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Mar Mayo 26, 2015 5:16 pm por JACOB&NESSIE

Nuestro autografo de Taylor Lautner

Fan del Mes
Nombre: Rocío Valverde Torres
Alias/Apodo: Rocio
Edad: 22 años
País: España-Madrid
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DESCRIPCION

Jacob Black Fan

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 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18

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AutorMensaje
Brenda
Nuev@


Mensajes : 27
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Localización : México, D.F

MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Jun 20, 2011 9:34 pm

haha pobre Jake! apuesto a qe no la vio venir XD
me gustó muchísimo este capi..! Muy intersanteeeee! Very Happy
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Cristina Almeida
Nuev@


Mensajes : 74
Fecha de inscripción : 08/03/2011
Edad : 34
Localización : En La Push, con mi lobo rojizo, el ser más maravilloso del universo!

MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Jun 20, 2011 9:37 pm

Me encantoooooooooooo, qué magnifico!!!! Sigue, sigue, sigue!!!! Me muero de la emocion en cada capi!!!! Qué imaginación, miles miles miles de aplausos, el mundo necesita conocerte, en serio... Todo es perfecto en la historia, para todo hay sentido, muy emocionante!!!!!!! alien alien
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Ingrid.Cardenash
Nuev@


Mensajes : 43
Fecha de inscripción : 09/06/2011
Edad : 24

MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Jun 20, 2011 9:55 pm

noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo jacobb mi amor entiendoo porque reaccionaste asiiii peroooooo como es que perdiste esa oportunida
que emocionnnnnnnnnnnnnn estoy que muerooo ya por ese nuevooo capiiiii sigue con otrooooo mmmmmmmmmmmmmmmm quieroo al menos un besoo jejejejje
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Marina26
Nuev@


Mensajes : 10
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Edad : 32
Localización : Barcelona

MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Jun 20, 2011 10:22 pm

oooooohhhhh, pensaba que hiba a pasar algo, que por fin se besarian!! después de un año, ahora a esperar al proximo, esta genial, me has dejado con ganas de saber que pasa, no se si voy a poder esperar!!! A ver si Jacob se entera de lo que esta pasando y de lo que ha pasado. Esta super interesante!!
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Jacob♥
Nuev@


Mensajes : 9
Fecha de inscripción : 04/05/2011
Edad : 22
Localización : Lima

MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Jun 21, 2011 5:46 am

HOLAAAA Very Happy
AWW, CADA VEZ MAS INTERESANTE Smile
AHORA QUE PASARA? D: MUERO POR EL SGT CAP Smile
SALUDOOOS
Laughing
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JACOB&NESSIE
Team Mariana


Mensajes : 414
Fecha de inscripción : 14/01/2011
Edad : 37
Localización : Asturias, España, en el bosque con Jake =)ººº

MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Jun 21, 2011 7:47 pm

¡HOLA, GUAPISIMAS! alien alien alien

MUCHAS GRACIAS ALI, BRENDA, CRISTINA, INGRID, MARINA Y JACOB♥!!!!!

Me haceis muy feliz con vuestros comentarios!!!!

Bueno, bueno, ¿que pasara? jaja. Lo que le pasa a Jake es que no recuerda cosas de cuando estaban juntos, como esa energia que siempre fluye a su alrededor cuando se van a besar o cuando hacen el amor Wink Es por eso que se asusto, el pobrecito XDD. Y no lo recuerda porque el segundo hechizo, ese que ha llenado su corazon de rencor, hace que él mismo bloquee esos recuerdos, no se si os habeis fijado Wink Nunca quiere recordar su vida con Nessie e inconscientemente él mismo bloquea esos recuerdos. Por eso, cuando comenzo a sentir esa energia, se dio cuenta de que era algo que le atraia hacia ella y se asusto. Recordemos que él todavia tiene ese rencor en el corazon Evil or Very Mad Ahora bien, ya veremos si poco a poco la cosa resulta... Twisted Evil

MUCHISIMAS GRACIAS POR SEGUIR AQUI, CHICAS, SOIS LAS MEJORES!!!!! Y MUCHISIMAS GRACIAS POR LAS COSAS TAN BONITAS QUE ME PONEIS, DE VERDAD, NO OS IMAGINAIS LO FELIZ QUE ME HACEIS =ºº)
Os dejo otro capi, espero que os guste Wink

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SÍ, DEFINITIVAMENTE
ME HABÍA VUELTO CHIFLADO, MAJARETA


Sí, vale, una vez más, no dormí casi nada.

Me pasé todo mi desvelo mirando cómo dormía ella, con ese careto de tonto, dejando que el gusano me comiese el tarro, y eso que intentaba luchar contra él con todas mis fuerzas. Idiota de mí. De nada me servía tanto esfuerzo, porque ya había conseguido comerse todas las zonas blandas de mis sesos, y ahora esa necesidad de estar junto a ella la sentía como nunca.

Ahora ya había recordado qué se sentía al cogerla de la mano, qué se sentía al tener su rostro a un palmo, notando el roce de su frente, de su cálido y dulce aliento…

¡Arg, mierda! Era un estúpido integral, sabía que iba a pasar esto, que era muy peligroso este viaje con ella, y sabía lo que iba a suceder una vez que se la dejara a Emmett en esa montaña, pero, ¡sí, maldición!, ahora la idea de que desapareciera de mi vida de nuevo no me gustaba ni un pelo, me desesperaba. Era un idiota, un auténtico idiota, un desgraciado, qué patético. Había pasado de no querer verla en la vida, a suplicarle a Dios que se quedase conmigo. Lo mío era demasiado, demasiado grave. ¿Pero qué podía hacer? Ese estúpido gusano ya había hecho que esos sentimientos quisieran aflorar de nuevo sin que yo pudiese hacer absolutamente nada. Y ahora la necesitaba aún más, la necesitaba conmigo, con todas mis fuerzas. Lo único que se me ocurría era que, si fuéramos amigos…

Ni hablar, no. Yo jamás me conformaría sólo con eso, siempre querría más de ella, era mi droga, si probaba una gota, ya no podría parar. ¿O sí? ¿O me conformaría sólo con eso? La amistad era mejor que no tener nada. Sin embargo, ¿cómo iba a soportar que estuviese con ese otro, con ese imbécil? ¿Me lo terminaría presentando? ¿Lo haría siendo él su novio o ya como su marido? ¿Podría soportarlo? Porque la palabra novio relacionada con otro hombre ya me hacía rechinar los dientes y hacía que la llama encendiese mi columna vertebral. Maldita sea, claro que no podría soportarlo, terminaría tarado en algún psiquiátrico, o me lanzaría a todas esas sanguijuelas nómadas que venían por la tribu, para que me despedazasen de una vez por todas. Pero pensar en vivir sin ella… Bueno, tal vez una amistad más a distancia o algo... Dios, mi desesperación ya empezaba a ser ridícula.

Al menos, sí tenía clara una cosa. Yo siempre la protegería con mi vida, siempre. Me enfrentaría con el mismísimo Satanás por ella, iría a buscarla al infierno, si hiciera falta. Me importaba una mierda ese cretino con el que estuviese, porque yo siempre iría volando allí donde se encontrase ella para protegerla. Y no era sólo por esta pulsión de imprimado, no, era porque seguía…

Dejé el pensamiento colgando, era mejor así.

Me pregunté qué clase de tipejo era ese con el que estaba. ¿Es que ese idiota no era capaz de protegerla? Estaba visto que no. Esto también lo dejé colgando, para no alimentar más a mis crecientes celos.

También tuve tiempo de preguntarme de nuevo por qué seguía llevando mi pulsera de compromiso. ¿Por qué no se la había quitado? No lo entendía, mi embarullada cabeza no pudo dejar de pensar en esto.

¿Y qué sería esa telaraña que la envolvía? No dejé de darle vueltas a ese asunto tampoco. No me explicaba qué era ni cómo narices habían hecho para ponerle algo así, pero llegué a la conclusión de que tenía que ser fruto de algún tipo de don extraño de una de esas sanguijuelas que la perseguían. Bueno, si había chupasangres que conseguían manejar los elementos de la tierra, supuse que no era tan raro que otros consiguieran crear ese tipo de redes que oprimieran a su contrario, redes que impedían que su rival pudiese hablar para no desvelar nada sobre ellos. Y era un don muy poderoso, al parecer, ya que mi poder espiritual no había sido capaz de deshacerse de esa telaraña. En fin, ya sabía que no era invencible, pero eso me chocó bastante, la verdad. Me pregunté qué era eso tan importante que esos vampiros que la perseguían no querían que nadie supiese. ¿Y qué tendría que ver ella con ellos? ¿En qué lío se habría metido para toparse con esos chupasangres? Una vez más, preferí dejarlo en el aire, ya era acercarse demasiado a ella, a su vida, y eso era muy peligroso para mí, demasiado.

Creo que apenas dormí dos miserables horas y cuando me desperté, el sol me daba en toda la cara, cegándome. Mi cuerpo estaba retorcido en esa pequeña butaca en la que cabía de milagro y el pescuezo me dolía que no veas. Me erguí y llevé la mano a la nuca para mitigar un poco el dolor.

El sol se escondió sobre alguna nube y, entonces, mis ojos pudieron abrirse del todo. Me llevé un pequeño sobresalto cuando se toparon con ella. Estaba despierta, ya levantada, y se encontraba sentada en la cama, frente a mí, observándome. Todavía llevaba esa indumentaria tan sexy que se había puesto a modo de pijama.

Uf, sí, estaba tremenda…

- Buenos días – me saludó con una de esas preciosas sonrisas.

Sí, podría volver a acostumbrarme a esto.

- Buenos… buenos días – murmuré, aún sin creerme que la tuviera justo delante de mis napias.
- ¿Te duele el cuello?
- Bah, un poco, pero no es nada – contesté, retirando la mano de mi nuca.
- Te daré un masaje, ya verás cómo te alivia – se ofreció, levantándose -. Quítate la camiseta.
- ¿Qué? Ah, no… no hace falta.
- Venga, no seas tonto – insistió, llevando sus manos hacia mi camiseta para alzarla.
- No te preocupes, estoy bien – aseguré, forcejeando con ella.
- No me mientas – siguió, intentando esquivar mis manos para volver a coger la prenda por abajo -. Por culpa de dejarme la cama, has dormido en muy mala postura. Deja que por lo menos te lo recompense, ¿vale?

Sus piernas se entremezclaron con las mías, de modo que mi pantorrilla se rozó sin querer con el interior de su muslo.

- Va-vale – tartamudeé, nervioso, poniéndome en pie como un muelle saltarín.

Lo hice con tanta precipitación, que casi me caigo hacia atrás. ¿Sería idiota?

Me quité la camiseta y la tiré en la butaca.

- Eso… eso está mejor – asintió con timidez, aunque echándole un buen vistazo a mi torso -. Esto… túmbate en la cama, voy a por un poco de crema – declaró, empezando a andar hacia el aseo a la vez que metía su preciosa melena detrás de las orejas.
- ¿Crema? ¿Para qué? – inquirí, extrañado.

Se detuvo y se giró para mirarme.

- Para que mis manos se deslicen mejor por tu espalda, claro, ¿para qué va a ser? – soltó tan contenta.

¡Uf, uf!

Y volvió a iniciar su corta marcha hacia el baño.

¿Y ahora qué hacía? Esto… yo no… ¿Qué? ¿Cómo?

Salió con un bote de crema y se quedó mirando cómo yo seguía moviéndome con nerviosismo.

- ¿Qué haces ahí todavía? Venga, túmbate – me mandó, empujándome hacia la cama.

Me caí, hincando una rodilla en el colchón, y ella volvió a impelerme hasta que quedé tumbado boca abajo, con el careto hundido en la almohada. Antes de que me diese tiempo a reaccionar, se sentó en la parte alta de mi trasero.

Genial. Notar el suyo, que era tan terso, ya me ponía malo. Y encima, llevaba esos shorts tan cortos… Mi corazón se aceleró como un idiota y mi estómago se llenó de esas chispas que no paraban de hacerme cosquillas.

- Bueno, ahora relájate – sugirió.

Eso era fácil de decir, pero sentirme entre sus piernas, aunque fuera del revés, me producía de todo menos relajación, vamos.

- No creo que esto sea buena idea… - declaré, sacando las napias de la almohada, que, por cierto, estaba impregnada de su maravilloso efluvio, y girándome un poco para levantarme.
- Calla y túmbate – me empujó la cabeza y me obligó a apoyar la frente sobre mis brazos doblados.

Mierda, mierda…

Me dio un pequeño escalofrío cuando noté la fría crema en mi espalda, pero ese sentimiento enseguida se transformó en estremecimiento en cuanto ella comenzó a deslizar sus cálidas y suaves manos por mi piel.

¿Por qué me estaba dejando hacer esto? Era un idiota, estaba tarado.

Empezó por el centro, esparciendo bien la crema, subió hasta mis hombros y luego descendió para llevarla a mi espalda baja. El cosquilleo de mi estómago ya era muy intenso, pero después sus palmas se deslizaron con delicadeza desde ahí, ascendiendo por mi estremecida piel con ahínco, despacio, y el cosquilleo pasó a ser alocado.

Recorrió toda mi espalda con sus sedosas manos, masajeando cada uno de los músculos y vértebras, y las llevó hasta mis cervicales, dándoles un masaje fuerte pero delicado a la vez, no podía describirlo.

Sentí cómo su melena caía sobre mi piel, se había inclinado hacia mí. Siguió deslizando sus manos con calma, hacia arriba, hasta que pasó esos dedos por mis hombros. Su cuerpo también se mecía suavemente sobre el mío, acompasando sus lentos masajes, podía notar el continuo roce de sus muslos en mi cintura.

Dios, no jadeaba de milagro, no sé cómo pude controlarme, porque todas esas caricias, todos esos movimientos, me estaban poniendo como una moto.

Fue irremediable, y, demonios, soy un hombre; mi mente comenzó a llenarse de imágenes y escenas junto a ella, inconfesables, demasiado tórridas. Algunas eran recuerdos…

No, no, Jake, para, me dije.

Estrujé los párpados con fuerza y me puse a pensar en las bobadas más absurdas que se me ocurrieron, como en contar números y cosas por el estilo.

No servía de nada, mierda.

- ¿Te sientes mejor? – susurró de pronto, con una voz muy dulce.

Tuve que obligarme a salir de mi trance antisexual.

- Sí, sí, ya… ya estoy mucho mejor, gracias – murmuré, incorporándome un poco para que parase.

Así lo hizo, y se bajó de mi espalda baja, poniéndose en pie, en el suelo. Yo aproveché para sentarme en el borde de la cama.

- Bueno, entonces voy a ducharme, ¿vale? – anunció, sonriéndome.
- Ah, sí, claro.

Se acercó a su mochila y sacó algo que llamó mi atención. Era esa caja metálica, aquella que había visto sobre mi cama ayer. La abrazó con fuerza y se la llevó al baño.

Al principio me pareció raro, pero luego supuse que llevaría algún producto femenino, así que no le di más importancia.

Mientras ella estaba en la ducha, aproveché para transformarme, quería comunicarme con la manada, a ver por dónde iban. Monté algo de follón con la mesita y la butaca, ya que mi cuerpo lobuno era un poco grande para esa habitación tan pequeña y no había calculado bien, pero hice algo de espacio y cupe perfectamente.

En cuanto me transformé, mi cabeza se llenó de los diferentes pensamientos de mis hermanos de manada.

Quil, soy Jake. ¿Cómo vais?, quise saber.

Ah, hola, Jake, ¿cómo te va?, me preguntó él.

¿Que cómo me iba? ¿Es que era tonto o qué?

Bien, ¿cómo vais?, repetí.

Estamos de camino, ahora mismo estamos pasando por el Parque Nacional de Olympic.

¿Todavía vais por ahí?, resoplé.

Vamos lo más deprisa que podemos, se defendió él.

Genial. Esto tiraba al traste todos mis planes, porque ahora iba a tener que seguir en solitario con ella.

Pues yo contaba con que nos encontraríamos primero y que vendríais con nosotros en coche, confesé de mal humor. Mierda, no podemos esperar por vosotros, me di cuenta, resoplando.

¿Y qué hacemos?, preguntó.

No me gustaba la idea, pero no veía otra solución.

Dirigiros hacia el norte para entrar en Canadá, le dije, siguiendo con mi disgusto. Por aquí por el este no hay ni un miserable árbol para ocultarse, nosotros vamos en coche por eso. Una vez que paséis la frontera, dirigiros hacia el este, nos encontraremos en Roosville.

¿Dónde queda eso?

Hacia el este, justo en la línea fronteriza con Canadá, le aclaré.

Por ahí hay muchas montañas, tío, se quejó.

No haber tardado tanto en salir hacia aquí.

Vale, está bien. Nos veremos en Roosville.

Suspiré.

¿Cuántos sois?, inquirí.

Ocho. ¿Te digo los nombres?

No, deja, no tengo toda la mañana.

Ja, ja, articuló él con ironía.

Solté una risilla sorda.

Hey, Jake, ¿te has reído?, notó Embry, sorprendido.

Si hasta ha hecho una broma, rió Shubael.

Vaya, hoy pareces muy contento, insinuó Collin.

¡Es genial!, exclamó Matthew con entusiasmo.

Pude ver cómo todos los que corrían hacia aquí aullaban durante su carrera.

¿Qué ha pasado para que estés así?, preguntó Quil, contento.

Idiotas, no ha pasado nada, bufé.

Pero las imágenes del día anterior, de ese abrazo por la noche, del masaje de esta mañana, vinieron inevitablemente a mi estúpida memoria.

Guau, menudo masaje…, rió Isaac con picardía.

Esta vez sus gargantas no fueron las únicas que volvieron a aullar al viento, los que se habían quedado en La Push se unieron a ese coro de idiotas.

Sólo ha sido un masaje, les maticé.

Sí, ya, claro, dudó Embry entre risitas.

Bueno, ya vale, les regañé, aunque de nada sirvió. Suspiré una vez más. ¿Y por la tribu, cómo ha quedado la cosa?, quise saber.

Leah y yo nos hemos quedado por aquí para coordinar un poco todo esto, me reveló Sam.

Vale. En fin, Quil, supongo que no hace falta que diga que tú estás al mando de vuestro grupo, ¿no?

Tomo nota, aceptó mientras corría.

¿Y los Cullen? ¿Sabéis dónde están?

Se hizo un momento de silencio en el que vi cómo se miraban los unos a los otros a la vez que sus pensamientos se convertían en un revoltijo de posibles excusas.
¿Me tomaban por tonto o qué? Sabía de sobra que algo estaban ocultando…

Pues…, empezó Shubael, se han ido.

¿Se han ido? ¿A dónde?, seguí yo para ver a que sitio me llevaban sus farsas.

No nos lo han dicho, saltó el listo de Collin.

Sí, eso, continuó Embry, se marcharon sin decirnos nada. Simplemente se fueron.

Eso no se lo tragaban ni ellos. Sin embargo, ya no pude indagar más. Escuché cómo el grifo de la ducha se cerraba.

En fin, os habéis librado por esta vez, pero ya hablaremos, ahora os tengo que dejar. Ya me iré conectando con vosotros cuando pueda.

De acuerdo, asintió Quil, visiblemente aliviado. Ya nos vemos.

Eso espero, mascullé.

Y adopté mi forma humana. Me puse los pantalones negros y cogí la camiseta.

Iba a sentarme en la butaca para encender la televisión, cuando ella salió del cuarto de baño ataviada solamente con una pequeña toalla que se ceñía a su cuerpazo mojado con ansia. Su muñeca seguía llevando mi pulsera de compromiso y su mano volvía a sostener esa caja metálica, la cual estrujaba contra su cintura. Su pelo chorreaba en forma de gotas que se deslizaban por su hermoso rostro, por sus hombros y por ese escote que la propia toalla creaba al envolver sus impresionantes pechos. Sus muslos prácticamente quedaban al descubierto totalmente, así que me obligué a no imaginarme cómo sería por detrás…

La camiseta se me cayó al suelo y noté cómo mi cara reflejaba ese estado de shock y de embobamiento sin que pudiera hacer nada por evitarlo, mientras mi sangre era bombeada a toda mecha y mi estómago sufría otra embestida de chispas.

- Sólo había una toalla grande, así que la dejé para ti – me explicó al verme el careto, bajando un poco el bajo de la suya por detrás para taparse.

Madre mía. Lo mejor iba a ser que me diese una ducha fría o algo.

- Ah… gra-gracias – asentí, llevando la mano a la cabeza para rascarme con nerviosismo -. Voy… voy a ducharme, entonces.

Comencé a caminar hacia el baño, pero el idiota de mí no pudo evitar girarse un poco para volver a mirarla. Los ojos casi se me caen de las cuencas cuando la vi inclinándose un poco sobre su mochila para dejar la caja y coger su ropa, dándome la espalda. La toalla se subió un poco más y…

¡UF! Ahora sí que necesitaba una ducha fría, con urgencia.

Cerré la puerta del baño, me desnudé con precipitación y me metí en la ducha corriendo, abriendo el grifo del agua fría casi a tope para que ésta saliera con fuerza.
El líquido comenzó a chorrearme por la cabeza con intensidad y me cambié de posición, de modo que ahora lo hiciera por la nuca y la espalda.

Lo sabía, lo sabía, no tenía que haber dormido con ella en esta habitación, no tenía que haber venido…

Pero ella podía haberse cortado un poco, ¿no? En fin, no sé, digo yo. Porque, bueno, es decir, este no era el comportamiento normal de alguien que se va a casar… con otro. Rechiné los dientes por un momento, aunque luego más pensamientos invadieron mi atolondrada cabeza.

No entendía nada. ¿Qué es lo que pretendía? ¿A qué estaba jugando? ¿Primero ese masaje y ahora esto? Porque parecía que estuviese insinuándose todo el tiempo… ¿Era eso? No, qué va, ¿cómo iba a insinuarse? Sin embargo, algo me decía… A ver, vale, no quería ver cosas donde no las había, pero volví a recordar su invitación a que durmiese con ella en la cama, ese improvisado pijama tan sexy, el masaje de antes, la minitoalla… Bueno, qué demonios, sí, se estaba insinuando, vamos, era evidente, no era tonto, y tampoco estaba ciego.

Pero, ¿por qué? ¿Acaso…? ¿Acaso ella seguía…? No, no podía ser, eso era imposible. ¿O es que ese cretino tampoco servía para satisfacerla? ¿Es que ella quería que yo…? No, ella no era de esas, aunque a mí me hubiese dejado por ese idiota, estaba seguro de que no había habido nada entre ellos antes de dejarme. No sé por qué siempre había creído esto, tal vez me agarraba a un miserable clavo ardiendo. Bueno, vale, y tenía que reconocer que el estúpido de mí también seguía creyendo que ella todavía no se había entregado a ese cretino debilucho. Me importaban una mierda esas píldoras, seguro que las tomaba por otra cosa. Bueno, ella había corrido detrás de mí cuando las había visto, ¿no? Y yo era muy impulsivo, eso desde luego. Sí, ella sólo se entregaría a mí, estaba completamente seguro, algo dentro de mí me lo decía, lo sentía. Por eso ahora ella quería… Dios, me estaba volviendo loco. ¿Cómo iba ella a…? Si se iba a casar con otro…

Rechiné los dientes, otra vez por mis celos, y me eché champú en el pelo. Me froté bien la cabeza, como si así borrase esas estúpidas y alocadas ideas que habían brotado de mi cerebro.

Cuando terminé de ducharme, abrí la cortina y cogí la toalla. Efectivamente, era grande, la única grande. Suspiré, sintiéndome un tonto por mi alto grado de estupidez, me la enrosqué a la cintura y salí del baño para coger la camiseta que se me había caído al suelo.

Ahora era ella la que estaba sentada en la butaca, ya vestida con esos ajustados vaqueros y una camisa de cuadros ceñida, mirando el interior de la caja metálica. Estaba absorta, y cuando se percató de mi presencia, se asustó y cerró la misma con un golpe rápido y seco, aunque parecía especialmente contenta.

- Ah, ya… ya has terminado – afirmó con las mejillas algo ruborizadas al verme.

Sus pupilas bajaron y subieron para repasarme bien, vamos, que prácticamente me comió con la mirada. Vale, ¿esto también eran imaginaciones mías? No lo creía…

Esto no podía dejarlo así, tenía que comprobar una cosa.

- Vengo a por la camiseta – le dije. Miré al suelo, pero ya no estaba allí -. ¿Dónde está?
- Ah, te la guardé en la mochila, pero, espera, te he traído más ropa – y se levantó para dirigirse a la bolsa, llevando la caja metálica.

¿Me había traído más ropa?

Se acercó a la mochila, posó la caja en la mesa de al lado y se puso a rebuscar en su interior.

Esta era la mía.

Me aproximé a ella como si tal cosa y me arrimé por detrás justo cuando se alzaba con las prendas. Su respiración se puso algo nerviosa.

- ¿Esto también lo has comprado para mí? – le pregunté, llevando mi rostro hacia delante para susurrarle en el oído.

Noté cómo se estremecía con mi susurro, incluso cómo su corazón se aceleraba.

- Sí – murmuró, y su rostro se giró hacia el mío, quedando a un palmo.

Sí, se sentía atraída por mí, muy atraída. Bueno, sí, ya sé, yo llevaba casi un año a dos velas, pero esto no dejaba lugar a dudas, esta enorme tensión sexual se olía en el ambiente.

Mi corazón también se puso a dar tumbos y mi estómago chisporroteaba por todas partes. Me estaba acercando demasiado a la peligrosa línea divisoria que no debía cruzar, pero no pude evitarlo.

Alcé la mano y, con dedos trémulos, le retiré el pelo de la cara para metérselo detrás de la oreja. Sus ojos se cerraron y su boca dejó escapar un suspiro largo durante la suave caricia; cuando terminé, los abrió para mirarme. Era tan hermosa. Mis pupilas se empeñaron en enganchar bien a las suyas, no podía dejar de observarlas. Entonces, empecé a sentir ese algo que fluía a nuestro alrededor, todavía no conseguía recordar de qué se trataba, pero era muy intenso. Ella era más que suficiente, sin embargo, eso me embaucaba aún más, y terminé dejándome llevar sin remedio. La ropa se le cayó de las manos cuando comencé a acercar mi rostro al suyo, y la respiración de ambos se agitó, algo ansiosa.

Unos estridentes golpes en la puerta hicieron que mi nube se disipase de repente, pegase un bote, del susto, y me separase de ella ipso facto, comenzando a caminar nerviosamente, sin saber qué hacer.

¿Qué… qué había estado a punto de hacer? ¿Es que… es que era tonto o qué? Sí, definitivamente me había vuelto chiflado, majareta.

- Tienen que dejar la habitación – nos avisó la grave voz de un hombre desde fuera.

Qué agradable…

Y qué oportuno…, pensó mi subconsciente.

¡No, no! ¡Maldita sea! ¡Era un estúpido!

- ¡Ya lo sabíamos! – gritó ella, enfadada, frunciendo su adorable ceño. Vaya, parecía realmente cabreada -. Esto me pasa por pagar la habitación el día antes… - murmuró, enfurruñada, cogiendo mi ropa de nuevo.
- Voy… voy a vestirme al baño – declaré, y le señalé las prendas con el dedo.
- Ah, sí, toma – sonrió, pasándome esos pantalones vaqueros cortos y la camiseta verde.
- Gracias.

Lo cogí todo y me metí en el baño para vestirme.



En Leavenworth no había mucho para escoger, así que tuvimos que conformarnos con alquilarle una Ranger del 77 a un hombre que era tan viejo como el aspecto de la furgoneta. No me fiaba, así que le hice varios ajustes a ese trasto, cosa que sirvió para que el viejo nos rebajara el precio, eso sí, no fuimos capaces de convencerle para que nos dejase sacarla de la frontera. Pero no teníamos opción, no había ningún sitio en este maldito pueblo que alquilase vehículos, así que aceptamos. Él mismo quedó en recoger el vehículo al día siguiente, así que nos despreocupamos de este tema.

Desayunamos rápidamente en la hamburguesería y partimos.

Decidimos turnarnos en la conducción, para que yo pudiese dormir algo, ya que esta noche íbamos a tener que dormir a la intemperie y tenía que estar despejado durante la noche para vigilar.

Ese trasto sólo disponía de una anticuada radio que cogía las emisoras que le daba la gana, pero ella se las arregló para pillar una de música, que nos acompañó en todo el trayecto.

Durante horas y horas el paisaje fue árido y completamente llano, tan sólo se presentaban algunos árboles dispersos de vez en cuando y apenas se veía alguna montaña baja, hasta que empezamos a dirigirnos a Newport, entonces el paisaje cambió; los árboles comenzaron a bordear la carretera y las montañas fueron cobrando más protagonismo.

Hicimos un descanso en ese pueblo para estirar las piernas, repostar y comer algo, y volvimos a esa furgoneta granate para seguir nuestro viaje.

Por supuesto, tantas horas en la carretera dan para pensar mucho, y no pude evitar que mi tarro le diese vueltas a todas las cosas que habían pasado desde que ella se plantó en La Push, en lo que había pasado en esa habitación, o había estado a punto de pasar, vamos. Era todo tan… no sabía cómo definirlo. No debería romperme más la cabeza, pero ahora que sabía que ella al menos se sentía atraída por mí las cosas empezaban a adquirir un matiz algo diferente. Y, mierda, ya no podía pararlo. Maldito gusano…

Después de diez horas de trayecto, por fin llegamos a la frontera, donde teníamos que seguir a pie. Aparqué en el arcén de la carretera y nos bajamos de esa tartana, dejándole a su dueño las llaves colgadas en el eje de las ruedas delanteras, como habíamos acordado.

- Ven, voy a cambiar de fase detrás de aquellos árboles – le indiqué, cogiéndole de la mano para que me acompañase.

Genial. ¿Qué estaba haciendo? Ella la aferró con fuerza y mi mano apretó la suya inconscientemente, ya no fui capaz de soltarla.

Me dirigí como un atontado a esos abetos y, ahí sí, no me quedó más remedio que dejar escapar su mano, ya que tenía que ocultarme.

Me desnudé lo más deprisa que pude detrás de ese tronco y me transformé, saliendo junto a ella para tenerla a la vista.

Quil, ya estamos en la frontera, en Roosville, ¿dónde estáis vosotros?

Ay, hola Jake, verás… Todavía nos queda un buen cacho, tío, no vamos a llegar hoy, me anunció.

¡¿Qué?!

Lo siento, vamos lo más rápido que podemos, de veras, pero correr por las laderas de las montañas no es nada fácil, ¿sabes?

Suspiré, aunque, bueno, no sé por qué ya me lo esperaba. Era evidentísimo que querían dejarme a solas con ella. Idiotas…

En fin, está bien, acepté, aunque a regañadientes. Nosotros seguiremos a cuatro patas, por aquí ya hay árboles de sobra. Avisadme cuando lleguéis a Roosville, ¿vale? Ya os diré por dónde andamos.

Mensaje recibido.

Bueno, tíos, os dejo, les comuniqué. Estaremos en contacto.

Cuenta con ello.

Y me desconecté.

Volví a mi forma humana y me agaché para atar la ropa a mi cinta de cuero. Entonces, después de enganchar las prendas, me quedé observándola.

Al igual que ella, yo también seguía llevando esa cinta de compromiso. Tenía que haberme deshecho de ella, sin embargo, ahí seguía, rodeando mi tobillo, porque para mí era imposible quitármela, era demasiado importante para mí, y lo sería para siempre. ¿Y ella? ¿También sería porque…?

- ¿Te queda mucho? – preguntó tras el árbol, sacándome de mis pensamientos.
- ¿Eh? Ah, no, no – respondí, alzándome -. Seguiremos en mi forma lobuna, ¿vale? – le anuncié -. Voy a transformarme otra vez.
- Vale.

Adopté mi forma de lobo y saqué la cabeza para avisarla. Ella se metió entre los árboles para llegar a mí, que ya la esperaba tirado en el suelo. Echó el pie hacia atrás para coger impulso y, de un salto grácil y alto, se subió a mi lomo, con esa mochila a la espalda. Me puse en pie y, cuando me aseguré de que se aferraba bien a mi pelaje, inicié la carrera, atravesando la frontera.


Última edición por JACOB&NESSIE el Mar Sep 27, 2011 1:24 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Jun 21, 2011 8:48 pm

no me lo puedoooo creer como es que los van a interrumpir.........
quieroooo llorar no puede ser ajajajajaj que emocion leer este librooooo es genialllll que encanta mejor dichooooooo muchisismas gracias por escribir asiii de bonitoooo y de emocionante jajajajajaja me pones los pelos de punta................
esperooo prontooo el nuevoo capiiii
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delzodriak
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Jun 21, 2011 9:00 pm

como interrumpen estos momentos he.......
Twisted Evil Twisted Evil Twisted Evil
esta genial el libro cada vez me vuelvo mas adicta a esperar las actualizaciones muchos animos y energia positiva para que lo continues constantemente besos
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Jun 21, 2011 10:07 pm

noooooooooooooo, te juro que llore, de tristeza y de desesperación porque terminó así!!!
no lo puedo creer!!!!
me encantaaa y espero que subas pronto, o ya sabes, todas morimos ajaaja
beso, que estes bien Smile
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Jun 22, 2011 2:06 am

Oh, por dios! O: haha demasiado cerca! hahaha vaya, los pensamientos de Jake son muy intensos! Ya me imagino los de Nessie, al verlo tan sexy en toalla! XD
Gracias por subir otro capi! esto es genial, de verdad! Very Happy
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Jun 22, 2011 8:17 am

HOLAAAAAA:
Niña te adoro!!no me das tiempo a comentarte los cap que ya subes otro!ME ENCANTA!OJALA YO PUDIERA SER TAN CONSTANTE COMO VOS A LA HORA DE ESCRIBIR, ULTIMAMENTE ESOY BASTANTE VAGA
Suspect
NOOOOOOOOOOOOOOO!COMO LOS VAN A INTERRUMPIR NO ES JUSTO!
Evil or Very Mad
ME ENCANTO!!!!!!! Very Happy
YO TMB QUIERO DARLE MASAJES A JAKE!!!!! tongue
ME ENCANTO!!!! cheers
ESPERO CON ANSIAS EL PRÓXIMO CAP! Smile
BESOS Y CUÍDATE!
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Jun 22, 2011 3:55 pm

Me quieres matar, Tamara!!!!! Maldita sea ese hombre!!!! Me lo imagino los pensamientos de Nessie al ver a Jake solamente en toalla y al darle masajes, seguro que si fuera yo, ni hablar! Estupendo capi, me muero de la ansiedad para el seguinte, a ver cómo pasara las cosas ahora, los chicos de la manada son los mejores!!!! Y Jake sigue menos enfadadito, me muero de la emoción.... Quiero desde luego besos y todo eso, ya sabes! Besos, preciosa, saludos!!!! I love you I love you
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JACOB&NESSIE
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Jun 22, 2011 8:10 pm

¡¡¡¡¡HOLA, GUAPISIMAS!!!!!

MUCHISIMAS GRACIAS, Ingrid, delzodriak, Ali, Brenda, Day Black y Cristina!!!!

Como esta la cosa, ¿eh? jaja Twisted Evil Siento que ese hombre interrumpiera, pero tenia que hacerlo mas interesante, ¿no? jajaja Bueno, como veis, Jake poco a poco ya va abriendo su corazoncito =) , el corazon ya esta mas clarito Wink y ellos siguen su viaje!!!! La manada, jaja, que pillos Twisted Evil Hacen todo lo posible para que esten a solas... Twisted Evil En fin, ya veremos que pasa Wink

Aqui os dejo otro capi, no os quejeis, ¿eh? jaja
Besitos y MUCHAS GRACIAS POR VUESTROS ANIMOS!!!!

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¿POR QUÉ DEMONIOS TODO EL MUNDO ME GUARDA SECRETITOS Y ME OCULTA LAS COSAS?
NO LO ENTIENDO


Los árboles pasaban a toda velocidad mientras los esquivaba, ya habíamos avanzado mucho, pero la noche empezó a cernirse sobre nosotros. Llevábamos muchas horas de viaje, primero en esa tartana de furgoneta y ahora a cuatro patas, era hora de parar para cenar algo y que ella durmiese.

El frío ya comenzaba a ser cada vez más evidente, y eso que estábamos a mediados de junio. Aquí parecía que el tiempo se hubiese detenido en alguna fase del invierno-primavera, porque las montañas estaban completamente nevadas, aunque también influía esa ola de frío polar por la que estaba atravesando el suroeste de Canadá. Ella se había echado sobre mí para paliar esas bajas temperaturas, ya que solamente llevaba esa camisa de cuadros, menos mal que de manga larga.

Busqué un sitio que estuviera recogido y que fuera acogedor a la vez, bajando la intensidad de mi carrera para observar mejor los alrededores. No tardé mucho en encontrar uno, me dirigí hacia allí, olisqueando la zona para cerciorarme de que no había chupasangres a la vista, y me detuve.

Me eché en el terreno y ella se bajó de mi lomo. Mientras se quitaba la mochila, yo me levanté y me fui a cambiar de fase detrás de un enorme abeto. Me puse la camiseta verde, los pantalones vaqueros cortos y las deportivas negras.

- Tendremos que ir a cazar algo – dije, saliendo de mi escondite.

Ya se había puesto un plumas de color blanco, que tenía una capucha ribeteada con pelo falso marrón, y se encontraba agachada frente a la mochila.

- No hace falta, traigo comida – y sacó una lata bastante grande, alzándola para que la viese.
- ¿También traes comida enlatada? – pregunté, perplejo.

Ahora entendía que pesase tanto esa dichosa bolsa.

- Sí – asintió, sacando más latas.
- ¿Y por qué no lo dijiste antes? – refunfuñé -. No hubiéramos parado en esa hamburguesería.

Y tampoco hubiéramos dormido en esa habitación…, lo cual ya no sabía si hubiera sido mejor o peor, la verdad.

- Me apetecía comerme una hamburguesa, después de olerlas… - alegó, mordiéndose el labio con esa carita tan adorable -. Además, he traído lo justo, tenía que reservarlas para aquí.

En fin, viéndolo así, era lógico.

- Bueno, vale – suspiré -. Tenemos que hacer una hoguera, la noche va a ser bastante fría, puede que incluso nieve un poco – declaré, mirando al cielo encapotado -. No me voy a alejar, pero prefiero que vengas conmigo. Camina a mi lado y no te separes de mí.
- Sí – obedeció.

Se levantó, cogiendo esa caja metálica, se acercó a mí y me tomó de la mano. Tuve que inspirar aire para que mi corazón y mi estómago se relajasen, pero fui capaz de iniciar la marcha.

Comencé a coger las ramas que iba encontrando por el terreno, aquellas que me parecía que estaban más secas, pero llegó un momento en el que el montón que había recogido ya no me entraba en la mano.

- Si me… si me dejas un momento – le sugerí, elevando nuestras manos amarradas.
- Ah, sí, claro – sonrió.

Y mi mano quedó huérfana cuando ella la soltó.

Carraspeé y continué cogiendo leños.

Tal y como le había pedido, ella no se despegaba de mi lado. Y de esa extraña caja tampoco. Me fijé en cómo la llevaba. La abrazaba con fuerza, apretándola contra su pecho, como si su contenido fuera todo un tesoro para ella. Sí, vale, ya me quedaba claro que no era ningún producto femenino, tanto aferro, no era normal. ¿Qué demonios llevaría ahí, que era tan importante como para llevarla con ella a todas partes?

- ¿Puedo hacerte una pregunta? – inquirí, recogiendo un par de palos más.

¿Para qué iba a andarme con chiquitas?

- Claro – se encogió de hombros.
- ¿Qué hay en esa caja?

Sus pies se detuvieron en seco y yo tuve que pararme para que siguiera cerca de mí. Me giré para mirarla. Sus ojos escudriñaban el suelo, buscando alguna respuesta con nerviosismo, mientras la espachurraba más contra su pecho.

- Es… - alzó su precioso rostro para mirarme y sus pupilas adquirieron un matiz triste y desesperado -. No puedo decírtelo – y sus ojos bajaron de nuevo.

Genial. Ya estábamos otra vez con los secretitos. ¿O sería la telaraña?

- ¿No puedes decírmelo porque no puedes, o porque no quieres? – no pude evitar que mi voz saliese con un poquito de acidez.

Levantó la vista y su mirada ya me respondió.

- Vale, está bien, si no me lo quieres decir, no importa – bufé, enfurruñado, dándome la vuelta para seguir cogiendo ramas.
- Venga, Jake, no te enfades – dijo, poniéndose a mi lado de nuevo -. No es lo que… - su voz se cortó y tomó aire para hablar de nuevo -. Ahora no puedo, es mejor que no lo sepas, pero todo a su debido tiempo.
- Es que todo esto es muy frustrante, sinceramente – protesté, mirándola enfadado -. Todos estos… secretitos.
- ¿Te crees que para mí no lo es? – se defendió, apenada -. No sabes por lo que… Quiero…, pero… - tomó aire y después lo expiró con rapidez, clavándome esos ojazos en los míos -. Confía en mí, por favor.

El idiota de mí se quedó observándola embobado durante un instante. No entendía nada de nada, entre la telaraña, la caja metálica misteriosa, la pulsera de compromiso y lo que había pasado en la habitación, estaba hecho un auténtico lío. Mis sesos eran un revuelto de cosas que iban y venían, de sentimientos encontrados. Pero su mirada era clara y limpia, sincera.

Mierda. Ya me tenía en el bote otra vez.

- Está bien – acepté, resollando por las napias, y me agaché para coger más palos.
- Gracias – sonrió -. Entonces, ¿ya no vas a estar enfadado?
- No estoy enfadado – contesté, levantándome.
- Sí, sí que lo estás – soltó una risilla -. No dejas de coger leños para disimular, eso es que estás enfadado.

La miré y no pude evitar que se me escapara una mueca a modo de sonrisa. Me conocía demasiado bien.

- Cojo leños para hacer la hoguera – alegué.
- Pues tenemos hoguera para toda una semana – bromeó, señalando el montón que mis brazos envolvían, con esa preciosa sonrisa -. No sé por qué sigues cogiendo más.

Observé todo ese mogollón que llevaba y sin darme cuenta me estaba riendo con ella. Me sentí un poco raro por reírme, llevaba tanto tiempo sin hacerlo…, pero tenía que admitir que me gustó, sobretodo por sentir esa complicidad entre los dos.

- Ahora ya no estás enfadado – afirmó, sonriéndome de nuevo.

Era inevitable, su maravillosa sonrisa era contagiosa, y mi boca volvió a curvarse sin que yo pudiera hacer nada por impedirlo, aunque volví a recuperar la compostura, carraspeando.

- Venga…, vamos – le exhorté, ya más serio, echando a andar hacia la zona de la mochila, de la cual no nos habíamos alejado nada -. Cenaremos una de esas latas que has traído.
- Están bastante buenas, ya verás – aseguró sin despegarse de mi lado.
- Ya veremos.

Hinqué una rodilla en el suelo y tiré los leños frente a la mochila. Los apilé para hacer una pira y me pasó un mechero que llevaba en la bolsa. Mientras ella desenroscaba el saco y una de esas colchonetas finas que se ponen bajo los mismos, yo encendí las ramas, soplando para que las llamas se extendieran bien.

Se sentó en el saco, frente a la hoguera, dejando la caja metálica a su vera derecha y cogió unas latas.

- ¿Qué prefieres, albóndigas de carne o pollo? – me ofreció, alzando las dos.
- Pollo – decidí, sentándome en el saco, a su lado izquierdo, aunque lejos.
- Vale – asintió, abriendo la lata con la hebilla -. Toma, sujeta un momento – y me la pasó.
- Vaya, la verdad es que huele muy bien – afirmé, oliendo la comida.
- Ya te lo dije.

Sacó un par de platos y unos cubiertos de plástico, y los repartió, poniendo lo mío en mi regazo.

- ¿Pero cuántas cosas traes en esa mochila? – inquirí, frunciendo el ceño con extrañeza -. Pareces Mary Poppins, cada vez sacas más trastos.

Mi estúpida frase pareció hacerle gracia y se echó a reír. Su maravillosa risa era como un cántico celestial, te engatusaba.

- Sólo traigo lo imprescindible – rió, cogiendo la lata.
- Sí, ya lo veo – volví a sonreír con una mueca que se me escapó.

Genial, Jake, céntrate, me dije.

Carraspeé una vez más.

- Espera, ponlo aquí para que caliente un poco – manifesté, cogiendo la lata de su mano para colocarla pegada al fuego.

Se produjo un momento de silencio en el que las llamas hicieron chasquear los leños, provocando que las chispas salieran despedidas hacia arriba, hasta que se apagaban en cenizas.

Llevó sus manos a sus brazos para frotarse, el frío cada vez iba ganando más terreno gracias a la noche. Cuando las subió para calentarlas con su aliento, ya no me pude resistir.

Azucé el fuego con uno de los palos que habían sobrado, para que aumentaran sus llamas. Me aproximé y me pegué a ella, juro que mi intención sólo era esa, pero no sé qué pasó, consiguió meterse fácilmente bajo mi brazo y terminé rodeando sus hombros y con ella bien arrimada a mi cuerpo.

- Gracias – murmuró.
- De-de nada – tartamudeé como un idiota, con esos acelerados latidos retumbándome en la garganta y ese chisporroteo continuo en mi estómago.

¿Qué estaba haciendo? ¿Es que era masoquista o qué? Debería despegarme de ella, al menos, no estar rodeándola con mi brazo, sin embargo, ahí me tenías, frotándola para que no tuviera frío mientras aguantaba el tipo como un tonto.

Sí, desde luego era un idiota suicida, porque estaba claro que todo esto al único sitio que me iba a llevar era a mi autodestrucción.

El pollo no tardó en calentarse, así que se apartó del amparo de mi brazo, aunque continuamos arrimados. Nos repartimos la comida y comenzamos a cenar.

- Dime, ¿cómo está la manada? – me preguntó mientras le daba un mordisco a su muslo de pollo.

¿Ahora se interesaba por mi manada? En fin…

- Bien – respondí escuetamente, comiéndome un trozo de carne.
- Billy me ha dicho que habéis tenido alguna sorpresa, ¿no? Me refiero al tema de Embry y Sam.

No me lo podía creer. ¿Billy le había contado eso? Desde luego, un rato que le había dejado a solas con ella, y ya le cascaba todo.

- Bocazas… - murmuré en voz alta, girando la cara hacia el otro lado con las cejas clavadas sobre los ojos. Me volví hacia ella otra vez -. ¿Qué te ha contado exactamente? – quise saber.
- Que Embry y Sam son hermanos – declaró, metiéndose otro poco de pollo en la boca.
- Bocazas… - repetí, esta vez mirando al frente.
- ¿Es verdad? ¿Son hermanos?

Suspiré con enfado. Los temas de la manada eran privados, él no tenía de haberle contado nada, aunque yo estuviera imprimado de ella y ella hubiera sido mi… novia. Mierda, tan sólo pensar en la palabra, ya me hacía estremecer. ¿Sería estúpido?

En fin, ahora ya no había remedio, ya lo sabía todo.

- Sí, son hermanos de padre – le ratifiqué de mala gana, dándole un bocado a mi zanca.
- Vaya – exclamó, pestañeando.
- La madre de Embry es de la reserva de los makah – empecé a explicarle a regañadientes –, se vino a La Push cuando estaba embarazada de Embry, y, bueno, nunca se sospechó nada de nada, todo el mundo dio por hecho que su padre se había quedado con los makah, incluido el propio Embry. Hasta que él se transformó y se unió a la manada. Entonces, era evidente que su padre tenía que ser de nuestra tribu, y se armó una movida muy gorda, porque sospechábamos del padre de Quil, del padre de Sam y de Billy, y los tres estaban casados en aquella época.
- ¿Qué me dices? – exhaló, sorprendida –. ¿Billy también?
- Sí, pero enseguida se vio que no era él, menos mal… – suspiré –. En cuanto me marché de la manda de Sam y se comprobó que yo era el legítimo Alfa, ya no hubo dudas. Embry es mayor que yo, si hubiera sido hijo de Billy, el Alfa legítimo lo hubiera sido él, así que mi viejo enseguida fue descartado – le expliqué.
- Ah, claro – se percató.
- Embry exigió a su madre saber la verdad, después de tantos años ya no aguantaba más, le dijo que tenía derecho a saber quién era su padre y todas esas cosas, y finalmente ella cantó.
- Y le confesó que su padre era el señor Uley – concluyó.
- Exacto. No veas la que se montó después con eso, también – le pegué otro bocado a mi muslo de pollo, lo tragué y seguí hablando -. Bueno, siempre tuvimos nuestras dudas, pero más o menos todos nos lo esperábamos, Joshua Uley nunca fue un hombre ejemplar, precisamente, tenía todas las papeletas para ser el padre de Embry, pero, en fin, para Sam no dejó de ser todo un marrón, claro.
- ¿Y qué ha hecho la madre de Sam?
- Nada. No lo sabe – le revelé.
- ¿No lo sabe? – inquirió, alucinada.
- Las cosas de la manada se quedan en la manada, es mejor así – le aclaré -. Además, ella ni siquiera sabe lo que somos, ¿cómo le íbamos a explicar que la chispa de la duda saltó cuando Embry se transformó? Y Sam ha preferido no contarle nada, así que nosotros lo respetamos. No es de extrañar que no quiera hacerlo, sería todo un escándalo en la tribu, y al padre de Sam le costaría el divorcio, seguro.
- Pero ella tiene derecho a saberlo, ¿no te parece? – rebatió.
- Sí, claro – coincidí -, pero esto no es asunto nuestro, al fin y al cabo, no debemos meternos en nada. En todo caso, es Sam el que tiene la última palabra.
- ¿Y si Embry quiere conocer a su padre? – siguió -. Bueno, ya sé que conoce a Joshua Uley, pero me refiero a conocerlo más a fondo, como su padre.
- Embry no quiere tener nada con Joshua Uley – desvelé -. Sólo quería saber quién era su padre para quitarse la duda, nada más. Y si te digo la verdad, saberlo ha sido todo un alivio para la manada.
- ¿Y para Sam?
- Bueno, este tema ya llevaba rondando bastante tiempo, incluso antes de que tú nacieras, y siempre habíamos intentado dejarlo a un segundo plano para que no interfiriera entre nosotros, pero el runrún siempre ha estado ahí, ¿entiendes? Sam y Quil siempre han estado con la mosca detrás de la oreja, así que cuando Embry se enteró de que su padre era Joshua Uley, a Sam tampoco le pilló por sorpresa. No se lo ha tomado mal, o sea, quiero decir, el que Embry sea su hermanastro lo lleva bastante bien, el problema es el cabreo que tiene con su viejo, pero, bueno, esto ya son cosas suyas.
- Nunca me lo habías contado – me reprochó un poco.

De pronto, me sentí culpable y todo.

- Ya, perdona, es que… - ¿pero por qué demonios me estaba disculpando? Y el idiota de mí siguió hablando, aunque, eso sí, haciéndome el desganado -. Bueno, verás, Embry nos hizo prometerle a Quil y a mí que no se lo contaríamos a nadie que no fuese de la manada hasta que no se supiese nada, incluidas Claire y tú. Por eso tuve que mantener la boca cerrada. Y resulta que se lo cuento a Billy hace un mes, y el muy cretino te lo casca a ti enseguida – bufé.
- No te enfades con él, pobrecito – le defendió, encima -. Sólo me lo ha contado a mí, y yo le sonsaqué un poco, la verdad – confesó, mordiéndose ese precioso labio inferior mientras me miraba con cara de corderito degollado.

Ay, se me caía la baba. Era tan preciosa, tan dulce… Y tan peligrosa para mí…

- Bueno, ya… ya veré qué hago – refunfuñé, volviendo el careto al frente para no tener que verla.

Se hizo otro momento de silencio en el que las llamas volvieron a cobrar protagonismo. Nos quedaba muy poco para acabar el pollo, así que terminamos de cenar en un tris.

- Bueno, esto estaba rico, ¿a que sí? – afirmó, limpiándose las manos con una servilleta de papel.
- Sí, no estaba mal, la verdad – asentí, cogiendo otra servilleta que ella ya me estaba pasando.
- Trae, los platos y los cubiertos sirven para otra vez – dijo, llevándose mis cosas para limpiarlas con otra servilleta.

Tiró los restos del pollo en una bolsa de papel, después, limpió los platos, los metió en otra bolsa y los guardó en la mochila, en un departamento separado de la ropa. Hizo lo mismo con la lata para no dejar basura en el bosque, y la metió en la bolsa donde había echado los huesos, pero, cuando la iba a insertar en otro compartimento de la mochila, ésta se le volcó accidentalmente, desparramándose parte de su contenido.

La ropa y los objetos grandes se quedaron en la boca de la mochila, sin embargo, las cosas más pequeñas se escaparon hacia fuera. Fue entonces cuando la vi.

Era otra de esas piedras de color celeste llena de manchitas negras.

- ¿Tu también? – resoplé, cogiéndola para mirarla -. No me puedo creer que lleves este amuleto, ¿es que están de moda o qué?
- Es bonito – alegó, quitándomelo de la mano para guardarlo en su mochila de nuevo.
- Bah – alcé los brazos y me estiré -. No sé cómo creéis en esas chorradas – y me eché hacia atrás, quedándome boca arriba, con los brazos doblados para que mi cabeza se apoyase en las manos.

Se echó junto a mí, de lado, acomodándose en mi costado. Eso ya hizo que mi corazón se pusiese a saltar como un idiota y que mi estómago se llenase de ese cosquilleo.

- A veces pasan cosas inexp… – su murmullo se quedó cortado.

Su mano se posó en mi pecho, aferrando un poco mi camiseta para llamar mi atención y que la mirase. El cosquilleo de mi estómago pasó a ser alocado e, irremediablemente, giré el rostro hacia ella para acceder a su petición. Me quedé engatusado por esa belleza, las llamas de la pira se reflejaban en sus ojazos y bañaban su hermoso y angelical rostro en esos colores anaranjados que fluctuaban continuamente. Tuve que respirar bien hondo para centrarme en lo que decía.

- Ayúdame – murmuró, suplicándome con la mirada.
- A veces… pasan cosas inexplicables – seguí yo, intentando relajar a mi organismo a la vez.
- Cosas como la mag… - cerró los ojos y respiró con resignación.
- ¿Como la… mag… magia?

Los abrió con rapidez, esperanzados.

- Mira esto – dijo.

Alzó la mano que reposaba en mi pecho con la intención de ponérmela en la mejilla, pero yo aparté un poco la cara.

No quería ver lo feliz que era con ese… desgraciado que me la había arrebatado.

- Confía en mí – me pidió con un murmullo -. Por favor.

No pude resistirme a esos preciosos ojos implorantes, así que, esta vez, mi mejilla se quedó quieta cuando ella apoyó su mano. Cerré los ojos, preparándome para sufrir una fuerte embestida, una patada donde más duele, pero, para mi enorme asombro, no ocurrió nada.

Abrí los ojos de sopetón para mirarla con ese careto de confusión y perplejidad.

- No… no se ve nada – declaré en voz alta.
- Estoy hech…

Hech… ¿qué era hech…? ¿Hech… qué?

- No entiendo lo que quieres decirme – admití, confundido.
- Lo que pasa en los cu… - sus ojos se cerraron de nuevo, algo desesperados -. Enc… Hech… - suspiró con desazón.
- Escríbemelo en la tierra – se me ocurrió, incorporándome un poco para coger uno de los palos.

Ella me agarró para que no lo hiciera. Ni si quiera pudo hacerme una negación con la cabeza, pero sus ojos lo decían todo.

- ¿Tampoco puedes escribirlo? – inquirí, sorprendido.

Sus ojos tuvieron que hablar una vez más para ratificarme que no.

- ¿Todo eso te lo hace la telaraña? ¿No puedes contar nada de lo que te pasa, ni usar tu don, ni escribirlo?

Tomó aire para intentar hablar, sin embargo, lo soltó con frustración al no poder hacerlo.

Me mordí el labio, mirando al suelo, pensativo. ¿Cómo podía decírmelo? Tenía que haber una manera. Entonces, se me ocurrió una.

- Ya sé. Nos transformaremos y me lo dirás telepáticamente – le dije, mirándola.

Su carita también me respondió.

- ¿Tampoco? – parpadeé, perplejo -. ¿Tampoco puedes transformarte?

Claro, ahora entendía que no lo hubiese hecho en La Push cuando nos atacaron esos tres chupasangres.

¿Pero qué era esa mierda que le habían hecho? ¿Qué demonios era esa telaraña que le impedía hacer todas esas cosas? ¿Y quién le haría algo así?

Ya empezaba a sentir el fuego en mi espalda, cuando unas lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas. No, eso sí que no podía soportarlo.

- Hey, venga, no llores – le calmé -. Yo te ayudaré, ¿vale? Siempre te protegeré.

Llevé mi mano trémula a su hombro para acariciarla, sin embargo, cuando me quise dar cuenta, ella se lanzó a mis brazos, haciendo que me cayese echado. Se puso a llorar en mi pecho, aferrándose con fuerza a mi camiseta.

- Jake… - sollozó.

Me quedé paralizado por un instante, con el corazón retumbándome en el pecho, ella podía notarlo, desde luego. Menos mal que el intenso hormigueo de mi estómago era algo privado.

Tragué saliva, me obligué a reaccionar y llevé mi dubitativa mano a su cabello. Al principio no me atrevía mucho, pero en cuanto mis dedos rozaron su pelo, todo fue como la seda, nunca mejor dicho. Se deslizaban por esa larga cabellera con total desenvoltura, peinando esos mechones como si el tiempo no hubiese pasado jamás.

Me di cuenta de que estar así, como estábamos en este momento, era totalmente natural, era lo natural, así me sentía ahora, y siempre lo había sido entre nosotros, incluso antes de que ella fuera mi… chica. Volver a pensar en esta palabra hizo que me estremeciera otra vez. Era como si todo siguiese como antes, como tenía que ser. Me sentía tremendamente a gusto. Ella se relajó al instante, parecía sentir lo mismo que sentía yo.

Bajé la mirada y la observé. La observé ahí, entre mis brazos, así es como quería verla para siempre. Recordé lo que Billy me había dicho, todo eso de que este viaje podía ser mi oportunidad para volver a conquistarla. Y, sinceramente, después de lo ocurrido en la habitación de ese motel, de ver que seguía llevando mi pulsera de compromiso y de verla sobre mi pecho como si jamás hubiésemos dejado lo nuestro, parecía haberla.

Un sentimiento que no había tenido antes empezó a abrirse paso por los agujeros que el gusano había abierto en mi cerebro. Ese sentimiento me decía que luchase por ella, lo gritaba, lo chillaba. Me decía que no se la dejase a ese desgraciado, que la recuperase, porque ella siempre había sido mía y sólo mía.

Sin embargo, algo enturbió todo esto de repente, algo que se clavó en mi cabeza como un meteorito, y era demasiado importante. No podía olvidar lo que me había hecho, era imperdonable. Aunque, mierda, yo quería volver con ella… Intenté que vinieran a mí aquellos maravillosos recuerdos, olvidar ese pasado oscuro, pero lo único que podía recordar era que me había dejado por otro, y la forma tan cruel con que lo había hecho. Sí, maldita sea, me había tirado como a una colilla. Mi sentimiento de lucha empezó a ser sustituido por otro de rencor y rabia, esa que me había acompañado durante todo este año. Año en el que ella no había aparecido, ni siquiera me había llamado para preguntarme cómo estaba, y resurgía ahora como una seta para pedirme ayuda. Eso era lo único que la interesaba, seguro.

Y eso era lo único que yo iba a hacer: ayudarla y punto. Después, cada uno a su casa.

- Es hora de dormir – manifesté, incorporándome un poco para que ella se bajase de mi pecho -. Mañana tendremos que madrugar mucho, creo que empezará a nevar al amanecer.
- Sí, claro – aceptó, apartándose.

Me levanté para dejarle el saco libre y ella se metió dentro, cerrando su cremallera y abrazando a esa dichosa caja metálica como si fuera un peluche.

Me senté en el suelo, frente a la hoguera, y eché más leños. No pude evitar que mis ojos se fijaran en sus escalofríos. Esperé un poco, ya se le pasarían. Pero no, no se le pasaban.

Mierda, genial.

No pude evitarlo. No podía verla así.

Me puse de pie, corrí hacia el primer árbol que rodeaba nuestro pequeño claro y me transformé.

Salí deprisa y me acerqué a ella. Gañí para avisarla y me eché a su lado, arrimándome bien para protegerla con mi pelaje. Ella se pegó a mí y se acurrucó en mi costado, metiéndose entre mi pelambrera. Aferró su mano a mi pelo, inspiró profundamente y sonrió.

- Gracias – susurró, ya sin escalofríos.

De nada, le contesté yo, bajando la cabeza y enroscándome un poco para arroparla mejor.

Sonrió otra vez y, al poco, se durmió.



Como me temía, los primeros copos comenzaron a caer bien temprano. Mi pelaje ya estaba cubierto por una superficial capa de nieve, pero ella estaba bien protegida por mi cuerpo.

Dormía plácidamente, y me daba lástima tener que despertarla, pero no teníamos otra opción. Esto sólo era el comienzo de lo que se avecinaba y teníamos que partir ya, antes de que la tormenta de nieve nos alcanzase.

Le metí el hocico por la cara y le di un suave meneo para que se despertase, olisqueándola. Olía tan bien. Se me escapó algún lametón que otro, mierda. Ella se desperezó y abrió los ojos.

- Buenos días – me sonrió, y me dio un achuchón, abrazándome por el cuello.

Se me erizó un poco la pelambrera de la nuca sólo con eso, pero la cosa empeoró cuando metió los dedos por el pelaje de mi cuello para rascarme, porque entonces ya no lo pude evitar y me puse a ronronear como un idiota.

Sí, realmente lo era. Pero sólo ella sabía acariciarme así, a ver quién es el listo que puede resistirse a eso.

Se incorporó, quedándose sentada, y se estiró.

- Oh, vaya, está nevando – se percató, poniendo las palmas hacia arriba para dejar que esos privilegiados copos se derritiesen en ellas.

Venga, vamos, la empujé con el hocico para azuzarla. Cazaremos algo por ahí para desayunar.

- Ya voy, ya voy.

Se levantó y recogió todo ese tenderete. Después, se puso la mochila a la espalda, me eché y se subió a mi lomo, quitándole la poca nieve que había sobrevivido a mi alta temperatura.

Me interné más en ese bosque, buscando presas. No tardé en detectar un grupo de alces.

- Ah, ¿vamos a cazar algo? – entendió.

Asentí y me eché en el suelo para que se bajase. Una vez que tocó tierra, los dos nos echamos a correr hacia ese grupo de animales, ella también los había detectado. Galopé pegado a ella y, simultáneamente, saltamos hacia dos de los alces, ella a por una hembra y yo a por un macho que estaba malherido. Ambos atrapamos a nuestras presas sin problemas entre aquella estampida que huyó despavorida.

Después de llenar nuestros estómagos, gañí para avisarla y me eché en el suelo para que reanudáramos la marcha.

Pero algo me alertó, haciendo que me pusiera en pie inmediatamente.

¡Jake, demonios, ¿puedes oírme?!, gritó Quil cuando me percaté de sus voces y me conecté.

- ¿Qué pasa? – quiso saber, extrañada por mi reacción.

Dime, te escucho, le dije a Quil.

¡Menos mal, tío! ¡Escucha, esos chupasangres que se nos escaparon nos encontraron!

¡¿Cómo?!, bufé con indignación. ¡¿No decíais que los habíais pillado a todos?!

¿Más secretos? Esto era el colmo.

- Jake, ¿qué pasa? – repitió ella, nerviosa.

¡Bueno, sí, pero era mentira! ¡Oye, ahora no tengo tiempo de explicártelo, estamos luchando con cuatro de los que se nos escaparon de La Push y con otros más que se les han unido aquí!, entonces, me fijé en las imágenes que los ocho pares de ojos me mostraban y me quedé atónito. ¡Como ves, los Cullen nos están ayudando, pero son muchos y un grupo bastante numeroso se ha vuelto a escapar! ¡No sé cómo diablos se han enterado, han debido de estar siguiéndonos, espiándonos o algo, el caso es que Edward los ha descubierto, pero saben dónde os encontráis y los que se escaparon han ido hacia allí! ¡Escucha, podéis sacarles un día de ventaja si os largáis ahora mismo de ahí, eso es lo que calculamos! ¡Pero tenéis que iros de donde estéis ya!

No entendía nada de nada, ellos luchando, los Cullen también luchando… ¿Qué narices era todo esto?

- ¡Jake! – gritó ella, dándome tirones en el pelo para que mirase a un lado.

Giré la cabeza y vi a dos chupasangres saliendo de entre los árboles. Uno tenía una media melena rubia y el otro lo llevaba corto y era moreno. Ni qué decir tiene que ambos iban enteritos de negro.

¡Pues ya tenemos a dos aquí!, le revelé, poniéndome delante de ella automáticamente para protegerla mientras ya advertía con gruñidos a ese par.

¡No puede ser!, exclamó él, esquivando el ataque de uno de los vampiros. ¡Podíais sacarles un día de ventaja, te lo aseguro!

¡Esos son otros!, aclaró Embry a la vez que fintaba con otro. ¡De La Push se nos escaparon seis, ¿recuerdas?! ¡Y aquí solamente estaban cuatro de aquellos! ¡Faltan dos que ya se adelantaron!

¡Mierda, han ido a verificar dónde estáis para decírselo a…!, la frase que estaba pensando se quedó en el aire, llena de interferencias.

¡No dejes que se escapen, liquídalos pronto y largaos de allí ya!, siguió Embry. ¡Tienes que llevar a Nessie a esa montaña cuanto antes, Jake!

Fue escuchar eso, y los chupasangres se arrojaron hacia mí sin mediar palabra, aunque sabía de sobra qué era lo que querían realmente. Querían llevársela a ella.

Antes tendrían que matarme a mí.

Me desconecté de la manada para que nada me distrajese.

Rugí con cólera y no dejé que llegasen hasta mi posición, eso era peligroso, si me tumbaban, podrían cogerla, así que yo también me lancé hacia ellos, para alejarles de allí.

Choqué con ambos en el aire y el estruendo retumbó en los árboles circundantes. Noté cómo una de mis costillas se quebraba, pero apreté los dientes para no gemir y aguanté el dolor, sabía que en menos de un minuto, estaría completamente curado.

- ¡Jake! – chilló ella, horrorizada, llevándose las manos a la boca.

Los tres caímos en el suelo y fuimos arrastrados por la inercia de la caída unos cuantos metros. El rubiales se levantó súbitamente y saltó para llegar a ella, pero atrapé su pierna con mis fauces en pleno vuelo e impedí que terminara de ejecutar su acción.

De un meneo de cabeza, lo lancé contra el tronco de un árbol, que se partió en dos con un fuerte crujido, mientras me ponía en pie, ya recuperado del todo, y acto seguido me interpuse en el camino del otro, que ya estaba arrojándose a ella.

Esta vez lo que crujió fue una de mis patas delanteras.

¡Maldita sea!

- ¡No, Jake! – lloró, apretando los dientes y los puños con fuerza.

Me puse en pie y finté con ese asqueroso chupasangres, medio cojeando con la pata que ya estaba a punto de curarse.

De pronto, el rubiales vino corriendo y me arrojó unos extraños polvos de color dorado brillante.

- ¡NO! – gritó ella con pavor.

¿Qué mierda era eso?

No hizo falta ni que me lo propusiera. Mi poder espiritual se extendió con rapidez y deshizo esos estúpidos polvos como si fuese un insignificante humo.
El moreno y el rubiales se quedaron patidifusos, no parecían creerse lo que acababan de ver. Ilusos…

- El hechizo no le ha hecho efecto – murmuró el moreno, mirándome atónito.

¿Hechizo? ¿Qué narices era eso del…?

El rubiales no me dejó ni terminar mi pensamiento, el muy cerdo se abalanzó hacia mí sin tregua ninguna y me tiró al suelo, hiriéndome en el costado con un pedrusco que había en el terreno.

¡Mierda!

- ¡Jake! – volvió a vocear ella.

Me pude poner en pie antes de que el rubiales se volviera a lanzar hacia mí para luchar, sin quitarle ojo a la sanguijuela morena tampoco.

De repente, en una milésima de segundo que aparté la vista de él para fijarme en el próximo movimiento del rubiales, escuché un zumbido que pasaba sobre mí como un torpedo rabioso para dirigirse a ella.

¡NOOOO!, rugí con cólera.

Con un movimiento rabioso y enérgico, esquivé el ataque del rubio y le arranqué la cabeza con saña, de una sola dentellada. Me giré instantáneamente hacia ella para hacer lo mismo con el moreno, pero entonces, mis ojos se abrieron como platos.

Mi pulsera de compromiso emitió una luz brillante, podía verla incluso estando tapada por la manga del plumas blanco, y la cubrió con una burbuja de la misma luminiscencia que tendría unos dos metros de diámetro. Vi cómo descargaba una energía de color morado, chispeante como la electricidad, y arrojaba al chupasangres de espaldas sin que ni siquiera llegase a tocarla a ella.

Me quedé de piedra. La pulsera seguía protegiéndola, ¿por qué? Bueno, qué pregunta más tonta, ella siempre la protegería, como yo.

El vampiro quedó tendido en el suelo, medio inconsciente, y con las ropas y el cuerpo quemados, aunque su asquerosa alma malva seguía envolviendo su cuerpo.

No me lo pensé dos veces. Me dirigí hacia él y le machaqué la cabeza.

Ella sacó unas cerillas de uno de los departamentos de su mochila y encendió dos de ellas para arrojarlas sobre los cuerpos, que explotaron en llamaradas. El humo púrpura no tardó nada en ascender hacia el cielo.

No podíamos apagar el fuego, debía consumirse para que terminase con esos chupasangres completamente, pero, mierda, eso era toda una señal de humo, nunca mejor dicho, era una bengala al aire para aquellos chupasangres que ya nos estaban siguiendo y que venían de camino.

- ¿Estás bien? – me preguntó ella, acercándose hacia mí con presteza para acariciarme y mirarme entre el pelaje.

, asentí, frotando su cara con mi rostro lobuno, y no pude evitar que mi garganta emitiera un gemidito sordo. Idiota. Venga, tenemos que irnos de aquí ya, apremié después, pasando de la caricia a empujarla levemente.

- Sí, vamos – entendió a la perfección.

No había tiempo que perder. Solamente podíamos sacarles un día de ventaja a ese grupo que ya venía hacia aquí si nos largábamos hacia esa dichosa montaña ya.

Me eché en el suelo, se montó en mi lomo, y me alcé para salir por patas de allí.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Jun 22, 2011 9:23 pm

aaaaaaaaaaaaaahhhhhhh!!
jake esta tan cerca de saber que es lo que le pasa a nessie!!!
por favor te lo ruego , por lo que mas quieras subi otro hoy , no se en un rato o a la noche, ya se que es pedir mucho, pero es que estoy volviendome locaaaaaaa
por favor
hago lo que quieras!!!!
besoo
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Brenda
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Jun 22, 2011 9:56 pm

WOW! emocionantee! esto cada vez se pone mejor!
escribes muy bien! me encantó Very Happy
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Ingrid.Cardenash
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Jun 23, 2011 12:50 am

siiii tamara subeeee otrooo plisss jajajajajajjaja
estoy re emocionada con este libroo de locos jajajaja
me encanta que ya jacob este descubriendoo poco a pocoo las cosas jeje peroo quieroo que vuelva la emocion entre ellos dos jajjaa que buenoo
esperoo prontoo otroo capii ojala sea hoy mismoo ummmmm
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Anne17
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Jun 23, 2011 4:56 am

Hola soy nueva
me encantan tus dos historias son muy buenas de verdad me encantan es increíble la imaginacion que tienes bueno con decirte que me e leido tus historias en 3 dias te lo digo todo engancha muchisimo a si que enhorabuena por tus historias Very Happy
Cada cuanto sueles actualizar? Question
Un beso[/font]
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Janess
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Jun 23, 2011 1:13 pm

Hola, hace un mes que sigo tus fics y decirte que me encanta. Eres genial cheers . Me encanta describes a Jacob. Has conseguido que deje de ser team Edward y sea totalmente team Jacob... Laughing

Cada día entro por si has actualizado algún capítulo, y la verdad, es que no nos haces esperar mucho. Sigue así chica, que nos tienes totalmente enganchadas.
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Anne17
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Jun 23, 2011 2:41 pm

TE importaria mandarme en pdf las dos historias si puedes Very Happy
gracias mi hotmail es iliane_1995@hotmail.com gracias
unbeso
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Cristina Almeida
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Jun 23, 2011 3:23 pm

Holaaa, Chicas y mucho gusto, Janess, lectora nueva??? Qué bueno! A mi me gustó mucho saberlo que ha dejado de ser team Edward y ser totalmente TEAM JACOB! Bienvenida a la Manada! Claro que nuestro Jacob es el mejor de todos, es estupendo, e evidentisimo GUAPISIMO! Tamara, te adoro, ya sabes, eres la mejor, gracias por este capi, poco a poco Nessie va conseguindo rescatar al Gran Lobo, me muero de la ansiedad y de la emocion!!!! Sigue! Cúando tenemos las emociones aún más fuertes o algo???? Embarassed Beso, beso y besos.
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JACOB&NESSIE
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Jun 23, 2011 8:40 pm

¡HOLA, GUAPISIMAS!

MUCHISIMAS GRACIAS Ali, Brenda, Ingrid y Cristina, y BIENVENIDAS A LA MANADA, Anne17 y Janess!!!!!
MUCHAS GRACIAS A TODAS POR LOS ANIMOS QUE ME DAIS, SOIS LAS MEJORES, AUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU!!!!!

Por cierto, Day Black, ayer se me olvido decirte que no desistas, y que sigas escribiendo!!!! No te desanimes nunca!!!!! Solo hay que ser un poco constante, nada mas ^^

Bueno, chicas, esto ya se va a poner mas interesante, ya vereis... Twisted Evil
Ayer no me dio tiempo a colgar otro capi y hoy lo he hecho tarde porque acabo de llegar del curro!! Pero aqui estoy.
Espero que os guste el capi, besos!!!! Wink

Por cierto, Anne17, ya te envie el pdf, pero solo el de "Despertar", porque este todavia lo estoy escribiendo y no lo tengo hecho Wink Espero que lo guardes con cariño, ¿eh? jajaja Wink

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A VECES PASAN COSAS INEXPLICABLES,
COMO LA MAGIA


Quil, ¿cómo vais?, quise saber por cuarta vez.

Podía sentir cómo el resto de la manada que se había quedado en La Push también ponía la oreja. Esto era como una retransmisión por radio.

Ya está. Por fin hemos terminando con esta escoria.

¿Cómo están Matthew y Shubael?

Bien, no te preocupes. Al final solamente se rompieron unos pocos huesos. Carlisle ya les ha entablillado, y he dejado a Isaac y a Collin con ellos para que les lleven a casa. El doctor dice que se recuperarán muy pronto, no ha sido tan grave como parecía.

Bien, respiré, tranquilo.

El resto ya estamos tras los chupasangres que os persiguen, junto con los Cullen.

Vale. Dile a los Cullen que ya estamos llegando a la montaña, ya la vemos desde aquí.

De acuerdo, se lo diré.

Seguiremos en contacto.

Hasta luego.

Y me desconecté.

Observé el estado de la montaña. No me gustaba ni un pelo. Ya estaba cubierta de nieve y las densas nubes negras se extendían desde la cumbre hasta casi las faldas de la misma, por lo que me impedían verla completamente, no sabía qué altura tenía. Además, la atmósfera olía a nieve y a frío gélido por todas partes, lo que me ratificaba que la tormenta ya estaba instalada en la montaña.

Continué corriendo toda la mañana, esquivando los árboles a toda velocidad, siguiendo la contracorriente del río Kootenay, que serpenteaba por esos valles que dejaba esa interminable cordillera.

- Es aquí – señaló ella cuando llegué a la base de la montaña -. Tienes que seguir por este camino.

Asentí e hice lo que me indicó. Comencé a galopar por ese sendero estrecho que ya estaba algo nevado. Los incómodos arbustos que lo bordeaban se empeñaban en engancharse a mi pelaje, pero las enmarañadas ramitas que se amarraban terminaban en el suelo a mi acelerado paso.

El camino empezó a hacerse más angosto a medida que ascendía, aunque los arbustos iban desapareciendo, como si no se atreviesen a subir más allá. Las cuestas cada vez eran más empinadas y mis patas tenían que esforzarse más.

La espesa niebla que formaban las nubes nos envolvió cuando pasamos esa primera fase de la montaña, y la tormenta de nieve nos atrapó sin que pudiésemos hacer nada por evitarlo, ya que no había otro camino por el cual subir.

¡Mierda!, mascullé, luchando por avanzar.

El viento huracanado nos azotaba con furia, hostigándonos con esos copos de nieve y granizo que eran lanzados como verdaderos proyectiles. Ella se cubrió con la capucha y se echó sobre mí para protegerse del vendaval y del frío.

Sentí la urgente necesidad de parar para resguardarla en algún sitio, pero no podíamos detenernos, no de momento, no hasta que la manada me ratificara que tenían a tiro a esos malditos chupasangres, ellos eran más peligrosos que el temporal. Además, tenía que aprovechar lo que la naturaleza ponía a mi disposición, porque la tormenta también borraba nuestras huellas y cualquier pista.

Peleé durante horas contra el temporal, abriéndome paso como podía entre esa continua y espesa cortina de piedras heladas que me pinchaban por todas partes y me impedían ver lo que tenía delante, obligándome a guiarme solamente por mi instinto, hasta que, por fin, el viento fue amainando poco a poco y la nieve fue desapareciendo progresivamente, junto con las densas nubes. El paisaje se fue abriendo ante mí con claridad y ella pudo erguirse.

Mis patas empezaron a subir por ese terreno que cada vez era más escarpado y empinado, pero con el hielo, me resbalaba. Ya no podía correr, tenía que ir con pezuñas de plomo, ya que mi peso y mi tamaño eran demasiado grandes, los lobos no estábamos hechos para esto. Lo mejor era ascender con ella en mi forma humana, iría más rápido.

Me agaché y gañí.

- ¿Quieres que me baje? – preguntó.

Asentí.

Se apeó de mi lomo y me levanté, sacudiéndome para quitarme de encima la poca nieve que había resistido a mi alta temperatura corporal, que aquí había subido. Miré a mi alrededor, pero no encontré ningún árbol cerca, todos estaban muy lejos. Lo que sí había era un pedrusco bastante grande, así que caminé con diligencia y me escondí. Adopté mi forma humana, me vestí, me calcé y salí de allí rápidamente para regresar a su lado.

- Es mejor que subamos así – le comuniqué, quitándole esa enorme mochila de la espalda para ponérmela yo -. Los lobos no estamos hechos para escalar nada.
- Ya, teníais que haber escogido transformaros en cabras, hubiera sido mejor – bromeó -. Así podríais corretear y saltar por los peñascos de las montañas.
- Ja, ja – articulé con ironía mientras ella se reía, aunque yo no pude evitar que mi labio se alzara hacia arriba -. Venga, vamos.

Cogí su mano para ayudarla, cosa que activó mi cosquilleo automáticamente, y echamos a andar con presteza, subiendo por esos empinadísimos salientes.

- Siento no haber parado durante la tormenta, pero no podía detenerme – le dije.
- No importa. Estaba muy calentita – me sonrió.

Le correspondí la sonrisa con una mueca y volví la vista al frente para seguir ascendiendo, ayudándome de la otra mano para escalar un poco.

- Debemos darnos prisa, tenemos detrás a un grupo de esos chupasangres que te persiguen – le revelé -. Aquellos dos sólo habían venido para ratificar nuestra posición. No pudieron hacerlo, pero seguro que sus compañeros han visto la humareda púrpura, aunque ya se dirigían hacia allí.
- Entonces, ¿saben que estamos aquí? – inquirió, preocupada.
- Creemos que sí – admití -. No sé cómo ha sido exactamente, pero, al parecer, tu familia y el grupo de Quil estaban juntos cuando les asaltaron un montón de esos vampiros – giré el rostro hacia ella -. No te preocupes, están todos bien – le comuniqué para tranquilizarla. Ella asintió y volví la vista hacia delante -. No tenemos ni pajolera idea de cómo lo han conseguido, pero el caso es que esos chupasangres saben por dónde estamos. De todos modos, si seguimos a este ritmo, les sacaremos casi un día de ventaja. Además, tu familia, Quil y su grupo ya están detrás de ellos, así que no te preocupes, les cogerán a tiempo.

Asintió con confianza y seguimos caminando rápidamente. Ella también era ágil, así que no tenía que tirar mucho de su mano para ayudarla a subir esos empinados pedruscos.

Me di cuenta de que la noche no iba a tardar en llegar, así que teníamos que ir buscando un sitio para pasarla escondidos. Gracias a la tormenta, ahora jugábamos con ventaja, así que ella podría dormir un poco.

Ahora que el peligro inminente había pasado, mi tarro era un cóctel de preguntas. ¿Cómo es que el grupo de Quil, y los Cullen estaban juntos? ¿Cómo es que se habían encontrado? Entonces, mi boca casi se me queda colgando cuando la lucidez vino a mi aturullado cerebro.

Ya sabía que mi manada me estaba engañando, que me estaba tomando el pelo para que me quedase a solas con ella, pero ahora todas las piezas encajaban. Los Cullen se marcharon sin decirnos nada. Simplemente se fueron, recordé con tono irónico. Idiotas. Sí, claro, se fueron… con ellos, ¿no te fastidia? ¿Serían mentirosos? Bueno, mentirosos no, porque, teóricamente, no era una mentira, claro, era una media mentira, pero aún así, me habían engañado, los muy cretinos. Los Cullen habían estado con ellos todo el tiempo, y, en fin, después de lo de hoy, ya sabía la razón. Todos ellos nos estaban cubriendo las espaldas. Bien, pero, vale, ahora tenía más interrogantes. ¿Por qué? ¿Por qué no habían venido ellos con ella? ¿Por qué se habían empeñado en que la trajese yo si podían haberlo hecho ellos, protegiéndola igualmente? ¿Por qué todos se empecinaban en dejarme a solas con ella?

De mi manada podía comprenderlo, ellos estaban deseando que volviésemos, claro, sabían que yo jamás sería feliz si no estaba con ella, y también la echaban de menos, desde luego, ella tenía ese don que atrapaba a todo el mundo. Pero, ¿los Cullen? ¿Qué sacaban ellos con que estuviésemos a solas? No lo entendía.

Pero, espera, había más.

¿Cómo habrían dado esos chupasangres con el grupo de Quil y con los Cullen? ¿Cómo habrían averiguado dónde nos encontrábamos nosotros? Bueno, como había dicho Quil, estaba claro que los habían estado espiando o algo y que habían escuchado alguna conversación entre mis hermanos y los Cullen en la que hablaban de eso. Sin embargo, ¿cómo es que éstos no habían notado su presencia? No, es más, ¿cómo es que Edward no se había dado cuenta de que estaban espiándoles?

Entonces, me percaté de otra cosa. Recordé esa capa mate, apagada, de color grisáceo que lucían los tres chupasangres con los que me había enfrentado en La Push. Ese par con el que había luchado esta mañana también la tenía. Era evidente que no sólo servía para esconder su olor, seguro que, además, ocultaba sus pensamientos, como una especie de escudo o algo así.

Eso hizo que otro envoltorio viniese a mi cabeza. La telaraña.

Los dos envoltorios tenían algo en común, servían para evitar algo. En el caso de los chupasangres, para evitar ser olidos o escaneados, en el caso de ella, para evitar que pudiese desvelar nada sobre los que le habían puesto la telaraña. Uno actuaba hacia fuera, el otro hacia dentro, es decir, uno bloqueaba de cara al exterior, el otro bloqueaba a quien lo portaba. ¿Pero cómo habían sido puestos esos envoltorios?

Las palabras que ella me había dicho anoche se plantaron en mi cabeza y todo empezó a entretejerse solo: a veces pasan cosas inexplicables, como la magia.
Otra frase se unió al coro: el hechizo no le ha hecho efecto.

El hechizo. Estoy hech…

¡Eso es!

La magia, el hechizo. Maldita sea, ¿cómo había sido tan torpe? Bueno, torpe no, es que todo esto era rarísimo, en fin, es decir, esta cosa de que la magia existiera, y no me refería a nuestra magia, ya sabes, esta que llevamos los quileute en la venas, sino a esa magia de los cuentos de hadas, esa que hechiza a la peña y todas esas cosas, esto de que la magia existiera, no era fácil de creer, era de locos.

¿Podría ser? Bueno, si te parabas a pensar, también era de locos algunos dones que tenían los chupasangres, como el de esa Zafrina, que te hacía ver ilusiones, o el de esa Chelsea, que podía unir y deshacer los lazos emocionales de las personas, o el de ese Benjamín, que podía manejar los elementos de la tierra. Bueno, vale, esto último jamás lo entendí, pero sonaba a algo muy fuerte. Incluso mi propio poder espiritual era algo extrañísimo. Pero ahí estaba.

Así que sí, así era, y ella había intentado decírmelo, estúpido de mí, y las pruebas eran más que claras. Ahora entendía qué era esa telaraña que la oprimía, ahora entendía cómo se la habían puesto.

- ¡Ya sé qué te pasa! – exclamé, parándome de sopetón, haciendo que ella pegase un pequeño bote, del susto, y también se detuviese. Me giré para mirarla -. Estás… estás hechizada, ¿no es eso? La telaraña que te envuelve te la pusieron con un hechizo para que no pudieses revelar nada de quien te la puso, ¿verdad?

Se quedó paralizada por un instante, observándome como si no se creyese que lo hubiera adivinado. No pudo decirme nada, pero su amplia sonrisa de después lo dijo todo.

- Jake… - murmuró con alegría, abrazándome, entusiasmada.

Tuve que obligarme a coger aire para recuperar mi respiración normal. Sin embargo, luego volvió a acelerarse cuando se despegó un poco de mí, rodeando mi cuello con sus brazos y clavó esos ojazos en los míos, atrayéndome sin remedio.

- Pero no es sólo… - intentó decirme, aunque su lengua se trabó -. Quiero decir, que… También es… - dejó caer los párpados con desesperación -. Se me acaba el tiempo… - murmuró para sí, ansiosamente, y volvió a abrir esos ojazos para engancharlos a los míos.

Yo sí que estaba desesperado, porque me pareció que lo hacía con determinación. Su rostro estaba a un palmo del mío, era tan hermosa… Mierda, y peligrosa.

- Bueno, no… no te preocupes – le dije con nerviosismo, separándome del todo para cogerla de la mano e iniciar la marcha de nuevo -. Mañana llegaremos a ese sitio y quitaremos esa red. Entonces ya me podrás hablar de quien te hizo esto – de pronto, mis muelas rechinaron con aires de venganza.

No podía evitarlo, era un tonto, lo sé, pero tan sólo pensar en que alguien le había hecho algo, me llenaba de ira.

- Pronto va a anochecer – declaró de repente, como con prisas -, tenemos que buscar un sitio para pasar la noche.
- Sí, tranquila, ya lo tenía en cuenta – le revelé -. A ver si por aquí hay algún grupo de árboles o algo para estar lo más ocultos posible – seguí, escudriñando el paisaje.
- Mira, ahí hay una cueva – descubrió con entusiasmo, señalándola con el dedo -. Es perfecta, tendremos más intimidad para… Quiero decir, que ahí podremos ocultarnos muy bien.

No me había dado cuenta de que habíamos llegado a una explanada. La cueva quedaba un poco alta, frente a un lago congelado, en una de las altísimas y escarpadas paredes que rodeaban a ese estanque. El lago no llegaba al paramento de la cueva, por lo que había sitio de sobra para acceder a la misma por medio de un camino lleno de nieve – en el que también había algunos árboles –, y los salientes de la pared rocosa hacían de peldaños, creándose una escalera natural por la que se podía subir al agujero. Y, además, si nevaba o había otra tormenta, estaríamos resguardados.

- Sí, es perfecta - coincidí -. Bien, pasaremos la noche ahí.
- Genial – sonrió -. Vamos – dijo, tirando de mí.

Por fin se podía caminar sobre llano, eso sí, lo hacíamos con dificultades debido a la espesa capa de nieve.

Pasamos por ese camino que quedaba entre la pared rocosa y el lago helado y llegamos a los salientes que formaban la escalera.

- Iré yo delante – manifesté, adelantándome a ella, sin soltar su mano -. Podría haber un oso o algo, así que no te separes de mí.
- Eso nunca – afirmó, entrelazando nuestros dedos y apretando nuestro amarre.

Me giré para observarla y nos miramos durante un instante. Sus pupilas se clavaron en las mías, otra vez con resolución.

No eran imaginaciones mías. Me estaba mirando con determinación, esa que yo conocía tan bien…

- Bien…, eso… eso es – soltó el estúpido de mí.

Idiota, idiota… ¿Eso era lo único que se me ocurría decir? ¿Por qué me daba tanto miedo? No lo entendía. Bueno, vale, sí, sí que lo sabía. Tenía miedo a que sólo fuera un juego para ella, a que después, cuando llegásemos a nuestro destino, se marchase y me abandonase otra vez por ese… cretino. En fin, ya sabía que ella no era de esas, pero, ¿y si después se arrepentía para largarse con él? No, no podría soportarlo.

Maldita sea, estaba hecho un completo lío.

Volví la vista al frente con precipitación, intentando no pensar más en el tema, y comencé a subir por las piedras, con ella detrás.

Ascendimos por ellas y llegamos a la irregular boca de la cueva. Ese agujero parecía un pasillo, tendría un metro y medio de ancho por tres de alto, pero el túnel natural parecía seguir hacia la izquierda.

Me quité la mochila, dejándola en el suelo para apoyarla en la pared, y abrí la cremallera de uno de los compartimentos pequeños, donde ella guardaba el mechero.

- No te despegues de mí – le mandé en voz baja, incorporándome para cogerla de la mano de nuevo mientras ya accionaba la llama.
- Sí – obedeció con un susurro, apretando nuestros dedos una vez más.

Avancé por ese pasillo de piedra despacio, con cautela, olisqueando el ambiente. Detecté un olor animal, pero no era un oso, ya que eran varios efluvios y también se percibían los acelerados latidos de bastantes seres pequeños.

Oh, oh…

En cuanto giré la esquina, cientos de murciélagos empezaron a volar hacia nosotros, chillando, espantados por la luz y nuestra presencia.

La que también gritó fue ella.

- ¡Jake! – chilló, haciendo aspavientos con las manos para revolverse el pelo -. ¡Quítamelos! ¡Quítamelos!

El enorme revoltijo de murciélagos nos rodeaba continuamente en su camino hacia la salida, casi no se veía nada, y sus chillidos retumbaban en las paredes de la caverna.

- Tranquila, ya está – intenté calmarla, pasando mi mano por su cabello para espantar a los murciélagos que se enganchaban en éste accidentalmente -. Sólo chocan, pero ya se van.

Se abalanzó hacia mí, asustada.

- ¡Jake! – lloriqueó, hundiendo su rostro en mi pecho y aferrando sus manos a mi camiseta con pavor -. ¡Me dan mucho miedo!

Yo no les hice ni pizca de caso a esos bichos, tenía bastante con controlar a mi emocionado organismo, que se esforzaba en detener el alocado hormigueo de mi estómago.

- Tranquila – le calmé con un murmullo, posando mi barbilla en su cabeza y acariciándole la misma y su preciosa melena con la mano que no sostenía el mechero. Dios, ojalá esos bichos no se fueran nunca… Pero se iban. Mierda -. Ya… ya se van, ¿ves?

Los tres últimos y rezagados murciélagos salieron por la boca de la cueva, dejando que todo se quedara en calma y en silencio. Ella también se quedó como la caverna, aunque siguió enganchada a mí, con sus manos aferradas en mi espalda.

- Ya se han ido – le avisé con otro susurro.

Pero ella no se movía. Despegó su rostro de mi pecho y lo alzó, llevando su cálida y suave frente a mi cuello.

Mi corazón pegó un tumbo y me estremecí, eso hizo que el mechero se me cayera al suelo, apagándose, y todo se quedase a oscuras.

¡Uf, peligro, peligro!

- ¡Ah, mierda, vaya, genial! – exclamé con más que nerviosismo, apartándome de ella bruscamente para buscarlo.

Idiota, imbécil, estúpido. Hace un momento estaba deseando que los murciélagos no se acabasen nunca y ahora me apartaba de ella. Sí, estaba hecho un lío.

La vaga luz que entraba por la boca de la cueva me ayudó a encontrarlo. Lo cogí y lo encendí de nuevo.

- ¿Y si hay más murciélagos? – dudó, agarrándose a mi mano otra vez.
- No, ya no hay – aseguré.
- ¿Seguro? – preguntó, pegándose a mi costado.
- Seguro – asentí -. Mira, ¿ves?

Moví la mano del mechero para que viera que las paredes y los techos estaban limpios de murciélagos.

- Menos mal – suspiró, cerrando los ojos.
- No me puedo creer que te den miedo esos bichos – me burlé, para olvidar un poco ese tema que ya empezaba a alimentar otra vez a mi gusano -. Y más a ti, que tu familia está formada por vampiros. Bueno, ya sabes, como en las pelis de miedo se convertían en murciélagos…
- Ja, ja, muy gracioso – articuló con ironía.

La risa se me escapó sola y ella sonrió. No pude evitarlo, es que era muy cómico.

- Es ridículo que les tengas miedo – seguí -. Quiero decir, nos están persiguiendo unos chupasangres, de los que chupan la sangre de verdad, y tú le tienes miedo a unos murcielaguchos.
- Ríete, pero los murciélagos pueden contagiarte la rabia – alegó, y su rostro se volvió más adorable cuando frunció el ceño.

Mi sonrisa se amplió, aunque ésta con un poco de presunción.

- Bueno, vale, puede que a ti no, pero a mí sí – se defendió, ahora sonriendo.
- Venga ya, si esos bichos no pueden hacerte nada, ni siquiera te arañarían la piel.
- Se me metieron por el pelo – declaró, mirando hacia el otro lado para pasar la pelota.
- Vale, vale – reí -. Bueno, a ver… - observé la caverna. Esta zona tenía los tres metros de alto, pero su anchura ya llegaría a los cinco, así que entrábamos de sobra -. Sí, pasaremos la noche aquí – aprobé, dando la vuelta hacia el pasillo donde se encontraba la mochila -. Haremos una hoguera con esos leños que guardamos.

Caminé hacia la mochila, con ella siguiéndome, y me agaché para sacar todos aquellos palos. No me quedó más remedio que soltar su mano para poder portarlos.

- Ve encendiéndola tú – me dijo -. Yo voy a beber un poco de agua.
- Pues trae la mochila – sugerí.
- Sólo son dos tragos – rió, despreocupada -. Anda, ve, que yo voy ahora mismo.
- Vale, pero ven enseguida, no quiero que estés aquí sola, en la boca de la cueva.
- No te preocupes – sonrió.

Bajé la vista para no tener que ver ese rostro angelical que ya me estaba aturdiendo y me di la vuelta, echando a andar. Giré la esquina y lo preparé todo para hacer la pira. Lo hice con rapidez, esto no era un secreto para mí. Mientras colocaba los leños, ella llegó y extendió la colchoneta y el saco, pero después regresó a donde la mochila. Encendí uno de los palos y soplé, propiciando así que las llamas se dispersaran.

La hoguera ya estaba lista, y ella se había ido de nuevo. ¿Por qué no traía la mochila y lo preparaba todo aquí mismo? Además, ya estaba tardando demasiado.
Me asusté un poco y salí de allí prácticamente corriendo, sin embargo, mis pies se pararon de sopetón cuando vi lo que estaba haciendo.

Estaba de espaldas, de cara al exterior, mirando el contenido de la caja metálica misteriosa, absorta, y no se percató de mi presencia.

Sí, vale, lo sé, ella no quería que yo supiese qué contenía, y me había pedido que confiase en ella, y, bueno, no es que no confiase, pero, qué quieres, la curiosidad y las ganas de saber de una vez por todas qué demonios había ahí dentro pudo conmigo, lo siento.

Me acerqué a hurtadillas, lentamente, casi de puntillas, y llegué a su espalda. Alcé un poco la cabeza para mirar y…

- ¡Jake! – exclamó, pegando un bote, del susto, y cerrando la caja con precipitación.

Sin embargo, los nervios pudieron con ella y, en la misma acción de bajar la tapa para cerrar la caja, ésta le saltó de las manos, iniciando entonces un bailoteo parecido al que mis manos habían hecho con el mando a distancia.

La caja terminó cayéndosele al suelo, sólo que, estaba tan cerca de la entrada, que rebotó con un saliente del terreno pétreo y salió despedida precipitadamente hacia el exterior de la cueva.

- ¡No! – chilló, inclinándose y alargando el brazo para tratar de cogerla al vuelo.
- ¡¿Qué haces?! ¡Cuidado! – voceé yo, agarrándola por la cintura para que no saliese volando detrás de la dichosa caja.

La caja aterrizó en el lago y, del fuerte golpe, la tapa se abrió, desparramándose su contenido sobre la nívea y helada superficie.

Entonces, los ojos se me abrieron como auténticos platos.

Era algo viscoso, ensangrentado y con una extraña mancha marrón oscuro que cubría la mitad de esa cosa como si fuese un mortífero tumor. Puaj, era asqueroso. Parecía una víscera animal, su deslizamiento había dejado un corto reguero de sangre que iba desde la caja hasta su posición, tiñendo el azulado hielo de rojo carmesí mezclado con ese poso marrón.

De repente, me fijé en cómo la víscera se movía con unas pequeñas convulsiones rítmicas y los párpados casi se me enroscan hacia arriba, de la impresión. Pronto me percaté de qué era. Era un corazón, y latía, vivo. ¿Cómo…? ¿Cómo era posible?

- ¡No! – gritó ella, zafándose de mis atónitos brazos para correr hacia allí.
- ¡No, espera! – reaccioné, persiguiéndola -. ¡Es peligroso!

Pero ella ya estaba bajando esas escaleras de piedra natural a toda pastilla.

- ¡No pises el lago! – le advertí, saltando frenéticamente hacia abajo.

No me dio tiempo a alcanzarla, y en cuanto sus pies pisaron la fina losa de hielo, ésta crujió, aunque resistió y no se agrietó. Me paré en seco, con los pies justo en el límite del lago. Si yo pisaba eso, no resistiría mi peso.

¡Mierda, mierda!

- ¡Sal de ahí! – le ordené con más que nerviosismo -. ¡Vamos, no seas tonta y da la vuelta YA!
- Tengo que coger el corazón – dijo, ansiosamente, avanzando con mucho sigilo por esa placa helada -. Ya casi estoy… - y estiró la mano para cogerlo.
- ¡¿Para qué quieres esa porquería?! – tenía los nervios a flor de piel. Un mal movimiento, y el hielo se resquebrajaría. Ella se caería en el gélido agua, y no sabía nadar, o peor, si se hundía y después no encontraba la salida… -. ¡Vamos, deja eso y ven hacia mí! – le pedí con histerismo, abriendo los brazos, como si así fuese a llegar más rápido.

Se agachó y el hielo volvió a crujir.

- ¡Deja eso! – grité, haciendo que mi voz hiciera eco en los paramentos rocosos que nos rodeaban.
- Ya lo tengo – afirmó con una sonrisa, cogiendo esa asquerosidad con las dos manos.
- ¡Vamos, vamos!

Lo metió en la caja metálica, la cerró y se alzó con cuidado.

Y entonces, se escuchó un fuerte y largo crack que también hizo eco en las paredes y que me pareció interminable.
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Brenda
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Jun 23, 2011 9:50 pm

D:
qe emoción!!!!!
Oh... por dios! se qedó impactante este capi!!! ya quiero saber qé pasará!
escribes increíbleeee Very Happy
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LoveTaylor♥
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Jun 23, 2011 9:54 pm

Holaaaaaaaaaaa! Soy nuevaa en el foro, hace tiempo que vengo leyendote. Primero Despertar, y me encantoooooooo! Realmente tienes un don, y ahoraa con Nueva Era ni te digo! Realmente me paso el dia en la computadora esperando a que subas nuevos caaaps! Siguee Subiendoloosssssss Porfavooooooor! Te felicito.
Besos♥ Cecii Smile
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Ingrid.Cardenash
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Jun 23, 2011 10:24 pm

espectacularrrrrrr este capiiiii
me encantooooo eres genial definitivamente
peroo aahora que jummm como se lo va a explicar a jacob
jajajajaja que incertidumbre jumm esperoo subas prontoo otrooo
estoy que me vuelvoo loca graacias de nuevooo
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onlysexyvampires
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Jun 23, 2011 11:01 pm

aaaaaaaaaaaaaaaa, nooo ya quiero sabeer que pasa!!!!
ME ENCANTO, DE VERDAD, AUNQUE ME HIBIERA GUSTADO UN BESOOOOOOOO MUAJAJAJAJJA
espero que subas pronto
beso
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Hoy a las 2:56 am

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2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18
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