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Mar Mayo 26, 2015 5:16 pm por JACOB&NESSIE

Nuestro autografo de Taylor Lautner

Fan del Mes
Nombre: Rocío Valverde Torres
Alias/Apodo: Rocio
Edad: 22 años
País: España-Madrid
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DESCRIPCION

Jacob Black Fan

Team Taycob








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 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18

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AutorMensaje
Brenda
Nuev@


Mensajes : 27
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Localización : México, D.F

MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Abr 25, 2011 10:54 pm

Uuy está increíblee! Very Happy
Ya lo recibí.. y está genial..! [Y por supuesto qe lo guardaré con mucho cariño.. está muy lindo (: ]
Muchísimas Gracias Tamara!
Oh y es stupendo qe sigas escribiendoo.. De verdad tienes talentoo.
UN GRAAAAN BESO Y ABRAZO DESDE MÉXICO! Very Happy
[Por cierto: te seguiré leyendo, ¿eh? ] ;D
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isSsabella
Nuev@


Mensajes : 1
Fecha de inscripción : 25/04/2011
Edad : 27

MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Abr 25, 2011 11:24 pm

[b] olaaaaa! akabo d mpzar a leer el primer libro y stoi q me muero,me enkanta !!! Very Happy ...no se si me arias el gran favor d mandarmelo pleaseee,esq es mas facil leerlo q estar entrando y saliendo d la pagina...porfitasss...mil grax y encerio wow!! Very Happy
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JACOB&NESSIE
Team Mariana


Mensajes : 414
Fecha de inscripción : 14/01/2011
Edad : 37
Localización : Asturias, España, en el bosque con Jake =)ººº

MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Abr 26, 2011 2:38 pm

¡HOLA! alien

Me alegro de que te guste, Brenda ^^

E isSsabella, claro que te lo envio, si me dejas tu email aqui o en un mensaje personal, te lo envio ahora mismo alien

No sabeis la ilusion que me hace que haya gente que lo quiera leer :ºº)

Y aqui os dejo otros capis, por si quereis leerlos Wink A ver si os gustan

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ENCUENTRO

No me dio tiempo a decir más.

- ¡¿Cómo se atreve?! – gritó el que se había arrojado hacia mi amiga.

Su media melena lisa y morena estaba suelta y se dividía en dos por medio de una raya rectísima y perfecta que cruzaba toda su cabellera y que la dejaba caer sobre su cara a modo de cortina entreabierta. Aún así, eso no impidió que sus agresivos ojos rojos escarlata resaltaran sobre esa tez blanca como la cal.

Pero no eran sólo esos ojos los que nos amenazaban. Los otros tres encarnados pares no eran menos asesinos.

En cuanto vi cómo los cuatro vampiros se abalanzaban hacia nosotras, me levanté de un salto vertiginoso, tirando de Helen por su brazo para cargarla a mi espalda, y eché a correr a la velocidad del sonido.

- ¡Sujétate bien! – le mandé a mi amiga, agarrándola yo a ella también para que no se cayera hacia atrás.
- ¡Eres uno de ellos! – chilló con histerismo, tirándome de los pelos –. ¡Suéltame!

Los vampiros ya estaban pisándome los talones.

- ¡¿Quieres que te entregue a esos cuatro?! – amenacé.

Los casi imperceptibles tirones de mi cabeza cesaron y sus brazos pasaron a rodear mi cuello para aferrarse bien fuerte.

Apreté el paso para tratar de aventajarlos, pero ellos seguían corriendo más deprisa que yo, y tampoco podía acelerar más, puesto que Helen no podría soportar tal velocidad.

- ¡Casi no puedo respirar! – afirmó Helen con voz quejumbrosa, ratificando mis pensamientos.
- ¡Ya los tengo encima, si reduzco la velocidad…!

Mi frase se quedó colgando. Uno de los vampiros llegó a nuestra altura y se puso a correr a nuestro lado izquierdo. Era enorme, más alto que Emmett incluso, su pelo era de un rubio muy claro, casi blanco, con un corte muy apurado, y su piel era tan albina, que las venas muertas que atravesaban su cara se transparentaban.

El vampiro se quedó observándome extrañado mientras corríamos a la par y después chistó con desprecio.

- ¿Qué es esto? – se burló con esa voz grave, tocando mi mejilla con su enorme dedo. Luego, arrugó la nariz -. ¿Un vampiro que huele a perro?

Helen estaba aterrada, los latidos de su corazón eran frenéticos, latían con tanta fuerza, que retumbaban en mi espalda. Su garganta se quedó muda y su brazo estranguló aún más a mi cuello, del miedo que tenía.

Aparté la cara de ese dedo a la vez que apretaba los dientes e iniciaba el desvío hacia la derecha.

Sin embargo, otro de los vampiros se puso al otro lado y cortó mi trayectoria. Este también era rubio, pero la longitud de su cabello era un poco superior y su color era bastante más oscuro que el de su gigantesco compañero, era un tono dorado, y lucía una barba bien arreglada de la misma tonalidad. Su altura era semejante a la de mi padre y su piel era idéntica a la del gigantón.

Ahora me encontraba en medio de los dos, y los otros me pisaban los talones, flanqueando a sus amigos.

- Vamos, hermosura, entréganos a la chica – me instó mi nuevo vecino, con un tono fingidamente amable y una media sonrisa forzada que pretendía simular amabilidad.

Por fin identifiqué su acento. Era de Europa del este.

- ¡No! – grité yo.

El semblante del vampiro cambió de sopetón, mostrándome su verdadera faz ya sin tapujo alguno. Su comisura cayó repentinamente y sus cejas bajaron profundamente, inyectándose con ira en esos ojos rojos y despiadados.

Retiró su labio hacia atrás y se arrojó a nosotras de costado, seguido del enorme vampiro rubio platino, que lo hizo por el otro lado.

Ellos eran más rápidos y fuertes, pero yo era más flexible y ágil. Frené mis pies en seco, deteniendo mi carrera súbitamente por un instante; instante que fue suficiente para que ellos siguieran corriendo por la inercia y chocasen entre sí, aunque la cara de mi amiga también lo hizo con brusquedad contra mi coronilla, e inicié el galope de nuevo en otra dirección, esquivando a los otros dos milagrosamente, que ya venían a por mí.

El vampiro moreno de antes se abalanzó con fiereza hacia nosotras por detrás, saltando y estirando los brazos para llegar a mi amiga.

-¡Nessie! – chilló Helen, despavorida.

Antes de que terminara de pronunciar mi nombre, pegué un brinco altísimo y enganché mis manos a una rama, dejando al vampiro debajo de mí.

Aunque sabía que eso no sería por mucho tiempo.

- ¡Agárrate fuerte pase lo que pase! – le ordené a mi compañera mientras mis piernas ya se balanceaban hacia delante vertiginosamente y ella profería un grito y enganchaba las suyas alrededor de mi cintura.
- ¡Tengo vértigo! – lloriqueó, asustada.

Todo sucedía a la velocidad de la luz.

No fue sólo el moreno; el vampiro gigante y el rubio dorado saltaron a la vez junto al primero y los tres se encaramaron a las ramas del trío de árboles anexos al mío para acorralarme, mientras el otro que quedaba seguía en el suelo, esperando mi caída como la hiena que espera los restos de una presa.

El vampiro de barba volvió a lanzarse a por nosotras desde su puesto con los brazos extendidos para arremeternos sin piedad, sin embargo, mis piernas ya estaban volando con los pies por delante, y éstos se posaron sobre el tronco de enfrente para impulsarme y dispararme en la dirección contraria, usando el ancho leño como si de una catapulta se tratase.

Helen chilló de nuevo cuando volé como una bala por encima del vampiro de pelo dorado a la vez que él lo hacía por debajo y nos cruzábamos a un metro de distancia.

- ¡Estúpido! – escuché que le reprochaba el moreno.
- ¡Es demasiado escurridiza! – se defendió su compañero, sujetándose a otra rama.

Me estampé contra el tronco de un enorme pino, pero no me hice daño, ya que mi cuerpo ahora era duro como el acero y logré sujetarme a tiempo para amortiguar el golpe. La que se llevó un buen mamporrazo contra mi espalda fue la pobre Helen, pero tampoco se quejó. Su pavor debía de tenerla tan paralizada, que ya no sentía ni dolor. La sujeté con la otra mano para que no se me cayese.

Y a mí no me daba tiempo ni a pestañear.

Un espantoso crujido se oyó a unos pocos metros de mis pies, seguido de una serie de resonantes restallidos, y la zona superior del pino donde me encontraba encaramada comenzó a inclinarse hacia delante, arrastrándonos con él en su descenso. El vampiro que estaba esperándonos en el suelo había empujado el árbol para quebrarlo. El tronco empezó a descender lentamente al principio, pero después siguió su caída con un movimiento más acelerado.

La suerte estuvo de nuestro lado y la copa del alto pino quedó atravesada entre las ramas de los árboles contiguos, deteniendo su caída total y haciendo que nosotras sufriéramos un pequeño embuste del impacto.

En el mismo momento en que sucedió esto, los tres vampiros brincaron de sus ramas para intentar atraparnos, impulsándose lateralmente con los troncos, en zigzag, como expertos y gráciles acróbatas.

Salté hacia abajo, empujándome con todas mis fuerzas, y conseguí caer a unos pocos metros de donde estaba el vampiro que esperaba en tierra firme, que ya se había lanzado a por nosotras junto con los otros tres.

Corrí a todo lo que daban mis piernas por el bosque, metiéndome una y otra vez por los árboles para despistarlos, aunque sabía que no iba a poder seguir haciéndolo durante mucho más tiempo, las casi imperceptibles pisadas estaban a muy poco de nuestras espaldas.

Tenía que encontrar a Sam y a su grupo como fuera, no tenían que andar muy lejos. El problema es que no sabía cómo hacerlo. Me di cuenta de que estaba corriendo en círculos por ese sector del bosque, todo era desconocido para mí y no sabía ni a dónde me estaba dirigiendo.

Y entonces, escuché unos sonoros gruñidos y chasquidos a unos pocos kilómetros de allí. Eran Embry y los suyos, que estaban luchando contra esos otros vampiros.

Lo único que se me ocurría era ir hacia allí. Sabía que era peligroso, era meterse en medio de una batalla mortífera con más vampiros por el medio saltando y atacando, pero si sólo me pasaba por delante, alguno de mis hermanos lobos me vería, se comunicaría con Sam y él ya sabría dónde nos encontrábamos. Y tal vez la lucha también despistara a los cuatro que nos estaban persiguiendo.

Aceleré y comencé a dirigirme hacia esa zona.

Pero sólo me dio tiempo a comenzar, porque el vampiro enorme de pelo casi blanco salió de la nada y se interpuso en mi camino, obligándome a desviarme en otra dirección.

En un momento, me vi asediada por el cuarteto de matones, que me cercaron para conducirme por donde ellos querían sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo.
Me sentí como uno de esos pequeños impalas de África que son perseguidos por un grupo de leonas hasta que lo alejan del grupo para clavarle sus garras.

El corazón de Helen latía a mil por hora.

Ya estoy aquí, chicos, anunció Jake en mi cabeza de repente; y a la vez se llenaba de las diferentes voces de los metamorfos. Sam, voy a ir con vosotros.

Escuchar su voz fue como ver el sol por primera vez.

De acuer…

¡Jake!, le llamé, cortando a Sam.

¡¿Nessie?!, se alarmó.

¡Tenéis que venir a ayudarme! ¡A Helen y a mi nos están persiguiendo cuatro vampiros y la cosa está muy fea!

¡¿Y qué demonios haces ahí con…?!, dejó la protesta en el aire, lo otro urgía más. ¡Mierda! ¡¿Dónde estáis?!, quiso saber, ya corriendo a la velocidad del sonido.

¡No lo sé! ¡Es la primera vez que estoy en este bosque!, contesté mientras seguía huyendo de nuestros cuatro hostigadores.

¡Fíjate en algo para que nosotros podamos verlo!, me indicó con nerviosismo.

Eso era fácil de decir, pero todo eran árboles por todas partes, pinos, abetos y demás que no se diferenciaban mucho entre sí.

De repente, vi un árbol con una forma extraña, retorcido.

¡Lo tengo!, gritó Sam.

¡Yo también! ¡Os veo allí!, siguió mi chico, que seguía corriendo en solitario con premura.

¡De acuerdo!, asintió el lobo negro, que lo hacía con su grupo por otra zona del bosque.

¡Aquí se nota tu olor, Jake!, advirtió Paul. ¡Está mezclado con otro, así que tiene que ser ella!

¡Ya vamos, Nessie!, dijo Jacob con frenetismo. ¡Aguanta, ya estamos ahí!

No pude ni responderle.

Uno de ellos consiguió arremeternos por la espalda y Helen y yo nos caímos al suelo, entre los gritos de pavor de mi amiga.

¡NESSIE!, gritó Jacob, encolerizado.

Su rugido fue tan potente, que atronó por todo el bosque, haciendo que el vampiro que se nos había echado encima se levantase de un salto, sobresaltado.

Fue entonces cuando pude ponerme en pie y vi que había sido el matón moreno el que nos había tirado.

¡Estamos bien!, dije para tranquilizarle.

¡Ya nos queda poco!, aseguró Sam.

¡Daos prisa!, pidió Jacob.

Los ojos de mi lobo me mostraban que seguía galopando vertiginosamente, aunque no sabía si ya se encontraba cerca o no.

Miré a mi alrededor. Estábamos rodeadas por el cuarteto de vampiros, que habían hecho una especie de círculo para acorralarnos. Helen se levantó y se pegó a mí. Apreté los dientes y cubrí a mi amiga para protegerla.

Justo en el momento en que el vampiro de pelo dorado se abalanzaba a por nosotras por detrás, mi colosal y enfurecido lobo rojizo salía de la nada y lo embestía de costado con otro rugido estremecedor. Helen profirió un chillido de horror. Ambos cayeron en el suelo con violencia y rodaron sobre sí varios metros, aunque enseguida se pusieron en pie de nuevo. Jake saltó para ponerse delante de nosotras y el vampiro se unió a sus compañeros, que habían formado una línea frente a nosotros.

Jacob les mostró su mortífera y ahora más que nunca letal dentadura a la vez que les clavaba los ojos con inquina y emitía unos gruñidos extremadamente amenazadores.

- Oh, Dios mío – exhaló Helen casi sin voz y asustadísima, al ver a ese descomunal lobo delante de nosotras.
- Tranquila, es de los nuestros – la intenté calmar.

¿Estáis bien?, me preguntó Jake sin quitarle ojo a los cuatro vampiros y sin modificar su postura ni un ápice.

, asentí.

Entonces, cuando desvié la vista hacia los vampiros, mis pupilas se quedaron asombradas y maravilladas. Vieron cómo sus cuerpos estaban envueltos con una luz apagada y malva, mientras que nosotros tres lo estábamos con una luz dorada y brillante; la de Jake brillaba más que el sol. Jadeé de la impresión. Era la primera vez que veía los efectos del poder espiritual de Jacob de primera mano.

Y no sólo eso. Tres de los vampiros: el gigante, el moreno y el del cabello dorado, los cuales observaban a Jacob con perplejidad y asombro, emanaban una especie de vaho húmedo de color azulado, y supe al instante que era miedo, gracias al entendimiento que la mente de Jacob me transfería.

Pero no era así con el cuarto vampiro, el mismo que había quebrado el árbol y que no había podido ver bien. El vaho de éste era de un color más verdoso, era temor, sí, aunque más afín al respeto, y le miraba como si ya le conociera.

- ¿Es él? – exclamó el vampiro de corta melena morena en voz baja, hablando para el cuarto vampiro, sin quitarle ojo a Jake.

Ahora que lo tenía justo de frente, pude fijarme más en él. Y era evidente que era el jefe de todos ellos.

Su pelo rubio tostado también era largo, otra media melena, sólo que ésta estaba atada en su totalidad por una corta coleta que dejaba todo su albo rostro al descubierto. Sus facciones eran perfectas, como las de todos los vampiros, no era nada que llamase especialmente mi atención, parecía que todos estuviesen cortados por la misma plantilla. Pero sí que me fijé en sus ojos. También tenían ese iris rojo escarlata, sin embargo, había algo en ellos que me espantó.

Sólo se limitó a asentir, sin dejar de mirar a Jacob. Sin embargo, luego su semblante se giró levemente y clavó sus ojos en mí.

Todo el vello se me puso de punta cuando percibí la extremada maldad que había en él. Lo intuí, lo noté, lo supe. Puede que fuera por la influencia de Jake, aunque no creo que me hubiese hecho falta para apreciarlo. Su luz malva era más oscura que la del resto. Había algo espeluznante en ese hombre, y lo certifiqué en cuanto sus extrañas pupilas se posaron en las mías, clavándose con intensidad.

Se quedó observándome con una mirada extraña, como si estuviese esperando algo de mí. Y entonces, mi pulsera vibró como un insistente móvil.

Jake también se dio cuenta de esto.

¡Aparta tus asquerosos ojos de ella!, gritó Jake, rugiéndole furioso mientras ya se agazapaba para atacarle.

- La profecía ha empezado – habló después para sus compañeros con una voz que hubiera sonado celestial si no fuera por la aspereza de su tono.

Esa no era una de las tres voces que había escuchado con anterioridad. Era la primera vez que había hablado desde que había dado con ellos para salvar a mi amiga.

¡Ya estamos aquí!, anunció Sam.

Y de repente, cuatro enormes lobos más salían de entre la espesa vegetación a ambos lados para ponerse junto a Jake. Viéndoles a su lado quedaba más evidente el impresionante tamaño que ahora tenía Jacob. Antes ya era el más grande, pero desde que había dejado salir todo su espíritu de Gran Lobo y había crecido, le sacaba más de medio metro a Sam.

- Oh, Dios mío… - volvió a jadear Helen con esos ojos que no eran dorados falsos, sino fucsia, abiertos de par en par.

Sam, Paul, Jared y Rephael se agazaparon y acompasaron los gruñidos de Jake, mostrando también sus dentaduras asesinas.

- ¡Tres de ellos son los que mataron a Ion! – voceó el vampiro grande con su voz grave, apretando los dientes.

Su vaho cambió del color azul al rojo en un santiamén, la mente de Jacob también me hizo comprender que era la ira y la rabia que se desatan por las ganas de luchar; se envaró y echó su pie hacia atrás para atacar, pero cuando estaba apunto de impulsarse, su jefe le interpuso su brazo y le detuvo.

- Ahora hay otra prioridad – declaró éste, otra vez con la misma entonación de antes.

Su subordinado rechinó los dientes, sin embargo, obedeció y abortó su ataque, si bien su emanación seguía siendo de color carmesí.

¡¿Quién diablos es ese Ion?!, quiso saber Jared.

La mente de mi lobo se llenó de distintos pensamientos, todos avanzaban y se relacionaban entre sí muy deprisa y no fui capaz de distinguirlos bien. Tan sólo pude ver la imagen de aquel lobo muerto, yaciendo en ese charco de lodo y sangre. Jake se había parado a pensar en eso más tiempo.

Ese chupasangres cobarde y sádico que asesinó en vida a nuestro lobo, masculló él con furia retenida, después de hacer todas esas vertiginosas deducciones.

Los gruñidos de los cinco lobos se intensificaron.

Quédate con ellas, ya nos encargamos nosotros de esta escoria, dijo el lobo negro, dedicándoles un rugido a los vampiros.

De acuerdo, aceptó Jake. Pero aseguraos de que paguen por lo que han hecho, habló después con la misma rabia de antes.

No puso ningún inconveniente. La pulsión de quedarse a mi lado para protegerme era más fuerte que cualquier otra cosa, incluso que el sentimiento de venganza. Y yo sabía que confiaba en la eficacia de su manada al cien por cien.

En cuanto Sam avanzó un paso, el vampiro rubio de coleta les hizo una señal con la cabeza al resto de sus compañeros y todos se dieron la vuelta vertiginosamente, saliendo despedidos para huir.

¡A por ellos, que se largan!, voceó Aaron con otro rugido mientras ya echaban todos a volar para perseguirles.

¡Bien, un poco de acción!, aclamó Paul con una risa malvada.

Los cuatro lobos desaparecieron entre el boscaje como cuatro balas. Cuatro borrones de distintas tonalidades que se perdieron por los árboles hasta que ya no se les vio.

Sam, no te olvides de avisarme cuando los cojáis, ordenó Jake.

¡Cuenta con ello!, afirmó él.

Y las diferentes voces, gritos y risas maléficas se apagaron hasta que sólo fueron un murmullo monocorde.

Cerré los párpados y respiré aliviada, a la vez que el murmullo se moría del todo.

Cuando los abrí, Jake salía de detrás de un enorme abeto en su forma humana. Eso no escapó a los perspicaces ojos de mi amiga.

- Era cierto… Entonces, ¿vosotros sois…? – masculló Helen sin creérselo, señalando a Jacob con el dedo y a la espesura del bosque por donde se habían perdido el resto de los lobos -. Dios, mío, ¿en qué mundo vivimos? – murmuró para sí, dándose la vuelta mientras se llevaba la mano a la cabeza.

Jacob llegó a mí y me agarró de la cintura para arrimarme a él.

- Jake, ¿qué has hecho? – le dije en voz baja -. Ahora va a saber vuestro secreto…
- Ya sabe demasiadas cosas, y ha visto demasiado de nuestros mundos, y a nosotros. No creo que el que sepa esto cambie nada sustancial – alegó él, murmurando con esa voz ronca -. Además, después de este susto de muerte, necesito besarte ahora mismo o me volveré loco – susurró, pegando su frente a la mía con avidez.

Y yo también lo necesitaba, como una droga.

Pegué del todo nuestros rostros y fundimos nuestros labios con un beso apasionado mientras mis manos ya se perdían por su pelo y las suyas me apretaban contra su ardiente pecho desnudo. Como aquel episodio en la playa de First Beach donde casi se llevan a Jake en una jaula y en el que terminamos besándonos detrás de aquel árbol, sus labios eran más abrasadores que nunca comparados con mi gélida boca, pero, al igual que me había pasado en aquella ocasión, también me parecieron más sedosos y suaves si cabe. Todo su cuerpo radiaba calor y ardor, su boca, sus manos, su torso. Lástima que yo llevase esta cazadora de pana y no pudiese sentir su tórrida piel…

Entre toda la energía que ya nos envolvía revolucionada, escuché el carraspeo de Helen y recordé que no estábamos solos.

Despegué mi boca de la de mi chico a regañadientes y, después de tomar una buena bocanada de aire, logré que mi cara y mi cuerpo se separasen de él.

- Ugh, Nessie, pareces un cubito de hielo – se burló él, respingándose, mientras nos despegábamos -. Me has dejado el cuello congelado – y se frotó la zona con la mano para calentarla.
- Ja, ja – articulé con ironía -. Pues tú casi me abrasas viva, estás que ardes.
- ¡Uf! Y no te imaginas cuánto, nena – insinuó él con una sonrisita pícara y un tono vacilón.

Le iba a propinar un manotazo en el brazo, pero él lo esquivó, carcajeándose.

- No me toques, que me congelas – siguió bromeando entre risas, apartándose de mí -, y todavía no había pensado en eso de la criogenización.
- ¿Criogenización?
- Sí, ya sabes, congelarse antes de morirse para que te resuciten años más tarde.
- Idiota – mascullé, aunque no pude evitar reírme.

Se hizo un silencio cuando nuestras risas se apagaron y entonces volví a recordar que mi amiga estaba ahí. Y seguía ahí, lo cual ya era un alivio, pues eso significaba que por lo menos no nos temía ni nos rechazaba.

Los ojos de Helen y los míos se encontraron durante un instante con un montón de preguntas recíprocas rebosando de ellos.

- Esto… Yo voy a traerte algo de comer, ¿vale? – me dijo Jake.
- Vale – le sonreí, y acto seguido me dio un beso corto para empezar a alejarse de mí.
- Estaré justo aquí – afirmó mientras caminaba con el torso girado para mirarme -. Vendré enseguida.
- De acuerdo.

Se volvió hacia delante y me quedé observándole mientras se metía entre el boscaje y desaparecía. A los pocos segundos, el murmullo monocorde regresó a mi cabeza.

Me giré hacia mi amiga y me apoyé en el árbol que mi espalda tenía detrás, para tenerla enfrente.

Ella fue quien abrió la veda.

- Así que tú también eres un… vampiro – le costó decir la palabra.
- Soy un semivampiro metamorfo – puntualicé. Su expresión de perplejidad se transformó para adoptar una mueca de extrañeza. Me dio un poco de risa -. Sí, ya sé que suena muy raro. Verás, soy semivampiro porque soy mitad humana, mitad vampiro – empecé a explicarle -, pero también soy un metamorfo porque puedo transformarme, como Jake y sus amigos, que lo hacen en lobos, sólo que yo lo hago en un vampiro casi completo.

La boca de Helen ya llevaba un rato colgando. La cerró y pestañeó deprisa, seguramente intentando despejarse para comprender.

- ¿Casi? – preguntó.
- Sí, no llego a transformarme del todo, ya que una parte de mí siempre sigue siendo humana. A diferencia de los vampiros completos, mi corazón nunca deja de latir. Ahora tengo que tomar sangre para volver a mi estado normal.
- ¿Comes… – tragó saliva audiblemente – sangre? – eso también le costó soltarlo.

Mi lobo rojizo apareció de pronto de entre los árboles con un enorme venado entre los dientes. Helen se sorprendió y se asustó un poco cuando lo vio aparecer.

Mira lo que traigo para ti, preciosa, dijo él con satisfacción mientras lo dejaba en el suelo, delante de mí. El más grande de todos. Tuve suerte, se me cruzó una manada justo ahora.

Seguramente, el pobre animal se moriría antes del susto por ver a ese descomunal depredador, que de la acción de los colmillos de Jake.

- Gracias, cielo – y me acerqué a él para acariciar su gigantesca cabeza.

Jake tuvo que agacharse un poco para que yo llegase. En cuanto mis dedos comenzaron a meterse entre el pelaje de la parte lateral, su garganta empezó a prorrumpir ese sonido tan parecido a un ronroneo lupino.

Ay, sí, sí, ahí…, murmuró con una voz un tanto implorante a la vez que giraba la cabeza para que mis dedos llegasen más a fondo.

- ¿No decías que era como un cubito de hielo? – le recordé con retintín, aunque sonriendo -. ¿Ahora mis dedos no te congelan?

Tengo mucho pelo aislante, y no llegan a mi piel…, señaló él con otro ronroneo.

Se me escapó una risilla que se cortó cuando me fijé en Helen, que nos miraba estupefacta.

Carraspeé y me aparté de mi lobo.

No, no pares…, protestó con súplica, volviendo a acercar esa enorme cabezota suya.

Jake…, le regañé con otra risilla, apartándosela. Te recuerdo que Helen está aquí.

Ah, sí, es verdad.

Y se incorporó del todo. Yo me acerqué al venado muerto.

- Esto es lo que yo como – le mostré, cogiendo la presa -. No bebo sangre humana, si es lo que querías saber – le sonreí -. Y ya sabes que también me alimento de comida normal, me ves comer todos los días en la cafetería del instituto.
- Sí, claro – asintió con una risita nerviosa, como si se acabase de dar cuenta de eso.
- Creo que será mejor que me ponga detrás de este árbol, no querrás ver esto.
- Sí, creo que por hoy ya he tenido bastante… - masculló.
- Terminaré enseguida.

Me senté, apoyando la espalda en el tronco y escondiéndome de su vista, y le hinqué los colmillos al animal para beberme su sangre.

Jacob se sentó y se quedó frente a Helen. Ladeé un poco la cabeza para poder mirar por el rabillo del ojo mientras succionaba.

Mi amiga lo observaba todavía con algo de estupor, pero también parecía fascinada. No era de extrañar. No es porque fuera mi lobo, pero Jake era el más guapo de todos los metamorfos, en su forma humana y en su forma lobuna. Si ya un lobo normal y corriente era precioso, Jake era verdaderamente impresionante. Su largo pelaje rojizo y bermejo brillaba saludablemente de lo limpio y cuidado que estaba. Aunque la capa externa era un poco más áspera, impermeable y resistente, para que pudiera soportar las inclemencias de la lluvia y la nieve, la capa interior de su pelambrera era más fina, aunque espesa, sedosa y algodonosa, para aislarle del frío. Su gigantesco y descomunal tamaño ya te sobrecogía, pero es que todo en él era perfecto y majestuoso. Sus facciones lobunas, orejas y ojos eran totalmente simétricos, perfectos, todo en él parecía estar hecho al detalle, y su musculatura y sus patas eran fuertes y poderosas. Hasta sus movimientos tenían algo de la realeza. Era el Gran Lobo, y eso se notaba sólo con verle.

No pude evitar sentirme profundamente orgullosa de Jacob, y de sentirme la mujer más afortunada del universo porque él estuviera conmigo. ¡Y yo me iba a casar con él!

Las mariposas de mi estómago revolotearon como locas sólo de pensar en ese día. En ese 18 de junio, cuando me convertiría en Renesmee Carlie Black…

Eso suena muy bien, nena, repítelo, intervino él de pronto.

¡Oh, no! Se me había olvidado por completo que él podía escuchar todos y cada uno de mis pensamientos. Si no fuera porque todavía no había vuelto a mi estado normal, me hubiese puesto roja como el fuego.

- ¿Puedo… puedo tocarte? – le preguntó Helen con voz trémula.

Solté una risita maléfica entre dientes.

Sí, hombre, ni hablar, protestó él, aunque ella sólo escuchó el gañido.

Venga, Jake, deja que te acaricie un poco, le pedí.

No soy un perro, objetó.

Nadie ha dicho que lo seas. Es sólo que ella ha visto que yo te acariciaba y tiene curiosidad por ver cómo es, nada más.

Tú eres tú, alegó.

- ¿Es que sólo se deja acariciar por ti? – quiso saber ella, dirigiéndose a mí.

¿Lo ves? Ahora está hablando como si yo fuera un perro.

Venga, Jake, sólo un poquito, le rogué.

Esto es muy incómodo para mí. Dime una cosa, si estuviera en mi forma humana y ella me pidiera lo mismo, ¿también me dirías eso? ¿Dejarías que ella me acariciase? Porque yo sigo siendo el mismo, sea hombre o lobo.

Mi boca soltó a mi presa de golpe y el último trago de sangre se me quedó atravesado en la garganta.

- Sí, sólo se deja acariciar por mí, lo siento – la contesté sin un atisbo de duda ni titubeo.
- Oh.

Eso está mejor, dijo Jake, satisfecho.

La última de esas tres palabras ya la escuché con interferencias, porque en cuanto bebí unos cuantos tragos más de la sangre del venado, mi cuerpo terminó la transformación y todo en mi organismo volvió a la normalidad.

Dejé el animal en el suelo y me levanté para ir junto a ellos. Jacob se puso de pie y se colocó a mi lado, oliéndome y dándome unos pequeños lametones en la cara. Después, se irguió y corrió para esconderse detrás de un pino.

- ¿Ya vuelves a ser la misma de siempre? – interrogó Helen con una expresión más tranquila, si bien todavía no debía de creerse mucho todo lo que estaba viendo.
- Sí, la Nessie medio humana de todos los días – sonreí.

Y antes de que me diera cuenta, ella se arrojó a mis brazos y se puso a llorar en mi pecho.

- Gracias por todo – sollozó.

Me quedé tan sorprendida de su reacción, que tardé unos segundos en poder pestañear. Aún así, la abracé y esperé un poco más, para que se desahogase.

- Eh, venga, ya pasó todo – le calmé después de un rato, separándola por los hombros con suavidad -. ¿Tú estás bien? ¿Te has hecho daño?
- No, estoy bien – respondió, secándose las lágrimas.
- Ahora dime, ¿qué hacías por aquí? ¿Y por qué querían llevarte con ellos esos cuatro?
- Es un poco largo de explicar – exhaló.
- Tengo todo el día. Además, en cierto modo Jake y yo te hemos contado nuestro secreto, lo justo es que tú nos cuentes el tuyo, ¿no crees? Y también me tendrás que explicar por qué tienes esos ojos de color fucsia. Y no me digas que ha sido la gripe o que es de nacimiento.
- No – se rió, aunque un poco a desgana –. Esto es porque he sido contagiada – y la voz se le quebró al final de la frase a la vez que sus ojos se dirigían hacia el suelo, melancólicos.
- ¿Contagiada? – pregunté, extrañada –. ¿Contagiada de qué?

De gripe no, eso seguro. No se me ocurría nada que tiñera el iris de ese color fucsia chillón. Los neófitos y los vampiros que tomaban sangre humana tenían los ojos de un escarlata fuerte, y los licántropos los tenían amarillos reflectantes.

- Siento estropearos el momento, pero es mejor que os contéis todas esas cosas en casa – irrumpió Jake, saliendo de su escondite como humano -. Sam acaba de comunicarse conmigo.

La cara de Helen reflejaba a las claras que no entendía nada, pero ahora mismo no podía explicárselo.

- ¿Qué te ha dicho? – quise saber -. ¿Ya los han cogido?
- No, aún no. Por eso tenéis que iros, aquí corréis peligro – afirmó con seriedad, cogiendo mi mano con rapidez para empezar a caminar. Helen nos siguió y se puso a mi lado -. Los perdieron de vista al noreste, cerca del río Soleduck, pero están siguiendo su rastro. Es posible que continúen por estos bosques, así que esta zona no es segura – aseguró, observando y escudriñando los alrededores -. Id a casa y esperadme allí, yo os llevaré.
- ¿Vas a ir con ellos? – inquirí, asustada, apretando su mano.

Estaba acostumbrada a que se fuera a patrullar, sin embargo, la imagen de ese vampiro rubio de coleta, con su alma malva oscuro envolviendo su silueta y mirándonos con esa espeluznante maldad se me clavó en el cerebro y me infundó un temor extraño y helado que me atravesó el cuerpo.

- Tengo que ir, Nessie. La manada está dividida en cuatro grupos ahora mismo, no nos quedan más efectivos. Verás, Leah y su cuadrilla todavía están luchando con los vampiros nómadas que han venido hoy, Quil y otro grupo están vigilando la tribu, y Embry y los suyos se han cargado a esos otros que olieron la sangre de tus compañeros de clase, pero ahora se encuentran protegiéndolos por si a otros vampiros se les ocurriese volver por allí. Así que Sam me necesita, ¿entiendes? Cuantos más seamos para rastrear a esas ratas, antes les encontraremos y nos los cargaremos.

De pronto, las palabras compañeros de clase me recordaron algo.

- Mierda – mascullé.
- ¿Qué pasa?
- Yo tengo que volver con la excursión. Brenda debe de estar muy preocupada por mí, y el señor Grant… Oh, no, mierda – lamenté.
- Pues tendrás que decirle a tu profesor que te encuentras mal o algo y largarte. Helen no estaba en la excursión, así que no puede aparecer por allí como por arte de magia, tus compañeros y tu profesor se darían cuenta, seguro. Y tampoco se puede quedar sola. Lo mejor es que vayáis a casa y os quedéis allí. Y a Brenda ya se lo explicarás más tarde, ahora no hay tiempo.
- ¿Entonces, voy al perímetro de la excursión y le digo al señor Grant que me he puesto enferma y que me tengo que ir?
- Sí, eso. Bueno, invéntate algo mejor, seguro que tú puedes.
- Espero que cuele – suspiré, no muy convencida.
- Si le pones esos ojitos tuyos, seguro que se lo traga – aseguró con una sonrisa torcida mientras pellizcaba mi mejilla.

Le hice una mueca y seguimos caminando con rapidez en dirección a la excursión.

Cuando llegamos, vimos a Embry y a su grupo, que, efectivamente, estaban vigilando la zona. Jacob se transformó para hablar con ellos, Helen me esperó, respaldada en todo momento por los lobos, y yo entré en el perímetro puesto por el señor Grant y el guarda.

Después de aguantar una bronca monumental de Brenda por dejarla sola y haberla tenido tan preocupada, y encima, por haber soportado al pesado de Matt, que al parecer no había hecho más que preguntar por mí y había estado apunto de chivarse por mi extraña tardanza, se lo expliqué un poco por encima para que me dejase en paz.

Se quedó alucinada y no pudo evitar la tentación de salir del perímetro un minuto para ir a hablar con Helen. Cuando ambas se vieron, las dos se asombraron. La una estaba boquiabierta por ver los llamativos y extraños ojos fucsia, la otra por descubrir que su amiga también estaba enterada de la existencia de un mundo lleno de seres extraños y monstruos.

Tuve que agarrar a Brenda del brazo para llevarla al perímetro de nuevo, ya que seguía allí anclada frente a Helen, con la boca abierta y los ojos abiertos como platos, preguntándose qué, cuándo, cómo…

Conseguí convencerla para que fuera en el autobús con el resto de alumnos y se encargara de mi mochila y mis cosas una vez en el instituto, prometiéndole que se lo contaría todo cuando me lo trajera a casa, y me dirigí a hablar con el señor Grant.

Le dije que me encontraba indispuesta y que por eso había tardado tanto en volver. No parecía muy dispuesto a creerme al principio, pero como dijo Jacob, en cuanto le puse cara de cordero degollado y fingí mi malestar, se lo tragó todo. Eso sí, tuve que escuchar otro sermón.

Insistió en que alguien me acompañase al parking cuando le dije que mi novio había quedado en venir a buscarme allí, ya que él, como profesor, era responsable de todos los alumnos. Según las normas del instituto, los profesores eran nuestros tutores en el horario escolar, dentro y fuera del centro, y no podían permitir que uno de ellos se fuera solo por ahí, y menos después de todas esas desapariciones que estaban teniendo lugar en los alrededores y que tenían tan preocupada a la población.

Brenda se ofreció encantada y, cómo no, Matt se nos unió. Mi amiga resopló, enfadada, pues delante de Matt no podía contarle nada y se iba a quedar con las ganas de saber qué estaba pasando, aparte de que tenía que seguir aguantándolo.

Después de esperar unos veinte minutos que se me hicieron eternos junto a ese insistente y pesado pretendiente, el Golf rojo apareció en el aparcamiento. Jake se inclinó sobre mi asiento y me abrió la puerta desde el interior. Todavía iba sin camiseta, y todos esos músculos fuertes y poderosos no escaparon a la vista de Matt, que frunció los labios con rabia, y pude percibir un poco de envidia, también.

Me reí entre dientes, me despedí de los dos, poniendo voz pusilánime e idéntica cara, para que Matt no sospechase nada, y me subí en el coche con Jake.

Embry e Ivah habían quedado con Jacob en llevar a Helen a un punto de la carretera para que la recogiéramos.

Salimos del parking de Rialto Beach, rodamos alrededor de un kilómetro por esa carretera de Mora y paramos para que se subiera Helen.


Última edición por JACOB&NESSIE el Mar Abr 26, 2011 2:44 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Abr 26, 2011 2:43 pm

Aqui va otro mas alien

Por cierto, muchisimas gracias por esas cosas tan bonitas que me poneis, me anima muchisimo!!!

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RYAM

Jacob aparcó el coche frente al garaje y nos acompañó hasta la misma puerta de casa. Dejé que Helen entrara primero y yo me quedé en el umbral para despedirme de él.

- Quil y su grupo están por esta zona, así que aquí estaréis a salvo – aseguró, llevando su palma a mi rostro para acariciar mi mejilla con el pulgar.

Me arrojé a él y le abracé con fuerza.

- Ten mucho cuidado – murmuré en su cuello.

Apretó su abrazo durante un instante y después sus manos dejaron mi espalda para sujetarme por los brazos. Me despegó un poco de su cuerpo, con delicadeza, y sus ardientes labios se unieron a los míos para besarme.

No sé cuánto tiempo pasó, pero a mí me pareció muy poco.

- Estaré aquí antes de cenar – afirmó con un susurro.

Asentí con la cabeza.

Me dio otro beso, este corto y dulce, y se separó de mí. Luego, me echó un último vistazo antes de darse la vuelta y se marchó.

Cerré la puerta y me quedé un par de segundos con la mano en la manilla, hasta que exhalé y me alejé del cerramiento.

- Helen – la llamé.
- Estoy en la cocina.

Mis amigas ya habían estado en mi casa varias veces – sobretodo Brenda, lógicamente –, así que Helen también se conocía la vivienda.

Entré en la cocina, donde mi compañera ya se encontraba sentada en la mesa.

Sus dedos repiqueteaban en el tablero con nerviosismo y su mirada estaba perdida, como si estuviese pensando en algo.

- Prepararé una tila para las dos – le dije, acercándome al armario para coger una cazoleta.
- Gracias.

La llené de agua y la puse en la vitrocerámica. Saqué dos tazas, dos cucharillas y dos manteles individuales y lo coloqué todo en la mesa. Después, cogí el azucarero del mueble y lo puse en el medio de los dos mantelitos.

Cuando el agua hirvió, la vertí en las tazas y les añadí las bolsitas de tila.

- Gracias – repitió con una sonrisa de agradecimiento.
- De nada – le contesté, sentándome junto a ella -. Y ahora, cuéntame, ¿qué es eso de lo que te han contagiado? ¿Y por qué te perseguían esos vampiros? ¿Y por qué faltas tanto a clase? ¿Tiene que ver con todo esto?

Tenía tantas preguntas…

- Es largo de contar, no sé por dónde empezar – suspiró.
- Empieza por el principio – le sugerí un poco en broma para romper el hielo, soplándole a mi tila.

Pareció funcionar, Helen sonrió. Aunque su débil sonrisa pronto se le borró de la cara.

- Fue Ryam – murmuró con voz frágil, bajando la mirada.
- ¿Ryam?

Ryam era el mejor amigo de Helen, y lo único que yo sabía de él era su nombre y lo que ella me había confesado en aquella nota el curso pasado para hacerme ver que a mí me gustaba Jacob: que ella estaba enamorada de él, pero que él no la correspondía. Para ser su mejor amigo, casi nunca hablaba de él.

- Ryam me contagió sin querer – me reveló sin apartar la vista de su taza. Pestañeé, perpleja, pero dejé que siguiera hablando. Respiró hondo y exhaló el aire con rapidez -. Todo empezó hace dos años y medio, justo cuando empezamos el primer curso en el instituto. Ese viernes Ryam y yo estábamos en el Ocean, habíamos quedado a solas para hablar, ya que él tenía algo importante que decirme. Yo sabía que por fin se iba declarar, porque ya nos habíamos acercado mucho el uno al otro y a él se le notaba a leguas. Salimos de la discoteca para tener más intimidad y nos fuimos al parque de al lado.

››Todo iba muy bien, estábamos paseando tranquilamente, charlando, y, en un momento dado, Ryam me hizo parar. Me puse muy nerviosa, porque sabía que iba a besarme – la comisura de su labio se curvó durante un breve instante, sin embargo, después volvió a bajar en picado –. Pero no le dio tiempo – murmuró.

››Aunque era de noche, el parque estaba bastante iluminado, pero aún así, no lo vimos venir. En aquel entonces, no sabíamos qué había sido, algo vino a la velocidad de la luz y rozó el brazo de Ryam. No hizo nada más, solamente pasó a su lado, rozándole, y se perdió entre los árboles como un meteorito.

››Al principio, Ryam no notó nada raro. Sólo nos quedamos extrañados por eso que había pasado a nuestro lado tan rápido. Sin embargo, al rato empezó a sentir un escozor en el brazo que se fue extendiendo por el resto del cuerpo. No le dolía, pero sí le escocía, y sus manos empezaron a temblar. Le miré el brazo para ver qué le había hecho y me fijé en que tenía un pinchazo. Se veía bastante, ya que se puso rojo alrededor y la zona se hinchó un poco. Alguien le había inyectado algo.

››Entonces, Ryam perdió el conocimiento y, mientras estaba en el suelo, su cuerpo se llenó de convulsiones. Me asusté mucho. Era como si le estuviese dando un ataque epiléptico, sus ojos se pusieron en blanco y le salía espuma por la boca. Pero él no es epiléptico. Mi primera reacción fue chillar para pedir ayuda, pero el parque estaba vacío. Y cuando el pánico me dejó recordar el móvil y lo saqué para llamar a una ambulancia, Ryam dejó de hacer todo eso y se despertó.

››Estaba aturdido, sin embargo, no se encontraba mal, no parecía que tuviera nada a simple vista. Se levantó completamente fresco y normal, parecía que todo había sido un susto. Le miré el brazo de nuevo y me sorprendí cuando vi que no tenía marca alguna, ni un solo punto rojo, ya no había pinchazo. Él insistió en que estaba bien, pero yo no me fiaba, así que llamé a una ambulancia igualmente. En el hospital le hicieron diferentes pruebas y no le encontraron nada, estaba totalmente sano. Eso hizo que nos tranquilizáramos y nos fuéramos a casa, pues ya se nos había hecho tarde.

››Al día siguiente le llamé para ver cómo estaba. Todo parecía estar como siempre, así que quedamos para esa tarde. Estuvimos dando un paseo por el pueblo y tomando algo en una cafetería, nada, todo normal. Me acompañó a casa y me llevó a la parte de atrás para hablar conmigo otra vez. Estaba nervioso y yo sabía que era porque por fin se iba a declarar. Y entonces, me besó – sus labios sonrieron y sus mejillas se sonrojaron levemente al recordar ese momento. Aunque luego su semblante volvió a ponerse triste y melancólico –. Pero enseguida llegó mi padre y nos interrumpió.

››Venía borracho, como siempre, y se enfadó muchísimo cuando nos vio. No es un mal hombre, pero el alcohol le cambia la personalidad por completo, y encima, hacía sólo un año que mi madre había muerto y él lo estaba pasando realmente mal. Siempre sintió mucha dependencia de ella, aunque tuvieran sus problemas, y no ha soportado su pérdida. Una vez hasta estuvo apunto de suicidarse – declaró con un hilo de voz -. Sé que parece todo lo contrario, pero él me adora, me quiere con locura, y si no lo hizo, fue por mí, lo sé. Yo soy lo único que tiene en la vida, y para él sigo siendo su pequeña. Bueno, ya sabes cómo son los padres.

Sí, yo tenía un buen ejemplo. Mi padre también seguía viéndome como a su niña. Aunque mi caso era un poco diferente. El pobre sólo había tenido siete años para verme crecer y acostumbrarse a eso.

- Cuando mi padre nos vio, se enfadó mucho y se puso a dar voces para regañarme. No se puso especialmente violento ni nada, mi padre es muy refunfuñón, pero se le va toda la fuerza por la boca, nunca pasa de ahí, y Ryam lo sabe, conoce a mi padre desde siempre, ya sabe cómo es. Por eso me sorprendió tanto la reacción de Ryam, él tiene un carácter fuerte, pero nunca le había visto así. De repente y, sin venir a cuento, se puso como loco, muy agresivo, estaba fuera de sí. Yo no sabía qué le pasaba, jamás se había comportado de ese modo.

››Sus manos empezaron a temblar, como la noche anterior en el parque, y su cuerpo se llenó de convulsiones, sólo que, esta vez, no se había desmayado, estaba de pie, mirando a mi padre con furia mientras respiraba con mucha agitación. Papá y yo nos quedamos mudos de la estupefacción. Y, entonces, fue cuando sucedió.

››Su cuerpo empezó a crecer desmesuradamente, tanto, que sus ropas comenzaron a quedarse pequeñas hasta que se rasgaron, y se transformó en un ser enorme y fuerte. Era descomunal, mediría cerca de dos metros y medio, su boca mostraba unos colmillos enormes y sus ojos se volvieron de color fucsia – los suyos se alzaron para observarme con una mirada que ya estaba llena de repuestas –. Ryam se transformó en un gigante.

Eso me recordó a lo que Jake me había contado sobre su primera transformación: el cambio repentino de humor, los temblores, las convulsiones… Sólo que él lo había hecho en un lobo del tamaño de un caballo.

- Mi padre se cayó sentado de la impresión y yo no sé qué cara le puse, pero hizo que se diera cuenta y él mismo también se quedó paralizado y horrorizado – siguió, con un nudo en la garganta -. Se miró las manos, los brazos, el cuerpo… Y después se vio reflejado en el cristal de la puerta trasera de mi casa. Eso le horrorizó aún más. Yo estaba muerta de miedo y no me dio tiempo a reaccionar, cuando me quise dar cuenta, se había perdido en la oscuridad.

››Esa noche no dormí nada, me pasé todo el tiempo mirando por la ventana, esperando a ver si regresaba. Estaba espantada y alucinada por lo que había pasado, no podía creerlo, pero también estaba muy preocupada por él. A la mañana siguiente, mi padre pensó que todo había sido un mal sueño ocasionado por la borrachera, y yo no le dije nada. Era mejor que pensara eso y, además, tengo que confesar que, a pesar de haberle visto convertido en ese ser extraño y gigantesco, sentí miedo por Ryam. Miedo de que alguien más lo descubriera y se lo revelara a la policía o a otra autoridad, miedo de que saliese a la luz y la gente le viera como un monstruo, miedo de que se convirtiera en una atracción, de que le hicieran daño. Porque yo le quería, le amaba, no podía evitarlo, aun siendo eso, seguía enamorada de él – cerró los ojos y unas lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas, señal de que seguía estándolo todavía –. Pensarás que estoy loca, pero sentí que tenía que protegerle como fuera, nadie tenía que saber eso.

- No digas tonterías. Estás hablando con un semivampiro que está enamorada de un hombre lobo, ¿recuerdas? – bromeé para animarla -. Nosotros sí que estamos locos – le sonreí y ella hizo lo mismo a medias –. Bueno, sigue, ¿qué pasó con Ryam?

Tomó aire y siguió relatándome su historia.

- Estuvo desaparecido durante una semana. Yo estaba desesperada, pero nadie movió un dedo para buscarle. Ryam vive con su abuelo, que fue coronel del ejército o algo así – su voz se tiñó con un tinte de acidez -. Nunca le ha importado Ryam, y le ha maltratado desde que era un crío, así que le importó un bledo cuando desapareció. Y yo estaba muy preocupada por él, pero tampoco podía ir a la policía, no sabía en qué estado iba a estar, si seguía siendo un gigante o qué. Así que no me quedó más remedio que aguantar la angustia y esperar. Hasta que un día por fin apareció y vino a verme.

››Me sorprendí cuando vi que no era un gigante, y me entró una felicidad enorme por verle de nuevo, pero cuando le fui a abrazar y a besar, se apartó y no me dejó. Entonces, me fijé en que sus ojos seguían siendo de aquel color fucsia, y él empezó a explicármelo todo.

››Me contó que al principio estuvo corriendo por los bosques durante horas en esa forma extraña, que se iba a marchar lejos para huir de todo, que se sentía como un monstruo y que incluso se le había pasado por la cabeza el quitarse la vida, pero que después pensó en mí y se detuvo en mitad de ese bosque – sus mejillas se volvieron a sonrojar por un instante -. Estuvo un rato quieto, meditando sobre mí y lo que iba a hacer a partir de ese momento. Entonces, pasó algo que le dejó alucinado. A medida que se fue relajando y tranquilizando, su cuerpo fue bajando de altura, hasta que volvió a ser el mismo de siempre. No podía creerlo. Fue cuando se dio cuenta de que la transformación había empezado cuando se había enfadado, y que a la vez ese sentimiento se había visto multiplicado hasta tal punto, que en un segundo había saltado de ser un simple enfado a ser una ira descontrolada. Probó a pensar en algo que le enojara mucho y se transformó otra vez en un gigante, y cuando su mente se relajó y se le pasó el enfado, su cuerpo volvió a ser normal.

Pestañeé, perpleja. Era la primera vez en toda mi vida que oía algo igual.

- También se dio cuenta de que todo había comenzado la noche en la que estábamos en el parque, cuando eso que había pasado a nuestro lado como una bala le había rozado y le había inyectado algo. Lo que fuese que le había inyectado, era lo que había provocado ese cambio en él. Decidió buscar a quien le había inyectado eso y estuvo varios días intentando averiguar algo, pero no encontró nada sustancial, tan sólo algunas pistas.

››Después de contarme todo esto, y a partir de ese día, Ryam se sintió muy aliviado por mi actitud con él, sin embargo, nunca más fue lo mismo; empezó a mantener las distancias conmigo, ya que decía que era peligroso que estuviera cerca de él. Todo lo que sentía por mí y aquel beso, se quedó en el aire – murmuró, cabizbaja -. Y no sólo eso, poco a poco se ha ido alejando de todo el mundo, hasta el punto que ya no tiene amigos. También se fue de casa, ya que con su abuelo iba a ser imposible no transformarse, seguramente, al primer levantamiento de mano, Ryam reaccionaría; y no podía permitir que nadie descubriera su secreto, y menos su abuelo, que, aunque ya está retirado, aún tiene contactos en el ejército. Por supuesto, éste ni hizo preguntas ni le importó un bledo. Ryam cobra una pensión que le dejó su padre, que también estaba en el ejército, así que se fue a vivir a un hostal de mala muerte. Es horrible, pero está limpio, y allí no le hacen preguntas sobre su edad. Ha intentado llevar una vida más o menos normal, pero siempre que nota que se va a enfadar, tiene que salir corriendo para no transformarse delante de nadie.

››A ninguno de los dos nos gustaba esa situación, así que esos primeros meses, desde que había tenido lugar su primera transformación, decidimos investigar a partir de las pistas que él tenía para ver si averiguábamos algo y dábamos con una solución.

››Una tarde estábamos en los bosques del Parque Nacional de Olympic, siguiendo una de las pistas, cuando aparecieron cinco individuos de la nada. Nos rodearon, corriendo a nuestro alrededor a una velocidad de vértigo, parecían balas humanas que apenas podíamos ver, y entonces supimos que se trataba de lo mismo que le había rozado en el brazo a Ryam en el parque.

››Cuando Ryam se enfadó y se transformó en un gigante, uno de ellos se paró frente a nosotros y alzó el brazo. Los demás hicieron lo mismo al instante y se colocaron a ambos lados de él. Eran los cuatro vampiros que nos persiguieron antes en el bosque y otro más. Se presentaron y saludaron a Ryam, llamándolo por su nombre.

- ¿El que se paró y levantó el brazo era el de la coleta? – quise saber.
- Sí, se llama Razvan, y es el jefe de todos ellos.
- Lo sabía… - murmuré, apretando mi taza de tila con las dos manos, pues otra vez me acordé de esa maldad que desprendía y de que mi Jacob estaba en el bosque, persiguiéndolo.
- Razvan le dijo a Ryam que tenía que irse con ellos, que tenían algo muy grande entre manos, y que él había sido el primero en ser mutado para crear una nueva especie, una raza superior que les iba a ayudar a conquistar el mundo. Por supuesto, yo estaba aterrada, no sólo de esos seres y de esas palabras, sino del cómo las dijo, de su expresión…
- Sí, ese vampiro es especialmente malvado – coincidí yo también.
- Ryam quería saber más cosas, así que fingió estar interesado en su oferta y le preguntó cómo habían hecho para convertirle. Y Razvan le desveló mucho, aunque no todo.

››Pero después Ryam se negó a irse con ellos – siguió Helen, y su voz quería quebrarse de nuevo –. Razvan se sintió traicionado y engañado, y mandó a sus secuaces que atacaran. Ryam se puso muy agresivo y violento, tanto que me quedé paralizada. La única vez que lo había visto así había sido la noche de su primera transformación, y me entró el pánico. No sabía si en ese estado sería capaz de distinguir a alguien, y temí que me atacara a mí también. En un momento, me vi rodeada de seres monstruosos y muy peligrosos, donde no tenía ni la más mínima oportunidad de escapatoria.

››El primero que saltó fue el vampiro grande, Elger, estaba claro que quería medir sus fuerzas con él. Pero también se abalanzó el vampiro moreno, Axel, y este venía a por mí. Entonces, me quedé a cuadros. Ryam se arrojó a por mí para apartarme, pero su enorme cuerpo chocó con el mío y sus colmillos rozaron mi cuello accidentalmente, aunque no me hizo demasiado daño, tan sólo fue una herida superficial de la que no hice mucho caso en esos momentos. Con eso se interpuso en su camino y se llevó todo el embuste del encontronazo que estaba destinado para mí. Me quedé boquiabierta, su agresividad no iba conmigo, sino que me estaba protegiendo, podía distinguir a las personas. Eso no les gustó, no pareció ser la reacción que esperaban de él, y se quedaron perplejos, mirándose unos a otros, extrañados.

››Razvan solamente hizo un movimiento de cabeza. Axel regresó a su puesto en la fila y Elger atacó, aprovechando que mi mejor amigo estaba en el suelo y no le había dado tiempo a levantarse. Ryam es un gigante y muy fuerte, pero el problema es que no tiene ni idea de combatir – me aclaró -. Aunque intentó luchar, de dos movimientos rapidísimos, Elger consiguió herirle, sin embargo, en vez de seguir atacando, se volvió a la fila con el resto de vampiros, que observaban a Ryam con mucho interés. Ryam se levantó del suelo y se quedó delante de mí, esperando su próximo ataque para defenderme, ya que no podía hacer otra cosa. Yo estaba aterrada, por mí y por él, sabía que íbamos a morir allí, era imposible que Ryam pudiera con esos cinco sin saber luchar. Pero no se movieron, siguieron inmóviles, mirándole. Era como si eso sólo hubiera sido una prueba para comprobar algo.

››No era una herida grave, pero sí sangraba bastante, y no la quitaban ojo. Al cabo de unos segundos, Axel dijo algo así como no se cura, y Razvan rechinó los dientes, parecía desilusionado y cabreado. Estaba claro que algo salió mal en la mutación de Ryam.

››Yo empecé a sentir un escozor en el cuello, pero lo achaqué al típico resquemor que te da cuando te cortas, como cuando te araña un gato y notas ese resquemor en la zona de la herida, así que no le di más importancia.

››Y entonces, Razvan dijo con mucho disgusto: este gigante no nos sirve para nada, no se regenera, y es demasiado humano, esta palabra la dijo con desprecio, y después siguió: habrá que deshacerse de él, y de la chica también. Tendremos que seguir trabajando para mejorar la fórmula. Me acuerdo muy bien de esas palabras, porque me chocaron muchísimo, iban a matarnos.

››Sin embargo, cuando ya estaban apunto de lanzarse a por nosotros, otros cinco vampiros aparecieron de entre los árboles. Ryam y yo no fuimos los únicos que nos quedamos paralizados, Razvan y sus secuaces se vieron totalmente sorprendidos. Los otros vampiros vieron a Ryam, pero en vez de asombrarse o sorprenderse, se volvieron a Razvan y le rugieron con desagrado. Antes de que nos diese tiempo a pestañear, se pusieron a luchar entre ellos.

- ¿Quiénes eran esos otros vampiros? – pregunté, frunciendo el ceño con extrañeza -. Por lo que dices, es como si ya supiesen de la existencia de un gigante y estuviesen buscando a Razvan para detenerle.
- No sé quiénes eran, pero tenían que ser enemigos muy importantes para Razvan, porque en un santiamén cambiaron de objetivo e iniciaron una batalla con ellos – afirmó -. De pronto, nadie se fijaba en nosotros.

Me quedé pensativa.

- ¿Llevaban túnicas grises con capuchas o algo así? – quise saber.
- ¿Túnicas? No, iban normales, bueno, creo. No estoy muy puesta en moda de vampiros – por primera vez en toda su alocución, sonrió.

Se la notaba aliviada por poder contárselo a alguien, y yo me sentí feliz de haber contribuido a su desahogo.

- Qué raro, ¿quiénes serían? – inquirí para mí misma, observando el techo de la cocina como si éste fuera a darme una respuesta o algo. Bajé de mi momentánea nube y suspiré -. Perdona, sigue.
- Ryam aprovechó ese momento de confusión, en el que todos esos vampiros estaban demasiado ocupados con la lucha, para agarrarme del brazo y escapar. Su velocidad era muy rápida, no tanto como la tuya, pero sí lo suficiente para que yo no pudiera seguirle el paso. Sin embargo, no fue eso lo que me impidió seguir corriendo. El escozor de mi cuello se extendió por el resto de mi cuerpo, y cuando me di cuenta, mis piernas cedieron y me caí en el suelo.

››Lo siguiente que recuerdo es que me desperté en mi cama, y Ryam estaba sentado en la butaca, llorando.

- Te había contagiado – enuncié.
- Sí – murmuró –. Después de eso, Ryam estuvo peor que nunca. Se sentía demasiado culpable, y por más que le decía que todo había sido un accidente, que todo iba a salir bien y que yo no tenía nada que perdonarle, no había forma de convencerle de lo contrario ni de aliviarle – tomó aire, lo expulsó lentamente y siguió hablando -. Pensamos en huir juntos, en desaparecer por una temporada para que esos vampiros no nos encontraran, pero los días pasaron y no supimos más sobre ellos. Así que creímos que igual habían perdido aquella batalla y habían muerto. Por supuesto, nos quedamos en Forks porque en aquel entonces no sabíamos que esos seres eran vampiros, sabíamos que eran unos seres extraordinariamente fuertes y veloces, pero no nos imaginábamos que eran tan peligrosos, y, como acabo de decir, creímos que habían muerto. Ahora sé que fuimos demasiado ingenuos – suspiró.

››Como ya te dije antes, Ryam intentaba llevar una vida más o menos normal antes de contagiarme, aunque ya se estaba quedando sin amigos, porque no sólo se alejaba de mí para no hacerme daño, también lo hizo con los demás. Sin embargo, cuando me contagió, todo fue a peor.

››Buscar una cura se convirtió en una obsesión para él. Se volvió muy introvertido, no solamente con los demás, sino conmigo también. Siempre estábamos juntos, sin embargo, ya nunca fue lo mismo. Ryam interpuso una especie de barrera entre nosotros para no hacerme más daño, aunque yo siempre le he dicho que no me lo hace, pero es inútil, no me escucha. Yo siempre lo he llevado mejor, por eso no me ha costado tanto seguir con mi vida normal. Pero Ryam es diferente, a él le cuesta más no transformarse, y comenzó a aislarse. La gente empezó a verlo como un bicho raro y, como yo siempre estaba con él, pues me metieron en el mismo saco. Sin embargo, por más que le decía que a mí no me importaba y que mis amigas del colegio seguían siendo mis amigas, esos comentarios de la gente le hundieron más, así que finalmente dejó el instituto, para dedicar todo su tiempo a su búsqueda, pero también para que la gente dejara de hablar de mí.

Ahora entendía muchas cosas, como por qué nadie se sentaba con ella aquel primer día de clase, por qué los demás alumnos me habían mirado con extrañeza cuando me senté a su lado, por qué llevaba lentillas doradas…

- El señor Greene llamó a su abuelo varias veces para pedir explicaciones, creyendo que Ryam vivía allí – continuó Helen –. Pero al abuelo de Ryam le da igual todo, más bien empezaba a estar harto de que el director le molestara con ese tema, y en una de las últimas veces que se puso al teléfono, mintió y le dijo al señor Greene que su nieto estaba trabajando y que eso de estudiar era una pérdida de tiempo. Sólo lo dijo para quitárselo de encima, porque él seguía siendo el tutor de Ryam, y si las autoridades se enteraban de que su nieto, que en aquel entonces era menor de edad, se había ido de casa, le podía caer un buen puro. Se lo soltó con esa voz de coronel y el director ya no volvió a molestarle más.

››Los meses pasaron y Ryam estuvo investigando sin descanso, aunque no tenía mucho por donde empezar, tan sólo los nombres de los vampiros y el sitio donde nos habíamos encontrado con ellos, lo cual no era nada, pero sí tenía lo que le contó Razvan cuando le hizo creer que se iba a unir a ellos. Y comenzó sus investigaciones a partir de ahí, ese fue su punto de partida. Se iba y volvía una y otra vez, pero nunca estaba fuera más de un par de días, siempre regresaba por aquí. Entonces me contaba lo que había averiguado y yo le ayudaba tirando de biblioteca y hemeroteca. Así fue como descubrimos que esos seres eran vampiros y llegamos a todas las conclusiones que tenemos. Lo que no sabemos es quién es realmente Razvan, ni qué es lo que pretende en realidad.

- Dices que Razvan estaba acompañado de cuatro vampiros, ¿verdad?
- Sí – asintió -. Como ya te dije, el vampiro grande se llama Elger, el moreno, Axel, el rubio de barba, Duncan y el otro se llamaba Ion – me aclaró.
- Claro, a Ion se lo cargó la manada de Jake, por eso no estaba hoy con ellos – empecé a divagar -. Ese vampiro mató a un lobo normal, le arrancó una pata en vida, y esos animales son sagrados para la tribu quileute, por eso lo persiguieron y terminaron con él – le expliqué después.
- Están intentando mejorar el veneno – reveló con seguridad.
- ¿Qué? – pregunté sin comprender.
- Ellos fueron quienes le inyectaron esa cosa a Ryam. Es una especie de veneno que han hecho con los genes de los lobos normales de los bosques de La Push para crear a estos gigantes.
- ¿Cómo dices? – mis ojos ya no podían estar más abiertos.
- En aquel encuentro que tuvimos con los vampiros, cuando Ryam fingió estar interesado y le preguntó cómo habían hecho para convertirle, Razvan le habló de la existencia de unos hombres que eran capaces de transformarse en lobos gigantes – mi alma se estremeció al escuchar eso. Ya sabía que la manada era más que conocida entre los vampiros, sobretodo entre los nómadas, que venían precisamente por eso, pero que el rumor sobre los metamorfos llegara tan lejos, me sobrecogió y tuve que tomar unos tragos de mi tila -. Le dijo que esos lobos eran tan grandes como caballos, que eran muy fuertes e inteligentes, y que tenían unas cualidades de curación regenerativas impresionantes que los hacían todavía más resistentes.

››Ryam le preguntó qué tenían que ver esos hombres lobo con esa nueva especie de la que había hablado antes. Razvan le explicó que su primera intención había sido crear esa nueva especie a partir de la sangre de esos hombres lobo.

- ¿A partir de la sangre de… mis lobos? – tuve que tragar saliva para que no se me secara la garganta.
- Sí, esa era su primera intención, pero tuvieron que cambiar de planes cuando vieron que era imposible. Según Razvan, extraer sangre de alguno de tus lobos era demasiado peligroso, ya que son mucho más numerosos, están muy bien organizados y son demasiado fuertes. Así que decidieron sacarla de otro sitio.
- De los lobos normales… – adiviné con un murmullo, sorprendida.
- Exacto – me ratificó Helen -. Razvan le dijo que el origen de tus lobos venía de los cánidos de sus tierras, y que en ellos también estaba la clave genética de su regeneración – volví a estremecerme, ¿cómo sabían eso? -. Por eso Razvan y los suyos salieron en busca de esos lobos normales, aunque no le dijo de dónde eran ni dónde estaban.

››Al parecer, no han matado solamente a ese lobo del que has hablado tú hace un momento, lo han hecho con más lobos, sólo que los mataban y se limitaban a extraerles la sangre.

Mi semblante cada vez se horrorizaba más.

- Le desveló que pretendían crear seres enormes, muy fuertes e inteligentes que fueran capaces de regenerarse con rapidez, al igual que lo hacían tus amigos, pero que no fueran lobos, sino que tuvieran manos y piernas, como los humanos, y que también fueran muy sanguinarios, seres sin sentimientos, despiadados, y que contaran con una buena dentadura. Según Razvan, eso aventajaría a los lobos como tus amigos y haría de ellos una raza superior. Luego fue cuando Ryam se negó a irse con ellos y vino todo lo demás que te acabo de contar.

››Eso fue lo único que Razvan le reveló. Y esto que te voy a contar ahora es lo que Ryam y yo hemos conseguido averiguar. Sabemos que Razvan y los suyos hicieron el veneno a partir de la sangre de esos lobos normales, aunque no sabemos cómo lo han conseguido ni con qué medios, y se lo inyectaron a Ryam. Él era la primera prueba, un boceto, el primer ratón de laboratorio, y estaban convencidos de que todo iba a ir a las mil maravillas. Pero algo salió mal.

- Ryam no es despiadado ni sanguinario – volví a adivinar, tiñendo mi tono de revelación asombrosa -. Él te protegió, por eso no les gustó esa reacción. Se dieron cuenta de que él tenía sentimientos.
- Exacto, porque no han conseguido anular su mente humana. Pero es que, además, también vieron que Ryam no se regenera con esa rapidez de tus lobos. Ryam es un experimento fallido.

››Por eso están intentando mejorar la fórmula del veneno, pero por lo visto, ya no les basta sólo con la sangre de esos pobres lobos, deben de necesitar tejidos o algo así – dijo, pensativa.

- Hay algo que no me encaja – comenté, yo también reflexiva -. Vale que en cierto modo el origen de los metamorfos esté en los lobos corrientes, pero éstos no se regeneran como ellos.
- ¿Metamorfos?
- Los hombres lobo como Jake y los chicos se denominan metamorfos – le aclaré.
- Ah.
- Los metamorfos no descienden literalmente de los lobos normales – empecé a explicarle –. Es un poco largo y complicado de contar, pero, simplificando, te diré que el primer hombre que se transformó interactuó con un lobo y se fusionaron para ser uno solo, y de ahí salió el primer hombre lobo de La Push. El gran poder espiritual de ese hombre y la magia actuaron y lo cambiaron todo, y esa magia es la que hace que los metamorfos se regeneren con esa rapidez. Pero los lobos corrientes no se regeneran, son animales normales, como también lo era aquel lobo que se unió a ese hombre. Aunque utilicen la sangre de esos lobos, ¿cómo van a conseguir que sus gigantes lo hagan? – dudé –. No me extraña que su experimento les saliese mal.
- Pues no sabemos cómo lo hacen, pero el caso es que a Ryam han conseguido convertirle en un gigante.

Fruncí el ceño y los labios, pensativa. Eso era verdad. Todo esto era muy raro.

- ¿Y qué quiso decir con eso de crear una raza superior para conquistar el mundo? – pregunté.

Su rostro pasó de la reflexión al serio absoluto.

- Hay más – afirmó con un timbre de gravedad -. Ya han empezado a probar el nuevo veneno.
- ¿Cómo? ¿Hay más… gigantes?
- No sé si has leído o visto en las noticias todas esas desapariciones que están teniendo lugar por los alrededores.

Una vez más, tuve que tragar saliva para recuperar la voz, que ya se me había ido.

- Sí – fue lo único que pude murmurar.
- Estoy segura de que Razvan y los suyos tienen algo que ver en todo ese asunto.
- ¿Y para qué quieren hacer gigantes con esas personas? – inquirí, horrorizada.
- No lo sabemos a ciencia cierta, y tampoco conocemos la razón que les lleva a hacerlo, pero creemos que quieren crear una especie de ejército para conquistar el mundo, como dijo el propio Razvan.
- ¿Conquistar el mundo? – cuestioné con extrañeza –. Pero… pero, ¿cómo van a conquistar el mundo? Eso es… imposible – murmuré, aunque casi fue una frase para mí misma que pronto se respondió ella sola en mi cerebro.
- Eso es lo que no sabemos todavía – me contestó ella.

A mí sólo se me ocurría otro ejército contra el que luchar y un poder que arrebatar: la guardia y el reinado de los Vulturis. Ellos dominaban el mundo en estos momentos, el mundo de los vampiros, claro está, aunque bien podían dominar el de los humanos. Bueno, en cierto modo, ese también estaba gobernado por ellos, ya que tenían gente humana infiltrada en todas partes. Sería una tontería descartar los gobiernos de todo el planeta.

Pero, ¿podría un ejército de gigantes, por muy sanguinarios y fuertes que estos fueran, vencer a la guardia de los Vulturis, dotada de aptitudes físicas inigualables y dones sobrenaturales? ¿Podrían cuatro vampiros acabar con el reinado que durante siglos llevaba vigente por los Vulturis? Yo lo dudaba. Tenía que haber algo más. O tal vez no fuera contra los Vulturis contra quien querían luchar Razvan y sus matones, y sólo pretendieran acabar con la raza humana, quién sabe.

Me estremecí con este último pensamiento, y eso hizo que me diera cuenta de otra cosa. ¿A cuántos humanos tenía pensado transformar Razvan para crear su ejército? ¿De cuántos miembros iba a constar éste? Y otra cosa, suponiendo que consiguieran crear ese ejército, ¿cómo iba a dominar a tantos gigantes?

- Esas personas, cuando no estén en su forma de gigantes, volverán a ser humanas, ¿cómo van a hacer para que les obedezcan? – le pregunté a Helen, siguiendo el hilo de mis pensamientos.
- No estamos seguros, puede que con la nueva fórmula consigan anularles la personalidad o algo así, no sé.
- ¿Como un lavado de cerebro?
- Quizás.

Se hizo un momento de silencio en el que ambas aprovechamos para tomar unos tragos de nuestras tilas, que ya estaban medio frías. Helen y yo nos quedamos observando las tazas, pensando.

- Esas pobres personas… - susurró ella de pronto -. Me siento mal por ellas. Si Ryam y yo hubiéramos averiguado eso antes…
- Aunque lo hubierais averiguado a tiempo, es imposible que hubieseis podido hacer algo – le interrumpí para aliviarla, hablándole con suavidad -. No se puede adivinar a quién van a transformar, lo más seguro es que lo hagan al azar, y los vampiros son muy rápidos y sigilosos, pueden viajar de una ciudad a otra en muy poco tiempo sin dejar ni una sola huella. Además, también está el hecho de que los propios gigantes podéis contagiar a otras personas, y eso no se puede prever. No se os puede diferenciar de ninguna manera cuando estáis en vuestra forma humana, incluso oléis a humanos, salvo por el color de los ojos, aunque tú mejor que nadie sabes que eso se puede disimular, ¿verdad? – sonreí, mirándola con ojos un tanto denunciantes.
- Sí – sonrió ella también, admitiendo su omisión.

Ambas nos reímos.

- Así que tú también te transformas en un… gigante – se me hacía muy raro pronunciar esa palabra y relacionarla a la vez con mi amiga, que no mediría mucho más del metro sesenta.
- Sí, pero a mí me cuesta más que a Ryam – declaró.
- ¿Y eso por qué?
- La transformación tiene lugar cuando sentimos ira, rabia o cualquier sentimiento que nos haga enfadar – me empezó a explicar -. Ryam tiene bastante carácter, por eso se transforma con más facilidad, pero yo soy una persona muy tranquila, me cuesta mucho enfadarme.
- ¿Y dices que esto pasó hace dos años y medio? ¿Llevas dos años y medio convirtiéndote en un gigante?
- Dos, en realidad. El último trimestre del primer curso en el instituto ya era un gigante. Cuando te conocí, ya estaba contagiada – confesó.
- Ya, por eso las lentillas – me reí.
- Me has pillado – sonrió -. El color de los ojos cambia una vez que te transformas por primera vez, y yo tardé varios días desde que Ryam me contagió, por eso me dio tiempo a ser previsora y a comprarme unas.
- ¿Por qué lentillas doradas? – le pregunté por curiosidad.
- Me gustan – se encogió de hombros -. Al menos, es un color de ojos más bonito que el fucsia – bromeó -. Y, bueno, pegaban con mi estilo gótico.
- ¿Y tú no sospechaste nada de mí? No sé, por el olor o algo.
- Nuestro cuerpo sólo cambia cuando crecemos, el resto del tiempo somos humanos normales y corrientes. Y cuando somos gigantes, solamente somos eso, gigantes. No estamos dotados de ningún sentido especial como vosotros, tan sólo somos muy fuertes y un poco más rápidos que un humano normal. Bueno, al menos, nosotros dos. Así que no, no sospeche nada. Si no, ¿por qué te crees que me asusté tanto al verte en el bosque?

Eso me recordó otra de mis dudas, que también era muy importante.

- Eso, dime, ¿qué hacías tú por el bosque esta mañana? – quise saber, regañándola un poco.

Su rostro se puso serio otra vez, repentinamente. Rodeó su taza con las dos manos y, con un hilo de voz, soltó esa frase que me dejó helada.

- Ryam ha desaparecido.
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Cristina Almeida
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Abr 28, 2011 3:12 am

¡Hola, Tamara! Sigues escribiendo pronto ya sabes lo tanto que me gustan todos los capis, ¡eres mi heroina! Besos desde Brasil.
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JACOB&NESSIE
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Abr 28, 2011 8:04 pm

¡HOLA, CRISTINA! alien
¡Cuanto tiempo! alien Me alegro de verte por aqui, ya te echaba de menos I love you

Aqui os dejo otro capi Wink
Saludos a Brasil y a Mexico alien alien alien alien alien desde España I love you

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MAL PRESAGIO

- ¡¿Se lo han llevado?! – exclamé, alarmada.
- No, se ha ido – me aclaró.
- ¿Y por qué se ha ido?

Sus ojos se desviaron hacia la taza, tristes.

- Ryam se siente muy culpable por contagiarme, nunca se lo ha perdonado, y su única obsesión es encontrar una solución para que yo vuelva a ser como antes. Está empeñado en que esto tiene cura, y no parará hasta descubrirla. Incluso dejó el instituto para dedicarse exclusivamente a eso – entonces, levantó la vista para mirarme -. Ryam era mi compañero de pupitre en la mayoría de asignaturas, en el primer curso – me explicó. Luego, sus pupilas bajaron de nuevo -. Como te comenté antes, cuando sale a investigar, Ryam se va y vuelve, nunca está fuera más de un par de días, siempre regresa. Pero esta última vez que se marchó no ha vuelto, hace tres semanas que no sé nada de él y estaba muy preocupada, apenas he dormido estos días. Por eso he faltado tanto a clase, porque he estado buscándole.

››Fui a la pensión donde vive, para ver si por casualidad ya había vuelto o algo, pero la casera me dijo que no había regresado. Le pedí que me dejase subir a su habitación y, como ya me conoce, me dejó. Y entonces fue cuando descubrí todos esos recortes de periódicos que había en el cajón de su mesilla. En todos se hablaba de unos extraños ataques a excursionistas que habían tenido lugar en estos bosques hace unos cuantos años, y los achacaban a agresiones de un oso enorme, según los pocos testigos que el periódico había entrevistado.

››Pero yo enseguida até cabos. Por las descripciones de los artículos y lo que el propio Razvan nos había contado, enseguida me di cuenta de que lo que atacaba no era un oso, sino lobos gigantes. No me lo podía creer, esos lobos estaban justo aquí, y nunca nos habíamos dado cuenta, aunque, si te soy sincera, por mucho que nos hubiera dicho Razvan, no me creía que fueran hombres lobo, más bien que eran lobos grandes. Nunca pensé que fuesen hombres que se transformasen en lobos y que fueran tan enormes. Y eso era lo que Ryam había ido a comprobar, porque si era cierto que esos hombres lobo existían, encontraría la clave del veneno. Por eso fui al bosque, para ver si allí conseguía alguna pista más que me llevara a Ryam.

- Y te encontraste con Razvan y compañía – adelanté.
- Sí, pero yo no sabía que ellos habían venido a por él, ni siquiera sabía que seguían con vida. Ryam y yo pensábamos que habían muerto en aquella batalla, pero nos equivocamos – cerró los ojos y suspiró -. Ahora lo sé todo.

Abrió los párpados y siguió explicándome.

- Al principio, Ryam sólo era una pequeña molestia para Razvan, un experimento fallido del cual no había que preocuparse demasiado, puesto que él no se lo podía decir a nadie, ni podía actuar en contra suyo, ya que solamente se trata de un individuo, un caso aislado sin importancia. Por supuesto, yo simplemente era una insignificancia para Razvan, una simple humana, débil y fácil de borrar del mapa, no suponía ningún peligro para él. Sabía que nosotros no se lo contaríamos a nadie, que Ryam no querría desvelar nunca ese secreto, que Ryam también tendría que protegerse de los humanos normales y del resto de seres. Por eso no ha actuado durante todo este tiempo; Razvan y los suyos no habían muerto en esa lucha, simplemente no vinieron a por nosotros porque no suponíamos ningún problema para ellos, y estaban demasiado ocupados con otras cosas.

››Lo que no se imaginaba es que nosotros no nos íbamos a quedar de brazos cruzados y que íbamos a investigarlo todo. Ahora Ryam se ha convertido en todo un estorbo para Razvan. Sabe demasiadas cosas, se ha ido acercando poco a poco, y Razvan teme que puedan peligrar sus planes.

››Y ahora sé que Ryam también averiguó esto. Estoy segura de que también se fue para protegerme, para despistarlos y que le siguieran a él, y yo he metido más la pata – volvió a cerrar los ojos con pesar.

- Así que Razvan y los suyos estaban en el bosque para dar con Ryam.
- Sí, debieron de seguir sus propias pistas y terminamos encontrándonos en el bosque – alzó la vista para mirarme con angustia -. Nessie, me han visto, ahora saben que Ryam ha desaparecido, por eso querían llevarme con ellos.
- Para sobornarle.
- Sí, y si me cogen, él se entregará y…
- No te preocupes – le corté para que no se atormentase más -, nosotros te protegeremos y no podrán cogerte. Y también ayudaremos a Ryam.
- Pero yo no quiero que os veáis involucrados en algo que…
- Ya estamos involucrados – le volví a interrumpir, hablándole con dulzura -. Razvan está matando lobos normales para sacar ese veneno, y, como ya dije, los lobos son sagrados para la tribu quileute, es una ofensa personal para ellos. Eso sin mencionar toda esa gente inocente que están utilizando para crear su ejército de gigantes y que una de mis mejores amigas está en apuros, no pienso permitirlo – le sonreí para infundirle confianza y ella me correspondió con otra sonrisa, emocionada -. Os ayudaremos.
- Gracias, Nessie – asintió con los ojos llenos de lágrimas.
- No tienes por qué darlas. Somos amigas, ¿no? Hoy por ti y mañana por mí, ¿no es eso? – le dije con voz alegre para animarla.
- Sí – sonrió por fin.

Le cogí la mano y se la estreché entre las mías para consolarla. Se extrañó un poco al notar tanto calor.

- Antes, en el bosque, estabas helada. ¿Cómo es que ahora…?
- Ah, esta es mi temperatura normal, 40 grados – le revelé antes de que terminara la frase -. Pero cuando me transformo, mi temperatura baja hasta que me vuelvo tan fría como un vampiro.
- ¿Y cuando eres medio humana, tu temperatura es de 40 grados? – se sorprendió -. ¿Tan alta?
- Pues si vieras la de Jake… - me reí -. Él y los demás lobos están entre 42 y 48 grados, depende de la época del año. Les sirve para protegerse del frío.
- Oh – pestañeó.
- Dime una cosa, antes dijiste que Ryam estaba convencido de que tenía cura. ¿Tú también lo crees?
- No estoy segura – suspiró -. Según él, si le contagiaron con una vacuna, tiene que tenerla, pero yo no soy tan optimista.

Tal vez si hablaba con Carlisle, él pudiese averiguar algo. Aunque tendría que omitir ciertos detalles del asunto para no preocupar demasiado a mi familia, como, por ejemplo, mi intervención en el bosque y ese encuentro con los vampiros. Tendría que decirles que ya estaba con Jake y los chicos, porque si les decía que había ido yo sola a ayudar a Helen hasta que por fin llegó mi lobo, tendría que escuchar el sermón de mis padres.

- ¿Y cómo es Ryam? ¿Es guapo? – pregunté para hacer la conversación todavía más liviana, a ver si así se incrementaba su ánimo.
- No sé. Sí… - contestó, algo ruborizada -. Bueno, a mí me lo parece.
- Y… ¿sigues enamorada de él? – seguí, poniendo voz picarona.
- No pienso decirte eso – objetó, riéndose.
- Vamos, venga ya – me quejé -. Tú me diste la brasa todo el curso pasado con el tema de Jacob. Ahora me toca a mí.
- Está bieeen – aceptó, alargando la última sílaba para fingir cansancio -. Sí, estoy enamorada de él, ¿contenta?

A las dos se nos escapó una risita.

- Ahora entiendo que al final le dieras calabazas al pobre de Justin Musset y no fueras al baile de fin de curso.
- Sí, pobre, menudo fiasco que se llevó – asintió, mordiéndose el labio con culpabilidad -. Pero nunca he podido quitarme a Ryam de la cabeza, ir con Justin iba a ser una mentira, y él tampoco se merecía eso. Por eso preferí decirle la verdad y no ir al baile.
- Hiciste bien.
- Ahora está saliendo con Sandra Pitterson. Y se les ve bastante bien, así que me alegro.

Asentí y la cocina se vio apagada por un momento de silencio.

- Por cierto – intervine para romperlo -, tenías razón cuando descubriste que no era un oso lo que habían visto esos excursionistas, sino que eran los lobos, pero no fueron ellos quienes asesinaron a esa gente, fueron unos vampiros – le aclaré -. Los lobos luchan contra los vampiros para proteger a las personas. La gente que vio a ese oso, seguramente vio a alguno de los lobos, que andaban detrás de esos vampiros para acabar con ellos. Lo que pasa es que estaría escondido y no lo vieron bien, por eso pensaron que era un oso enorme.
- Bueno, ya me di cuenta de que tus lobos no atacan a la gente y que luchan contra los vampiros – rió –. ¿Y tú cómo sabes que fueron unos vampiros los que mataron a esos excursionistas? – preguntó, asombrada por mis conocimientos del tema.
- Porque esos vampiros perseguían a mi madre – revelé.
- ¿A tu madre? – ahora sí que estaba asombrada.
- Será mejor que vayamos al saloncito, creo que yo también te tengo que contar una historia muy larga – me reí.
- Bueno, yo también tengo todo el día – sonrió con complicidad.
- Pues vamos.

Me levanté de la mesa, seguida por Helen, y salimos de la cocina entre charlas para dirigirnos al pequeño salón.

Una vez allí, y sentadas en el cómodo sofá, yo también le conté toda mi historia a Helen, y también algunas cosas de mi familia que eran imprescindibles para que comprendiera ciertas partes de la misma, como, por ejemplo, la aparición de Jake en mi vida y su imprimación. Se quedó maravillada con buena parte de mi relato, y la historia de amor de mis padres y la mía con Jake le parecieron preciosas, según ella, de película.

Una hora más tarde, llegó Brenda, que me trajo la mochila con mis cosas y enseguida se sentó con nosotras para que Helen le contara su relato y para relatar la suya propia.

Brenda y Helen estaban alucinadas, la una con la historia de la otra, aunque la segunda parecía otra persona desde que se había desahogado con las dos. Como ella misma nos había dicho, el poder contárselo a alguien, y más siendo nosotras, sus amigas, había resultado todo un alivio. Y no sólo por poder desahogarse, que ya era mucho, sino por sentirse comprendida. No nos podíamos creer la tremenda coincidencia de que las tres supiéramos de la existencia de este otro mundo fantástico, lleno de vampiros, lobos enormes y otros seres mutados o no.

Ahora seguíamos las tres sentadas en el sofá, charlando, y yo no hacía más que mirar el reloj que estaba en una de las estanterías que se alzaban sobre el mueble bajo de la televisión.

Ya se acercaba la hora de cenar y Jake aún no había vuelto.

Mis manos se retorcían la una con la otra, entrelazando los dedos con nerviosismo, mientras mis amigas hablaban y se contaban todos sus secretos. Y afuera ya era de noche…

- Ness, no te preocupes, estará al llegar, seguro – me dijo Brenda en un intento de tranquilizarme, que ya se había dado cuenta de mi histerismo -. Cuando Seth me trajo hasta aquí, me dijo que iban a ir más lobos. Embry y su grupo terminaron en cuanto la excursión se acabó, así que se fueron para allá con ellos. Y seguro que Leah y su cuadrilla también terminaron con los nómadas y se unieron. No te preocupes – repitió.
- Es que nunca ha llegado tan tarde… – murmuré, igual de nerviosa, observando la hora de nuevo.

Ya sabía que sólo eran cuatro vampiros contra muchos lobos, sin embargo, ese Razvan me daba tan mala espina…

Brenda frunció los labios y se quedó pensativa, como si se acabase de dar cuenta de que sí que estaba tardando, con lo cual, Seth también.

Genial. Por mi culpa, había hecho que Brenda se preocupase.

Iba a abrir la boca para deshacer mi entuerto, cuando escuché unas conocidísimas pisadas que se acercaban a la casa.

Mi corazón renació de nuevo.

- Ya está aquí – murmuré con una enorme sonrisa, levantándome con prisas del sofá.
- ¿Lo ves? – me reprendió Brenda, aunque a ella también se la notaba aliviada.

Antes de que me diese tiempo a llegar al vestíbulo, Jake entró por la puerta. Me iba a tirar a sus brazos para abrazarle y besarle, pero la sonrisa y mis piernas se paralizaron cuando vi que entraba completamente aventado, pegando un sonoro portazo.

Jacob avanzó dos zancadas en mi dirección, pero no se dio cuenta de mi presencia, sus ojos estaban clavados en el suelo mientras se rascaba la nuca con irritación, y después se giró hacia la puerta de nuevo. Sus pies comenzaron a dar paseíllos sin parar.

Me quedé inmóvil, observando ese rostro bañado por una evidente rabia y que a la vez estaba mezclado con un sentimiento de profundo pesar.

Hasta que Jake por fin levantó la vista y me vio. Entonces sus pies se detuvieron para quedarse frente a mí y sus ojos me reclamaron con angustia.

Ahora sí. Corrí hacia él y me abalancé a sus brazos para besarle. Mientras nuestros labios se movían con efusividad – los míos descargando toda esa tensión y preocupación que tenía antes –, sus manos aprovecharon para deslizarse por mi espalda, apretándome más contra él.

No quería dejar sus ardientes y afrodisíacos labios, y lo cierto es que esa energía mágica que sentíamos siempre a nuestro alrededor me incitaba a seguir saboreándolos, pero esa cara de antes me había dejado tan preocupada, que me obligué a soltarlos para ver qué le pasaba.

- Me encanta llegar a casa – bisbiseó acto seguido con una sonrisa, frotando mi frente con la suya.

Llevé mis manos a su rostro para acariciarle y mirarle, cerciorándome de que no tenía rasguño alguno.

- ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? – quise saber, examinando y analizando cada una de sus expresiones con preocupación.

Su rostro alegre volvió a apagarse.

- Esos bastardos han conseguido escaparse – anunció, apretando los dientes -. Pero eso no es todo – se separó de mí bruscamente y volvió a sus paseíllos de antes, llevando la mano a su pelo para revolvérselo con rabia -. Han vuelto a asesinar a otro lobo, ¡y esta vez ha sido casi delante de nuestras narices! – masculló, muy exaltado, mientras seguía paseando de aquí para allá y su mano bajaba con rapidez para cerrarse en un puño tembloroso -. ¡Malditos chupasangres! ¡Juro que esto nos lo van a pagar!

No pude evitar sentir un escalofrío gélido, y más después de lo que me había contado Helen sobre por qué Razvan y los suyos mataban a los lobos.

- Jake, tranquilízate – me acerqué a él, forzándole a pararse frente a mí, y le acaricié el rostro de nuevo para intentar relajarle un poco. Pareció funcionar. Sus ojos se cerraron, respiró hondo, y asintió a la vez que expiraba el aire lentamente -. Ahora, dime, ¿qué es eso de que han matado a otro lobo?

Abrió los ojos para mirarme. Ya no tenían esa ira, pero aún seguían enfadados.

- Los teníamos, Nessie. Estuvimos a esto de pillarlos – gesticuló con la mano para indicarme por qué poco los habían perdido y la dejó caer hacia abajo otra vez. Respiró hondo una vez más y siguió hablando -. Habíamos perdido su rastro cerca del lago Beaver, pero de repente Rephael encontró una pista fresca, y nos llevaba de vuelta a nuestros bosques. Pensábamos que venían a por Helen, pero nos equivocamos. Hubo un momento en que sus rastros se separaron, y nosotros tuvimos que hacer lo mismo, claro, si no, a ver cómo los seguíamos. Sabíamos que lo habían hecho para despistarnos, porque los rastros daban vueltas en círculos, se subían por los árboles y después los volvíamos a encontrar… En fin, un estúpido caos – resopló -. Y mientras nosotros estábamos siguiendo esas pistas como idiotas, ellos aprovecharon para matar a ese lobo. Cuando por fin llegamos al sitio, nos encontramos con el lobo muerto, y no te imaginas quién era y qué le hicieron.
- ¿Quién? – pregunté con un murmullo, preparándome para lo peor.
- ¿Recuerdas aquel lobo? El que pertenecía a la manada del que encontramos muerto, el que se dio la vuelta para mirarnos.

Claro que lo recordaba. Era la manada del lobo muerto, se habían acercado a él para olerle después de pedirle permiso a Jake con su lenguaje lupino, cosa que me había dejado maravillada. Y había uno que se había girado antes de marcharse con el resto, para presentarle sus respetos al Gran Lobo.

El alma se me cayó a los pies cuando recordé a ese animal.

- ¿Han matado a ese lobo? – mi voz se quebró al final de la interrogación.
- Sí – murmuró, bajando el rostro.

Me quedé sin habla durante un instante.

- Cielo, lo siento mucho… - conseguí susurrar, acariciando su afligido rostro otra vez.
- Era el Alfa de su manada – me reveló, cerrando los ojos otra vez, con pesar. Alzó la cara y los volvió a abrir para mirarme con otra mezcla de rabia y tristeza –. Esos degenerados le arrancaron el corazón.

No me hizo falta que añadiera que fue en vida, por la expresión de su rostro, lo adiviné enseguida.

- Es horroroso… – sólo me salió un murmullo.
- Hemos intentado seguir el rastro de esas ratas, pero se han escapado. Se subieron por los árboles y no dejaron más pistas. Son buenos, saben lo que hacen – admitió, tiñendo la frase de acidez disconforme -. Después volvimos para enterrar al lobo, por eso he tardado tanto – subió su mano para acariciar mi mejilla y pasó los dedos por mi pelo -. ¿Estabas preocupada?
- Un poco, la verdad – reconocí, perdiéndome en esa mirada penetrante.
- Ya estoy aquí – susurró, pegando su rostro al mío.

Su abrasador aliento empezó a acariciar mis labios y todo mi ser se estremeció a la vez que mis mariposas ya brincaban, ansiosas.

- Está claro que quieren mejorar el veneno – intervino Helen de repente -. Oh, perdón – se disculpó al darse cuenta de que nos había interrumpido.

Jake y yo nos separamos, un poco apurados, y nos volvimos hacia ella, que estaba de pie, mirándonos en el paso hacia el saloncito, junto a Brenda.

- ¿Cómo? – preguntó Jake, extrañado.
- Esto… Tenemos que contarte muchas cosas – le revelé -. Es un poco largo de explicar, así que será mejor que nos sentemos en el sofá – y le cogí de la mano para conducirle al salón.
- ¿Explicarme el qué? – interrogó de camino.
- Todo lo que me ha contado Helen – manifesté, girándome para mirarle. Entonces, me fijé en su torso desnudo y me paré, haciendo que él se chocara contra mí. Carraspeé -. Bueno, mejor te dejo ir a arriba para que te pongas una camiseta.

Su boca por fin se elevó, adoptando esa sonrisa torcida que tanto me gustaba, y se quedó mirándome con unos ojos un tanto acusadores. No pude evitar que la sangre me delatara y se me subiera a la cara.

- Bajaré ahora – me dijo con la misma sonrisa y un tono que concordaba con la mirada de antes.

Me dio un beso corto, soltó mi mano y se dio la vuelta para subir las escaleras.

- Espera, Jake – le llamó Brenda. Jacob se paró en el cuarto escalón y se apoyó en la barandilla de madera para asomarse y mirarla -. ¿Y Seth? – quiso saber.
- Ah, se fue a buscar el coche para llevaros a casa – le respondió, dirigiéndose a mis dos amigas. Después, habló para Helen -. Embry, Abel, Isaac y Shubael os seguirán para cubriros las espaldas y se quedarán por los alrededores de tu casa para vigilar, por si acaso.
- Gracias – agradeció ella.

Jake la sonrió y se retiró de la barandilla para subir las escaleras. Yo conduje a mis amigas hacia el salón, donde nos sentamos en el sofá de tres plazas y esperamos a mi chico, que no tardó mucho en bajar de la habitación con una camiseta que le cubría ese torso que sólo era mío.

Seth no tardó mucho más en llegar, así que cogió otra silla de la cocina – Jacob se había sentado en una, ya que los cuatro no entrábamos en el sofá – y se colocó junto a Jake para escuchar todo el culebrón.

Helen tuvo que contar su historia por tercera vez, aunque esta ya lo hizo con mucha más naturalidad. Jake y Seth no pudieron evitar quedarse un poco con ella, diciéndole que ya se la imaginaban como el Increíble Hulk, sólo que con la piel blanca, mujer y el pelo largo. Jake hasta le llegó a pedir que se transformara para que viéramos cómo era, e incluso la estuvo pinchando un buen rato para hacerla rabiar, a ver si así se transformaba, pero, gracias a Dios, Helen es muy tranquila y no se enfadó. Brenda y yo les dimos un manotazo para regañarles, pero a Helen pareció hacerle gracia y todo. En fin, típicas bromas quileute.

Después de toda esa charla, Brenda y Helen se marcharon con Seth, ya que se les había hecho bastante tarde y los otros lobos que iban a hacer de guardaespaldas ya estaban esperando afuera.

Jake y yo subimos al dormitorio pequeño y encendimos el ordenador para conectarnos. Teníamos que contarles muchas cosas a mi familia, sobretodo a Carlisle.

Mamá no tardó nada en conectarse. En cuanto pusimos ¡Hola!, su Webcam se encendió y su imagen salió en la pantalla.

- Hola, cielo – me saludó con una enorme sonrisa -. Hola, Jake.

Papá se puso a su lado como un rayo.

- Hola – saludó él en general para ahorrarse palabras.
- Hola – Jake y yo imitamos a mi padre.
- ¿Cómo estáis? – preguntó mamá -. ¿Va todo bien por allí? ¿Han aparecido muchos nómadas por La Push hoy? ¿Qué tal hoy en clase? ¿Te han puesto muchos deberes? Habrás estudiado, ¿no?

Hablábamos todos los días, pero mamá siempre nos preguntaba como si hiciese siglos que no nos hubiésemos visto. Quería saber hasta el más mínimo detalle de nuestro minuto a minuto de vida. Nos echaba de menos.

- Tenemos… novedades – suavizó Jake.
- ¿Buenas o malas? – la cara de mamá se iluminó como si un faro la hubiese enfocado sólo a ella, en cambio, los ojos de papá se abrieron un poco más de lo normal, un tanto cautelosos.
- ¿Qué clase de… novedad? – inquirió papá con ese mismo semblante.

La cara me cambió de color cuando me di cuenta de a qué se referían, pero a Jake le dio un poco de risa. ¿Por qué les daba por pensar eso?

- Tranquilo, Edward, Nessie está tomando esas pastillitas milagrosas que le manda Carlisle – espetó con descaro, haciendo que el rosa fuerte de mis mejillas se volviera rojo chillón -. El vestido de Nessie lucirá liso en la boda.
- Jake – le regañé, propinándole un manotazo en el brazo mientras él ya se reía.

Papá pareció respirar más tranquilo, sin embargo, mamá frunció los labios y juraría que se quedó un pelín decepcionada.

- Entonces, ¿qué pasa? – quiso saber mi padre.
- ¿Carlisle está por ahí? Necesitamos hablar con él – intervine yo.
- Sí, voy a buscarle, espera.

En menos de un parpadeo, papá ya no estaba delante de la cámara junto a mamá.

- ¿Qué es lo que pasa? – interrogó ella, ahora un poco preocupada.
- Es por Helen – adelanté.
- ¿Por Helen? ¿Tu amiga?
- Sí.

Con la misma rapidez con la que se había ido, papá regresó junto a Carlisle y el resto de mi familia, que se habían apuntado para cotillear. Su vida en Anchorage, sin lobos gigantes, ni vampiros que les persiguieran, debía de ser bastante aburrida, por lo visto.

Todos saludaron efusivamente, como siempre hacían en estas conexiones. Rose y Jacob se dedicaron un par de frases para meterse el uno con el otro y Em se burló de lo mal que iba el equipo de Jake a modo de saludo entre buenos colegas.

Mi abuelo tomó el sitio en el que antes se había sentado mi padre.

- Hola, chicos – saludó -. ¿Qué pasa?
- ¿Tú sabes algo de gigantes? – preguntó Jake sin rodeos.
- ¿Gigantes? – Carlisle pestañeó, confuso.

No fue el único. Los demás oscilaban las cabezas, mirándose unos a otros sin entender.

- Jake, hay que contarles toda la historia, si no, no se van a enterar de la misa la media.
- Esperad un momento – les dijo, y acto seguido apagó la Webcam, con la consecuente cara de no comprender nada de mi familia, que encima estaban expectantes -. Verás, nena, si les contamos toda la historia, estaremos aquí una hora o más – giró su silla y se arrimó a mí, moviéndola con un solo impulso de su pie -, y yo me muero por irme a la cama contigo pronto, estoy muy cansado y necesito dormir – afirmó con su sonrisa torcida, llevando su mano a mi pelo para apartarlo de mi hombro.
- Ya, para dormir, ¿no? – cuestioné con otra sonrisa, mirándole con ojos acusadores.
- Bueno, ya sabes, dormir… después – insinuó con el mismo semblante pícaro mientras ponía el brazo por detrás de mi respaldo.
- Tendrás morro – me reí.
- Es que hoy apenas hemos estado a solas, y te he echado tanto de menos… - murmuró, llevando su boca a mi cuello.

Sus ardientes labios comenzaron a deslizarse por mi piel con lentitud. El poco vello de mi cuerpo se puso de punta y comencé a hiperventilar sin remedio. Aunque poco duró. Los altavoces del ordenador no tardaron nada en emitir esos molestos ruiditos que avisaban de los mensajes que salían en el Messenger.

Jake se separó de mi cuello a regañadientes y volvió a su posición de antes. Conectó la Webcam de nuevo y los ruiditos cesaron.

- ¿Qué es esa historia que nos tenéis que contar? – quiso saber mi madre, intrigadísima.
- Es un poco larga, pero os la contaremos – afirmé, echándole un vistazo de reojo a Jake, que suspiró con resignación y apoyó su ancha espalda en el respaldo, preparándose para aguantar el largo relato.

Les conté todo lo que Helen me había relatado, aunque omití esos detalles de mi intervención en el bosque, como ya había tenido previsto. Simplemente les dije que Jake y la manada la habían encontrado allí por casualidad y la habían ayudado. Por supuesto, mi chico cerró el pico y me apoyó. Jacob tampoco quería que mi familia se preocupase o se disgustase, aunque yo sabía que él también estaba un poco enfadado conmigo por haberme puesto en peligro, si bien entendía que yo había sentido la necesidad de ayudar a esa persona humana que estaba en peligro y que luego resultó ser mi amiga Helen.

Se quedaron bastante extrañados por todo el asunto, y no les gustó nada la creación de esos seres raros llamados gigantes con el fin de hacer un ejército, y menos que esas desapariciones de gente tuvieran que ver con eso. Mi padre enseguida se acordó de ese ejército de neófitos que esa tal Victoria había creado para terminar con mi madre cuando ella era humana, ese episodio del que Jake me había hablado alguna vez, pero lo relacionó con otro fin. También coincidieron con nosotros en que eso de conquistar el mundo tenía que referirse a una lucha contra los Vulturis, aunque, al igual que a mí, no les cuadraban muchas cosas, como, por ejemplo, cómo tenían pensado hacerlo, pues cuatro vampiros y un ejército de gigantes poco iba a dañar al imperio y a la poderosa guardia de los de Volterra. Además, el hecho de que Razvan y sus secuaces hubieran estado tan cerca de los metamorfos y estuvieran matando lobos para obtener ese veneno, los dejó muy preocupados, sobretodo a mi madre. Tampoco les gustó nada que Razvan pretendiera que esos gigantes se parecieran a los lobos, aunque sólo fuera en eso de la rápida curación. Eso sumado a la enorme y peligrosa fama que ahora tenían los metamorfos entre los vampiros de todo el mundo.

En conclusión, cuando terminé de soltar toda la historia, me arrepentí un poco, pues ahora sí que estaban preocupados. Al final, ocultar lo del bosque de poco había servido. ¿Pero qué iba a hacer? Tenía que contárselo, si no, ¿cómo íbamos a ayudar a Helen y a Ryam? Además, seguro que mi familia podía ayudarnos, al menos, Carlisle. Y siempre era mejor contar con más gente.

- Llamaré a Louis, tal vez él pueda decirnos algo – dijo éste.

No pude evitar soltar una risilla entre dientes al recordar esos alocados rizos que se movían a todas partes con esa energía que ponía su dueño.

- ¿También sabe de gigantes? – pregunté.
- No sé si sabrá algo de gigantes, pero ya sabéis que la genética es su especialidad – declaró Carlisle -. Sobretodo en lo referente a las mutaciones. Ese tema le fascina, y estoy seguro de que se mostrará encantado de ayudarnos.
- Si sacó todo el asunto de los genes de Nessie, con lo rara que es, no creo que se le resista esto – se burló Jake, riéndose.

Le di un empujón en broma, a modo de regañina, y él se carcajeó más.

- Llámame cuando sepas algo – le rogué a Carlisle -, o mejor cuéntamelo mañana cuando nos conectemos.
- Por supuesto, no te preocupes – asintió mi abuelo con una sonrisa.
- Bueno – suspiró Jake con alegría, poniéndose en pie -, pues ya hemos terminado – apoyó los codos en el escritorio y se inclinó para que la cámara pudiera enfocarle -. Ya sé que vosotros no tenéis tripas que rujan y esas cosas, pero nosotros nos vamos a cenar, porque las mías están apunto de salírseme por la boca para bajar a la cocina a picar algo.
- Qué exagerado – se rió mamá.
- De veras, Bells, lo digo en serio – sonrió él -. Tú ya no te acordarás de lo que es eso, pero ahora mismo estoy famélico. No sabes el día que he pasado hoy. Primero persiguiendo a esa panda de chupasangres, y después enterrando al lobo.
- ¿Es que han matado a otro lobo? – el semblante de mamá volvió a ponerse serio.
- Sí, era el Alfa de la manada de aquel otro lobo que encontramos muerto Nessie y yo. Esta vez esos malditos no se conformaron y se llevaron el corazón – masculló Jake, apretando los dientes al recordar.
- ¿El corazón? – susurró ella, horrorizada.
- Según Helen, están intentando mejorar la fórmula del veneno – le aclaré yo -. Debe de haber algo en el corazón que les interesa.
- Hablaré con Louis – repitió Carlisle.
- Bueno, pues a cenar – exclamó Jacob, irguiéndose para quedar de nuevo de pie -. ¡Arg, tengo un hambre voraz!
- Procura no zampar mucho, que luego tienes que comerte a Nessie – bromeó Em desde detrás de las sillas donde se encontraban sentados mi madre y Carlisle.

Mi cara sufrió un colapso de sangre.

- ¡Em! – le regañé.

Mi tío rompió a reír con unas sonoras carcajadas, aunque los demás también rieron, si bien sus risas eran mucho más discretas. Bueno, todos excepto mi padre, por supuesto, que aunque ya había aceptado que su hija viviera en pecado hasta la boda, todavía le costaban ciertas cosas.

- Bueno, hasta mañana – intervino mamá, todavía con los restos de la risa en su boca.
- Y tened cuidado, por favor – siguió mi padre -. Si veis que nos necesitáis, no dudéis en llamarnos.
- Sí, no te preocupes – le contestó Jake -. Aunque de momento tenemos la situación controlada.
- De acuerdo – asintió él con plena confianza.
- Hasta mañana a todos – me despedí.
- Hasta mañana – dijeron todos a la vez, como un coro perfectamente sincronizado de voces impolutas.

Sonreí y apagué la Webcam.



Mis pasos me llevaban por el bosque plácidamente. Las verdes hojas eran mecidas por esa suave brisa que ya olía a verano y que también me envolvía con su aire cálido; acariciaba mi cuello y barría mi cabello hacia atrás a su paso.

Cerré los ojos y respiré esa brisa acogedora mezclada con infinidad de olores. Olía a la abundante agua del río Quillayute, que corría no muy lejos de allí, a la tierra que había sido humedecida por el rocío de esa mañana, a las flores que aún se resistían a abandonar esa alfombra de verde hierba, a la madera de los árboles…

Pero entonces, empecé a sentir frío, y otro olor se entremetió. Un olor a niebla, a humedad, a oscuridad… y a vampiro.

Abrí los ojos de sopetón y le vi.

Razvan estaba escondido tras la densa niebla que ahora lo inundaba todo y que tapaba hasta el árbol que tenía a mi lado; billones y billones de diminutas gotitas blancas que creaban una tupida cortina gris que invadía todo el bosque y lo cegaba. Sin embargo, algo destacaba entre toda aquella bruma. Sus ojos rojos escarlata, malvados, espeluznantes, y estos se clavaron en mí. Mi pulsera no dejaba de vibrar, estaba histérica.

- La profecía ha empezado – habló con esa voz lúgubre y oscura, escalofriante.

Otra vez me sobrecogí ante tanta maldad.

Me fijé en su mano y una bala helada atravesó todo mi ser. Su palma estaba cubierta de sangre, ésta chorreaba hacia la tierra que estaba oculta bajo esa espesa niebla, y mis ojos observaron horrorizados cómo sostenía un corazón. Era el corazón de ese lobo, y todavía bombeaba rítmicamente, vivo.

Por alguna razón, sentí una descarga eléctrica al observar ese corazón, un rayo gélido y punzante que me anunciaba que ese órgano traía un mal presagio.

Me asusté e intenté correr, pero mis piernas no me respondían, parecían negarse a obedecer las insistentes y despavoridas órdenes de mi cerebro. Me miré los pies, pero no se veían entre tanta gotita blanca. Cuando volví a levantar la vista, tenía a lo que más me importaba del mundo frente a mí. Y me horroricé aún más al ver ese semblante.

Su rostro estaba desfigurado por un profundo y desgarrador dolor que se me clavó en el alma. Me miraba con esa horrible expresión mientras hacia negaciones con la cabeza.

¿Por qué me miraba así?

- Jake – le llamé.

Sin embargo, él parecía no oírme. Su rostro ya rozaba la agonía y esa expresión me sobrecogió como si un glaciar me atravesara entera, porque, sin entender cómo, supe que el daño se lo estaba ocasionando yo.

Intenté llevar mis pies hacia él y alzar los brazos para abrazarle y besarle, pero mi cuerpo no me respondía.

- Jake – repetí más fuerte.

Seguía sin escucharme. Él parecía estar escuchando otra cosa.

- Nessie… - sollozó, estirando su brazo para tocarme
- ¡Jake! – grité con lágrimas en los ojos, intentando estirar yo el mío también.

Pero mis extremidades no se movían y mis ojos no descargaban las lágrimas que yo sentía. No me podía mover, no podía hablar, no podía llorar… Estaba encerrada, encerrada.

- ¡Jake! – chillé.

Jacob comenzó a caminar hacia atrás lentamente mientras seguía negando con esa espantosa expresión en su rostro, alejándose de mí.

- ¡No, Jake! ¡No te vayas! – lloré desconsoladamente, aunque mis ojos seguían secos -. ¡Te quiero! ¡Te quiero!

Su pie dio una zancada más grande hacia atrás.

- ¡Jake, te quiero!

Mi garganta profirió un grito desgarrador cuando Jacob se dio la vuelta y se marchó corriendo, desapareciendo entre esa espesa niebla sin que yo pudiese hacer absolutamente nada para remediarlo. El amor de mi vida se iba para siempre.

- ¡Jacob! ¡Jacob! ¡JACOB!
- Nessie, cielo, despierta.

Sentí unas cálidas manos acariciando mi rostro con impaciencia y abrí los ojos de golpe.

- ¡Jacob! – grité, llamándole para que regresara.
- Estoy aquí, pequeña – susurró esa voz ronca que adoraba desde que estaba en el vientre de mi madre, mientras esas manos seguían acariciándome -. Ha sido una pesadilla, ya pasó todo, ¿ves? Estoy a tu lado.

Pestañeé, confusa y desorientada, y oscilé un poco la cabeza en dirección a la voz.

Mi corazón saltó para latir todavía más deprisa. Él estaba ahí, junto a mí. Estábamos en nuestro dormitorio. Se había incorporado para acariciar mi cara y estaba secándome las lágrimas con esos sedosos dedos.

- ¡Jake! – sollocé, alzándome para abrazarle con fuerza.
- Ya pasó todo – murmuró, apretando su abrazo.

Mis dedos casi se clavaban en su espalda.

- Te quiero – le dije entre lágrimas.

Esta vez sí que corrían por mis mejillas, y esta vez sí que lo escuchó.

- Yo también te quiero – susurró.

Me despegué de su torso para verle el rostro y llevé mis manos para tocárselo, cerciorándome de que no seguía soñando y que él estaba aquí conmigo de verdad.

- Sólo ha sido una pesadilla – afirmó, desplegando esa blanquísima y maravillosa sonrisa que contrastaba con su preciosa piel cobriza.

Cómo me gustaba ver ese semblante así. Siempre así.

- Ha sido horrible… - murmuré, aún compungida -. Primero soñé que estaba en el bosque y aparecía Razvan con el corazón de ese pobre lobo, diciendo no se qué de una profecía. Ese corazón estaba vivo, latía, y me dio muy mala espina, era un mal presagio. Y después tú estabas frente a mí, yo no podía moverme ni hablar, y tú no me escuchabas. Estabas tan triste, y no podías oírme, hasta que te marchaste corriendo…
- Soy un bocazas, no debí contarte eso del corazón – lamentó, secando mis lágrimas.
- Lo que menos me asustó del sueño fue lo del corazón – confesé, rozando sus mejillas con mis yemas.
- Sólo ha sido una pesadilla – repitió, hablándome con dulzura y metiéndome el pelo detrás de las orejas -. Yo estoy aquí contigo.

Sí, sólo había sido una horrible pesadilla. Sin embargo…, había algo que me había dejado muy inquieta, y había parecido tan real… Por un momento vino a mi cabeza aquella otra pesadilla en la que salía ese horroroso licántropo mutado luchando contra mi lobo en la nieve, mordiéndolo… Y no podía olvidar que luego esa pesadilla se había hecho realidad...

La ventana hacía las veces de cabecero de nuestra cama, y a través de la tela del estor se colaba la tenue luz de la luna que, aunque estaba oculta sobre las nubes grises, era casi llena y hacia que la noche fuera clara. Eso era suficiente para poder ver sus ojos, que brillaban como dos faros gracias al reflejo del cristal.

Me quedé mirándolos absorta durante un rato, y él hizo lo mismo con los míos. Después, bajé la mirada y observé su poderoso torso desnudo. Retiré mis manos de su rostro para deslizarlas por ese pecho perfecto. Lo acaricié despacio, palpando cada uno de sus prominentes músculos, parándome a sentir esa tórrida, sedosa y aromática piel. La respiración de ambos ya comenzó a modificar su ritmo, alcé la vista y la clavé en esas pupilas negras que tanto adoraba. Conduje mis manos hasta su nuca y su espalda y me arrimé a él hasta que nuestros rostros se pegaron y nuestros ansiosos alientos pudieron entremezclarse.

No podía quitarme de la cabeza esa imagen, a ese Jacob profundamente angustiado y dolorido alejándose de mí entre la espesa niebla sin que yo pudiese hacer nada para evitarlo, viendo cómo le perdía para siempre. Pero todo había sido una pesadilla. Él estaba aquí conmigo, y era mío, siempre sería mío. Y yo siempre sería suya, sólo suya, hasta el fin de mis días. Ahora necesitaba sentirle, lo necesitaba como el oxígeno. Sentir sus ardientes manos y su boca por todo mi cuerpo, sentir que él estaba conmigo, sentir que no se iba a alejar entre ninguna niebla, sentirle bien pegado a mí, sentirle dentro de mí... Quería fundirme con él, sentir su alma bien mezclada con la mía.

Mis manos se aferraron a su pelo con fervor y mi respiración empezó a agitarse con ansia, en total sincronización con la suya.

- Hazme el amor… - imploré en sus labios con un susurro que salió por mi boca con más que deseo.
- Nessie… - susurró, excitado, deslizando su ardiente mano por mi muslo y alzando la parte baja de mi camisón a su paso.

Sus tórridos labios se unieron a los míos y llevó su cuerpo hacia mí con suavidad, haciendo que mi espalda se apoyase en el colchón mientras él se acomodaba entre mis piernas.

Sí, ahora podía sentirlo, sólo había sido una pesadilla; y así fue como mi pesadilla dio un giro y pasó a ser todo un sueño.
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Cristina Almeida
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Vie Abr 29, 2011 4:00 am

¿Piensas que te dejaré? ¡Jamás! Jajajaja... Me has dicho que no colgarias todos los días y además estoy estudiando para pruebas,aún asi, estoy por aqui todos los días practicamente... ¡Haces parte de mi vida! Eres un sol como Jacob... Un saludo.
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Brenda
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Vie Abr 29, 2011 11:44 pm

WOW.. muy buenos capis!!
Muero x saber qé pasará! spero qe no se haga realidad su sueño D: Y si síi.. pues qe se arregle rápido, xqe Jake y Nessie tienen qe star juntos! <3
Nos estamos leyendo pronto! xD
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JACOB&NESSIE
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Abr 30, 2011 10:34 am

¡HOLA, PRECIOSAS! (como diria Jacob Wink )

Cristina:
Muchas gracias por seguir leyendome ^^
¡Tu si que eres un sol! sunny
Por cierto, suerte en esa prueba cheers cheers cheers

Brenda:
Ya veremos que pasa con ese sueño... Wink
Muchas gracias por leerme alien

Aqui os dejo otro capi, espero que os guste I love you

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ENTREGA

Como ya venía siendo demasiado habitual, esa mañana llegué justa a clase. La señora Smith ya estaba apunto de cerrar la puerta, cuando pasé por el umbral como una exhalación humana. Me echó una mirada asesina y yo corrí hacia mi pupitre.

Brenda no coincidía conmigo en esta clase, pero, por fin, Helen sí estaba a mi lado. Desde que nos había contado toda su extraña historia la semana pasada, ya había vuelto a clase. Nosotros le habíamos prohibido que fuera sola por ahí, y menos a ningún bosque. Ahora siempre tenía unos enormes y peludos guardaespaldas que la protegían en todo momento, y habíamos dejado lo de la búsqueda de Ryam para las tardes, ya que yo la regañé por dejar sus estudios atrasados y la convencí de que a su mejor amigo no le gustaría nada que perdiese el curso por esa razón, así que ya venía al instituto.

Al día siguiente de aquella conexión donde le contamos todo a mi familia, Carlisle nos dijo que ya había hablado con Louis y que éste estaba encantado de investigar el tema de la transformación de Helen y Ryam. Lo único que necesitaba era una muestra de la sangre de mi amiga, por lo que mis padres, mis tíos y mis abuelos se ofrecieron entusiasmados a pagarnos dos billetes a Anchorage para que fuéramos a visitarles con esa excusa. Al principio, a Jake no le hacía mucha gracia que nos pagaran el viaje, pero lo reconduje con el argumento de que él estaba siendo la única base de nuestra economía y que yo tenía derecho a que ese viaje corriese de mi cuenta, o por lo menos, de la de mi familia, así que al final aceptamos. Ya teníamos ganas de verles en persona y de ver esa espectacular casa de la que Alice no dejaba de presumir.

Helen parecía muy contenta hoy, y de sus ojos – que volvían a ser dorados gracias a las lentillas – salían chiribitas cuando me miraron. Algo había pasado. Algo muy bueno. Y yo no aguantaba hasta el final de la clase para saber de qué se trataba.

Mientras la señora Smith empezaba su lección de Historia, arranqué un trozo de papel de mi cuaderno y le escribí una nota a Helen que no tardé en pasarle.

Ha pasado algo, ¿no? Ya puedes ir contándomelo.

Mi amiga sonrió cuando leyó mi frase, me miró de reojo y escribió justo debajo.

Ryam me envió un mensaje al móvil para que lo llamase y ya pude hablar con él. Ahora sé que está bien y ya me he quedado más tranquila.

Me enseñó la nota, yo exhalé el aire con la boca abierta en una sonrisa de alegría enorme y la llevó de nuevo a su pupitre para seguir escribiendo.

Me dijo que había descubierto algo muy importante, pero que era peligroso decírmelo por teléfono y que quería quedar conmigo para contármelo en persona y enseñarme unos documentos muy importantes. Le hablé de vosotros y de tu familia, del doctor Cullen, y le conté que nos ibais a ayudar.
Me costó, ya que es muy cabezota y ahora, con todo lo que le ha pasado, ya no se fía de nadie al 100%, excepto de mí, claro, pero al final le convencí para que me los entregara y así pudieseis llevárselos al doctor Cullen. Me dijo que tenía que ser en un sitio muy concurrido donde hubiese mucha gente y mucho ruido, para despistar a Razvan e impedirle que pudiese actuar en caso de que nos descubriera, así que se me ocurrió la fiesta de Matt Hoffman de mañana. Como tú estás invitada, podremos entrar sin problemas, y Ryam es un experto en colarse en los sitios.


Cuando me pasó esa larga nota y terminé de leerla, no pude evitar poner una mueca de dolor.

¿En la fiesta de Matt Hoffman? ¿No había otro sitio mejor? No sé, en el Ocean o algo…

El Ocean ya lo tienen muy controlado. Recuerda que fue por los alrededores donde lo contagiaron. Saben que ese es el sitio de moda donde va la mayoría de los jóvenes de Forks. Lo mejor para despistarlos es ir a una fiesta privada de la que no han oído hablar nunca. Tienes que hablar con Matt y decirle que vamos a ir.

Fruncí el ceño un poco cuando lo leí, pero, para mi desgracia, tenía razón. Aunque, bueno, pensándolo bien, en cuanto Matt me viese aparecer en su fiesta con Jake, puede que ya me dejase en paz para siempre.

Bueno, vale, está bien, hablaré con Matt. Y también con Jake, para que planee algo con los chicos y os puedan cubrir las espaldas, por si acaso.

De acuerdo. Gracias.

Helen me cogió la mano a modo de agradecimiento, mirándome con unos ojos emocionados y una media sonrisa de esperanza que hicieron que un incómodo nudo se instalara en mi garganta. Le di unas palmaditas en su mano, carraspeé para aclararme la voz y por fin me soltó para que pudiéramos comenzar a atender a la lección de la señora Smith.



Miré el papel que el propio Matt me había dado para cerciorarme de que íbamos a meternos en la calle correcta.

- ¿Seguro que es por aquí? – preguntó Jake, girando el volante.
- Sí, ¿no oyes la música? Mira, esa de ahí debe de ser su casa – le señalé, guardando la dirección en el bolsillo de mi chaqueta.

La casa de Matt era bastante grande, incluso un poco impropia de un sitio tan humilde como Forks, y la música estaba tan alta que se oía desde la calle, aunque mis oídos y los de Jake ya la habían escuchado hacía un rato.

Mi chico aparcó como pudo entre toda aquella fila de coches que habían estacionado en el arcén, y Helen, él y yo nos apeamos del Golf.

Jake me cogió de la mano nada más cerrar el vehículo, echó un vistazo entre los árboles que teníamos detrás, y empezamos a dirigirnos hacia la vivienda.

Mi olfato no me engañaba, pero Jake ratificó mis pensamientos.

- Bien, Seth y su grupo ya están por aquí, en estos bosques de alrededor – nos comunicó en voz baja -, y Embry, Quil, Isaac y Shubael tienen que estar por fuera de la casa en su forma humana para pasar desapercibidos, así que no os preocupéis, todo está controlado.
- Sólo espero que Isaac y Shubael no se dediquen a intentar ligar con todas las que pasen – añadí yo en broma.
- Más les vale que no – afirmó con un tono un tanto amenazador.
- Quería daros las gracias – dijo Helen -, os estáis tomando tantas molestias por nosotros que…
- Venga ya, chica culturista – le cortó Jake en broma, usando ese mote que ya le había puesto para quedarse con ella -, esto no es nada para nosotros.
- De todas formas, gracias, chico lobo – le acompasó ella.

Nos reímos los tres y nos acercamos a la vivienda.

En el pequeño jardín que abría paso hacia la casa se encontraba un montón de gente, algunos ya iban borrachos. Quil estaba de pie con los brazos cruzados, apoyado en un árbol que quedaba justo delante de la entrada. Jake y él se saludaron con un ligero movimiento de cabeza y llegamos a la puerta.

Piqué al timbre y al rato Matt Hoffman nos abrió.

- Hola, Nessie, te estaba esperan… - el saludo del anfitrión se entrecortó al toparse con la persona que mi mano amarraba.

Su sonrisa presuntuosa también se le borró de la cara cuando lo observó con detenimiento, qué remedio, lo tenía justo delante.

Jake llevaba una camiseta azul oscuro de manga corta que le quedaba ceñida y dejaba entrever esos impresionantes músculos que Matt ya había tenido el gusto de ver aquella vez en el parking de Rialto Beach.

Mi chico le dedicó una sonrisita chulesca que estaba llena de malas intenciones.

- Hola, Matt – no pude evitar que se me escapara una sonrisa que se confundía un poco con el orgullo que sentía por mi novio y un sentimiento un tanto maquiavélico de desquite personal.
- Hola, Matt, ¿cómo estás? – saludó Jake, tiñendo la frase de una acidez maléfica.
- Ah, te voy a presentar – dije, haciéndome la despistada -. Este es Jacob Black, mi novio - y al pronunciar novio me recreé.
- E-encantado – tartamudeó Matt, estirando la mano con un poco de impresión ante un chico tan alto y fuerte.
- Igualmente – contestó Jake, usando el mismo tono que antes.

Y le cogió la mano para estrechársela.

- A-ay… – se quejó Matt con un murmullo, retorciéndose un poco, cuando Jake apretó un poco más de la cuenta.
- ¿Podemos pasar? – le pregunté.
- Claro, estáis en vuestra casa… - se rió nerviosamente a la vez que agitaba su mano disimuladamente por detrás de su cintura para aliviar el dolor.
- Gracias.

Le sonreí con orgullo, Jacob lo hizo con la misma chulería de antes, y Helen pasó detrás de nosotros dos ante la atónita mirada del anfitrión, que veía cómo me había invitado solo a mí y entraban dos polizones más. Casi me dio un poco de penita de él y todo, aunque con lo pesado que había estado conmigo, era un alivio saber que ya no iba a volver a dirigirse a mí en la vida.

- ¿Ese es el tipejo que te está molestando? – quiso saber Jake, echándole un vistazo fulminante mientras caminábamos.

La música estaba altísima, aunque nosotros debíamos de ser los únicos que podíamos escucharnos perfectamente.

- Sí, pero ya no lo va a hacer más – aseguré, aliviadísima.
- Más le vale – afirmó él, mirándole con cara de muy malas pulgas.
- Bueno, Jake, a lo que estamos – le exhorté, zarandeando su mano para que mirase hacia delante.

Me hizo caso y se volvió de frente.

- ¿Ves a Ryam? – le pregunté a Helen.
- No – respondió ella, escudriñando ese enorme salón, el cual estaba solamente iluminado con una especie de focos de colores que apenas daban algo de luz.
- Menudo friqui es ese idiota – masculló Jake, que, como siempre, parecía que podía leerme la mente.
- Desde luego Alice no hubiera puesto esta decoración para una fiesta – coincidí yo.
- Ahí está – exclamó Helen, emocionadísima, con los ojos apunto de salírsele del sitio, de las ganas que tenía ya de verle.
- ¿Dónde? – pregunté, buscándole con la mirada.
- Debajo de la escalera, está escondido – me desveló ella -. ¿Os podéis quedar aquí?, voy a hablar con él, a ver si os quiere conocer.
- De acuerdo – acepté.

Helen corrió a la zona de la escalera y se metió entre la oscuridad que había bajo la misma. Tan sólo se le veía la espalda. Unos brazos tapados por las mangas de una sudadera de color negro la rodearon durante un momento y después su espalda volvió a quedar despejada.

Estuvo alrededor de un minuto oculta bajo la sombra y salió para negarnos con la cabeza a la vez que su rostro decía un lo siento, no he podido convencerle.

- Encima que le ayudamos – chistó Jake, molesto.
- Tienes que entender a Ryam, lo ha pasado muy mal – le defendí -. A diferencia de ti y de los demás lobos, él tuvo que pasar por todo esto solo, la única persona que tiene es Helen. Nadie más le ha ayudado nunca, todo lo ha tenido que hacer él, y esto de entregar algo que ha descubierto con su esfuerzo no debe de ser plato de buen gusto. Y encima, mi familia está compuesta por lo que él más debe de odiar del mundo. Ya es bastante que haya accedido a entregarnos esos documentos.

Jake se mordió el labio y se quedó pensativo, seguramente podía comprenderle en esto último.

- Bueno, puede que me recuerde un poco a Sam – reconoció.

Los dos volvimos la vista hacia el rincón de la escalera, vigilando en todo momento la enorme sala.

- Bah, aquí no viene ningún chupasangres, menudo fiasco – se quejó después de un rato -. Anda, vamos a tomar algo, ya que estamos aquí – propuso, tirando de mí al iniciar la marcha.
- ¿Y si aparece alguno? – dudé con preocupación.

Jacob esquivaba a la gente con facilidad, ya que prácticamente le dejaban pasar al ver a ese chico que, equivocadamente, daba la sensación de peligroso.

- La casa y los alrededores están bien vigilados, no podría pasar ni un bunker, y aquí dentro no hay nada que queme la nariz, excepto la asquerosa colonia de ese idiota friqui que te acosa – alegó -. Además, no pienso ser el sujetavelas de nadie, así que, venga, ¿qué te apetece tomar?

La verdad es que Helen parecía muy entretenida hablando con Ryam, al que no se le veía nada más que esas botas negras llenas de hebillas. Jacob tenía razón. Seguramente tenían muchas cosas que contarse aparte del último descubrimiento que había hecho él.

- Bueno, pues una cerveza – le dije.

Aproveché un segundo que perdió mi amiga en mirarme, para hacerle una señal que la avisaba de dónde estábamos y ella asintió con una sonrisa.

Llegamos a la zona donde estaban las bebidas y Jake volvió a hacerse un hueco fácilmente entre aquella muchedumbre. Me llevó con él de la mano mientras echaba un vistazo a los recipientes redondos con hielo que contenían las bebidas, y finalmente dio con lo que estaba buscando. Sacó las dos cervezas sin alcohol de uno de los recipientes, las abrió con un abridor que había allí y me pasó la mía.

- Toma, preciosa.
- Gracias – le sonreí, cogiéndola, y le di un beso corto en los labios.

De pronto, cuando me iba a apartar de él para beber de mi botellín, Jake me agarró de la cintura y me estampó contra su cuerpo, dándome seguidamente un beso tan efusivo, que me dejó sin respiración.

Sus labios eran tan suaves y la sensación que me producían era tan extremadamente placentera, que no pude evitar dejarme llevar y perderme en esa energía hechizante que ya nos envolvía. Mi mano subió por su pecho y se aferró a su camiseta para pegarle más a mí, sin importarme nada más, ni siquiera era capaz de oír ni un murmullo de la música.

Sin embargo, Jacob terminó ese increíble beso, aunque le costó un poco.

Me quedé mirándole embobadísima durante un rato, y él también clavó sus ojos en los míos, maravillado. Pero sólo por un instante, porque luego los despegó de mí para mirar al frente con una cara y una sonrisa de satisfacción enorme.

Eso hizo que me girara un poco para mirar y fue cuando vi a Matt, que apretaba los dientes con tanta fuerza, que casi se podía escuchar el chirrido por encima de la música.

- Ahora sí que no te va a volver a molestar más – aseguró Jake con una de sus mejores sonrisas torcidas.

Le sonreí y me pegué a él para comérmelo con una serie de besos cortos que él correspondió de buena gana.

Un carraspeo me hizo bajar de las nubes.

- Ah, Helen – me separé de mi chico, ruborizada.
- Ryam se ha ido – anunció, pesarosa.
- ¿Cómo? ¿Se ha ido? – inquirí con sorpresa.
- Estúpido, así será imposible protegerle – bufó Jake -. ¿Te dijo a dónde se iba?
- No me lo ha querido decir – le contestó ella, visiblemente preocupada -. Dice que no quiere poner a nadie más en peligro.
- Idiota, es demasiado orgulloso – criticó mi chico. Le di un pisotón disimulado para regañarle, aunque no pareció hacerle mucho caso -. En fin, ¿te dio los documentos?
- Sí – asintió, alzando una carpeta azul para mostrársela –, y me dijo que…
- Espera – le interrumpió él, dejando su cerveza y la mía en las tablas que estaban colocadas a modo de barra -, será mejor que salgamos de aquí y nos lo cuentes todo en otro sitio.
- Jake tiene razón – apoyé yo -. Vamos a casa.

Avanzamos entre el bullicio sin problemas gracias a la amabilidad de la gente con Jake y llegamos hasta la puerta.

- Adiós, Matt – se despidió Jacob con la misma sonrisa y la misma acidez que había usado al principio para saludarle -. Tu fiesta ha estado bastante guay, pero no creo que mi chica y yo volvamos – matizó con intención; y le ofreció su mano para que se la estrechara, mirándole con una expresión cargada de advertencia.
- Ah, bueno, no… no importa – respondió Matt, riéndose nerviosamente mientras alzaba la mano con evidente temor -. A-ay… - volvió a quejarse con un murmullo, retorciéndose de nuevo, cuando Jake apretó otro poco más de la cuenta.

Mi novio le soltó la mano con su sonrisita chulesca y comenzó a pasar por el umbral de la puerta.

- Adiós, Matt – repitió con la misma actitud.
- Adiós, gracias por invitarnos – le dije yo, saliendo detrás de mi chico.
- Adiós – siguió Helen, haciendo lo mismo.
- Adiós – se despidió Matt con otra risita nerviosa mientras sacudía su mano a sus espaldas para calmar el dolor.

Y cerró la puerta.

Jake le hizo una señal a Quil con la cabeza para que éste se acercara a nosotros y así lo hizo.

- Avisa al resto y a Seth, ya sabes a dónde vamos – le dijo, sin dejar de observar los alrededores.
- Sí – acató Quil, asintiendo.

Mientras nosotros iniciábamos la andadura hacia el coche, el quileute metió la punta de sus dedos en la boca y emitió un silbido para avisar a los otros, que vigilaban los laterales y la parte posterior de la vivienda, de que se retiraban. En unos segundos, los tres quileute se reunían con Quil delante del edificio y se marchaban corriendo hacia el bosque, donde se encontraba Seth con su grupo.

- Iremos escoltados todo el tiempo – nos desveló Jake de camino al Golf.

Llegamos al vehículo con rapidez, nos subimos y Jacob lo puso en marcha sin perder tiempo para salir velozmente en dirección a nuestra casa.

Recorrimos la carretera de La Push y, en menos de media hora, ya estábamos en nuestra preciosa casita roja. Los lobos se quedaron por los alrededores, ya que después teníamos que llevar a Helen a su casa y tenían que volver a escoltarnos.

Mientras Jake y mi amiga se sentaban en el sofá del saloncito, yo aproveché para entrar en la cocina y coger unas cervezas sin alcohol. Al final, no había tomado aquella en la fiesta de Matt y me había entrado sed.

Salí de la cocina y me dirigí a la zona del sofá.

- Toma, tu cerveza – le ofrecí a Helen, entregándosela.
- Gracias.

Le di la suya a Jake, posé la mía en la mesita roja y me senté a su lado, en el hueco que quedaba entre mi amiga y mi chico.

- Bueno, ¿qué te ha entregado Ryam? – quiso saber Jake, alzando su botellín para echar un par de tragos.

Cogí los papeles que Helen había sacado de la carpeta y que había posado en la mesita, para echarles un vistazo.

- No me lo quiso decir – habló ella –, por si Razvan y los suyos estaban escuchando desde fuera, pero me dijo que seguro que Carlisle podría descubrirlo.
- Idiota, ¿no se dio cuenta de que no olía a chupasangres por ninguna parte? – criticó Jacob.
- Jake – le reñí, alzando la vista de los documentos un instante para mirarle.
- Nosotros no tenemos el sentido del olfato tan desarrollado – se defendió Helen -, ni siquiera cuando estamos en nuestra forma de gigantes.
- Esto son fórmulas – descubrí con asombro, pasando los folios.
- ¿Fórmulas? – inquirió Jake, extrañado.

Helen se quedó pensativa.

- Sí, un montón de fórmulas y ecuaciones, mira – y levanté el documento para ofrecérselo.
- Nah, deja, no voy a entender nada… - y se bebió otro par de tragos.
- Ha encontrado las fórmulas del veneno – murmuró mi amiga de pronto, mirando al frente, asombrada.

Levanté los ojos de los folios para observarla a ella con revelación sorpresiva.

- Si son las fórmulas del veneno, Carlisle podría encontrar el antídoto – afirmé.

Mi amiga giró el rostro para mirarme con el mismo semblante que el mío y después nos sonreímos.

- No os hagáis ilusiones – nos advirtió mi chico -, podría ser otra cosa y os llevaríais un chasco importante. Lo mejor es llevárselo a Carlisle junto con la muestra de sangre y que él nos diga lo que es.
- Es verdad – calmé mi repentino entusiasmo y seguí hablando con un poco más de mesura -. Dentro de dos semanas iremos a ver a mi familia y él nos dirá qué significan todas estas ecuaciones.
- Sí, tenéis razón – coincidió Helen, suspirando para relajarse ella también.
- ¿Y de dónde ha sacado esto? – preguntó Jake, frunciendo las cejas con extrañeza.
- No lo sé, sólo me dijo que sus pistas le llevaron a un bosque y a una especie de madriguera, y que cuando entró, descubrió que era un pasadizo. Siguió por allí y llegó a un edificio muy antiguo de piedra gris. Ahí fue donde cogió la carpeta. Fue lo único que me dijo.

Jake frunció los labios con una expresión que decía a las claras que esto no le gustaba nada de nada, a la vez que posaba su cerveza en la mesita.

- Lo que está claro es que estos papeles son de Razvan y sus matones y que Ryam se ha debido de meter en su guarida – declaró al cabo de unos segundos -. No sé cómo lo ha hecho ni cómo ha conseguido salir de allí, pero cuando ellos se den cuenta de que faltan estos documentos, irán a por él sin cuartel, y ese gigante estúpido se ha ido solo por ahí.
- No es que Ryam no acepte vuestra ayuda porque sí, en realidad os está muy agradecido por protegerme, pero es que él siempre ha sido así, siempre ha sido un chico bastante solitario, no le gusta que nadie le ayude si él mismo puede arreglar las cosas – alegó Helen en defensa de su mejor amigo, aunque a ella también se la notaba disconforme y preocupada por su osada actuación –. Además, según me ha dicho, se marchaba para investigar otra cosa muy importante que ha descubierto y que no me ha querido contar. Sabe que todo esto es muy peligroso y no quiere exponer a más gente.
- Mira, me parece genial que quiera ir en solitario, pero nos subestima – criticó Jake -, y, encima, tiene prejuicios. Tienes que explicarle que nosotros hemos nacido para combatir contra todo tipo de chupasangres. Estamos más que preparados y muy bien organizados – presumió, aunque yo sabía que con razón -. La próxima vez que quedéis, tienes que hablar con él y convencerle de que nos deje protegerle y ayudarle. No podrá con todo él solo, siempre es mucho mejor trabajar en equipo. Y también tienes que decirle que deje esos prejuicios a un lado y que confíe en los Cullen, ellos no son como el resto de vampiros.
- Lo intentaré, aunque es bastante cabezota.
- Procura convencerle – repitió Jacob.
- ¿Y qué vamos a hacer con esta carpeta durante las siguientes dos semanas? – pregunté –. ¿Qué pasa si Razvan descubre que nosotros tenemos sus documentos?
- No saldrá de La Push – afirmó Jake -. Todos los días se la daré a alguien diferente de la manada que estará custodiado en todo momento, y reforzaré la vigilancia de nuestro territorio, no podrán ni olerlo.
- Me siento como si estuviéramos guardando un expediente del gobierno o algo así – bromeé, más bien para quitarle un poco de hierro al asunto, porque si no lo hacía, mi cabeza iba a empezar a llenarse de miles de pinchacitos que me iban a recordar la intuición que ya rondaba por ella y que me gritaba lo peligroso que era esto para mi Jacob, la manada, Helen, mi familia, yo misma..., y entonces acabaría cogiendo la carpeta y tirándola por ahí para que la encontrara Razvan y se la llevara.
- No te preocupes, todo saldrá bien – me calmó Jacob, dándome un beso en la mejilla.

Como siempre, parecía que me leía la mente.

- No tenéis por qué hacer esto – declaró Helen, pesarosa –, Ryam y yo no queremos que nadie…
- ¿Estás de broma? – le cortó Jake, elevando la comisura de esos labios como nadie más sabía hacerlo -. Esto no nos lo perdemos ni locos. Y esas asquerosas sanguijuelas ya han metido demasiado sus narices por nuestros bosques, no pienso permitirlo. Cuidaremos de esta carpeta y cuidaremos de ti.
- No sé cómo vamos a agradecéroslo – dijo mi amiga con un notable nudo en la garganta.
- No volviendo a decir estas cosas una y otra vez, por favor – respondió mi chico -. Somos un equipo, ¿vale? Y eso es lo que le tienes que meter a Ryam en esa cocorota tan dura que parece que tiene.
- De acuerdo – sonrió ella.
- Vais a tener que trabajar el doble y emplearos a fondo – manifesté, un poco a modo de advertencia de broma.

Jacob cogió su cerveza y la alzó.

- Bueno, es lo malo de ser tan guay – afirmó con una enorme sonrisa.

Y después, se tomó unos cuantos tragos.
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Cristina Almeida
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Mayo 03, 2011 1:26 pm

Chicas, estuve piensando cómo el director de amanecer hará la encena de la imprimación de Jacob y Nessie, pues en el libro ella es un bebé con caracteristicas muy distintas, incluso sus miradas y todo eso... Qué te parece Tamara????? Ainsss, me muerdo por esa película, aqui en Brasil se estrena al 18 de Noviembre...Besos cheers
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JACOB&NESSIE
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Mayo 03, 2011 6:18 pm

¡HOLA! alien

Cristina, no se si sabes que para la imprimacion de Jacob lo que van a hacer es un flashforward donde el va a ver su futuro con Nessie justo cuando ve a la niña y se imprima de ella! cheers
Va a ir viendo su vida junto a ella cuando es una niña, como la cuida y la protege, luego cuando va creciendo, hasta que ella es mayor y es cuando el se enamora, entonces se va a ver como Nessie tambien se enamora de el y saldra un beso apasionado entre los dos!!!!! alien alien alien alien
Que te parece, ¿eh? I love you I love you I love you I love you I love you I love you I love you I love you
¡¡¡¡TENDREMOS BESO ENTRE JACOB Y NESSIE!!!! sunny sunny sunny sunny sunny sunny sunny sunny sunny

Aqui dejo otro capi, espero que os guste!!! alien

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OTRA
PREOCUPACIÓN


Las amenazantes nubes, ayudadas por el viento templado de este inestable final de febrero, habían empezado a formar un denso mantón en el cielo, cubriéndolo como si de una lona de algodón gris se tratase. El horizonte lejano, todavía azulado, era el único vestigio de que el presente día había sido más o menos despejado. Hasta ahora.

Accioné los limpiaparabrisas cuando las nubes se cansaron de alargar la tregua y unos goterones enormes comenzaron a estamparse contra el cristal de mi coche. Como venía sucediendo en este mes, el astro rey no quiso quedarse atrás y también hizo su particular aparición. Un halo de sol consiguió abrirse paso entre las nubes y me apuntó justo a la cara, iluminándome como si de un foco se tratase y deslumbrando a mis pobres ojos. Bajé el parasol y, cuando mis pupilas se recuperaron y los puntitos desaparecieron, pude disfrutar del extraño pero hermoso paisaje que se abría paso ante mí.

Las copas de los árboles que bordeaban la carretera de La Push eran agitadas con virulencia por las ráfagas del fuerte aire de hoy, y también se veían hojas volando. La mezcla de lluvia y sol hizo aparecer un arco iris a lo lejos, era tan nítido, que se distinguía a la perfección todo su abanico cromático.

El viento azotaba de frente a mi Ford Festiva del 90, obligándole a ir contra corriente, sin embargo, y aunque mi coche era pequeño y las ráfagas racheadas, potentes, mi vehículo tiraba como un auténtico bólido.

Hacía poco que Jake y yo le habíamos puesto el estéreo a mi forito, por eso no me había acordado de encenderlo antes. Cuando llevas un tiempo conduciendo un coche sin música ni sonido alguno, parece que te acabas acostumbrando un poco. Pero ahora ya tenía estéreo, así que lo encendí y puse la radio.

Mientras el hombre de las noticias hacía su trabajo, llegué al final de la carretera de La Push y salí a la de Forks. Las nubes volvieron a dar una tregua y la lluvia cesó, así que desactivé los limpiaparabrisas. El arco iris desapareció con ella y el horizonte volvió a quedar en blanco y negro. El locutor radiofónico empezó a dar una noticia que me llamó un poquito más la atención y subí el volumen.

- […] La población de Sequim se encuentra realmente conmocionada por esta desaparición, ya que la chica era muy conocida en el pueblo y ya van siendo dos las desapariciones en esta localidad. La joven Hilari Sheffer desapareció el pasado viernes después de regresar de una fiesta. Perros policiales de los equipos especiales de búsqueda han encontrado su rastro en el Parque Estatal de la Bahía de Sequim, sin embargo, esa búsqueda ha concluido sin éxito. La policía está investigando su entorno más…

Mi pie pisó el freno súbitamente y el coche se paró tan en seco, que casi me ahogo con el cinturón de seguridad, del tirón. Todavía aturdida por tener que salir disparada de mi concentrada escucha y con el susto en el cuerpo, vi cómo el mapache culpable de esa reacción terminó de cruzar la calzada a toda velocidad.

Cuando mi corazón volvió a latir a su ritmo normal, apagué el motor y lo arranqué de nuevo, ya que, del frenazo, se me había calado. Inicié la marcha y puse atención otra vez al locutor de radio.

Demasiado tarde.

- Dime, Mike, ¿crees que este año los Lakers volverán a conseguir ese precioso anillo una vez más?
- No sólo lo creo, Rob, sino que apuesto lo que quieras a que Kobe Bryant va a tener que montar una escuela para enseñar a unos cuantos profesionales de la NBA lo que es jugar de verdad.
- Bueno, está haciendo una temporada estupenda, Mike, pero no sé si eso que dices…
- Te lo aseguro, Rob.
- No sé, Mike.
- En serio, Rob.

Click. Y cambié a modo CD para poner algo de música.

Esa canción de 30 seconds to mars hizo que me sumergiera en mis pensamientos con más facilidad. Unos pensamientos que llenaron mi cabeza de preocupación y tristeza, puesto que lo primero que vino a mi mente fueron los gigantes que estaba creando Razvan. Ya había perdido la cuenta de los desaparecidos, pero con cada nueva noticia a este respecto, todo mi ser se llenaba de escalofríos. Cada vez estábamos más seguros de que todo ese asunto de las desapariciones tenía que ver con Razvan y sus extrañas intenciones. Y ni siquiera podíamos hacer nada para impedirlo, porque, como yo misma le había dicho a Helen, no se podía saber a quién iban a transformar Razvan y los suyos, eso añadiendo que los propios gigantes podían ser los causantes de otros contagios, y, por lo tanto, desapariciones. El hecho de que los gigantes pasaran prácticamente desapercibidos en su forma humana, complicaba mucho las cosas. No sabía cómo Razvan conseguía dominarles y esconderles, pero estaba claro que tenía que tener alguna forma de hacerlo. Eso hacía que me rechinasen los dientes. Tampoco entendía cómo es que los Vulturis no habían actuado aún para detener todo esto. Puede que no se hubiesen enterado todavía, o tal vez ya lo sabían, por lo que no tardarían mucho en reaccionar. Como fuere, todo llevaba a un único punto: problemas.

No pude evitar pensar en Helen y en Ryam. Si esas ecuaciones constituían las fórmulas del veneno que había contagiado a Ryam, Carlisle y Louis podrían encontrar el antídoto para curarles, y tal vez para curar a esas otras personas, aunque eso iba a ser más difícil, puesto que primero habría que encontrarlas y después terminar con Razvan y sus secuaces. Y, bueno, si es que tenía curación, porque a lo mejor nos estábamos haciendo demasiadas ilusiones y después resultaba que no había remedio.

Miré a ambos lados de la carretera. No se podía ver nada entre todos aquellos árboles, pero sabía que Jake había mandado algún lobo para escoltarme todo el camino. No sólo Helen estaba bien protegida, a Jacob no le había gustado nada la forma en la que Razvan me había mirado en aquel encontronazo del bosque, por lo que siempre que salía sola me tenía vigilada. La verdad es que no me molestaba nada, ya que apenas se notaba la presencia de esos enormes y peludos guardaespaldas, tan sólo su olor cuando salía al exterior, pero no interferían en mis asuntos en absoluto.

Tampoco pude hacer nada contra esa imagen que se plantó en mi cerebro de la carpeta azul. La manada llevaba una semana encargándose de custodiar dicha carpeta, y La Push parecía un verdadero fortín, hasta los vampiros nómadas tenían problemas para entrar en ese territorio, y los pocos que lo conseguían, eran interceptados enseguida por el resto de lobos que permanecían dentro y que eran avisados instantáneamente por los que vigilaban los límites fronterizos. Eso sí, para conseguir tanta efectividad, toda la manada al completo estaba trabajando de sol a sol, haciendo turnos dobles, casi sin descanso. Se relevaban de unos a otros en los distintos cargos, que consistían en vigilar La Push, custodiar los documentos y proteger a Helen, y a mí cuando salía sola de la tribu. Así que, como ya tenían bastante con lo que tenían, esto último procuraba no hacerlo mucho, para no hacer que los pobrecitos trabajasen más.

Lo raro era que Razvan y los suyos no hubiesen aparecido todavía por aquí para recuperar esos documentos. Puede que estuviesen esperando a que la manada bajase la guardia o algo, o puede que aún no se hubiesen dado cuenta de que esos papeles faltaban. Sin embargo, en cuanto se dieran cuenta, vendrían por aquí, seguro. Gracias a Dios, solamente quedaba una semana para que nos marcháramos a Anchorage y llevásemos esa dichosa carpeta, y la manada podría volver a su rutina de siempre, si bien tenían que seguir protegiendo a Helen, pero eso no suponía el esfuerzo que estaban haciendo ahora. Aunque, pensándolo bien, que mi familia se viese involucrada también en ese peligro…

Agité mi cabeza y procuré pensar en cosas más agradables. No fue muy difícil encontrar el tema, y, por supuesto, relacionado con Jake.

Mi labio se había curvado hacia arriba sólo de pensar en su nombre, pero se elevó todavía más cuando pensé en nuestra luna de miel. Y hablaba de la luna de miel de verdad. Tenía unas ganas tremendas de que pasase mi graduación y llegase el 18 de junio para convertirme en Renesmee Carlie Black de una vez por todas, de que hiciéramos ese deseado viaje a Santa Lucía por fin.

Mi familia iba a venir desde Alaska para mi graduación, y ahora sólo quedaba que Jake lo arreglara todo para que pudieran asistir a nuestra boda a la semana siguiente. Eso no parecía importarle demasiado a papá, que confiaba plenamente en la labia y el carisma que derrochaba Jacob. Desde que le habíamos dado la noticia en septiembre, estaba pletórico, y ansioso porque su hija ya no viviera más en pecado. Aunque no era el único. Mi madre casi estaba más nerviosa que yo a medida que se acercaba la fecha, y eso que todavía quedaban tres meses y medio.

Tanto me interné en mis pensamientos, que cuando me quise dar cuenta, ya había llegado a mi destino. Estacioné el vehículo frente a la casa de Charlie, cogí la bolsa del asiento del copiloto y me bajé del coche.

Una ráfaga de aire enseguida le dio un manotazo a mi pelo y éste se azotó contra mi cara, tapándome algo la visión. Intenté despejarme el rostro, pero por más que apartaba el cabello, el viento volvía a ponerlo por delante de mis ojos. En ese momento me arrepentí de no haberme hecho una coleta. Lo dejé por imposible y caminé casi a ciegas entre esa revolución de pelos.

Mientras caminaba, escuché una conversación que venía del porche. La maraña de mechones me dejó ver algo y vi que Charlie hablaba con una mujer. Por fin, conseguí llegar al porche, y justo cuando lo hice, otra ráfaga despejó mi rostro al llevar todo mi pelo hacia atrás.

Yo sentí alivio, pero Charlie pareció ponerse pálido cuando me vio aparecer frente a sus narices. La conversación que tenía con esa mujer parece ser que lo tenía muy distraído y mi presencia le había tomado por sorpresa. Aunque lo que más me extrañó fue la reacción de ella. Sus ojos se abrieron como platos y su rostro se tornó al desconcierto total. Parecía que le hubiese dado un shock.

- Hola, ab…
- ¡Hola, Nessie! – me cortó él con nerviosismo -. ¿Qué… qué haces aquí?
- Vengo a traerte esto de parte de Sue – y le entregué la bolsa con los herméticos llenos de comida que ésta me había dado esa mañana para que se los trajera.
- Ah, qué amable. Gracias.
- ¿Quién es? – preguntó la mujer, estudiándome frenéticamente con esa mirada de antes.
- Es Ren… Nessie – rectificó Charlie -, Nessie Clearwater, la sobrina de Sue – respondió con rapidez y con ansiedad evidente.

Las dos giramos los rostros para mirarle. Yo frunciendo el ceño con extrañeza, ella mirándole como si la estuviese tomando el pelo.

- Es… adoptada – siguió, secándose el sudor de la frente con la manga de su camisa de policía.

¿Qué estaba pasando? ¿Acaso me había perdido algo?

La mujer volvió su cara hacia mí de nuevo y siguió su exploración facial, entrecerrando sus azules ojos.

- Perdona, es que me recuerdas tanto a una persona… - dijo la mujer finalmente, mordiéndose el labio -. A dos, en realidad…
- Ella es Renée Dwyer, mi ex-mujer – habló Charlie, casi entre dientes, haciéndome un gesto con los ojos para ver si yo pillaba el por qué de todo este teatro de una vez.

¿Qué? ¿Renée? ¿La famosa Renée? ¿Mi… mi abuela?

Una descarga de alegría empezó a extenderse por todo mi cuerpo, ya que por fin la conocía, sin embargo, pronto se disipó. Porque ella no sabía de mi existencia, por supuesto, y no podía saber nada, tenía que seguir siendo de ese modo.

- Vaya, qué maleducada soy – intervino ella -. Ni siquiera me había presentado.
- No importa – le contesté con una sonrisa. Ella pareció quedarse engatusada -. Así que tú eres… la madre de Bella.

Sus ojos volvieron a abrirse como platos, aunque esta vez había un matiz de desasosiego en ellos que se percibía a las claras.

- ¿La conoces?
- Sí. Bueno, Jake me ha hablado de ella en alguna ocasión – mentí; no me quedó otro remedio.
- ¿Recuerdas a Jacob Black? – le preguntó Charlie, todavía sudando la gota gorda.
- Claro, cómo iba a olvidarlo. Era el mejor amigo de Bells, antes de que se casara con Edward – el final de la frase estaba cargado de un resentimiento que me chocó un poco.
- Pues Nessie es la prometida de Jake. Se casan el próximo 18 de junio en La Push – le anunció él sin poder evitar que se le escapara una sonrisilla tonta de orgullo y satisfacción que a poco más, y decía a gritos que yo era su nieta.

Carraspeé para que recuperase la compostura, y así lo hizo.

- Oh, vaya, enhorabuena – exclamó Renée con alegría.
- Gracias – respondí con otra sonrisa bobalicona.
- No te imaginas lo que me alegro por Jacob. Siempre me ha parecido un chico estupendo.
- Sí, lo es – y volví a sonreír.

Las pupilas de Renée empezaron a oscilar de mis ojos a los de mi abuelo, estudiándome al igual que antes. Yo sabía lo que estaban viendo. Estaban viendo mis ojos en los de Charlie y, por tanto, los ojos de mi madre.

- Bueno, tengo que irme – dije, antes de que encontrara las demás semejanzas, en este caso con mi padre.
- Claro. Dile a Sue que iré mañana por allí – me pidió Charlie.
- Sí, no te preocupes. Bueno, Renée, encantada de conocerte.
- Igualmente, Nessie.

Sus ojos seguían escudriñándome, así que me di la vuelta y comencé a caminar hacia el coche.

- Entra en casa, ¿no quieres tomar nada? – escuché que le decía Charlie mientras abría la puerta de su domicilio.
- La verdad es que no me apetece, gracias. Estoy muy preocupada por ella, Charlie, te lo digo en serio…

Y la puerta se cerró.

No lo pude evitar. Esas palabras hicieron que me girase de nuevo y me quedase observando la edificación mientras me mordía el labio, pensando, y los pelos se me arrebujaban otra vez en la cara.

¿Esa frase se referiría a mi madre? Sí, eso tenía que ser, ¿por quién iba a estar preocupada Renée? Aún así, tenía que cerciorarme.

Seguí mi impulso y corrí hacia la casa.

Aunque el viento aullaba en él, mi oído medio vampiro no me engañaba, estaban en la sala de estar. La conversación se oída clara y limpia.

- Tienes que hacer algo. Tú eres jefe de policía, algo podrás hacer.
- Mi jurisdicción no alcanza tanto, Renée, lo sabes.
- ¿Y no puedes investigar por tu cuenta? – le replicó ella, un tanto indignada -. Por el amor de Dios, es tu hija.
- Ya lo sé – bufó él; debía de estar sudando la gota gorda otra vez -. Pero es mayor de edad y está casada, legalmente, no podemos hacer nada. Además, tampoco está desaparecida, hablas con ella todos los días, ¿no es así?
- ¿Me tomas el pelo? Hace más de siete años que no veo a nuestra hija – protestó -. Tengo que reconocer que Edward parece muy amable, educado y correcto, pero desde que se casó con él, no he vuelto a verla – su voz se tornó con un cierto resentimiento hacia mi padre que me dolió un poco -. No sé dónde está, ni dónde vive, ella siempre evita el tema, siempre me pone excusas para no venir a verme o para que yo no vaya a verla a ella. No la veo ni en el Día de Acción de Gracias. Lo único que sé es que ha vuelto a los estudios, aunque no sé en qué universidad estudia, ni qué, ni nada. Ni siquiera sé el aspecto que tiene ahora, porque no pone la dichosa webcam cuando chateamos. No sé, Charlie, esto es muy raro. Creo que está metida en una secta o algo así.
- ¡Por Dios, mujer! – exclamó él, riéndose como quitándole importancia -. Creo que estás exagerando. Bella se ha casado y ahora vive su vida.
- Hablo en serio, Charlie – Renée parecía ofendida -. Si ella fuera una alocada como yo, no le daría tanta importancia, pero Bella siempre ha sido muy responsable. Y te digo que aquí pasa algo raro. ¿Por qué te crees que he venido hasta aquí? Quiero que lo investigues. Si no lo haces tú, contrataré un detective privado.

¡Uf! Eso iba a ser peor.

- Está bien, está bien – accedió él a regañadientes, seguramente pensando lo mismo que yo -. Veré lo que puedo hacer, aunque no te garantizo nada, ya te he dicho que no tengo jurisdicción para esto, y, además, sigo diciendo que estás exagerando.
- Perdóname por ponerme así. Es que la hecho tanto de menos.
- Lo sé, yo también. Pero seguro que esto es una tontería que se solucionará hablándolo con ella, ya lo verás.
- Y esa chica…, Nessie, ¿no te parece que se da un aire a Bella?

¡Ups!

- No. Yo no le veo el parecido, no le veo parecido ninguno, nada de parecido – negó Charlie, atropellando las palabras.
- Pues a mí me ha dado un vuelco el corazón cuando la he visto – reconoció con un murmullo -. Ya no sé si es obsesión mía, pero se me parecía a los dos, a Bella y a Edward…
- ¡Qué cosas tienes! – mi abuelo se volvió a reir con esa risa nerviosa de antes -. ¡Siempre has tenido mucha imaginación! ¡No cambiarás nunca!
- Era realmente preciosa, parecía un ángel, un ángel de verdad – murmuró ella con un aire maravillado -. Desde luego, Jacob tiene muy buen gusto.
- Sí, y además es una chica maravillosa – siguió Charlie -. No te imaginas el bien que le ha hecho a Jake.

Vaya, empezaba a ponerme roja y todo.

- Jacob era perfecto para Bella, qué pena – declaró Renée con un suspiro.

No. Jacob es perfecto para mí, sólo para mí, pensó mi mente automáticamente.

- Edward es un gran chico, también – defendió él -. Y es un buen marido, de verdad, Renée, créeme.
- No sé. A veces creo que es Edward el culpable de que no nos veamos. Bella siempre ha parecido un satélite de él – otra vez su voz sonó con resquemor.

Si ella supiera que Jake y yo éramos un satélite el uno del otro, casi literalmente…

- Pues te aseguro que no es así. Edward es el mejor marido que Bella pudo encontrar, y él la adora, en serio, a mí me parece que el satélite es él.

Se hizo un silencio corto.

- Creo que voy a hacerme una tila – dijo ella.
- No, no te levantes. Espera, ya te la preparo yo.
- Ni hablar. Te conozco, y sé que vas a poner la cocina patas arriba solamente para calentar el agua.
- Bueno, como quieras. La tila está en el segundo cajón. No, en el tercero. O era en el armario…
- Deja, ya la busco yo…

Y sus pasos se oyeron dirigiéndose a la cocina.

Me despegué de la pared y caminé medio en puntillas hacia mi coche. En cuanto me monté, arranqué el motor y salí despacio para que el vehículo hiciera el menor ruido posible.

Me pasé todo el viaje de vuelta a La Push con una sensación agridulce embarullándome la cabeza. Estaba contenta de haberla conocido por fin, aunque fuera de esta forma tan estrambótica y extraña en la que ella seguía sin saber que yo en realidad era su nieta, pero no podía negar que ahora me había quedado muy intranquila.

Renée estaba buscando a mi madre, y sin duda esta última vendría volando hasta aquí para reencontrarse con ella, si pudiera. Y ese era el problema, que no podía hacerlo, por eso le daba largas y mantenía el secreto como podía. Ahora bien, ¿debería decirle yo que Renée había venido hasta aquí para investigar? Porque, claro, si se lo contaba, mamá iba a preocuparse muchísimo, como es lógico, por su secreto y por la propia Renée. Hacía poco que por fin había salido de esa turbación que la tenía tan martirizada, y decirle esto ahora… Pero, por otro lado, también tenía que saberlo, ¿no? Y Charlie seguro que se lo decía. ¿O no? Empecé a hacerme un lío, ya no sabía qué hacer, si decírselo, esperar a ver qué hacía Charlie, a ver qué pasaba, si llamarla ya para que le dijera a Charlie qué hacer…

Después de pasarme el trayecto de esta guisa, llegué a La Push. No hacía falta que los viera, sabía que en cuanto traspasara el límite fronterizo, mis particulares guardaespaldas ya podrían marcharse tranquilamente para seguir con otro trabajo, puesto que no había sitio más protegido de vampiros ahora mismo como La Push.
Como Jake no iba a llegar a casa hasta más tarde, paré primero en casa de Billy para hacerle una visita.

No estuve demasiado. Billy trató de impedirlo por todos los medios, pero no le hice caso, insistí en hacerle la cena y lo conseguí. Nunca pensé lo mucho que me iba a gustar cocinar, y se me daba bien, la verdad. Se la dejé preparada para que solamente la tuviera que calentar en el microondas, con los consecuentes numerosos agradecimientos de Billy, y al cabo de una hora, me marché.

Me llevé una sorpresa cuando aparqué y vi luz en casa, puesto que no esperaba que Jake hubiera vuelto tan pronto. En cuanto apagué el motor de mi forito, me apeé a toda prisa y corrí hacia la vivienda.

- Jake, ya estoy en casa – anuncié, alegre, tirando las llaves en el recibidor de la entrada mientras cerraba la puerta.

No me dio tiempo ni de avanzar un paso más. Jacob apareció en un santiamén del salón con una sonrisa enorme y, de tres zancadas rapidísimas, llegó a mí para estrecharme entre sus brazos.

No fui la única, él también inspiró mi efluvio profundamente, luego, me separó con delicadeza y pegó su rostro al mío.

- Hola, preciosa – murmuró con su sonrisa torcida mientras ya acercaba sus labios a los míos.

Tampoco pude decirle hola, su boca me lo impidió cuando comenzó a entrelazarse con la mía con real entusiasmo. Sí, yo también le había echado muchísimo de menos. Metí los dedos entre su corto pelo y lo pegué tanto a mí, que, de mi propio empuje, mi espalda chocó con la puerta y su cuerpo se quedó casi fundido con el mío.

Si el cielo existía, tenía que ser lo más parecido a esto.

Pude recuperar la cordura y volver a dominar a mi millón de mariposas cuando ese larguísimo e intenso beso terminó y la energía que fluía a nuestro alrededor se disipó lo suficiente. Tomé aire para que mi corazón bombease a su ritmo de siempre y mi aliento saliera a su velocidad normal.

- Hola – conseguí susurrar después de todo ese proceso que ya era tan habitual.

Jacob sonrió. Me cogió de la mano y nos despegamos de la puerta para ir hacia el salón.

- ¿Qué tal el día? – le pregunté de camino -. ¿Habéis aniquilado a muchos vampiros hoy?
- Nah, a pocos. Hoy hubo poca acción – suspiró, como decepcionado.
- Ya me extrañaba a mí que hubieses llegado a casa tan pronto – reí.

Jacob dejó caer su trasero en el sofá y dio unas palmaditas sobre sus pantorrillas con una sonrisa enorme para que yo lo hiciera ahí. Dicho y hecho. Me senté de frente, sobre él, y rodeé su cuello con mis brazos. Su sonrisa se ensanchó aún más cuando me arrimé bien a su cómodo y calentito cuerpo, y sus manos se adueñaron de mi espalda.

- Así que tuvisteis poca caza, ¿eh?
- Hoy no llegaban ni a doce. Los chupasangres cada vez se están volviendo más aburridos – volvió a suspirar.
- A lo mejor es que también es domingo para los vampiros nómadas – bromeé.
- Bah, y dice tu tía la Barbie que buscan emociones fuertes. Son unos muermos. Encima que eran pocos, unos cuantos se dieron el piro enseguida y nos estropearon la fiesta.
- Bueno, es que si ya impresiona ver a un montón de lobos tan grandes como caballos, imagínate ver a uno que es más que colosal y que encima tiene poder espiritual – manifesté con una sonrisa orgullosa, pasándole mis dedos por el pelo.
- Entonces, ¿a qué vienen? – criticó, riéndose.

Acerqué mi rostro hasta que mi frente tocó la suya.

- Vienen a ver al impresionante Gran Lobo – murmuré -, y cuando ven lo impresionante que es, se les quitan las ganas de luchar y se van.
- Pues vaya unos blandengues – consiguió susurrar antes de que mi boca le interrumpiera.

Comenzamos a entrelazar nuestros labios con suavidad y calma, rozándolos una y otra vez, de arriba a abajo, de abajo a arriba… Se deslizaban casi con autonomía propia, sabiendo en todo momento cómo tenían que hacerlo, qué tempo tenían que usar, en qué momento tenían que dejar actuar a los labios del otro… Podía notar cómo nos acariciaba esa energía mágica y espiritual de siempre, cómo nos envolvía y nos incitaba a seguir, y cómo las cosquillas de mi estómago crecían y crecían y crecían...

Mientras nuestros labios y nuestros alientos se mezclaban lentamente, sus manos se metieron por debajo de mi ropa para acariciar mi espalda igual de despacio. Me estremecí al notar esos ardientes tactos en mi piel, al sentir cómo su abrasador aliento conseguía abrirse paso por mi garganta para caldear todo mi cuerpo, y mi boca dejó escapar un estimulado jadeo. Sus manos eran grandes, pero tan suaves y delicadas, que aunque la epidermis de mi espalda era bien abarcada por ellas, casi seguía sabiéndome a poco.

El tiempo pareció pararse para nosotros, aunque el reloj siguió marcando los minutos. Lo sé porque cuando fuimos capaces de dejar de besarnos, la luz del día ya no entraba por la ventana. Tuvimos que esperar un buen rato para recuperar el aliento y para dejar que la energía se disipara del todo, aunque le costaba. Le costaba porque nuestros rostros no querían separarse, y si no lo hacían, esa fuerza atrayente no dejaría de fluir nunca y nuestros labios terminarían unidos de nuevo, y estaríamos así para siempre. Para siempre sonaba demasiado bien, su boca me atraía mucho más que su dulce sangre y era casi imposible resistirme a ella…

Pero también me apetecía charlar con él, ya que casi no le había visto en todo el día. Me obligué a olvidarme de ese para siempre, aunque sólo de momento, y conseguí despegar mi cara de la suya para recostarme sobre su cómodo y calentito pecho y apoyarla en su hombro. Así sería más fácil que la energía se disipase. Giré un poco el rostro hacia su clavícula e inspiré su maravilloso efluvio con ganas. Luego, volví a girar el semblante y pegué mi frente a su cuello con la felicidad rebosándome por todos sitios. El saloncito estaba a oscuras, pero yo refulgía, seguro.

Jake sacó sus manos de debajo de mi ropa y me abrazó con fuerza, estrechándome entre sus brazos. Después entré en trance cuando comenzó a pasar sus dedos entre mi melena para peinarme como sólo él sabía hacerlo. Si fuera una gatita, ya llevaría un buen rato ronroneando. Esto ya era el paraíso.

Su ronca voz me hizo regresar al planeta tierra.

- Tengo una buena noticia – murmuró con voz alegre.

No me quedó más remedio que dejar ese rincón tan estupendo para mirarle, aunque, claro, con eso que tenía delante, tampoco es que me costara mucho. Aunque había poca luz.

Antes de que me diese tiempo a pedirle que prendiera la lámpara de pie, que quedaba a su lado, Jake se estiró un poco y la encendió. No me extrañé de esto, él siempre parecía que me leía la mente.

Volvió a su posición y, entonces, le pregunté.

- ¿Qué noticia?
- Ya he arreglado lo del perímetro – me reveló con una sonrisa enorme.
- ¡Jake, es genial! – exclamé con alegría, abrazándole.

Jacob se rió con satisfacción. Me separé de él y le di unos cuantos y efusivos besos cortos que él correspondió de buena gana, hasta que también me forcé a parar.

- ¿Y cuánto abarca? – quise saber, sonriéndole.
- Bueno, no mucho, pero es mejor que nada. Verás – y metió sus manos entre nosotros para empezar a gesticular -, el perímetro abarca todo el jardín de nuestra casa hasta los árboles que lo rodean y la línea que lo separa con la playa. Y también ese sendero que va desde el límite fronterizo fijado en el otro tratado hasta la parte posterior de casa, así que podrán pasar por ahí sin problemas y entrar aquí cuando quieran – sonrió, y sus manos regresaron a mi cintura -. El tratado ha sido modificado y ya es vigente desde hoy.

Le sonreí con ganas y volví a abrazarle y a besarle, otra vez, forzándome a parar.

- Me muero de ganas de decírselo – afirmé, separándome un poco de él para verle el rostro.
- Pues también tendrás que decirles otra cosa – anunció con otra gran sonrisa.
- ¿Hay más? – me reí.
- Sí. También he arreglado lo de la boda – mi cara empezó a iluminarse conforme él hablaba -. Tu familia podrá estar presente en la ceremonia y en el convite, aunque, bueno, no creo que podamos poner sangre en el menú – bromeó.

Mis brazos volvieron a engancharse en su cuello y esta vez le di un beso mucho más efusivo y largo que me costó terminar el triple, tanto, que tuve que tomar una buena bocanada de aire para recomponerme, aunque él tuvo que hacer lo mismo.

- Eres increíble – murmuré, frotando su frente con la mía.
- Te prometí que al final estarían en nuestra boda y que tu padre te llevaría al altar – sonrió, metiéndome el pelo detrás de las orejas -. Y yo siempre cumplo mis promesas.
- Y yo te repito que eres increíble.
- Quiero que ese día sea perfecto para los dos – afirmó con un murmullo mientras acariciaba mi mejilla con sus nudillos.
- Sé que iba a serlo igualmente aunque ellos no pudieran venir, porque en cuanto te viera esperándome en el altar, me olvidaría de todo lo demás y sería la mujer más feliz del mundo – aseguré sin un atisbo de duda -. Pero…
- Lo serás más si están ellos – continuó él mi frase, sonriéndome con ternura.
- Sí – confesé, sonriendo yo también.
- Es normal, es tu familia, si no estuvieran, ya no sería lo mismo – declaró, volviendo a pasar sus prodigiosos dedos por mi pelo -. Pero, ¿ves?, te dije que irían e irán – y sus labios desplegaron su maravillosa sonrisa de nuevo.

Le correspondí la sonrisa y le di otro beso corto.

- Les daremos la noticia hoy mismo – sonreí.
- Pues vamos – dijo, haciendo el amago de levantarse.
- Espera – le paré al acordarme de otro asunto.
- ¿Qué pasa? – preguntó, un tanto extrañado.
- Es que… me ha pasado algo hoy y no sé que hacer – revelé, mordiéndome el labio.
- ¿Algo? ¿El qué? – ahora parecía un poco alarmado.
- No, no tiene nada que ver con ningún vampiro – le calmé -. Bueno, sí, pero se trata de mamá. Esta tarde, cuando le llevé eso a Charlie, me encontré con Renée.
- ¿Con Renée, la madre de Bella, tu… abuela?
- Sí.
- ¿Y te reconoció o algo? – inquirió, preocupado.
- No…, bueno, no sé. A Charlie no se le ocurrió otra cosa que decirle que yo era la sobrina de Sue – chisté -. Ahora me llamo Nessie Clearwater.

A Jacob le dio la risa.

- ¿Nessie Clearwater?
- Soy adoptada – contesté con un sarcasmo burlón.
- Ah, vale, perdona – replicó él sin dejar de reírse.
- Como comprenderás, no sé si Renée se habrá tragado eso. Encima, estuvo estudiándome con la mirada todo el tiempo, y hasta dijo que yo le recordaba a una persona – maticé -, a dos, en realidad.
- A Bella, y a Edward – adivinó, más serio.
- Sí – suspiré.

Mi chico se quedó pensando un rato.

- Bueno, pero no creo que sospeche nada – alegó, mostrándome esa sonrisa torcida que me encantaba para tranquilizarme -. Quiero decir, que, aunque te vea algún parecido, en cuanto se ponga a echar cuentas, verá que eso es imposible. Así que no creo que tengas que preocuparte por eso, preciosa, ya verás cómo lo deja correr.
- En realidad, no es eso lo que me preocupa – empecé a aclararle -. Cuando iba a marcharme, ellos entraron en la casa, y no pude evitar darme la vuelta para escuchar.
- Cotilla… – se burló.

Le di un pequeño puñetazo en el brazo mientras él se reía.

- Idiota, no es eso, es que escuché a Renée decir que estaba muy preocupada por mamá cuando estaban entrando – me defendí.

La risa de Jake se apagó de nuevo.

- ¿Que estaba muy preocupada por Bella? – repitió.
- Jake, quiere buscarla, y ha venido a ver a Charlie para que le ayude a investigar – le desvelé con inquietud.
- Pues es lo que nos faltaba… - se quejó, mordiéndose el labio.
- Sí, lo sé – y me lo mordí yo también -. ¿Qué debo hacer? ¿Se lo digo a mamá, o espero a ver qué pasa?
- ¿Y por qué no llamamos a Charlie para que nos explique él lo que Renée le ha contado? – propuso -. Así sabremos cómo tiene pensado llevar este tema él, ¿no te parece?

Jake siempre tenía soluciones para todo.

- Sí, buena idea – sonreí -. Voy a por el teléfono, espera.

Me bajé de sus piernas y corrí hacia el recibidor para coger el teléfono inalámbrico. Lo hice y regresé de inmediato a esas cómodas y calentitas pantorrillas.

- Toma, llama tú – y le ofrecí el aparato.
- ¿Por qué yo? – cuestionó con una risa -. Eres tú la cotilla.
- Porque tú tienes más labia – afirmé con otra -.Venga, llama tú.
- Ay – suspiró, con alegría -. A ver, trae aquí – y cogió el teléfono.

Marcó el número de mi abuelo y se puso el aparato al oído.

Mientras esperaba a que esos tonos que yo también podía escuchar se terminasen con un descuelgue, sus pupilas comenzaron a observarme embobadas y sus dedos regresaron a mi cabello para atusármelo.

Un click sonó en el auricular.

- ¿Diga? – escuché preguntar a mi abuelo.

Jake seguía ensimismado, así que tuve que darle un suave meneo en el brazo para que despertase.

- Ah, hola, Charlie, soy Jake – respondió por fin, después de regresar a este planeta.
- Jake, ¿cómo estás? – saludó mi abuelo, efusivamente -. Precisamente, Nessie estuvo hoy por aquí.
- Sí, de eso quería hablarte. Resulta que también estuvo Renée, ¿no?
- Oh, pero no te preocupes, enseguida solucioné el entuerto – rió.
- Ya, eso… eso ya lo sé – rió mi chico, dedicándome una mirada cómplice al recordar lo de Nessie Clearwater -. Lo que quería era comentarte… Bah, bueno, verás, sin rodeos. Nessie estuvo cotilleando bajo tu ventana y escuchó toda la conversación que tuviste con Renée.

Pero, ¿sería bocazas? Desde luego, labia sí tenía, sí, pero para cascarlo todo. Fruncí el ceño, la boca, y le miré con cara de odio.

- Oh, vaya – contestó Charlie.
- Queríamos saber qué tienes pensado hacer, si es que tienes pensado hacer algo. Ya sabes, para ver si le decimos algo a Bella o no.
- No os preocupéis, yo hablaré con ella. De momento, he conseguido convencer a Renée para que lo deje estar y mañana regresa a Phoenix. Le he dicho que Bella y Edward son jóvenes, que viven su vida, que viajan mucho y que nunca están en un sitio fijo. No sé si me ha creído del todo, no parecía muy conforme, aunque con eso he conseguido pararle los pies temporalmente. Pero hablaré con Bells igualmente, conozco a Renée y sé cómo es, no lo dejará estar así como así, por eso creo que Bella tiene que saberlo. No quería que ella se preocupase, pero no queda otra opción. Algún día Renée se dará cuenta de que le estoy dando largas y contratará a alguien para que investigue. Y entonces sí que será peligroso, por eso creo que Bells tiene que saberlo, para que le de tiempo a actuar, porque si alguien descubre que son…, bueno, que… – se hizo un instante de silencio -. Ay, no, no, prefiero no saberlo…
- Estoy de acuerdo contigo, es mejor contárselo – apoyó Jake -. Bueno, Charlie, entonces lo dejamos en tus manos.
- Sí, no os preocupéis. Hablaré con ella esta noche.
- Vale.
- ¿Algo más? – inquirió -. Es que estaba apunto de hincarle el diente a esta comida tan rica que me ha preparado Sue, y, por vuestra culpa, se me ha enfriado – bromeó.
- Vaya por Dios – lamentó Jake con aire irónico -. Bueno, caliéntala en el microondas, hombre. Ya sabes lo que es, ¿no? Ese aparato cuadrado que tiene una puertecita y bastantes botones a un lado – se burló -. ¿Te digo cómo se usa?
- Muy simpático – respondió mi abuelo, sarcástico -. Bueno, ¿algo más? – repitió, refunfuñando.
- No – rió Jake.
- Pues entonces hasta mañana. Ah, y dale un beso a Ness de mi parte, que con todo el trajín, casi no pude ni mirarla.
- Claro, jefe, no te preocupes, que yo le doy un enorme beso de tu parte y unos cuantos más – insinuó, mirándome con su sonrisa torcida. Yo le di un manotazo en el brazo para regañarle y Charlie murmuró algo ininteligible que no fui capaz de entender -. Hasta mañana.
- Hasta mañana – se despidió.

Y ambos colgaron el teléfono.

- ¿Ves? Nada como llamar al jefe de policía Swan para solucionar el asunto – y tiró el aparato al otro lado del sofá.
- Ya, pero, aún así, no se ha arreglado nada – manifesté, mordiéndome el labio con preocupación -. Ya has oído a mi abuelo, tarde o temprano, Renée volverá a buscarla.
- Ya lo sé, cielo, pero eso ya es algo que no nos incumbe a nosotros, ¿entiendes? – afirmó, metiéndome el pelo detrás de las orejas -. Bella escogió esta vida y sabía dónde se metía, ahora su elección empieza a tener consecuencias y ella tendrá que enfrentarse a todas esas cosas. No le queda más remedio. Nosotros no podemos hacer nada para evitarlo, tan sólo apoyarla y ayudarla a superar el mal trago, como harán tu padre y el resto de tu familia.
- Ya lo sé, pero me da tanta pena de Renée… - murmuré -. Y de mamá también, lo va a pasar fatal. Ahora que había superado la turbación…
- Nosotros estaremos siempre con ella para ayudarla – repitió, acariciando mi mejilla.

Asentí y premié a mis labios con el suave contacto de los suyos.

- Te quiero – susurré en su boca.
- Yo también te quiero – me imitó.

Volví a unir mis labios a los suyos y nos besamos durante un rato que se me hizo cortísimo. Tomé aire cuando logramos separarlos, para relajar ese revoloteo revolucionado que tenía en el estómago, y retiré mi rostro para dejar que la energía desapareciera del todo.

- ¿Qué te parece si le damos ahora la noticia del perímetro y la boda a tu familia? – propuso, después de respirar hondo él también.
- Sí, vamos – exclamé con alegría -. Oh, por cierto, no le hemos dicho nada a Charlie – caí.
- Con las prisas que tenía por zamparse eso, como para decirle nada – rió -. Mañana, mañana le damos la noticia.
- Se va a alegrar muchísimo – afirmé, bajándome de sus pantorrillas.

Le cogí las manos y tiré de él para levantarlo, pero, como siempre, hizo contrapeso y me fue imposible alzar su trasero del asiento.

- ¿De verdad eres mitad vampiro? – se burló.
- Muy gracioso – contesté con retintín.

Jake se carcajeó y se levantó del sofá. Me pasó el brazo por los hombros y nos dirigimos a las escaleras entre bromas para subir al dormitorio pequeño, donde teníamos el ordenador.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Mayo 03, 2011 6:34 pm

No, no lo sabia yo! De donde has sacado esa noticia????? Entonces es verdad que la actriz llamada Christie Burke será Nessie en el futuro????? Ainssss, que buenisima noticia!

TENDRA BESO ENTRE JACOB Y NESSIE!!!!!!! Me muero de la emocion!!!!!!!! I love you I love you I love you I love you alien alien alien cheers cheers cheers cheers Razz Razz Razz Razz


Me parece genial, genial, genial!!!

Por cierto, has mirado la boca maravillosa de mi avatar?? que te parece??? jajajajaja
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Mayo 03, 2011 8:40 pm

¡Esa boca esta para comersela! jajajajaa I love you

¡¡¡¡Pero se la comera Nessie en Amanecer!!!!! cheers cheers Lo malo es que tendremos que esperar al final de la 1ª pelicula (hasta la imprimacion de Jake, nada Rolling Eyes ) para ver ese beso, pero bueno. ¡Esperaremos!
Yo solo por eso pienso tragarme toda la peli, jajajaja

La noticia la lei por ahi en internet, pero si pones Christie Burke en el google, te aparece Razz
Por cierto, y ese cuello esta para morderseloooooooooooooooo!!!!!!!!!!
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Mayo 04, 2011 1:55 am

HOLAAAAAAAA Very Happy
BUENO QUERÍA DECIRTE QUE ME ENCANTO DESPERTAR, LA AMÈ *-*
Y AHORA NUEVA ERA ESTA IGUAL DE INCREÍBLE Very Happy
ESPERO CON ANSIAS EL PRÓXIMO CAPITULO :B
SALUDOOOOS

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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Mayo 04, 2011 6:58 pm

¡HOLA, GUAPISIMAS!

Hola, Jacob♥ , bienvenida, o bienvenido (no se si eres chica o chico Embarassed ) alien alien alien alien
Que guay!!!! Otra lectora!!!! alien alien alien alien

Muchas gracias por leer mis fics I love you !!! No te imaginas lo feliz que me hace que lo lea la gente!!! sunny sunny sunny sunny sunny sunny

Bueno, voy a dejar otro capi, a ver que os parece Wink

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VIAJE

El piloto anunció la inminente llegada al aeropuerto de Anchorage y todo el mundo siguió sus órdenes cuando mandó abrocharse el cinturón, puesto que iba a iniciar el descenso.

Jake y yo escogimos el asiento de la salida de emergencia, para que él tuviera más espacio, así que como el respaldo que tenía delante me quedaba algo lejos, demasiado para dejar ahí sola la peligrosa carpeta azul, la metí detrás de mi espalda.

Ya estaba obsesionada con esa dichosa carpeta, y no la soltaba ni aunque llevase una bomba dentro.

Para ir al aeropuerto, habíamos ido en el coche de Seth, acompañados por Quil y Embry. Quil fue delante, y yo me pasé el viaje espachurrada entre Jake y Embry, con la carpeta pegada a mi pecho. Todo para que llegásemos sin problemas casi hasta el mismo avión.

Ya en el aparato, la azafata se empeñó en que guardásemos el equipaje de mano en los compartimentos superiores, pero Jake la convenció para que me dejase llevar la carpeta, eso sí, ella nos instó amablemente a que la colocásemos en la redecilla del asiento de enfrente durante el despegue y el aterrizaje, aunque yo la puse en mi espalda.

Como estaba junto a la ventanilla, observé cómo el aeroplano viraba para descender hacia el aeropuerto y cómo la iluminada ciudad de Anchorage aparecía bajo nosotros, hasta que se avistó la pista de aterrizaje y la sobrevolamos; las ruedas del tren de aterrizaje rebotaron contra el suelo en el primer contacto, rodaron después en el segundo y aterrizamos sin problemas.

Nos desabrochamos los cinturones, agarré la carpeta y nos pusimos de pie para comenzar a desalojar el avión junto con el resto de pasajeros. La cabeza de Jake chocaba con el techo, así que tuvo que agacharse un poco para caber. Se me escapó una risilla, porque ya nos había pasado al subirnos al avión y ahora se repetía lo mismo. La gente lo miraba como si fuera un jugador de la NBA, sobretodo los pocos niños que había en el aparato, que lo observaban boquiabiertos, y hubo quien hasta le sacó una foto por si acaso; también me echaban alguna mirada a mí, pero, desde luego, Jake acaparó casi toda la atención. Retiró nuestra mochila del compartimento, me cogió de la mano y empezó a abrirse paso como pudo por ese estrecho pasillo para llegar a la puerta, entre las miradas curiosas y sorpresivas del resto del pasaje.

La gente lo miraría un poco sorprendida, pero yo no podía ir con la cabeza más alta por el orgullo que me producía mi novio; para mí, no había hombre más guapo, espectacular y perfecto en el universo, eso sin contar la persona tan buena y maravillosa que era.

Pasamos la puerta, con las correspondientes despedidas de las amables y pacientes azafatas, y seguimos por uno de esos pasadizos colgantes que unía el avión con el edificio del aeropuerto.

Estuvimos un rato esperando en la cinta del equipaje a que saliera nuestra maleta, y cuando lo hizo, Jake la agarró y nos dirigimos a las puertas correderas de cristal.

Jake y yo no fuimos los únicos que sonreímos de oreja a oreja, mis padres ya nos estaban esperando tras el cristal y sus impolutos y blancos rostros desplegaron esas sonrisas divinas de alegría.

En cuanto las puertas se abrieron, mis padres se abalanzaron para abrazarnos y saludarnos con efusividad, fue tan rápido, que me dio la impresión de que se les olvidó disimular y lo hicieron a su ritmo de vampiros.

- Hola, cielo – mamá me estrechó con fuerza entre sus brazos y luego me dio cincuenta mil besos, que a poco más, y me deja la cara congelada.

Mi padre hasta le dio un abrazo a Jake y todo que mi chico correspondió, eso sí, de esos cortos con palmadas en la espalda incluidas.

- Hola – le sonreí a mi madre, despegándome un poco de ella para darle un beso.
- ¿Has vuelto a crecer, o son cosas mías? – inquirió, estudiándome con la mirada para calcular cuántos milímetros más había aumentado.
- Sigo igual que cuando me dejaste, mamá. Uy – y me tapé la boca al darme cuenta de que se me había escapado.

Miré a mis lados para ver la reacción de las personas que nos rodeaban, pero casi todas estaban demasiado entretenidas dándoles la bienvenida a sus seres queridos, y el resto, ni le habían prestado atención a mis palabras. Bueno, había sonado como una broma, así que probablemente había pasado desapercibido por eso.

- Hola, princesa – me saludó papá, y también me dio un fuerte abrazo, aunque él me dio un único beso en la frente, si bien fue muy cariñoso y dulce.
- Hola – y le devolví el abrazo y el beso.
- Hola, Jake – saludó mi madre con una enorme sonrisa de felicidad, saltando hacia él.

Mamá y Jake se abrazaron y él la elevó del suelo, dando una vuelta mientras ambos se reían. Se dieron un cariñoso beso en la mejilla y Jacob la dejó en el suelo.

- ¿Cómo va todo? – le preguntó él.
- Bien, no me puedo quejar – le contestó mamá, volviendo junto a mi padre y cogiéndole la mano.
- ¿Dónde están los demás? – inquirí, mirando a mi alrededor, extrañada.
- Están en casa – respondió mi madre -. Nos están esperando, así que será mejor que nos vayamos ya.
- Sí, es cierto – coincidió papá, comenzando a caminar -. Si no, Alice nos matará. Está como loca por veros.

Agarré a mi chico de la mano y los acompañamos.

- ¿Esa es la carpeta? – quiso saber mamá, señalándola con el dedo.
- Ah, sí – había estado tan pegada a ella durante tantas horas, que ya ni me daba cuenta de que la llevaba conmigo.
- Pues trae – me la cogió y la carpeta pasó de mi pecho al suyo -. Ahora ya nos encargamos nosotros de ella.

Me sentí muy aliviada al deshacerme de esa carpeta, aunque no pude evitar que ese sentimiento se viera sustituido enseguida por otro de enorme preocupación, puesto que ahora la que iba a estar en peligro era mi familia…

- No te preocupes – me calmó papá -. Nosotros también sabemos protegernos, no creo que se atrevan a venir por aquí y enfrentarse a un aquelarre de ocho… individuos – sustituyó, para que la gente de alrededor no escuchara lo que no tenía que escuchar.

Ya me había acostumbrado a tener libertad de pensamientos y se me había olvidado por completo que mi progenitor podía leerlos.

En cuanto salimos del edificio, ya sentí el frío, puesto que debíamos de estar a unos -7 grados centígrados y se notaba bastante el cambio de temperatura. Aunque iba bien abrigada con esa parca cuyo forro era de un acogedor borreguillo, me arrimé bien a Jake, que me pasó el brazo por encima de los hombros. Dentro había calefacción y podía pasar, pero menos mal que no había nadie por el exterior, porque Jacob iba con una simple camiseta de manga corta y daba bastante el cante. Ya en casa, no fui capaz de convencerle para que, al llegar aquí, se pusiera la cazadora que le había comprado precisamente para venir a Alaska. No la habíamos adquirido para que no cogiera frío, por supuesto, pero sí para que pasara más desapercibido si nos movíamos por la ciudad de Anchorage, cuyos inviernos son fríos y nieva mucho. Pero nada, la metió en la maleta y no hubo forma.

Seguimos caminando, hasta que entramos en el parking donde mis padres tenían el coche, un Volvo S60 de color negro.

- Veo que has vuelto al Volvo – observó Jake.
- Aquel plateado que tenía me gustaba, y lo cierto es que me dio muy buenos resultados – asintió mi padre.
- Es bastante… discretito – se burló mi novio.
- Bueno, aquí no tenemos que esforzarnos tanto para pasar desapercibidos – alegó papá -. Y he de decir que este sólo lo utilizamos para ir a la universidad, tenemos dos coches más – presumió.
- No me digas cuáles, por favor – murmuró Jacob por lo bajo.

Papá se rió entre dientes con un poco de malicia y llegamos al Volvo negro.

Metimos la maleta y la mochila en el maletero y nos subimos al vehículo.

Ya era completamente de noche, así que lo único que se podía ver por la ventanilla eran las bajas casas iluminadas y la nieve. Además, estábamos demasiado concentrados en conversar con mis padres como para fijarnos en el iluminado paisaje.

Salimos de la ciudad por una autopista y después de varios kilómetros, papá tomó un desvío hacia la derecha que daba a una carretera sin asfaltar cubierta de nieve que me recordó un poco a la de su antigua casa en Forks, ya que también se abría paso entre los árboles del bosque.

Seguimos ese trayecto completamente a oscuras, tan sólo nos abrían paso los focos del vehículo, que reflejaban sobre la nívea y helada superficie, hasta que, por fin, entre los árboles se divisó una casa iluminada a lo lejos.

- Guau, parecía más pequeña en las fotos – murmuró Jake, alucinado, cuando esa enorme vivienda se plantó frente a nosotros al traspasar los últimos árboles.
- Es preciosa – exclamé, parpadeando.

La casa era un solo bloque rectangular de dos plantas que estaba coronado por un tejado a dos aguas, que ahora mismo estaba cubierto de nieve, y cuya fachada principal, una de las paredes largas, apuntaba al oeste. Los muros que conformaban las fachadas estaban revestidos de unas tablillas alargadas y estrechas de madera color claro y un zócalo de un metro formado por otras láminas largas de piedra gris oscuro. Las ventanas en esta parte de la fachada eran más bien discretas, tan sólo destacaba la cristalera hecha de pavés que ascendía desde el suelo para recorrer toda la altura de la escalera interior – la cual estaba pegada a dicha cristalera por medio de los descansillos – y que los antiguos dueños habían puesto para que aportara mucha más luminosidad. Los focos que había en el suelo y que estaban distribuidos alrededor de la edificación iluminaban sus fachadas, confiriéndole un aspecto mucho más hogareño y cálido.

- ¿Os gusta? – inquirió mamá.
- Digamos que no está nada mal – contestó Jake con un poco de ironía.

Papá llevó el vehículo a otra pequeña edificación hecha de los mismos materiales que la casa y que hacía las veces de enorme cochera. Accionó el portón con un pequeño mando, pasamos dentro y aparcó justo al lado de un lujoso y caro Porsche plateado.

- Veo que Alice se ha deshecho del Ferrari rojo – manifestó Jake, terminando la frase con un tinte de dolor.
- Todavía estás a tiempo de cambiar la Harley por un Ferrari, si lo prefieres – le comunicó papá, refiriéndose a su regalo de boda.

Jake frunció el ceño y se mordió el labio, llevando la mirada al frente para pensárselo un momento.

- No – dijo finalmente -. Prefiero la Harley, gracias – y desplegó su maravillosa y blanquísima sonrisa, como siempre hacía cuando se imaginaba subido en ella.

Mis padres se rieron y abrieron sus puertas para salir del coche.

Jacob no pudo evitar echarle una buena ojeada al Porsche antes de salir de la cochera para dirigirnos a la casa. Tuvo que llevar la maleta en volandas, ya que las ruedecitas de la misma no rodaban por la espesa nieve.

La puerta de entrada estaba a cuatro peldaños del terreno, así que subimos las escaleras detrás de mis padres y, cuando abrieron, pasamos con ellos.

A Jake casi no le dio tiempo ni de meter la maleta. Alice saltó como un resorte de la nada y apareció a nuestro lado como por arte de magia. Cuando me di cuenta, ya tenía su menudo cuerpo entre mis brazos y los suyos ya estaban apretándome con fuerza para achucharme.

- ¡Nessie! – exclamó, contentísima. Luego, se separó de mí, bajó la cremallera de mi parca a una velocidad ultrasónica, la abrió y me cogió de las manos para verme mejor -. ¡Estás guapísima! ¡Radiante! ¡Altísima! – entonces, dirigió la vista hacia Jake -. Veo que la cuidas bien.
- Eso procuro – afirmó él con otra sonrisa.
- Más te vale, chucho – intervino Rose de repente, que también salió de la nada junto con el resto de mi sonriente familia.
- Vaya, vaya, pero si es mi amiga la Barbie. ¿Qué pasa? ¿Ya no podías vivir sin mí, que te has venido volando como un murciélago para ponerte a mi lado?
- Ja, ja – articuló ella con ironía, poniendo cara de asco -. Sigue soñando, perro, hueles fatal.
- Pues bien que te me pegas – afirmó, dedicándole una sonrisita socarrona.
- No te pases con mi chica, lobo, o si no tendré que darte una buena paliza – irrumpió Emmett, cruzando los brazos a modo de matón.
- No creo que te atrevieras – le contestó Jake, poniéndose frente a mi tío.
- No querrás que me atreva – discutió Em, acercándose un poco más.
- Ponme a prueba, grandullón – rebatió mi chico, poniéndose en un cara a cara con él.

Entonces, los dos rompieron a reír y se dieron un abrazo de esos que se dan los chicos, con esos pequeños puñetazos en los brazos de después.

- Por cierto, ¿quién ganó el sábado? – le echó en cara Jake, poniendo la mano en el oído a modo de antena para escuchar la respuesta que él quería oír de boca de mi tío.
- Pura suerte – debatió Em, haciéndose el tonto.

Jake se carcajeó con venganza evidente y Rose se acercó a mí, poniendo los ojos en blanco ante tanta demostración de testosterona.

- Alice tiene razón, estás guapísima – me dijo, abrazándome y besándome.
- Gracias.

Me dejó y Esme fue la siguiente, a la vez que el resto de mi familia también saludaba a Jake.

- Me alegro mucho de veros, cielo – afirmó mi abuela, dándome otro abrazo y un beso en la mejilla.

En cuanto se separó de mí, ya tenía a mi abuelo delante.

- Hola, cariño – me saludó Carlisle, con otro abrazo y su correspondiente beso.
- Hola, abuelo – sonreí, correspondiendo sus cariños, como había hecho con los demás.
- ¿Me has traído la sangre de tu amiga?
- Ah, sí. Está en la mochila, la metí en una caja con hielo, como me dijiste.
- Perfecto – aprobó con una sonrisa -. Si me permites, voy a sacarla de ahí y la guardaré en la nevera.
- Claro – consentí.

Se despegó de mí y se acercó a la mochila para abrirla.

Después de los efusivos besos y abrazos con el resto, Alice me agarró del brazo y empezó a enseñarnos toda la casa, que incluía la parte que pertenecía al adosado de mis padres, y nos dio toda una disertación sobre decoración durante toda la muestra.

La vivienda de mis progenitores quedaba justo pegada a la del resto de mi familia, en realidad, era una continuación que no se notaba desde el exterior. Se podía acceder a ella por la puerta exterior, pero también había una puerta interior que unía las dos viviendas y que fue la que utilizamos para pasar. Como habíamos visto en las fotografías que mis padres nos habían enviado vía Internet, su parte estaba compuesta por cuatro dormitorios dobles, dos cuartos de baño provistos de todos los lujos posibles, un salón enorme con una enorme chimenea de mármol travertino y una cocina también bastante grande.

La parte del resto de mi familia constaba de seis dormitorios dobles – uno de ellos era el despacho y laboratorio de Carlisle –, tres baños igual de completos que los de mis padres, una cocina que era el doble que la de ellos, con una despensa que era tan grande como la habitación pequeña donde Jake y yo teníamos el ordenador, y un salón que era dos veces el de mis padres y que también gozaba de una enorme chimenea de mármol travertino.

Al parecer, los antiguos y ricos propietarios, que eran humanos, por supuesto, habían hecho esta casa con diez dormitorios y todos esos baños, y mi familia la había dividido en dos partes, para que una de ellas fuera de mis padres, que habían sustituido el dormitorio del servicio por una cocina. Ese era el único cambio que le habían hecho a la edificación, aparte de la decoración, claro, que había corrido por cuenta de mi tía.

Una vez que nos enseñó toda la casa, con esa disertación incluida, nos llevó a la parte posterior, que era un alargado porche de uso común a las dos viviendas.
Volví a arrimarme bien a mi cálido chico y él me pasó el brazo por encima de nuevo. Lo único largo que llevaba Jake eran sus vaqueros, pero ya podíamos estar a -30 grados centígrados, que él, a sus 48 grados, jamás tenía frío. Y a mí me venía genial, porque aunque mi temperatura era de 40, era tan friolera…

Los enormes ventanales se hacían con la fachada posterior de la planta baja, los cuales dejaban ver el interior de las estancias, si bien disponían de unos dispositivos que cubrían los cristales por medio de unos paneles para evitar su transparencia, y la planta superior estaba presidida por unas amplias terrazas que pertenecían a los dormitorios y cuyas barandillas eran de acero. Pero la gran protagonista de la parte posterior de la casa era la larga piscina. Ésta tenía unas mamparas que la rodeaban y que ahora en invierno permanecían cerradas, haciendo de ella una piscina cubierta y climatizada, pero, según nos explicó mi tía, en verano se podían correr para que quedase al descubierto. También nos dijo que desde este lugar había una panorámica preciosa de los Montes Chugach, sólo que, al ser de noche, no se podían ver.

Unos copos comenzaron a caer, y Jake ya tuvo que abrazarme y frotarme los brazos y la espalda, así que nos volvimos a meter en la casa.

Cuando entramos, Esme nos esperaba en la puerta del salón. El maravilloso olor a comida ya se notó nada más pasar el umbral del porche.

- Me imagino que tendréis hambre, ¿verdad? – dijo, desplegando una sonrisa que dejó ver sus encantadores hoyuelos.
- ¡Uf! ¡Yo estoy apunto de desfallecer! – exclamó Jake, frotándose las manos ante ese olor tan rico.
- ¡Qué bien huele! – clamé yo, que también estaba famélica, quitándome la parca y colgándola en un perchero.

Pasamos al salón, donde la amplia mesa rectangular estaba puesta con dos platos y mi familia nos esperaba junto a la misma.

- Venga, sentaros – nos exhortó Esme -. Voy a serviros la cena.
- Gracias, Esme, eres la mejor – alabó Jacob con una risilla de satisfacción.

Mi abuela sonrió de nuevo, complacidísima, y se dirigió a la cocina como una bala a la vez que Jacob y yo nos sentábamos en el centro de la mesa y los demás hacían lo mismo a nuestro alrededor.

- Vaya, rubia, otra vez bien cerca de mí, ¿eh? – le dijo Jacob a Rosalie para quedarse con ella.
- Estoy enfrente, idiota – le contradijo ella, poniendo los ojos en blanco mientras negaba con la cabeza al ver lo evidente que era.
- Bueno, eso es cerca – replicó él con una sonrisita -. Verás, Doc está lejos, porque está sentado en la otra punta de la mesa, pero tú estás cerca, porque estás justo frente a mí. ¿Lo ves? – y empezó a gesticular, oscilando las manos de Carlisle a ella -, lejos, cerca. Lejos, cerca. Es muy fácil, deberías de ver algún capitulo de Barrio Sésamo, en serio, te ayudaría muchísimo.

Jake no era el único que sonreía, Em no pudo evitar que se le escapase una risita sorda que pronto se disipó ante la mirada asesina de Rose.

- Eres un payaso – le bufó ella a Jake, desquiciada.
- Sin embargo, sigues ahí sentada, cerca de mí.
- No es por ti, es por Nessie, chucho estúpido – respondió ella, otra vez mirándole con cara de asco.
- Venga, reconócelo, en el fondo te caigo bien y me adoras, lo sé – siguió pinchándola.
- Por supuesto que no. No te trago – rebatió Rosalie otra vez con cara de asco, aunque tampoco se movió de su silla.

Jacob se carcajeó con satisfacción, Rose giró el rostro, dándole un bandazo a su pelo orgullosamente, y Esme llegó con dos platos.

- Guau, bistec – alabó mi chico cuando mi abuela los posó en la mesa -. Qué lujo.
- Hay más cosas en la cocina, así que comed cuanto queráis – ofreció ella.
- Qué bien, esto es como estar en un hotel de cinco estrellas – me reí -. Muchas gracias, abuela.
- De nada, cielo. Vosotros cenad tranquilamente – y se sentó junto a Carlisle.

Mientras Jake y yo cenábamos, mi familia nos observaba con suma atención, como si comer fuera todo un acontecimiento, cosa que nos resultaba un tanto incómoda, así que Jacob enseguida empezó una conversación que mi padre, avisado por lo que veía en nuestras mentes, enseguida siguió.

Gracias a eso, descubrimos que el aquelarre de Denali vendrían dentro de dos días para vernos, y que Louis y Monique también lo harían, aunque ellos mañana.

Yo me comí el bistec y un trozo de la riquísima tarta de chocolate y fresas que preparó Esme, pero Jake se tragó tres bistecs, un buen plato de zancas de pavo guisado con una salsa que olía genial y todavía le quedó espacio para dos trozos del postre que había hecho mi abuela. En cuanto Jacob se terminó su último trozo, nos levantamos y nos sentamos en el sofá con mi familia para reposar la comida antes de irnos a la cama.

Carlisle había encendido la chimenea, que quedaba delante del sofá, a unos escasos metros.

El sofá gris seguía los patrones de la casa y también era grande. Tenía forma de U y estaba dotado de ocho plazas: cuatro en el centro y dos a cada lado, cada una con su correspondiente cojín blanco, aunque no era el único asiento. Frente al sofá, y dejando ver la impresionante chimenea en el medio, se distribuían dos anchas butacas del mismo color que tenían el aspecto de ser muy cómodas, y en el centro de toda esa zona había una mesita cuadrada lacada en blanco que reposaba sobre una amplia alfombra de color gris claro.

Como Jake y yo nos sentamos en el centro del sofá y la mesita blanca me quedaba justo delante, no pude evitar que lo primero en lo que se fijaran mis ojos fuera en esa carpeta azul oscuro que destacaba sobre el níveo de la superficie.

Mi gesto de morderme el labio no pasó desapercibido para Jacob.

- No te preocupes, pequeña, todo va a ir como la seda – me alentó, pasándome el brazo por los hombros para achucharme un poco -. Tu familia estará bien, y si necesitan ayuda, puedo venir aquí con más efectivos – y me dio un beso en la sien.

Eso, lo que me faltaba era que se pusiera en peligro él y más gente, y encima, todos a la vez.

- En realidad, no creo que ese Razvan venga por aquí – intervino Carlisle, que ya estaba ojeando el contenido de la carpeta -. Y no me extraña que tampoco lo hiciera por La Push para recuperar estos documentos. No son los originales.
- ¿Cómo? – preguntó mi novio, perplejo.
- Esta no es la letra de un vampiro, observa las líneas – afirmó, estirando el brazo para enseñarle uno de los folios.

Jacob se inclinó para mirarlo y frunció el ceño.

- No sé, Doc, yo no entiendo nada de caligrafías.

Carlisle y Jacob volvieron a su posición y mi abuelo comenzó a explicar, señalando con una pluma en la mano.

- Estas líneas están mal definidas, los trazos no son rectos, están llenos de imprecisión y de temblores. En conclusión, está escrito por un humano que lo hizo con mucha prisa.

Tuve que pestañear varias veces.

- ¿Estás diciendo que Ryam… copió estos documentos? – inquirí, sorprendida.
- No alcanzo a comprender cómo fue capaz de conseguirlo, pero, sí, tuvo que copiarlos a mano – asintió Carlisle.
- Ese tío es mi héroe – declaró Jake, alucinado -. Entra en la guarida de esas ratas, copia los documentos y consigue escapar.
- Helen me dijo que Ryam era un experto en colarse en los sitios – desvelé -. Su padre estaba en el ejército, y, cuando era pequeño, les gustaba mucho jugar a lo que ellos llamaban el escondite estilo soldado. Su padre le enseñó muchos trucos y técnicas militares, y más tarde, cuando éste falleció, Ryam los utilizaba para escapar y esconderse de su abuelo. Debe de ser bastante bueno, porque su abuelo también estuvo en el ejército, y, aún así, conseguía evadirle… Bueno, eso fue lo que me contó Helen.
- Vaya unos juegos para un crío – chistó Jacob con desagrado.
- ¿Es que tú no le vas a enseñar vuestras técnicas a tu hijo? – intervino Emmett.
- Por supuesto. Pero cuando sea más mayor. Un niño tiene que ser un niño, y ya tendrá tiempo para aprender todo lo que tenga que aprender. Además, no se convertirá en un lobo hasta que no llegue a la adolescencia, así que no será necesario enseñarle nada antes – entonces, empezó a hablar como si ya lo estuviera viendo -. Lo que sí voy a hacer es decirle lo que es desde pequeño, cuando ya tenga una edad para comprenderlo y pueda entender que tiene que ser un secreto. Le llevaré conmigo a las reuniones del Consejo para que escuche las leyendas y sepa todo lo que hay. No quiero que le pase como a mí, que me enteré justo cuando me transformé y casi me llevo a mi viejo por delante.
- Bueno, todavía queda mucho para eso – le paré yo, antes de que siguiera divagando y terminara nombrando a nuestro hijo invisible nuevo líder de la manada -. Además, sólo le enseñó técnicas de evasión, no le enseñó nada de combate – maticé -. Ryam no tiene ni idea de luchar.
- De todas formas, las pocas técnicas militares que se pueden enseñar a un niño, sean de combate o no, no hacen mucho contra unos vampiros – manifestó papá -. O Razvan y los suyos no estaban por allí en ese momento, o tuvo que servirse de algo más para conseguir escapar sin que se diesen cuenta.
- Alguien le ha ayudado – dijo Alice -. Alguien desde dentro.
- ¿Puedes ver a los gigantes? – interrogué con sorpresa -. ¿Y por qué no lo dijiste antes?

Cuando le habíamos contado todo a mi familia, vía Internet, ella no había abierto la boca, por lo que Jacob y yo dimos por hecho que Alice no podía ver a los gigantes. Nos imaginamos que, así como no podía ver a los metamorfos ni a los licántropos, tampoco podía hacerlo con estos seres. Esto era una buena noticia.

Sin embargo, mi tía les dedicó una mirada de preocupación a mis padres, que la recriminaron con los ojos, se mordió el labio y agachó la cabeza. Toda mi familia se puso más seria.

- ¿Qué pasa? – quise saber ante esa reacción que a Jacob y a mí nos chocó.
- ¿No os habéis dado cuenta de algo? – señaló Jasper.
- Jasper – le regañó mi padre, apretando los dientes con el semblante regio -. Quedamos en que…
- Tienen derecho a saberlo – le interrumpió él -. Si lo saben, podrán estar más alerta.
- Ya han estado demasiado alerta últimamente – rebatió mi progenitor.
- ¿Más alerta para qué? – preguntó Jake, que ya empezaba a estar mosqueado, haciendo caso omiso del comentario de papá.
- Alice tampoco puede ver a Razvan y a los suyos – reveló Jasper, para total desagrado de mi padre -, por lo que creemos que todo este asunto tiene que ver con vosotros.

Jacob y yo nos miramos el uno al otro con el mismo rostro de perplejidad. Habíamos estado tan pendientes de la carpeta y del tema de Ryam y Helen, que no nos habíamos parado a pensar en este detalle. No nos habíamos dado cuenta de que Alice tampoco nos había hablado de Razvan en todo este tiempo, y desde luego no habíamos caído en que no podía verlo.

- Al principio creía que no los había visto porque habían actuado por los bosques de La Push para matar a esos lobos, y como vosotros siempre estáis por ellos, pensé que era vuestra influencia lo que tapaba mis visiones – empezó a explicar mi tía -. Y lo mismo sucedió cuando nos contasteis vuestro encuentro con ellos en el bosque el día de la excursión. Al estar con vosotros, no podía verlos. Pero, después, Razvan y los suyos se fueron de vuestras tierras, y yo sigo sin poder verles bien. Eso sólo puede ser porque Razvan está persiguiendo o buscando algo cuya decisión y meta tiene que ver con vosotros, como me pasó con Aro la otra vez.

Sí, era cierto. Ahora me acordaba. Cuando descubrimos que Aro quería ir a por los lobos, Alice tampoco podía verlo bien, ya que las decisiones de los Vulturis tenían que ver con los metamorfos.

Y ahora pasaba lo mismo. Otra vez a por mis lobos, otra vez a por mi Gran Lobo. Mi mano se entrelazó con la de Jake automáticamente y la aferró con fuerza.

- ¿Y por qué no nos habéis dicho esto antes? – se quejó él, lanzando una mirada acusadora a mis padres.
- Vuestra boda es dentro de tres meses, no queríamos que nada la enturbiase – alegó mamá, observándonos con esos ojos dorados que clamaban comprensión.
- No queríamos preocuparos, por el momento – siguió mi padre -, por eso habíamos decidido esperar un poco más para contároslo, por lo menos después de la luna de miel – y le dedicó una mirada resentida a Jasper, que ni se inmutó -. Teníamos planeado investigarlo por nuestra cuenta estos meses, aunque si se diera el caso, os habríamos avisado para poder actuar.
- Tenían que saberlo – repitió Jasper.
- Ahora mismo era totalmente innecesario – rebatió papá, enfadado.
- Tarde o temprano, se iban a enterar – contestó mi tío con una voz implacable -. ¿Crees que Razvan no va a aparecer más por La Push? ¿Que va a esperar amablemente a que se casen? Dime, Ed, ¿qué pasaría si hubiesen aparecido por allí antes de la boda y Jacob y su manada no hubieran sabido nada de esto?

Mi mano volvió a estrujar a la de Jacob.

- Nosotros habríamos estado atentos y les hubiésemos avisado – reiteró mi padre, usando el mismo tono que mi tío -. Ya tenían bastante con todo este tema de los gigantes y ahora Renesmee está muy preocupada, eso es lo que has conseguido.
- Bueno, vale ya – protestó Jake, y mi mano se levantó cuando alzó las suyas para hacer un gesto -. Ahora todo eso no importa, ¿vale? El tema es que ya lo sabemos. Tendré que llamar a Sam para que no bajen la guardia y que aumenten la vigilancia.

Se hizo un silencio incómodo en el que el fuego de la chimenea tomó su parte de protagonismo e hizo restallar un leño. Ese mínimo tiempo me hizo recordar algo que acababa de mencionar mi tía.

- Alice, antes dijiste que alguien de dentro ayudó a Ryam – me acordé.
- Sí, aunque no sé quién es, ni le he visto. Solamente pude intuirlo.
- ¿Por qué? Entonces, ¿es que tampoco puedes ver a los gigantes?
- Sí, a ellos sí que puedo verlos – aclaró con voz alegre y cantarina. Sin duda, resultaba un alivio para ella -. Creo que tiene que ver porque los gigantes no son como los metamorfos o los licántropos. Éstos han nacido con esas peculiaridades, pertenecen a nuestro mundo sobrenatural, por tanto, lo llevan en los genes, es intrínseco a ellos. Sin embargo, los gigantes son diferentes, ellos no dejan de ser humanos nunca, por eso puedo verlos.
- ¿Siempre son humanos…? – pregunté con estupor -. Pero ellos se transforman en gigantes, han sido contagiados, al igual que los licántropos que han sido creados por otro que les ha mordido, y a esos no puedes verlos. Y los propios gigantes también pueden contagiar a otros humanos…
- El veneno de los licántropos o los vampiros cambia la genética del individuo que es contagiado, y lo muta – intervino Carlisle -, por eso es un veneno tan tóxico, en cambio, lo que quiera que ha sido inoculado en el organismo de esos humanos, no ha cambiado su genética. No sé cómo actúa exactamente, pero sólo los transforma en humanos gigantes y muy fuertes, sin ninguna otra peculiaridad, aparte de una buena dentadura. Y lo mismo pasa cuando un gigante contagia a otro humano. Esa ponzoña no modifica ningún aspecto genético.
- Eso quiere decir que tiene cura – afirmé, sin poder evitar que mi boca se transformara en una amplia sonrisa de esperanza.
- Bueno, debemos de ser cautos y no adelantar acontecimientos – siguió él, hablándome con esa mesura que solía utilizar siempre –. Solamente estamos hablando de conjeturas. Lo único que sabemos es que si Alice puede verlos, es porque siguen siendo humanos y no son tan inestables como los metamorfos o los licántropos. Ahora bien, tendremos que estudiar estos documentos para esclarecer nuestras dudas.
- Y hay que añadir que estamos hablando de los gigantes como Ryam o Helen – continuó ella.
- ¿Cómo? ¿Qué quieres decir? – inquirí, frunciendo el ceño con extrañeza.
- A los otros gigantes los veo mucho peor – declaró.
- Los otros gigantes… – repetí, temiéndome lo peor, puesto que ya sabía a qué gigantes se refería - O sea, que teníamos razón – le dije a Jacob, aunque casi fue una afirmación a mí misma -. Toda esa gente desaparecida tiene que ver con los gigantes de Razvan.
- Sí – me confirmó Alice -, y a estos los veo fatal. Me explico. A Helen no la veo porque está contigo y con los metamorfos, y a Ryam lo veo con flashes muy difuminados, tupidos y confusos, como los que veía cuando los Vulturis iban a venir a por los lobos. Esto se debe a que sea lo que sea lo que Ryam está investigando, tiene que ver con los metamorfos. Y lo mismo me pasa con los gigantes que están con Razvan. Si no puedo verlos, es porque están con él y están supeditados a sus decisiones y órdenes, las cuales tienen que ver con los metamorfos, como ya expliqué antes. Sin embargo, hay un matiz entre estos gigantes y Ryam, porque, aunque a tu amigo lo veo muy mal, a estos otros no consigo verles casi nada. Los fogonazos son todavía más dispersos y opacos.
- ¿Quieres decir que son menos humanos que Ryam y Helen? – inquirió Jacob con los ojos abiertos como platos.
- Podría ser, ya que, según nos contasteis vosotros mismos, Razvan está intentando mejorar la fórmula del veneno – contestó Carlisle -. Puede que ya la haya mejorado y haya conseguido algún cambio genético que los hace más inestables. Aunque como dijimos antes, todo esto no son más que conjeturas.
- ¿Y los Vulturis? ¿No es muy raro que no se hayan dejado caer por la península de Olympic? – preguntó Jake -. Porque todo este tema de los desaparecidos huele bastante…
- Sí, la verdad es que es extraño, aunque no he visto a Aro tomando ninguna decisión sobre ese tema, ni sobre vosotros los lobos – contestó mi tía.
- Puede que aún no haya llamado demasiado su atención – habló Emmett.
- Puede ser – coincidió mi padre -. Aunque lo más seguro es que no tarde mucho en llamársela. Tendremos que estar muy atentos.
- Estaré pendiente de eso todos los días – afirmó Alice, asintiendo con determinación.

Otro mutismo invadió la estancia, y mi abuelo aprovechó para echarle un vistazo a los documentos copiados por Ryam.

- ¿Quién ayudaría a Ryam? ¿Y qué estaría investigando acerca de los metamorfos? – interrogué.
- No lo sé – respondió Alice -. No fui capaz de verlo, como ya dije, solamente pude intuirlo. Y tampoco pude ver nada de lo que va a investigar Ryam sobre los lobos.

Suspiré con preocupación y Jacob apretó mi mano.

- No te preocupes, preciosa – me calmó, metiéndome el pelo detrás de la oreja con su mano suelta -. Si pudimos con los Vulturis, esto no será nada. Todo saldrá bien, ya lo verás.

Sonreí a su esfuerzo de animarme, aunque a juzgar por su expresión no le convenció mucho. Me conocía demasiado bien y sabía que yo iba a preocuparme igualmente.

- Estos documentos están incompletos – comunicó Carlisle, haciendo que ambos saliéramos de nuestros pensamientos.
- ¿Incompletos? – repetí sin comprender.
- A Ryam no le debió de dar tiempo a copiar todas las páginas, pues la última operación está sin terminar y la ecuación del veneno está inconclusa. Sin embargo, debo decir que creo que entre Louis y yo podremos terminar la ecuación.
- O sea, que es la ecuación del veneno – afirmé, contenta y esperanzada.
- Es la ecuación de algún tipo de fórmula que todavía desconocemos – matizó mi abuelo, seguramente para que no me hiciera ilusiones, por si acaso.
- ¿Y dices que tú y Louis podréis terminar la ecuación? – a pesar del esfuerzo de Carlisle, no podía evitar estar muy ilusionada -. Eso quiere decir que también podréis dar con el antídoto, ¿no?
- Que demos con la ecuación completa, no significa que demos automáticamente con el antídoto – me previno, hablando pausadamente -. También podría darse el caso de que ese veneno no tuviera antídoto, como sucede en muchos casos de la naturaleza, por ejemplo, con el veneno de algunas serpientes. Y tampoco podemos descartar que Louis y yo no consigamos dar con la fórmula exacta que tiene Razvan. A veces, las ecuaciones tienen varias soluciones.
- En definitiva, hay que esperar – suspiró Jake.
- Me temo que sí – confirmó Carlisle con una sonrisa mesurada -. Mañana llegarán Louis y Monique, y nos pondremos a trabajar enseguida con la ecuación y la sangre de Helen. Lo que no puedo garantizarte es cuánto tardaremos, lo lamento – me dijo.
- No importa. No sabes cuánto te agradecemos que nos ayudes. Helen te está muy agradecida, os está muy agradecida. Bueno, y Ryam también. Ryam y Helen os están muy agradecidos.
- Déjalo ya, ¿quieres? – se rió mamá, tirándome uno de los cojines blancos a la cabeza -. Ya nos conocemos esas parrafadas.
- Eso, cambiemos de tema a uno más alegre – propuso Alice, dando palmitas, toda emocionada -. Hablemos de la boda. ¿Ya has elegido el vestido? ¿Y las flores de la corona? ¿Y el vestido de las damas de honor?
- Aún no – reconocí -. Pero precisamente he traído los catálogos que Sarah me dejó para enseñaros los modelos que más me gustan, para que me ayudéis a…

El salón se llenó del griterío entusiasta de mis tías, abuela y, raro en ella, madre a la vez que los varones se miraban unos a otros, un tanto desconcertados por esa reacción femenina.

- ¿Dónde los tienes? – quiso saber Rose, ya levantándose del sofá para ir a buscarlos.
- Ay, Dios, yo me piro de aquí – murmuró Jacob, soltando mi mano para iniciar la huída.
- Sí, mejor, tú no puedes ver esto – y le empujé el trasero mientras se levantaba para que se fuera más rápido, entre sus risas. Después, respondí a mi tía -. En el fondo de la maleta. Los puse ahí para que Jake no los viera.

Sólo vi un borrón moverse a la velocidad de la luz, y otros tres se sentaron a mi alrededor. Por supuesto, mi madre se cogió el sitio privilegiado que antes ocupaba Jake.

- Nosotros vamos a jugar un poco – propuso Emmett con una enorme sonrisa.
- Guau, si tenéis un billar – exclamó Jacob cuando Em abrió una puerta oculta y se descubrió otra habitación.

Y mi padre, mis tíos y mi abuelo entraron tras él.

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Por cierto, este es el coche de Edward Wink Pinchad donde pone spoiler

Spoiler:
 
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Mayo 05, 2011 4:20 am

Hola xd
Me encanto el cap Very Happy
y gracias por la bienvenida Smile ah y soy Mujer jiji :B
saludoooooooos c:
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Brenda
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Mayo 05, 2011 5:12 am

Muy buenos cap's!! Me encantaron estos últimos.. Y el auto de Edward es genial, impresionante! Very Happy
Scribe pronto! (:
Besos!!!
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JACOB&NESSIE
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Mayo 07, 2011 1:47 pm

¡HOLA, GUAPISIMAS! alien I love you I love you I love you I love you I love you I love you I love you

Me alegro mucho de que os gustese el coche de Edward y los capis!!!! alien alien sunny sunny sunny sunny

Bueno, pues ahi os dejo otro mas. Espero que tambien os guste Wink

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PREMONITORIO

Ya era bastante tarde, y Jacob y yo estábamos cansados del viaje, así que cuando nosotras terminamos de ojear los catálogos – más bien, estudiar, aunque yo ya los había mirado tanto durante estas semanas, que casi me los sabía de memoria – y ellos acabaron su última partida de billar, decidimos irnos a la cama.

Mis padres nos anunciaron que dormiríamos en su parte de la casa, por lo que los seguimos.

Pasamos a su vivienda por medio de la puerta interior por la que Alice nos había llevado antes y subimos las escaleras para dirigirnos a la planta superior, donde se encontraban los dormitorios.

Al llegar al pasillo, mi padre se paró frente a una de las puertas y la abrió.

- Este será tu dormitorio, Jacob – le dijo, señalando el interior con la mano.
- ¿Mi… dormitorio?

La habitación solamente contaba con una cama, aunque era bastante grande.

- Edward – le regañó mi madre -, van a dormir juntos.
- Bella, aún no están casados – objetó él con gesto disconforme.
- Oh, vamos, no seas anticuado, ya duermen juntos todos los días. Esto es una soberana tontería – y se acercó a la puerta para cerrarla.
- Está bien, los llevaré a la otra habitación – accedió finalmente, aunque un poco a regañadientes. Eso de ser moderno le costaba bastante -. Venid aquí – y comenzó a caminar de nuevo, aunque solamente unos cuantos pasos más. Se paró frente a otra puerta y la abrió -. Este será vuestro dormitorio.

Jacob y yo pasamos al interior. Alice ya nos había enseñado esta parte de la vivienda, así que sabíamos que este dormitorio era el que tenía la cama más grande. Lo era incluso más que la de nuestra casa.

Nuestra maleta y la mochila ya estaban en el armario, cuyas perchas y estantes ya estaban ocupados por nuestra ropa. Papá se dio cuenta de este detalle y le echó una mirada acusadora a mamá, que miró hacia otro lado mientras se atusaba el cabello para disimular. Eso pareció hacerle gracia y no pudo evitar sucumbir a los intentos de mi madre por modernizarlo, así que terminó riéndose un poco de su propia actitud.

- Bueno, os dejaremos… dormir – dijo papá, todavía con la sonrisita en la cara.

Mi rostro no pudo evitar que el color rojo tiñera su epidermis, y, encima, que esa insinuación saliera por boca de él, me ruborizaba aún más.

- Sí, nos vamos – siguió mi madre, guiñándome el ojo. Otra vez mis pobres mejillas sufrieron una invasión de sangre -. Buenas noches, que descanséis – y nos dio un beso a los dos.
- Buenas noches – se despidió papá, dándome otro beso.
- Buenas noches – contestamos ambos como dos niños buenos.

Mi padre suspiró y se acercó a la puerta, donde ya le esperaba mamá.

No pude evitar que en ese momento mi padre me inspirase tanta ternura. Sabía que estaba haciendo un esfuerzo casi sobrenatural para dejarnos dormir juntos y, sobretodo, para aceptarlo. Aunque él ya lo había escuchado todo, le llamé igualmente.

- Papá – éste se giró para mirarme ya con una sonrisa -. Gracias – y le sonreí yo también.

Asintió para aceptar mi gesto y salió junto a mi sonriente madre.

En cuanto la puerta se cerró, Jake se dejó caer en la monumental cama.

- ¡Esta cama es comodísima! – exclamó, cruzando las manos bajo su nuca.

Me senté y luego me incliné sobre él, un poco de costado.

- Voy al baño, ¿de acuerdo? – le comuniqué -. Vengo enseguida.
- Vale.

Nos sonreímos y le di un beso corto. Me incorporé, me puse de pie y salí de la habitación para meterme en el cuarto de baño.

Después de atender mis necesidades humanas y de lavarme los dientes, salí del baño y regresé al dormitorio.

Nada más entrar, me topé con Jake.

- Ahora me toca a mí – afirmó con una sonrisa, dándome otro beso.

Le sonreí y salió de la habitación.

Me dirigí al armario y saqué uno de los camisones de algodón que había traído. Escogí ese de color rosa que tanto me gustaba y aproveché para coger el pantalón de pijama corto de Jake más una de esas camisetas interiores de tirantes blanca que utilizaba normalmente para dormir, aunque luego siempre terminase sin ella...

Dejé el pijama de Jacob sobre la colcha, me desnudé y me puse mi camisón, dejando la ropa que me había quitado en un pequeño butacón que había junto al armario. En cuanto me metí en la cama y me quedé sentada para esperarle, Jacob pasó al dormitorio.

- Ya estoy aquí, preciosa – declaró mientras cerraba la puerta y se acercaba al camastro -. Ah, veo que ya me sacaste el pijama, ¿eh?
- Sí – sonreí.

Y sonreí porque comenzó a desnudarse y pude observar ese impresionante espectáculo, recreándome en cada detalle.

Se puso el pantalón, la camiseta y recogió la ropa que se había quitado, tirándola en el mismo butacón en el que yo había dejado la mía.

Cuando se metió en la cama, apagué la luz y me eché para ponerme junto a él. Los dos estábamos de lado, y yo me acurruqué entre sus brazos, que me apretaron contra su pecho con mimo. Inspiré su maravilloso efluvio por la zona de su cuello y la felicidad invadió mi cuerpo, capitaneada por mi millón de mariposas, que ya eran unas expertas en esto.

Su vigoroso corazón latía con tanta fuerza, que podía notar sus calmados latidos retumbando en mi tórax; el mío lo hacía a un ritmo más acelerado, redoblaba su repiqueteo de una forma totalmente exacta, de modo que, cuando su corazón bombeaba una vez, el mío lo hacía dos. Hasta en eso estábamos sincronizados.

- ¿Estás dormido? – le pregunté con un murmullo.
- No, claro que no – susurró -. Estaba pensando.
- ¿En qué?
- En que esta semana va a ser muy dura – suspiró.

Alcé el rostro para mirarle entre esa oscuridad que, no obstante, era clara y me dejaba entrever bastante bien.

- ¿Por qué lo dices? Creía que tú también querías venir.
- ¿Qué? – bajó su semblante para observarme -. Ah, no, no es eso. Claro que quería venir. Yo también tenía ganas de ver a tu madre y al resto de tu familia – sonrió, mostrando esos blancos dientes que resaltaban en la negrura; le correspondí la sonrisa -. Lo digo porque me va a costar muchísimo respetar a tu padre – y su sonrisa se amplió, adquiriendo un matiz pícaro que comprendí a la perfección.
- Ah, ya, respetar… a mi padre – dudé.
- Sí, ya sabes, quedarnos aquí sin hacer nada más que… dormir.
- ¿Y desde cuándo respetas tú a mi padre? – cuestioné.
- Yo siempre le he respetado – afirmó. Alcé las cejas con incredulidad -. Bueno, vale, no siempre – reconoció -. Pero ahora sí que le respeto, ¿sabes? En fin, suena muy raro, pero como va a ser mi suegro y eso…
- El año pasado no te importó eso cuando irrumpiste en mi casa en plena noche – le recordé con una sonrisilla.
- Pero eso fue un caso de fuerza mayor – alegó él -. Tú estabas en celo, y tu olor estaba por toda mi cama. Era imposible resistirse. Además, si te acuerdas, no quise hacerlo en tu casa. Y no quise por respeto a tu padre, porque, bueno, esa seguía siendo su casa.
- Pero si, prácticamente, me sacaste en volandas de allí, ¿eso es respetarle? – me reí.
- Era mejor que quedarse en tu habitación, con tus tías afuera oyéndolo todo, ¿no te parece? – se defendió, riéndose -. Y vuelvo a decir que no me parecía… Dios, odio reconocer esto, pero es que es así. Tu padre me pidió que le respetase, y no me parecía correcto hacerte el amor en su casa, ¿vale? Ya está, ya lo he dicho.
- ¿Y llevarse a su hija en plena noche para hacerle el amor bajo la lluvia te pareció más correcto? – volví a reír.
- Era mejor que la primera opción – rebatió con una de sus sonrisas torcidas -. Además, en ese momento no es que mi cabeza estuviera para pensar mucho, la verdad.
- ¿Y… tienes pensado respetarle toda la semana? – inquirí, confiriéndole a mis palabras un tono insinuante mientras mis dedos comenzaban a descender lentamente por su pecho y bajaban un poco su camiseta.
- Qué remedio, aunque, para ser sinceros, no sé si aguantaré toda la semana – murmuró, acariciando mi espalda.

Me pegué más a él.

- Bueno, pero, al menos, podrás besarme para darme las buenas noches, ¿no? – bisbiseé, sonriéndole en los labios.
- Claro, nena, eso no me lo quita nadie – susurró con otra sonrisa.

Y comenzamos a besarnos.

De pronto, unos ruidos nos hicieron bajar de nuestra nube y Jacob soltó mis labios.

- ¿Qué son esos golpes? – preguntó. Entonces, se quedó paralizado -. Ay, madre, no será el cabecero de…
- Oh, no, Dios… - lamenté, despegándome de él para ponerme boca arriba y llevar la sábana a mi cara para tapar esa vergüenza ajena -. Son mis padres…
- ¿Esos son tus padres? – inquirió, sorprendido.
- Sí – gemí.

Y eso que su dormitorio quedaba bastante lejos del nuestro.

Jacob hundió el rostro en la almohada y empezó a reírse a carcajada limpia.

- No me lo puedo creer – me quejé con otro lamento, destapándome -. ¿No se dan cuenta de que estamos aquí?

Mi chico por fin levantó la cara del almohadón, aunque seguía riéndose.

- Se ve que tu madre le está dando un premio a tu padre por esforzarse en ser moderno y tu padre se lo está tomado al pie de la letra – se burló.
- Pues podía haber esperado a que nos durmiésemos o algo – refunfuñé, cruzándome de brazos.
- Venga, nena, déjales que disfruten un poco. Creo que tu padre se lo merece por dejarnos dormir juntos, ¿no te parece?
- No digo que no, pero es que…
- Madre mía, qué rapidez – murmuró con guasa -. No sabía que se podía llegar a esas velocidades.
- Bueno, supongo que para ellos es una velocidad normal – afirmé de mala gana.

Se quedó a la espera, entornando los ojos mientras ponía atención.

- Es increíble – habló finalmente -. No me da tiempo a contar los golpecitos.
- ¡Jake! – le regañé, pegándole un manotazo en el brazo, aunque su risa contagiosa hizo que la mía se escapara.

Tuve que taparle la boca con las dos manos para amortiguar sus carcajadas, si bien yo también me reía.

- Jake, para… - me reí -. Nos van a oír.

Jacob consiguió despejar su boca e interpuso sus manos para bloquear a las mías.

- Qué nos van a oír – contradijo mientras forcejeábamos entre risas -. ¿No ves que si no paran, es porque están demasiado entretenidos?
- Jake… – le reñí, riéndome y peleándome con sus manos.
- Tu padre es una verdadera máquina, a partir de ahora será mi héroe, en serio – siguió -. Ya tengo un mote para él.
- No…, para… - no podía dejar de reírme y ya me dolía el abdomen.
- Edward, el taladrador – se carcajeó.
- Basta – carcajeé yo también -. Ahora verás.

Sus manos no me dejaban alcanzar su boca, así que me incorporé y me senté sobre él sin que nuestras risas cesaran y nuestros brazos dejaran de pelear.

De repente, los golpecitos cesaron y Jacob y yo nos quedamos tiesos, con los brazos estirados y las manos agarradas.

- ¿Ves lo que has conseguido? – cuchicheé -. Nos han oído y han parado.

Tan pronto como acabé de decir la frase, los ruidos volvieron a escucharse.

- Qué va, sólo han cambiado de postura – bisbiseó con esa sonrisita suya burlona.
- Idiota – me reí otra vez, tratando de darle una pequeña bofetada que me fue imposible por su oposición.
- ¿Te das cuenta de que no se les oye? Me refiero a jadear ni nada. Solamente se oye el taladro.
- Jake… - le advertí, aunque no podía dejar de reír.
- Ya tengo un mote para tu madre – y se rió con malicia.
- No…, Jake…, no lo digas – le supliqué con lágrimas en los ojos de la risa.
- Bella, la silenciosa – soltó con una enorme sonrisa.
- Eres un tonto – me reí.

Después de otro rato forcejeando, Jacob se rindió y se dejó ganar. Mis manos apresaron a las suyas, aplastándolas contra la almohada y yo me quedé reclinada sobre él, con gran parte de mi melena a ambos lados de mi cuello cayendo encima de su torso.

- Guau, ¿vas a atarme a la cama y a moverte sobre mí como una leona? – murmuró con voz seductora, mostrándome esa sonrisa torcida que tanto me gustaba.

Ojalá pudiera…

- Qué más quisieras tú – le contesté con otra sonrisa.
- Sabes que eso me vuelve completamente loco, preciosa.
- Yo nunca te he atado a la cama – bisbiseé.
- Pero sí que eres una leona – y su sonrisa pícara se amplió.

Sentí tanto calor en las mejillas, que aunque estábamos a oscuras, seguro que relumbraban como un hierro candente.

- Jake… - le regañé en voz baja.
- Nessie, la leona… - susurró, insinuante.
- ¿Vas a ser bueno?
- Yo siempre soy bueno, nena – afirmó con esa misma sonrisa a la vez que entrelazaba nuestros dedos.

Ay, qué tentación…

Pero, para mi desgracia, no podía ser.

- Pues, venga, a dormir – y le di un beso corto.

Cuando iba a soltar sus manos para incorporarme, apresó mis dedos y no me dejó.

- ¿A dormir? – objetó.
- ¿No decías que respetabas a mi padre? – sonreí.
- Pero ahora está demasiado concentrado, nena, no se va a enterar de nada – alegó con un aire implorante.

Tiró de mis manos con suavidad hacia arriba, de modo que mi pecho se posó sobre el suyo y nuestros rostros se pegaron, y después las soltó para rodear mi espalda.

Su abrasador aliento ya acariciaba mis labios y no pude evitar estremecerme. Tuve que hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para no sucumbir, y, aún así, me costó muchísimo.

- Claro que va a enterarse – rebatí, levantándome un poco con ayuda de mis brazos, aunque los suyos seguían sin dejarme escapar -. Seguro que puede oír nuestros gritos perfectamente.

Los míos seguro que se oían desde Asia.

- Yo llevo gritando desde que me metí en la cama contigo y todavía no ha venido a picarnos… - declaró con voz sugerente -. Es más, él está a lo suyo, ya lo ves.
- Jake, eres un caso… - reí, negando con la cabeza.
- Ay – suspiró, intencionadamente alto -. Veo que no ha colado.
- No, no ha colado – sonreí, y le di un beso en la nariz.
- Sí, definitivamente, esta semana va a ser muy dura – se lamentó mientras me bajaba de su cuerpo y me acomodaba de costado, otra vez en su lado derecho.

Cogí su mano izquierda y tiré de él, haciendo que se girase hacia mí. Rodeé su cuerpo con mis brazos y me acurruqué en su cómodo y calentito pecho, inspirando su efluvio primero y apoyando mi mejilla en el mismo después.

Sonreí de felicidad.

- Buenas noches – murmuré con un ronroneo, achuchándole otro poco.
- Buenas noches – susurró.

Me olió el pelo y apretó su abrazo.


Estaba asustada.

La densa niebla apenas me dejaba ver nada, aunque era una bruma baja que se extendía por toda la media luna de la playa y dejaba a la vista la parte superior de la Isla de James, con esa corona de altos abetos alzada sobre su escarpada cumbre.

La arena que pisaba era más fría de lo normal y el sonido de las olas que rompían en la orilla se oía lejano, casi como un murmullo apagado que rebotaba con eco en mis oídos. Ese era el único sonido que se escuchaba.

Hasta que otro sonido me sobresaltó.

Era un bombeo rítmico y pausado, y procedía de mi mano. Bajé el rostro y miré horrorizada cómo el corazón de aquel lobo Alfa reposaba en mi palma. Aún latía, vivo, y su sangre, aún caliente, se deslizaba por mi piel, metiéndose entre mis dedos para caer en forma de largas gotas que se desparramaban sobre la grisácea arena.

Intenté deshacerme de él, tirándolo en el suelo, sin embargo, mi mano no se movía, otra vez estaba inmovilizada.

Unas pisadas irrumpieron en escena delante de mí y me hicieron levantar el rostro súbitamente. Me quedé en espera, asustada, con ese corazón latiendo en mi palma y con el mío propio retumbándome en el pecho, preparada para ver aparecer a Razvan.

Una figura gris empezó a dibujarse en la niebla, hasta que ese tupido velo me dejó ver quién era.

Mi corazón volvió a latir con frenetismo, aunque esta vez alocado por la alegría, como el millón de mariposas que volaban por mi estómago.

- Nessie – me saludó Jake con una enorme sonrisa, acercándose a mí con presteza.

Quise sonreír, pero mi boca no me respondió.

Y entonces, Jacob se paró en seco frente a mí y su rostro comenzó a desfigurarse, transformando esa preciosa sonrisa paulatinamente en un gesto de dolor desgarrador.

En un primer momento pensé que era el corazón que tenía en mi mano lo que le causaba esa horrible reacción, pero sus ojos no se apartaban de los míos. Él no parecía poder ver ese sangriento órgano.

- Jake, ¿qué pasa? – le pregunté, preocupada.

No me escuchaba a mí. Otras palabras le estaban engañando, haciéndole sufrir profundamente. Eso, y su cara de honda angustia, se me clavaron en el alma.

- Jake – le llamé con un frágil hilo de voz.

Pero él seguía sin escucharme, sus preciosos y expresivos ojos negros se entornaron con dolor mientras negaba con la cabeza. Eran mis palabras, mis palabras le hacían daño.

- ¡Jake, te quiero! – sollocé.

Sin embargo, mis ojos estaban secos.

Su pie dio un paso hacia atrás. Ya sabía lo que iba a pasar y un frío gélido comenzó a recorrer mi cuerpo.

- ¡No, Jake! ¡Te quiero! ¡Te quiero! – lloré desconsoladamente -. ¡No te vayas, por favor! ¡Te amo!

Mis lágrimas no salían por mis ojos, mis piernas no podían moverse, estaba encerrada en mi cuerpo, encerrada, cautiva, luchaba con todas mis fuerzas para moverme, para hablar, sin embargo, todos mis esfuerzos fueron en vano y Jacob se dio la vuelta para echar a correr, desapareciendo entre la niebla.

- ¡NOOOO! ¡JAKE!

Mi inaudible grito desgarrador se perdió junto al amor de mi vida, mi único amor, el único hombre que mi corazón podría amar, y él se había esfumado sin que yo pudiese hacer nada para evitarlo.

La desolación y un profundo dolor se apoderaron de mí y sentí cómo mis piernas flaqueaban y querían doblarse para arrodillarse sobre la arena. Mi cerebro quería desmayarse, la angustia que se clavaba en mi pecho era demasiado dolorosa. Pero ni eso me fue permitido.

Y entonces, otra cosa me espantó de nuevo.

Mis ojos volvieron a fijarse en el corazón de mi mano. Una mancha de color marrón oscuro empezó a extenderse desde el centro del órgano y fue creciendo poco a poco, hasta que lo cubrió entero.

Otro sentimiento helado me traspasó de arriba a abajo, otro mal presagio, y este era especialmente malo.

- No… – murmuré, intentando limpiar la mancha con la otra mano – No – mascullé más fuerte, siguiendo con mi afán. Era inútil, el oscuro color ya había impregnado todo el tejido -. No, ¡no! ¡NO!
- Nessie…

Mi cabeza se alzó con precipitación para mirar al frente. Niebla, eso era lo único que tenía delante.

- ¡Jake! – le llamé, nerviosamente.
- Nessie… - se oyó detrás de la niebla.

Mis piernas por fin pudieron responderme y se movieron para buscarle neuróticamente entre esa espesa cortina, aunque mi mano no soltó el corazón. Por alguna razón, ahora sentía que tenía que protegerlo, llevarlo conmigo.

- ¡Jake! – grité, y esta vez mi voz sonó alta y clara.
- Nessie…

Pero él no aparecía por ninguna parte, por ningún sitio, era como si la niebla se lo hubiera tragado.

- ¡Jake! ¡Jake! – chillé, agitando mi mano libre para apartar la densa bruma. Sin embargo, mi Jacob no estaba -. ¡Jake! ¡Jake!

Nessie…

Nessie…

- Nessie, vamos, despierta – escuché mientras mi cuerpo era mecido por un suave balanceo.
- ¡Jake! – mis párpados se abrieron de sopetón y me incorporé con la misma rapidez, quedándome sentada en ese sitio extraño mientras respiraba a mil por hora.

Parpadeé, completamente desorientada, y después me miré la mano. Estaba vacía y limpia, sin un rastro de sangre…

- Ya está, preciosa, ha sido una pesadilla – me dijo Jake, preocupado, girándome para que le viese.

Ahí estaba él, a mi lado, y por fin recordé que estaba en casa de mis padres.

- Jake – sollocé al verle, lanzándome a sus brazos.

Le toqué el rostro para verificar que no seguía soñando y uní mis labios a los suyos para besarle con frenetismo, como si hiciera mil años que no lo hiciera. Su boca acompasó a la mía y sus brazos me estrecharon con más fuerza. Mis manos se perdieron por su pelo, su espalda y sus amplios hombros, intentando por todos los medios que no se separase de mí jamás.

Sin embargo, Jacob despegó su boca de la mía, aunque necesitó de unos cuantos intentos para conseguirlo, ya que mis labios se negaban y los suyos no podían evitar corresponderles. Finalmente, logró parar.

- Uf, nena, si no lo dejamos, voy a volverme loco – susurró con su sonrisa torcida mientras su frente acariciaba a la mía e intentaba que su respiración volviese a su ritmo pausado de siempre.
- Lo siento… - murmuré, ruborizada, si bien mis manos se opusieron a dejar su pelo y su espalda.
- No importa – se separó un poco de mí y comenzó a secarme las lágrimas de mi rostro con esos sedosos dedos, apartando mi cabello hacia atrás y metiéndolo detrás de mis orejas. Me quedé atontada, mirando mis adorados ojos negros mientras él realizaba todas esas placenteras y relajantes caricias -. Me has asustado, ¿sabes? – confesó con un murmullo, llevando esas pupilas a las mías -. Por más que te llamaba, no te despertabas.
- Era un sueño muy profundo.
- Solamente ha sido una pesadilla.
- No – negué con la cabeza, mirándole con preocupación -. Ha sido la misma pesadilla – desvelé con un hilo de voz -, se ha repetido, sólo que, esta vez, Razvan no estaba, y la que llevaba el corazón de ese lobo en la mano era yo. Esto quiere decir algo, Jake, es un sueño premonitorio.
- ¿Un sueño premonitorio?
- Sí. ¿Recuerdas aquella pesadilla que tenía? Aquella en la que tú te enfrentabas con el licántropo en la nieve y él te mordía… - todavía me estremecía al recordarlo.
- Luego, se cumplió – recordó, hablando con entendimiento.
- Exacto – murmuré, mordiéndome el labio.
- Bueno, preciosa, pero que se cumpliera aquel sueño, no quiere decir que esta pesadilla se vaya a cumplir también – afirmó en un intento de calmarme y animarme -. Para empezar, sería imposible que un corazón latiese fuera de su dueño, ¿no te parece? – sonrió, pasándome los dedos por el pelo.
- Ya, pero puede que sea una cosa simbólica que signifique algo. Lo que pasa es que no sé lo que significa – suspiré con desazón.

Jacob se quedó mirándome, pensativo.

- Podemos preguntarle a Alice, puede que ella sepa lo que significa – sugirió.
- Sí, es buena idea – asentí -. Le preguntaré mañana.
- Bien. Ya verás cómo no es nada y solamente es un mal sueño – aseguró, acariciándome la mejilla -. ¿Ya estás mejor?
- Sí – sonreí, y le di un beso corto.
- Bueno, pues vamos a dormir – exhaló, echándose de lado.

Levantó el brazo para que me acurrucase junto a él con una enorme sonrisa. Le sonreí y así lo hice. Me acomodé en su pecho, sus brazos me rodearon con fuerza y me dio un beso en la frente.

Enseguida me relajé del todo. Sus fuertes brazos me hacían sentir tan segura y protegida; él siempre había sido mi ángel de la guarda.

Aunque no podía dejar de pensar en esa horrible pesadilla, en ese rostro de Jacob desfigurado por el dolor, un dolor que yo misma le había infringido. Recordar esa parte del sueño hizo que me diera un escalofrío.

- Jake – le llamé con un murmullo.
- Dime.

Alcé el rostro para mirarle y él bajó el suyo, haciendo que nuestros dos semblantes quedasen a un palmo.

- Prométeme que jamás olvidarás que te quiero – susurré.
- ¿Qué? – inquirió sin comprender.
- Pase lo que pase, aunque no te lo pueda decir, quiero que recuerdes que yo siempre seré tuya, que te amo, y que siempre, siempre te amaré.
- ¿Por qué me dices esto? – sus cejas bajaron con extrañeza.
- No lo sé…, es una especie de intuición – manifesté con un poco de ansiedad.
- Nessie, sólo ha sido una pesadilla – murmuró.
- Prométemelo – le imploré, subiendo la mano para acariciar su hermoso rostro -, prométeme que nunca olvidarás que te quiero.

Sus ojos se clavaron en los míos durante un instante.

- Te lo prometo – dijo por fin.
- Gracias – sonreí -. Te quiero.
- Te quiero – sonrió él también.

Acercó su rostro y me besó con dulzura durante unos minutos, tiempo en el que mis mariposas y la energía de siempre se dejaron notar.

Nos obligamos a terminar el beso y yo volví a refugiarme en su pecho. Ese silencio que quedó a continuación me hizo caer en algo.

- Ya no se oye a mis padres – cuchicheé, riéndome.
- A lo mejor se han ido a cazar, después de tanto…
- No empieces – le paré, poniéndole la mano en la boca a la vez que nos reíamos.

Jacob consiguió ladear la cara y deshacerse de mi palma.

- Has empezado tú – alegó en voz baja.
- Bueno, pues ya está – zanjé con una risilla -. Ahora a dormir.

Le di un beso corto, volví a su torso y le achuché otro poco, ronroneando mientras me ponía cómoda. Jacob soltó una risa sorda.

- Buenas noches, Nessie – susurró en mi pelo.
- Buenas noches, Jake.

Me dio un beso en la frente y me apretó con mimo.

No tardé mucho más en dormirme entre esos brazos protectores de mi ángel de la guarda. En el sueño que tuve a continuación también salía Jacob, pero, esta vez, corría alegre junto a mí por la orilla de una playa paradisíaca de arena blanca y aguas cristalinas de color azul verdoso, y su rostro desbordaba felicidad.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Mayo 09, 2011 12:01 am

me encanta tu libro Very Happy Smile por favor Edward nunca va comprender y JAcob ponerle los motos porfavor bueno
suerte y espero tu capitulo
me lei despertar y me encanto y ahora este me encanta como escribes otras seguidora mas
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Mayo 09, 2011 5:16 am

Uffh.. buenísimo Capi!
Me encantó!
ahaha "Edward, el taladrador " hahahaha
no dejes de escribir... eres genial, te lo juro!
Bueno, nos leemos pronto! Un beso y un abrazo (:
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Mayo 09, 2011 7:08 pm

HOLA, GUAPISIMAS! sunny sunny sunny sunny sunny sunny sunny

gabysp11:
¡Bienvenida! alien alien alien
Muchas gracias por haber leido "Despertar" y por leer "Nueva Era" ahora cheers cheers
Bueno, mi pobrecito Edward, es que el todavia esta un poco chapado a la antigua el pobre Razz Razz Razz Pero ahi tenemos a Bella, haciendo que se modernice un poco... Cool Cool Cool XDD
Y Jacob siempre con sus motes XDD

Brenda:
Me alegro de que te gustase el capi alien
Y muchas gracias por tus animos I love you I love you I love you I love you I love you
Si, este Jacob siempre esta con sus motes XDD Bueno, tenia que intentar pasar el rato, ya que no le dejaban de otra forma... Twisted Evil Twisted Evil Twisted Evil

Bueno, chicas, aqui os dejo otro capi mas, espero que os guste Wink

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CONVERSACIÓN PENDIENTE

Abrí los ojos poco a poco, pues la luz que entraba a través de las cortinas me impedía hacerlo de una manera más rápida. Cuando mis pupilas se acostumbraron a esa claridad, pude ver al ser más maravilloso del universo a mi lado.

Jacob estaba recostado junto a mí, de lado, me miraba maravillado mientras sus dedos pasaban entre mi pelo para peinarme con delicadeza.

- Buenos días, preciosa – me sonrió.
- Buenos días – sonreí yo también.

Le agarré de su camiseta interior y tiré de él para que se acercara. Así lo hizo, se arrimó a mí y comenzó a besarme lentamente, poniendo empeño en cada beso, en cada contacto, en cada roce…

Despertarse así cada mañana era un privilegio.

Separamos nuestros labios, tomamos una buena bocanada de aire y nos sonreímos de nuevo.

- ¿Has dormido bien? – preguntó con un susurro -. Quitando esa pesadilla, claro.
- Sí – sonreí otra vez -. ¿Y tú?
- Sí.
- Eso le gustará a papá – me burlé.
- Muy graciosa – contestó con retintín.

Se me escapó una risilla. Me dio un beso corto y se despegó de mí, echándose boca arriba en la cama.

- ¿Me ducho yo primero? – inquirí.
- Sí, que así me quedo un ratito más aquí… - bostezó.
- Hay que ver qué perezoso – me reí, levantándome.

Volvió a bostezar mientras se espatarraba y ponía sus largos brazos en cruz, ocupando todo el camastro, y mi boca volvió a dejar salir otra risilla.

- Voy a la ducha.
- Vale – rezongó.

Sonreí, negando con la cabeza, y salí del dormitorio.

Entré en el enorme cuarto de baño para ducharme. Una vez que terminé de hacerlo, me puse el albornoz blanco y me desenredé el pelo.

Me disponía a salir del baño, cuando Rosalie apareció tras la puerta al abrirla.

- Hola, cielo, vengo a peinarte – me anunció con una enorme sonrisa.
- Rose – exclamé, encantada -. Pasa – y me aparté para dejarla entrar.

Pasó al cuarto de baño como una exhalación, y con la misma rapidez, preparó todos los artilugios, incluida una silla que no sé ni de dónde la sacó.

- Siéntate – me exhortó, señalando el asiento con la mano.
- No sabes cuánto te he echado de menos – confesé, obedeciendo.

Mi tía soltó una risita alegre de satisfacción y enseguida se puso manos a la obra. En un abrir y cerrar de ojos, mi cabeza se llenó de tirones supersónicos y de mechones que se iban colocando en su sitio milagrosamente. En menos de cinco minutos, Rose apagó el secador de mano y mi cabello estaba perfectamente peinado.

- ¡Rose, eres única! ¡Eres genial! – alabé al ver los resultados.
- Lo sé – suspiró con alegría.

Mi pelo lucía con esa cascada natural de rizos abiertos que sólo ella era capaz de conseguir.

Me levanté, la abracé y le di un beso en esa mejilla pétrea y fría.

- Muchas gracias – sonreí.
- De nada, cielo – sonrió ella también. Entonces, su cara se desfiguró con una mueca de hastío -. ¿Ya se ha levantado tu chucho?
- Rose – la regañé.
- Lo siento, es que desde que llegó a esta casa, todo huele fatal otra vez – resopló.
- Yo diría que lo has echado de menos, por eso estás tan pendiente de él – declaré, sonriente, pellizcándole la mejilla.
- ¿Yo pendiente de ese chucho tonto? – cuestionó con otra cara de asco -. No digas tonterías – chistó, enfadada, aunque me pareció más bien fingido.

Y tampoco negó mi primera afirmación.

Le dio un manotazo a su pelo con orgullo y se dirigió hacia la puerta.

- Te veo abajo.
- Vale – sonreí.

Y desapareció, dándole otro bandazo a su melena.

Me reí con otra risilla y salí del baño para dirigirme al dormitorio, en el cual entré acto seguido.

- ¿Ya has terminado? – me preguntó Jacob, levantándose de la cama.
- ¿Todavía sigues ahí? – me reí.
- Ya estoy, ya estoy.

Se puso en pie, se estiró, bostezando, y se acercó a mí.

Entonces, se quedó parado y me miró pasmado.

- Vaya, estás preciosa – murmuró.
- Rose y sus manos mágicas – afirmé con una sonrisa, atusándome el cabello.
- No. Eres tú. Tú eres preciosa – aseguró, acariciándome la mejilla con sus suaves dedos, haciendo que el vello se me pusiera de punta.

Le sonreí, rodeé su cuello con mis brazos y le di un beso en los labios.

- ¿Vas a ducharte? – le pregunté.
- Sí.
- Yo me voy a vestir y te espero en la cocina, ¿vale?
- Vale – sonrió.

Me dio otro beso, le dejé libre y salió de la habitación.

Me dirigí a la ventana y corrí las cortinas, abriendo la puerta de la terraza para que ventilase un poco el dormitorio.

El paisaje que se presentó ante mí me hizo salir para verlo mejor. Quité la nieve de la barandilla y me apoyé en ella con los brazos para observar la panorámica de los Montes Chugach. Esas montañas estaban completamente nevadas, así como el resto del paisaje que se extendía en el horizonte, que estaba cubierto por una densa alfombra blanca.

No estuve mucho rato ahí, puesto que el penetrante frío enseguida se metió por mi albornoz y terminé entrando en la habitación de nuevo.

Abrí el armario y pensé durante un rato la ropa que iba a ponerme, aunque no me costó mucho escoger lo que quería. Unos pantalones vaqueros pitillo y un jersey azul de lana, de cuello alto, fue lo que me pareció más ideal para la baja temperatura que hacía en el exterior. Me vestí, dejé el albornoz junto a la ropa sucia del butacón, me calcé las botas de nieve y salí del dormitorio.

Jacob seguía duchándose cuando pasé frente a la puerta del baño, seguí de frente y bajé las escaleras.

La cocina de la vivienda de mis padres estaba vacía, pero un olor a huevos revueltos, beicon y tortitas venía de la otra parte de la casa.

Salí por la puerta que comunicaba las dos viviendas y llegué a la cocina de la parte del resto de mi familia. Mi boca se quedó colgando cuando vi toda aquella comida sobre la mesa.

- Lo ha preparado Esme - desveló Alice, que salió de la nada y se puso a mi lado -. Buenos días – me dio un beso en la mejilla y pegó un brinco para sentarse en la meseta.
- Buenos días – sonreí, observando todo aquel desayuno.
- ¿Qué tal habéis dormido? – quiso saber.
- Bien – y de pronto, me acordé de mi pesadilla -. Alice.
- Dime.
- Tú sabes de significados de los sueños, ¿no? – interrogué, apoyando mi cadera en la encimera, a su lado.
- Un poco – se encogió de hombros.
- ¿Qué significa soñar con un corazón?
- Depende. ¿Qué has soñado? – quiso saber, con esa suspicacia que había hecho que se diese cuenta enseguida de que se trataba de algún sueño mío.
- ¿Recuerdas ese lobo normal al que Razvan le quitó el corazón?
- Sí, claro.
- Bueno, verás, he tenido dos pesadillas – empecé a explicarle -. En la primera aparecía Razvan, y tenía el corazón de ese lobo en la mano. El corazón latía y estaba vivo. Después de eso salía Jacob y yo no podía moverme, ni hablar, y él empezó a ponerse muy triste, pero por más que le decía que le quería, no me escuchaba, es como si él oyese otra cosa. Y tampoco podía llorar – recordé –. Entonces se daba la vuelta y se perdía en la niebla para siempre… – musité con un hilo de voz al recordar ese horrible rostro de angustia. Tomé aire y seguí hablando –. La segunda pesadilla era casi igual, sólo que la que llevaba el corazón en la mano era yo, Razvan no aparecía, y cuando Jacob se perdía en la niebla, al corazón le salía una mancha marrón oscuro que se extendía rápidamente. Yo intentaba limpiarla, pero no había forma, y luego sentí que tenía que llevar conmigo ese corazón, no sé, que tenía que protegerlo…

Mi tía se quedó pensativa.

- No sé qué puede significar. Normalmente, un corazón suele simbolizar el amor, la vida y también la relación con la persona del sexo opuesto más importante, en el caso de una mujer su padre o, si la tiene, su pareja – mi propio corazón sufrió un calambre, de la impresión –. Pero ese corazón no es el tuyo, ni tampoco el de Jacob… – se llevó la mano a la barbilla, con un gesto reflexivo –. Puede que el hecho de que ese corazón fuera el del líder de esa manada te haya afectado y lo hayas relacionado en tu subconsciente con Jacob, ya que después sentiste que debías protegerlo al verlo enfermo.
- ¿Quieres decir… que el corazón se oscureció porque mi relación con Jacob irá mal? – pregunté, llevándome la mano al pecho.
- No, claro que no – declaró sin un mínimo de duda en el tono de su voz –. Soñar con un corazón enfermo significa preocupación por esa persona, no que la relación vaya a ir mal. Bueno, también puede significar una enfermedad, pero en el caso de Jacob eso sería imposible, así que no lo veo probable. Lo más seguro es que estés preocupada por Jacob, más que de Jacob, con algo relacionado con él. Estoy segura que sueñas con eso porque te preocupas por él, por sus salidas con la mandada y esos peligros que siempre revolotean a su alrededor, eso añadiendo los nervios de la boda y todo el asunto de tu amiga – llevó su mano helada a mi mejilla para acariciármela -. No le des más importancia. No todos los sueños tienen por qué significar algo. Los sueños, sueños son – y alzó sus estrechos hombros.
- No, Alice – negué con la cabeza, mirándola con desasosiego evidente –. Este sueño significa algo, lo sé… Trae un mal augurio…

Los ojos dorados de mi tía estudiaron mi expresión durante un rato.

- Yo no he visto que vaya a pasar nada malo – declaró finalmente, con certidumbre.
- ¿Seguro? – inquirí, mordiéndome el labio.
- Hay una parte de mi futuro y del resto de nosotros que no puedo ver bien, pero es un periodo corto de tiempo, el de un acontecimiento importante, e intuyo mucha felicidad – me desveló -. Y eso sólo puede ser porque estaremos en La Push rodeados de metamorfos, así que te aseguro que no pasará nada malo y que habrá boda, y será perfecta, ya lo verás – aseguró, sonriéndome.

Aún sentía que ese sueño era un mal presagio, pero sus palabras me calmaron un poco en cierto modo, porque ella había intuido felicidad.

Le sonreí, más aliviada, me despegué de la meseta y abracé su pequeño cuerpecito.

- Gracias, tía – le agradecí, dándole un beso.
- De nada, cielo – sonrió ella también, frotándome la espalda -. Y ahora será mejor que pruebes ese desayuno, si no, se enfriará y Esme se llevará un disgusto – dijo, separándose de mí.
- Sí, estoy esperando a que llegue Jake.

Alice se bajó de la encimera con otro ágil brinco.

- Pues yo voy al salón a buscar a los demás – anunció.
- Es verdad, ¿dónde están todos?
- Carlisle y Esme se han ido al aeropuerto a buscar a Louis y Monique, Em, Rose, Jazz y yo estábamos viendo la televisión, y tus padres se fueron de caza de madrugada, así que estarán al llegar.
- Ah.

Al final, Jacob tenía razón y se habían ido a cazar por la noche.

- Bueno, vengo ahora – canturreó mientras salía por la puerta.
- Vale – sonreí, dándome la vuelta hacia la mesa.

Me quedé observando ese mantel repleto de comida, y ese pastel de fresas que a Esme le salía tan bien llamó especialmente mi atención.

No pude evitar sucumbir a la tentación y cogí una de las fresas que adornaban el postre.

Cuando estaba apunto de llevármela a la boca, una manaza me la quitó por las espaldas. Giré medio cuerpo para mirar y vi cómo Jake se la metía en la boca a toda prisa mientras sonreía.

- ¡Jake! – le regañé, riéndome.

Se carcajeó con travesura y me rodeó por detrás con esos brazos fuertes y cálidos para darme un beso en la mejilla.

- ¡Qué bien huele! – exclamó, despegándose de mí para sentarse corriendo en la mesa.
- Lo que yo dije ayer, esto es como un hotel de cinco estrellas – me reí, tomando asiento a su lado.
- Ya te digo – rió, frotándose las manos mientras pensaba por dónde empezar.

Acabábamos de comenzar a desayunar, cuando Alice llegó con el resto de mis tíos, que nos dieron los buenos días, bueno, excepto Rose, que a mí ya me los había dado y a Jacob le dedicó un hola, chucho con una mueca de hastío fingido. Se sentaron a nuestro alrededor y la mesa se llenó de charlas.

Creía que no íbamos a ser capaces de terminar todo lo que había sobre el mantel, pero me equivoqué. Esme había calculado a la perfección, puesto que ya sabía todo lo que comía mi chico.

Justo cuando terminamos, la mesa empezó a revolverse.

- Bueno, me voy al salón a jugar con la consola – anunció Emmett con una sonrisa enorme mientras se levantaba de su silla y ya salía disparado por la puerta.
- Te acompaño – le siguió Rosalie.
- ¿No nos vais a ayudar a recoger todo esto? – inquirí, viendo cómo mis tíos se escaqueaban.
- Ah, yo acabo de recordar que tengo que hacer un recado muy importante – alegó Alice, y acto seguido sólo se vio un borrón que se esfumaba a toda prisa.
- Voy contigo – y Jasper salió tras ella.
- Tendrán morro… - murmuré, frunciendo el ceño y los labios, aunque pronto lo cambié por una sonrisa.

Nada más levantarnos de la mesa, mis padres aparecieron por la puerta y pasaron a la cocina, hoy estaban especialmente alegres.

Jacob y yo nos miramos y no pudimos disimular una sonrisita cómplice que no escapó a los ojos de mi padre, aunque también vio nuestras mentes, por supuesto.

Papá carraspeó, juraría que algo apurado, y se acercó a mí para darme un beso en la frente.

- Buenos días, princesa – sonrió.
- Buenos días – le saludé con otra sonrisa mayor.

Volvió a carraspear y le dejó paso a mamá.

- Buenos días, chicos – siguió ella, toda sonriente, dándonos un beso en la mejilla a Jacob y a mí -. ¿Habéis dormido bien?

Papá ya le estaba echando una mirada asesina a Jake, seguramente porque estaba viendo lo que éste estaba apunto de soltar por esa boca.

- Sí, hemos dormido genial – intervine yo con una sonrisa antes de que a mi novio se le ocurriera decir algo.

Le agarré del brazo y le di un apretón con la mano para advertirle; la sonrisa de Jacob se amplió, aunque conseguí mi objetivo y no dijo nada.

- Me alegro – dijo mamá -. Oye, Jake, ¿te importa si te la robo un rato? Me apetece dar un paseo con ella, bueno, si a ti te apetece, claro – terminó, dirigiéndose a mí.
- ¿Cómo no me va a apetecer? – exclamé, cambiando el brazo de Jake por el de mi madre.
- Estupendo – sonrió ella, poniendo su mano sobre la mía -. No te preocupes, Jake, no te la quitaré demasiado tiempo.
- No importa, pasadlo bien – sonrió él.
- Vendré luego, ¿vale?
- Sí, sí, iros ya – me instó, haciendo gestos con las manos -. Yo me quedaré aquí fregando esto.
- No te preocupes, yo te ayudaré, así tú y yo hablaremos sobre ese… mote que me has puesto – declaró mi padre con una voz y un semblante amenazantes.
- No te quejes, te he puesto un mote muy guay – afirmó Jake con una sonrisita burlona -. Además, la culpa es vuestra.
- En eso te doy la razón – aceptó con resignación.
- ¿De qué mote habláis? – quiso saber mamá con una sonrisa inocente.
- Mejor no te lo digo… - murmuró mi padre.

Mamá frunció el ceño con extrañeza, aunque tampoco dijo nada.

- Bueno, vamos – me azuzó ella, empujándome hacia delante.
- Que te sea leve – le cuchicheé a Jacob con una risilla, y me dio tiempo a darle un beso corto en los labios.

Salimos de la cocina, pasamos a su parte de la casa y subimos al dormitorio, ya que tenía que coger un gorro de lana y unos guantes que me había comprado junto a la parca específicamente para venir a Alaska.

Me puse toda esa ropa extra y salimos de la vivienda de mis padres por la puerta que daba al exterior.

- ¡Está nevando! – exclamé, alzando las manos para que unos cuantos copos cayeran sobre mis guantes.

Mi boca era la única que soltaba un vaho caliente que se difuminaba en el gélido ambiente.

- Sí, aquí nieva todo el invierno – se rió ella al ver mi entusiasmo.
- Qué guay – y me agarré a su brazo de nuevo.

Comenzamos a caminar por la nieve, internándonos en el bosque que rodeaba a la casa. Mi madre lo hacía con gracilidad, casi parecía que sus pies flotaban sobre la nívea superficie, en cambio, mis botas se hundían en cada paso que daba, parecía una patosa, y eso que era mitad vampiro. El suelo no era lo único, las copas de los árboles y las ramas también estaban cubiertas de esa gruesa capa blanca, confiriéndole al boscaje un aire bucólico y de postal de Navidad.

- Te vas a congelar a mi lado – me advirtió mamá.
- Qué va, voy muy abrigada – aseguré con alegría.
- ¿Jacob tuvo algún problema con el señor Farrow para poder venir? – inquirió -. No quisiera que esto le causara algún problema en el trabajo.
- No, para nada – reí -. Jake es el ojito derecho del señor Farrow. Va a tener que hacer alguna hora extra las próximas semanas, pero es lo único que le exigió.
- Vaya, sí que lo tiene bien considerado.
- Sí – volví a reír.
- ¿Estás contenta de haber venido?
- ¿Bromeas? Estoy feliz, bueno, estamos felices – maticé con una risita -. Esto es una maravilla, y ya teníamos muchas ganas de veros y de conocer la casa. Y encima, me libro de una semana de clase.
- Nosotros también teníamos muchas ganas de que vinierais – declaró, pasando su brazo por mi espalda para estrecharme contra ella y darme un beso en la mejilla.

Me soltó para no hacerme pasar más frío y nos quedamos en silencio durante un corto rato, en el que se escuchó el chillido de un águila que sobrevolaba por encima de los altos pinos.

- Renesmee.
- Dime.
- Quiero… quiero pedirte perdón – musitó, frotándose las manos sin parar.

Me paré en seco al ver su rostro enfrascado y compungido, obligando a que ella tuviera que hacer lo mismo.

- ¿Pedirme perdón? – inquirí sin comprender -. ¿Por qué?
- Por todo lo que te hice pasar por mi turbación con el tema de Jacob.

Pestañeé, un poco sorprendida, puesto que yo ya ni me acordaba de todo aquello.

- No hay nada que perdonar, mamá – sonreí para quitarle hierro al asunto -. Eso ya pasó, y además, tú misma lo has dicho, todo se debió a tu turbación.
- Ya, ya lo sé – asintió, cerrando los ojos con preocupación -. Sin embargo, quiero contártelo todo y explicártelo.
- Ya me lo explicó papá en su momento – le calmé, acariciando su mejilla de mármol.
- Sí, pero yo tengo una conversación pendiente contigo – manifestó, cogiendo mi mano para darle un beso en el dorso. Después, la bajo y la rodeó con sus dos manos -. Quiero hablarte de ello igualmente, explicarte yo misma lo que me pasó, por qué reaccionaba así, con esos celos, y por qué me centré especialmente en Jacob.
- Mamá, no hay nada que explicar, en serio… - intenté que lo dejara.
- No, deja que me explique – insistió, cogiéndose de mi brazo para empezar a caminar -. Esa turbación hacía que yo no fuese yo, me llevó a una espiral que hacía que mi cabeza reviviera todos esos sentimientos que tenía en mi vida humana hasta tal punto, que los sentía como reales, pero no lo eran, luego me di cuenta.

››Todo se me juntó. Para empezar, tu rápido crecimiento me afectó bastante, y no sólo por el hecho de que mi única hija ya fuera casi adulta en sólo seis años y no hubiera disfrutado de su niñez, sino porque me di cuenta de que, poco a poco, te ibas alejando de mí, cada vez más. Al principio, no quería reconocerlo, pero no me quedó más remedio que ver la verdad, que tú habías nacido para Jacob, y que jamás me perteneciste a mí ni a tu padre, siempre fuiste suya.

- Mamá…
- Estoy bien, ya lo tengo muy asimilado – se rió, dándome palmaditas en la mano -. Eso ya lo he superado, no te preocupes. Además, no sólo fue eso lo que me afectó. Mi problema fue que se me juntaron muchas cosas y todo fue tan rápido… Tu crecimiento fue una elipse de la espiral, pero hubo más cosas.

››Siempre supe que tú y Jacob terminaríais juntos, sabía que había otras posibilidades, por supuesto, pero era tan evidente. Ya erais almas gemelas incluso antes de que tú nacieses, pero cuando lo hiciste, se hizo aún más obvio. Y no sólo por vuestras similitudes, todo lo hacíais de una forma completamente sincronizada, era increíble – sonrió con añoranza al recordar y no pude evitar hacerlo yo también -. Cuando tú saltabas hacia Jacob, él ya extendía los brazos al mismo tiempo, era como si ya supiese lo que pasaba por tu mente antes de que lo realizaras – rió -. Y siempre estabais juntos, a todas horas. Era imposible despegarte de él, hasta los invitados que tuvimos en casa para ayudarnos con los Vulturis, cuando vinieron la primera vez, se dieron cuenta de vuestro gran apego. Sin embargo, nunca me imaginé que tú también estabas imprimada de él, y cuando nos lo dijisteis, y nos revelasteis que te ibas a quedar en La Push con él, me afectó, porque siempre di por hecho que estaríamos juntas toda tu vida y que nada podría separarnos.

- Nada podrá separarnos nunca, mamá, aunque estemos lejos físicamente y no podamos vernos todos los días.
- Sí, lo sé – suspiró como avergonzada -, pero en ese momento me afectó, porque se me juntó con el resto de cosas de la espiral, ¿comprendes? Y encima, me hizo comprender a Renée y empecé a sentirme un poco identificada con ella – agachó la cabeza y fijó la mirada en el suelo -. Ella era otra elipse de la espiral.

››Y no sólo ella, Charlie también me preocupaba, y no sé por qué, empecé a pensar en el tema de la muerte y todas esas cosas, en que no iba a poder despedirme de Renée el día en que ella falleciera – sin duda, esto seguía preocupándole, porque hizo una pausa, tomó aire y siguió hablando -. También me dio por pensar en que no iba a poder tener más hijos, etcétera, etcétera, etcétera… En fin, que esa espiral hizo que me diera por pensar en cosas raras que no venían a cuento – volvió a reír, aunque, esta vez, no lo hizo con tanto brío como antes.

››Y ahora viene lo que te quería explicar, por qué Jacob era el núcleo de toda esa espiral – siguió, frotándose las manos con nerviosismo.

- Ya lo sé, papá me lo contó todo – le corté para evitarle el mal trago -. Todas esas cosas que te preocupaban fueron acumulándose poco a poco, y con mi rápido crecimiento, todo estalló y te hizo caer en esa espiral. Esa turbación hizo que entrases en un estado de confusión, que te perdieses a ti misma, incluso que añorases cosas que tenías en tu vida humana y que te diste cuenta que ya no ibas a volver a tener; y lo que más añorabas en ese momento era a Jacob, porque cuando eras humana, sentías una dependencia hacia él, y la turbación te hizo sentirla de nuevo, por eso sentiste que le necesitabas. Y a la vez, la espiral hizo que tú revivieras todos esos sentimientos que tenías hacia Jacob en tu vida humana. Tú los sentías como reales, pero no lo eran. Y la turbación, o espiral, como tú la llamas, hacía que explotasen esos celos sin que pudieras hacer nada para evitarlo, porque tú sentías que seguías enamorada de Jacob. Todo fue como una bola de nieve que se fue haciendo más grande. Papá también me explicó que esas turbaciones que os dan a los vampiros os vuelven más inestables e incontrolables, porque es un estado de enajenación transitoria, como una pequeña depresión, por eso te daban esos ataques de celos y no los podías controlar. Pero todo era como una ilusión, porque, en realidad, ya no sentías nada hacia él.
- Vaya, veo que tu padre te lo ha explicado todo a la perfección – parpadeó, sorprendida.
- Ya te lo dije – reí -. Papá me lo contó todo de pe a pa, y a Jacob también, así que no tienes que explicarme nada más, ¿vale? – le dije, acariciando su brazo -. Olvídalo de una vez, ya es agua pasada.

Mamá se paró y se puso frente a mí.

- Aún así, necesitaba decírtelo ahora que ya estoy curada, porque cuando sucedió todo, llevaba tiempo queriendo hablar contigo, pero no me sentía preparada – confesó, colocando dos mechones de mi pelo hacia delante -. Todo estaba demasiado reciente y todavía me daban esas explosiones de celos absurdos que podían seguir hiriéndote – sus manos dejaron mi cabello y su rostro bajó para mirar al suelo con pesar -. No quería que se repitiera lo que pasó aquel día, cuando llegaste después de estar con Jacob. No te imaginas lo que me arrepiento de ese comportamiento.

Ya sabía a qué día se refería. Ese en el que Jake y yo nos habíamos entregado el uno al otro por primera vez, el primer día de mi primer celo, ese en el que me había enzarzado con mi madre en una discusión por culpa de esos celos suyos, y yo también había tenido mi parte de culpa. Visto ahora en frío, y sabiendo todo lo de su turbación, veía los fallos que yo había cometido.

- No importa, mamá. Además, yo tampoco es que manejase muy bien el asunto – reconocí -. Debí de haberme callado y no azuzar más con mis contestaciones. Pero, ya sabes, a veces soy muy impulsiva y me puede mi temperamento – me reí.
- Sí, sí que importa – opinó, siguiendo con esa expresión de angustia -, porque me hubiera gustado haber sido la misma de siempre, ser tu madre, pero tu amiga, que tú hubieses confiado en mí como siempre habías hecho y que me contaras tus sentimientos, tus confidencias. Y por culpa de esa turbación, me comporté como una idiota histérica. Además, sé que todo aquello de mis celos te afectó, por eso también quería pedirte perdón por habértelo hecho pasar tan mal.
- No fue para tanto – dije para suavizar.
- Sí, te hice pasar un mal rato – sonrió con redención, acariciando mi mejilla con dulzura.
- Bueno, tengo que reconocer que tus celos me molestaban bastante – reconocí con una sonrisilla -, pero no por los celos en sí, sino porque actuabas de esa forma tan rara que hacía que no fueras tú misma, había veces que no te reconocía, y era una situación tan extraña… Aunque lo que más me dolía de todo era verte sufrir, ver que lo estabas pasando tan mal. Y esos sentimientos encontrados que tenías hacían que yo misma me bloquease y que no supiera qué hacer para aliviarte. No sé, fue todo un poco raro, la verdad – reí -. Pero ya pasó, y no merece la pena que perdamos más tiempo hablando de ello, ¿no te parece?
- Tienes razón – asintió con una sonrisa, más aliviada -. Ahora me apetece recuperar todos esos meses tontos contigo. Sin embargo, también quiero pedirte perdón. ¿Me perdonas? – y estiró los brazos para que la abrazase.

Puse los ojos en blanco, porque no tenía nada que perdonarle, pero me acerqué a ella y la estreché entre mis brazos con fuerza para que se sintiera mejor y lo dejase estar de una vez, aunque tengo que reconocer que también me apetecía darle un buen achuchón.

- ¿Ya estás mejor?
- Sí – susurró, apretando su abrazo.
- ¿Y la turbación ya se ha ido? – quise saber, despegándome un poco de su helado cuerpo, con las bajas temperaturas de allí ya tenía bastante, aunque lo hice para verla mejor -. ¿Ya estás curada del todo?
- Sí, ya vuelvo a ser la misma de siempre – sonrió -. Y Jacob no me gusta nada de nada – su sonrisa perfecta se amplió.
- Mejor – sonreí yo también, aunque en mi caso con malicia.

Se rió con esa risa que sonaba como el canto de una soprano y le di un beso en la mejilla, separándome de ella del todo.

Iba a iniciar la marcha, cuando ella me detuvo, agarrándome del brazo.

- Espera, quiero decirte una cosa.
- ¿Más?
- Sí, sólo es una cosa – hizo una pequeña pausa y clavó sus dorados ojos en los míos con determinación -. Ya sé que no hace falta que te diga nada, pero quiero que sepas que me hace muy, muy feliz que estés con Jacob y que el hombre que hayas escogido para casarte sea él – murmuró con un hilo de voz emocionado que hizo que mi garganta se viera invadida por un grueso nudo -. No habría nadie en este mundo mejor para ti, no podría entregarte a nadie más, y no habría nadie en este mundo mejor para él que tú. Me siento muy feliz por los dos, porque os quiero, y sé que estáis hechos el uno para el otro, habéis nacido para estar juntos. Os deseo toda la felicidad del mundo y os doy mi bendición.
- Mamá… - murmuré, emocionada, abrazándola de nuevo -. Te quiero.

Ahora fue ella la que me separó para mirarme. Y volvió a hacerlo fijamente.

- Yo también te quiero, más que mi propia vida, no lo olvides nunca – susurró, pasando sus dedos fríos como la propia nieve que pisábamos, por mi mejilla.

Le sonreí y le di un efusivo abrazo con beso incluido.

- Bueno, lo dejaremos ya, ¿no? – protesté en broma mientras me despegaba de ella -. A este paso vas a hacerme llorar – y me limpié una lágrima con el nudillo de la mano.
- Sí, ya está – suspiró con alegría, levantando los brazos para estirarse -. Ya te he dicho todo lo que tenía que decirte.

Bajó los brazos para pasar uno de ellos por mi espalda. Me estrujó contra ella y me dio una serie de besos en el pómulo.

- ¡Ay, mamá! ¡Me vas a congelar! – me quejé entre risas, tratando de despegarla de mí.
- Ah, claro, si yo fuera Jacob, seguro que no te opondrías… - insinuó, riéndose, a la vez que me liberaba.
- Por supuesto que no. Jake siempre está calentito y nunca paso frío con él – afirmé, toda sonriente.

Mamá se rió y volvió a cogerse de mi brazo para iniciar la marcha.

- Tengo que decirte que tu padre está gratamente sorprendido con Jacob. No se esperaba que fuera a… respetarle – se rió.
- Ah, pero, ¿pudo escuchar eso? Creía que esta noche había estado demasiado entretenido como para prestarnos atención – me burlé, mirándole con intención.

Mi madre se paró en seco, forzándome a mí a hacer lo mismo.

- ¿Nos… oísteis? – quiso saber, avergonzada.
- No, solamente el… taladro – y exploté en una risa.
- ¿El taladro? – murmuró.
- El cabecero, mamá, el cabecero – le aclaré.
- Oh, Dios, qué vergüenza – lamentó, llevándose la mano a la cabeza, con la boca abierta en una sonrisa que delataba que no se lo podía creer.
- Bueno, no es para tanto. Fuisteis muy silenciosos, la verdad. Pero la próxima vez, apuntalar bien ese cabecero, o mejor, hacedlo en otro sitio en el que no se oiga nada, ¿vale? – bromeé.

Me dio un pequeño manotazo en el brazo como regañina mientras se mordía su sonriente labio, y yo me reí más.

- No nos dimos cuenta – reconoció, siguiendo mi broma -. Lo cierto es que estábamos muy concentrados y no reparamos en el cabecero.
- Pues sí que teníais que estarlo, porque no escucharlo…
- ¡Renesmee Carlie Cullen, vale ya! – me riñó entre risas -. Se nota que eres igualita a Jacob.
- Gracias – me reí.

Me cogió del brazo por enésima vez y comenzamos a caminar de nuevo.

Estuvimos un rato en silencio, hasta que ella lo rompió.

- Ayer me llamó Renée – me desveló de pronto, y su rostro volvió a ponerse algo triste -. Otra vez insistió en verme.
- ¿Ya has pensado qué vas a hacer con ese tema? – pregunté, frotándole la mano.
- No hago más que darle vueltas al asunto – suspiró –. No sé qué hacer.
- ¿Y por qué no le dices la verdad? – le sugerí -. No sé, Charlie lo sabe y lo ha aceptado, ¿no? Tal vez si se lo dices a Renée, también lo acepte y se arregle todo.
- Charlie lo sabe, pero no lo sabe – me corrigió -. Quiero decir, que él sabe que somos… algo, sin embargo, prefiere no pensar en la palabra, y mucho menos pronunciarla en voz alta. Creo que eso es lo que le mantiene cuerdo – se rió -. Ya tuvo bastante con ver la transformación de Jacob en su día. Pero Renée es diferente, ella no se va a conformar con saber que soy algo diferente y ya está, ella va a querer saberlo todo, cada detalle, por mínimo que sea, y ahí está el peligro.
- ¿Tienes miedo de que no te acepte?

Se quedó mirando al frente, pensativa, durante un rato y luego siguió hablando.

- Sí, a decir verdad, eso me horroriza – confesó con un hilo de voz -. Creo que no podría soportar que mi madre me rechazase.
- Ella no te rechazaría, mamá. Puede que le diera un patatús o algo cuando descubriera que eres un vampiro – bromeé -, pero enseguida vería que eres la misma de siempre y que eres buena. Además, eres su hija, y te echa mucho de menos. Creo que saber que su hija es un vampiro no sería nada comparado con poder verla siempre que quisiera, ¿no crees?
- No sé, Renesmee, puede que tengas algo de razón, pero, poniéndonos en lo mejor y suponiendo que ella lo aceptase todo, que Renée conociera nuestro mundo no dejaría de ser peligroso para ella.
- No si lo mantiene en secreto y se le explican bien todas las pautas que tiene que seguir – rebatí yo.

Mamá me miró sorprendida, como si acabase de caer en algo.

- ¿Crees que eso funcionaría? – inquirió.
- Una madre jamás delata a su hijo – afirmé -. Una madre siempre quiere a su hijo, sea lo que sea, y siempre acepta a su hijo con tal de que sea feliz. Renée solamente querrá tu felicidad, y verá que lo eres, que esta es la vida que escogiste, que eres lo que querías ser, así que, aunque al principio le choque, terminará aceptándolo, sobre todo porque te echa muchísimo de menos y hará cualquier cosa con tal de verte con frecuencia. Además, si Charlie lo hizo, ¿cómo no va a hacerlo ella? ¿No decías que Renée es una loca que siempre se cree las cosas más raras?

Su rostro se transformó en una enorme sonrisa y me abrazó con fuerza.

- ¡Nessie, Nessie, Nessie! – se rió mientras me alzaba una y otra vez, obligándome a dar saltitos -. ¡Eres genial!

Me reí con ella y me dejó en el suelo para darme un beso.

- ¿Entonces, vas a decírselo? – quise saber, alegre.
- Sí, pero primero tengo que hablar con tu padre para que me ayude – declaró, mucho más animada -. Tengo que escoger muy bien las palabras para explicárselo todo lo más claro y normalizado posible, algo que parezca natural y…

De repente, su boca dejó la frase en el aire y su cuerpo se envaró súbitamente, poniéndose en estado de alerta.

- ¿Qué pasa? – pregunté, extrañada y algo asustada.

Mi madre se puso delante de mí para protegerme.

- No te separes de mí – dijo con voz tensa, mirando al frente con gesto grave.

Mi olfato tardó unos segundos más en captar el olor que la había alertado a ella. Olor a vampiros.

Ya no pude articular más palabras. Mis piernas se agarrotaron, a la espera, el vaho de mi aliento empezó a salir más agitado y mi corazón comenzó a latir a mil por hora, temeroso. No era por desmerecer a mi madre, sabía que ella era fuerte, pero lo primero que vino a mi cabeza fue mi ángel de la guarda, mi Jacob. Sin él, siempre me faltaría algo para sentirme totalmente protegida.

Llevé mi vista al mismo sitio donde mi madre había fijado sus ojos. Entre aquella cortina de copos, empezaron a distinguirse tres figuras, tres espectros encapuchados, y a medida que avanzaron ya se pudieron visualizar bien. Dos encapuchados descomunales de túnicas gris oscuro y una pequeña de un color casi negro.

Apenas se les veía la cara bajo la capucha de sus capas, pero los reconocí al instante.

Felix, Demetri y Jane se acercaron sigilosamente entre los árboles del bosque, marcando un ritmo lento y cadencioso, tres fantasmas oscuros que flotaban sobre la nieve, hasta que la última hizo un gesto con la mano y se pararon a unos metros de nosotras.
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daniela_1505
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Mayo 09, 2011 8:22 pm

me encanto el capitulo y pobre Bella que se moria de la verguenza Smile
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Brenda
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Mayo 10, 2011 12:50 am

D:
Felix, Demetri y Jane?
Wow.. eso sí qe es algo serio D:
No cabe duda: grandioso capi!!

I love you
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JACOB&NESSIE
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Mayo 12, 2011 6:43 pm

HOLA, GUAPISIMAS!!!!! alien alien alien I love you I love you I love you I love you I love you I love you I love you I love you

gabysp11:
Ya, pobre Bella XDD menuda verguenza!!! Es lo que tiene no sujetar bien un cabecero... Twisted Evil Twisted Evil XDD

Brenda:
Ahora veremos que es lo que Felix, Demetri y Jane vienen a hacer... Twisted Evil

Os dejo el capi, espero que os guste alien

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MENSAJE

Jane retiró su capucha hacia atrás, dejando su cabeza totalmente al descubierto. Su rostro aniñado hubiera parecido dulce, si no fuera por ese iris encarnado que rodeaba a sus pupilas. Me dedicó una extraña mirada a mí, entrecerrando algo sus ojos de color rojo con una frialdad y un odio que me dejaron sin aire por un instante, y mi madre le gruñó con advertencia. Sin embargo, Jane ignoró totalmente este gesto. Despegó la vista de mí y la dirigió a nuestras espaldas.

No tardamos mucho en descubrir por qué lo había hecho. Estábamos bastante cerca de la casa, así que mi padre seguro que había escuchado mis altos pensamientos, o tal vez los de Jane y compañía. Mi progenitor y mis tíos llegaron tan rápidos como tornados y se pusieron a nuestro lado, adoptando una postura defensiva. Sin embargo, los ojos de Jane seguían sin moverse, continuaban esperando algo al frente. Dos segundos más tarde aparecía mi colosal lobo rojizo a toda velocidad, se abría paso entre mi familia y se ponía junto a mí para protegerme, emitiendo un potente rugido y mostrando su poderosa dentadura entre gruñidos.

Mi mano se aferró a su pelaje y ya me sentí completamente protegida. Jane no tenía nada que hacer contra el escudo de mi madre, pero contra el poder espiritual de Jake mucho menos, puesto que éste purificaba cualquier ataque por maligno que fuera y lo disipaba como si fuera un simple humo. Con Jacob a nuestro lado, el don de Jane no existía.

Pero esa media sonrisa que ya había empezado a dibujarse en mi cara se me borró de repente. Ahora las pupilas de Jane no se despegaban de mi lobo, y no lo miraba mal, precisamente.

Demetri y Felix se agazaparon ante el potente rugido de Jacob, a la defensiva, y también mostraron sus colmillos entre gruñidos.

- Tranquilo – le dijo mi padre, interponiendo su mano para calmarle -. No vienen para llevársela.

Jane giró medio cuerpo hacia sus compañeros y volvió a alzar su brazo. Los dos guardias de los Vulturis obedecieron la orden y dejaron sus poses a la vez que ella miraba al frente de nuevo.

Jacob también se tranquilizó, aunque no se relajó del todo.

- Vengo en son de paz – habló Jane, levantando el rostro con orgullo.
- ¿A qué se debe tu visita? – quiso saber mi padre.
- Vengo a ver al Gran Lobo – y sus ojos se clavaron otra vez en Jacob.

¿A verle? ¿Y para qué quería verle? Mi mano agarró ese mechón de su pelambrera con más fuerza, temerosa.

Nadie preguntó cómo habían dado con mi familia y cómo sabían que Jacob y yo estábamos aquí. Demetri tenía buena fama.

- Eso ya lo he visto. ¿Y la razón? – preguntó mi progenitor.
- Traigo un mensaje de Aro para él.

Mi corazón se congeló por un instante. ¿Un mensaje? ¿Qué mensaje querría darle Aro a Jacob?

Jake emitió un gañido.

- Dice que se lo digas ya – le comunicó papá, seguramente utilizando otros vocablos más adecuados.
- Mis órdenes son que tengo que dárselo en persona, en su forma humana, quiero decir – soltó ella con arrogancia.
- La orden fue que le dieras el mensaje, Aro no te dijo que tuviera que ser en su forma humana – reveló mi padre -. Él te oye igual.

¿De qué iba esto? Mi ceño se frunció automáticamente.

- Pero yo prefiero hacerlo en su forma humana – rebatió Jane con un gesto obstinado -. Además, tengo que hablar con él y necesito escuchar sus respuestas de su propia boca.

Mi lobo resopló, cansado, y se dio la vuelta con rapidez para esconderse tras un grueso tronco, dejando a mi padre con la frase que iba a decir colgando y con un semblante disconforme. Cuando salió de su escondite, caminaba sobre dos piernas, con esos vaqueros largos como único abrigo.

Mientras se acercaba, me fijé en cómo lo miraba Jane y mi mandíbula se cerró audiblemente. Sus pupilas lo repasaron de arriba abajo descaradamente y su labio se curvó hacia arriba con agrado evidente. No pude evitar que me chirriasen las muelas.

Enana descarada…

En cuanto Jacob se colocó a mi lado, agarré su mano y entrelacé nuestros dedos con fuerza, clavándole una mirada de advertencia a Jane, que me correspondió con la misma vista que me había dedicado al principio.

- Bueno, ¿qué es ese mensaje que me tienes que dar? – inquirió Jacob, impaciente.

Jane dejó mis pupilas para mirarle, eso sí, no sin antes volver a echarle un buen repaso de abajo a arriba.

¿Pero por qué no hacía más que mirarle de esa forma? No, no le miraba, se lo estaba comiendo directamente.

Ahora entendía por qué había insistido en hablar con él en su forma humana. Mi mano libre se cerró en un puño que hubiese sido más apretado si no hubiera sido por el dichoso guante. Como no dejase de mirarle así, le iba a sacar los ojos.

- Aro quiere saber si son verdad esos rumores que dicen que os vais a casar – dijo Jane al fin.

Nos miramos los unos a los otros, extrañados. ¿Aro la había enviado desde Volterra para preguntarle eso a Jacob?

- ¿Qué pasa? ¿Es que ahora esos vejestorios tienen paparazzis? – inquirió Jake en un tono ácido.

Para mi incrédulo asombro y el del resto de mi familia, incluido el mismo Jacob, ella empezó a reírle el chiste, aunque esa risita de estúpido colibrí duró poco.

- Solamente quiere daros la enhorabuena – declaró, y al pronunciar la palabra, osciló sus ojos hacia los míos para mirarme con rabia durante un instante.

Fue fugaz, pero me dio tiempo a corresponderle la mirada con otra de odio.

- Pues sí – intervine yo, observándola con orgullo -, vamos a casarnos.
- ¿Y cuándo será la… boda? – quiso saber, levantando la barbilla con prepotencia.
- Vosotros no estáis invitados, así que no os importa – respondió mi chico con insolencia.

La actitud de Jacob no pareció molestarle mucho a Jane, que no le quitaba ojo.

- ¿A qué vienen esas preguntas? – interrogó mamá.
- Aro me ha dado algo para vosotros – le anunció Jane a Jacob, ignorando el interrogante de mi madre.

Mi padre fue el primero en bajar el ceño con extrañeza, aunque los demás le seguimos después.

La vampiro se giró de nuevo y le hizo un gesto con la cabeza a Felix, que metió la mano dentro de su capa y le pasó algo pequeño. Ella se volvió hacia Jake y le extendió su mano, enseñándole una cajita recubierta de terciopelo azul oscuro que llevaba un ribeteo en dorado en la zona de la abertura.

Mi cuerpo se tensó al instante.

- Más te vale que no intentes nada – le advirtió mamá -. Él está bajo la protección de mi escudo y somos mayoría.

Emmett hizo chascar las falanges de sus dedos con una enorme sonrisa que pedía a gritos una pelea.

- Sólo le voy a dar esto – replicó Jane con otra sonrisa, aunque la suya arrogante.

Mi madre miró a mi padre y éste asintió con confianza.

- Está bien, acércate. Tú sola – matizó mamá.
- Dices que sois mayoría, ¿y no os fiáis de nosotros? – se burló Felix con otra sonrisa altiva.
- Si queréis, también podéis venir y probamos – propuso Emmett, sonriendo y estallando los dedos igual que antes.

La subordinada de los Vulturis levantó el brazo para calmar a sus dos acompañantes, que se quedaron con las ganas de pelear, como Em.

El cielo concedió una tregua y sus oscuras nubes dejaron de descargar la nieve sobre nosotros.

Los pasos de Jane apenas se sintieron, si no llega a ser por las huellas que quedaban marcadas en la nieve, juraría que había venido flotando. Llegó hasta nosotros y se quedó a solo un paso de Jake. Mis muelas volvieron a chirriar cuando lo observó más de cerca. Sí, iba a sacarle los ojos, ya me estaba empezando a cansar…

Su pequeña mano quedó tendida en el aire, boca arriba, con la cajita de terciopelo reposando en su palma. Jacob estiró su mano también, si bien no se movió del sitio, para seguir al amparo del escudo de mamá, y Emmett, Jasper, mi padre y yo misma nos agazapamos, por si acaso.

Jake cogió la caja y, cuando estaba retirando la mano, ella dobló los dedos para rozársela mientras sus pupilas se clavaban en él con un anhelo que no escapó a las mías. Mi chico apartó la mano súbitamente, casi como si le hubiese dado un calambre, pero a mí una espada de fuego rabioso me atravesó entera y salté como un resorte para ponerme delante de él. Mi labio se retiró hacia atrás, destapando mi dentadura, y mi garganta estalló en un rugido que me sorprendió hasta a mí, de lo extremadamente amenazador que sonó.

¿Qué había sido eso? ¿Acaso estaba intentando tontear con Jacob? ¡¿Cómo se atrevía?! ¡Y encima, delante de mis narices!

- ¡No vuelvas a tocarle! – le grité con furia mientras ya notaba cómo el calor hirviente recorría toda mi espalda.

Mi madre también mostró sus colmillos y emitió un gruñido nervioso y tenso por la situación.

Jacob me tomó de la mano y se puso a mi lado otra vez, sujetándomela con firmeza para retenerme junto a él y que no me lanzara hacia ella.

- Tranquila, preciosa – me susurró en el oído, y me dio un beso en la mejilla.

Notar su ardiente aliento hizo que me calmara un poco, aunque no le quité ojo a esa arpía. Mi cabeza estaba llena de insultos innombrables hacia ella que no se podían ni mencionar, aunque mi cerebro los gritaba con furia.

La boca de Jane se levantó para sonreírme con arrogancia y después sus pasos retrocedieron hacia su posición inicial de la misma forma con la que se había acercado.

- ¿Qué hay en esa caja? – exigió saber mi padre, pues ni la propia Jane debía de saberlo.
- Deben abrirla para averiguarlo – manifestó ella con su voz petulante.

Jacob alzó su mano suelta, que era donde tenía la cajita, y, sin soltar mi mano, se ayudó de la otra para levantar la tapa.

Dos anillos reposaban en la almohadilla blanca, en el interior de la caja. Eran dorados, uno de ellos no tenía adorno alguno, pero el otro tenía una fila de piedras incrustadas a lo largo de gran parte del arco superior.

- Oro y diamantes – nos aclaró Alice, que ya se había inclinado hacia delante para echarle el ojo.
- ¿Qué es esto? – preguntó Jake, un poco ofendido.

Mi progenitor alzó las cejas con incredulidad, adelantándose a lo que Jane iba a decir.

- Aro quiere haceros un regalo de boda, como disculpa por el malentendido de nuestro último encuentro – declaró Jane.
- ¿Un regalo de boda? – repitió Jake, frunciendo el ceño con extrañeza.
- No fue un malentendido – rebatió papá -. Secuestrasteis a nuestra hija.
- Entonces Aro no sabía que vuestra hija era otro metamorfo – excusó Jane -. Ni tampoco que él era el Gran Lobo.
- Claro, eso último cambia mucho las cosas para Aro. Y también para ti, ¿no es cierto, Jane? – siguió mi padre.
- No sé a qué te refieres – contestó ella, mirándole con dureza.
- Por supuesto que lo sabes – afirmó él con seguridad -. Aro iba a enviarle esto a Jacob por correo con un paquete certificado, pero tú lo convenciste para que te mandara a ti – reveló para los demás.

La ceja de Jane se alzó con chulería junto con la comisura de su labio, gesto que contestó a la afirmación de mi padre.

- Desde luego. Sólo quería asegurarme de que el paquete llegaba a su destino – declaró ella con altanería -. Aro me dijo que su contenido era de gran valor.

Eso no se lo creía ni ella. Solamente lo había dicho para que Felix y Demetri no descubrieran sus verdaderas intenciones.

Papá no dijo nada más, se limitó a mirarme con precaución, sin embargo, eso no hizo más que confirmar mis sospechas. A Jane le gustaba Jacob, por eso había venido ella a traernos esto. Mis muelas estaban apunto de romperse en mil pedazos, de lo que se apretaban las unas contra las otras, y mi cerebro chilló esos insultos con más fuerza.

- Bueno, a mí me da igual – intervino Jake, enfadado -. No pienso aceptar nada de ese viejo chiflado, así que ya le estás diciendo que se… guarde su regalo – suavizó, lanzándole la cajita de malos modos. Jane la atrapó sin problemas -. ¿Eso es todo?
- Oh, se me olvidaba que también traigo una carta para ti – fingió que recordaba.

Mi paciencia se estaba terminando…

Sacó un sobre de color hueso del interior de su túnica y se aproximó otra vez con esos pasos metódicos y prácticamente imperceptibles.

Mamá se puso tensa una vez más y mis colmillos se dejaron ver mientras le clavaba una mirada llena de peligro. Como se le ocurriese intentar algo más, le arrancaría la mano y la machacaría hasta reducirla a polvo.

Su mano se extendió, ofreciéndole el sobre a Jake, pero antes de que él levantara la suya para cogerla, me adelanté y atrapé la carta de un zarpazo.

Eso no le gustó a Jane, que entornó sus ojos para mirarme con odio, aunque mi labio se levantó con una malicia más que descarada.

- Ya puedes volver a tu puesto – espeté, observándola con provocación.

Su mentón se alzó con encopetamiento, el mío con advertencia, y se dio la vuelta para regresar junto a los otros dos guardias.

Rompí el sello rojo del sobre y lo abrí para sacar la pequeña hoja que albergaba en su interior, cuya textura era tan dura como la del envoltorio; el papel estaba doblado a la mitad.

Lo desdoblé y Jake se arrimó a mí para leer.

Mi estimado Jacob,

Espero aceptes este humilde regalo de boda como símbolo de mis más sinceras disculpas por el desafortunado malentendido de nuestro pasado encuentro. Me gustaría que utilizarais esos anillos para el día de vuestro enlace.

Me sentiría gratamente complacido si tú y tu futura esposa aceptarais mi invitación a mi morada en Volterra para que pudiera disculparme personalmente y pudiese obsequiaros con un regalo mejor. Deseo arreglar nuestras diferencias lo antes posible, pues me siento francamente avergonzado por ese malentendido. Por supuesto, todos los gastos y el alojamiento correrían de mi cuenta.

Espero que aceptes mi invitación y que podamos reunirnos pronto.

Un cordial saludo.
Aro.


Jacob y yo nos quedamos pasmados cuando terminamos de leer la carta. ¿Aro nos invitaba a ir a Volterra para pedirnos disculpas? No podía creerlo.

- ¿Qué mierda es esta? – masculló Jake, quitándome el papel para alzarlo con enfado -. ¿Es que se cree que comprándonos con unos anillos y escribiendo una estúpida carta para invitarnos a su agujero vamos a olvidar todo lo que pasó?
- Jacob – gruñó mi padre entre dientes, regañándole.
- Deberíais aceptar el regalo y las disculpas – respondió Jane, un tanto ofendida -. Aro no suele hacer este tipo de presentes, y mucho menos invitar a nadie a su morada. Debes tomártelo como un honor.
- ¿Un honor? – se rió con desdén y después se puso serio -. Puede metérselo todo por…
- Aceptarán el regalo y la carta – le cortó papá, cogiendo el papel antes de que a Jacob le diera tiempo a tirarlo al suelo, mientras lo mataba con la mirada -. Y lamentablemente, la invitación tendrá que esperar. Aro debe comprender que están bastante ocupados ahora mismo con la organización de la boda.

Jacob frunció tanto el ceño, que casi se le clavaba en los ojos, y también le dedicó una mirada inconformista a mi padre. Apreté su mano para que no abriera la boca, ya que si mi padre actuaba así, tenía que ser por alguna razón. Afortunadamente, mi chico me hizo caso y se tragó las palabras que tenía pensado soltar.

Mamá también miró a mi padre un poco extrañada, pero no dijo nada. Tenía confianza ciega en él.

- Me alegro de que haya alguien aquí con criterio – manifestó Jane, alzando la ceja con arrogancia. Tuve que volver a apretar la mano de Jake -. Ignoraré este pequeño rechazo inicial y le transmitiré a Aro tu mensaje.

Papá no dijo nada, solamente asintió.

La vampiro se acercó a nosotros de nuevo con paso firme y ligero y se detuvo frente a Jake. Esta vez fui incapaz de reprimir a mi garganta, que emitió un gruñido sordo y largo cuando ella se volvió a recrear en el cuerpo y en el rostro de mi novio sin cortarse un pelo. Los músculos de mis piernas se tensaron, preparados para saltar en cualquier momento si a esa golfa se le ocurría volver a rozarle. Mamá también gruñó levemente, aunque a ella el asunto le ofendía más por mí. Jane extendió su mano hacia él, con la cajita de terciopelo azul reposando en su palma. Jacob resopló con enfado y la cogió rápidamente de un solo y veloz movimiento.

- Aro se sentirá muy complacido al saber que habéis aceptado su regalo – afirmó Jane con un tono petulante. Entonces, clavó sus sucios ojos en los de Jacob y habló sólo para él -. Nos veremos en Volterra.
- Eso si mi marido y yo podemos ir – dije, matizando esas dos palabras con ganas.

Sus pupilas por fin se apartaron de él y se movieron hacia mí. Su boca se curvó con un desplante que no me gustó nada, como si no se creyese esos vocablos. Mi puño se cerró con fuerza.

Le volvió a comer con la mirada descaradamente como recuerdo de despedida y se dio la vuelta para regresar con sus compañeros, esta vez, a la velocidad de la luz. Felix y Demetri nos dedicaron una última sonrisa despectiva y se unieron a ella para marcharse a toda velocidad entre los árboles nevados del bosque.

Esperamos un tiempo prudencial, yo con mi cabeza echando humo debido al volcán que tenía dentro y que escupía toda clase de insultos inconfesables hacia esa enana arpía, algunos eran demasiado hoscos y vulgares como para reproducirlos, tanto, que mi padre cerró los ojos con disgusto.

- Ya se han alejado lo suficiente – nos comunicó éste.
- ¡¿Pero qué se propone esa… furcia?! – exploté, y me costó pronunciar ese vocablo que había cambiado a última hora.
- Ya te había echado el ojo la otra vez, pero ahora la tienes loca, ¿eh? – se mofó Emmett, dándole un codazo a Jake.
- No digas tonterías – respondió él con enfado.

Mi mandíbula se cerró audiblemente y papá le miró con ganas de matarle. Em carraspeó y se cruzó de brazos, disimulando que veía algo en las copas de los árboles.

- ¿Cómo que te echó el ojo la otra vez? – quise saber, indignadísima, celosísima, enfadadísima.
- ¿Serás bocazas? – le reprendió Jacob a mi tío, que siguió su disimulo.
- ¿Esa… golfa ya se fijó en ti cuando me tenían secuestrada?

No podía dejar de mirar a mi chico de arriba a abajo, aunque, claro, no me hacía falta eso para darme cuenta de lo tremendo que estaba, incluso para una mujer vampiro. Seguramente Jacob era algo muy diferente a lo que esa Jane estaba acostumbrada a ver, si es que había visto algo en su vida, y, encima, era el Gran Lobo. Ahora entendía esa frase que mi padre le había dicho antes a ella.

- No tiene importancia, ¿vale? – intentó calmarme Jake, acariciándome mi helada mejilla con esos dedos ardientes que me pusieron todo el vello de punta. Hasta ese momento, no me había dado cuenta del frío que hacía -. Sólo fue una mirada.

Una mirada ya era demasiado…

- Esa ramera es una descarada – espetó Rose con desagrado, sin controlar para nada sus formas. Todos nos volvimos hacia ella para mirarla, mi padre regañándola, aunque ella lo ignoró -. Sabe que Jacob se va a casar con Nessie, y aún así, no le importa. Si hubiera hecho eso con Em, yo me hubiese lanzado a su yugular – y sonrió con una sonrisa tan tétrica, que me dio hasta un poco de miedo.
- Así me gusta, vida mía – aprobó Emmett, dándole un beso que ella correspondió.
- Y yo tenía que haberlo hecho… - murmuré para mí, apretando los dientes con arrepentimiento.
- Bueno, lo de la Pitufina es una chorrada, aquí lo que importa es esta tontería de la carta y los anillos – opinó Jake -. Ahora tendrás que explicarme por qué diablos hemos aceptado su regalito – le echó en cara a papá con disgusto, pasándole la cajita y el papel de malos modos.
- En este momento no nos conviene quedar mal con Aro – contestó mi progenitor.
- A mí me importa una mierda quedar mal con esa momia chiflada – replicó Jacob, bajando las cejas con enfado.
- Pues no debería – refutó papá, también algo molesto -. Es mejor que Aro crea que no estamos contra él, eso siempre nos evitará posibles problemas. Además, está claro que aquí hay gato encerrado.
- ¿A qué te refieres?
- Está claro que él no quiere que vayas a Volterra solamente para pedirte disculpas. Aquí hay algo más. Aro nunca se tomaría tantas molestias sólo para eso. Jamás he oído que le haya enviado una carta a nadie, y mucho menos un regalo tan caro. Estoy seguro que el que seas el Gran Lobo ha influido bastante en su actuación.
- ¿Y qué tiene que ver eso? – inquirió Jacob con extrañeza.
- Ha visto tu enorme poder, y ya ha visto que no puede dominarte ni tenerte entre su guardia, ni a ti, ni a ninguno de tus lobos. Ahora mismo sólo tiene dos opciones: tenerte de enemigo o tenerte de aliado.
- Y eres un enemigo demasiado duro, incluso para él – siguió Emmett con una enorme sonrisa.
- Ya veo, si no puedes con tu enemigo, únete a él, ¿no? Pues si está esperando a que yo sea su aliado, va listo – se rió Jake -. Y desde luego tampoco pienso ir a su madriguera en Volterra.
- Claro que no, lo que dije de la boda era una excusa para quedar bien – aclaró mi padre -. Más adelante ya encontraremos otra.
- ¿Y cómo sabes que Aro quiere que Jake sea su aliado? – le pregunté a papá -. ¿Es que lo has visto en los recuerdos de esa… de Jane? – rectifiqué a tiempo.
- No, Aro no le ha revelado sus verdaderos motivos, seguramente para que yo no pudiera verlo – respondió -. Pero he visto otra cosa muy interesante – hizo una pausa en la que todos nos quedamos expectantes -. En todos los recuerdos de Jane en los que ella estaba con Aro, también aparecía Varick, y éste no se despegaba del líder de los Vulturis en ningún momento.
- ¿Varick? – interrogó mamá -. ¿Y para qué quiere Aro a Varick, si tú no estás allí?
- Para evitar que Alice pueda ver ni la más mínima de sus intenciones – intervino Jasper, sorprendido por su propia deducción.
- Exacto – confirmó mi padre.
- Claro, la barrera individual que crea Varick lo aísla de cualquier poder mental, incluido el mío – asintió Alice, llevándose la mano a la barbilla, pensativa -. Ya me extrañaba a mí que todavía no hubiera visto ni un ápice de sus decisiones.
- Eso nos complica las cosas – lamentó Jasper con desagrado -. Ahora no sabremos si va a actuar en el caso de los gigantes de Razvan, y si lo hace, tampoco sabremos cuándo ni cómo.
- De todas formas, eso es algo que a nosotros no nos incumbe, al fin y al cabo – manifestó Emmett -. Quiero decir, que Aro no parece interesado en llevarse mal con Jake y su manada, y todo lo que haga será en perjuicio de Razvan, si es que hace algo para pararle.
- Em tiene razón – coincidió papá -. El único que me preocupa en este caso es Ryam, ya que podría verse envuelto en todo este asunto.
- Nosotros nos encargaremos de eso – afirmó Jake, usando ese plural para hablar en nombre de la manada -. Helen mantiene el contacto con él, y seguro que podremos arreglárnoslas para saber dónde se encuentra en un momento dado. No me importa lo cabezota que se ponga, le protegeremos. Y si es cierto eso que decís, si Aro descubre que está con nosotros, no se atreverá a hacerle nada, ¿no es así?
- Eso espero – asintió mi progenitor -. En fin, como siempre, tendremos que esperar y estar atentos, por si acaso.

Todos asentimos y se hizo un silencio. Las nubes del cielo comenzaron a dejar caer unos copos de nuevo y una pequeña brisa serpenteó entre los troncos, clavándome su gélido frío en la cara como cuchillas. Me dio un respingo que no pasó desapercibido para Jacob.

- ¿Tienes frío? – me preguntó, abrazándome para darme calor.
- Un poco – reconocí.
- Será mejor que vayamos a casa. Carlisle y Esme están apunto de llegar con Louis y Monique – desveló Alice con una sonrisa satisfecha.
- Sí, vamos – aceptó mi madre.
- Eso, que Jake y yo dejamos la partida colgando y ya estaba apunto de ganarle – afirmó Em con otra sonrisa, empezando a caminar.
- Ja, de eso nada, chaval – rebatió mi novio, llevando sus pasos detrás de él, conmigo bajo su brazo, que se colocó sobre mis hombros para seguir dándome calor.

Los demás comenzaron a seguirnos.

Mientras los dos continuaban con su discusión de broma, algo en la conversación que habían iniciado mis padres llamó mi atención por un instante. Giré un poco el rostro y miré a mis espaldas de reojo.

- Renesmee y yo estábamos hablando de Renée, y temo que Jane haya podido escuchar algo – dijo mamá, mordiéndose el labio con preocupación.
- No he visto nada en su mente a ese respecto, así que no creo que lo haya oído – reveló mi padre, susurrándole con dulzura.

Mamá suspiró con tranquilidad y sonrió.

Mis labios también se curvaron hacia arriba, aunque por poco tiempo, porque la visión de esa enana arpía comiendo a mi novio con la mirada se instaló otra vez en mi cerebro.

Me volví al frente y observé a Jake.

- ¿Por qué no trajiste la camiseta? – le regañé un poco -. Así esa… Jane – corregí – no te hubiera visto tanto.
- Tu padre escuchó tu cocorota y la del trío mafioso y salimos corriendo de la casa – me explicó con su sonrisa torcida -. Tu familia ya me llevaba demasiada ventaja. Sólo me dio tiempo a atarme los vaqueros a mi preciosa cinta de compromiso.

Bueno, eso de preciosa… Todavía me daba un poco de vergüenza lo mal que me había quedado.

- La próxima vez le arrancaré los ojos – murmuré entre dientes, rodeando su cintura con mis brazos para arrimarle más a mí.

A Jake pareció hacerle gracia mi reacción y se rió con satisfacción. Acercó su rostro a mi cabeza y me dio un beso sobre el gorro.

No tardamos mucho más en divisar la casa. Todos apretamos el paso cuando la vimos, y en menos de un minuto ya estábamos subiendo los pocos peldaños que llevaban a la puerta principal.

Emmett la abrió y nos invitó a entrar, haciendo una reverencia con su enorme cuerpo. Obedecimos encantados y pasamos al interior, donde nos sentamos en el enorme sofá en forma de U para esperar la inminente llegada de Carlisle, Esme, Louis y Monique.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Mayo 12, 2011 10:06 pm

Encantadooor! Very Happy
stúpida Jane ¬¬
Sigue escribiendo :DDD lo haces muy bien! es como si yo stuviera tmb en la historia *.* eso es emocionante!
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Hoy a las 4:57 am

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2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18
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