo se excita demasiado, de modo que expulsa la hormona sin intermitencia alguna y de una forma brutal. Me ahorraré la explicación, ya que son procesos muy complicados, pero esto hace que se desaten una serie de reacciones en el organismo para que crezca desmesuradamente. Cuando el contagiado se tranquiliza, el hipotálamo deja de segregar la hormona y el organismo vuelve a su estado normal por otra serie de reacciones también muy complejas. Por eso vuestros amigos se transforman en humanos gigantes al enfadarse y vuelven a ser humanos normales cuando se relajan.

- Haber empezado por ahí – resopló Jacob.
- Ahora explica lo del antídoto – le pedí, mordiéndome el labio inferior con preocupación.
- Hemos estudiado la fórmula del veneno a fondo – continuó Louis -, y sólo hay una sustancia que podría contrarrestar sus efectos y eliminarlo por completo. Se trata de una sustancia que se encuentra en una flor: la Drakaea Glyptodon.
- ¿Draka qué? – inquirió Jacob, otra vez frunciendo el ceño sin entender nada.
- Drakaea Glyptodon – repitió Carlisle -. Es una flor que pertenece a la familia de las orquídeas. La sustancia se encuentra en su pulpa, lo cual ya resulta un reto por sí solo. Extraer la cantidad necesaria para la elaboración del antídoto resulta muy dificultoso, se necesitaría una buena cantidad de orquídeas para ello.
- Y no sólo eso – volvió a intervenir Louis -. Esta orquídea solamente crece en los suelos arenosos húmedos de la Australia occidental, y para complicar más las cosas, se encuentra en peligro de extinción, puesto que su forma de reproducción es muy limitada, ya que sólo puede ser polinizada por un macho de avispa.

Se hizo un momento de silencio en el que todos tuvimos que pestañear ante tanto exceso de rara información.

- ¿Y no hay otra flor o algo que sirva para el antídoto? – quiso saber Jake, rompiendo ese mutismo.
- No que sepamos – respondió Carlisle, frunciendo sus labios con pesar al mirarme -. Seguiremos investigando para ver si podemos dar con alguna otra solución, pero no os podemos garantizar nada, lo siento.

Mis ojos bajaron a la vez que mi boca soltaba un suspiro de desánimo total. Jacob me observó y se quedó pensativo durante un instante.

- ¿Cuántas orquídeas de esas se necesitarían? – le preguntó a Carlisle acto seguido, con determinación.

Mi rostro se alzó para mirarle.

- Jacob, es muy difícil – irrumpió papá.
- Pero no imposible, ¿verdad? – y cuando terminó su afirmación, sus ojos regresaron para mirar a Carlisle a modo de pregunta.
- No, no es imposible – le contestó éste -, pero, como ha dicho Edward, sí muy complicado.
- ¿Cuántas? – repitió Jake.
- Puede que una docena. Una docena por cada antídoto – matizó -. Es decir, necesitaríamos dos vacunas con el antídoto, así que ya serían veinticuatro. Eso sin contar al resto de gigantes.
- ¿Es que vas a ir a Australia a buscar las orquídeas? – inquirí, mirándole sorprendida.
- Ya sería muy difícil que encontraras tantas, pero, aunque consiguieras recolectar una sola docena, sería imposible que pasaran el registro en el aeropuerto – habló mi abuelo -. Esas flores están protegidas por el país al estar en peligro de extinción, y la policía lleva a cabo registros muy minuciosos. No es fácil esconder ni una sola orquídea como esa.
- Pero sí que es más fácil esconder las semillas – puntualizó él con una media sonrisa.
- ¿Las semillas? – mis pestañas subieron y bajaron varias veces.
- Es una locura – desaprobó mi padre, adelantándose a lo que ya se fraguaba en el cerebro de Jacob.
- Digo yo que esas flores producirán semillas para la reproducción, ¿no? – respondió Jake -. Si trajera unas cuantas, se podrían plantar y…
- Sería muy complicado con la meteorología de aquí, el clima de Australia no tiene nada que ver con este – opinó Carlisle.
- El clima de La Push es más templado – declaró Jacob con otra media sonrisa -, y allí también tenemos suelos arenosos húmedos.
- ¿Piensas poner una plantación en el jardín de tu casa? – se rió papá al ver las ideas de mi chico.

Mi abuelo miró a Jacob como si acabara de caer en algo.

- No es tan mala idea, Edward – discrepó él, haciendo que le cambiara el semblante a mi padre -. La primavera está apunto de comenzar, por lo que el clima en La Push será más templado. Si se cubriera la plantación, creando una especie de invernadero que mantuviese la temperatura y la humedad necesarias, esas orquídeas podrían crecer perfectamente. Solamente tendría que seguir una serie de instrucciones para su correcto mantenimiento.
- Yo me encargaré de eso – me ofrecí, entusiasmada.
- Sí, mejor, no me imagino a Jacob cuidando unas orquídeas con esas manazas – se burló Em.
- Mira quién va a hablar – le replicó Jake con sarcasmo.
- En fin, si tú lo ves factible – aceptó mi progenitor, hablando para Carlisle.
- Sí, totalmente factible – ratificó éste.
- El único inconveniente es que las plantas no darán su flor hasta la próxima primavera, por tanto, tendremos que esperar un año para obtener la sustancia que necesitamos – nos avisó Louis.
- Supongo que esperar un año no es nada si luego puedes curarte – opinó Jacob con una sonrisa -. Es mejor que nada, ¿no?
- Claro – le sonreí.
- ¿Y cómo piensas ir a Australia? – quiso saber Jasper, dirigiéndose a Jacob.
- Bueno, vosotros lo podéis pagar, ¿no? – sonrió él -. Es por una buena causa.
- Iré contigo – afirmé, sonriendo.
- Por supuesto, preciosa, no tenía pensado separarme de ti ni un segundo – y me dio un beso corto.
- Ni lo pienses, jovencita – me regañó mi padre -. Tú tienes que ir al instituto. Recuerda que tienes que graduarte este año.
- Bah, pero eso no es nada para mí, lo sabes – repliqué yo -. Enseguida cogería el ritmo de la clase.
- Eso ya lo sé, sin embargo, la dirección del instituto podría expulsarte si te ausentas demasiado tiempo – manifestó él.
- Pero si Jake se marcha solo, no podré soportarlo… - murmuré, apretando la mano de mi chico.

Jacob se mordió el labio con preocupación al darse cuenta también de este punto. A él también le costaría mucho estar sin mí demasiado tiempo, y ninguno de los dos soportaríamos ver preocupado al otro.

- No iréis ninguno de los dos – intervino Emmett -. Iremos Rose y yo.
- ¿Vosotros? – interrogó Jake.
- Nosotros ya hemos estado en Australia en alguna ocasión – desveló mi tío con una sonrisa de oreja a oreja -. Conocemos bien la zona, la cultura, el aeropuerto… En fin, que nos moveremos mucho mejor que una persona que no haya estado jamás por allí. Además, tú tienes que estar con Nessie, y también con tu manada para proteger a Helen y a Ryam.
- Es verdad – caí, frunciendo mi boca.
- Bueno, vale, si los demás están de acuerdo, a mí me da igual – aceptó Jake de buen grado -. El caso es conseguir esas semillas para tener esas dichosas Draka… Draka...
- Drakaea Glyptodon – le ayudó mamá con una sonrisa.
- Eso – asintió mi chico.
- Bien, pues ya está – aceptó Emmett -. Nosotros nos prepararemos para partir la semana que viene, cuando ya no estéis.
- Os daré una fotografía de la orquídea para que la podáis identificar, otra de las semillas, así como la zona geográfica exacta de su ubicación y otros datos que necesitaréis – les dijo Carlisle a mis tíos, los cuales asintieron -. Nosotros seguiremos investigando para explorar otras posibles soluciones, por si acaso esto no diera los frutos deseados – manifestó Carlisle para concluir.
- Ya verás cuando se lo diga a Helen – sonreí. Me giré hacia Jacob y lo abracé con alegría y orgullo, pues todo esto había sido idea suya -. Qué listo es mi chico – aclamé mientras le daba una serie de besos cortos que él correspondió encantado, sonriéndome.
- No te emociones todavía, Renesmee – me advirtió mi padre -. Como acaba de decir Carlisle, esto podría no resultar como quisiéramos.
- Bueno, pero todo apunta bien – afirmó mamá -. Lo último que se puede hacer es perder la ilusión – y me sonrió.

Papá no dijo nada, pero su gesto se torció en una mueca disconforme. Él prefería que no me hiciera ilusiones que luego fueran en vano y me llevase una desilusión. Mi padre siempre tratando de protegerme.

- ¿Qué te parece si vamos afuera a jugar un poco con la nieve? – me propuso Jake con una enorme sonrisita que me retaba a las claras.
- ¡Eso ni se pregunta! – exclamé, ya echando a correr hacia el perchero.

Jacob se rió y se levantó, mientras yo ya me estaba poniendo la parca, el gorro y los guantes a toda mecha.

Conseguí terminar antes de que él llegara a mi lado y salí por la puerta la primera a la vez que los dos nos carcajeábamos.

- ¡No tardéis demasiado, que la cena enseguida estará lista! – voceó Esme a nuestras espaldas.

Jacob cerró con un portazo y yo corrí por la nieve, alejándome unos metros de él, aunque siempre delante de la casa, pues ya era de noche y no conocíamos la zona.

- ¡Te vas a enterar! – amenacé, cogiendo nieve con las dos manos para hacer una bola de nieve grande.
- ¡No tanto como tú! – rió él, haciendo otra bola mucho mayor que la mía.
- ¡No, esa es muy grande! – protesté entre risas.
- Bueno, vale, la haré más pequeña – consintió, tirando la mitad de su bola al suelo.
- ¡Toma! – y le lancé la mía a la cabeza antes de que terminara, riéndome con malicia.

Jacob se cayó al suelo, del fuerte impacto, y se quedó tendido sobre la nieve, boca arriba.

- ¡Venga, ya, Jake! – me reí. Pero Jacob no se movía -. Deja de tomarme el pelo, no cuela – sin embargo, seguía sin levantarse -. Jake, me estás asustando, déjalo ya – nada -. ¿Jake? – mi voz se quebró.

Él continuaba tendido en el suelo por culpa de mi bolazo. Le había dado demasiado fuerte en la cabeza, y una bola de nieve era tan dura como una piedra.

- Oh, Dios – susurré, asustada -. ¡Jake! – grité. Me acerqué corriendo hacia él y me arrodillé a su lado -. ¡Jake! ¡Jake! – murmuré ansiosamente mientras mis manos acariciaban su rostro.

De pronto, abrió los ojos y sonrió.

- Al final te lo creíste, ¿eh?
- Eres un idiota – mascullé, mordiéndome el labio con rabia.

Se carcajeó y me atrapó por la cintura para tirarme a la nieve.

- ¡Eres un tramposo! – me reí, forcejeando con él.
- ¡Fuiste tú la que empezaste! – se rió, rodando conmigo por la nívea y helada superficie.

Nos carcajeamos un rato de esta guisa, hasta que los dos terminamos agotados por la pelea y nos quedamos tendidos en la nieve.

- ¿Hacemos el ángel? – sugirió -. Mira – y comenzó a hacer aspas con los brazos y las piernas.
- A mí me sale mejor, observa.

Le imité y la nieve se fue removiendo, dibujando la silueta de un ángel sobre la superficie.

- Bah, mi ángel es más grande – se burló.
- Pero el mío está mejor hecho.
- Ni hablar – refutó.

Nos reímos y se hizo un silencio. Nuestros alientos salían en forma de vaho en cuanto salían por nuestras bocas.

Se giró hacia mí y me cogió de la cintura para arrimarme a él. Dio otra vuelta, llevándome con él y me levantó para colocarme sobre su cuerpo.

- Vas a coger frío – murmuró con su sonrisa torcida.
- ¿Y tú no tienes nada de frío? – le pregunté, apoyándome en su calentito pecho con mis brazos -. ¿Ni una gota?
- Ahora mismo, la nieve que tengo debajo se está derritiendo – reveló, ampliando su maravillosa sonrisa.
- Pero te estás mojando entero.
- No importa, ya me cambiaré después.

Su camiseta blanca estaba húmeda y se le ceñía más al cuerpo, dejando entrever cada músculo de su impresionante torso. No pude evitar acordarme de esa Jane observando a mi chico con deseo y me rechinaron algo los dientes.

Enana cínica. Resulta que la relación entre un metamorfo y un semivampiro le parecía una aberración, ¿y ahora a ella, que era un vampiro, le gustaba un hombre lobo? Era una hipócrita. Pues tenía que gustarle mucho, para tomarse las molestias de convencer a Aro y venir desde tan lejos con la excusa del regalo y la carta sólo para verle.

Mis muelas volvieron a machacarse las unas contra las otras. Eso significaba que Jacob ya le gustaba demasiado. Había demostrado un interés excesivo por él. Nadie se tomaría tantas molestias sólo porque alguien le pareciese atractivo. Tenía que haber algo más. Pero, ¿qué era lo que quería realmente Jane al venir aquí para verle? ¿Acaso se había vuelto loca y quería algo con Jacob? Eso estaba totalmente prohibido para ella. ¿O tal vez se conformaba sólo con verle? Y Aro, ¿no había visto el verdadero propósito de Jane al ver su mente? Bueno, puede que no se la hubiese leído, ya que confiaba plenamente en ella, o puede que sí lo hubiera hecho y no viese más que una simple e inofensiva atracción, es decir, que Jacob le parecía guapo y ya está.

¡Uf! Por cada cosa que pasaba por mi cabeza, me ponía más enferma.

- ¿En qué estás pensando? – inquirió Jake al ver mi rostro ofuscado.

Tuve que respirar bien hondo para obligarme a bajar de esa oscura nube. Observé su semblante alegre y llegué a la conclusión de que no merecía la pena perder ni un segundo de mi valioso tiempo con Jacob en hablar de esa arpía.

- En nada – le contesté, sonriendo. Eso era muy fácil de hacer teniendo esa maravillosa sonrisa suya delante -. En cosas mías.
- ¿Seguro? No sé, parecías un poco enfadada – se aseguró.

Cogí un poco de nieve con la mano y se la eché sobre la cara.

- Seguro – me reí, apartándome de él y levantándome con rapidez.
- ¡Puaj! – se quejó, limpiándose la cara mientras se reía -. ¡Eres una tramposa! – gritó a la vez que cogía nieve y se ponía de pie para perseguirme.
- ¡No! – me carcajeé, echando a correr.
- ¡Ven aquí! – voceó, lanzándome la bola.

La esquivé gracias a mis rápidos reflejos y me metí entre los primeros árboles del bosque, aunque sin internarme más adentro. Jacob me persiguió mientras corríamos en zigzag entre los troncos de esos enormes pinos y nos lanzábamos bolas el uno al otro. Algunas conseguían dar en la diana y otras se estampaban contra los troncos.

- ¡Para! – grité, riéndome, sin dejar de correr.
- ¡Pues detente!
- ¡Ni lo sueñes!
- ¡Ahora verás!

Aceleró y, en dos segundos, sus piernas consiguieron alcanzarme, poniéndose justo a mis espaldas. Me cogió por detrás, rodeando mi cintura con sus brazos, y aprovechando la misma inercia de la carrera, me levantó del suelo y giró sobre sí mismo conmigo colgando mientras ambos nos moríamos de la risa.

- Te atrape, Caperucita – me dijo.

Cuando me dejó en el suelo y me di la vuelta hacia él, nos tambaleamos y mi espalda se estampó en uno de los troncos que nos rodeaban. Su cuerpo chocó contra el mío y su rostro también se pegó a mi cara. Nuestras risas se apagaron poco a poco cuando nuestros ojos se encontraron; había fuego en ellos. El aliento que salía por nuestras bocas y que antes era fruto de las risas, ahora salía agitado, ansioso. Me quité los guantes, dejándolos caer en el suelo, y me dejé llevar por esa energía que ya empezaba a emanar de nosotros.

Su boca también se abalanzó a la mía entre jadeos, ambas empezaron a moverse frenéticamente, apasionadas, y mis manos se metieron entre su pelo mojado para pegarle más a mí. Las suyas se aferraron a mis caderas con ansia. Sabíamos que no podíamos pasar de ahí, pero controlar el deseo que sentíamos el uno hacia el otro era demasiado difícil como para resistir esto. Al menos, podíamos besarnos.

Mis manos cambiaron de objetivo y bajaron para meterse por debajo de su camiseta. Las deslicé lentamente, sintiendo la tórrida piel de su ancha y portentosa espalda. Ésta estaba húmeda, pero estaba muy caliente, mis palmas enseguida se caldearon. Las moví por sus costados y finalmente terminaron en su torso, acariciando su enorme pecho con deseo.

Ahora todo mi cuerpo ardía.

Su lengua y la mía comenzaron a jugar; la suya estaba ardiente, como su más que agitado aliento, que se mezclaba con el mío con ansiedad, y era dulce, sabía extremadamente bien.

Jacob consiguió desabrochar los botones de mi parca y la abrió ligeramente, lo justo para poder colar su mano y meterla por debajo de mi jersey. Me estremecí al notar su tórrida caricia subiendo por mi vientre y deslizándose por mi estómago, y mis jadeos se intensificaron. Hasta que llegó a mi pecho. Entonces ya no pude evitar dejar de besarle para proferir un gemido sordo en sus labios. Mientras su mano se deslizaba por mi pecho y éste se movía en consonancia, mi lengua pasó a saborear sus suaves labios lentamente, repasándolos bien.

Despegó las manos de mi pecho y las llevó al botón de mi pantalón para abrirlo. Me pegó a él con un movimiento enérgico, tomándome por mi espalda más baja, y mi garganta emitió otro gemido sordo a la vez que mis manos regresaban a su espalda y a su nuca. Nuestros labios volvieron a besarse con pasión durante un instante, y luego se quedaron quietos de nuevo, tocándose otra vez, mientras el vaho que salía por nuestras bocas se mezclaba con más que pasión. Mis dedos se aferraron a su escurridizo pelo con fervor, preparándome para el placer que iba a sentir. Su mano se metió por la abertura de mi pantalón y sus dedos empezaron a abrirse paso por mi ropa interior, haciendo que mi cuerpo ya comenzase a estremecerse sin control y que mi aliento se volviese loco.

- ¡Renesmee! ¡Jacob! – gritó mi padre de repente para llamarnos, provocando que los dos nos sobresaltáramos y que mi novio dejara mi ropa interior súbitamente -. ¡La cena ya está lista!
- Qué oportuno, ¿no? – se quejó Jake.

Gemí de dolor, apoyando mi frente en su pecho, y lo abracé con fuerza.

- ¡Renesmee! ¡Jacob! – repitió papá, imitando una voz alegre que no se creía ni él.
- En fin, habrá que ir – suspiré a regañadientes, separándome de Jake.

Me abroché el pantalón y la parca, haciendo un poco de tiempo mientras Jacob se recomponía, recogí mis guantes y después le tomé de la mano para dirigirnos a la casa.

Mi progenitor nos esperaba en la puerta con una sonrisita maléfica.

- Mírale cómo se ríe – murmuró Jake entre dientes, de la que llegábamos.

La sonrisa de mi padre se ensanchó.

- ¿He interrumpido algo? – insinuó cuando llegamos.
- No, qué va – sonrió mi chico con cinismo.
- Bien, me alegro – declaró mi padre con voz amenazante, dándole una palmada en el hombro de la que posaba su brazo.
- Papá – le regañé.

No fui la única, en cuanto mi padre abrió la puerta para entrar en la casa, mamá le esperaba con los brazos cruzados. Mi padre soltó a Jacob automáticamente. Mi madre le echó una regañina con la mirada y yo me desabrigué, colgándolo todo en el perchero.

- La cena ya casi está lista – nos reveló Esme, corriendo hacia la cocina.
- ¿No decías que ya estaba? – le echó en cara Jacob a mi padre, mirándole enfadado.
- Casi – sonrió éste.

Mi madre volvió a regañarle con los ojos y papá carraspeó.

- Ya – protestó mi chico -. En fin, voy a cambiarme y bajo ahora – me anunció, dándome un beso corto.
- Vale, te esperamos en el salón.
- Vale – dijo, trotando hacia la puerta que comunicaba con la vivienda de mis padres.

Y acto seguido mis padres y yo nos fuimos al salón para esperarle, donde ya estaban todos sentados a la mesa para observar el espectáculo de vernos cenar.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Mayo 17, 2011 7:16 pm

Voy a poner lo que paso en casa de los Cullen mientras Jacob y Nessie estaban fuera de la casa Wink

Estan todos hablando en el sofa tranquilamente, y de repente, Ed empieza a escuchar unos gritos en su mente que no son nada agradables para el, porque se trata de su hija, y en ellos salen imagenes reales mezcladas con otras que la mente imagina sobre su hija y sobre su futuro yerno, vamos, que salen ahi dandolo todo, y el torturado mental de Edward interrumpe la conversacion y dice:
- Creo que ya se hace tarde. Ya seria hora de que Renesmee y Jacob cenasen - con voz tranquila y disimulada.
- Ah, si. Ire preparando la cena - declara Esme.
Esta se levanta a la velocidad de la luz y se mete en la cocina. Y el muy inteligente de Edward, sonriente por haber conseguido lo que queria, se levanta y dice:
- Si me disculpais, voy a avisarles para que vayan viniendo.
Y Bella dice:
- Espera, dejales un poco mas. Esme aun no la ha terminado.
- Pero entre que vienen y no, ya la termina - dice el, apurado, acercandose hacia la puerta con prisas, ya que esta apunto de pasar lo que no quiere que pase.
Entonces, abre la puerta y grita:
- ¡Renesmee! ¡Jacob! ¡La cena ya esta lista!

jaja, ¿que os parece? Wink

Por cierto, gabysp11, ahora te llamas daniela_1505, o es que me he hecho yo un lio? affraid XDD

Y ahora os dejo otro capi, de regalo por la espera alien alien alien

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PLANTACIÓN

En el aeropuerto no sólo se encontraba mi familia, Louis y Monique, Tanya y su aquelarre de Denali también estaban allí. Los franceses iban a prolongar su estancia una temporada más, y los últimos habían llegado el miércoles, así que todavía tenían tres días más de visita por delante.

La semana se me había pasado volando, habíamos llegado el lunes y, sin darme cuenta, ya era domingo. Nuestra semana de viaje a Anchorage se había terminado.

Con mi familia de Denali, a los cuales también consideraba como mis tíos, habíamos vuelto a visitar la ciudad de Anchorage, pero además habíamos conocido las localidades de los alrededores, aunque ellos ya se resabían toda la zona, por supuesto.

Y ahora ya era domingo y nos encontrábamos en el aeropuerto, esperando para embarcar. Me daba pena tener que despedirme de mi familia, aunque, en honor a la verdad, tenía que reconocer que me moría de ganas por llegar a casa. Esa semana de respeto había sido muy dura…

Em y Rose también se marchaban hoy a Australia, aunque su vuelo salía más tarde que el nuestro, así que para el resto de mi familia tocaba despedida doble.

La pantalla anunció el embarque y acto seguido la voz femenina del megáfono hizo lo mismo.

El ritual de las despedidas comenzó.

- Bueno, ya os tenéis que ir – nos dijo mamá con una sonrisa bucólica en la cara.
- No empieces, ¿vale? – le regañó Jake -. Mañana mismo nos veremos por la Webcam.
- ¿Mañana? – preguntó ella, extrañada -. ¿No os vais a conectar esta noche?
- Mañana mismo nos veremos por la Webcam – repitió él, metiéndose las manos en los bolsillos de su cazadora para hacerse el distraído.
- Bella, parece mentira para ti. ¿No te das cuenta de que tienen que recuperar el tiempo perdido? – intervino Emmett con un tono burlón -. Jacob ha aumentado de temperatura estos días, y no lo digo por el frío, precisamente.

Lo que sí aumentó fue la intensidad del color de mis mejillas. ¿Hacía falta que lo supieran todos?

El resto de mi familia carraspeó con una sonrisa dibujada en la cara.

- Eres muy gracioso, ¿lo sabías? – ironizó mi chico.

Las carcajadas de mi tío retumbaron en las paredes del edificio, haciendo que pareciesen aún más altas, y mis mejillas se encendieron el doble. Aunque cuando vio la cara de mi padre, su risa se apagó ipso facto.

- Tenéis que daros prisa, la gente ya está embarcando – nos comunicó papá.
- Sí – le abracé con fuerza y le di un beso en la mejilla -. Te quiero.
- Y yo a ti – me correspondió el beso, apretó su abrazo y me soltó para que pudiera ir con mamá.
- Bueno, cielo, que tengáis buen viaje – me dijo ella, abrazándome.
- Gracias – le di un beso en la frente y ella se alzó para dármelo en la mejilla -. Mamá – le llamé antes de que se despegase de mí del todo.
- Dime.

Me separé un poco más para verle el rostro.

- Ya he decidido cuál será mi vestido de novia, y quería decírtelo en persona – murmuré, cogiéndole las manos -. Será el de la página 42, el que te gustaba a ti.

Mamá se quedó paralizada por un momento y juraría que vi sus ojos un poco vidriosos.

- Pero…, cielo, tiene que ser el que te guste a ti – declaró con un murmullo.
- Tú dijiste que si te volvieras a casar con papá, ese sería el vestido que elegirías. Por eso lo escojo – sonreí -. Ya que no tengo el que usaste para el día de tu boda, tomaré ese vestido como si lo hubiera sido.
- La verdad es que no sé qué fue de ese vestido – se rió con emoción. Entonces, me miró -. ¿Estás segura de que ese es el vestido que quieres llevar en tu boda? Hoy en día ya no está de moda eso de ponerse el vestido de novia de tu madre – volvió a reír.
- Estoy completamente segura – afirmé -. Estaba en duda entre varios vestidos y ese estaba entre ellos. Tú has hecho que ese vestido se convirtiera en el más especial para mí, por eso es el que más me gusta. Me has ayudado a decidirme, eso es todo – y me encogí de hombros para quitarle importancia.

En un abrir y cerrar de ojos, me vi de nuevo entre sus brazos, que me estrechaban con fuerza.

- Mi pequeña pateadora… - susurró con un nudo en la garganta.
- Mamá, vas a hacerme llorar… - me quejé con otro atasco en la mía.

Se despegó de mí y llevó sus manos a mi rostro para acariciarlo.

- Tengo unas ganas tremendas de verte ese día – manifestó, sonriéndome -. Vas a estar preciosa.
- Bella, tienen que embarcar – habló papá.
- Oh, sí – asintió, mirándole igual que si se hubiese olvidado de la presencia que teníamos alrededor. Luego, dirigió la vista otra vez hacia mí y me dio otro pequeño abrazo -. Pasadlo bien, pero dormid algo, ¿eh? – me cuchicheó en el oído muy bajito con una risilla, como si el resto de vampiros que había alrededor no fueran a escucharlo.

Emmett ya estaba mostrando esa sonrisa socarrona.

- Mamá – le regañé entre dientes con otro murmullo que seguro que también oyeron.

Mi madre se separó de mí, riéndose, y se acercó a Jake para darle otro efusivo abrazo a él.

- Bueno, Jake, pórtate bien, ¿vale?
- Yo siempre me porto bien – rió él, irguiéndose hacia atrás para levantarla del suelo.

Ella se rió y Jacob la dejó sobre terreno firme otra vez.

- Te quiero – le dijo mamá, mientras le daba un cariñoso beso en la mejilla.
- Y yo a ti – contestó él, haciendo lo mismo.

Se despegaron el uno del otro y comenzamos a despedirnos de los demás, aunque esta vez más deprisa, puesto que ya llegábamos tarde al embarque.

- Os habéis olvidado de los anillos que os ha regalado Aro – habló Alice, sacando la cajita de terciopelo azul de su bolsillo.
- No los olvidamos – aclaró Jacob -, es que no los queremos.
- Jacob, sería bueno que los aceptaseis, Aro se sentirá ofendido si no lo hacéis – opinó mi padre -. Ya sé que no vais a usarlos, pero por lo menos podíais guardarlos para aparentar que…
- Yo no tengo que aparentar nada – replicó mi chico, ofendido -. No pienso aceptar nada de esa momia.

El rostro de mi padre se tiñó de preocupación.

- Trae – intervine, cogiéndolos -. Los guardaré, pero sólo para que te quedes más tranquilo.

Jacob resopló con desagrado, pero mi progenitor se relajó.

- Gracias, hija – sonrió papa.
- Bueno, Jacob, ha sido un placer volver a verte – se despidió Eleazar, dándole la mano -. Ya sabéis que nosotros también estamos aquí para cualquier cosa que necesitéis vosotros y tu manada.
- Sí, lo sé – sonrió mi chico -. Lo mismo digo.

Eleazar asintió y le dejó paso a Carmen, a la vez que venía hacia mí para abrazarme.

- Esperamos veros pronto – me dijo.
- Sí, no tardaremos mucho en venir – prometí.

Tanya se estaba despidiendo de Jacob cuando Garrett vino a mí.

- En fin, linda, no dudéis en llamarme si alguna vez os veis envueltos en alguna batalla. Últimamente estoy bastante aburrido - y Kate le lanzó una mirada asesina -. Bueno, me refiero a que, de vez en cuando, un poco de acción está bien, no digo que me aburra – matizó con una risa nerviosa.
- Lo tendremos en cuenta – asentí, riéndome.

Kate y Tanya se acercaron las dos a la vez mientras que Garrett se iba hacia Jacob, seguido de otra mirada amenazante de su pareja.

- Os deseamos un feliz viaje – habló Tanya, cogiéndome de las manos.
- Gracias.
- Ya no os veremos antes, me imagino, así que hasta el día de vuestra boda – me dijo Kate.

¡Ups! El detalle de mi familia de Denali se nos había olvidado por completo. ¿Y ahora qué les decía?

- Ah, sí, claro – ahora era yo la que me reía con nerviosismo -. Hasta… hasta el día de nuestra boda.

Las dos hermanas me sonrieron y ambas me dieron un beso.

Genial. A ver cómo solucionaba esto, porque ahora eran cinco vampiros más que colar en La Push.

Apenas me enteré cuando Louis apareció ante mí con esos ricillos locos moviéndose a todos lados. Agarró también a Jacob y nos dio un abrazo conjunto.

- Bueno, mis metamorfos favoritos, sabéis que siempre tendréis un sitio en París.
- Gracias, Louis – contestó Jacob.
- Carlisle y yo iremos por La Push cuando nos hagamos con esas semillas, para adecuar bien el terreno y ayudaros a plantarlas correctamente – nos anunció -. Bueno, si tú nos das permiso – le dijo a Jake.
- Claro – asintió él.

Monique se acercó a nosotros y nos dio un beso.

El ambiente siguió llenándose de más abrazos y despedidas en un momento, incluso Rose le dio un beso en la mejilla a Jake, eso sí, no sin las respectivas frases:

- Tendré que desinfectarme la boca al llegar a casa – de mi tía.
- Anda, si lo estabas deseando, Barbie – de mi chico.

A Emmett y a Jacob les dio tiempo de gastarse un par de bromas extra y por fin conseguimos terminar con todo ese proceso para recoger la mochila del suelo y dirigirnos a la puerta de embarque.

- ¡Llamad al llegar a casa, por lo menos! – nos pidió mamá a nuestras espaldas.
- Sí – le respondí, diciéndole adiós con la mano.

Me giré hacia delante con Jake, pasamos por el control sin problemas, me despedí con la mano otra vez y nos metimos por el pasillo que daba al avión.


Mientras Jake cumplía su turno de despedida de Seth y le daba las gracias por habernos ido a buscar al aeropuerto, yo abrí la puerta de casa y encendí la luz del vestíbulo. Observé mi preciosa casita y suspiré con alegría.

Saqué mi móvil con prisas y marqué el número de mi madre a toda velocidad.

- Hola, cielo – respondió nada más descolgar.
- Hola, mamá. Ya hemos llegado – le anuncié.
- Genial.
- Oye, no tengo mucho tiempo de hablar, tengo que hacer muchas cosas por aquí, ya sabes, deshacer la maleta y eso – le comuniqué, echando un vistazo atrás para ver si Jacob ya había terminado su conversación con Seth -. Nos vemos mañana, ¿vale?
- Vale – rió ella como si supiese más que yo -. Hasta mañana.
- Hasta mañana – sonreí.

Las dos colgamos y dejé el móvil sobre el taquillón de la entrada.

- Hogar, dulce hogar – murmuró Jacob, abrazándome por detrás y dándome un beso en la sien que me puso todo el vello de punta.

Tiré la mochila al suelo y me di la vuelta para abrazarle.

- Vamos arriba – le dije, arrastrando la maleta hacia dentro con una mano y cerrando la puerta de un pequeño puntapié.
- ¿Ya? ¿No quieres deshacer la maleta primero? – preguntó con una de sus mejores sonrisas torcidas.
- Eso puede esperar – afirmé con ansia, quitándole la camiseta.

Me abalancé hacia él para besarle con pasión, cosa que Jacob correspondió de la misma forma, apretándome contra su cuerpo con verdaderas ganas. La energía ya nos rodeaba por todas partes, mi corazón y el suyo latían a mil por hora y mis mariposas no podían estar más agitadas.

Dejé su boca para que la mía recorriera la línea de su mandíbula e iniciara un descenso hacia su cuello. Lo recorrí fervientemente, tocando su torso de igual modo, mientras los dos jadeábamos sin descanso y sus manos bajaban a la parte inferior de mi jersey. Lo arrastró hacia arriba, estremeciéndome al acariciarme con las dos manos, alcé los brazos y mis labios se despegaron de su garganta para que pudiera sacármelo bien.

Lo tiró en el suelo, junto a su camiseta, y me cogió en brazos para comenzar a subir las escaleras a la vez que nuestras bocas se comían la una a la otra. Ni siquiera encendimos la luz. Jacob me posó en la cama y allí empezamos a dejarnos llevar por esa energía que ya era completamente desenfrenada. Por fin…


No me enteré de que la luz ya entraba por la ventana hasta que mi garganta dejó de gemir, conseguí recuperar el aliento y bajé un poco del cielo; entonces mis dedos aflojaron su pelo y su piel y fue cuando mis párpados se abrieron para mirarle.

Jake estaba entre mis piernas, y yo al amparo de sus fuertes brazos, con su pecho sobre el mío, rozándome. Su frente reposaba en la mía, no se había movido de ahí en ningún momento, nos miramos a los ojos un instante, todavía respirando con agitación, y después llevó sus labios a los míos para besarme con amor y dulzura durante un rato.

Su portentoso cuerpo aún estaba unido al mío, y mis manos se negaban a dejarle ir, no quería separarme de él jamás. Se movían por su tórrida y mojada piel con ahínco, por su húmedo pelo, todo con tal de retenerle. Mi cuerpo seguía palpitando sólo con sentirle dentro y el olor de su sudor me volvía completamente loca, era un afrodisíaco demasiado potente como para poder resistirlo. Mi boca pasó a entrelazarse con la suya con más pasión, buscando su ardiente lengua con ansias. Ésta acompasó a la mía sin poder evitarlo, sin embargo, fue por un corto espacio de tiempo. Jacob consiguió controlarse y despegó sus labios, eso sí, sólo lo justo para que pudieran moverse y hablar.

- Mierda… - se quejó con un murmullo que frotaba mis labios -. Cielo…, tengo que irme a trabajar… – suspiró.

Sus brazos hicieron el amago de incorporarse para separar su cuerpo del mío.

- No, no te vayas… – le detuve, susurrando con fervor a la vez que mis manos lo aferraban.
- Dios, Nessie, sabes que daría un brazo por quedarme aquí contigo – aseguró, encendido -, pero el señor Farrow me matará si llego tarde el primer día después de darme esta semana de vacaciones.
- Sólo será un ratito más… – ronroneé en sus labios, besándole muy despacio.
- Esta es la tercera vez que oigo eso… - bisbiseó con su sonrisa torcida, correspondiendo mis besos.
- Sólo un ratito… - imploré entre suspiros, acariciando su espalda húmeda para llegar a su corto pelo azabache.

Su mirada de fuego se clavó en la mía, que también ardía.

- Nena… - jadeó ya, pasando a besar mi cuello con pasión.

Y mi garganta volvió a gemir cuando empecé a sentir cómo también comenzaba a deslizarse lentamente dentro de mi cuerpo...


El Golf frenó precipitadamente al llegar frente a la puerta del pabellón del instituto.

- Te veo cuando salgas de clase, preciosa – me dijo Jake, incorporándose sobre mí para besarme, sin apagar el motor y con la mano en la palanca de cambios.

Me desabroché el cinturón y me arrimé a él. Nos dimos un beso de apenas tres segundos, aunque apasionado, y me despegué de él con prisas y a regañadientes.

- Hasta luego – me despedí, abriendo la puerta del vehículo.

Cuando saqué una pierna, me di la vuelta para mirarle y terminé arrojándome otra vez a él para darle otro corto y apasionado beso que él correspondió.

- Hasta luego – sonreí al dejar sus labios.
- Venga, vamos, ya llegas tarde – rió, haciéndome gestos con la mano que tenía apoyada en el volante para que saliera del coche de una vez -, y yo también.
- Sí – me uní a su risa. Le di un último beso corto, este normal, y me despegué de él para salir del Golf -. Hasta luego – me despedí, cerrando la puerta.

Miré hacia atrás para decirle adiós con la mano y vi cómo Jacob se reía mientras él también se despedía. Me reí y me giré hacia delante para echar a correr.

En cuanto entré en el edificio, escuché el motor de ese Wolkswagen Rabbit del 86 rugir, saliendo del aparcamiento a toda mecha.

Yo hice lo mismo por los pasillos vacíos del centro, preparándome psicológicamente para la regañina que me esperaría en clase, pero mi rostro se alegró cuando vi al señor Berty hablando con uno de mis compañeros fuera del aula, dándole un sermón a él.

Me metí en clase disimuladamente y el señor Berty ni se dio cuenta. Sonreí con satisfacción, no se podía tener más suerte.

Corrí hacia mi pupitre, saludé a Brenda, la cual me sonrió, y me senté al lado de Helen.

- Por fin – rió -. Ya creí que no venías.
- Bueno, se me ha hecho un poco tarde – admití.
- Pareces muy contenta, ¿te lo has pasado bien en Anchorage? – se fijó.

La razón de mi desbordante alegría no era esa precisamente, pero, ¿qué le iba a decir?

- Sí, no ha estado mal – entonces, me acordé de lo importante -. Por cierto, tengo buenas noticias.

Los ojos de Helen se iluminaron, sin embargo, cuando iba a seguir hablando para contarle lo que Carlisle y Louis habían descubierto, el señor Berty y ese compañero entraron en el aula y todo el mundo se calló.

Tuve que esperar a la hora del almuerzo para contárselo todo, eso sí, solamente pude hacerlo durante el camino hacia la cafetería, el cual hicimos despacio para que me diera tiempo a soltárselo todo, y con Brenda como testigo, pues ella también tenía interés por saber si el problema de su amiga tenía cura.

Helen estuvo apunto de gritar de alegría cuando terminé de contarle toda la parrafada, menos mal que Brenda y yo le paramos a tiempo. No se lo podía creer, aunque también le advertí de que todo el tema de las orquídeas era difícil. Ella se ofreció para ayudarme en el cuidado y mantenimiento de la plantación, junto con Brenda. No me pude negar, sabía que Helen necesitaba hacer eso como agradecimiento, yo hubiera hecho lo mismo, y Brenda también quería ayudarla, así que acepté ambas ofertas.

Antes de llegar a la cafetería, a Helen también le dio tiempo de contarme que Ryam le había llamado esa semana. Al parecer, no se encontraba en Estados Unidos, aunque no quiso decirle dónde se encontraba ni qué era lo que estaba investigando, por seguridad.

Las gemelas nos echaron un buen rapapolvo cuando por fin llegamos a la cafetería.

Después de almorzar, las clases ya pasaron más rápidamente, aunque no todo lo que a mí me hubiese gustado. Ya en la última, mi pie no hacía más que moverse, haciendo que mi rodilla subiera y bajara incesantemente. Hasta que por fin sonó el timbre.

Me levanté la primera de mi silla, haciendo que Helen y Brenda se rieran por mis evidentes ganas de ver a mi chico. Guardé mis cosas en la mochila a toda prisa y sin orden ninguno, y dejé mi pupitre.

Alguien abrió la puerta para salir y el maravilloso efluvio de mi chico llegó a mi nariz como un rayo.

- Hasta mañana, chicas – me despedí, caminando con presteza por el pasillo que quedaba entre las mesas.
- Hasta mañana – rieron ellas.

Salí como una exhalación humana por la puerta y vi a mi chico apoyado en la pared, justo de frente. Su preciosa y blanquísima sonrisa se amplió nada más verme y la mía se contagió. Tiré la mochila a su lado y me lancé a sus brazos para abrazarle. Me levantó del suelo y dio varias vueltas conmigo colgando mientras ambos nos reíamos. Entonces, me bajó y nuestros labios se abalanzaron para besarse.

- Señor Black – interrumpió el señor Greene de pronto, matizando ese apellido con mal humor y haciendo que Jake y yo nos despegásemos automáticamente.
- Ah, hola, señor Greene – le saludó mi chico con una sonrisa un tanto insolente.
- Le he dicho mil veces que si volvía a entrar en mi escuela, llamaría a la policía – volvió a advertirle por enésima vez, bajando tanto sus espesas cejas que prácticamente no se le veían los ojos.
- Sólo venía a buscar a mi chica, señor Greene – intervino Jake en su defensa con esa sonrisa de fingida inocencia que le salía tan bien, a la vez que cogía mi mano.

Esto ya empezaba a ser un ritual. Los demás alumnos ya ni siquiera se paraban para cotillear, pues siempre se trataba de la misma historia.

- Puede esperarle fuera, no tiene por qué entrar en el edificio – repitió, como siempre hacía -. La próxima vez, llamaré a la policía. ¿Me ha entendido?
- Sí, señor – contestó Jake, haciendo el saludo militar con otra sonrisa, esta dicharachera.

El señor Greene expiró todo el aire por la nariz, rechinando los dientes. Cogí la mochila del suelo y tiré de mi novio para salir de allí. Pude escuchar los murmullos malhumorados del director a nuestras espaldas.

- ¿Ves? En el fondo le caigo bien – se rió Jake con satisfacción.
- Si tú lo dices… - mascullé, aunque yo no las tenía todas conmigo.

Cualquier día, el señor Greene cumpliría con sus amenazas.

Salimos del centro y nos encaminamos hacia el Golf rojo. Nos subimos al coche, puse algo de música y Jake arrancó, avanzando por el aparcamiento y alejándonos del instituto.


Esa semana no tardamos en tener noticias de Emmett y Rosalie. A los cuatro días de estar en Australia, ya se habían hecho con una buena cantidad de semillas. Ventajas de ser vampiros, las semillas eran pequeñísimas, pero no para un ojo superior que puede ver hasta las moléculas del aire, por lo que no les costó excesivamente el localizarlas y recolectarlas. Rose las mezcló con unos polvos de maquillaje facial y lo metió con el resto del equipaje de mano. Cuando la bolsa pasó por el escáner, los agentes de policía ni se enteraron. Ya en su casa en Anchorage, mis tíos, con la ayuda de los demás miembros de mi familia, separaron los polvos de las semillas también sin ningún problema.

Así que ese domingo regresamos al aeropuerto para recoger a Carlisle y a Louis, que llegaron con un dossier que explicaba los cuidados de las orquídeas y las condiciones que tenía que tener la plantación.

Helen y Brenda no fueron las únicas que ayudaron, Jake puso a trabajar a algunos miembros de la manada, que fueron los encargados de traer arena de la playa. En menos de media hora, había una montaña de tierra mezclada con arena, en la parte trasera de nuestra casa. Nosotros, los chicos y mis amigas ayudamos a Carlisle y a Louis a extender la mezcla, y poco después esa zona de nuestra preciosa casita se convirtió en un jardín sin flores, una extensión rectangular de tierra llena de montículos donde mi abuelo y su amigo habían plantado las semillas a toda velocidad. Plantaron bastantes más de las necesarias, por si alguna de las plantas no sobrevivía o no llegaba a florecer.

También fue una buena ocasión para que Helen por fin conociera a Carlisle y a Louis. Se quedó realmente impresionada, si bien se notaba el respeto cauto que dos vampiros le provocaban, y se pasó todo el día dándoles las gracias, eso sí. Brenda también se presentó, aunque ésta prefirió mantenerse un poco al margen.

Louis no supuso ningún problema para la manada, venía con Carlisle, el Gran Lobo había dado su consentimiento y habían entrado por el sendero que llevaba a la parte posterior de nuestra casa y que marcaba el nuevo tratado.

Mi abuelo y su amigo cubrieron la plantación con un plástico transparente que iba sujeto en las esquinas mediante unos postes y así fue como terminamos de instalar esa especie de invernadero.

- Bien, acordaros de vigilar la temperatura y la humedad de la plantación – nos recordó Carlisle a Helen, Brenda y a mí, pasándome un aparato que medía todas estas cosas.
- Sí – asentí.
- No tendréis que prestarles demasiada atención – siguió Louis -, ya que estas orquídeas crecen en estado salvaje y no necesitan de más cuidados especiales.
- ¿Y por eso nos dais este ladrillo? – ironizó Jake, alzando el dossier.
- Eso es por si tuvierais algún problema – se defendió mi abuelo -. Me refiero a posibles enfermedades de las plantas, parásitos, plagas, etcétera. Solamente es una guía para indicaros qué hacer en tales casos.
- Menos mal que no había que prestarles mucha atención – chistó mi chico.
- Con media o una hora que les dediquéis al día será suficiente – intervino Louis, sonriendo.
- Lo haremos – afirmé, cogiéndole el dossier a Jacob.
- Sé que lo haréis muy bien – asintió Carlisle -. Bueno, nosotros nos vamos – anunció.
- ¿Ya? ¿No os quedáis a… cenar?

Era una forma de hablar, por supuesto, pero lo dije para que se quedasen un poco más de tiempo.

Mi abuelo sonrió.

- No, nuestro vuelo sale dentro de media hora. Mañana tengo que trabajar.
- ¿Media hora? No vais a llegar a tiempo – le advirtió Helen.
- No te preocupes, llegarán – declaró Seth, riéndose.
- En fin, gracias por todo – le dije, abrazándole -. Llamadnos cuando lleguéis.
- Lo haremos – contestó, dándome un cariñoso beso en la frente.

El jardín de nuestra casa se llenó de despedidas entre mi abuelo, Louis, los chicos de la manada, mis amigas, Jacob y yo, hasta que los dos vampiros se dieron la vuelta y se marcharon por el sendero a la velocidad de la luz.

- Bueno, ¿qué os parece una barbacoa aquí y ahora? – propuso Jake con una enorme sonrisa.
- Eso ni se pregunta – exclamó Shubael, frotándose el estomago.
- ¡Yo estoy muerto de hambre! – siguió Isaac.
- Pues, venga, ayudadme con esto – y Jacob y los chicos se dirigieron al garaje para coger la barbacoa y las mesas.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Mayo 18, 2011 3:22 pm

Ola si sabes esque me cambie el nombre era gabysp11 pero me lo cambie oki
Bueno el acapitulo me gusto mucho,estuvo genial y que bueno que tengan el antidoto. Very Happy Smile
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Mayo 18, 2011 5:59 pm

Stupendooo!
haha Edward siempre tan oportuno.
Que bien que las cosas comienzan a solucionarse con el antídoto (:
Scribe pronto! [o cuando puedas Wink ]
Besos y un abrazo!
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JACOB&NESSIE
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Mayo 19, 2011 6:43 pm

¡HOLA GUAPISIMAS! alien alien alien

daniela_1505:
Vale, ahora ya lo se, ahora ya te llamare daniela_1505 alien
Ese antidoto!! Ya veremos que pasa con el Razz
Muchas gracias por leer mis capis!!!

Brenda:
Si, este Edward... Twisted Evil Twisted Evil Yo creo que se ha vengado un poco por todo lo que le hicieron pasar en "Despertar" XDD
Ya veremos que pasa con el antidoto Razz

Aqui os dejo otro capi cheers Espero que os guste I love you I love you I love you I love you I love you I love you I love you I love you

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SOMBRA

Sonreí con satisfacción cuando entré en el pequeño invernadero. En sólo dos semanas y media, la mayoría de las semillas habían germinado y las jóvenes plantas cada vez crecían más, cada día eran unos milímetros más altas.

- ¿Qué temperatura hay? – quiso saber Helen, agachándose para mirar las plantas.
- Voy a mirarlo – contestó Brenda, cogiendo el medidor de la mesita que habíamos puesto junto a la plantación para dejar todos los útiles de jardinería.

El día era lluvioso, pero dentro de la lona de plástico hacía una temperatura muy agradable gracias al poco sol que había lucido ayer.

- Cada día están más bonitas – sonreí, agachándome yo también para observarlas.

De pronto, me entró un conocido y enorme sofoco y tuve que levantarme para quitarme la chaqueta, aunque al poco rato se me pasó. Ya esta mañana, en el instituto, me había dado otro golpe repentino de calor que se había ido a los pocos minutos. Y esto sólo podía ser una cosa, esos golpes de fiebre precedían y anunciaban algo, mañana era uno de abril, y mi reloj biológico no fallaba: mi semana de celo ya se acercaba.

- Todo está bien – reveló Brenda, que estaba mirando el medidor.
- Esto…, chicas – interrumpí, pasándome la mano por el pelo con un poco de apuro -, ¿podéis hacerme un favor? – mis amigas alzaron los rostros para mirarme -. ¿Os importaría encargaros vosotras de las plantas esta semana? Sería a partir de mañana.
- ¿Y eso? ¿Qué pasa? – preguntó Helen, extrañada.
- Nada, es que estos días no voy a poder - expliqué, vergonzosamente.
- Ya, tu… alergia, ¿no? – adivinó Brenda con una risita.

Mi cara se torció en una mueca que ya la mataba.

- Claro, se me olvidaba que ya es primavera, ¿es que ya notas que te vas a encontrar mal estos días? – interrogó Helen, preocupada, con ignorancia.

Si ella supiera lo mal que me iba a encontrar…

- No te preocupes, no creo que se vaya a encontrar muy mal – soltó Brenda por esa bocaza.

Mi amiga explotó en un ataque de risa que, lógicamente, Helen no comprendió, y yo miré a la primera matándola directamente.

Ahora Helen sí que no entendía nada.

- Bueno, vamos a regar las plantas – dije para cambiar de conversación.

Le quité el medidor a Brenda mientras ésta seguía riéndose y lo posé en la mesita. Cogí las tres regaderas y le di una a cada una. Salimos de la plantación por la abertura de la lona de plástico transparente y las llenamos de agua con la manguera que estaba enganchada en el garaje. Volvimos al invernadero y comenzamos a regar planta por planta, distribuyéndonos por todo el pequeño jardín.

Teníamos que tener cuidado, ya que no podían recibir más agua de la estipulada por el dossier que nos había entregado Carlisle, aunque ya le habíamos cogido la medida y más o menos nos apañábamos bastante bien.

Cuando terminamos con esas tareas, dejamos las regaderas en su sitio y salimos una vez más de la plantación. La lluvia caía con más fuerza esta vez.

- ¿Vamos a tomar un café al Olympic? – propuso Helen.

El Olympic era una cafetería nueva que ahora estaba muy de moda entre la gente joven de Forks.

- Sí – aceptó Brenda.
- Yo no puedo, tengo que hacer unos recados – declaré.
- ¿Seguro? ¿No quieres venir un rato? – insistió Helen.
- No, no puedo, de verdad – sonreí.
- Venga, vamos, que me estoy mojando – azuzó Brenda, meneando el brazo de Helen.
- Sí – asintió ésta -. Bueno, Nessie, a ver si te libras de la alergia y no tienes nada. A lo mejor, con este mal tiempo, no te afecta tanto.
- No creo que quiera eso… - murmuró Brenda muy bajito.

Por suerte, Helen no lo escuchó.

- No sé – reí por educación, aunque fruncí el ceño para Brenda -. Ya veremos.
- Venga, vamos – repitió Brenda, tirando de Helen.
- Hasta pronto – se despidió ésta, acompañada por los gestos de la mano y las risillas pícaras de Brenda.
- Hasta pronto – respondí, sonriendo.

Ambas se montaron en el coche de Brenda, éste arrancó y se marcharon por el camino sin asfaltar que pasaba por delante de la casa de Billy y que llevaba a la carretera.

Caían chuzos de punta, así que corrí hacia mi preciosa casita roja y pasé al interior. Me sacudí un poco el pelo mojado con la mano y me dirigí a la cocina.

Arranqué una hoja del bloc de notas que colgaba de la nevera por medio de un imán, cogí el bolígrafo que sostenía el mismo bloc y me senté en la mesa para escribir la lista de la compra. Cuando ya no se me ocurrió más que apuntar, hice un presupuesto mental aproximado de todos los artículos y me levanté para dirigirme a uno de los armarios. Abrí la puertecita y cogí el bote donde guardábamos el dinero para comprar la comida y otras cosas. Lo destapé y saqué un poco más de dinero del que mi cerebro había calculado para tener un margen de error, por si acaso había subido algún precio. Estos presupuestos eran importantes, puesto que nuestra economía no era nada boyante, que digamos. Guardé el bote en su sitio, la nota en el bolsillo de mi chaqueta, cogí el bolígrafo de la mesa y me acerqué a la nevera otra vez.

Jake, he ido al supermercado a hacer la compra.
Volveré pronto.
Te quiero.
Nessie.


No sabía si Jacob llegaría antes que yo de patrullar con la manada, así que le dejé esa nota en la nevera.

Dejé el bolígrafo en su sitio y salí de la cocina. Cerré la puerta de casa con un portazo y corrí hacia mi forito para no mojarme más de lo que ya estaba.

Entré en mi vehículo con celeridad, arranqué y puse ese CD de ACDC en el estéreo para iniciar la marcha con algo de marcha.

Recorrí la distancia que había entre nuestra casa y la de Billy, di dos bocinazos a modo de saludo y salí a la carretera, viendo por el espejo retrovisor cómo mi futuro suegro sonreía tras su ventana.

Sonreí yo también y seguí mi recorrido escuchando ese rock que tanto me gustaba, canturreando.

No tardé mucho en llegar al supermercado. Aparqué justo delante, apagué el motor y me bajé corriendo.

Cogí un carro en la entrada y me interné en los pasillos del pequeño establecimiento. Saqué la nota de mi bolsillo y comencé a recopilar los artículos que había apuntado. Casi todo era comida, y todo en cantidades industriales, pues un hombre lobo come por tres y tenía que llegar para toda la semana.

No tardé nada en llenar el carro. Entre carne, pescado, fruta, verdura y otros alimentos básicos, ya estaba a rebosar.

Pagué en la caja, satisfecha de no haberme pasado de mi presupuesto, lo metí todo en bolsas de papel y lo volví a depositar en el carro para poder llevarlo al coche.
Seguía lloviendo a cántaros.

Galopé hacia la parte trasera de mi forito, abrí el maletero y miré a ambos lados. No había moros en la costa, así que fui colocando las bolsas en el maletero a mi velocidad de medio vampiro y bajé la puerta. Después tuve que correr como humana hacia el supermercado, ya que llegó otro coche, y dejé el carro en su sitio.

Ya en el forito, puse mi música de nuevo y arranqué para dirigirme a casa.

Los limpiaparabrisas trabajaban sin descanso; cuando acababan de realizar una pasada por el cristal, el agua ya chorreaba de nuevo por él.

Los árboles eran vapuleados por una brisa que comenzó a agitar sus verdes hojas, ésta también arrojaba la lluvia contra el parabrisas, aunque no era lo único, las pequeñas flores que ya habían nacido en los árboles y que eran arrancadas por el viento también se estampaban contra el cristal, haciendo que la visión fuera muy escasa y nada nítida.

Desde luego, el tiempo se estaba poniendo realmente feo, y cada vez peor.

Empecé a preocuparme por mi Jacob. Por supuesto, sabía que él no iba a pasar ni una gota de frío por mucho que lloviera, y ya podía nevar como en Anchorage, pero, como imprimada, la pulsión de sentir esa necesidad de protegerle y de dotarle de completo bienestar era imposible de frenar.

Recordé esa pelea de bolas de nieve de Anchorage y mi labio se curvó en una risilla. ¿Cómo iba a pasar frío?

De repente, una extraña sombra negra pasó por delante de mi coche en forma de borrón y me asusté. Mi pie se clavó en seco en el pedal del freno y el vehículo se caló, haciendo que el mismo diera una embestida hacia delante bruscamente al frenar en seco y calarse.

El cinturón me apresó contra el asiento y estranguló mi pecho, aunque eso no consiguió que mi respiración dejase de salir agitadamente cuando logré que mis pulmones volvieran a coger aire.

Mi cabeza se giró instantáneamente al ver a la sombra entre los árboles y un calambre helado recorrió mi cuerpo, atravesándolo como una estaca de hielo. Había algo en ella que no me gustaba nada, algo oscuro y maléfico que no escapó a mi intuición.

La sombra era un individuo que iba entero de negro, me pareció que vestía una especie de capa con capucha que le tapaba el rostro completamente. Estaba observándome, aunque no pude discernir su semblante, los limpiaparabrisas se habían quedado bloqueados y el agua que chorreaba por el cristal apenas me dejaba distinguir su silueta.

Mis bronquios pasaron a soltar el aire con virulencia al ver cómo la sombra se movía, pero fui capaz de reaccionar para bajar los pestillos y arrancar el coche. Pegué un pequeño bote en el asiento cuando alta música irrumpió en el habitáculo repentinamente, y apagué el estéreo. Sin embargo, la sombra no se desplazó hacia mí, sino que desapareció súbitamente entre los árboles del bosque.

Me quedé a la espera, quieta, mientras escuchaba el sonido de la lluvia restallando con fuerza en el capó y azotando todas las partes de mi coche, así como mi asustada respiración y el traqueteo del motor.

Agucé el oído para ver si captaba más allá, pero lo único que ese sentido escuchaba era la lluvia golpeando las hojas, la vegetación y la tierra.

Respiré hondo para tranquilizarme un poco e inicié la marcha de nuevo, haciendo chirriar las ruedas sobre el asfalto. Esta vez me moví con más velocidad por la carretera, hasta los limpiaparabrisas parecía que iban más deprisa. Llegué al desvío que daba a mi casa y en pocos minutos aparqué frente al garaje.

Salí de mi coche, saqué las bolsas del maletero, ahora utilizando toda mi fuerza y maña de medio vampiro sin tapujo alguno, y corrí hacia casa a todo lo que daban mis piernas.

- ¡Jake! – le llamé por si ya había llegado, cerrando la puerta a mis espaldas.

Pero Jacob no estaba en casa.

En cuanto posé la compra en la meseta de la cocina, salí disparada de la misma para cerrar la puerta con llave.

Llevé mis manos a mi cabeza y metí los dedos entre el pelo de mi frente, nerviosa, mientras mis pies me hacían moverme de aquí para allá. Jake no había llegado aún, seguramente no tardaría mucho más, pero sin él, yo me sentía tan desprotegida.

Intenté relajarme, haciendo profundas inspiraciones, y pareció funcionar. Poco a poco, a medida que notaba el aire llenando mis pulmones, mis nervios se iban templando.

¿Qué había sido eso? Mejor dicho, ¿quién? Recordé ese escalofrío que había recorrido todo mi ser y volví a sentirlo. Era lo mismo que había notado cuando vi a Razvan la primera vez, sin embargo, no podía ser él, era imposible.

La manada estaba demasiado atenta, olerían su efluvio y enseguida lo detectarían, tenían ese olor grabado a fuego, así como el de cualquiera de sus secuaces. Y el hecho de que no se hubiera acercado a mí me había desconcertado. Si hubiese sido Razvan, habría hecho mi coche pedazos para sacarme de allí, pues ya había visto que yo era amiga de Helen. Sin embargo, se había dado la vuelta y se había ido.

Exhalé. Lo más seguro es que fuera algún vampiro nómada que había conseguido colarse en los bosques de La Push. Y seguramente ahora mismo ese vampiro fuera presa de las fauces de alguno de mis amigos los lobos. Aunque, si fuese un vampiro nómada, ¿por qué no me había atacado? ¿Acaso no había olido mi sangre?

Otro golpe de calor repentino hizo que mi organismo sintiese que tenía fiebre. Menudo momento para eso. Me quité la chaqueta con celeridad y la dejé en la barandilla de la escalera a la vez que mi mano intentaba abanicarme para aliviar ese asfixiante ardor.

Volví a suspirar y me dirigí a la cocina para abrir el congelador. Saqué la cubitera y eché unos cuantos hielos en un paño para envolverlos con el mismo. Metí la cubitera en el congelador de nuevo y utilicé el trapo a modo de bolsa para pasarlo por mi piel y aliviar mi tremendo calor.

Ni con esas. Esto parecía que se estaba adelantando. Puede que fuera porque toda la casa estaba impregnada del efluvio de Jacob, esa fragancia que ya empezaba a volverme loca; ya comenzaba a notar esos matices diferentes que destacaban sobre el resto y que me llamaban.

Para mi alivio, el calor se fue con la misma rapidez con la que había venido, la temperatura de mi organismo regresó a su estado normal, aunque en esta ocasión el intervalo en que había estado encendido había durado más que las veces anteriores, por lo que sabía que la entrada de mi celo era inminente.

Sin embargo, el regreso a la normalidad de mi organismo hizo que también volviera el susto de antes. Y Jacob estaba ahí fuera…

Empecé a guardar todo lo que había comprado. Pensé que, hasta que llegara Jake, lo mejor era tener la mente ocupada en otras cosas. Organicé el congelador para que me cupiese la carne y el pescado, y almacené el resto de alimentos en la nevera y los armarios de la cocina.

Una vez que terminé de almacenarlo todo, me dirigí al saloncito con mi bolsa de hielo improvisada, por si me volvía a dar otro golpe de calor.

Fue posarla en la mesita roja, cuando el cerrojo de la puerta me avisó de la llegada de mi chico.

Corrí hacia el vestíbulo.

- ¡Jake! – voceé.

Jacob pasó al interior y cerró la puerta. Sólo vestía unos viejos pantalones cortos de color negro y estaba completamente empapado.

- ¿Por qué has cerrado con llave? – le dio tiempo a preguntar, extrañado, antes de que me abalanzara sobre él para abrazarle con fuerza.
- Jake… - murmuré, todavía con el miedo en el cuerpo, apretando mi abrazo.

Qué bien se estaba entre sus brazos, me hacían sentir tan segura. Automáticamente, me sentí más relajada sólo con tenerle a mi lado…

- ¿Qué pasa? – inquirió al verme asustada, despegándome de su cuerpo con delicadeza para mirarme -. ¿Es que ha pasado algo?

Las palabras comenzaron a salir por mi boca atropelladamente.

- Fui al supermercado, porque quería llenar la despensa, ya que mi celo está al caer, y cuando regresaba a casa, vi una sombra en la carretera. No le pude ver bien por culpa de la lluvia, pero me dio muy mala espina, y él se quedó quieto, mirándome, y después se marchó, y…
- Para, tranquilízate, preciosa – me calmó, llevando sus aún húmedas pero cálidas manos a mi rostro para acariciar mis mejillas con los pulgares. Me quedé algo embobada al ver mis adorados ojos negros tan de cerca, aunque terminé asintiendo -. Ahora, dime, ¿qué fue exactamente lo que viste? ¿Una sombra? ¿Una sombra de qué?

No sabía cómo explicárselo con palabras, así que llevé mi mano a su rostro y le dejé ver mis recuerdos. El semblante de Jacob se puso más serio al ver las imágenes que mi mente le mostraba, y, por supuesto, también percibió ese sentimiento frío que me atravesó al ver a ese individuo extraño. Sus ojos se quedaron fijos por un momento en los míos, que los buscaban asustados.

- ¿Ese tipo te atacó? – quiso saber.

Pasé a mostrarle cómo la sombra se daba la vuelta súbitamente y se perdía entre los árboles, sin acercarse a mí siquiera.

Jacob asintió, tranquilo.

- No tienes de qué preocuparte – murmuró, repasando mi rostro con el dorso de su mano -, ya hemos acabado con él.
- ¿Ya… habéis acabado con él? – repetí, asombrada.
- Era un chupasangres nómada que se nos había escapado – explicó -, pero lo alcanzamos cerca del río Dickey.

Mi mano seguía en su mejilla, así que instantáneamente mi cerebro le plantó la imagen de esa especie de capa negra al pensarlo yo misma.

- Era una sudadera con capucha – me aclaró, llevando sus manos a mi cintura -, y también vestía unos pantalones negros.

Suspiré, completamente aliviada, y sonreí.

Mis brazos rodearon su cuello y volví a abrazarle con fuerza, acto que él correspondió de la misma forma.

- ¿Estabas asustada? – susurró.
- Sí.
- La próxima vez que te asuste algo, llama a cualquiera de la manada para que se transforme y me avise, ¿vale? Yo vendré enseguida – murmuró con voz dulce -. No quiero que estés sola.
- No se me había ocurrido – declaré, dándome cuenta en ese instante de que podía haber hecho eso.

Me despegó de nuevo con mimo y enganchó sus preciosas y brillantes pupilas en las mías.

- Yo siempre te protegeré – murmuró, deslizando las suaves yemas de sus dedos por mi mejilla.

Me quedé sin aire por un instante y luego éste salió en un suspiro precipitado cuando su rostro comenzó a acercarse al mío. Empecé a hiperventilar al notar el roce de su frente sobre la mía y mis párpados cayeron, rindiéndose a todo ese remolino de sensaciones y sentimientos que me embargaban y que me hacían volar. Esa energía espiritual y mágica emergió de nosotros al instante, envolviéndonos como una ligera y cálida brisa. Jacob llevó su mano hacia mi nuca y por fin sentí el roce de sus labios sobre los míos.

Mi boca se entreabrió con la suya al sentir cómo éstos se mezclaban lentamente, y un suave jadeo se escapó de mis pulmones. Su abrasador aliento también besaba mis labios, los acariciaba como tórridos susurros.

Ya empecé a arder, mi cuerpo entró en combustión y su efluvio comenzó a llamarme. Sus pausadas respiraciones ya me encendían con desenfreno, sólo notar el ardor de su piel, de su aliento, de sus manos, su cuerpo, su boca, ya me ponía todo el vello de punta y me volvía completamente loca.

Pero entonces, sus labios se separaron de los míos, aunque no se fueron muy lejos.

- Tenemos toda la semana para nosotros… - susurró en mi boca -. Ya lo he arreglado con el señor Farrow. Me ha costado un poco, pero en cuanto le he dicho que era el jefe de mi tribu y que tenía que arreglar algunos asuntos locales, me ha dado la semana sin problemas. No sé qué ha debido de creer que soy – rió con una risa silenciosa -. Eso sí, la semana que viene tendré que echar horas por un tubo.
- Pensaba que mi celo entraría mañana, pero creo que ya está aquí… - revelé entre suspiros mientras una de mis manos se aferraba a su pelo.

Su olor pasó a ser algo extremadamente intenso, de modo que esa llamada se transformó en un deseo salvaje e incontrolable.

- Lo sé… - murmuró él con ansias -. Esta mañana ya olías algo diferente, pero ahora empiezas a volverme completamente loco, nena…

Abalanzó su boca contra la mía con una pasión exagerada y la mía le respondió del mismo modo. Nuestros labios se movían con auténtico frenetismo, al igual que la energía, mientras el vestíbulo se llenaba con los ansiosos jadeos. Me arrimé a él con tanto afán, que estampé su espalda contra la pared que tenía detrás.

No perdí el tiempo. Llevé mis manos a su torso y empecé a acariciárselo con avidez, parándome a sentir bien sus impresionantes y fuertes músculos, con esa piel sedosa y tersa, ardiente, aromática. Hoy era más aromática que nunca. La respiración de Jacob se agitó aún más cuando desabroché su pantalón y arrastré mi mano dentro para deleitarme un rato. Sus manos pasaron a moverse por mi espalda y mi pelo con fervor, ya estaba completamente encendido y su boca exhalaba gemidos sordos, eso me excitó el triple.

Mi lengua se abrió paso y se enredó con la suya entre jadeos salvajes, hasta que la dejé libre. Separé mi boca y subí mi mano para que se uniera a la otra. Volví a acariciar su pecho y pasé mi lengua por sus labios lentamente; una, dos, tres veces, eso le volvía loco. Los dos jadeábamos incesantemente y sus pupilas ya llevaban esa llama de fuego flameando en ellas. Le miré con ojos más que hambrientos y mi boca bajó para besar la línea de su mandíbula. Descendí por su cuello, resollando con ansia, y seguí descendiendo por su pecho, lamiéndolo y besándolo con fervor. Pero yo quería más.

Mi boca continuó bajando, besando su abdomen, junto con mis manos, hasta que le quité los pantalones y por fin llegué a mi objetivo. Jacob gimió y su cabeza se apoyó en la pared a la vez que sus manos se metían por mi pelo para acariciarme con efusividad. Mientras mi lengua gozaba, notaba cómo se estremecía, alcé la vista y él bajó el rostro para mirarme. Eso nos excitaba el doble a los dos, así que le dediqué más tiempo.

En cuanto me levanté, Jacob me estampó en la pared. Nuestras bocas volvieron a encontrarse con salvajismo y mis manos se perdieron por su fuerte espalda y sus amplios hombros. Me quitó la chaqueta con un arrebato desmedido y lo mismo hizo con mi camiseta y mi sostén. Llevó su boca por mi cuello con desenfreno y mis manos se aferraron a su pelo, aunque lo hicieron con fervor cuando pasó a recorrer todo mi pecho con su tórrida lengua. Ahora fui yo quien apoyó la cabeza en la pared, con mis pulmones trabajando sin parar.

Su boca se unió a la mía de nuevo para besarla con pasión. Bajó sus manos y abrió el cierre de mis pantalones. Con un movimiento enérgico, me los arrastró hacia abajo y éstos cayeron al suelo junto con mi ropa interior. Su mano se deslizó por el interior de mi muslo y llegó justo a donde yo quería que llegase. Gemí en sus labios y mis manos se aferraron a su pelo con más ansia mientras mi cuerpo acompasaba sus movimientos, completamente desbocada. Él también jadeó con intensidad, excitado.

Cuando terminó, me quité las playeras con los mismos pies y me abalancé hacia él para besarle, haciéndole caminar de espaldas. Nos dirigimos al saloncito dando tumbos, besándonos y acariciándonos sin control. Soltó mi boca y me dio la vuelta, arrimándose a mí por detrás a la vez que su mano apartaba mi pelo a un lado y sus labios recorrían mi cuello.

Mi respiración ya no podía ser más agitada, giré mi rostro y su boca bebió de la mía una vez más. Me friccioné contra él y me pegué a su cuerpo con ansia, ya no aguantaba más, pero lo hice con tanta, que Jacob se cayó sentado en el sofá, arrastrándome con él.

Mi espalda estaba pegada a su pecho, pero eso no pareció importarle en absoluto, me apretó contra él y siguió besándome el cuello con desenfreno mientras sus manos pasaron a acariciar mis senos. Su lengua ya me estremecía, pero su tacto me entusiasmó enormemente, mis bronquios trabajaban sin cesar. Apoyé la cabeza en su hombro y me dejé hacer a su antojo. Yo era suya, y lo sería para siempre.

Pude sentir cómo se unía a mí despacio, lentamente, saboreándolo bien. El placer invadió todo mi ser y mi rostro se giró hacia el suyo para gemir en sus labios. Mi mano se alzó para retener su pelo y nuestras bocas se pegaron del todo, aunque permanecieron quietas.

Empezó a moverse para deslizarse dentro de mí y la excitación llegó a su punto álgido. La energía que nos rodeaba se convirtió en algo desenfrenado. Lo hacia con ese ritmo pausado, sin prisa, disfrutando de cada roce, y nuestros labios continuaban juntos, acariciándose, intercambiándose el aliento. Mis jadeos ya eran en voz alta y los suyos eran tan ardientes como él.

Mientras se movía, sus suaves palmas volvieron a tocar mi pecho y sus labios besaron a los míos muy despacio, aunque expirando con un deseo desenfrenado. Mi cuerpo se estremecía con intensidad y el placer ya comenzaba a ser impaciente. Una de sus manos bajó por mi estómago y llegó más allá de mi vientre. Entonces, todo enloqueció.

Mis piernas se abrieron más y mi cuerpo se unió a todos sus movimientos de una forma febril. El fuego me invadió como si una llamarada me hubiese prendido y ambos respiramos con mucha más fuerza. La mano que estaba en mi pecho se aferró a mi pelo para que mi boca no se alejara ni lo más mínimo de la suya y su cadencia aumento de ritmo.

El enorme placer que ya sentía se volvió mas intenso y la energía explotó del todo. Note cómo esa brisa prodigiosa, maravillosa y cálida tomaba todo mi cuerpo, era su alma, que se unía a la mía, y eso hizo estallar ese clímax que tomo todo mi ser, llevándome a otro mundo que no era terrenal. Gemimos más fuerte, sin despegar nuestros labios en ningún momento, y esa mezcla de sensaciones indescriptibles hizo que dos lágrimas rodaran a ambos lados de mi cara mientras mi mano encerraba su corto cabello en un puño ansioso.

Nos quedamos quietos, mirándonos a los ojos a la vez que nuestros pulmones trabajaban sin descanso, y después nos besamos con dulzura durante un rato. Pero sabíamos que esto ni mucho menos había acabado. Esto era el principio, el principio de nuestra fabulosa luna de miel. Jacob pasó su brazo por debajo de mis piernas, se levantó conmigo y me llevó en brazos a nuestro dormitorio.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Vie Mayo 20, 2011 2:25 pm

Me ha encantado el capitulo esta muy ien y su celo venga ya.
BUeno espero que escribas pronto xD Very Happy
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Brenda
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Vie Mayo 20, 2011 11:19 pm

Okay, este capi te ha quedado muy bien!! Very Happy
Vaya, si es así hora.. cómo será en la verdadera Luna de Miel cuando se vayan de viaje?
haha
Un saludooo!
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Dom Mayo 22, 2011 10:08 pm

¡HOLA! alien alien alien

Bueno, ya veremos como es esa luna de miel de verdad... Twisted Evil

Aqui os dejo otro capi I love you I love you I love you I love you I love you I love you

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VÍSPERA

- Nessie, no hago más que clavarte alfileres, bueno, mejor dicho, romperlos, este es el quinto que se me casca. Deja ya de mirarte y de moverte – me regañó Sarah, tirando lo que quedaba de alfiler al suelo y cogiendo otro del alfiletero que llevaba enganchado en su muñeca izquierda -. Además, si no paras, no podré ponerte esto bien, y querrás que tu vestido me quede perfecto, ¿verdad?
- Lo siento – y me volví hacia delante para ponerme tiesa como un palo.
- Así me gusta – sonrió.

Le eché un vistazo al pequeño local. La tiendecita de Sarah estaba repleta de percheros con ropa hasta los topes esperando a su arreglo y otros con modelos diseñados y confeccionados por ella.

- ¿Te dará tiempo? – pregunté, mordiéndome el labio con preocupación mientras también observaba mi boceto de vestido.
- Estará listo incluso antes de la boda – afirmó.
- ¿Y todos los volantes que tienes que coser? No sé, eso te llevará tiempo, ¿no?
- Que sí, tranquiiila – aseguró con una entonación un tanto socarrona.

Yo no las tenía todas conmigo. Quedaban nueve días y ella todavía estaba poniendo alfileres en esa tersa tela de seda. Los exámenes, la plantación, mi amiga Helen – la cual estaba preocupada otra vez por Ryam, ya que hacía tiempo que no tenía noticias suyas – y el resto de detalles de la boda de los que me tenía que encargar yo, como los vestidos de las damas de honor y otras cosas, me habían tenido demasiado ocupada, y encima la tela de mi vestido había tardado lo suyo en llegar. Todo esto había sido el culpable de tal tardanza.

- No te preocupes, Sarah es una modista estupenda – apoyó Rachel, haciéndose eco de mis pensamientos -. El mío lo hizo en sólo seis días.
- Sí, me empleé a fondo – dijo Sarah, resoplando al recordar.
- Y quedó precioso – siguió Eve.
- Vas a estar perfecta, ya lo verás – intervino Jemima -. Confía en Sarah, sabe lo que hace.

Les sonreí a todas ellas por su esfuerzo. Estaba un poco más sosegada, pero la verdad es que tenía los nervios a flor de piel. Entre mi graduación, que era el viernes, y la boda, estos días era un manojo neurótico. Encima, la inestabilidad metereológica, que en estas últimas semanas había provocado un tiempo más lluvioso y frío de lo habitual para el mes de junio en el que estábamos, no me ayudaba nada.

No entendía por qué estaba tan nerviosa, en realidad, no es que una boda quileute llevase muchos preparativos, pero no podía evitarlo.

Jacob ya había arreglado el tema de la carpa, la cual iban a montar algunos miembros de la manada, la pequeña orquesta, que era la que siempre tocaba en las bodas de La Push que se celebraban al estilo tradicional y que estaba compuesta por indios nativos de la tribu, y del menú se iba a encargar Sue, que tenía a su disposición a Emily, Kim, Jemima y Martha como ayudantes de cocina, eso sin mencionar a Ruth, Eve y Sarah, que se iban a encargar de servir las mesas, junto con otra parte de los chicos.

Los vestidos de mis damas de honor ya estaban listos desde hacía un mes, ya que la tela de éstos había llegado primero y Sarah había podido ponerse con ellos antes. Rachel, Leah, Brenda y Helen iban a ir preciosas, y ya tenían sus vestidos en el armario de sus respectivas casas. Entre ellas y las féminas de mi familia, me habían ayudado a escogerlos. La gasa, de un color azulado muy claro, caía libre desde las caderas y llegaba hasta los tobillos. El escote era en pico e iba sujeto por unos tirantes anchos que se unían a una parte trasera que dejaba ligeramente al aire la espalda, uno de ellos se adornaba con una flor también hecha de gasa azul.

Hasta los padrinos tenían su vestuario preparado. Mamá iba a ser la madrina, y ya me había enseñado su vestido al mandarme unas fotos por Internet. La tela de raso, en un color granate brillante, se enganchaba a sus hombros por medio de unos finos tirantes que se unían en la parte posterior del cuello y que sujetaban un escote también en pico. La mitad de la espalda iba al descubierto y después la tela seguía su camino ciñéndose en todo el cuerpo, bajando atubado hasta un poco por debajo de las rodillas. A ella le quedaba genial, como no, y la tía Alice había tenido mucho que ver en la elección de ese vestido. Al final, y después de pensárselo mucho, Jacob escogió a mi padre para que fuera el padrino de boda. Su primera opción era Seth, pero a éste no le importó en absoluto cederle el sitio a mi progenitor, el cual estaba más ansioso de serlo, así que Jake decidió elegirle a él como padrino, cosa que a papá le hizo especial ilusión. Mi madre también me envió las fotos de papá con su traje, y, claro está, también iba a ir guapísimo. Su conjunto constaba de un pantalón de vestir y una chaqueta de un gris no muy claro, y una camisa azul oscuro, sin corbata, por supuesto, como regía en el protocolo de las bodas quileute, con esa mezcla de elegancia e informalidad al mismo tiempo.

Y Jacob ya tenía su traje preparado, esa camisa de lino color hueso, de manga larga, con sus pantalones a juego que llegaban hasta los pies. Yo sabía esto porque los novios quileute era lo que llevaban, puesto que no se lo había visto, lo tenía bien guardado en casa de Billy.

Conclusión: lo único que faltaba a nueve días de la boda era mi vestido. Y eso era suficiente para que mis nervios afloraran sin piedad.

- Dime, Nessie, ¿al final tu tía Alice te va a hacer la despedida de soltera? – interrogó Eve, haciendo que mi mente saliera súbitamente de sus pensamientos.
- Sí, no pude evitarlo – suspiré -. Si le dijera que no, se llevaría un disgusto tremendo.
- Entonces, vas a tener dos despedidas, porque nosotras también te hemos preparado algo – declaró Rachel con una sonrisita un tanto traviesa.
- Oh, oh… Tiemblo.
- Te va a gustar, ya lo verás – me aseguró Eve -. Ah, y tus amigas también vendrán, ya he hablado con Brenda y lo ha arreglado todo.
- Lo tuyo siempre va por partida doble, ¿eh? – se rió Jemima -. Dos despedidas de soltera, dos lunas de miel…

La pequeña tienda se llenó de risitas pícaras.

- El viaje de septiembre no fue una luna de miel, fue un viaje turístico. La de verdad viene ahora – alegué, sonriendo tímidamente.

Solamente con imaginarlo, ya se me disparaba el labio hacia arriba.

- Yo hablo de la luna de miel de este pasado abril – matizó con tono juguetón -. Al parecer, en toda la semana no abristeis la puerta de casa ni para que entrara el aire, ¿no es así?

Las risas subieron de tono y el color de mi rostro también. Para colmo, estaba Rachel, eso me daba el triple de vergüenza.

- Qué simpática – vocalicé con retintín; ellas se rieron de nuevo.
- Nessie, no te muevas – me volvió a regañar Sarah.
- Perdón.
- ¿Cuándo viene tu familia? – me preguntó mi casi cuñada.
- Pasado mañana. Estarán para mi graduación, aunque yo no podré estar con ellos hasta que se acabe.
- Bueno, esto ya está – anunció Sarah por fin, colocando el último alfiler -. Mañana te lo hilvano todo para que el sábado puedas hacerte la segunda prueba.

Me miré en el espejo y sonreí. Aunque todavía le quedaba mucho y le faltaban muchas cosas, estaba tomando la forma que yo había buscado.

El vestido comenzaba en mi pecho, se sujetaba con el armado que la tupida tela de seda blanca creaba alrededor de mi torso a modo de corsé, y dejaba mis hombros desnudos al no llevar tirantes ni manga alguna. Se ceñía a mi cuerpo hasta las caderas y, a partir de ahí, se dejaba caer en una falda con una ligera caída en “A” que llegaba casi hasta mis pies, los cuales iban a ir descalzos, por supuesto, por lo que ese largo es el que iba a llevar definitivamente, puesto que no hacía falta tomar medidas con unos tacones puestos. Todavía le faltaba, pero la falda iba a ir recubierta de unos vaporosos y anchos volantes de seda; éstos se distribuirían en distintas capas que la rodeaban y que se cruzaban por la parte delantera, quedando entrelazados en zigzag, creando un efecto muy bonito y lucido. La zona superior del vestido iba a ser revestida de unas grandes flores hechas con la misma tela y que iban a bordear todo el torso, enmarcando, además del pecho y los costados, la zona de la espalda. Otras dos flores similares a estas, aunque más pequeñas, adornarían la falda por la parte izquierda delantera de la cadera, distribuyéndose en vertical, una junto a la otra. El corpiño iba a ir cerrado en la espalda por medio de una línea de finos y pequeños botones que ascenderían desde la parte más baja de mi cintura.

Mi sonrisa se amplió cuando terminé de visionar todo esto sobre lo que aún era un boceto de mi vestido.

- Gracias, Sarah. Está quedando precioso – dije.
- De nada. Ten cuidado con los alfileres cuando te lo quites.
- Ah, no te preocupes, no me pinchan.
- Ya, ya lo sé – se rió -. Por eso te lo digo, porque si no tienes cuidado, los alfileres se quedarán hechos trizas y tendré que volver a ponértelo todo otra vez.
- Oh.

Las demás chicas se rieron entre dientes.

No pude evitar mirarme un poco más antes de comenzar a quitármelo. Las mariposas no hacían más que invadir mi estómago cada vez que pensaba en ese día. Eran nervios, pero nervios de emoción y de ansia porque llegara ese 18 de junio por fin. Sarah lo cogió en cuanto terminé, y lo colgó de una percha. Me puse los vaqueros con celeridad y lo mismo hice con la camiseta.

- Bueno, chicas, siento no quedarme más para que sigáis cotilleando a mi costa – bromeé, terminando de atarme las playeras -, pero me voy.
- No importa, lo haremos a tus espaldas – correspondió Rachel.
- Sí, en cuanto salgas por la puerta, te pondremos verde – siguió Jemima.
- Diremos que tienes celulitis donde no la tienes y todas esas cosas que hace la envidia – se rió Eve -. Nada, lo normal.
- Pues tened cuidado. Yo que vosotras, esperaría a que estuviera bien lejos, porque podría oíros – les advertí en broma.
- ¡Uf! Sí, procuraremos – continuó Jemima.

Nos reímos y las dejé por imposible.

Qué fácil y cómodo era no tener que ocultar ni aparentar nada. Con mis amigas de La Push siempre podía ser yo misma del todo, sin tener que andar con pies de plomo para que no descubrieran mi secreto, aunque también tenía a Helen y Brenda.

- El sábado vendrás por aquí, ¿no? – quiso saber Sarah.
- Sí, nos vemos el sábado – asentí, poniéndome la chaqueta.

Las campanillas que colgaban del marco tintinearon cuando abrí la puerta de la tienda para salir.

- Hasta luego – me despedí.
- Hasta luego – dijeron todas a la vez.

Y el tintineo se oyó de nuevo al cerrarse la puerta.

Bajé las escaleras del porche, canturreando, y llegué a mi forito.

Si no fuera porque había venido directamente de casa de Charlie y ya había traído el coche, hubiera ido a casa dando un paseíllo, puesto que la tienda de Sarah estaba también en La Push y no quedaba muy lejos a pie. Jake me había llevado al instituto y me había traído a casa, como todos los días, pero como yo iba a visitar a mi abuelo y luego iba a venir a lo de mi vestido, lo cual me iba a llevar bastante tiempo y él, por supuesto, no podía entrar conmigo e iba a tener que esperarme fuera, yo cogí mi coche y él aprovechó para patrullar otro poco con la manada.

Cuando estaba apunto de subir al vehículo, mi móvil sonó en mi bolso. Éste no era muy grande, pero era incapaz de encontrar el dichoso teléfono; mi mano se afanaba en buscarlo, sin embargo, parecía que se lo hubiese tragado. Por fin, conseguí dar con el pequeño aparato, lo saqué con prisas y descolgué.

- Seth, dime.
- Hola, Nessie. Oye, Jake me ha dicho que vayas en dirección a vuestro tronco. Él te esperará en la entrada de la senda que lleva a la casa de tu familia.
- Ah, vale. Gracias por avisarme.
- De nada.
- ¿Qué tal se ha dado hoy la cosa? ¿Ya has terminado tu jornada?
- Sí, acabo de llegar a casa, no hubo mucho movimiento hoy –suspiró como decepcionado -. Ahora iré a buscar a Brenda, vamos a ir al cine.
- ¿Y qué película tenéis pensado ver? – le pregunté.
- No sé, supongo que Brenda querrá ver una romántica de esas.
- Te iba a decir que después nos contarais si os había gustado, por si Jake y yo vamos otro día, pero esas románticas no son mi estilo, y el de Jake, menos, así que mejor déjalo – reí.
- Qué suerte tiene Jake – se rió él también -. A mí tampoco me emocionan, pero son las que más le gustan a Brenda, así que me sacrificaré un poco e iré, qué remedio – bromeó.
- En fin, pues pasadlo bien.
- Procuraremos – y su risa se escuchó de nuevo -. Bueno, no te entretengo más, que Jake ya se fue hacia allí, así que hasta mañana.
- Sí, hasta mañana.

Y colgamos los dos.

Sonreí. Hacía mucho tiempo que no íbamos a nuestro tronco, desde que mi familia se había marchado y yo me había mudado con él.

Guardé el móvil en el bolso y me subí al coche. Puse el motor en marcha, mi CD en el estéreo e inicié la marcha hacia la propiedad que seguía siendo de mi familia.

La Push seguía siendo un fortín. Razvan y los suyos no habían vuelto a aparecer en todos estos meses, sin embargo, Jacob seguía sin fiarse, así que continuaba poniéndole guardaespaldas a Helen y la manada seguía vigilando toda la zona.

Helen llevaba sin saber nada de Ryam desde esa semana en la que nosotros habíamos ido a Alaska a visitar a mi familia, ni siquiera había podido darle la buena noticia de una posible curación. Según Helen, su mejor amigo le mandaba cortos mensajes de texto desde distintas cabinas de teléfono todas las semanas en los cuales solamente decía que estaba bien, y su móvil estaba fuera de servicio, por lo que ella no tenía cómo ponerse en contacto con él. Que estaba bien era lo único que sabíamos desde hacía dos meses y medio, sin embargo, nadie podía hacer nada, ya que desconocíamos dónde estaba, y él tampoco facilitaba las cosas para que le ayudásemos. Eso era lo que más le fastidiaba a Jake, aunque respetaba su decisión, por muy estúpida que le pareciera.

Por supuesto, Helen también se enteró de mi celo. Otra más que añadir a mi lista de gente con la cual pasar vergüenza. Al parecer, y según Brenda, uno de los días de esa semana, cuando terminaron de atender a la plantación, Helen se había empeñado en hacerme una visita aprovechando que ya estaban allí. Tanto insistió, que a Brenda no le quedó más remedio que soltarle la verdad. Ahora también tenía que soportar sus bromitas.

La plantación iba viento en popa, aunque había algunas plantitas que no habían superado el mes de vida y se habían muerto. Sin embargo, seguíamos teniendo una gran cantidad que sí estaban creciendo y desarrollándose correctamente, así que las tres estábamos muy ilusionadas, sobretodo Helen, que veía cómo las perspectivas de una posible curación aumentaban.

No tardé mucho en llegar al desvío que llevaba a mi antigua casa. En cuanto lo tomé, ya vi a mi chico; estaba apoyado en el tronco de un árbol, esperándome, y solamente llevaba unos pantalones cortos de color verde oscuro, ya que había venido directamente de patrullar. Su maravillosa sonrisa se dibujó en su rostro nada más verme y la mía le correspondió automáticamente.

Detuve mi forito a su lado y Jacob se subió con presteza.

- Hola, preciosa – me saludó, cerrando la puerta e inclinándose hacia mí para besarme.

Me quité el cinturón para poder acercarme mejor a él.

- Hola – le sonreí, arrimándome.

Nuestros rostros se unieron y nos besamos durante un rato.

Una vez que conseguimos despegarnos, nos sonreímos, volvimos a sentarnos bien, nos abrochamos los cinturones e inicié la marcha de nuevo.

Mientras Jake me contaba efusivamente cada uno de los enfrentamientos que habían tenido hoy con los pocos nómadas que habían osado a entrar en los bosques de La Push, llegamos a lo que antes había sido mi casa.

Aparqué justo donde Jake solía hacerlo y nos bajamos del coche para seguir a pie.

No pude evitar echar un vistazo a esa casa en la que había pasado mi infancia junto con el resto de mi familia y sentí un poco de añoranza. Ahora se veía apagada, vacía, incluso la vegetación de alrededor parecía abandonarse al verse sin la compañía de esos extravagantes seres a los que yo tanto quería.

- Pasado mañana todo este lugar volverá a la vida – afirmó Jake de pronto con una sonrisa, haciendo que regresara al planeta Tierra.

Como siempre, parecía que me leía el pensamiento. Sólo tenía que mirarme para saber lo que estaba pasando por mi mente.

- Sí, lo sé – sonreí, entrelazando mis dedos con los suyos -. Seguro que la tía Alice se encarga de eso.
- Ya me la estoy imaginando – y su sonrisa se amplió para transformarse en una un tanto burlona -. Seguro que cuando entremos, ya no se parece nada a la casa del año pasado.
- Seguro – me reí.
- Bueno, qué, ¿vamos a nuestro tronco?
- Sí. Te echo una carrera – le reté.
- ¡Vale!

Y me soltó la mano para comenzar a correr a toda velocidad sin esperarme.

- ¡Eh! ¡Eso es trampa! – chillé, empezando a perseguirle.

Jacob se carcajeó mientras ya se metía por el bosque, sorteando los árboles fácilmente. Apreté el paso y logré posicionarme por detrás de él, aunque no fui capaz de adelantarle.

- ¡Vamos, nena! ¿Eso es lo único que puedes hacer? – se burló entre risas, echando una ojeada hacia atrás para mirarme.
- ¡Te vas a enterar! – amenacé, frunciendo el ceño de la rabia.

Mi chico se carcajeó aún más ante mi reacción.

Metí la quinta y mis piernas comenzaron a moverse vertiginosamente, avanzando con grandes zancadas. Sin saber cómo, logré ponerme a su altura.

- ¡Pareces una avestruz! – se mofó.
- ¡Sí, sí, pero te estoy ganando! – me reí con malicia al ver que ya le sacaba un cuerpo.

Aunque ya sabía que lo más probable es que él se estuviese dejando ganar para luego arrebatarme el título en el último momento.

Se volvió a reír y, como ya me imaginaba, se quedó detrás de mí.

Sin embargo, esta vez no me iba a dejar engañar. Mi labio se curvo hacia arriba con un poco de travesura cuando mi cerebro empezó a fraguar un plan. Seguí corriendo a toda mecha y me dirigí hacia el río, que ya estaba cerca.

- ¿Por qué vas por aquí? – preguntó con suspicacia.

No se le escapaba nada.

- ¡Para alargar un poco la carrera! – me inventé -. ¡Me está gustando demasiado esto de ganarte!
- Ja, ja – articuló con ironía, riéndose -. ¡No cantes victoria tan pronto, nena, sabes que te voy a ganar!
- ¡Ya lo veremos!

Divisé el río enfrente de mí y seguí galopando hacia allí. Ver esa corriente a través de los árboles me recordó a la primera vez que vi a Jacob desnudo y me hizo bajar la guardia durante un segundo, aunque enseguida me recompuse y él no llegó a alcanzarme.

Salí de entre los últimos pinos que escondían el río y continué mi rauda marcha junto a su cauce. Nuestro tronco no quedaba lejos, sólo faltaban unos metros. Fue entonces cuando llevé a cabo mi plan.

Jacob ya estaba pisándome los talones con una enorme sonrisa de satisfacción en la cara, ya estaba saboreando lo que creía que iba a ser su triunfo. Pero nada más lejos de la realidad. Vi lo que buscaba ver y me lancé hacia allí.

Con un amplio y alto salto, comencé a sobrevolar el agua, haciendo como que lo iba a cruzar, y el ingenuo de mi novio hizo lo mismo, sólo que él no saltó, se metió en el río directamente, sabiendo que así llegaría antes que yo a la otra orilla. Lo que no sabía él es que yo no pretendía llegar allí.

Mis piernas aterrizaron en la roca que había en el medio de la corriente mientras él ya estaba pasando de largo a toda velocidad, tratando de alcanzar el otro lado. Volví a saltar, pero esta vez en dirección contraria, regresando a la orilla desde la que había partido. Mi chico giró la mitad del cuerpo al percatarse, sorprendido, y tropezó, cayéndose en el agua. Me carcajeé y seguí corriendo.

Cuando Jake salió del río y se puso a perseguirme, llegué al tronco con un amplio margen de ventaja.

- ¡Gané! – grité, alzando los brazos como signo de victoria.
- No vale, has hecho trampa – se quejó él con una sonrisa al llegar a mi lado.
- Vaya mojadura – me burlé, riéndome.
- Sí, claro, muy graciosa – contestó con retintín -. Anda, ven aquí – y extendió su brazo para cogerme de la mano y arrimarme a él.
- Me vas a mojar – me quejé con una risilla.
- Esto ha sido culpa tuya, ahora atente a las consecuencias – declaró, sonriente, apretándome contra él.

Rodeé su cuello con mis brazos y le di un beso corto. El agua de su pelo aún goteaba, haciendo que algunas gotitas se deslizasen por la preciosa piel cobriza de su rostro.

- Pobrecito – murmuré, llevando los dedos de mi mano derecha a su cabello mojado -, la verdad es que he sido muy mala, por mi culpa te has empapado.
- No importa, el juego es así – sonrió -. Además, tengo que reconocer que lo has hecho muy bien, me has engañado completamente.
- Tendrás que darme un premio – sugerí con una enorme sonrisa.

La suya también se amplió, y ésta era pícara.

- Te lo daré en casa – aseguró.
- Eso espero – cuchicheé, dándole otro beso corto.

Se rió con satisfacción y me tomó de la mano para conducirme al tronco. Pasó su pierna por encima para sentarse, dio unos golpecitos sobre la madera con una enorme sonrisa y yo hice lo propio, quedándome frente a él. Mis brazos rodearon su cuello y me arrimé bien a él.

- Dime, ¿qué tal va tu vestido? – me preguntó, bordeándome a mí también con sus fuertes brazos.
- Sujeto con alfileres – exhalé.
- Tranquila, ya verás cómo le da tiempo. La tienda de Sarah es la única de La Push que hace arreglos de ropa y confecciona, por eso tiene tanto curro, pero lo tendrás listo antes de la boda, seguro. Sarah es muy buena en su trabajo – me aseguró con una sonrisa.
- Lo sé, lo sé, todos me decís lo mismo. Pero es que estoy tan nerviosa – admití, pegando mi frente a la suya para acariciársela -. Tengo tantas ganas de que llegue ese día y de que todo salga bien.
- Todo saldrá perfecto, no te preocupes – afirmó, dándome un beso corto -. Tú estarás preciosa, lo estarías hasta con una sábana.
- Qué exagerado – sonreí, y le devolví el beso -. Bueno, espero que mi vestido no quede como una sábana – reí.
- Ya verás cómo no – aseguró, acompasando a mi risa -. Sarah se pondrá las pilas esta semana, lo terminará a tiempo y quedará perfecto.
- ¿Te das cuenta? Sólo queda una semana – murmuré, volviendo a frotar nuestras frentes -. Dentro de una semana por fin seré la señora Black.
- Señora Black suena a mayor – y su boca dejó escapar una risilla sorda.
- Sí, es verdad – reí yo también -, pero así es como me llamarán a partir de ese día, ¿no? Tú y yo seremos marido y mujer, y mi estado civil ya no me permitirá ser señorita; dentro de una semana seré la joven señora Black – sonreí en sus labios.
- Bueno, la joven señora Black suena mejor, eso me gusta – declaró curvando su labio hacia arriba.
- A mí me encanta – susurré.
- Pues a mí ni te imaginas, preciosa – murmuró.

Y dejamos que nuestros labios saciaran sus ansias de encontrarse. Mis mariposas ya no podían aletear más rápido, estaban tan desbocadas, que se escaparon de mi estómago e invadieron todo mi organismo. Jacob me apretó contra su cuerpo y mi mano se entremetió por su cabello. Mientras nuestras bocas se mezclaban con efusividad, la energía hizo su acto de presencia, invadiéndolo todo, hasta tal punto, que ya no se oía ni se sentía nada más.

No llevé la cuenta de cuánto tiempo estuvimos besándonos, pero podíamos estar así horas sin darnos cuenta, sin reparar para nada en ello, y lo cierto es que eso no nos importaba ni lo más mínimo, sentirnos el uno al otro era más importante.

Pero, entonces, mi pulsera vibró.

No me hubiera despegado de Jacob a no ser porque lo hizo fuerte, como un móvil, y eso me puso en alerta.

- ¿Qué pasa? – preguntó, un poco sorprendido por mi reacción.
- Mi pulsera ha vibrado – revelé, bajando mis brazos de sus hombros para mirarla extrañada.
- ¿Que ha vibrado?

De pronto, se escuchó el crujido de una rama y los dos volvimos los rostros hacia ese lado.

- ¿Qué ha sido eso? – inquirí, asustada.

El viento estaba en contra, y no llegaba a nosotros ninguna pista olorosa.

- No te despegues de mí, voy a mirar – dijo, serio, levantándose.

Me puse de pie y me agarré a su mano para dejar el tronco a su lado. Jacob aferró mis dedos con fuerza, me pegó bien a él y caminó por delante de mí, usando su propio cuerpo como escudo.

Otro chasquido se oyó a unos metros de nosotros, detrás de unos altos arbustos, y me sobresalté. No sé por qué, pero la vibración de mi pulsera y ese ambiente que se había tornado enrarecido no me gustó nada. Había algo malo ahí detrás, y mi intuición me decía que muy malo.

- Jake, ten cuidado – le rogué con la respiración entrecortada.

Mi chico caminaba con mucha cautela, apenas se notaban sus pisadas sobre la hierba. Se agazapó, con el cuerpo lleno de temblores por si se tenía que transformar, y levantó el brazo para apartar la vegetación que escondía a quien fuera que estuviera ahí.

Me afané en controlar mi respiración, aunque si era un vampiro, ya tenía que haberla escuchado de sobra, sin embargo, me resultaba difícil. Jacob estaba delante, y sólo pensar en algo o alguien que le pudiese hacer daño me aterrorizaba. Sabía que era el poderoso Gran Lobo, pero a mí eso me daba igual, para mí era inevitable sentir esto.

Apreté sus dedos y su otra mano comenzó a abrirse paso por la vegetación.

Un ciervo saltó de pronto, asustado, y yo también pegué un pequeño bote. Mientras mis petrificados ojos veían cómo el animal huía despavorido, Jacob explotó en un ataque de risa.

- No te rías, no tiene gracia – le regañé, pegándole un manotazo en el bíceps.
- Es que vaya susto que me has dado – se carcajeó él -. Menos mal que no hay cámaras ocultas por aquí, porque menudo ridículo hubiéramos hecho. Todo este circo por un ciervo.

No pude evitar contagiarme por sus risas y las mías terminaron saliendo también para acompañarlas. La verdad es que, imaginando la escena, tenía su gracia.

Aunque mi risa se cortó enseguida, había una cosa que…

- ¿Y por qué vibró mi pulsera? – expuse.

La risa de Jacob se apagó cuando lo recordó y se quedó en silencio. No tenía respuesta para eso.

- Tenía que haber alguien ahí, estoy segura – manifesté, mordiéndome el labio con preocupación.
- Si había alguien, tendría que ser un vampiro, porque el ciervo ni se inmutó, debió de ser alguien capaz de no hacer ni un solo ruido. Y nosotros tampoco escuchamos nada – declaró, poniendo los brazos en jarra mientras miraba a ambos lados.
- Nosotros estábamos a otras cosas – apuntillé con una media sonrisa.

Jake dirigió su vista hacia mí y me la correspondió, aunque siguió con lo que estaba hablando.

- Sin embargo, no huele a vampiro por aquí, ¿no te has fijado?
- Sí, es verdad – asentí -. Y tampoco huele a nada que no sea propio de un bosque.

La boca de mi chico se frunció durante un instante.

- No me fío. Voy a transformarme para olisquear un poco por los alrededores – dijo finalmente, ya bajándose los pantalones -. Tú súbete a mi lomo.
- Vale.

Se ató esa vestimenta a la cinta de cuero cutre que yo le había regalado y que no se quitaba ni muerto, y mi novio se transformó en mi impresionante lobo rojizo en un santiamén.

Se echó en el suelo para que yo pudiera subirme. Ahora era más grande, así que tuve que coger más carrerilla y pegué un alto salto. Me caí sentada sobre su lomo y me agarré bien, a la vez que Jacob emitía esos gañidos sordos de su risa.

Se levantó y comenzó a caminar despacio para rastrear el terreno con su prodigiosa nariz lobuna. Sus poderosas patas hicieron un recorrido en redondo, bordeando toda la zona que rodeaba a nuestro tronco, olisqueando cada palmo con detalle.

Cuando terminó todo ese proceso, se detuvo y se echó en el suelo para que me apease. Lo hice y Jacob volvió a adoptar su forma humana.

- Nada – manifestó mientras se agachaba y desataba la cinta -. No hay ningún rastro extraño en toda la zona.

Sacó los pantalones y se los puso.

- Es raro, porque mi pulsera vibró… - dudé, mordiéndome el pulgar.
- Pero ya has visto que no hay nada, preciosa – afirmó, acercándose a mí de frente para cogerme de la cintura -. Te aseguro que no he encontrado ni el más mínimo matiz de chupasangres u otra cosa por aquí – se quedó observándome y sus ojos se tiñeron de preocupación al ver mi rostro enfrascado -. ¿Quieres que vuelva a rastrear la zona para que te quedes más tranquila?

Mi rostro se alzó para mirarle. Por mi culpa, ahora estaba preocupándole a él, y lo más seguro es que fuese una falsa alarma o que la pulsera vibrara por otra cosa.

- No, cielo – contesté, acariciando su mejilla -. Tienes razón, seguro que no fue nada.
- ¿Seguro? Porque no me cuesta nada darme otra vuelta por aquí.
- Sí, seguro – le sonreí -. Además, te recuerdo que todavía tienes que darme mi premio por ganarte antes, así que prefiero irme a casa.

Su rostro me enseñó su maravillosa y blanca sonrisa.

- Venga, pues vamos – y me cogió de la mano para empezar a caminar.
- ¿Qué piensas ofrecerme? – bromeé con voz insinuante.
- Todo lo que tú quieras, nena – aseguró en un tono vacilón con esa sonrisa torcida suya -. Es tu premio, ¿no? Tú eliges.
- ¿Es que esto va a la carta? – me reí.
- Sólo para ti – afirmó, soltando mi mano para pasarme el brazo por encima de los hombros.
- Qué bien, Jacob Black a mi entera disposición.

Y seguimos nuestro camino por el bosque, acordando las peticiones de mi premio, hasta que llegamos a mi forito.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Mayo 24, 2011 4:46 am

ow, me encantoooo♥
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daniela_1505
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Mayo 24, 2011 3:46 pm

pues si ya vez que me fui pa el otro foro que no aguantaba las ansios jeje xD
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JACOB&NESSIE
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Mayo 24, 2011 6:55 pm

¡HOLA, GUAPISIMAS! sunny sunny sunny sunny sunny

Me alegro de que os haya gustado Razz

Jacob♥, me alegro de verte por aqui de nuevo!!!! I love you I love you I love you I love you I love you I love you I love you I love you

daniela_1505, menuda sorpresa verte por el otro foro XDD

Aqui dejo otro capi, espero que os guste a todas!! alien

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SORPRESAS

Los birretes amarillos volaron por los aires cuando todos los alumnos que nos acabábamos de graduar los lanzamos con entusiasmo entre voces y risas alegres. ¡Por fin nos habíamos graduado!

Lo primero que hice antes de despedirme de mis compañeros fue mirar al fondo del gimnasio. Jake me sonreía con una mezcla de orgullo y atontamiento, y no pude evitar quedarme embobada yo también y corresponderle la sonrisa. Hasta que una de mis compañeras de clase interrumpió mi viaje astral para felicitarme y despedirse.

Después de mantener una corta conversación con ella en la que solamente cruzamos un par de palabras por cortesía, mis ojos se desviaron hacia mi familia. Se encontraban junto a Jake, Charlie, Sue, Billy y Seth – que también había venido para ver a Brenda –, y, como me había pasado cuando los vi durante la ceremonia, me salió una risilla.

No sé lo que parecían, la verdad. Alice y Rose llevaban un pañuelo en la cabeza y unas enormes gafas de sol que, en el caso de la primera, cubría su menudo rostro casi por completo, parecían unas de esas actrices de Hollywood de los años 60. Mi madre y Esme habían optado por unas pelucas, se notaba que de pelo natural, y otras grandes gafas. Se me hacía extrañísimo ver a mi madre de rubio dorado y a mi abuela de negro azabache, y encima, las pelucas llegaban por los hombros; la de mamá era algo rizosa, pero la de Esme era lisa y con flequillo, parecía la protagonista de Pulp Fiction. Mi sonrisa se amplió al imaginarme que Jake seguro que había pensado lo mismo. Pero ellas no eran las únicas que iban raras.

Emmett llevaba una sudadera gris con una capucha que le tapaba la cabeza, la cual ya llevaba una gorra negra, y su cara también estaba oculta tras unas gafas de sol. Parecía un rapero de esos que salen en los vídeos de los programas musicales de la televisión. Jasper, Carlisle y mi padre sólo se habían limitado a cubrirse la cabeza con una gorra y los tres también llevaban gafas.

En definitiva, a mi modo de ver casi llamaban más la atención, que si no se disfrazaran de esa forma, pero, claro, tenían que hacerlo así, puesto que en Forks podían identificarles. Siempre era mucho mejor que la gente pensara que solamente se trataba de un grupo de gente rara, que no de aquellos famosos Cullen que no habían cambiado nada en siete años.

Mi familia al completo me sonrió al unísono, me imaginé que también con orgullo, aunque con esas gafas no se les veía los ojos y no podría asegurarlo. Les sonreí y les saludé con la mano.

Me di la vuelta y me topé de frente con Matt Hoffman y con su grupito de amigotes.

- Felicidades, por la graduación, digo – matizó con chulería -, porque ya he oído que vas a casarte con ese indio – le costó soltar los dos vocablos -, pero no sé si es cierto.

La panda de idiotas que le seguían le rieron la frase despectiva.

Me chirriaron los dientes. Ahora mismo me apetecía sacar todo este lado de vampiro que tenía escondido para lanzarme a su yugular sin tapujo alguno, aunque no para beberme su tóxica sangre, precisamente.

- Sí, me caso el próximo sábado – le confirmé, mirándole con un aire de desprecio que bien se lo podría adjudicar Jacob.

A veces, me salían gestos suyos, no podía evitarlo.

Por el rabillo del ojo vi a mi chico. Se había despegado de la pared y miraba con mucha atención a Matt, que se percató de esto enseguida.

- Bueno, me tengo que ir – alegó, serio.
- Mejor – contesté sin cortarme un pelo.

Y se marchó junto a sus monigotes.

Jacob se volvió a apoyar en la pared, completamente relajado, y yo seguí mi camino hacia mis amigas. Pero me encontré de frente con algunas de mis compañeras de clase.

- Felicidades – me dijo una de ellas.
- Gracias. Felicidades a vosotras también – les sonreí.

Iba iniciar la marcha de nuevo cuando la misma me cogió del brazo para detenerme.

- Oye, Nessie, ¿es cierto eso de que te vas a casar la próxima semana? – me preguntó, un tanto sorprendida.
- Sí, el próximo sábado – le confirmé.
- ¿Lo veis? Ya os lo dije – protestó otra de ellas, como si ya hubieran estado hablando de esto, que seguro.

Desde que había dejado que Brenda se lo contase a una de sus compañeras de pupitre, ya lo sabía todo el instituto.

- Guau, qué fuerte – siguió otra.
- Pero ya vivías con él, ¿no? – quiso saber la primera, observando a mi chico, que seguía apoyado en la pared del fondo con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón corto.
- Sí, desde septiembre.
- ¿Y no te parece un poco pronto para casarte con él? – pestañeó la segunda.

Panda de cotillas…

- Bueno, es mi mejor amigo desde que yo era una niña, así que nos conocemos bien, no es algo que hayamos decidido con precipitación – alegué, intentando mantener la sonrisa por educación.
- Ya, pero tienes dieciocho años, ¿no te parece que es un poco pronto? ¿Es que no quieres ir a la universidad? – opinó la tercera.

¿Por qué le daba a todo el mundo por pensar que una chica casada no puede ir a la universidad?

- Dejadlo ya, ¿queréis? – intervino Helen, haciendo aspavientos con los brazos para abrirse paso y colocarse a mi lado -. Se van a casar porque están enamorados y punto.
- Bueno, mujer, solamente estábamos preguntando, nada más – se defendió la primera que había hablado.
- Pues ya os ha respondido – y me sujetó por los hombros para sacarme de allí.

Pude escuchar perfectamente como esas tres arpías cotillas criticaban a Helen por su interrupción.

- Gracias – cuchicheé.
- De nada, ha sido un placer – se rió ella -. No sabes lo mal que me caen esas cotillas.

Nos reímos y nos acercamos a Brenda y las gemelas.

- Nos encantaría quedarnos más, pero nosotras tenemos que irnos – anunció Jennifer.
- Sí, nos están esperando – continuó Alison.

Todas giramos los rostros para mirar a los padres de las gemelas, que estaban a unos metros de nosotras. Fue entonces cuando observé que la gente de alrededor ya había comenzado a saludar a sus familiares y el ambiente se había llenado de más felicitaciones. Mis ojos se fueron automáticamente hacia Jacob. Su maravillosa sonrisa se desplegó al instante y la mía le imitó irremediablemente.

- Nosotras también tenemos que irnos – dije, refiriéndome a mí y a Helen -. Jake y mi fa… - cerré la boca cuando me di cuenta de que las gemelas no sabían que mi familia estaba aquí. Si se enteraban, querrían conocerla, y ellas no podían hacerlo, puesto que no sabían nada de la existencia de vampiros ni metamorfos, ni debían de conocerla -. Jake nos está esperando - rectifiqué a tiempo.

Brenda, Helen y yo ya habíamos quedado en que conocerían hoy a mi familia, aunque la segunda también iba a venir a comer para que no lo hiciera sola, por eso Jacob y yo los habíamos invitado a todos a nuestra casa – de paso, estrenábamos el nuevo tratado –, si bien Brenda y Seth vendrían más tarde, ya que ellos iban a comer con la familia de ella, que habían aceptado muy bien a ese encantador quileute. Sin embargo, esto no lo podíamos decir delante de las gemelas, muy a nuestro pesar, porque entonces ellas se sentirían desplazadas o querrían apuntarse, y no podía ser.

- Os acompaño hasta allí – dijo Brenda -, voy a por Seth.
- Vale.
- Bueno, ya nos llamamos y quedamos para tomar algo otro día – declaró Alison, caminando junto a su hermana para llegar a sus padres.
- Sí, hasta luego – me despedí con una sonrisa.
- Hasta luego – correspondió Jennifer, gesticulando con la mano.

Y nos giramos para encaminarnos hacia Jake y mi familia, que continuaban al fondo del gimnasio.

La sonrisa de mi chico no era la única que destellaba, la de Seth también, al ver a Brenda, aunque no le presté demasiada atención.

En cuanto tuve a Jacob lo suficientemente cerca, me abalancé hacia él para abrazarle, a pesar de que la toga amarilla de poliéster no me dejaba moverme con la agilidad habitual. Él apretó su abrazo y me elevó por el aire para dar un par de vueltas mientras los dos nos reíamos, con las sonrisas de mi familia como testigos. Antes de que mis pies tocasen el suelo, nuestros labios ya se encontraron con efusividad. No hubiéramos parado a no ser por la serie de carraspeos de nuestro alrededor.

Soltó mi boca y llevó sus manos a mi pelo, para metérmelo detrás de las orejas.

- Felicidades, preciosa. Estoy muy orgulloso de ti, lo sabes, ¿no? – murmuró.
- Sí, lo sé. Gracias – y le abracé con fuerza.
- No eres el único – irrumpió mi padre.

Me despegué de Jake y me dirigí a él.

- Hola, papá – le sonreí, dándole un cariñoso beso y abrazándole.
- Hola, princesa. Felicidades.

Me fijé en Brenda y en Helen, ambas pestañeaban sin poder creérselo. Aunque mi padre llevaba esa gorra y esas gafas de sol, podía apreciarse lo joven que era. Y yo podía adivinar perfectamente qué era lo que pasaba por la cabeza de mis amigas: el padre de Nessie es un chaval de diecisiete años y su hija parece mayor que él. Bueno, puede que no supieran que tenía diecisiete primaveras, porque aparentaba un par de ellas más, pero aún así, yo seguía pareciendo mayor que él.

Charlie tenía un rostro enfrascado, parecía estar diciéndose a sí mismo aquella frase que yo me decía tanto el año pasado cuando intenté estúpidamente alejarme de Jake: no pensar, no pensar.

Me separé de mi padre y me acerqué a mi madre y al resto de mi familia para hacer lo mismo.

Mis amigas no daban crédito a lo que estaban viendo y escuchando, ya que Seth les iba explicando en voz baja quién era quién. Y eso que iban disfrazados y no se les veía bien sus rostros impolutos de juventud y perfectos.

Preferí dejar las presentaciones oficiales para cuando llegásemos a casa, ya que las gemelas seguían allí con sus padres.

- Menuda toga, ¿eh? – se burló Em.
- Pues tú vaya un disfraz que te has puesto – me reí.
- Es mejor que esa túnica amarilla chillón – defendió él.
- Estás muy guapa, no le hagas caso – me apoyó Rosalie, dándome un beso en la mejilla.
- ¿Qué llevas debajo? – preguntó la tía Alice, alzando la toga para comprobarlo ella -. Ah, que vestido tan bonito – alabó con una sonrisa mientras bajaba un poco sus gafas de sol para ver mejor.
- ¿A ver? – siguió mamá, poniéndose a su lado y haciendo lo mismo con sus gafas.
- Ese vestido es el que le regalé yo por su cumpleaños – sonrió Esme, se notaba que complacida.
- Sí, es que me gustó mucho, la verdad – confesé tímidamente.
- Estás maravillosa, como siempre – declaró Charlie.
- Gracias, abuelo.

Por los ojos de mi abuelo humano salían chiribitas, de lo emocionado que estaba, y yo sabía que esto no se debía únicamente a mi graduación, sino a que ésta también simbolizaba que ya era toda una mujer, para él, claro, porque ya hacía tiempo que lo era. Me abrazó con fuerza y me dio un beso en la frente. Sue también me dio un cariñoso abrazo, acompañado por otro beso.

- Los hombres de la familia Black siempre hemos tenido muy buen gusto con las mujeres, tanto en belleza como en inteligencia – presumió Billy -, aunque tengo que reconocer que Jacob se lleva la palma – y su rostro cobrizo se iluminó con una sonrisa orgullosa que su hijo correspondió.
- Gracias, Billy, vas a hacer que me ponga colorada – admití, si bien ya notaba que lo estaba.

Me acuclillé para que él también pudiese abrazarme y besarme, y lo hizo efusivamente y con los ojos también emocionados, aunque su razón era bien distinta a la de mi abuelo. Mi graduación indicaba lo cerca que estaba mi boda con Jacob, y eso le llenaba de satisfacción y orgullo.

Acto seguido me acerqué a Brenda y a Seth. Mientras mantenía una conversación con ellos para acordar la hora de su visita, mi pulsera volvió a vibrar, pero esta vez lo hizo más fuerte, con extremada insistencia, y me asustó un poco.

Observé a mi alrededor y enseguida me relajé, pues di con la razón. Papá también se había puesto tenso, pero al ver en mi mente, se calmó. Podía escuchar hasta el chirrido de las muelas de Matt cuando nos miraba a Jacob y a mí, en cambio, su séquito de admiradoras lloraba ante la inminente separación de su ídolo, aunque alguna hubo que sonrió con un poco de malicia al mirarme a mí, ya debían de estar enteradas de la noticia de mi boda.

No le di más importancia al aviso de mi pulsera, ya se calmaría cuando nos marcháramos de allí y dejásemos a Matt y sus absurdos celos atrás. Lo que me faltaba era perder más de un segundo de mi tiempo en pensar en ese idiota.

Después de despedirnos, Brenda y Seth se marcharon por su lado y Helen, Charlie, Billy, Jacob, mi familia y yo por el nuestro.

Billy y Sue fueron en el coche patrulla de Charlie, Jacob, Helen y yo en el Golf, y la parte vampírica de mi familia insistió en ir a pie, así que nos marchamos del instituto y pusimos rumbo a nuestra casa.

Efectivamente, nada más que salimos de allí, mi aro de cuero rojizo dejó de vibrar.

Ya en los alrededores olía a comida, pero cuando el coche llegó a nuestra preciosa casita roja, mis ojos se abrieron como platos. Gran parte de la manada estaba en el jardín junto a sus parejas, los que la tenían, claro, y habían preparado una mesa enorme llena de comida frente a la vivienda.

En realidad, la larga mesa era una sucesión de ellas, probablemente las habían traído de sus casas para juntarlas, al igual que los manteles y las sillas. Muy cerca de la misma se encontraban varias barbacoas, dada la cantidad de carne que había que cocinar, de las cuales se estaban encargando Quil, Paul y Embry, que parecían ofuscados entre ellos por cómo querían de hecha la carne.

Mi familia ya había llegado, probablemente hacía un buen cacho, y ya no llevaban esas indumentarias tan extravagantes, aquí no les hacía falta ocultarse.

- Guau – exclamó Helen en voz baja, observando todo el barullo.
- ¿Qué es esto? – reí mientras Jake aparcaba el coche en el garaje y Charlie lo hacía detrás, afuera.
- Es una sorpresa que te hemos preparado – me desveló él con una sonrisa de oreja a oreja, apagando el motor.
- ¿Ha sido idea tuya? – pregunté con otra sonrisa igual.
- Ha sido idea de todos – respondió.

Pero yo sabía que la voz cantante la había llevado él.

Me desabroché el cinturón y me lancé a sus brazos para abrazarle y darle un beso corto y efusivo en los labios. Se lo di corto, ya que Helen estaba en el coche y no quería incomodarla.

Jake se rió con satisfacción y los tres salimos del vehículo.

- ¡Sorpresa! – gritaron todos a la vez cuando salimos del garaje, hasta mi familia, que ya debía de estar al corriente de todo desde el principio.

Mi cuerpo se vio invadido por un montón de abrazos y besos que me felicitaban cariñosamente.

- Felicidades – me dijo Emily.
- Felicidades, guapa – siguió Shubael.
- Hasta con esta toga pareces una flor – me aduló Isaac.
- Menudo pelota – le reprochó el primero, riéndose -. No se puede ser más cursi.
- Es la verdad – se defendió él, apartándose de mí para dejar paso al siguiente.
- Venga, iros a discutir a otro lado – les regañó Leah, empujándoles, entonces, se giró hacia mí con una sonrisa -. Felicidades.
- Yo también te felicito – continuó Simon, el novio de Leah.
- Sí, felicidades – intervino Rachel.
- Gracias, gracias – iba diciendo yo.

También pasaron por mis brazos Jared, Kim, Paul, Quil, la pequeña Claire, Embry, Brady, Ruth, Aaron, Eve, Canaan, Sarah, Daniel, Martha, Jeremiah y Jemima. Sam y el resto de los chicos no estaban, pues tenían que patrullar.

Cuando terminaron todos, por fin me vi liberada y pude recomponerme.

Mis amigos quileute se dispersaron para seguir en esas diferentes tareas que ellos mismos se habían puesto y me quedé a solas con mi amiga y Jake.

- Ven, te voy a presentar – le dije a Helen.

A Charlie, Sue y Billy ya los conocía, así que dejé que se fueran con el resto de los chicos, que ayudaron a mi abuelo a empujar la silla por ese terreno lleno de hierba.

Le cogí de la mano y, junto a Jacob, nos acercamos a mi familia, que también caminaron hacia nosotros y se pusieron a nuestro lado.

- Os quiero presentar a mi amiga Helen – les indiqué. Luego, me giré hacia ésta -. Bueno, como Seth ya te ha explicado quién es cada uno, me saltaré esa parte.
- Hola, Helen, soy Bella – sonrió mamá, asintiendo con la cabeza a modo de saludo.
- Y yo soy Edward – siguió mi padre, también mostrando esa sonrisa perfecta.
- Hola – correspondió mi amiga, un poco cortada e impresionada.
- Así que tú eres la famosa gigantona – bromeó Em, como si él fuese pequeño.
- Este es el gracioso de Emmett – le indiqué.
- Yo soy Alice – señaló ella con una sonrisa y un saltito alegre.
- Jasper – se presentó mi tío, asintiendo con un aire más serio y sotisficado.
- Yo me llamo Rosalie – habló la misma con un gesto similar al de Jasper.
- Alias la Barbie – añadió Jake con una sonrisita burlona.

Mi tía le dedicó una mirada asesina.

- Hola, cielo, yo soy Esme, la esposa de Carlisle – y las mejillas de mi abuela se alzaron, dejando debajo esos hoyuelos tan tiernos.
- En fin, a mí ya me conoces, así que hola – saludó Carlisle.
- Hola – sonrió mi amiga, saludando con la mano.
- Teníamos muchas ganas de conocerte, Renesmee nos ha hablado tanto de ti – rió mi madre.
- Sí, ya lo veo – se percató ella -. La verdad es que yo también tenía muchas ganas de conoceros, sobretodo para agradeceros todo lo que estáis haciendo por Ryam y por mí.
- No hay nada que agradecer – manifestó Alice -. Los amigos de Nessie son nuestros amigos.

Helen no fue la única que sonrió, yo me uní a ella.

- Bueno, ¿qué tal habéis llegado? – les pregunté.
- Muy bien, como ves – respondió mamá.
- El nuevo tratado está genial – declaró Emmett con una gran sonrisa -. Me encanta estar aquí – y le dio un pequeño puñetazo a Jake en el brazo como gesto cómplice.

Jake sonrió.

- No sé cómo te gusta tanto – criticó Rose con una mueca fingida de asco -, el olor a chucho es insoportable. Esto parece una perrera.
- Pues para no gustarte nada el olor, bien que te arrimas a mí, rubia – rebatió Jake -. Otra vez te has puesto a mi lado – y mostró una de esas sonrisitas insolentes.
- Ha sido una coincidencia – alegó ella, ladeando su cara con otro mohín de falsa soberbia.
- Ya, ya – dudó él -. Anda, reconócelo de una vez, me adoras, lo sé.

Rose le siseó y se cambió de sitio.

- Si no os importa, voy a echarle un vistazo a esas plantas – anunció Carlisle, señalando el pequeño invernadero con el dedo.
- Están muy bien, ya verás – afirmé, acompañándole.

Helen vino junto a mí.

- Yo también quiero verlas – se apuntó Alice.
- Y yo – continuó mamá.

Los demás también empezaron a seguirnos.

- ¡Qué bien, una plantación! – exclamó Em, mofándose -. ¡Qué divertido!
- Bah, tú ven conmigo – le dijo Jake, pasándole la mano por la espalda para conducirlo hacia el grupo quileute.

Emmett le acompañó encantado de la vida.

Helen y yo entramos con los demás en el pequeño invernadero y les explicamos todos los pasos que seguíamos para su cuidado. Carlisle nos dio su aprobado, más bien, notable alto, y dejamos la plantación, satisfechas.

- No puedes dejarme sin ver vuestra casa – declaró Alice, agarrándose de mi brazo para arrastrarme a la susodicha.
- Claro – acepté de buen grado, sujetándome, además, del brazo de mi madre, que rebosaba felicidad por encontrarse en su añorada La Push, aunque solamente fuera en este pequeño perímetro, y por poder ver nuestro hogar.

Al igual que antes, los demás fueron detrás de nosotras.

Les enseñé toda la casa y les gustó mucho. A Alice le encantó cómo había quedado el saloncito, sobretodo, y como no, la zona de la chimenea, con los dos butacones que ella nos había regalado, y la zona del sofá con ese enorme cuadro que nos había conseguido en aquella subasta.

Cuando salimos de nuestra casita, ya nos estaban esperando todos sentados a la mesa. Mi familia no iba a probar bocado, por supuesto, pero los quileute les habían traído sillas para que nos acompañasen.

- Venga, venga, que se enfría – nos exhortó Jake entre todo aquel bullicio lleno de risas y conversaciones, aunque en realidad lo que quería decir es que se moría de hambre.

Nos acercamos con paso presto y me senté al lado de mi chico. En cuanto lo hice, todos empezaron a comer, bueno, todos menos mi familia, que sólo se limitó a charlar.

Jacob me pasó la bandeja repleta de chuletas, salchichas y demás productos cárnicos y yo cogí lo que me interesaba, dejándolo en mi plato.

- Dime, Ness, ¿ya has pensado la carrera que vas a hacer? – me preguntó Charlie.
- Todavía no – le contesté.

El rostro de mi abuelo humano se llenó de disconformidad evidente.

- Deberías de ir pensándolo – manifestó.
- ¿Por qué no estudias para veterinaria? – propuso Em con una de esas sonrisas que anunciaban que ahora venía la segunda parte de su frase -. No sé, así podrías atender a todos estos – y señaló a los chicos de la manada.
- Ja, ja – articuló Jared con ironía -. Me parto de la risa.

El que sí que lo hacía era mi tío.

- A lo mejor lo que debería de estudiar es para forense – intervino Paul con una sonrisa idéntica a la de Em -. No sé, así podría atender a todos estos muertos vivientes que hay aquí.

Rosalie chistó.

El trozo de carne de Charlie se le atragantó y se le quedó en el gaznate por un instante. Billy tuvo que darle unas palmaditas en la espalda antes de que mi abuelo se tragara su cerveza de unos cuantos tragos.

- Ja, ja – vocalizó Em con sarcasmo -. Yo también me parto.
- Bueno, veterinaria y forense no, pero para médico no me importaría – dije, pensativa.

La cara de Carlisle se iluminó como si hubiera un foco en el cielo y le estuviera enfocando solamente a él.

- Yo puedo darte las clases a través de Internet, y tengo muchos libros que puedo prestarte. Tú no tendrías ningún problema, eres muy inteligente. Las prácticas ya veríamos cómo las hacíamos – se ofreció con entusiasmo. Entonces, relajó el rostro cuando vio cómo le mirábamos todos, carraspeó y siguió hablando -. Bueno, si eso es lo que decides, por supuesto – terminó, con su tono comedido de siempre.
- No sé, ya me lo pensaré – reí, llevándome una costilla a la boca -. Además, lo que estudie solamente será por hacer una carrera, porque cuando Jake ponga su propio taller, trabajaré con él.
- Bueno, tú estudia y después ya decidirás lo que quieres hacer, ¿vale? – me dijo Jacob -. No tienes por qué trabajar conmigo.
- No es por obligación, lo sabes – afirmé -. Me encanta la mecánica, me fascina.
- Sí, lo sé – me sonrió.
- De todas formas, deberías de pensar qué carrera vas a estudiar – reiteró Charlie.
- Sí, lo pensaré.
- Oye, suegro, ¿me pasas la salsa? – le pidió Jake a mi padre.
- No me llames suegro, por favor – protestó él con mucha educación, por supuesto, pero confiriéndole a su voz un tono de acidez al final de la frase -. Me haces mayor – y le pasó la salsa.
- Bueno, es que, en realidad, eres mayor, ¿no? – le respondió mi chico, cogiéndola -. ¿Cuántos años tienes? ¿Ciento qué?

A Charlie se le volvió a atragantar su bocado y mamá mató a Jacob con la mirada, por meterse con mi padre y por hablar demasiado delante de Charlie.

- Digamos que soy más adulto que tú – contestó papá.
- Eres un viejo encerrado en el cuerpo de un crío – se burló, dándole un mordisco a una salchicha.
- Jake – le regañé, pegándole un pequeño manotazo en el brazo, aunque mi comisura no pudo evitar curvarse un poco hacia arriba.
- Voy a por otra cerveza, ¿alguien quiere? – preguntó Charlie, levantándose de su silla con ese rostro de no pensar, no pensar.
- Sí, yo quiero una – aceptó Canaan, alzando su botellín vacío.
- Bien – murmuró mi abuelo, dirigiéndose hacia la casa.

La comida se pasó rápidamente entre animadas conversaciones, bromas y risas, e hicimos una sobremesa tan larga, que todavía estábamos sentados cuando llegaron Seth y Brenda.

Tuve que hacer otro ritual de presentaciones con ésta para que conociese a mi familia y, al igual que le había pasado a Helen, se quedó impresionada y algo cortada.

Después, la gente se fue dispersando para hacer distintas actividades, mientras que la mayoría de los chicos, incluido Jacob, se quitaron las camisetas y se fueron a jugar a la playa con un balón.

Mamá y yo nos acercamos a ese hueco que quedaba entre los árboles que bordeaban nuestro jardín y desde donde se accedía a la playa de First Beach. Mi madre se quedó mirando con añoranza ese paisaje compuesto por el océano Pacífico, que ya estaba invadido por los primeros surfistas de la temporada, las islas y los acantilados.

- ¿Lo echas de menos? – le pregunté, agarrándome a su brazo.
- No tengo muchos recuerdos de mi vida humana, pero la mayoría están en La Push – admitió con una leve sonrisa -. Y suelen ser muy buenos.

Mi cara se giró para mirar a Jake y los chicos, que estaban jugando un partido de rugby, rebozándose en la arena cuando se aplacaban los unos a los otros entre carcajadas.

- Ahora podéis venir siempre que queráis – le recordé.

Ella volvió su rostro hacia mí y me sonrió.

- Lo sé, y es genial – declaró, acariciando mi brazo.

Y las dos nos quedamos mirando el alocado partido de rugby hasta que la tarde cayó.


Es increíble lo despacio que pueden pasar seis días. Y es increíble lo nerviosa que puede estar una a dos días de su boda.

Mi vestido ya estaba terminado, como había dicho Jacob, Sarah era muy buena y lo había acabado a tiempo. Le había quedado perfecto, y se encontraba colgado de una percha en el vestidor de mi antiguo dormitorio, en casa de mi familia. A Alice casi se le caen los ojos cuando lo vio, y no pude hacer que me dejara en paz hasta que no me lo probé para que me lo viera puesto. Mi madre, Esme y mis tías hubieran lloriqueado y todo, si no fuera porque no pueden hacerlo.

La corona de flores aún no estaba en mis manos, puesto que esa era realizada el mismo día de la boda para que las flores blancas estuvieran lo más frescas posible.

Al final, Jacob había conseguido que mi familia de Denali también pudiesen venir a la boda, y la comida familiar de mi graduación había servido para mucho en este asunto. Iban a llegar el mismo sábado por la mañana, y Emmett era el encargado de ir a recogerles al aeropuerto en ese enorme Jeep que había alquilado para estos días de estancia en Forks.

Esa mañana estaba regando las flores de mis ventanas, cuando mi teléfono móvil sonó.

Dejé la regadera en la mesa, salí de la cocina y me dirigí al vestíbulo para cogerlo.

- Hola, Helen – le saludé alegremente.

La sonrisa se me borró de la cara al escuchar su voz grave.

- Hola, ¿puedes venir hasta mi casa? – me pidió.
- ¿Qué pasa? – le pregunté, preocupada.
- Es Ryam, me ha mandado un mensaje muy raro, pero no quiero contártelo por teléfono, por si acaso no es seguro.
- ¿Le ha pasado algo? – interrogué.
- No lo sé – me contestó, algo angustiada.
- Vale, no te preocupes – le calmé, metiéndome la mano por el pelo de mi frente -. Llegaré en treinta minutos.
- Gracias, Ness.
- De nada. Hasta ahora.
- Hasta ahora.

Y colgamos las dos.

No me gustaba molestar a Jake mientras estaba trabajando, así que le dejé un mensaje de texto en el que le decía que había quedado con Helen y que le vería a él en First Beach. Me apetecía dar un paseo por la arena con él antes de ir a casa.

Me guardé el móvil en el bolsillo, cogí mis llaves y salí de la vivienda, cerrando de un portazo.

Mi forito volaba por la carretera de La Push, de camino a Forks. Me pasé todo el trayecto pensando qué sería eso que le preocupaba tanto a mi amiga, qué le tenía que haber puesto Ryam en el mensaje para que ella estuviera angustiada.

Como le dije a Helen, en media hora me planté frente a su casa, donde aparqué. Ella ya me esperaba en el pequeño y viejo porche que presidía a la vivienda. Me apeé con prisas, cerré el coche y me acerqué hasta allí.

- Gracias por venir – me dijo nada más llegar, agarrándome de la mano para conducirme a la parte trasera de su casa, que daba al bosque.

Nos metimos entre los árboles, aunque no nos adentramos demasiado, ya que se detuvo al minuto. Aún así estaba tranquila, los chicos de la manada a los que les tocaba proteger a Helen hoy estaban por los alrededores, no muy lejos de allí, podía oler sus efluvios traídos por el viento, y sabía que seguramente se les habían unido los que me habían seguido hasta aquí para hacer lo mismo conmigo.

- Bueno, ¿qué pasa? – quise saber con expectación.
- Ryam me ha mandado este mensaje, mira – y me pasó su móvil.

Lo miré y leí.

Toma nota de esto: Mercedes López, Boston. No te puedo decir más. Aunque tarde en mandarte un mensaje, no te preocupes. No podré hacerlo en una temporada, me están siguiendo.

Fue terminar de leerlo y pasarle el móvil, cuando mi pulsera vibró fuerte. Me quedé paralizada. Lo hizo extremadamente fuerte, exactamente igual que el día de mi graduación, pero aquí no estaba Matt Hoffman. Mi aro de cuero insistía frenéticamente, casi con urgencia, y un frío helado me atravesó el estómago. Entonces, me di cuenta de que en aquella ocasión no había vibrado por él, me había equivocado, porque la pulsera vibraba como nunca antes lo había hecho, no era por los simples celos de un pretendiente, era por un peligro. Un peligro mayor, un peligro que nos afectaba a Jacob y a mí.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Helen al ver mi expresión.

Escuché un ruido en unos arbustos cercanos y mi cuerpo enseguida se puso en alerta, colocándome junto a mi amiga para protegerla. Mi respiración se agitó, asustada; no sabía lo que era, pero algo me decía que era muy, muy malo.

- No te muevas de mi lado – conseguí murmurar.

Noté cómo el cuerpo de Helen se agarrotaba, del miedo, y su boca también comenzó a jadear.

Intenté tranquilizarme, diciéndome a mí misma que mis lobos estaban cerca y que no tardarían nada en llegar, hasta que algo empezó a salir de entre las sombras de los espesos árboles.

Mi pulsera confirmó con sus fortísimas vibraciones que era ese ser el que había provocado todas sus inquietudes.

Mis ojos ya no podían estar más abiertos.

Un ser gigantesco apareció de la oscuridad, agazapado, caminando con una agilidad y sutileza dignas de un metamorfo o un vampiro, a pesar de su gran tamaño, puesto que sus pisadas apenas hacían ruido al hacer contacto con la hierba; y carecía de olor alguno. No olía absolutamente a nada, era como un fantasma para el olfato.

Se trataba de un varón. Le faltaba la camiseta y solamente llevaba unos pantalones rasgados. Su enorme cuerpo era muy musculoso y fuerte, el color de su piel era grisáceo y el corte de su pelo dorado era muy apurado.

Pero lo que más me llamó la atención fue su rostro.

Al igual que su inexistente efluvio, su semblante no mostraba expresión alguna, parecía un robot, y sus ojos eran completamente blancos, no tenían ni iris ni pupilas. Hasta que esos ojos se clavaron en nosotras, entonces su boca se abrió para mostrarnos unos colmillos que iban en concordancia con su colosal dueño y su expresión cambió para rugirnos con cólera.
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Brenda
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Mayo 25, 2011 1:44 am

Oh, por Dios! Qé pasará? D:
Muy buen capítulo!
Me encantó el regresó de los Cullen (:
Saludoos!
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JACOB&NESSIE
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Mayo 26, 2011 8:02 pm

¡HOLA GUAPISIMAS! sunny sunny sunny

Brenda:
Mola lo de los Cullen, ¿eh? Wink jeje Bueno, era normal que, por lo menos, pudiesen entrar en la casa y el jardin de Jake y Nessie, ¿no te parece? tongue ¡Y era la graduacion de Ness! cheers ¡A mi me encantan las bromas entre los quileute y Em! Very Happy Y Brenda y Helen por fin han conocido a todos los Cullen! alien

Bueno, en fin, aqui os dejo otro capi, espero que os guste Razz
Ah, y si no entendeis algo, preguntadme lo que querais, ¿vale? Yo os contestare a todo I love you

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MAGIA

Mi pulsera no podía vibrar más fuerte.

El gigante terminó de proferir su rugido y se paró justo delante de nosotras. Era colosal, mediría más de dos metros y medio, y sus brazos y sus piernas eran kilométricos, parecía que no se acababan nunca. Sus enormes pies iban descalzos y sus manos eran tan grandes como mi cabeza, una de ellas estaba cerrada en un puño.

Ya tenía que haberme transformado antes, pero me quedé tan petrificada por semejante shock, que no pude ni pestañear.

Este extraño ser no olía a nada, ni siquiera a humano. Carlisle tenía razón. Razvan había conseguido cambiar a esos desaparecidos genéticamente y ahora eran menos humanos, los había cambiado tanto, que ni siquiera tenían olor, incluso el color de su piel y sus ojos eran diferentes. Y también había conseguido lavarles el cerebro, por lo visto, les había anulado la personalidad por completo, puesto que este gigante parecía estar bajo su mando sin ninguna oposición. Era como si esos desaparecidos ya estuvieran muertos en vida.

Otra cosa que me llamó la atención fue que Alice no había visto nada, aunque, claro, si Razvan había mandado a este gigante para llevarse a Helen y estaba yo, no podría verlo.

Me extrañé de que los lobos no estuvieran aquí todavía, porque, aunque el gigante no oliese a nada que los pudiese alertar, tenían que haber escuchado su rugido.

Sin embargo, yo no podía esperar más, tenía que hacer algo para proteger a Helen, y a mí misma. Por lo menos hasta que ellos llegasen.

Entonces, antes de que me diera tiempo a reaccionar para transformarme, subió ese puño a la altura de su boca, lo abrió y sopló.

Un polvillo dorado salió disparado de su palma y voló por el aire, justo delante de nosotras. Helen y yo nos quedamos boquiabiertas, no entendíamos nada de lo que estaba pasando, pero nuestros párpados subieron aún más cuando vimos lo que el polvo hizo a continuación.

Las partículas eran minúsculas, ínfimas, y hubieran sido invisibles si no fuera porque ese extraño y fulgurante dorado las hacía brillar. Cuando la inercia del impulso del soplido cesó, el polvillo se quedó suspendido en el aire durante un par de segundos. Se quedó flotando como una pequeña nube frente a nosotras, inmóvil y silenciosa. Y después, sucedió.

De una forma vertiginosa y repentina, toda la nube vino hacia mí y se metió por mi boca, por mi nariz y por mis oídos sin que yo me diese apenas cuenta ni pudiese hacer nada para remediarlo. Hasta mi pulsera pareció verse sorprendida, ya que detuvo su vibración un instante, como si esto también fuera nuevo para ella, aunque después volvió a vibrar con insistencia.

Observé todo esto con estupor, sorpresa, en un estado de completo shock, paralizada, mientras mi aro de cuero vibraba frenéticamente para que yo despertara de una vez. El gigante se quedó quieto, esperando algo. No sabía qué era ese polvillo, pero no sentí nada raro, así que por fin reaccioné para transformarme.

Busqué ese calor volcánico dentro de mí y lo guié para que comenzase a recorrer mi espalda. Sin embargo, volví a quedarme petrificada. Mi lengua de fuego no conseguía ascender por toda mi columna, era como si se quedase trabada a la mitad.

Lo intenté una vez más. Nada. Volví a intentarlo, esta vez con urgencia. Nada.

Mi respiración comenzó a agitarse de nuevo y me quedé algo enfrascada. ¿Qué era eso que me había echado? ¿Por qué no podía transformarme?

No me dio tiempo a pensar más. El gigante vio que había obtenido lo que estaba esperando y se abalanzó hacia mí con un movimiento veloz y repentino que me pilló completamente desprevenida.

- ¡No la toques! – gritó Helen con furia, interponiéndose, a la vez que sus manos ya estaban siendo dominadas por fuertes convulsiones.
- ¡No, Helen! – chillé, pero ya era demasiado tarde.

Mis ojos volvieron a abrirse como platos y el gigante frenó en seco al ver a mi amiga.

Todo sucedió a una velocidad increíble.

Su cuerpo comenzó a crecer desmesuradamente, empezando por las extremidades, que se alargaron y se ensancharon a la vez, y siguiendo por el tronco y la cabeza, que también adoptaron una forma mucho más ancha y fibrosa. Sus ropas se fueron rasgando a medida que su cuerpo aumentaba de tamaño súbitamente, hasta que lo único sano que quedó de su gótica indumentaria fue esa camiseta negra de algodón, la cual ya era lo suficientemente ancha para soportar la dilatación de su torso, y los pantalones elásticos que llevaba debajo, aunque las costuras de éstos se abrieron en algunas zonas laterales. Su cinturón se rompió y salió despedido, las playeras quedaron hechas trizas en los mismos pies, dejándola descalza, y mi amiga de metro sesenta se transformó en una enorme y musculosa Helen de dos metros y medio ante mis estupefactas pupilas.

A diferencia de ese gigante, Helen seguía oliendo a humana, su efluvio era el mismo de siempre, y su piel continuaba teniendo su color normal. Sus ojos no llevaban las lentillas, debían de habérsele caído durante el proceso de transformación, por lo que pude recordar que tenían pupilas e iris, ese iris de color fucsia chillón. Además, el gigante parecía no poder hablar, y ella sí.

- ¡Corre, Nessie! – gritó.

Pero, ¿cómo iba a dejarla ahí? Este ser quería llevársela.

Sin mediar palabra, el otro gigante se arrojó a ella para atacarla sin cuartel.

- ¡No! ¡Helen! – chillé, horrorizada, porque ella no sabía combatir.

Me enganché a su pierna y tiré hacia mí con todas mis fuerzas, logrando que ella se cayera de espaldas a la vez que yo me apartaba para que no me aplastase. Su impacto contra el suelo hizo temblar la tierra de nuestro alrededor levemente, pero sirvió para que el gigante no consiguiera propinarle el puñetazo que le tenía preparado.

No obstante, ese ser no era torpe para nada, sino más bien, y a pesar de su gran tamaño, todo lo contrario. Con una habilidad y agilidad increíbles, volvió a arremeter ferozmente contra ella.

- ¡Dale una patada en el estómago! – voceé a toda prisa.

Helen pudo reaccionar a tiempo y le propinó una patada desde el suelo, lanzándolo hacia atrás con fuerza.

Mi amiga se puso de pie y, antes de que él hiciera lo mismo, arrancó la rama larga y gruesa de un árbol para defendernos con ella.

Se quedaron frente a frente, fintando, mientras Helen sujetaba la rama entre sus manos, preparada para golpearle con ella si él se acercaba demasiado, y él la miraba con esos globos oculares blancos y gruñía con gran agresividad, impaciente.

Me sentía como Alicia en el país de las maravillas cuando la protagonista se hace diminuta, parecía una enana entre estos dos gigantes. Y mis lobos seguían sin venir, no entendía por qué.

La frustración empezó a hacerse cargo de mi cuerpo. No podía transformarme por más que lo intentaba. Mi pulsera vibraba, alocada, y yo no podía hacer nada, sin transformarme, no era lo suficientemente fuerte como para poder enfrentarme a ese gigante. Tan sólo podía observar y rezar para que Helen consiguiera darle un golpe lo bastante fuerte para atontarlo y poder escapar de allí.

Salí disparada de mis inquietantes pensamientos cuando el gigante se volvió a abalanzar hacia mi amiga con agresividad.

- ¡Cuidado! – grité.

Pero Helen ya estaba preparada. Como si de un bate se tratara, cogió impulso y le estampó la rama en la cara con todas sus fuerzas a la vez que ella profería un grito de rabia.

La cabeza del gigante salió despedida y chocó contra el tronco de un árbol, rodando unos pocos metros más por el terreno hasta que se detuvo del todo.

- ¡Bien, Helen! – aclamé.

Sin embargo, mi alegría duró poco. Mi aro de cuero seguía vibrando con insistencia, y las dos comenzamos a jadear de nuevo cuando observamos el cuerpo del gigante.

Seguía en pie, era imposible, debería estar muerto. Me dio por mirar si respiraba y su colosal caja torácica no se movía, su corazón no latía, pero en cambio el cuerpo parecía seguir con vida. Y de repente, de su cuello comenzó a emerger algo.

Nuestros ojos estaban a punto de salirse de sus órbitas. Lo que salía de su cuello era otra cabeza. Otra cabeza que era idéntica a la anterior, y la que estaba sobre el suelo se desintegró completamente, reduciéndose a un simple escombro.

Razvan también había conseguido que se regenerasen, aunque jamás hubiese imaginado que lo que él pretendía es que fuera hasta tal punto.

Iba a ser imposible ganarle, y mucho menos acabar con él. Lo único que podíamos hacer era huir de allí, y ahora que su cabeza todavía no había salido del todo y estaba entretenido, era el momento oportuno.

- ¡Vamos! – le dije a Helen.

Agarré a mi amiga de su enorme mano y eché a correr a todo lo que daban mis piernas, tirando de ella hasta que fue capaz de reaccionar y también se puso a galopar.

Sus grandes pies hacían temblar el suelo que pisaban y sus zancadas eran más amplias que las mías, aunque su tamaño era tan enorme, que no las movía con demasiada rapidez, así que galopábamos a la par.

Enseguida escuchamos otras pisadas a nuestras espaldas, pero éstas sí que eran casi imperceptibles y se movían vertiginosamente.

- ¡Nos va a coger! – lamentó Helen.
- ¡Tú corre!

Pero no llegamos muy lejos de allí. El bosque se presentaba frente a nosotras con urgencia, los enormes pinos y abetos venían a gran velocidad, sin embargo, sin saber cómo, nuestros cuerpos chocaron con la nada y las dos nos caímos hacia atrás, del fuerte impacto.

El gigante ya estaba encima de nosotras, así que me volví a levantar, tirando de mi enorme Helen para que ella hiciera lo mismo. Conseguí que se pusiera en pie de nuevo y las dos nos lanzamos a correr una vez más.

Y una vez más, nos estampamos con algo y nos caímos. ¿Qué estaba pasando? Ahí no había nada, era como si hubiésemos chocado contra un cristal.

Me levanté con prisas de nuevo y alcé las manos para averiguar qué estaba pasando, qué era eso con lo que nos habíamos topado. Y me llevé otra sorpresa. Mis frenéticas palmas tocaron algo duro, curvo, pero invisible, que se extendía más allá de donde mis brazos alcanzaban, y de repente empecé a sentir una claustrofobia terrible, daba la sensación de que estuviéramos encerradas en una urna de cristal.

- ¡Nessie! – me avisó Helen, que se había puesto en pie.

Me giré con precipitación y mi espalda se vio acorralada con esa especie de cristal invisible, cuando vi cómo el gigante se arrojaba hacia nosotras violentamente, rugiendo con furia.

- Detente – le ordenó una voz, de pronto.

El gigante se detuvo al instante, clavando sus pies a un par de metros de nosotras. Luego, se apartó a un lado, completamente dócil, y su rostro volvió a ese semblante sin emoción alguna.

Esa voz sonó con un tono espeluznante que no escapó a mi memoria fotográfica. Mi cuerpo se agarrotó al instante y mi aro de cuero aumentó aún más la intensidad de sus alocadas vibraciones a la vez que mis ojos intentaban escudriñar las zonas oscuras desde donde había salido la orden.

Apenas se escuchó pisada alguna. Algo comenzó a moverse entre las sombras del boscaje y mis peores pensamientos se hicieron realidad.

Los primeros en aparecer fueron Elger, Axel y Duncan. Se deslizaron con maestría entre la vegetación, sin dejar que las ramas ni las hojas percibieran su presencia. Se colocaron en línea, frente a nosotras, sonriendo con arrogancia, y dejaron un hueco en el medio por el que se veía la negrura que formaban los espesos y frondosos árboles.

Mi asustado corazón bombeaba la sangre a toda mecha, iba en consonancia con mi exaltada pulsera, y también podía escuchar el de mi amiga, que lo hacía con mucha más potencia al ser más grande.

El vampiro con el pelo rubio dorado y arreglada barba, Duncan, alzó su mano y sopló. Otra vez un polvillo brillante salió despedido y se quedó suspendido después como una nube. Tensé las piernas, preparada para apartarme. Sin embargo, esta vez las partículas no se dirigieron a mí, se abalanzaron a por Helen, metiéndose por su boca, nariz y oídos vertiginosamente.

Mi amiga comenzó a bajar de tamaño ante nuestros atónitos ojos. Su cuerpo fue menguando poco a poco mientras sus ropas se iban aflojando del mismo modo, hasta que volvió a tener su tamaño de siempre.

Ambas nos miramos asustadas y confusas.

- ¡¿Qué es esto?! – exigí saber, girando el rostro hacia ellos y profiriendo un leve rugido.
- Magia – respondió Axel, sonriendo con arrogancia.

Su media melena negra y lisa seguía cayéndole en la cara a modo de cortina, con esa raya marcada que la dividía en dos.

- ¿Magia? – inquirí, a la defensiva -. ¿Cómo que magia?

No me dio tiempo a preguntar nada más.

Unos ojos escarlata irrumpieron en esa oscuridad que quedaba en el hueco que habían dejado los tres vampiros; eran tan malvados, que parecía que tuvieran una luz roja que los hacía relumbrar, confiriéndoles un aspecto aún más aterrador. El semblante que los albergaba fue apareciendo poco a poco a medida que su dueño avanzaba con el mismo sigilo y elegancia que los otros tres, hasta que ese rostro maléfico se dejó ver del todo y por fin se posicionó junto a sus secuaces.

Mi aro de cuero no podía vibrar con más fuerza, lo hacía con tanta, que podía notar cómo mi muñeca era levemente zarandeada.

- Ha pasado la prueba – les dijo Razvan a sus secuaces, observando al gigante.

Los tres vampiros asintieron.

¿La prueba? ¿Acaso todo esto solamente era una prueba para examinar a su gigante?

- Razvan – murmuró Helen, apretando los dientes.
- Hola, Renesmee – pronunció con esa voz pura y perfecta pero tétrica a la vez.

Me sorprendió que supiera mi nombre y que se dirigiera a mí, y no a Helen.

- ¿Por qué sabes mi nombre? – quise saber, deslizando mis manos por ese cristal invisible a la vez que me movía lentamente para buscar una salida -. ¿Qué es lo que quieres? ¿Y qué nos habéis hecho?
- Es inútil que tratéis de escapar – reveló con una media sonrisa llena de soberbia, ignorando mis preguntas, al percatarse de mis intenciones -. He puesto una barrera a nuestro alrededor.
- ¿Una… barrera? – murmuré.
- Magia – repitió Axel con la misma sonrisa de antes.
- Los lobos vendrán a rescatarnos – les advertí, aunque estaba asustada y se me notaba -. Y os matarán a todos, no tendrán piedad.
- Tus lobos no saben lo que está pasando – me desveló, empezando a pasear -. Mi barrera mágica impide que nos puedan escuchar ni oler.

Helen y yo nos miramos de nuevo. Sus manos temblaban, y no porque fuera a transformarse, precisamente, ya que ahora ella tampoco podía hacerlo. Helen estaba muerta de miedo.

- Si no nos huelen a nosotras, sabrán que está pasando algo y vendrán, te lo aseguro – volví a advertirle.

Los cuatro vampiros rompieron a reír, todos con altivez. En cambio, el gigante permanecía inmóvil, mirando al frente con aquellos ojos blancos que no expresaban nada.

- Tengo muchos trucos en la manga – afirmó -. Ellos verán que estáis en el bosque paseando tranquilamente, incluso creerán oleros.

Noté cómo mi rostro reflejaba el sentimiento de estupor y sorpresa que se instaló en mi mente.

- Eso es imposible… - conseguí susurrar a modo de contradicción.
- No para un mago como yo – declaró, llevando sus pasos hacia nosotras con lentitud.

Volví a quedarme estupefacta.

Si eso que decía era verdad, ahora entendía que hubiese esperado a que no estuviera Jacob, porque él sí que podría ver esa barrera y destruirla. Y si sabía que el Gran Lobo no estaba aquí, quería decir que nos había estado vigilando, tal vez desde hacía mucho tiempo, puede que hubiera esperado justo a este momento.

- ¿Qué quieres de nosotras? – quise saber.
- Te quiero a ti – puntualizó.
- ¿Qué? – apenas me salió la voz.
- Tú eres la elegida por el Gran Lobo – respondió, mirándome con una fijeza que me heló -. La mujer única de la que habla la profecía, la elegida para la imprimación mutua, la otra parte del Gran Lobo, su alma gemela, su complemento. Cuando te vi la primera vez y observé cómo te protegía y te miraba él, lo vi claro. Y tú contraerás matrimonio conmigo.

Mis oídos no daban crédito a lo que estaba escuchando. ¿Cómo sabía todo eso? ¿Qué decía esa profecía de la que tanto hablaba? ¿Y cómo que yo me iba a casar con él? Pero, ¿qué se creía?

- No tienes nada que hacer. Yo me casaré con el Gran Lobo – aseguré, apretando los dientes -. Nada ni nadie puede separarnos, nuestro vínculo es extremadamente fuerte e irrompible – le dejé claro.
- Vuestro vínculo es irrompible, en efecto – asintió, acercándose a mí con calma -. Para los demás, pero no si uno de los dos lo rompe – declaró con una sonrisa maléfica, aunque no fue eso lo que me congeló, sino sus palabras -. Sólo vosotros podéis romperlo, y tú lo harás hoy mismo.

Mis pulmones volvieron a trabajar sin descanso cuando me percaté de la verdad que encerraban sus palabras, porque era así. Por primera vez en mi vida, me di cuenta de que nuestro vínculo solamente podríamos romperlo nosotros.

Pero eso era imposible que sucediese, ninguno de los dos querríamos eso nunca.

- Yo jamás romperé ese vínculo – afirmé, intentando conferirle a mi tono un poco más de fuerza.

Su sonrisa malvada se amplió.

- No te preocupes, mi magia te ayudará.

Automáticamente, las imágenes de la pesadilla que me había tenido en vilo aquellas noches se plantaron en mi cabeza, haciéndome sentir un escalofrío gélido que me atravesó entera; unos crueles y punzantes pinchazos se clavaron en mi corazón y lo detuvieron, dejándome sin respiración durante unos eternos segundos. Aunque luego ésta comenzó a agitarse con pavor.

- Dile adiós a tu Gran Lobo – dijo con la misma sonrisa de antes, a la vez que me arrojaba algo con la mano.
- ¡Nessie! – chilló Helen, llevándose las manos a la boca.
- No… - mascullé, horrorizada -. ¡No! – grité acto seguido.

Mis pies echaron a correr a un lado en cuanto vi que había lanzado otro polvillo dorado en mi dirección. Creí que eso lo esquivaría, pero en esta ocasión, las partículas brillantes no se quedaron suspendidas en el aire como si fuese una nube, sino que me persiguieron como si de un enjambre de diminutas y rabiosas abejas se tratase.

- ¡Corre, Nessie! – escuché que gritaba Helen.

Por un instante miré a mi amiga, estaba aterrada, como yo, y no tenía pensado dejarla ahí tirada, pero ahora mismo lo que me urgía era esquivar al enjambre que me perseguía, porque, egoístamente, Jacob era lo primero para mí, y mi aro de cuero me decía que ese polvo traía algo maléfico relacionado con mi pesadilla.

Corrí más deprisa y, de pronto, me estampé con otra parte de la barrera, cayéndome en el suelo. Vi cómo las partículas se acercaban a mí a toda velocidad, no me dejaban en paz, y volví a levantarme. No llegué muy lejos, a unos pocos metros me topé con otro cristal que me impidió el paso, tirándome de nuevo.

- Mírala, parece un pajarillo enjaulado – se mofó uno de los vampiros, que no me dio tiempo de reconocer.

Pero yo no me rendí. Me puse en pie y mis manos comenzaron a palpar la barrera de una forma ansiosa mientras mis pies seguían galopando. Con eso pude darme cuenta de que era redondeada, ya que me movía en curva, y no se acababa nunca, estábamos en una burbuja de cristal invisible.

- ¡Nessie, cuidado! – chilló Helen una vez más.

Miré hacia atrás, asustada, y vi al enjambre de polvo lanzarse hacia mí vertiginosamente, como un torpedo que persigue a su objetivo sin descanso.

- ¡No! – grité al ver que no tenía escapatoria.

Mi espalda chocó contra la barrera y alcé el brazo para cubrir mi rostro ladeado, como si ese último acto desesperado fuera a evitar algo.

De repente, mi pulsera vibró una sola vez, pero fue muy diferente a aquellas otras en las que había descargado su energía para protegerme del licántropo o Nahuel. A diferencia de entonces, que lo había hecho con una energía extraordinaria e impresionante, esta vez la pulsera latió sobre mi muñeca como si realmente estuviera viva. Fue un latido, un solo latido, y el polvillo se repartió a mi alrededor como si yo misma estuviera dentro de una burbuja y las diminutas partículas se hubiesen quedado pegadas a su cristal, coloreando y haciendo visible la esfera de mi barrera.

Me aplasté contra la barrera de Razvan, alucinada y todavía respirando a mil por hora, y, aunque tenía las dos manos apoyadas en la misma, mi particular burbuja seguía en pie, protegiéndome.

Era la primera vez que mi aro de cuero hacía algo así y no le debía de ser fácil, porque noté cómo mi pequeña barrera empezaba a flaquear. Esto también era nuevo para mi pulsera.

- ¿Qué es eso? ¿Qué está pasando? – preguntó Elger con sorpresa.
- Es el poder del Gran Lobo – le reveló Razvan con un semblante áspero y grave, lleno de rabia.

Observé horrorizada y frustrada cómo mi cristal invisible empezaba a vacilar y el polvillo conseguía abrirse paso poco a poco. Mi pulsera ya no vibraba, estaba demasiado concentrada en erigir esa barrera que ya no iba a durar mucho más tiempo, era una pompa de jabón que se estaba muriendo.

Tenía que hacer algo, pero, ¿qué? Estaba rodeada de vampiros, no me podía transformar y la barrera de Razvan me impedía escapar.

De pronto, Razvan le hizo una señal a Axel. En un abrir y cerrar de ojos, Helen fue atrapada por éste, que la sujetó sin ningún tipo de problemas y se la llevó, traspasando la barrera como si nada ante mis incrédulas y espantadas pupilas.

- ¡Nessie! – gritó antes de que Axel se perdiera en la negrura del bosque.
- ¡Helen! – chillé, echando a correr hacia ella con mi frágil burbuja cubriéndome todo el tiempo.

Razvan aprovechó mi distracción para que su mano me arrojara otra ración de polvillo, y lo hizo con tanta cólera, que su cantidad fue mucho mayor y las partículas se estamparon en mi barrera casi instantáneamente, de lo vertiginosamente rápido que vinieron. Un millón de diminutos balazos que hicieron que mi cristal invisible se desquebrajara en mil pedazos sin que yo ni mi pulsera pudiéramos hacer absolutamente nada para impedirlo.

Había caído en su trampa como una idiota.

- ¡No! – lloré con impotencia, cubriéndome el rostro con los dos brazos.

Ya no me dio tiempo a más. De nada sirvieron mis brazos. El polvillo penetró por mi boca, mi nariz y mis oídos con saña y enseguida noté sus efectos.

Fue algo muy extraño. Noté cómo mi alma era desplazada por una brisa fría, gélida, un aire lleno de maldad, perverso, maléfico. La oscura brisa oprimió mi espíritu como si me encerrase en una diminuta caja, aunque no me echó de mi cuerpo, sino que ocupó ese espacio que quedó vacío, usurpando mi puesto.

El ladrón obligó a mis piernas a detenerse y mi cuerpo se quedó parado delante de Razvan, por más que procuré evitarlo.

Intenté gritar, pero mi garganta no emitió sonido alguno, mi boca permaneció cerrada.

¡NO!, chilló mi mente.

No sentía nada, puesto que mi cuerpo ya no era mío, sin embargo, sí que notaba a mi pulsera, ella volvía a vibrar con rabia e insistencia.

- ¿Ya está bajo la influencia del hechizo? – preguntó Duncan, poniéndose frente a mí para mirarme.

¡¿Hechizo?! ¡¿Qué era esto?!

Mis ojos miraban al horizonte, no podía dirigirlos hacia él.

- Sí, la cuenta atrás ha empezado – reveló Razvan.

¡¿La cuenta atrás de qué?!

Razvan hizo otra señal con la cabeza y algo empezó a moverse entre la vegetación.

Mi respiración no podía estar más asustada, a pesar de que por mi boca el aliento se escapaba con normalidad.

Me quedé estupefacta cuando vi lo que salía de entre los árboles.

El vampiro que apareció ante mí llevaba una larga casaca negra, con una capucha que le cubría la cabeza y apenas dejaba ver su semblante. Un escalofrío recorrió toda mi alma y entonces lo supe con certeza. Era la sombra. La sombra que había visto aquella tarde en la carretera. Aquel que la manada había atrapado debía de haber sido otro vampiro, un nómada cualquiera que había dado la casualidad que también iba de negro.

- Ya sabes lo que tienes que hacer – le dijo Razvan -. Y ten cuidado con los lobos – le indicó acto seguido.

La sombra asintió y se marchó en dirección contraria, atravesando la barrera sin problema para volar por el bosque.

Razvan me miró y su boca se torció en una mueca arrogante llena de celebración.

Pero ahí no acabó la cosa, y a partir de ese momento, todo sucedió a una velocidad vertiginosa.

¡No! ¡¿A dónde me llevas?!, le chilló mi mente al usurpador de mi cuerpo mientras intentaba revolverme.

Sin embargo, no pude hacer nada. Mis piernas obedecieron a la brisa que me había poseído y comenzaron a caminar.

Me alejé de allí, atravesando la barrera como si ahora fuera una ligera cortina de humo, y salí del bosque, dejando atrás a Razvan y a los dos vampiros que lo acompañaban, que permitieron que me fuera con total confianza.

Me sentía como si tuviera dos cuerpos. Uno era el corpóreo, el que estaba siendo dominado por la brisa, el hechizo; otro era el compuesto por mi espíritu, y este último era el que golpeaba esa caja de cristal en la que me veía atrapada para intentar salir y controlar mi cuerpo de carne otra vez. Pero todos mis esfuerzos eran en vano, ninguno de ellos parecía hacer efecto alguno sobre ella.

Me estaba pasando algo muy parecido a lo que había tenido que sufrir Taha Aki, sólo que a mí me habían robado mi cuerpo sin echar a mi espíritu fuera.

Mi aro de cuero rojizo vibraba como loco, aunque él tampoco podía hacer nada.

Atravesé los últimos árboles y salí al pequeño jardín que había en la parte posterior de la casa de mi amiga.

¡Helen! ¡Helen!, la llamé cuando vi que ella también salía y se ponía a mi lado.

Sin embargo, ella no reaccionaba. Caminaba junto a mí como si estuviésemos dando un simple paseo.

- Parece que va a llover, ¿verdad? – manifestó, mirando al nublado cielo.

Mi alma pestañeó, perpleja. ¿Es que no se acordaba de nada?

- Sí, es cierto – respondió mi boca.

Volví a quedarme paralizada. ¿Cómo es que había hablado? Era mi voz, pero ¡esa no era yo!

Entonces, me di cuenta de que a Helen le estaba pasando exactamente lo mismo que a mí. Éramos como marionetas, el hechizo que nos había poseído nos movía y hablaba por nosotras a su antojo. Y eso engañaría a los lobos, por supuesto, para ellos no había ni estaba pasando nada raro, y no podía comunicarme con ellos a través de los pensamientos, puesto que no podía transformarme y Jacob no estaba.

- Me voy a quedar en casa – declaró la falsa Helen.
- Vale. Yo voy a irme a casa de mi familia, tengo que decirles algo importante – habló la brisa con mi voz.

¡No! ¡¿Qué le vas a hacer a mi familia?!, grité, pegándome al cristal que me apresaba, con ansiedad.

- De acuerdo. Hasta luego – se despidió esa Helen.
- Hasta luego.

Mi cuerpo carnal siguió su camino y el de mi amiga se metió en la vivienda por la parte de atrás. Llegué a mi coche, me subí y arranqué, saliendo vertiginosamente en dirección a la propiedad de mi familia.
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Jacob♥
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Mayo 26, 2011 8:53 pm

NOOOOO. :C
AHORA QUE PASARA? D:
ME DEJASTE CON LA INTRIGA, UF XD
BU, POBRE NESSIE :C NOOO XD
ME ENCANTOOOO♥, LLENA DE MISTERIOS EL CAPI Smile
ESPERARE CON ANSIAS EL SIGUIENTE CAPI :B
CUIDATE. XOXO
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Brenda
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Mayo 28, 2011 5:23 am

D:
DIOOS.. QUÉ FUE ESO?
NOO.. pobre Nessie.. pobre Jacob..
por dios... espero el próximo capii! D:
WOW.. en verdad me dejaste clavadísima!
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JACOB&NESSIE
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Mayo 28, 2011 12:35 pm

¡HOLA, GUAPISIMAS! I love you I love you I love you I love you

Jacob♥ y Brenda, JAJAJA, os quedasteis asi, ¿eh? affraid jaja

¿Y que os parece la pulsera? Wink Yo tambien quiero una de esas que me proteja!!!! Bueno, aunque a mi no me pasarian esas cosas, claro XDD

Bueno, ya veremos que pasa a partir de ahora... Twisted Evil

Aqui os dejo el capi Wink

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ATRAPADA

¡No, no!, gritaba mi mente una y otra vez, empujando ese cristal que me oprimía, sin éxito, mientras mi pulsera vibraba insistentemente.

No sé cómo lo hizo, pero la brisa que me poseía consiguió conducir y llegar a mi antigua casa, utilizando mi cuerpo de carne para ello. Me apeé del vehículo y me planté en la vivienda con rapidez.

Nada más abrir la puerta, vi a Em en el sofá, acompañado por Alice, Rose y Jasper.

- Hola, Nessie, ¿qué haces aquí? – preguntó Alice, extrañada de verme allí a esas horas.

¡Ayudadme!, gritó mi mente, desesperada.

Lo que oyeron fue otra cosa.

- ¿Podéis reuniros todos? Tengo que deciros una cosa muy importante – habló mi voz, seria, ordenada por la brisa.

Mis pies ya se dirigían con rapidez hacia las escaleras.

- Claro, ¿qué pasa? – quiso saber Rose, sorprendida por esa seriedad tan seca.

¡Rose!

- Ya os lo explicaré – dijo mi obligada boca a la vez que mi cuerpo carnal subía por las escaleras.

¡Déjame! ¡¿Qué vas a hacer?!

Llegó a la última planta y corrió hacia mi antiguo dormitorio. Entró en él y después hizo lo mismo en el vestidor.

¡¿Qué vas a hacer?!, repetí.

Vi horrorizada cómo mis manos cogían mi vestido de novia y empezaban a destrozarlo sin piedad, arrancando los volantes de la falda cruelmente.

¡Noooo!, lloré con rabia, empujando el cristal que me mantenía encerrada mientras mi vestido era rasgado con saña y mi pulsera seguía vibrando. ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?!

El vestido fue tirado al suelo con desprecio y, sin perder el más mínimo de tiempo, mi cuerpo de carne bajó al salón, donde mi familia al completo ya me esperaba.

Mi aro de cuero rojizo no dejaba de vibrar en ningún momento.

¡Papá! ¡Seguro que tú puedes oírme, ¿verdad?!, sollocé.

Pero mi padre estaba de pie con los brazos cruzados, como los demás.

¡Papá!, chillé más fuerte.

No, no podía ser, era imposible, mi padre no podía escucharme.

- Bueno, ¿qué es eso que tienes que decirnos? – inquirió mamá, expectante.
- No habrá boda.

¡No, no, noooo!, chillé, pegándole puñetazos al inquebrantable cristal.

- ¿Qué dices? – murmuró ella sin poder creérselo, con un semblante desencajado.

No era la única. Todos se quedaron en estado de shock.

¡Sí, eso es! ¡No lo creáis, es mentira!, voceé con una mota de esperanza.

- No quiero a Jacob.

Hasta la pulsera se estremeció al escuchar tales vocablos.

Mis perplejos ojos etéreos vieron cómo a la vez que mis labios pronunciaban esas horribles palabras, algo dorado salía por mi boca, esparciéndose por toda la estancia, llegando a cada miembro de mi familia en forma de un humo que se les metió hasta por los ojos.

¡¿Qué es esto?!, inquirí sin creérmelo.

De pronto, todos y cada uno de ellos relajaron esos rostros que al principio eran de estupefacción.

¡No, sí le quiero! ¡Le amo! ¡Le amo!

- Bueno, si es tu decisión – aceptó mi padre como si nada.

¡¿Qué?! ¡¿Qué pasaba ahora?! ¡¿Por qué creían esas palabras?! ¡¿Qué… qué era esto?! ¡¿Otro hechizo?! ¡¿Un hechizo que hacía que se creyesen esta sarta de mentiras?!

¡Papá, lee mi mente! ¡Amo a Jacob! ¡Le amo con toda mi alma! ¡Tú lo sabes mejor que nadie!, sollocé, desesperada. ¡Tienes que escucharme!

Sin embargo, mi progenitor daba la sensación de que estaba viendo otra cosa, dada su tranquilidad.

- Me da pena de Jacob – siguió mamá, mordiéndose el labio con un poco de tristeza -, pero tendrá que aceptarlo. Esperaré unos días para quedar con él, hasta que se tranquilice un poco. Esto habrá sido un mazazo muy duro para él y no quiero que esté solo.

¡¿Mamá también había caído en ese hechizo?! Pero…, pero ella tenía su escudo, era imposible, ni siquiera Jane podía ejercer su don sobre ella…, ¿cómo…?

- No, no quiere veros – siguió mintiendo mi voz, soltando otro poco de ese humo dorado que parecía ser invisible para ellos -. Él tampoco quiere casarse.
- Ah, ya – creyó mamá.

¡Noooo! ¡Eso es mentira!, grité a la vez que mi pulsera.

- ¿Qué estáis diciendo? – cuestionó Alice, frunciendo esas finas cejas perfectamente delineadas sobre sus dorados ojos -. Jacob y Nessie están imprimados, los dos.

Alice, ella tenía una percepción de lo sobrenatural especial, tal vez a ella no le afectaran los hechizos.

¡Sí, Alice! ¡Sigue!, volví a pensar con esperanza.

- No, no estamos imprimados - por mi boca volvió a salir otro humo dorado que les llegó a todos, pero que se fue especialmente hacia mi tía, internándose en su organismo por medio de la boca, nariz, oídos y ojos una vez más -. Yo no estoy imprimada de Jacob, y Jacob no está imprimado de mí. Jacob se marchó el día en que yo nací y no ha vuelto jamás por aquí.

¡No, Alice! ¡Sí, sí que estamos imprimados! ¡Y Jake siempre ha estado aquí!, grité, golpeando la caja de cristal en la que me encontraba, con rabia.

Sus cejas descendieron otra vez con extrañeza y su mirada bajó al suelo con algo de confusión, parecía perdida.

- ¿De dónde has sacado eso, Alice? – rió Emmett.

Mi tía levantó el rostro.

- No sé. Debí de haberlo imaginado... - afirmó, mordiéndose el labio.

¡No, Alice!, lloré.

Ahora lo entendía todo. El humo iba hechizándoles poco a poco conforme mi boca iba soltando esas horribles mentiras para que, al final, llegásemos a este punto. Soltar una mentira tan grande como esa y tan poco creíble desde el principio, debía de ser muy difícil para llevar a cabo el hechizo. En cambio, una mentira sobre otra mentira iban preparando el terreno para llegar a esa conclusión final que cerraba el hechizo del todo, así éste conseguía su objetivo: borrar de su cerebro cualquier recuerdo de Jacob y yo como pareja y hacerles creer que nada de esto había sucedido nunca.

- Esta tarde nos marchamos a Anchorage, ¿no? – continuó esa brisa cruel, hablando por mí -. Ya hemos visto a Charlie, que es lo que vinimos a hacer, y ya podemos irnos. Además, tengo mucho que preparar, ahora que voy a ir a la universidad con vosotros.

¡No, todo es mentira! ¡No os dejéis engañar! ¡Por favor, escuchadme!

- Sí, claro, princesa – contestó mi padre, dándome un beso en la frente que no noté, por supuesto -. Si es lo que quieres, partiremos por la tarde.

¡No!, sollocé, ya sin fuerzas.

- Sí. Es que me muero por ver a mi prometido, ya sabéis, ese chico que conocí en Anchorage, del que me enamoré y con el que me voy a casar el año que viene.

¡¿Qué?! ¡No, no lo creáis!

Pero era inútil toda lucha. El humo que salía por mi boca, por cada mentira que iba soltando, les hacía creer todo lo que escuchaban como si fuera lo más natural del mundo.

- Claro, es normal – sonrió mi madre, acariciando mi insensible mejilla.

¡No, mamá! ¡Mírame a los ojos!, le rogué entre lágrimas.

Entonces, mi boca exhaló con fuerza y volvió a salir algo de ella, aunque esta vez no se trataba de ese humo dorado, sino de un polvillo similar al que me había lanzado Razvan en el bosque, sólo que éste era plateado, y también pareció invisible a ojos de mi familia.

No podía creerlo. ¡¿Qué era todo esto?! ¡¿Qué estaba pasando?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?!

Mi cuerpo carnal comenzó a caminar de nuevo hacia la puerta de salida, dejando a mi familia atrás sin decirles ni una palabra.

¡No! ¡¿A dónde me llevas ahora?!, grité, dándole golpes al cristal mientras mi aro de cuero peleaba a su particular manera. ¡Mamá! ¡Papá! ¡Haced algo, por favor!

Sin embargo, me quedé paralizada cuando vi lo que estaba haciendo mi familia. Seguían hablando, con nadie. Hablaban con alguien invisible que no estaba allí, y se dirigían a esa nada por mi nombre, creían que era yo. Rose y mi madre se sentaron en el sofá, manteniendo una charla que parecía muy animada conmigo, pero yo no estaba allí, estaba aquí… y allí no había nadie, nadie…

Antes de que saliera por la puerta, me dio tiempo a echarle un último vistazo a Alice. Permanecía callada, observando toda aquella escena, pensativa, aunque luego sonrió a algo que mi yo invisible debía de estar diciendo, si bien su sonrisa fue algo desvaída.

Ella era mi única salvación. El hechizo parecía no haberla afectado del todo.

¡Alice! ¡Alice!, grité, saliendo por la puerta. ¡Ayúdame!

Pero volvió a sonreír a otro comentario inexistente.

Mis pies se dirigieron al vehículo, ignorando toda mi inútil resistencia y mis gritos, y volví a subirme para marcharme de allí.

Mientras mi cuerpo arrancaba el coche, mi pulsera vibró de una forma un poco diferente, eran unas vibraciones con unas constantes distintas, a intervalos muy cortos y rítmicos. Nunca había vibrado así, pero lo descifré fácilmente. Me estaba avisando de algo.

Mi espíritu miró hacia un lado y se volvió a congelar. La espeluznante sombra estaba allí, vigilando detrás de un árbol. Eso también lo capté enseguida. La sombra era un sirviente de Razvan, y había venido para comprobar que todo salía según sus planes.

Mi familia no pareció percatarse de su presencia, ni siquiera mi padre, y tampoco pareció escuchar el sonido del coche, el hechizo debía de impedirlo todo.

Una vez más, la brisa gélida que me poseía logró hacer que condujese. Luché con todas mis fuerzas durante todo el trayecto, tratando de que mis pies carnales respondiesen a mis intenciones y frenasen, de que mis manos se movieran, pero todo era inútil. Lloraba con impotencia y desesperación, junto con mi aro de cuero, que vibraba alocado.

No pude evitar que mi cuerpo condujese el coche hasta mi casa en La Push, a pesar de mis intentos de escapar y tomar el mando de mi organismo.

Bajé del coche y me dirigí a la playa.

Un glaciar extremadamente helado atravesó todo mi ser cuando vi a Jacob en la orilla, porque esa horrible pesadilla se plantó en mi cerebro otra vez y supe con toda certeza lo que iba a ocurrir.

¡No, por favor! ¡No le hagas daño! ¡Haré todo lo que quieras, pero esto no!, chillé, desesperada, pegando mis manos etéreas a ese duro cristal que apartaba mi espíritu de mi cuerpo para que la brisa fría usurpara mi puesto.

Las vibraciones de mi pulsera eran tan fuertes, que parecía que retumbaban en mi muñeca.

También fue inútil.

Jacob se percató de mi presencia y se giró.

- ¡Nessie! – exclamó con una enorme sonrisa, acercándose a mí trotando.

El corazón de mi cuerpo espiritual empezó a latir a mil por hora y mi respiración pasó a ser jadeante, de la tensión y los nervios. Mi Jacob, mi Jacob…

¡Por favor! ¡No podré soportarlo! ¡Si me separas de él, me moriré!, lloré desconsoladamente. ¡Nos moriremos los dos!

Extendió sus brazos para abrazarme, de la que llegaba.

- No te acerques – le paró mi cuerpo carnal, interponiendo la mano en su pecho para detenerle.

¡No, Jake! ¡No escuches!, sollocé.

Él era el Gran Lobo, tal vez el hechizo no le surtiera efecto. Eso era mi última esperanza.

Su sonrisa alegre se fue apagando lentamente, confusa, al escuchar ese tono de mi voz duro y frío que jamás había utilizado con él.

- ¿Qué pasa?
- No me quiero casar contigo.

Mi aro de cuero volvió a sentir escalofríos al escuchar esa enorme mentira.

¡NO! ¡SÍ QUIERO! ¡SÍ QUIERO!, chillé con todas mis fuerzas, aplastándome contra el cristal.

Pero ese humo dorado salió por mi boca de la misma forma que había hecho antes con mi familia, y al igual que había sucedido con ellos, se metió por su boca, nariz, oídos y ojos, haciéndole creer esas palabras sin darle opción siquiera a plantearse qué estaba pasando.

¡NO!, volví a gritar.

- ¿Qué? – inquirió, perplejo.

Conforme hablaba, el humo volvió a actuar.

- No te quiero, y no habrá boda.

¡NO LO ESCUCHES, JAKE!, imploré, llorando. ¡ESA NO SOY YO!

- ¿Qué… qué estás diciendo? – sus preciosos ojos negros se tiñeron de confusión.

El humo parecía no hacer tanto efecto en él, aunque sí lo suficiente como para hacerle dudar de mí sin cuestionarse nada.

¡NO LO ESCUCHES! ¡SABES QUE TE QUIERO! ¡RECUERDA LA PROMESA QUE ME HICISTE EN ANCHORAGE! ¡LA PROMESA!

Mi muñeca casi temblequeaba, debido a mi pulsera de compromiso.

- No quiero seguir contigo – mintió mi falsa voz.

Otro humo se escapó por mi garganta, llegando hasta él, obligándole a creer.

¡NO! ¡NO LO CREAS!

¡Él no podía caer, era el Gran Lobo! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué también funcionaba con él?! ¡¿Qué clase de hechizos eran estos?!

- No… puede ser… - murmuró sin apenas voz, con esos ojos confusos que ya empezaban a buscar respuestas en los míos -. Pero tú… me quieres…, y estás… imprimada de mí…, yo mismo lo vi.

¡SÍ, JAKE! ¡RECUERDA ESO! ¡RECUÉRDALO!

- Lo que viste sólo fue algo imaginado por mi, pero me he dado cuenta de que no estoy imprimada de ti, y tampoco te quiero. No quiero seguir contigo.

Con virulencia, así exhaló mi boca el humo, el cual volvió a respirar Jacob. Y su semblante se llenó de una amargura que aguijoneó mi corazón.

¡NO LO CREAS! ¡ES MENTIRA! ¡ESTOY IMPRIMADA DE TI Y TE AMO, DESDE EL PRIMER DÍA QUE TE VI!, grité entre lágrimas, sin dejar de golpear mi jaula de cristal para intentar recuperar mi cuerpo.

Sin embargo, era imposible, estaba encerrada, atrapada, era cautiva en mi propio cuerpo, y empezaba a sentir un pesado agotamiento. En cambio, mi pulsera seguía vibrando con el mismo ímpetu.

- ¿Estás… estás rompiendo… conmigo? – preguntó con un murmullo roto de dolor.

Mi corazón sufrió la puñalada de un cuchillo al verle así y al escuchar tal frase.

¡NO! ¡NO LE HAGAS DAÑO, POR FAVOR!, le repetí a la brisa, llorando con desesperación. ¡HARE TODO LO QUE QUIERAS, PERO NO LE HAGAS MÁS DAÑO!

- Sí. No quiero estar contigo – dijo la brisa, ignorando todas mis súplicas.

¡NOOOO!, chillé con rabia.

Jacob volvió a respirar ese malvado humo dorado que mi boca soltaba sin piedad y su rostro se apagó más.

¡NO! ¡NO LO CREAS! ¡ESA NO SOY YO!

Sus pies comenzaron a moverse delante de mí mientras su mano se alzaba a su nuca para revolverse el pelo nerviosamente y sus ojos buscaban respuestas en la arena.

De pronto, clavó la mirada en mis pupilas, se paró y se quedó frente a mi cuerpo carnal.

- Yo siempre… siempre estaré contigo – afirmó, vocalizando las palabras con una desesperación que se me clavaba en el alma -. Y no es sólo la imprimación. Te quiero, y no pienso rendirme. Lucharé por ti incluso después de muerto.

¡Y YO TAMBIÉN TE QUIERO! ¡TE QUIERO!, sollocé.

La brisa que poseía mi cuerpo parecía incómoda y nerviosa. Le estaba costando convencer a Jacob.

- Pero yo no te quiero, y no quiero volver a verte – pronunciaron con crueldad mis cuerdas vocales, soltando ese maldito humo dorado con mucha más intensidad para que no opusiera resistencia a esas palabras, y las creyese.

¡NOOO! ¡ES MENTIRA!

Sin embargo, por más que yo gritaba, el humo hacía bien su trabajo. Los vocablos que escuchó de mi boca parecieron romper todas sus esperanzas y eso le desesperó más.

- No… no puede ser… - repitió con ansiedad, negando con la cabeza, inquieto, herido -. No te creo - sus ojos se clavaron en los míos con una determinación desesperada y, con un movimiento precipitado, cogió mi mano y pegó mi cuerpo carnal al suyo -. No puedo creerme que todo lo que hemos vivido juntos no signifique nada para ti.

El corazón de mi espíritu no fue el único que empezó a bombear a toda máquina, mi pulsera latió de nuevo, pero esta vez, lo hizo con insistencia, emitiendo una serie de latidos alocados que pedían a gritos que me besara. Y, entonces, supe con total certeza que eso era lo que rompía el hechizo.

La brisa se puso más nerviosa.

¡SÍ, JAKE, BÉSAME! ¡BÉSAME AHORA!, le pedí, sollozando, pegándome al cristal como si así fuera a llegar a él.

- Me quieres, lo sé – afirmó ansiosamente, apretándome más a su cuerpo.

¡SÍ, TE QUIERO!

Acercó su rostro al mío con rapidez para ensamblar sus labios a los míos y mi alma se pegó aún más al cristal, intentando alcanzarle para besarle. Pero, cuando Jacob estaba a punto de conseguirlo, mi cuerpo carnal se separó de él con una brusquedad y una violencia inusitada, empujándole hacia atrás, y le propinó una bofetada tan fuerte, que incluso ladeó su cara.

¡NOOOO!, lloré con rabia, agitándome en la caja de cristal furiosamente a la vez que mi aro de cuero lo hacía en mi muñeca.

Jacob se quedó paralizado por un momento.

Volvió ese rostro empapado de amargura hacia mí mientras sus ojos se llenaban de dolor y angustia.

- Nessie… - susurró.
- ¡No te quiero! – le gritó mi voz, ordenada por la brisa.

Esta vez, el humo salió disparado con las palabras, y fue mucho mayor y más denso. Lo respiró profundamente con esas inspiraciones que ya agitaban su pecho con nerviosismo y desesperación.

El hechizo hacía que ni siquiera se plantease nada más, le metía esas palabras en la mente para clavárselas con saña, haciendo que las creyese como si en verdad todo lo que mi boca soltaba hubiera pasado y él lo hubiese visto.

¡NO, JAKE!, chillé de nuevo, dándole golpes al cristal, desbocada. ¡NO TE DEJES ENGAÑAR! ¡NO SOY YO! ¡NO SOY YO!

- ¿Por qué…? – inquirió con un hilo de voz -. ¿Por qué me haces esto...?

Su honda angustia hacía que mi corazón se desangrase rápidamente.

- He conocido a otro hombre – me hizo soltar la brisa sin piedad a la vez que el humo hacía su trabajo.

¡NOOO!, chillé con rabia. ¡RECUERDA LA PROMESA, JAKE!

Pero Jacob comenzó a negar con la cabeza, con ese rostro desfigurado por un profundo y desgarrador dolor que se clavó en mi corazón, haciéndome sentir lo mismo.

- ¿Otro… otro hombre? – su voz casi no sonó, y su semblante ya rozaba la agonía.

Mi alma se llenó de pinchazos por todas partes, éstos se clavaban en mi corazón y en mi estómago con crueldad.

¡TÚ ERES EL ÚNICO PARA MI, LO SABES!, mis sollozos ya no podían ser más agonizantes y los golpes que mi espíritu propinaba contra el cristal eran brutales, desbocados, desesperados.

- Sí, me he enamorado de él, ha sido un flechazo – dijo mi boca, con su consecuente humo invisible.

Éste hizo su trabajo de nuevo y Jake se creyó esas horribles palabras, debilitado por ese estado de ánimo que lo hacía más vulnerable.

¡NOOOOO!

- No… - negó con la cabeza, con ese rostro bañado en angustia, confusión, dolor… mientras su pie ya se iba hacia atrás.

¡NOOO, JAKE! ¡NO TE VAYAS! ¡NO ME DEJES, POR FAVOR!, lloré con gritos, revolviéndome en mi cárcel con unos empujones salvajes. ¡TE QUIERO A TI! ¡TE AMO CON TODA MI ALMA!

- Adiós, Jacob.

¡NOOO! ¡JAKE! ¡TE QUIERO! ¡TE QUIERO!, mi mente ya no podía chillar más alto y los ojos de mi espíritu no podían llorar más.

Una lágrima empezó a descender por su mejilla. Mis sangrantes pinchazos se multiplicaron por mil.

Mi boca exhaló otro polvillo plateado que él respiró sin darse cuenta, era otro encantamiento, al igual que había pasado con mi familia.

¡NOOOO! ¡¿QUÉ LE ESTÁS HACIENDO?! ¡JAKE!

Pero no pude ver de qué se trataba. Mi cuerpo se giró, dándole la espalda, y empezó a alejarse de él sin ningún atisbo de duda ni compasión.

¡NOOOOOOOOOOOOO!, grité con todas mis fuerzas, llorando, a la vez que mi espíritu se volvía hacia atrás y estiraba los brazos hacia él para tratar de alcanzarle.

Mi pulsera también parecía estar llorando con impotencia, pues sus vibraciones eran desesperadas.

- No… - volvió a murmurar con ese semblante torturado que me mataba.

Vi cómo daba unos pasos hacia atrás, haciendo esas continuas negaciones, y se daba la vuelta con precipitación, echando a correr hacia el bosque contiguo a la playa.

¡JAAAAAAKE!, chillé con una voz desgarradora que hubiera roto mis cuerdas vocales si mi garganta lo hubiese proferido.

Se transformó antes de llegar a la línea de los árboles, dejando sus ropas hechas trizas sobre la arena, y la peor de mis pesadillas se hizo realidad.

¡NOOOOOOOOO! ¡NOOOOOOOO! ¡JAAAAKE!

Mi espíritu intentaba llegar a él inútilmente, y mi cuerpo carnal seguía su paso firme hacia otra parte del bosque.

Ese grito desgarrador que no se escuchó se perdió junto al amor de mi vida, mi único amor, el único hombre que mi corazón podría amar, y me lo habían arrebatado sin que yo pudiese hacer absolutamente nada para evitarlo.

Empecé a marearme, incluso sentí unas tremendas ganas de vomitar, de la tensión y el profundo e insoportable dolor, y lo hubiera hecho si no fuera porque mi cuerpo seguía poseído por esa malvada brisa. No me había dado cuenta hasta ahora de lo exhausta que estaba. La desolación era insoportable y mi corazón no podía aguantar la agonía que lo había quebrado en dos.

Mi horizonte de felicidad junto a él, eterno, infinito, se había desvanecido en un abrir y cerrar de ojos.

Mientras mi alma seguía llorando con impotencia y desesperación, mi cuerpo fue conducido por el bosque. Mi dolor era tan grande, que ni siquiera me fijé por dónde iba, ni si la manada estaba por allí o no, solamente me dejaba flotar, inerte, como las algas que son arrancadas del fondo y son vapuleadas por las olas hasta que son conducidas hacia la orilla sin remedio.

A mí me habían arrancado de lo que más amaba del universo.

Estaba completamente ida, me habían quitado lo que más me importaba del mundo. El mareo aumentó, hasta tal punto, que noté cómo mi alma iba a desmayarse. Todo se nubló a mi alrededor y comencé a ver las imágenes como si estuviera en un sueño, un horrible y cruel sueño.

Lo último que recuerdo es a la sombra esperándome tras un enorme abeto, con ese semblante tapado por la capucha de su casaca negra. Se acercó a mí y me agarró del brazo.

Después, mi espíritu se desmayó.
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Brenda
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Mayo 28, 2011 7:37 pm

Oh.. Diosss..
Pobre Nessie! Y Jacoob!! Noo.. que mal..
Pobre Jake.. ahora qué siguee?
Yo sé que Alice.. ayudará en mucho! Ella no se lo tragó completamentee!
Uffh.. ahora sí se puso bueno esto!
Gracias por seguir escribiendo! (:
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Dom Mayo 29, 2011 5:00 am

NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO D:
PUCHA ME HICISTE LLORAR :C
PROBRE JACOB.
No jacob tiene que darse cuenta que ella no es nessie :c..
Gracias por subir Very Happy
Saludoos.
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dessy6109
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Dom Mayo 29, 2011 1:14 pm

Hola soy nueva en el foro y me encanta como escribes me enganche cuantito leí el primer capitulo de Despertar Smile me gustaria que me mandaras ese pedazo de libro en pdf bueno los 2 jejejejej la verdad es que me harias un gran favor Very Happy
bueno pues hasta pronto y espero que me puedas manda ese pdf gracias Razz
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JACOB&NESSIE
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Mayo 30, 2011 7:21 pm

¡HOLA, GUAPISIMAS! ^^

jeje, ya veremos que pasa a partir de ahora, pero no os preocupeis Wink

dessy6109, BIENVENIDA, que bien, nueva lectora!! XD
Si quieres el pdf de "Despertar" solamente tienes que dejarme tu email aqui o con un MP, como quieras, y yo te lo mando enseguida Wink

Bueno, chicas, aqui os dejo otro capi, espero que os guste Wink Aunque es triste, lo se, pero van a pasar muchas cosas, ya vereis Wink Por cierto, si teneis alguna duda o algo, solo teneis que preguntarme, ¿vale? ^^

Por cierto, MUCHAS GRACIAS A TODAS POR LEERME!!!!!! :ºº)

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= PARTE DOS =
PROFECÍA


PREFACIO

¿Existen los cuentos de hadas? ¿Esos mundos repletos de brujas feas y malvadas, hechizos, magos, príncipes azules, dragones, castillos y encantamientos? Yo creía que no, pero me equivocaba.

Esos cuentos que mi madre me contaba para dormirme cuando tenía un mes y de los que pronto me cansé, son reales. Lo que no sabía es que nada era como está relatado en los libros.

La madrastra no es mala, la bruja es hermosa y ayuda a la princesa fea, el mago es cruel y malvado, las princesas ya no quieren a un príncipe y Caperucita es la que tiene que internarse en el bosque oscuro para rescatar al lobo.

Cuando entendí esto último, todo cambió.



ENCIERRO

- ¡JACOB! – chillé, abriendo los ojos de repente.

Mi respiración iba a mil por hora y lo único que la entrecortaba era el enorme nudo que quebraba mi garganta y que ya había hecho que las lágrimas se derramasen por mi rostro.

Sin embargo, mi Jacob no estaba. Esta vez no había sido una pesadilla. Era el mundo real, la cruel y dura realidad.

Llevé mis temblorosas manos a las mejillas para secarme inútilmente esas lágrimas que no dejaban de brotar y entonces me di cuenta de que podía moverme a mi antojo. Me toqué el resto del cuerpo y la cara para comprobarlo bien. Sentía cada uno de los roces, mis manos me respondían, así como mis piernas, mis ojos, mi boca. Mi organismo volvía a ser mío.

Miré a mi alrededor, asustada y compungida, incorporándome para quedarme sentada.

Estaba en un camastro estrecho que se apoyaba en la pared, haciendo esquina, sobre una colcha de lana vieja de color gris, en una habitación pequeña y lúgubre que no tendría más de dos metros y medio de ancho por cuatro de largo. La estancia tenía una pequeña ventana en una de las paredes largas que aportaba muy poca luz y que estaba provista de una reja con unos fuertes barrotes. Debajo de la misma había una silla de madera que tenía el aspecto de ser muy antigua, al igual que el cabecero de la cama, la mesita, el armario y la puerta. Ésta abría hueco en la pared corta que seguía a la de la ventana y se notaba lo dura y pesada que era. Las paredes estaban formadas por unos bloques grandes de piedra gris.

Me sentía algo mareada y no tenía ganas de moverme, los pinchazos que aguijoneaban mi estómago y que perforaban mi corazón, junto con la desazón que me invadía, eran brutales, pero, aún así, me levanté.

Corrí hacia la puerta y tiré de la hebilla redonda que hacía las veces de pomo con todas mis fuerzas, apoyando la otra mano en la pared para conseguir más efecto, pero no había forma de abrirla. Repetí esta acción más veces, entre lágrimas de rabia y desesperación. Nada, la pesada hoja ni siquiera se movía.

- ¡Noooo! – grité, pegando puñetazos a la puerta.

No podía soportarlo, tenía que escapar de allí como fuera para llegar a Jacob.

La ventana. Tal vez pudiera salir por la ventana. Los enormes barrotes no eran un problema para mí, tenían toda la pinta de ser de hierro, y haciendo palanca con cualquier utensilio de la cama y con mi fuerza de medio vampiro seguramente podría hacer un hueco por el cual pasar.

Me aparté de la puerta y me dirigí a la ventana corriendo. Sin embargo, mi agitada respiración se transformó en llanto de nuevo cuando vi lo que había al otro lado.

La altura que me separaba del suelo era bastante grande, era la equivalente a seis pisos, y desde allí solamente se veían árboles por todas partes, una densa vegetación que lo cubría todo. Me desplacé un poco para tener visión desde otro ángulo y mis ojos se abrieron como platos.

No llegaba a serlo del todo, pero el edificio en el que me encontraba se parecía bastante a un castillo. Estaba hecho completamente de piedra gris, y parecía muy antiguo, pues en algunas partes de la fachada todavía seguían marcados los cañonazos sufridos por los vestigios de una guerra acontecida siglos atrás, algunos de los agujeros todavía tenían las bolas de hierro incrustadas, como si el tiempo se hubiera detenido justo en el momento de su impacto. Sin embargo, no había saliente alguno que me ayudase a descender si salía por la ventana. Era imposible bajar por aquí, incluso para un semivampiro como yo.

El bosque rodeaba a la construcción por todas partes y lo único que conseguía emerger del mismo eran las torres del pequeño castillo, puesto que eran los únicos elementos constructivos que tenían tanta altura. Fue entonces cuando supe que yo estaba en una de ellas. Solamente veía la que estaba en el otro extremo, pero me imaginé que el castillo constaba de cuatro torretas idénticas situadas en las esquinas. Donde yo me encontraba había mucha altura, como en la atalaya que estaba al otro extremo, y, tomando las pautas arquitectónicas que se seguían en la época medieval, la planta del castillo debería ser más o menos simétrica, así que faltaban dos torretas más que yo no podía ver porque quedaban al otro lado del edificio. Mi cárcel estaba en la planta más alta, ya que conté los pisos de la torre que veía al otro extremo y llegué hasta seis alturas, justo lo que había calculado antes.

Como en las películas y en los cuentos de hadas, la parte superior de las torres estaban preparadas para vigilar y defenderse de cualquier posible ataque, así que el murete que las coronaba tenía esa forma dentada donde se colocaban los vigías de aquella época con sus cañones. Las torretas también estaban provistas de una sola fila de ventanas pequeñas, con sus respectivas rejas, que se distribuían en vertical, una por cada piso, y tenían exactamente la misma medida que la que tenía delante, ochenta centímetros de ancho por uno cuarenta de largo.

El resto de la edificación unía a las cuatro torres, y no conseguía verlo bien debido a los árboles, pero me pareció que solamente constaba de muros de piedra cerrados, sin huecos ni ventanas.

Me di cuenta enseguida de que se trataba de un castillo más bien pobre, señal de que el señor o noble que vivía en él hace siglos no debía de disponer de muy buena posición ni de un título nobiliario de alto rango, puesto que en aquella época construir un castillo era muy caro y solamente lo podía adquirir la gente más rica. Cuanto más grande era el castillo, más poder adquisitivo, tierras y posesiones tenía el noble.

Me di la vuelta y pegué mi espalda al cristal, con mis angustiados pulmones trabajando sin cesar.

¿Dónde estaba? ¿Qué era esto? Y Jacob, mi Jacob, estaría sufriendo, él pensaba que yo había…

Me llevé la mano al pecho cuando mi corazón se vio agredido con otro hondo pinchazo. Ni siquiera podía pensar en las palabras, tan sólo imaginar el vocablo romper relacionado con Jacob, me revolvía el estómago.

No pude evitarlo. Mi garganta sufrió el embuste de una enorme arcada y tuve que correr a la esquina de al lado para vomitar.

¡Mi Jacob, mi Jacob!

¿Por qué Razvan tenía que haberle hecho tanto daño? ¿No podía haber hecho que se olvidara de todo, al igual que con mi familia? Lo hubiese preferido, por lo menos así no sufriría tanto. Pero no, esa brisa malvada que Razvan me había metido en el cuerpo tenía que hacerle creer esas horribles mentiras para hacerle sufrir sin piedad.

Y ahora él estaba sufriendo. Las imágenes de su rostro bañado de agonía y profundo dolor, y notar nuestra separación, hicieron que me diera otra arcada y volviese a vomitar mis escasos fluidos gástricos.

Me fijé en que había una jarra con agua y un vaso en la mesita que reposaba junto a la cama. Era la única mesilla, puesto que en el otro lado del lecho estaba la pared. Me aparté de la esquina y me aproximé a la mesita. Olí el contenido de la jarra para verificar que se trataba sólo de agua. Así era, luego vertí un poco en el vaso y bebí unos cuantos tragos para limpiar mi resquemada garganta.

Mi familia. Ellos no estaban sufriendo, al menos, eso me consolaba un poco.

Intenté calmarme, diciéndome a mí misma que todo esto era pasajero, que era cuestión de días que vinieran a rescatarme. Mi familia no tardaría mucho en descubrir que yo no estaba con ellos, sobretodo Alice. Ella no parecía haberse quedado muy convencida. Y Jacob. Él era el Gran Lobo. Pronto se daría cuenta de que las palabras que salían por mi boca eran mentira, que eso que le había dicho era imposible, que aquella no era yo, y vendría a buscarme. Me encontraría, seguro, y cuando eso sucediera, Razvan y los suyos serían aniquilados sin cuartel, Jake no le perdonaría que osara a separarnos de este modo tan ruin, cobarde y mezquino.

Procuré aferrarme a esa idea. Me eché en el camastro, más calmada, aunque los pinchazos de mi estómago eran enormes.

¿Y Helen? Mi mano se fue a mi cabello con preocupación. ¿Qué habrían hecho con ella? ¿La habrían secuestrado, como a mí? Si era así, intentarían sobornar a Ryam…

De pronto, mi pulsera vibró. Eso, y un ruido en la puerta, me puso en alerta e hizo que me incorporase de nuevo, asustada.

La pesada hoja de madera se abrió poco a poco, produciéndose un chirrido por las viejas bisagras, y mi respiración aumentó su ritmo. Y lo hizo aún más cuando la sombra apareció tras ella.

Llevé mi cuerpo hacia atrás y mi espalda se topó con el cabecero.

- Veo que te has despertado – habló con el mismo acento de Europa del este que tenían Razvan y sus secuaces.

Su casaca y su capucha negra me impedían verle el rostro y el cuerpo, pero por su voz profunda y grave deduje que era bastante corpulento, si bien no era demasiado alto, pues, según mis cálculos, yo le superaba.

Esperó un tiempo prudencial, pero no le contesté.

- Tienes que acompañarme – dijo a continuación.
- ¿A dónde? – quise saber, con una voz que me hubiese gustado que saliera con más potencia.
- Razvan te está esperando – se limitó a responder.

Pero, ¿qué se creía?

- No pienso ir a ninguna parte – contesté, ahora sí, con determinación.
- Debes ir – pronunció, más serio.
- Pues yo no me voy a mover de aquí – reiteré.

No dijo más nada. Hizo una señal con la cabeza, y de repente, dos vampiros entraron como una exhalación, sujetándome por los brazos para arrancarme del camastro.

- ¡No! ¡No voy a ir! – grité mientras me revolvía.

Pero era inútil. Los dos vampiros me llevaron a rastras sin ningún problema y me sacaron de la habitación, conducidos por la sombra.

Los matones que me arrastraban también iban de negro, pero ellos no vestían esa casaca con capucha que llevaba la sombra, sino camisa y pantalón. Eso me hizo deducir que ellos eran de un rango inferior a éste, además, el otro vampiro les había dado una orden.

- ¡Dejadme en paz! – chillaba una y otra vez, sin conseguir mi objetivo.

Salimos a un vestíbulo estrecho y me obligaron a bajar un montón de escaleras. Después, me condujeron por unos pasillos anchos cuyas paredes también eran de piedra gris y que carecían de ventana alguna. Solamente estaban iluminados por una sucesión de antorchas distribuidas a lo largo de uno de los paramentos y que le daban un aspecto todavía más tétrico y oscuro.

La sombra giró hacia la derecha por tercera vez, con nosotros detrás de él, caminó otro poco y entró por una puerta que ya estaba abierta.

- ¡Soltadme! – voceé una vez más, intentando zafarme.

El salón era grande, y estaba presidido por una chimenea de piedra, idéntica a toda la que recubría el castillo, que estaba encendida. Una enorme alfombra se extendía sobre el suelo para soportar dos butacones anticuados que se situaban frente al fuego. Sin embargo, no fue eso lo que más llamó mi atención.

Detrás de los respaldos de los asientos, había un recipiente extraño consistente en una semiesfera dorada de unos sesenta centímetros de diámetro que se apoyaba en cuatro patas de madera que no llegarían al metro de alto. El arco de la semiesfera estaba hacia abajo y el hueco que quedaba en la parte de arriba hacía las veces de palangana y estaba llena de un líquido de color negro. Junto a la semiesfera se encontraba una mesa también de madera que estaba repleta de recipientes típicos de laboratorio, una daga, un globo terráqueo muy viejo, algunos cuadernos y una caja metálica. A su lado había un atril que aguantaba un libro marrón, enorme y muy gordo. Estaba abierto en dos y, por las tapas de la portada y la contraportada, parecía muy antiguo.

Razvan esperaba al fondo de la estancia, pero no estaba solo. De los horrendos butacones se levantaron dos vampiros más. Mi pulsera volvió a vibrar con fuerza para ratificármelo, pero en cuanto los vi, supe que incluso eran peores que Razvan.

Se posicionaron junto a éste, dejándole en el medio.

Como todo en ese castillo, sus rostros tenían un aspecto muy antiguo. Me recordaban un poco a los Vulturis, ya que su piel también era casi transparente y sus ojos, vidriosos. Ambos vampiros tenían una media melena de color rubio tostado que caía ondulada sobre sus hombros, y se parecían bastante entre sí, sólo que uno de ellos llevaba una cuidada barba y el otro no. Vestían unas extravagantes túnicas que volvieron a recordarme a los Vulturis, aunque estas no eran negras, sino de un color malva muy oscuro que se acercaba al negro. El vampiro de barba también llevaba un colgante extraño. Era un medallón de color dorado que colgaba de una cadena de oro, y tenía el dibujo de un ojo con el iris escarlata. Me dio otro escalofrío cuando lo vi.

La mirada carmesí de ambos vampiros era igual de malvada y cruel que la de Razvan, pero había algo más en sus semblantes que me producía escalofríos, algo oscuro y maligno.

- La profecía estaba en lo cierto, es verdaderamente hermosa – habló el de barba sin apartar de mí esos iris inyectados en sangre.
- Extraordinaria – siguió el otro.

Ambos tenían el mismo acento que Razvan, sus secuaces y la sombra.

- Os lo dije – asintió Razvan.
- ¿Quiénes sois? – pregunté con voz trémula.

El vampiro de barba alzó la mano para hacer una señal y los dos matones que me habían traído me soltaron y se marcharon junto a la sombra, cerrando la puerta a sus espaldas.

- Nuestros nombres no tienen importancia – empezó a platicar el mismo vampiro, caminando hacia la semiesfera -, no obstante, puesto que vas a pasar aquí mucho tiempo, no veo inconveniente en que los sepas. Mi nombre es Nikoláy, y el de mi hermano, Ruslán – me indicó, señalando al otro vampiro con la mano.
- ¿Dónde estoy y qué es lo que queréis de mí? ¿Y qué habéis hecho con Helen? – quise saber.
- Te encuentras en nuestra morada – continuó el vampiro sin barba, el tal Ruslán -. En nuestra preciada Bulgaria.
- ¿En… Bulgaria? – inquirí, perpleja.

Mi corazón se congeló por un instante. Eso era muy lejos, muy lejos de Jacob, de mi familia…

- Tu amiga se encuentra bien, no has de inquietarte. Está en el castillo, en buenas manos – declaró el mismo vampiro.
- ¿Helen también está… está aquí? – murmuré.
- Está en buenas manos – reiteró Nikoláy -. Todavía está dormida, su temperatura corporal es inferior a la tuya y eso ha hecho que el somnífero actúe durante más tiempo. No la haremos daño, cuando termine con su cometido, la dejaremos en libertad.

Eso lo dudaba.

- Su cometido es atraer a Ryam, ¿no? – adiviné con un evidente aire crítico y contrario.
- Ryam solamente es un incordio que se solucionará pronto – declaró Razvan con dureza.
- Un incordio que os tiene demasiado preocupados, al parecer – observé.
- Un incordio que, gracias a tu amiga Helen, se solucionará pronto – reiteró él con una sonrisa arrogante que no me gustó nada.
- Si la hacéis daño…
- No creo que estés en condiciones de exigir nada – me cortó con otra sonrisa de autosuficiencia.

Me rechinaron los dientes.

- No sé qué es lo que pretendéis trayéndome hasta aquí, pero no vais a conseguir nada – les advertí -. Mi familia no tardará en descubrir la verdad, y el Gran Lobo se dará cuenta de que todo es mentira. Da igual lo lejos que me llevéis, él me encontrará. Vendrá a buscarme y acabará con todos vosotros.
- Tu familia está bajo el efecto de un encantamiento, y el Gran Lobo también – dijo Razvan curvando su labio del mismo modo.
- Sí, ya lo sé, pero te repito que descubrirán la verdad muy pronto y que vendrán a por mí, junto con mi lobo – aseguré.
- No lo comprendes, ¿verdad? – se rió -. No son simples encantamientos. La magia negra es invencible.

Un latigazo gélido atravesó mi pecho.

- ¿Qué quieres decir? – susurré.
- Observa – intervino Nikoláy, pegándose a la semiesfera.

Alzó su mano sobre ésta y, con los dedos índice y corazón, comenzó a hacer giros en el aire por encima del líquido negro.

Mis ojos se abrieron como platos cuando vi que el líquido empezaba a moverse al son de sus dedos sin que los mismos ni siquiera lo rozasen, pero se abrieron aún más al ver lo que sucedía después.

Nikoláy retiró la mano y el líquido siguió girando incesantemente, entonces, aparecieron una serie de imágenes que se reflejaban en él, y eran de mi familia.

Mis pulmones comenzaron a agitarse, nerviosos.

Era una película donde mi familia aparecía en su casa de Anchorage. Todos estaban felices, charlando en el salón, y mi corazón saltó de su sitio cuando me vi a mí. Estaba sentada con ellos, parecía estar manteniendo una conversación muy animada con Rosalie.

- ¿Qué es esto? – pregunté sin apenas voz.
- Es lo que está haciendo tu familia ahora mismo – explicó Ruslán, acercándose también a la semiesfera dorada -. Como bien podrás comprobar, no sospechan nada. Ellos creen que estás con ellos, y no hay forma de que piensen que no es así, pues pueden olerte, hablar contigo, tocarte, besarte, incluso tu padre puede ver tus pensamientos. Es imposible que se percaten de nada, el hechizo ha sido perfecto.

No podía creerlo.

- Puede que haya funcionado con mi familia, pero no será así con Jacob – manifesté, apretando la dentadura con rabia -. Aunque vuestro hechizo haya conseguido que se crea esa sarta de mentiras que me hicisteis soltar, el efecto de vuestro hechizo no durará mucho tiempo en él. Él es el Gran Lobo, ya se ha transformado, no tardará en purificarse. Seguramente a estas horas ya lo estará. Pronto se dará cuenta de que todo ha sido un engaño, y su poder espiritual hará el resto. Además, ya lo dije en el bosque, nuestro vínculo es demasiado fuerte, es indestructible, nada ni nadie nos puede separar.
- Tengo que reconocer que con el Gran Lobo nos ha costado más de la cuenta – intervino Razvan de nuevo, con una voz que delataba el disgusto que eso le provocaba -. Hemos tenido que unir nuestros poderes para conseguirlo.
- ¿Unir… vuestros poderes? – pregunté, sorprendida.
- Nosotros también somos magos – me aclaró Ruslán.

No sabía lo que era, pero algo me decía que eran más malignos que Razvan.

- Sin embargo, no lo habríamos conseguido sin tu ayuda – siguió Razvan.
- ¿Sin mi… ayuda? – la voz se me quebró al final de la frase.
- Como te dije en el bosque, vuestro vínculo sólo se podía romper si uno de los dos lo hacía, y tú lo has hecho.

Volvió a mostrarme esa sonrisa maléfica y me quedé helada una vez más.

- Eso… eso es imposible – murmuré, afirmándomelo a mí misma.
- Tú nos has proporcionado muchas cosas – empezó a explicarme con la misma sonrisa -. Por una parte, esa familiar tuya, Alice, no puede verte en sus visiones, eso impedía que los alertase, por lo tú eras la idónea para propagar el encantamiento hacia tu familia; y a su vez, sólo tú podías romper tus lazos con el Gran Lobo, sólo tu boca, tu voz, podía hacer que los hechizos surtieran efecto en él - noté cómo mi cara reflejaba el estado de shock en el que me quedé, incluso mi respiración volvió a agitarse -. Los hechizos tuvieron lugar antes de que se transformase y sus efectos ya empezaron a hacer mella en él. Él no sabe que está hechizado, y los propios hechizos hacen que no los pueda ver, así que, aunque se transforme, no se purificará. El primer encantamiento ha hecho que tu Gran Lobo crea todo lo que hemos querido que crea, y sus lobos también serán contagiados por este primer hechizo. En cuanto se transformó, ya empezó a propagárselo. Ellos creerán lo mismo que él.
- No… - murmuré, horrorizada, llevándome la mano al pecho por el profundo pinchazo que me dio.
- El segundo encantamiento ya ha empezado – continuó Ruslán con una voz sobria y dura, acercándose a la mesa -. El Gran Lobo está bajo la influencia de nuestro conjuro. Comenzará a odiarte, cada día más, poco a poco durante un año completo, entonces se cerrará el ciclo y él mismo se autodestruirá. Su odio por ti lo matará.
- ¡No! – grité, llorando, mientras negaba con la cabeza -. ¡Él jamás me odiará, os lo aseguro! – voceé con rabia, apretando los dientes y los puños -. ¡Nuestro vínculo es irrompible, por mucho que digáis! ¡Ni siquiera nosotros podemos romperlo! ¡Y mucho menos vuestra estúpida magia!
- ¿Eso crees? – cuestionó Nikoláy con un aire de mofa -. Mira esto.

Su hermano cogió la caja metálica que reposaba en la mesa junto a los recipientes de laboratorio, la daga, el globo terráqueo y los cuadernos, y mi pulsera comenzó a vibrar con inquietud.

Se colocó frente a mí y la abrió, dejando las pequeñas bisagras de la tapa de su lado para que yo pudiese ver bien el contenido. Cuando lo hice, mis ojos se abrieron como platos y mi pulsera aumentó sus vibraciones.

Era el corazón de aquel lobo Alfa. Yacía sin vida sobre un fondo acolchado de color rojo, estaba limpio de sangre y bien conservado. Me dio un calambre gélido que me recorrió entera, un balazo que me daba muy mala espina, porque era un mal presagio, un presagio fatídico.

Mi pulsera me avisó con una serie de vibraciones intermitentes, sin embargo, no me dio tiempo a reaccionar. Sin darme cuenta, Razvan llegó a mí con un movimiento vertiginoso y sentí algo en el dedo índice cuando agarró mi mano con la misma rapidez.

Me percaté de que era un corte al oler mi propia sangre y al ver cómo los tres vampiros no podían reprimir el retirar sus labios hacia atrás con ansia. Ni siquiera había visto a Razvan coger la daga de la mesa, dada la rapidez con que lo hizo todo. Cogió mi mano casi a la vez y la llevó hacia el corazón.

- ¡No! ¡Déjame! – chillé, intentando zafarme de sus brazos.

Fue inútil. Razvan me tenía bien sujeta desde atrás y me inmovilizaba completamente. Colocó mi mano sobre el órgano y esperó a que las gotas de sangre cayesen sobre él.

- Hazlo rápido – exigió Nikoláy, que ya no podía aguantar más su sed.
- ¡No! ¡Suéltame! – repetí, revolviéndome.

Razvan apretó mi dedo para que la sangre saliera más deprisa y así avanzar el proceso.

Pero entonces, mi aro de cuero hizo algo prodigioso que me dejó perpleja hasta a mí. Como había hecho en el bosque, latió una sola vez, pero en esta ocasión no creó una burbuja a mi alrededor, sino que su pequeña onda invisible se extendió hasta mi mano, acariciándola con una suave brisa cálida que sólo yo noté, y la herida se cerró instantáneamente.

Mi corazón latió como loco, era como si Jacob hubiera pasado su mano por la mía, acariciándomela para curarla.

Jake…, susurré en mis pensamientos, maravillada.

No fui la única que me llevé una sorpresa, los tres vampiros se quedaron estupefactos, aunque no tardaron en reaccionar.

- Es más poderoso de lo que creíamos – declaró Ruslán con gravedad.
- Te lo dije, hermano, la profecía está a punto de cumplirse – respondió Nikoláy con el mismo tono -. Por eso debemos actuar pronto, no podemos perder tiempo. Vamos, córtala otra vez – le apremió a Razvan.

Éste pasó la hoja del cuchillo por mi dedo a la velocidad de la luz, pero antes de que la sangre rebosara por el corte, mi aro de cuero latió como antes y la herida se cerró casi al mismo tiempo.

- Es increíble – exclamó Ruslán en voz baja, alucinado.
- ¡Soltadme! – protesté, moviéndome lo poco que me dejaba el vampiro que me oprimía.

Razvan volvió a intentarlo y la pulsera curó el corte.

- Es esa maldita pulsera – masculló Razvan, apretando los dientes.
- Quítasela – le ordenó Ruslán, malhumorado.
- ¡No! – grité.

Sin embargo, cuando Razvan posó sus dedos sobre mi pulsera de compromiso, ésta le quemó y retiró la mano al instante.

- ¡No se puede! – exclamó con enfado -. ¡La maldita quema como si fuera lava!
- La bloquearé – afirmó Nikoláy, alzando sus dedos índice y corazón sobre mi aro de cuero, sin llegar a tocarlo.

Su semblante se sumió en una profunda concentración y noté cómo mi pulsera perdía fuerza.

- Prueba ahora – le instó Ruslán.
- ¡No! ¡Déjame!

Razvan me produjo otro corte y la sangre comenzó a aparecer con más cantidad por la raja, aún así, mi aro de cuero rojizo latió y la herida se cerró, si bien su latido había sido más flojo y la onda invisible había tardado algo más en llegar a mi mano.

- Te ayudaré – se unió Ruslán, levantando los dedos al igual que su hermano para ponerlos por encima de mi pulsera.

El rostro de éste también se concentró y mi aro de cuero perdió otro poco de fuerza.

¡No!, chillé en mi fuero interno.

Razvan no perdió el tiempo, en cuanto vio que Ruslán se concentraba, cortó mi dedo una vez más y lo apretó con saña. Esta vez la sangre salió más deprisa que el latido de mi pulsera y una gota se escapó justo cuando expandía su onda invisible. La gota de sangre dejó mi dedo a la vez que la onda acariciaba mi mano. La herida se cerró, pero la gota inició el precipitado descenso hacia el corazón del lobo.

- ¡Noooo! – grité, al ver como ésta se estampaba en los tejidos del órgano.

Los hermanos dejaron sus poses con unas sonrisas de satisfacción y maldad que me helaron el alma, pero mi grito se ahogó cuando vi lo que sucedía a continuación.

La gota de mi sangre comenzó a crecer, extendiéndose por todo el corazón, y éste empezó a absorberla poco a poco, hasta que sus tejidos se llenaron de ella, tanto, que incluso la sangre se desbordaba. Me quedé sin aire al ver cómo mi plasma pasaba a oler de otro modo, porque pasó a oler como su sangre, la sangre de Jacob.

- Tú eres su alma gemela – manifestó Razvan con una voz de ultratumba -, su otra parte, su complemento. Tú haces que su corazón lata.

De repente, y para mi asombro, el corazón comenzó a latir como si estuviera vivo. No podía creerlo. Mi sangre lo había resucitado.

Sin embargo, mi respiración se agitó aún más al ver cómo lo hacía. Esos latidos irían a la mitad de los míos si no fuera porque mi corazón estaba acelerado, pero irían justo a la mitad, era el mismo y conocido ritmo. Tenía ese sonido milimetrado. Era el ritmo fuerte y calmado que acompasaba al mío de una manera totalmente sincronizada. Era el ritmo cardíaco de Jacob.

- ¿Qué es esto…? – conseguí musitar.
- Su corazón sólo late por ti, ¿no es irónico? – sonrió Ruslán con arrogancia.
- ¿Su… corazón? – apenas me salió la voz.

Nikoláy volvió a alzar sus dos dedos sobre la semiesfera dorada, dibujando círculos en el aire, y el líquido negro comenzó a girar en la misma dirección. Retiró la mano y el elemento acuoso siguió rotando, mostrándome otras imágenes a continuación.

Me quedé sin respiración de nuevo, aunque, esta vez, fue por un rayo que azotó mi cuerpo y alcanzó a mi corazón de pleno.

Era Jacob. Estaba en la playa de First Beach, sentado en la arena, apoyado en uno de los enormes troncos blanquecinos, bajo una intensa lluvia. Su cabeza reposaba entre sus manos y estaba llorando sin consuelo. Lloraba por mí.

- ¡Jake! – rompí a llorar, intentando deshacerme de los brazos de Razvan.

Esa imagen se me clavó en el alma, fue una puñalada que se incrustó en mi corazón con saña y paralizó todo mi cuerpo, haciendo que mis pulmones dejaran de coger aire para, después, hacerlo con un dolor punzante.

- Él cree que le has abandonado – afirmó Nikoláy, hablándome con malicia -, cree que le has dejado por otro hombre.
- ¡Noooo! – grité con rabia.
- La cuenta atrás ha empezado – continuó Ruslán, sacando el órgano de la caja metálica, dejándolo sobre su palma para mostrármelo -. Ahora este corazón representa al suyo. Su tristeza pronto se convertirá en rencor, y el rencor en odio, odio por ti – sus duras palabras impactaban en mi cabeza de una forma brutal, y cada una de ellas apuñalaba mi alma una y otra vez -. El ciclo del conjuro se cerrará en doce meses exactos. Poco a poco irá odiándote, cada vez más, hora a hora, día a día, mes a mes, y ese odio hará que su corazón se vaya ennegreciendo – mis ojos no podían apartarse de aquel órgano ensangrentado que bombeaba con vigor sobre su mano, el sonido de sus palpitaciones se metía por mis oídos y producían eco en mi mente, ahora parecía el tic tac de un reloj -, hasta que el odio lo cubra del todo. Entonces su corazón dejará de latir y el Gran Lobo morirá.
- ¡NOOOO! – chillé con ganas, entre lágrimas.

Mi pulsera vibraba con frustración e impotencia.

- Tú jamás podrás volver a decir que le amas, esas palabras no existirán en tu vocabulario, no podrás escribirlas, no podrás insinuarlas, no podrás usar tu don nunca más, no podrás transformarte, no podrás revelar lo que te pasa, no podrás confesar tus sentimientos hacia él, así como otros vocablos que estarán prohibidos para ti, nunca volverás a pronunciarlos – declaró Nikoláy, lanzándome otro de esos polvillos dorados.
- ¡NOOO! ¡YO LE AMO! ¡LE AMO! – lloré, intentando apartar el rostro.

Pero fue inútil, las partículas se metieron por todos mis poros y, cuando intenté repetir mis frases, me fue imposible. Era como si no recordase cómo se pronunciaban, mi lengua, mis cuerdas vocales, no podían emitirlas, las sílabas se quedaban atravesadas en la mitad de mi faringe.

- No… - lloré.
- Te casarás con Razvan para que la profecía se invierta – afirmó Ruslán -. La boda tendrá lugar dentro de un año, cuando se cierre el ciclo del encantamiento del Gran Lobo. Mientras tanto, tú estarás aquí.
- No pienso hacerlo – mascullé con rabia -, no me… - pero mi boca se bloqueó cuando iba a decir que no me casaría con otro hombre que no fuera Jacob.
- Te casarás conmigo, quieras o no – masculló Razvan en mi oído con furia.
- ¡No! – aseguré, apretando los dientes.
- ¡Muchacha terca! – gritó Nikoláy con disgusto -. ¡¿Con quién te crees que estás tratando?! ¡Te casarás con Razvan y harás todo lo que te digamos que hagas!
- ¡No! – me negué con una voz -. ¡No podéis obligarme! ¡Nunca lo haré!
- ¿Ah, no? Observa esto – dijo Ruslán.

Su mano se cerró sobre el corazón y comenzó a estrujarlo. Entonces mis ojos se movieron espantados hacia el líquido negro de la semiesfera dorada y mi respiración aumentó de intensidad. Jacob se llevó la palma al pecho y empezó a retorcerse de dolor en la arena empapada mientras gritaba.

- ¡NOOOOO! – chillé, horrorizada, revolviéndome en los brazos de Razvan, desbocada -. ¡DÉJALE! ¡NO LE HAGAS DAÑO!

Pero la mano de Ruslán apretó el corazón con más saña a la vez que su boca se torcía en una sonrisa maléfica, y Jacob se retorció con más intensidad.

No podía soportarlo. Esto era peor que cualquier otra tortura.

- ¡BASTA! ¡POR FAVOR, NO LE HAGAS MÁS DAÑO! – grité entre lloros desesperados -. ¡HARÉ TODO LO QUE ME PIDÁIS, PERO NO LE HAGÁIS MÁS DAÑO!
- Eso está mejor – dijo Ruslán, liberando el corazón.

Jacob dejó de retorcerse y se incorporó, aunque su respiración seguía siendo agitada y su mano seguía en su pecho. Su cara de angustia, dolor y confusión lo decía todo. Mi pecho también sufrió un horrible pinchazo.

- Jake… - no fui capaz de controlar mis llantos.
- Jamás olvides lo que podemos hacerle a tu Gran Lobo – murmuró Razvan en mi oreja, enfadado -. Lleváosla de aquí – ordenó después, lanzándome hacia atrás.

No me había dado cuenta de que los dos vampiros que me habían traído ya estaban en el salón. Caí directamente en los brazos pétreos de uno de ellos, que me compartió con el otro vampiro, y me arrastraron para sacarme de la estancia.

Volvimos a caminar por esos largos pasillos iluminados por esa serie de antorchas y subimos aquellas interminables escaleras, hasta que por fin llegamos a la habitación que ya era mi cárcel.

Me empujaron hacia dentro de malos modos y me caí en el suelo. En cuanto la puerta se cerró, me levanté y me tiré en el camastro para llorar sin consuelo.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Mayo 30, 2011 8:24 pm

D:
Jakeee.. Pobree!):
estuvo increíble eso del corazón! como se complementan! Very Happy
eso quiere decir que son el uno para el otro.. almas gemelas <3
Es genial que sigas escribiendo (:
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Mayo 30, 2011 10:07 pm

Como veis, ya hemos entrado en la segunda parte del libro "Profecia", ya veremos de que trata Wink

Ains, si, mi pobrecito Jacob Sad Y pobrecita Nessie, lo que esta sufriendo ella tambien Sad

Si, se complementan, estan hechos el uno para el otro, son almas gemelas, y el corazon de Jake solo late por Nessie I love you

Ya veremos que va pasando... Wink

UN BESAZO, GUAPA Y GRACIAS POR LEERME!!!
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Jun 01, 2011 5:40 pm

sii.. eso fue maravilloso: como es que el corazón de Jake sólo late por Nessie. (:
Me encanta como empieza esta segunda parte!
No dejes de escribir, por fa! u.u
Un beso & un abrazo!
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Jun 01, 2011 11:42 pm

¡HOLA, GUAPISIMAS! I love you

Brenda, me alegro de que te este gustando ^^

Ahi dejo otro capi Wink

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UNA SEMANA: CAMBIO

Me pasé toda la noche llorando.

Mi vida se había roto, sin Jacob, nada tenía sentido. No podía soportarlo. Hace unas horas me iba a casar con el amor de mi vida, y ahora no tenía nada, nada.

Sí, hoy era el día de mi boda, el día en que por fin iba a caminar por la arena hacia ese altar de fuego, donde me esperaría él. Jacob. Mi Jacob. Mi amor, mi ángel de la guarda, mi mejor amigo, mi alma gemela, mi compañero, mi vida, mi todo… Sin embargo, todo eso, todos mis sueños, se habían esfumado…

Mi mano se agarró a la colcha y la encerró con fuerza en un puño rabioso a la vez que mis llantos aumentaban de intensidad y volumen.

Esto era insoportable, no podía vivir sin él, no podía estar lejos de él, me estaba muriendo. Tenía que ser una pesadilla, una pesadilla horrible, pero por más que intentaba despertarme, no lo conseguía.

¿Cómo era posible todo esto? ¿Es que existían los cuentos de hadas, los hechizos, conjuros y demás? ¿De veras existían los magos y las brujas? Nunca lo hubiera creído si no fuera porque mis propios ojos lo habían visto.

Pero era cierto. Y yo estaba encerrada en esta especie de castillo extraño y tétrico. No podía hacer absolutamente nada, y menos después de ver lo que le podían hacer a Jacob con ese corazón. Ellos sabían que yo no soportaría verle sufrir, que eso era la peor de las torturas para mí. No me importaba lo que hicieran conmigo, podían gritarme, pegarme, torturarme, eso podría soportarlo. Pero no que le hicieran daño a él, no que le torturasen a él. Y utilizarían eso para que me casara con Razvan, como ya habían hecho.

Estrujé la colcha con más rabia y las lágrimas brotaron con más ansiedad a la vez que mi corazón y mi estómago eran atacados por más horribles pinchazos.

¡No! ¡No! Yo no quería casarme con Razvan, no lo soportaría. No quería casarme con otro hombre que no fuera Jacob, no podía. Todas las células de mi organismo se negaban en rotundo, hasta mi estómago se vio agredido por un fuerte pinchazo. Sin embargo, ¿qué podía hacer? Ellos le torturarían hasta la muerte si yo no lo hacía, y eso sería más insoportable todavía.

Hundí el rostro en la almohada para mitigarlo, y chillé de rabia y dolor. Chillé porque no encontraba otra salida, él era lo primero para mí, él era lo más importante, y haría lo que fuera por protegerle, entregaría mi vida por él sin pensármelo dos veces. Si eso le salvaba a él, me sacrificaría y me casaría con Razvan.

Lo que apreté ahora fueron mis muelas, y lo hice con furia. Porque daba igual que me obligasen a casarme con ese vampiro, Jacob y yo siempre estaríamos vinculados, lo estábamos para toda la eternidad. No me importaba lo que dijesen ellos, yo no había roto nuestro vínculo. Puede que Jacob estuviera bajo ese encantamiento, sí, pero eso no significaba que nuestro vínculo hubiera dejado de existir. Nuestro vínculo seguía ahí, y estaba más vivo que nunca, y yo siempre estaría vinculada a él, siempre, eternamente. Podían casarme con cincuenta hombres, si querían, yo siempre seguiría siendo de Jacob, sólo de Jacob.

El ruido de la puerta me sobresaltó y me incorporé súbitamente, en estado de alerta. Ni siquiera había reparado en que el sol ya entraba por la ventana, y mis encharcados e hinchados ojos se dolieron con esa repentina luz. Mi mano se enganchó a mi estómago, los pinchazos eran tan cortantes, que eran insoportables.

La puerta se abrió, haciendo ese ruido que producían las bisagras, y mi labio se retiró a la defensiva, esperando ver aparecer a la sombra. Sin embargo, fue una mujer vampiro la que pasó adentro.

Su rostro era hermoso, pero el tiempo se había parado para ella en los cuarenta años, si bien no tenía arruga alguna. Llevaba el pelo amarrado por medio de dos trenzas que se alzaban para rodear su cabeza, dejando toda su nuca al descubierto, y su cabello era de color castaño claro. Llevaba un vestido de esos largos hasta los pies, en color ocre, que las plebeyas y las sirvientas vestían en la antigüedad, con un delantal blanco incluido.

¿Qué clase de sitio era este? Parecía que todo se hubiese estancado en algún siglo pasado.

- Tu baño está listo – me anunció.

Su voz sonó muy, muy dulce, casi angelical, y sus ojos no tenían ni un ápice de maldad, a pesar de que eran rojos. También me extrañó que bajase la mirada al hablarme.

Aún así, no me fié. Me sequé las lágrimas, no quería darle a Razvan la satisfacción de enterarse de mi angustia y desesperación.

- ¿Mi baño? – pregunté, confusa.
- El señor Razvan quiere que se arregle para desayunar con él – declaró con la cabeza baja mientras dejaba que sus manos se envolvieran en un revoltijo.

No me lo podía creer. ¿Ese degenerado se pensaba que yo me iba a arreglar para desayunar con él? ¿Pero, qué se creía?

- No pienso arreglarme, y menos desayunar con él – afirmé con rabia -. No me moveré de aquí.
- Debes ir – más que una orden, fue una frágil sugerencia que hizo con miedo.

Eso también me chocó. Estaba claro que esta mujer le tenía mucho miedo a Razvan.

- Pues no voy a hacerlo, así que ya puedes volver y decirle que espere sentado – contesté con determinación.
- Por favor, no debes hacerle enfurecer – me avisó con una voz extremadamente baja.

¿Por qué me advertía tanto? Además, mi pulsera no vibraba con ella.

Mis ojos se entornaron y mi ceño los acompañó para estudiarla con la mirada, extrañada. Ella volvió a bajar el rostro.

- ¿Ocurre algo, Teresa? – irrumpió de pronto uno de los matones que me habían arrastrado el día anterior para llevarme ante Razvan.

Ahora la pulsera sí que vibró.

Ayer no me había dado tiempo a fijarme en lo alto que era, casi como Emmett. Volvía a vestir una camisa y pantalones negros, eso, y su media melena de color castaño oscuro, que recogía detrás de las orejas, hacía que la tez blanquísima de su piel destacase más.

- No – respondió ella sin levantar la vista del suelo.

No pude ni parpadear. Sin mediar más palabra, el vampiro se plantó a mi lado y me cogió del brazo, arrancándome del camastro.

- ¡Déjame, sé caminar yo solita! – protesté.

Pero el vampiro ya se había colocado detrás de mí para encarcelarme con sus manazas, poniéndolas sobre mis brazos.

La mujer permaneció todo el camino detrás de nosotros. Bajamos los peldaños y recorrimos esos pasillos lúgubres y tétricos, aunque en esta ocasión no anduvimos mucha distancia, a pocos metros del final de las escaleras y a dos giros de los pasillos, pasamos por una puerta y entramos en una habitación muy amplia.

Como todo en este horrible castillo, las paredes y el suelo de la estancia eran de piedra gris, y unas ventanillas pequeñas en la parte superior era lo único que iluminaba a la habitación. En el centro esperaba una bañera blanca, de esas antiguas con patas, cuya agua estaba caliente, ya que el vaho ascendía hacia arriba, y tres mujeres vampiro más estaban junto a la misma, vertiendo el líquido con unos calderos metálicos. Iban a ataviadas con los mismos ropajes que esta vampiro llamada Teresa.

El vampiro que me apresaba me empujó y me obligó a entrar en la estancia precipitadamente.

- Razvan le espera en el comedor, que no tarde demasiado – le dijo a Teresa.

Ella asintió y él desapareció a la velocidad de la luz.

Teresa cerró la pesada puerta, que también era de madera, y se colocó junto a mí.

- ¿Dónde está Helen? – quise saber, pues pensaba que quizás a ella también le habían traído aquí.
- Tu amiga está bien – me contestó con amabilidad -. Ya ha estado en la ducha y ha desayunado.
- Quiero verla.
- La verás, pero antes tienes que arreglarte y desayunar con Razvan. Puedes dejar tu ropa ahí – y señaló una silla.
- No voy a bañarme – afirmé.
- Si te niegas, nosotras te obligaremos – intervino otra de las mujeres vampiro, hablándome con dureza.

Mi aro de cuero ya llevaba un rato vibrando, y cuando el matón se había marchado, no había cesado. Y no era por Teresa, así que estaba claro que era por las tres vampiros que había allí.

Las tres tenían los ojos escarlata, como Teresa, sin embargo, a diferencia de ésta, desbordaban maldad por todos los sitios, y también eran más jóvenes, no aparentaban más de veinticinco años de edad. Todas llevaban el pelo igual, con esas dos trenzas bordeando la cabeza, pero las diferenciaba el color del cabello. La que me había hablado era rubia, un rubio muy claro, otra de ellas lo tenía negro y la última era pelirroja.

- Ella no se va a negar, ¿verdad? – habló Teresa, sonriéndome para que yo entrara al trapo.

No sabía qué tenía esa mujer, y sabía que si sus ojos eran rojos, era porque se alimentaba de sangre humana, lo cual ya era terrible y paradójico, por otra parte, pero en cierto modo me recordaba un poco a Esme. Tenía esa dulzura y ternura que desprenden las abuelas o las madres. Y tampoco entendía por qué se comportaba así conmigo, era demasiado amable. Tal vez fuera una estrategia de Razvan para que accediese a sus propósitos, o puede que ella tuviese ese don, aunque mi pulsera no me advertía de ella. Era extraño. Como fuere, fui incapaz de contestarle mal, no me salía.

- Lo siento, pero no voy a acceder a la petición de Razvan – declaré; no le sonreí, pero lo dije con voz calmada.
- ¡Por supuesto que vas a acceder! – exclamó la vampiro rubia, enfadada, acercándose a mí como una bala para agarrarme del brazo.

En un latido de corazón, me vi rodeada de esas mujeres, que me desnudaban con la misma velocidad con la que se habían aproximado.

- ¡No! ¡Dejadme! – protesté, intentando detenerlas.

Pero sus manos se movían muchísimo más deprisa que las mías, y ellas eran tres. Mientras la pelirroja articulaba mis brazos a su antojo y me sujetaba, las otras dos me desnudaban, a pesar de todas mis protestas e intentos por quitármelas de encima.

De nada me sirvió. Me desnudaron completamente y me amarraron por los brazos y los pies.

- ¡Soltadme! – grité, revolviéndome como una posesa.

Pero mis movimientos de revuelta tampoco surtieron efecto. Me lanzaron a la bañera de espaldas y me hundí en ese agua caliente.

Cuando conseguí sacar la cabeza a la superficie, todo era un amasijo de manos y brazos frotándome por todas partes y revolviéndome el pelo.

- ¡N…! – intenté protestar, pero me volvieron a meter la cabeza bajo el agua.

El jabón me escocía los ojos y sólo dejé de escuchar el murmullo del revuelto líquido cuando dejaron de empujarme y pude agarrarme a los bordes de la bañera para incorporarme y salir a la superficie.

Por fin tomé una buena bocanada de aire y llevé mis manos a la cara para restregarme los ojos.

La vampiro pelirroja me agarró del brazo y me obligó a ponerme de pie.

- Puedes secarte – dijo la rubia, tirándome la toalla a la cara.
- ¿También me vais a vestir? – pregunté con ironía, enroscándome la toalla al cuerpo, enfadada.
- Si te pones terca, sí – me respondió, alzando la barbilla con orgullo.
- Vístete, por favor – intervino Teresa, mirándome con esos ojos rojos que, no obstante, eran implorantes.
- Vale, pero quiero hacerlo a solas – pedí, alzando la barbilla del mismo modo que la rubia para imitarla.

Ésta rechinó los dientes.

- Como gustes – asintió Teresa.
- ¡Pero ya has oído a Razvan! – protestó la rubia -. ¡Tenemos que asegurarnos…!
- Ya la habéis obligado a que se bañe – le cortó, hablándole con tranquilidad y dulzura -, creo que es más apropiado que ella misma se vista. Creo que a Razvan le disgustará más que su futura esposa no se encuentre a gusto en el castillo, ¿no os parece?

Iba a discutirle eso de futura esposa, porque todavía no estaba claro que lo fuera a ser, pero me vino un ramalazo de racionalidad y creí más conveniente callarme.

- Está bien, tú mandas – aceptó la rubia a regañadientes.

Me dedicó una última mirada de rabia, les hizo una señal con la cabeza a las otras dos y las tres vampiros se marcharon de la estancia con paso firme.

- Lo tienes todo en esa silla – me indicó Teresa con otra sonrisa.
- Gracias – le dije, aunque seria.

Asintió y se marchó de la habitación, cerrando la puerta a sus espaldas.

En cuanto se cerró, llevé mi brazo a mi estómago. Los pinchazos que lo atacaban eran horribles, se hundían hasta dentro y lo rajaban con saña.

Salí de la bañera como pude y me acerqué a la silla.

No lo había visto bien, pues estaba doblado, pero cuando lo extendí vi que era un vestido. Al igual que la indumentaria de esas vampiros, era largo y antiguo, aunque este era más elegante, de un rango superior, y encima tenía bastante escote.

¡Pero, ¿qué era esto?!

Tiré la prenda azul sobre la silla, chistando, y me fui a recoger mi ropa del suelo.

La ropa interior no me quedaba más remedio que ponérmela, así que me acerqué de nuevo a la silla, me sequé el cuerpo y el pelo y me vestí con mi camisa de cuadros azul, mis vaqueros pitillo y mis playeras.

Sobre la silla también había un peine. Lo cogí y me desenredé el cabello de mala gana.

La puerta volvió a abrirse en cuanto lo posé.

Teresa y las tres vampiros aparecieron, y sus caras no mostraban complacencia, precisamente. La de la primera reflejaba más bien asombro, pero las otras tres estaban enojadas.

- Debes ponerte el vestido – habló Teresa, observándome con unos ojos que rebosaban preocupación por todos sitios -. Razvan ha pedido…
- Me importa una mierda lo que Razvan haya pedido – respondí con un aire insolente que me salió solo -. No pienso ponerme nada para él.
- Pero, si no lo haces, Razvan…
- Déjala, Teresa – le interrumpió la rubia, acercándose a mí para cogerme del brazo otra vez -. Ahora se va a enterar – y tiró de mí para hacerme caminar.
- Espera, Alina – intervino de nuevo Teresa, aproximándose a nosotras -. Dale otra oportunidad, tal vez ella haya recapacitado.
- Siempre te dejas llevar por ese estúpido instinto maternal, Teresa, eso te hace débil – le replicó ella, hablándole con acidez.

Entonces, volvió a tirar de mí y comenzó a llevarme a rastras mientras las otras dos la seguían.

- ¡¿A dónde me lleváis?! – voceé, entre forcejeos.

La morena se unió a la tal Alina para sujetarme y salimos de la estancia.

Me condujeron por esos dichosos pasillos y entramos por otra puerta.

Era la entrada de un amplio comedor, y me pregunté para qué querían uno, si ellos no comían. Sin embargo, una mesa larga, con un mantel blanco lleno de comida, se ubicaba en el centro del mismo. Y Razvan esperaba sentado en una de las ostentosas sillas de madera que presidían la mesa. La cara que puso, cuando me vio sin el vestido, lo dijo todo.

- ¿Qué es esto? – quiso saber con evidente disgusto, levantándose.

Alina y la morena me soltaron, empujándome hacia delante. Después, se quedaron en fila, a mi lado, con las manos cruzadas a la altura del vientre y con una postura de total sumisión. Teresa se colocó junto a ellas, más próxima a mí. Ni siquiera me había percatado de que ella también había venido.

- Se ha negado a ponerse el vestido, señor – se chivó Alina, imitando una voz tímida mientras agachaba más la cabeza.

Apreté las muelas ante tanto cinismo.

Razvan se acercó rápidamente y se puso frente a mí.

- Dejé muy claro cuáles eran mis órdenes – le reprochó a Teresa, mirándola.
- Creí más apropiado que ella misma se vistiera, señor – le contestó ella sin levantar la mirada del suelo.
- ¡Tú no estás aquí para creer nada! – le gritó él.

La vampiro rubia alzó la vista, pero sólo para mirar a Teresa de reojo y sonreír con malicia.

Mis muelas volvieron a chirriar.

- Sí, señor – respondió Teresa.
- ¡Tráeme ese vestido! – voceó de nuevo Razvan.
- Sí, señor – y salió despedida de la estancia.
- ¡Salid de aquí! – les ordenó a las demás.

Las tres asintieron y se fueron, haciendo mutis por el foro.

Mi pulsera no había dejado de vibrar, pero ahora lo hacía como loca.

- Ven aquí – masculló Razvan entre dientes.

Me cogió del brazo y me arrastró hacia otra puerta.

- ¡No! ¡Suéltame! – grité, dándole puñetazos en esa espalda pétrea que me hacía más daño a mí.

Abrió la puerta y pasamos a ese salón en el que habíamos estado el día anterior. Me lanzó con fuerza y mi espalda chocó contra una de las paredes.

Teresa apareció por la puerta con el vestido y sus ojos me miraron con la misma preocupación de antes.

- Aquí tiene el vestido, señor – murmuró.

Razvan ni siquiera le contestó, le quitó el vestido, furioso, y le cerró la puerta en las narices. Luego, me lo lanzó a mí, aunque yo no lo cogí y lo dejé caer al suelo.

- Quiero que te lo pongas – me ordenó.
- No pienso ponerme nada para ti – le respondí, mirándole con cara de odio.

Mi aro de cuero insistía en sus vibraciones, alertándome del peligro.

- Claro que lo harás – contradijo él, con un tono maléfico.

Se aproximó a la semiesfera dorada y agitó sus dedos sobre el líquido negro. Éste se removió solo y la imagen de Jacob apareció reflejándose en él.

Otra vez estaba en una lluviosa y aún nocturna First Beach, pero esta vez no estaba sentado en la arena, daba paseíllos sin parar, nervioso, revolviéndose el pelo con impaciencia, con un rostro angustiado y desfigurado por un profundo dolor.

- ¡Jake! – sollocé, agarrándome el estómago.

Razvan llegó a la mesa y cogió la caja metálica.

- No… - mascullé con miedo.

Sacó el corazón y lo dejó en su palma, alzándolo para que yo lo viera bien.

- Quiero que te pongas ese vestido – repitió, clavándome esos ojos malvados -. Ahora.

Me quedé paralizada por un momento.

Su mano estrujó el corazón y mis pupilas se fueron horrorizadas hacia el líquido negro.

- ¡NOOOOO! – chillé, llorando.

Jacob se cayó de rodillas, con el semblante retorcido del dolor, con una de sus manos en el pecho mientras la otra se hundía en la empapada arena.

No podía soportarlo.

- ¡NOOOOO! ¡DÉJALE! – grité, rabiosa.

Un fuego colérico me atravesó entera y corrí hacia él para abalanzarme como un animal salvaje.

Sin embargo, él me paró, propinándome una bofetada que me lanzó hacia atrás. Mi espalda volvió a chocar contra la pared.

- Estúpida, observa esto – dijo, apretando sus dientes con ira.

Abrió la mano y el corazón quedó libre en su palma. Eso me alivió, porque Jacob dejó de sufrir esos horribles dolores, pero mis párpados se alzaron hasta arriba al ver el órgano.

Era minúsculo, ni siquiera tenía un milímetro de diámetro, pero un puntito negro resaltaba en el centro del corazón.

- Tu lobo ya está empezando a odiarte gracias al encantamiento – afirmó con esa maldad que me estremecía.
- No – negué, con unas lágrimas rodando por mis mejillas.

Razvan estrujó el corazón de nuevo y Jacob se retorció en la arena. No podía escuchar sus gritos, pero sólo verle sufrir me espantaba.

- ¡NOOOOO!

Sus dedos se abrieron, dejando de aplastar el corazón. Jacob dejó de proferir esos gritos, aunque siguió arrodillado en la arena, intentando coger el aire.

- Jake… - lloré.
- Te vas a quitar la ropa, y te pondrás ese vestido cuando yo te diga – me mandó con una voz sobria.

Mi respiración se agitó, nerviosa, y mis ojos no podían dejar de mirar la visión que me mostraba el líquido negro.

Jacob se estaba poniendo de pie, aunque su mano seguía en su pecho y su rostro estaba lleno de confusión y angustia. Eso se me clavó en el estómago, aguijoneándolo con saña. Fue tan intenso y doloroso, que creí que se me iba a deshacer, así que tuve que rodearlo con mi mano.

¡Jacob, mi Jacob, mi amor!

Los dedos de Razvan se posaron sobre el corazón una vez más.

- ¡NO, POR FAVOR, NO LE HAGAS MÁS DAÑO! ¡LO HARÉ, PERO NO LE HAGAS MÁS DAÑO! – supliqué, llorando desconsoladamente.

Su labio se curvó en una media sonrisa malvada y satisfecha, pero sus dedos se abrieron.

Su cara me daba náuseas, pero no tenía salida. Él era mucho más fuerte que yo, no podía transformarme, no podía enfrentarme a él, y encima tenía ese corazón con el que podía hacer sufrir a Jacob, y eso último no podía soportarlo, era superior a mí. Y Jacob era lo primero y único para mí. Por él haría cualquier cosa, por él moriría.

Las lágrimas brotaban por mis ojos sin cesar. Alcé las manos y las llevé a los botones de mi camisa. Comencé a sacar los botones de su ojal con mis dedos temblorosos mientras mi pulsera vibraba, alocada. Las pupilas de Razvan se entornaron para mirarme con un deseo ansioso. Me daba asco. Apreté los dientes y mis lágrimas se transformaron en lágrimas de rabia. Puede que consiguiera verme semidesnuda, o tal vez no se conformase y me obligase a desnudarme completamente, pero yo seguiría siendo exclusivamente de Jacob, él jamás podría tocarme. Mi pulsera vibró con determinación para corroborármelo. Sí, ella estaba conmigo, era lo único que tenía de Jacob, él estaba conmigo a través de ella, y ella me protegería siempre, él me protegería siempre.

Mis manos desabrocharon el quinto botón. De pronto, la puerta se abrió y Teresa apareció tras ella. Mis manos se detuvieron, esperanzadas, y ella me miró durante un fugaz instante, me pareció que comprobando que yo me encontrase bien. Después dirigió su mirada hacia Razvan.

¿Por qué hacía eso? ¿Acaso me estaba protegiendo o algo así? Pero, ¿por qué? Ella era una sirvienta de Razvan.

- ¿Cómo osas entrar aquí, y, además, sin picar a la puerta? – protestó Razvan con un enorme disgusto.

Mis ojos aprovecharon para observar a Jacob un poco más. Ahora estaba sentado en uno de los troncos blanquecinos, llorando sin consuelo. Eso hizo que una estaca gélida se me clavase en el corazón una vez más y me quedase sin respiración. Verle así era una tortura para mí, pero necesitaba hacerlo. Necesitaba verle, mi corazón me lo suplicaba, mi alma, todo mi ser lo imploraba, aunque fuera así y me matase, pero por lo menos le veía.

- Usted me pidió que preparase el cuarto para arreglarle el cabello y ya he terminado, señor – contestó Teresa con esa postura de sumisión -. No le avisaría si no fuera porque después tiene esa reunión con los señores Nikoláy y Ruslán a las ocho.

La miró con dureza durante un rato.

- ¿Qué hora es? – preguntó, aún enfadado.
- Las siete y media, señor.

Su nariz dejó escapar un suspiro contrariado.

La yema de su dedo tocó el líquido negro y la imagen de Jacob desapareció. Mi rostro se levantó súbitamente al percatarme de que él me había pillado.

- Está bien, prepárala – accedió, aunque de mala gana.

Teresa se acercó a mí, recogió el vestido del suelo y me cogió del brazo con suavidad para conducirme.

Razvan se interpuso en nuestro camino y nos vimos obligadas a detenernos.

- Más te vale que hagas todo lo que se te pida, si no quieres que lo haga estallar con mi mano – me amenazó, poniéndome ese corazón ensangrentado y latiente delante de mis narices. Mis ojos lo observaron con horror mientras mis pulmones se agitaron -. Llévatela – le ordenó acto seguido a Teresa.

Ella asintió y sólo comenzó a caminar cuando él le dejó paso.

Teresa me condujo a otro cuarto, este más pequeño, y me arregló el pelo con un recogido espantoso lleno de bucles. Después, me puse el dichoso vestido y la vampiro me llevó de nuevo a ese comedor.

Razvan me esperaba sentado en la misma silla ostentosa de antes y Teresa me sentó en la otra que presidía la mesa.

- Eso está mejor – sonrió él con arrogancia cuando me vio.
- Quiero ver a Helen – exigí.
- Eso no es posible.
- No probaré bocado hasta que no la vea – le advertí.
- Comerás todo lo que se te ha puesto – respondió él, enfadado.
- No, primero quiero ver a Helen.
- ¡Basta! – gritó él, harto, pegando un puñetazo en la mesa que apunto estuvo de romperla y que hizo que todo saltara, incluida yo -. Ahora no tengo tiempo, pero ya te haré entrar en razón – aseguró, apretando los dientes -. De momento, te quedarás encerrada sin comer nada durante todo el día, ya veremos cuánto resistes. ¡Guardia! – voceó. El matón de antes y otro más aparecieron por la puerta -. ¡Lleváosla de aquí!

Como si fueran auténticas balas, me arrancaron de la silla y me llevaron a rastras.

- ¡Quiero ver a Helen! – voceé de camino.

Sin embargo, todos mis esfuerzos fueron en vano. A una velocidad increíble, fui arrastrada por aquellos pasillos y aquellas escaleras y me tiraron en mi celda.

Me tiré en el camastro a llorar. Necesitaba desahogarme, sacar toda esa rabia y desolación que llevaban todo el tiempo machacando a mi pobre estómago.

Y no sólo fue ese día.

Me pasé toda la semana llorando, pensando en mi Jacob, en lo que tenía que estar sufriendo por culpa de ese hechizo.

Seguía encerrada en esa celda, sin que me dejasen salir para nada más que para ir a una especie de baño que disponía de un inodoro viejo y oxidado, aunque, al menos, funcionaba. Apenas probé esa comida que Teresa me traía todos los días en una bandeja. Las noches eran muy largas y agonizantes, porque todo parecía venir a mi cabeza con más facilidad. Y esa noche no fue distinta.

No podía quitarme esas imágenes de Jacob llorando desconsoladamente, con ese rostro bañado en amargura y sufrimiento.

Razvan, Nikoláy y Ruslán le habían obligado a creer con su magia y ahora él pensaba que yo no le quería, que estaba enamorada de otro hombre. ¡Por Dios, otro hombre! ¡Si el único que existía para mí era Jacob! ¡Sólo él, infinitamente él! Jamás podría amar a otro hombre, jamás podría amar si no era a él, yo había nacido para amarle, para amarle a él, sólo a él, y eso lo sabía como sabía que había sol y luna.

Eso me hizo caer en algo. La profunda angustia que sentía me había cegado durante la noche, pero cuando los primeros rayos del sol empezaron a entrar por la ventana, trajeron un halo de esperanza que no había visto debido a la negrura de mi pena.

Él también había nacido para mí, él también había nacido para amarme. Me incorporé, alentada por esta esperanzadora revelación, para quedarme reclinada, y me sequé las lágrimas. Jacob jamás podría odiarme. Daba igual los conjuros que le hiciesen, daba igual lo que se oscureciera ese corazón, él jamás me odiaría.

Y entonces, me di cuenta de otra cosa. Yo no podía quedarme de brazos cruzados, no podía pasarme llorando todo este encierro. Tenía que hacer algo, tenía que ser fuerte y resistir. No podía esperar siempre a que Jacob me ayudase, me protegiese y viniese a mi rescate, esta vez, tenía que ser yo quién lo hiciera. Tenía que protegerle y rescatarle.

Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma. Si mi familia no iba a venir a buscarme, si Jacob no iba a venir a buscarme, yo iría a ellos. Todos estaban hechizados, menos yo.

No entendía por qué Razvan, Ruslán y Nikoláy no habían usado uno de esos hechizos conmigo para que me olvidase de Jacob y mi familia, eso les hubiera puesto las cosas más fáciles, pero tenía que aprovecharme de eso. Yo era la única que sabía qué estaba pasando, y tenía que hacer todo lo posible por salir de aquí, sobretodo por Jacob. Y no estaba sola.

Mi pulsera había demostrado que tenía más poderes de los que creíamos. Puede que fuera porque el espíritu de Gran Lobo de Jacob había salido del todo y eso influyera en ella. Y ella seguía protegiéndome, seguía uniéndome a él, y no sólo eso, había intentado protegerle a él. Protegerle a él. Me estaba dando un mensaje, yo no me había dado cuenta hasta ahora, tonta de mí. Yo tenía que protegerle a él, tenía que salvarle.

Y otra cosa.

Tan sólo imaginarme las palabras, me mataba, pero tenía que hacerlo, necesitaba planteármelo para comenzar a trazar mi plan. La pregunta era: ¿por qué no le habían matado ya? Podían haberle matado de inmediato con ese corazón que tenían en sus manos, sin embargo, iban a esperar un año, hasta que el corazón se volviese completamente negro por ese odio que decían ellos. ¿Por qué? Era absurdo.

Pero la respuesta era más que obvia: porque no podían.

No tenían el suficiente poder para acabar con él, ni siquiera los tres juntos, el poder espiritual de Jacob era demasiado poderoso para ellos, incluso en su forma humana.

Por eso habían unido sus fuerzas para hechizarle, y solamente lo habían conseguido porque Jacob estaba en su forma humana, porque su poder espiritual no se manifestaba en ese estado, sin embargo, éste sí que era lo suficientemente fuerte como para evitar que pudiesen matarle, y eso me llevó a otra conclusión que me maravilló. Jacob todavía no había desarrollado del todo su poder espiritual, ya lo había dicho Sue aquella vez que habló conmigo para que fuera a despertarle de su coma, Jacob es joven e inexperto, y aún no sabe manejar todo su poder. Por eso le tenían tanto miedo, por eso querían matarle.

Sí, jamás podrían hacer que él me odiase, porque eso era imposible. Recordé mi pesadilla. Yo llevaba ese corazón, y sentía que tenía que protegerlo, limpiarlo. Mi pulsera vibró cuando lo adiviné, ratificando mis pensamientos. Ese corazón tenía cura, y yo iba a ser la encargada de limpiarlo.

A partir de ahí todo cambió.

Esta vez, Caperucita iría a rescatar a su lobo.
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2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18
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