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Mar Mayo 26, 2015 5:16 pm por JACOB&NESSIE

Nuestro autografo de Taylor Lautner

Fan del Mes
Nombre: Rocío Valverde Torres
Alias/Apodo: Rocio
Edad: 22 años
País: España-Madrid
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Jacob Black Fan

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 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18

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AutorMensaje
JACOB&NESSIE
Team Mariana


Mensajes : 414
Fecha de inscripción : 14/01/2011
Edad : 37
Localización : Asturias, España, en el bosque con Jake =)ººº

MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Vie Jun 17, 2011 3:35 pm

¡HOLA, GUAPISIMAS! sunny

Ingrid.Cardenash:
Citación :
espectacular este capii
esperoo renesme vuelva a conquistar al gran loboo Laughing
eres genial preciosa esperoo sigas con estos libros!!!
Muchas gracias, guapa =ºº)
Pues si, Nessie tendra que conquistar de nuevo a nuestro Jake!!!! Wink
Ya veremos que pasa... Twisted Evil


Marina26:
Citación :
Que imaginación, ya espero el proximo capitulo!! Tengo ganas de que se encuentren jacob y Nessie, espero que todo salga bien!!
Muchas gracias, guapa =ºº)
Ahora tocan unos capis de Jake en los que veremos que opina el y por lo que esta pasando... Wink
Nessie tendra que volver a conquistarle!!!
Ya veremos que pasa... Twisted Evil


Cristina Almeida:
Citación :
Mi Díooooooooooossss, llevo dos dias leyendo, qué magnificos capis, eres muy lista!!!!
Forjarán un vínculo que ningún ser podrá deshacer... Que lindas palabras! Eres preciosa, en serio! Todos los capis son estupendos, me gustó mucho lo de la descubierta de Alice, me emocionó mucho... Cómo le dije cuando empecé por ese foro, he leido otras historias de Jake y Nessie, pero nada nada nada se compara con la suya, es una suerte para mí leer los capis, imaginar a Jacob aún mas maravilloso, estupendo, guapo... Y ahora??? Lo que pasará??? A mí no me gusta para nada que él sufra.. Ainsssss, espero que todo salga bien, que Nessie tenga fuerza para no abrazarle ni besarle... Bueno, yo no consiguiria, Te lo Juro!!! jajajajajajajaja. Besos, Preciosa!!!!! Sigues con los capis pronto! I love you I love you I love you I love you
¡Cuanto tiempo sin leerte! ^^ Me hace mucha ilusion verte por aqui de nuevo, aunque entiendo que estaras hasta arriba de trabajo, ¿no?
Bueno, muchas gracias, guapa =ºº) , me pones unas cosas muy bonitas. Muchas gracias a ti por leerme!!!
Pues si, Alice es la mejor!!!! Very Happy Menos mal que se dio cuenta de todo, jaja
Ahora tocan unos capis de Jake en los que veremos que opina el y por lo que esta pasando... Wink
Nessie tendra que volver a conquistarle!!!
Ya veremos que pasa... Twisted Evil


onlysexyvampires:
Citación :
diooooooooooooosssssssssssss
encontre esta novela hace dos dias y ya me la leí!!!! y estoy frustrada quiero nuevo capituloooooooooooo
por favor avisame cuando actualices !!

aa te tengo que contar algo yo me llamo Alina tambien jajjajaja cuando leí que uno de los personajes se llamaba asi no lo podia creer jaajaj
bueno plis subi capi o muero
¡Que bien, NUEVA LECTORAAAAAA! XDD Muchas gracias por leerme!!!!
Muchas gracias, guapa =ºº)
jaja, que casualidad que te llames Alina XDD
Ya veremos que pasa en este capi... Twisted Evil


¡¡MUCHAS GRACIAS A TODAS POR LEERME!!
Y AHORA OS DEJO CON LOS CAPIS DE JACOB!!!! Espero que os gusten Wink

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


= JACOB =


PREFACIO

El amor concede a los demás el poder para destruirte.
Sobretodo a ellas.



VER RELUCIR A UN ÁNGEL PUEDE CEGARTE DEL TODO

La cabeza salió disparada como un cohete cuando le hinqué bien los dientes, pero yo no me conformaba sólo con eso. Necesitaba más. Primero zarandeé el cuerpo del chupasangres con una saña que últimamente me salía sola, hasta que éste quedó esparcido en no sé cuántos trozos, y después machaqué la cabeza.

Cuando terminé, me dirigí a mi próxima víctima. No me importaba cuál fuera, lo único que me interesaba era soltar toda esta rabia, y estas asquerosas sanguijuelas me servían como saco de boxeo con el que sacarlo todo.

¡A tu derecha!, me avisó Paul.

No le hice mucho caso, mis ojos estaban clavados en otro bien grande que ya esperaba por mí. Me quité de encima a ese que venía a por mí, lanzándolo a un lado con una sola dentellada, y me arrojé a por el gigantón. Ese era un buen saco de boxeo.

O eso me había parecido, porque no me duró ni dos minutos.

Me giré, ansioso, y busqué mi próxima presa con rapidez. Todo eran luces malvas que se mezclaban con las doradas de nuestras almas, mis lobos luchaban bien, pero enseguida detecté un buen cúmulo de putrefactas almas añiles.

No me lo pensé dos veces. Mis patas llegaron de dos o tres zancadas y salté sobre todos aquellos vampiros con una furia desmedida, rugiendo para mostrarles mi supremacía y dominio.

Perfecto. Esos cuatro se arrojaron hacia mí a la vez, esto se ponía interesante. Ahora el saco era más grande, muy apropiado para todo lo que tenía que descargar.

Sí, necesitaba hacerlo, necesitaba sacar toda esta rabia, toda esta furia, porque cada vez que cerraba los ojos, seguía viéndola a ella, mi estúpido cerebro no había podido desterrarla de mis pensamientos, de mi ser. No podía soportarlo.

Ella se había ido. No podía quitármelo de la cabeza. Se había ido con otro…

Apreté las muelas con más que ira y destrocé a esos cuatro casi al mismo tiempo, zarandeándome igual que antes para esparcir sus malolientes ruinas por el bosque.
Me giré de nuevo para buscar más presas, pero para mi desgracia, había terminado con todos los sacos.

Podías dejar algo para los demás, ¿no?, se quejó Quil, llegando hasta mí.

No fue el único. Todos los demás se acercaron. Ni hablar, yo no tenía ganas de charlas. Lo único que quería era estar solo, estar a mi bola.

Ya habéis tenido bastante, le contesté. Quemad toda esta porquería.

Iba a mover una pata para pirarme de allí, cuando Embry se puso delante.

Espera, Jake, me paró.

Entonces, dirigió una mirada al resto del grupo que no me gustó ni un pelo. Algo se traían entre manos, algo que no me iba a apetecer nada. Ya me temía lo que era.

¿Qué pasa?, resoplé.

Ya sabes que esta noche daremos una fiesta en First Beach…

No, le respondí con contundencia antes de que me hiciera la pregunta.

¿Por qué no?, siguió Jared. Lo pasaremos guay.

No me apetece.

Venga, tío, continuó Isaac, habrá música, comida, cervezas, balones de rugby, chicas…

En cuanto enfatizó esta última palabra mis pupilas se fueron solas para clavarse en las suyas con una mirada asesina que hizo que sus orejas se agacharan un poco.

No me interesan las chicas, gruñí.

Vamos, Jake, déjanos ayudarte, bufó Embry. Hace casi un año de aquello, deberías pasar página y salir con alguna chica. No pasa nada porque…

He dicho que no, le corté, rechinando los dientes. Para mí las mujeres ya no existen.

¿Y vas a estar el resto de tu vida así?, rebatió, enfadado. ¿Vas a pasarte la vida pensando en Nessie?

Escuchar su nombre hizo que mi corazón pegase un salto, mandando a mi mente mensajes para que empezase a llenarse de flashes que chisporroteaban y que traían esos recuerdos que ahora eran demasiado dolorosos y que se retorcían en mi cerebro con saña.

No vuelvas a mencionar ese nombre, escupí entre dientes con un aire rabioso.

Embry, déjalo ya, le advirtió Sam, regañándole.

Pero Embry siguió.

Deberías de fijarte en alguna chica y olvidarte de ella de una vez.

Yo no veía mas rostros que el suyo, para mí ya no existían.

Sabes que para mí ya no hay más rostros, confesé con rabia. Ya no.

¡Vamos, tío!, protestó. Ya sé que siempre estarás imprimado, pero, ¡¿es que vas a pasarte el resto de tu vida esperando a que vuelva?!

Embry, gruñó Quil.

¡Tú no tienes ni idea!, grité, sin poder evitar mostrarle mi dentadura.

¡Todos la echamos mucho de menos, estamos deseando que vuelva, pero no va a hacerlo, Jake, tienes que asimilarlo de una maldita vez para seguir tu vida! ¡Nessie no va a volver!

¡ELLA VOLVERÁ!, chillé con furia, rugiéndole en la cara con potencia.

No fue sólo él, todos mis hermanos terminaron echados en el suelo en señal de respeto y sumisión, obligados por mi voz de Alfa, aunque sus ojos de sorpresa lo decían todo. No se podían creer que acabase de reconocer lo que acababa de reconocer.

Les di la espalda, rechinando los dientes, y salí de allí a toda velocidad para internarme en el bosque.

Corrí todo lo que me dejaron mis patas, desconectándome de la manada automáticamente para que dejasen a mi torturado cerebro en paz.

Por culpa de ese imbécil de Embry ahora necesitaba más sacos de boxeo, y lo peor es que, por hoy, se me habían terminado. Mierda, mierda, ¡mierda!

Intenté no pensar en nada durante mi trayecto, concentrarme solamente en la simple acción de mover mis huesos y músculos para galopar, pero era imposible. Otra vez sentía esa rabia dentro de mí.

No tardé mucho más en llegar a mi escondite. Atravesé los últimos árboles, al trote, y me detuve frente a la roca de siempre.

Adopté mi forma humana y me agaché para sacar mis raídos pantalones cortos y mi camiseta. Mis estúpidos ojos no pudieron evitar fijarse en la cinta de cuero que rodeaba a mi tobillo, pero lo que hicieron mis dedos fue peor, porque acercaron sus yemas para tocarla. Un calambre me atravesó el corazón, era demasiado insoportable, no podía ni mirarla. Dejé la cinta súbitamente, levantándome con prisa.

Me puse el pantalón y la camiseta de la misma forma y me senté en la roca, apoyando mi aturullada cocorota en el tronco para intentar relajarme y no pensar en nada.

Pero era demasiado tarde. Embry ya había hurgado en la herida y ésta volvía a sangrar a chorros. No le echaba la culpa. Sabía que mis hermanos de manada estaban hartos de verme así, que estaban muy preocupados por mí, que sólo pretendían animarme…, y que yo no me dejaba.

Y sabía además que ellos también la echaban mucho de menos. Sí, también, mierda. Porque yo la echaba tremendamente de menos, tenía que reconocerlo, no podía vivir sin ella, era mi droga, y, por supuesto, no era una droga normal. De esta no me desintoxicaría en la vida, lo sabía, sabía que jamás lo haría; es más, era al revés, cada día que pasaba era peor, cada hora que pasaba me enganchaba más, cada segundo que pasaba sin ella me moría un poco, lo sabía, lo sentía.

¿Cuánto tiempo iba a aguantar así? ¿Un año más? ¿Dos años? ¿Unos meses? Porque este año había sido un infierno para mí, un maldito e interminable infierno.

Sabía que Embry tenía razón, que ella no volvería, sin embargo, no sé qué me pasaba, no sabía qué estúpida e irracional razón me llevaba a ello, pero yo seguía esperándola. Y en honor a la verdad, yo no quería ni verla, pero sí, maldita sea, seguía esperando su vuelta. Era patético. Y, encima, acababa de reconocérselo a ellos. Mañana toda la manada lo sabría. Más puntos que añadir a mi patetismo.

Sí, no quería ni verla, porque lo que me había hecho…

Me incliné hacia delante y encerré mi pelo entre mis dedos con rabia.

¿Por qué? ¿Por qué me había hecho eso? Creía que éramos felices, y de pronto…

Mis dedos se cerraron en puños y noté los fuertes tirones en mi cuero cabelludo.

Me había engañado, me había estado mintiendo todo ese tiempo. Me había abandonado como a un perro, por otro.

Todas mis muelas rechinaron, tanto, que no se cascaron de puro milagro. No podía soportarlo.

Mierda. ¿Eso era lo que había sido yo para ella? ¿Una mascota? ¿Alguien con quien jugar y pasar el rato hasta que se cansó? ¿Se había divertido? Porque eso es lo que parecía. No, no podía creerlo, algo dentro de mí, en lo más profundo de mi ser, me decía que no. Aunque sabía que mi estúpido subconsciente de imprimado era el que causaba este efecto, porque la realidad estaba ahí, ella se había ido, me había abandonado por otro hombre.

Volví a estrujar las muelas con furia, celos, ira… La rabia se apoderaba de mí a cada instante.

Y, sin embargo, yo seguía aquí. ¡Maldita mierda de imprimación! Sí, porque si había regresado de mi fuga de cinco meses, si no me había suicidado ya, si no me había dejado matar por alguno de esos asquerosos chupasangres, había sido por ella. Todo por ella. Era un auténtico estúpido. Ya sabía que no iba a volver, pero yo me empeñaba en seguir aquí, en La Push, por si algún día ella se arrepentía y decidía regresar…

¡Arg! ¡Estúpido, estúpido! ¡¿A quién quería engañar?! ¡Lo que había escuchado en casa de los Cullen dejaba las cosas muy claras! ¡Ella jamás regresaría! ¡¿Por qué me empeñaba en seguir aquí?!

Mis ojos se fueron inconscientemente hacia la cinta otra vez. ¿Por qué seguía llevando esa cinta? En fin, no era necesario, porque, para ser sinceros del todo, siempre lo hacía, a todas horas, a cada segundo, pero cada vez que miraba esa cinta me acordaba más de ella. Debería quitármela y tirarla a la basura. Ella no se merecía que siguiera llevándola, que siguiera…

Dejé el pensamiento colgando, y la cinta siguió en mi tobillo.

No quería ni verla, pero en cambio seguía aquí, esperándola. Sí que era imbécil y patético.

Volví a apoyar la cabeza en el tronco de ese enorme abeto, que había sido mi único acompañante en este último año. Encima, se acercaba la fatídica fecha, y eso me hundía más en estas arenas movedizas de las que no era capaz de salir. No saldría nunca, acabaría hundiéndome del todo, ahogándome con este maldito fango.

Cerré los ojos para intentar crear un hueco de silencio en mi destartalado cerebro, procurando pensar en otras cosas, en algo agradable para variar. Idiota de mí, era imposible, porque todo lo bueno lo asociaba a ella, y eso dolía demasiado. Dolía porque ella me había hecho tanto daño. Quise maldecir el día en que me imprimé de ella, pero el amago de pensamiento se quedó trabado, no se atrevió a salir. ¡Estúpida imprimación de las narices! Ese día debería haberme largado de aquella casa para siempre, sin mirar atrás. Hubiera sido lo mejor.

Bueno, por lo menos hoy parecía que no tenía esos agonizantes pinchazos en el estómago.

Abrí los ojos, sintiéndome totalmente defraudado conmigo mismo por no haber conseguido vaciar mi recalentada mente, y éstos casi se me salen del sitio cuando me percaté de la presencia que tenía delante. Pegué un pequeño bote, del susto, y me puse de pie con precipitación, tanta, que tuve que apoyar la mano en el tronco para no caerme hacia atrás.

Era Bella. Estaba frente a mí, observándome.

¿De dónde había salido? Ni siquiera había escuchado una hoja, los grillos y los pájaros no habían dejado de cantar a mi alrededor, ni siquiera la había olido, aunque, claro, el aire soplaba en su dirección. ¿Y cómo demonios sabía que yo estaba aquí? ¿Cómo había dado conmigo?

Mi primer sentimiento fue de sorpresa y nerviosismo, mi corazón aumentó un poco su ritmo cardíaco, pero no fue por la persona que tenía delante, por supuesto, era por ella. Bella era su madre, ¿me traería noticias?

Sin embargo, nada más verle el semblante, ya me cabreé, porque pude detectar en su mirada que sentía lástima por mí. ¿Lástima? A buenas horas… Bella se había largado, como el resto de los Cullen, y no había tenido la decencia de llamarme ni una sola vez para preguntarme cómo estaba. ¿Y luego decía que yo seguía siendo su mejor amigo?

- Hola, Jake – me saludó, seria.

Su gesto grave me extrañó, incluso me asustó un poco. Parecía nerviosa por algo.

- ¿Qué haces aquí? – quise saber, enfadado -. Estás incumpliendo el tratado, lo sabes, ¿no?

Lo siento, pero no podía evitarlo. Había pasado demasiado tiempo sin que nadie de la Familia Monster se preocupase por mí. No sé qué pintaba ahora ella aquí.

- Es por algo urgente. Vengo a pedirte una cosa – contestó, moviendo las manos con ansiedad.

Genial. Encima, venía para que le hiciese un favor.

La fulminé con la mirada.

- ¿A pedirme una cosa? – chisté -. Esto es el colmo – mascullé, poniendo los brazos en jarra mientras miraba a un lado y hacía negaciones con la cabeza.
- No tengo tiempo de explicártelo – afirmó con prisas, metiéndose la mano en el bolsillo de su chaqueta -. Renesmee está en grave peligro, la están persiguiendo y tienes que llevarla a este sitio lo antes posible, Emmett os esperará allí para recogerla.

Fueron muchas cosas de su frase las que me chocaron y bombardearon mi cerebro para avasallarlo sin cuartel. Lo primero fue volver a escuchar su nombre, cada vez que lo oía me daba una descarga eléctrica que despertaba todos aquellos maravillosos recuerdos que ahora se habían convertido en toda una tortura, y eso que el idiota de Embry ya lo había mencionado antes. Lo segundo fue relacionarlo con la palabra peligro, eso hacía saltar esta maldita pulsión de imprimado que me hacía sentir que tenía que protegerla a toda costa. Y lo tercero fue esa petición imposible que se parecía más a una exigencia.

Se acercó a mí como una exhalación y me pasó el papel que había sacado, sin que me diese tiempo ni de pestañear. Después, con la misma rapidez, volvió a su puesto de antes.

- ¿Qué… qué estás diciendo? – conseguí musitar, observando el papel con incredulidad -. ¿Qué es esto…?

No hizo falta que me respondiera. Era un mapa geográfico. Y mostraba el camino desde La Push hasta una cordillera al suroeste de Canadá. Había una ruta marcada a rotulador rojo y un círculo perfecto en una de las escarpadas montañas, se notaba que eran así por el relieve del dibujo topográfico.

- No podría confiársela a nadie mejor que tú – siguió con esa voz nerviosa -. Sé que tú la protegerás mejor que nadie, por eso he venido hasta aquí. No te lo pediría si no fuera así.

Me quedé de piedra. Necesité de un minuto para volver a reaccionar, puesto que mi cerebro creyó haberse vuelto majareta al escuchar tantas cosas juntas y todas tan de repente.

- ¿Quieres que yo… lleve a… - me negué a pronunciar su nombre -, la lleve hasta Canadá? – no pude evitar que me saliese ese tono sarcástico y ácido -. ¿Después de todos estos meses, de todo lo que ha pasado, tienes la cara de venir aquí para pedirme esto?
- No he pod… - su voz pareció clavarse en algún sitio de su garganta, dado lo abrupto de su parón. Tomó aire y empezó otra frase -. Por favor, Jacob, Renesmee se morirá si no la llevamos allí antes de seis días.

Otra descarga eléctrica me recorrió de arriba a abajo, pero esta vez no fue sólo por oír su nombre, sino por esas palabras que entraron por mi frente como una bala helada, atravesando mi nuca. De nuevo sentí esa pulsión. Mierda, pero ahora era demasiado fuerte, urgente.

Sin embargo, yo no quería verla. No, no. No quería tener nada que ver con ella, ya me había hecho bastante daño. O sea, ¿tenía que llevarla a ese sitio, para que luego volviese con ese… imbécil con el que estuviera? Ni hablar.

Tragué una buena bocanada de aire para dominar a esa estúpida pulsión y lo expulsé con rapidez.

- No, no, no. No pienso… no pienso llevarla – me costó un triunfo, pero conseguí que esas palabras salieran de mi boca, aunque lo hacían con una entonación un tanto asustada. Mierda -. ¿Por qué no la lleváis vosotros? Además – bajé la mirada al plano y lo señalé con la mano -, a mí llegar hasta aquí me llevaría dos o tres días, en cambio a vosotros os llevaría menos, seguro.
- Renesmee está aquí – me anunció de pronto.

Esas palabras impactaron en mis oídos con fuerza, insertándose en mi cerebro como un arpón candente y chispeante. Levanté la vista súbitamente a la vez que mi corazón pegaba un salto y se ponía a latir a mil por hora.

No me dio tiempo a nada más.

Bella miró hacia un lado y mis ojos se fueron automáticamente hacia allí, ni siquiera lo dudaron un instante.

El mapa se me cayó al suelo y mi boca se quedó entreabierta cuando la vi salir de detrás de un árbol. Me quedé hipnotizado como un idiota viendo cómo caminaba hacia su madre, con esa gracilidad y armonía, todo en ella lo era, parecía que lo hacía a cámara lenta. Sus largas piernas, vestidas con unos ajustados vaqueros que dejaban entrever demasiado bien lo perfectamente contorneadas que eran, avanzaban entre las ramas y la hierba con paso seguro. Se colocó junto a Bella y se quedó frente a mí.

Llevaba puesta una sudadera blanca que se ceñía a ese cuerpo escultural con ganas. Portaba una mochila de esas que llevan los montañeros, con saco incluido, y la capucha de su sudadera envolvía su cabeza, haciendo sombra, de modo que no podía verle bien el rostro. Hasta que la retiró hacia atrás.

Entonces mi corazón se desbocó, pasó a latirme tan deprisa, que creí que iba a romperme el externón para salir volando hacia ella. Sabía que Bella y ella misma podían escucharlo, pero no pude controlarlo. Mi respiración se agitó, más que deslumbrada, casi me caigo desplomado al suelo, de la impresión, y mi estómago se llenó de ese cosquilleo alocado que a punto estuvo de crear un colapso en todo mi organismo.

El único rayo de sol que se dignó a salir esta tarde se coló entre las copas de los árboles para iluminarla, haciendo que el blanco de su ropa destellara y le reflejara en la cara, confiriéndole aún más luminosidad. Era un ángel…

Jadeé ante tal visión.

Su rostro divino era más hermoso que nunca, su piel, impoluta, sus mejillas, sonrosadas y llenas de vida, sus dulces y grandes ojos de color café brillaban más que nunca, me reclamaban como nunca antes, y sus carnosos labios me pedían a gritos que corriera hacia ella para besarlos…

Metió sus manos por su cuello y sacó su cabello. No hizo falta que lo tocara más, la suave y cálida brisa de junio se encargó de remover su larga, espectacular y preciosa melena, llevándosela hacia delante y alzándola ligeramente. El aire danzaba con su cabello, lo acariciaba, lo mimaba. Por un instante, deseé ser viento para tener ese privilegio. El color broncíneo de sus rizos contrastaba con el blanco de su sudadera. Al removerlos, la brisa consiguió que su maravilloso efluvio llegase hasta mí.

No era un ángel, era una diosa…

Fui capaz de controlarme y no cerré los ojos, pero inspiré ese aroma profundamente. Inconscientemente, irremediablemente. Porque necesitaba hacerlo, ella era mi droga, la necesitaba, la ansiaba…

Hace un momento estaba lloriqueando y rabiado por ella, y ahora ella estaba aquí, delante de mis narices. Todo lo que había soñado, todo lo que había estado esperando durante estos meses, había aparecido de repente.

Sin embargo, no podía engañarme, no era ni mucho menos como yo lo había soñado. Ella seguía ahí, inmóvil, ni siquiera se había acercado a mí, no había arrepentimiento. Aunque tenía que reconocer que si hubiera venido hacia mí para abrazarme como si nada, no sé qué hubiese hecho. Me habría chocado mucho, la verdad, puede que hasta la hubiese rechazado, y eso habría sido peor. En el fondo agradecí esa prudencia por su parte.

No era arrepentimiento, pero sus preciosos ojos reflejaban otra cosa. Era tan hermosa, esa palabra se quedaba demasiado corta. Noté cómo mi careto de idiota reflejaba lo maravillado y deslumbrado que me había quedado ante tal visión. Por un momento me pareció que ella también sentía lo mismo que yo, pero estaba claro que era mi desesperación y dolor los que producían ese delirio. Tuve que parpadear varias veces como un tonto para volver en mí.

Me obligué a hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad con el fin de no abalanzarme sobre ella para besarla. Apreté los puños con fuerza y contuve todos esos estúpidos y débiles instintos y sentimientos. Porque no podía olvidar el daño que ella me había hecho. Por su culpa ahora estaba muerto en vida.

Ahora que me había despertado de este sueño me fijé en que su corazón también latía como loco, lo hacía justo al doble que el mío – que aún seguía desbocado –, a una velocidad más que vertiginosa, la impresión del principio había embotado todos mis sentidos, y ella también mantenía los puños apretados. Apretaba tanto, que los nudillos parecía que le iban a estallar.

¿Por qué estaba tan nerviosa? ¿Tanto le dolía verme?

- Hola, Jake – habló, se notaba que con un nudo en la garganta, clavándome esos ojos implorantes que a punto estuvieron de hacerme sucumbir.

Su hermosa y celestial voz hizo que me diera la vuelta con precipitación, llevándome la mano a la nuca, nervioso y agitado. Mis estúpidos bronquios no se controlaban y mi corazón no conseguía volver a su ritmo de siempre. Tuve que inspirar bien hondo para relajarme un poco, y aún así, fui incapaz.

No podía, no podía hacerlo. No podía llevarla a esa montaña y estar cerca de ella varios días, era demasiado doloroso para mí. ¿Llevarla? ¿Llevarla hasta allí para después tener que devolvérsela a quien quiera que fuese el imbécil que me la había arrebatado? Porque ella correría a sus brazos, ya me había dejado para irse con él. Ya lo había hecho una vez. Y que me abandonase dos veces sería insoportable para mí, lo sabía. Sólo de pensarlo, me llenaba de angustia e ira descontrolada, hacía que la furia me dominase por completo. Era demasiado doloroso para mí, demasiado. Ni siquiera podía ser su amigo.

- No…, no puedo, Bella – murmuré, otra vez con esa inoportuna voz asustada.

Pero cuando me di la vuelta de nuevo, Bella ya no estaba. Solamente estaba ella. Mis ojos buscaron a Bella ansiosamente entre la vegetación, sin embargo, se había esfumado. Mis dientes rechinaron. Maldita traidora, me la había jugado…

Sin pedirme permiso, mis patéticas pupilas se clavaron por un instante en las suyas, que se alzaron del suelo para reclamarme, y estuvieron a un pelo de caer en la tentación.

¡Mierda, ni hablar!

No, no estaba dispuesto a pasar por lo mismo otra vez. Todavía estaba pagando mi condena infernal. Que la llevase su familia.

Ni siquiera le hablé. Me di la vuelta, rabiado, y comencé a caminar en dirección a la casa de mi viejo.

Escuché sus pasos detrás de mí, bueno, tengo que reconocer que también la miré por el rabillo del ojo, y vi cómo recogía ese dichoso mapa del suelo para seguir tras mis pies. Eso me cabreó más.

Me paré en seco, tanto, que ella casi se estampa contra mi espalda, y me giré con enfado.

- Mira, me importa una mierda lo que haya dicho tu madre – le espeté en la cara con resentimiento -. No quiero que me sigas, ¿entiendes? Da la vuelta y pírate con ella.
- Ya se ha ido, y no sé dónde está – respondió con un hilo de voz mientras sus preciosos ojos volvían a clavarse en los míos.

Me di la vuelta otra vez para no tener que verlos y comencé a caminar.

- Pues llámala al móvil, ¿a mí qué me cuentas? – refunfuñé, apartando una rama de mi camino de un manotazo.
- Lo tiene apagado – aseguró, siguiéndome de nuevo.

Genial.

Me dio igual. Seguí mi veloz camino entre los árboles, con ella detrás de mí todo el tiempo. No tuve compasión y avancé en grandes zancadas, lo eran incluso para mí, pero ella no se amilanó, continuó pegada a mi chepa, prácticamente corriendo al trote, en silencio.

Resoplé, malhumorado, cuando llegué frente a la casa y ella lo hizo conmigo. ¿Y ahora qué hacía? Ella no se iba, y tenía toda la pinta de que no se iba a despegar de mí. Estudié todas las posibilidades que se me ocurrieron en ese momento y ninguna me gustaba. Si me largaba por ahí y alguien de la manada la veía conmigo, tendría que soportar sus futuros pensamientos sobre lo guapa que estaba y lo imbécil que era yo por dejarla marchar, pensamientos que durarían un montón. Pero, claro, ellos no me entendían. Y si la llevaba a casa, ¿qué cara iba a poner mi padre cuando la viera aparecer? Bueno, eso ya me lo imaginaba. Pero era la mejor opción, por lo menos Billy no compartía sus pensamientos con nadie, no se convertiría en algo vox pópuli.

Volví a resoplar, esta vez por las narices, y entré en la vivienda, a sabiendas de que ella me seguiría. Y, claro, claro que lo hizo.

Mi padre estaba entretenido, haciendo uno de esos crucigramas que tanto le gustaban últimamente.

- Ah, vaya, Jake, hoy has llegado muy temp…

El bolígrafo se le cayó de la mano cuando alzó la vista y la vio, casi se le salen los ojos de las cuencas.

- Mierda… - mascullé para mí.
- Hola, Billy – le sonrió ella.

Dios, su sonrisa seguía siendo tan hermosa y dulce como siempre. Gruñí y giré el rostro para no verla.

- Nessie… - murmuró al principio -. ¡Nessie! – exclamó acto seguido, riéndose; y empezó a mover las ruedas de su silla con un entusiasmado brío para acercarse a ella. Genial, lo sabía -. ¡¿Qué… qué haces aquí?! – y cuando terminó su pregunta, sus ojos oscilaron hacia mí con alegría.

Estúpido…

- No es lo que piensas – le advertí con enfado, esquivándole para dirigirme a la cocina.

Necesitaba un poco de agua. Esto era demasiado.

Las dos cabezas se giraron para seguirme, pero él enseguida la volvió hacia ella.

Entré en la cocina y cogí un vaso para llenarlo de agua.

- ¿Qué haces aquí? – repitió mi viejo -. ¿Cómo te va todo?

Engullí el agua en traguitos pequeños, intentando que fueran lo más sonoros posible para que hicieran un poco más de ruido en mis oídos. No tenía ganas de escuchar lo feliz que era.

- Bueno, tengo problemas – escuché igualmente.
- ¿Problemas?

Pude percibir cómo el tono de mi padre adquiría un matiz esperanzador. El muy idiota se pensaba que se refería a su relación con ese otro cretino. Tuve que llenar otro vaso y bebérmelo con prisas, para amortiguar esa quemazón que me subió desde el estómago. Sólo pensar en eso, hacía que ya me temblasen las manos y que el rabioso calor quisiera subirme por la espalda.

- Me están persiguiendo – explicó ella -. Por eso mi madre me ha traído hasta aquí. Jacob tiene que llevarme a este sitio.

Posé el vaso en la meseta con un fuerte golpe y salí disparado de la cocina, aunque fue demasiado tarde.

- ¿Hasta Canadá? – inquirió mi padre con sorpresa antes de que llegase a su lado y le quitara el plano de un zarpazo -. ¿Y quién te está persiguiendo? ¿Por qué?
- Da igual, porque yo no voy a llevarla a ningún sitio – afirmé con acidez, doblando ese plano malamente y tirándolo sobre la mesa.
- ¿Cómo? ¿No vas a ayudarla? – censuró Billy, haciéndolo también con la mirada.
- Lo hará su familia, a la cual voy a llamar ahora mismo – dije, dirigiéndome hacia el teléfono.
- Tienen el móvil apagado – aseguró ella otra vez.

Mis pies descalzos se clavaron en el suelo, incrédulos, y me giré hacia ella para mirarla del mismo modo.

- ¿Todos?
- Sí. Y no los van a encender – declaró -. Ellos también me están protegiendo, pero por otros flancos, y no pueden tener los móviles operativos, sería peligroso.
- Tienes que ayudarla – intervino Billy, hablándome con ese absurdo tono solemne que siempre ponía para estas cosas -. Te han pedido ayuda y debes obrar correctamente.
- No, no, no, no – articulé con rapidez, acercándome a los dos nerviosamente -. Ella se va a marchar ahora, ¿verdad?
- No tengo dónde quedarme – dijo, alzando esos ojazos para llevarlos a los míos.

Aparté la mirada con urgencia.

- ¿Tu familia no está en su casa de Forks? – quiso saber Billy.
- No, se han ido y me han dejado aquí.
- Pues no se hable más, te quedarás en esta casa – soltó mi viejo por esa boca.
- ¡Ni hablar! – protesté con indignación.

¿Pero qué hacía? ¿No se daba cuenta de lo difícil que era esto para mí? Me… me volvería loco.

- ¡Haz el favor de no ser maleducado, Jacob! – me regañó.
- ¡Que se vaya a casa de Charlie!
- Charlie se fue de viaje esta mañana con Sue – me reveló, para mi sorpresa.

¿Qué? ¿Pero qué era esto? ¿Es que el destino, las estrellas y los astros se habían confabulado para ponerse todos en mi contra?

- ¡Pues que se vaya a un hotel o algo!
- ¡Jacob Black! ¡Los quileute somos conocidos por ser gente muy hospitalaria! ¡Esta es mi casa y no voy a permitir que mi…, que Nessie – rectificó a tiempo – tenga que alojarse en un hotel cuando lo puede hacer aquí! – respiró hondo para tranquilizarse y siguió hablando, aunque continuando con ese tono de autoridad -. Dormirá en tu habitación y tú te quedarás en el sofá. Lleva su mochila a tu cuarto y cámbiale las sábanas.

Me sentí como un auténtico idiota. Se suponía que yo era el Gran Lobo, tenía a una manada de veintitrés lobos a mis órdenes, era el jefe de la tribu, teóricamente, y ya era bastante mayorcito para estas absurdas riñas paternales, pero resulta que llegaba a casa y con mi viejo tenía que agachar las orejas y meter el rabo entre las piernas. Menudo Gran Lobo. Sin embargo, y para mi desgracia, esto es lo que me tocaba, si quería vivir aquí, claro, esta era su casa y no me quedaba más remedio que acatar sus órdenes. Pero esto no se iba a quedar así.

- Bien, genial – bufé, cabreado; y agarré la mochila de malos modos cuando ella se la quitó -. Puede quedarse con mi habitación, si quiere, pero yo no dormiré en la misma casa.

Caminé enrabietado y entré en mi dormitorio, bueno, ahora su dormitorio. Arrojé la mochila al suelo hoscamente y me dirigí al armario para coger un juego de sábanas limpias. Cuando me giré hacia la cama, ella estaba junto a la misma, observándome. Tiré las sábanas sobre la colcha y cerré el armario de un golpetazo.

- Ahí tienes tus sábanas – le dije mientras pasaba a su lado, raspando las palabras con acidez.

Y me largué de la habitación, pegando un portazo.

- ¡Ya está bien, hijo! – me riñó Billy una vez más. No le escuché y seguí caminando. Intentó seguirme, pero sus ruedas no eran tan rápidas como mis pies -. ¿A dónde vas? – y su voz sonó con preocupación.

Genial. Eso me hacía sentir culpable. Se las había hecho pasar canutas cuando me largué aquellos cinco meses, porque había estado desconectado de la manada y no había recibido noticias mías en todo ese tiempo.

Me detuve un momento para calmarle. Giré un poco la cabeza, aunque no me di la vuelta.

De pronto, mis ojos se toparon con algo en la estantería que llamó mi atención momentáneamente. Era un extraño mineral de color celeste que tenía unas manchitas negras.

- ¿Qué es eso? – pregunté, frunciendo el ceño, aunque esta vez con extrañeza, cogiéndolo para mirarlo.
- ¿Qué? Ah, eso. Nada, un amuleto de la suerte que le compré a un vendedor ambulante – me explicó -. Protege de los malos espíritus.
- ¿Y para qué le compras nada a un vendedor ambulante? – le regañé, dándome la vuelta con esa piedra encima de mi palma -. Esos tíos sólo son estafadores, papá.
- Este no era el típico vendedor, era un hombre con una melena blanca que sabía magia – alegó él -. Parecía una buena persona, además, sólo me pidió la voluntad.

No le sirvió de nada, ya que yo suspiré con cansancio, siempre caía en esos trucos baratos. Al ver mi inconformismo, siguió con su defensa.

- Sé lo que estás pensando, pero era un mago de verdad, incluso me hizo un truco de magia muy bueno con unos polvos dorados.
- Un truco de magia, ya – resoplé, dejando la piedra en la estantería -. El único truco que te ha hecho, ha sido el engañarte para venderte esta porquería.
- Era bueno – se defendió él -. Y es un amuleto.
- Vale, vale, es tu dinero, allá tú – mascullé, refunfuñando.

A fin de cuentas, a mí me daba igual lo que hiciera con él. Además, mi atolondrada cabeza no estaba para pensar en esas bobadas ahora mismo. Lo único que quería era salir de esta casa antes de que ella lo hiciera de la habitación.

Me di la vuelta y me dirigí a la puerta con rapidez.

- ¿A dónde vas? – repitió, acercándose a mí por detrás.
- Tranquilo, no me voy a largar, ¿vale? – le calmé, abriendo la hoja -. Dormiré aquí fuera.

Y salí por el umbral para pirarme de esa casa.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Vie Jun 17, 2011 7:07 pm

naaaaaaaa no lo podes dejar ahi!!!!
es re cortitooo y me quede con mucha intrigaaaa, vos me queres matar o que? ajajaja
por favor si es ósible subi otroo hoy o morireeeeeeeee ajjajajaja
besos que estes bien Wink
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Vie Jun 17, 2011 10:03 pm

jajajajajaja buen comentario ONLYSEXYVAMPIRES yoo creoo que tambien voy a morir
ojala pueda montar hoy mismoo otro porque estoy que me muero por saber que pasaaaaaaaaa no lo puedoo creer es espectacular este capiiiii
ojala pase algoo entre ellos ummmmmmmmmmmmm Very Happy pale
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Vie Jun 17, 2011 11:25 pm

estoy de acuerdo Ingrid.Cardenash fue genial el capitulo pero quiero que vuelvan a besarse con esa pasion de antes!!!
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Jun 18, 2011 3:19 am

dime ingrid muchoo gustooo.......................................... y ps la verdad seria genial que se volvieran a besar con esa pasion que me mata y me encanta peroo esperooo que nessie sea bien viva y lo conquiste con cosas fuertes jajaja lastima que los instintos lupinos los tiene por decir asiii calcelados por el momentooooo por que caeria a la perfeccion el tiempo de celoo de nessie que espectacular seria peroo ps bueno dejemos a ver que pasa peroo sii sigoo esperandoo me va a dar un colapsoooo de nervios jkajajaajajajajajja
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Jun 18, 2011 4:24 am

Oh por dios! este capi estuvo geniaal.. & el anterior también!
AMO a Jacob, aunqe ahorita este un poquito enojadito xD.. pero aún así es genial.
Nessie sabrá qe hacer con eso! ;D
Por favor, escribe prontoo! Muero de ganas por saber qee pasará!
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Jun 18, 2011 4:31 am

un gusto conocerte ingrid!! soy Alina, si como la de la novela me llamo jajajja!
si ojala nessie este en celo o algo, o que le dija a Jake, "te acordas que te pedi que siempre recordaras que te quiero"... y que hay le explique todo y jake se quede con cara de wtf jajaja y bueno que se casen y tengan hijitosssssssssss y sean felices para siempre pero por otro lado no quero que termine la nove, pero si quiero que se arreglen
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Cristina Almeida
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Jun 18, 2011 1:51 pm

Me voy a morir hasta el proximo capi!!!!! Cuelgues pronto, Tamara!!! Magnifico el pov de Jacob!!! Por cierto, estoy de acuerdo Ingrid, seria magnifico el celooooooo de Nessie... A ver cómo él iba resistir... jajajajaja, Espero que todo salga bien, Jake con rabia es aún más maravilloso... Ainsssssss, el hombre de mis sueños, perfecto... Cúando van a besarse con la pasión que nos mata a todas???? Ansiosaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, felicidades, preciosa, eres genial, mi heroina!!! Eres mi sunny ...


- Prométeme que jamás olvidarás que te quiero – susurré.
- ¿Qué? – inquirió sin comprender.
- Pase lo que pase, aunque no te lo pueda decir, quiero que recuerdes que yo siempre seré tuya, que te amo, y que siempre, siempre te amaré.
- ¿Por qué me dices esto? – sus cejas bajaron con extrañeza.
- No lo sé…, es una especie de intuición – manifesté con un poco de ansiedad.
- Nessie, sólo ha sido una pesadilla – murmuró.
- Prométemelo – le imploré, subiendo la mano para acariciar su hermoso rostro -, prométeme que nunca olvidarás que te quiero.


Díos, te lo pido, que Jake y Nessie vuelvan a amarse, inspira Tamara, aún más! Seré buena todos los días, te lo prometo!!!! JAJAJAJAJA


Última edición por Cristina Almeida el Sáb Jun 18, 2011 2:17 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Jun 18, 2011 4:51 pm

¡HOLA, GUAPISIMAS!

Madre mia, que aluvion de comentarios!!!! XDD Esta bien, ya que me lo pedis asi, pondre otro capi Wink

Muchisimas gracias onlysexyvampires, Ingrid.Cardenash, Brenda y Cristina!!!!!!

Bueno, bueno, ya tendremos nuestro momento beso, pasion y todo eso... jaja, pero ahora toca sufrir un poquito Twisted Evil Vamos a ver como reacciona Jake ante las insinuaciones de Nessie... Twisted Evil No se a vosotras, pero es que a mi Jake me pone mogollon cuando esta enfadado, jajajaja. Teneis que tener en cuenta, que el cree que Nessie lo ha dejado por otro hombre, y todo es por ese hechizo que tiene Wink jamas creeria eso si no fuera porque esta hechizado Wink Jake esta influenciado por 2 hechizos; el primero de ellos ha hecho que el crea esa patraña de mentiras y el segundo hechizo es el del corazon, es decir, el que ha ido metiendole rencor para que odie a Nessie. Afortunadamente, el segundo hechizo no ha conseguido que el la odie, solo que la guarde rencor Wink y ella ahora tiene que ayudarle a purificar su corazon Wink ¿Lo conseguira? Bueno, ya lo veremos Twisted Evil
Es una pena que el celo de Nessie sea en abril y no en junio, ¿eh? jajajaja Pero no os preocupeis, estos dos no necesitan de eso para arder... Twisted Evil Cool jaja.

Bueno, guapisimas, muchas gracias por esas cosas tan bonitas que me poneis =ºº) Me haceis muy feliz.
Aqui os dejo otro capi, espero que os guste Twisted Evil Ains, este Jake es que me encanta!!!!!!!

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OH, SÍ, GENIAL.
ESTO ES PARA VOLVERSE LOCO


La negrura ya comenzaba a invadirlo todo, y no sólo por la hora, que ya traía la noche, sino por esos oscuros y densos nubarrones que aún sostenían las gotas de lluvia ahí arriba de puro milagro.

Los rayos comenzaron a serpentear con furia, iluminando el cielo con sus fogonazos, casi parecían metáforas de lo que estaba sucediendo en mi inquieto cerebro.
Mientras, mis patas intentaban huir de mis rabiados pensamientos, corriendo a toda prisa por los alrededores de la casa. Pero todos mis esfuerzos eran inútiles.
Encima, iba a tener que salir del bosque, con la tormenta era peligroso estar ahí.

¿Es que la meteorología también se había unido al destino, las estrellas y los astros para confabular en mi contra?

Pues sí.

Las nubes se cansaron antes que yo y dejaron caer los goterones, descargándolos poco a poco al principio, pero convirtiéndose en una fuerte lluvia continua después.

Mierda. Ahora no me quedaba más remedio que irme del bosque.

Galopé con prisas y salí de entre los árboles. Entonces, escuché su voz angelical y me paré en seco, a unos pocos metros de ellos.

Genial. Justo lo que no quería. Aunque no pude evitar poner la oreja. La luz de mi habitación estaba encendida, ella estaba allí.

- Sí, tenías razón, con el primer… eso no hay contagio, solamente es a partir del segundo – bisbiseó muy bajito, tanto, que tuve que mover la oreja en esa dirección y aguzar mucho el oído -, pero lo que hiciste ha funcionado, el contagio no ha surtido efecto en él. Y el disfraz que usaste ha sido muy bueno, no se ha dado cuenta de lo que eras.

¿Pero qué narices estaba diciendo?

Mis dientes rechinaron automáticamente cuando me di cuenta de con quién estaba hablando. Su familia tenía el móvil apagado, así que no era muy difícil hacerse una idea de con quién lo hacía. Seguro que era con él, con ese otro

El gruñido rabioso que mi garganta profirió salió por cuenta propia. No pude evitar que se escapara. Vale, tenía que reconocerlo, estaba celoso, muy celoso. Bueno, eso era decir poco, porque este sentimiento me carcomía por dentro, no podía soportarlo.

Se ve que al final ella había decidido estudiar medicina, y ese imbécil debía de ser un compañero de la universidad, o puede que el bastardo ya fuese médico. Edward tenía que estar muy contento, su hija había dado un buen braguetazo.

¡Arg! No quería pensar más en el tema, porque me ponía malo.

Un rayo mostró su látigo feroz a unos pocos metros y pegué un bote, del susto.

Vale, vale, decidido. Lo mejor era irse dentro de la casa, aunque ella estuviese allí. Gruñí con desagrado y me dirigí hacia la vivienda a regañadientes. Esperaría a que la tormenta pasase para dormir fuera.

Adopté mi forma humana bajo la lluvia, saqué mi ropa de esa dichosa cinta y me puse los pantalones empapados.

Cuando entré en la casa, ella salía de mi cuarto al mismo tiempo. No pude evitar que mi corazón se acelerase de nuevo. Pero olía estupendamente. No me había dado cuenta del hambre voraz que tenía hasta que olí esa comida.

Nuestras pupilas se encontraron por un sólo instante, ya que yo las aparté como el rayo que acababa de caer allí fuera, aunque por el rabillo del ojo pude ver cómo ella me repasaba con la mirada y su corazón también aumentaba de ritmo. Eso hizo que volviera a clavarlas en las suyas, y entonces fue ella quien las apartó, girando el rostro, ruborizada.

Vaya. Ahora se ponía tímida conmigo. ¿Qué te parece?

- Llegas a tiempo – declaró Billy con una sonrisa, quitándome la camiseta mojada que chorreaba desde mi mano -. Nessie ha hecho la cena, íbamos a ponernos a comer ahora mismo – y entró en el cuarto de baño para meterla en la lavadora.

Iba a decir que no tenía hambre, pero mis tripas rugían ruidosamente con ese olor, era demasiado evidente que estaba famélico. Me di cuenta de que olía a uno de mis platos favoritos, sólo ella sabía prepararlo así, y ella lo sabía, ella sabía cuánto me gustaba. ¿Qué era esto? ¿Acaso… acaso había cocinado para mí? Mientras ella ya ponía mi plato en la mesa, y aprovechando que alzó la vista hacia mí, me arriesgué y enganché mis extrañados ojos en los suyos para estudiarlos.

Qué preciosos eran…

- Bueno, a cenar – interrumpió Billy, saliendo del baño a toda velocidad para colocar su silla en la mesa y haciendo que yo apartara la vista con precipitación.
- Tengo… tengo que ponerme algo seco – dije, llevando la mano a mi pelo mojado para revolvérmelo con nerviosismo y echando a andar hacia mi cuarto.

Atravesé la sala a toda prisa, pasando junto a ella sin mirarla, aunque ese maravilloso efluvio no pasó desapercibido para mi nariz, que volvió a inspirarlo profundamente, y entré en mi habitación, cerrando la puerta a mis espaldas.

Apoyé la espalda y la cabeza en la misma, cerrando los ojos, estrujando los párpados para no pensar, pero, maldita sea, ya era demasiado tarde. Esa película ya empezaba a abrirse paso. Desde luego era un auténtico idiota. Era seguro que había hecho ese plato solamente para ser amable, un gesto de agradecimiento por dejar que se alojase aquí. Pero todo este rollo de la comida volvía a traerme esos recuerdos que ahora me dolían tanto, no podía evitarlo.

- Jake, estamos esperando por ti – voceó Billy.

Me despegué de la puerta, un poco sobresaltado por esa inesperada y molesta voz.

Mi padre también tenía un hambre canina, no era de extrañar, con ese olor ya debía de llevar un buen rato salivando. Ella era una cocinera excelente.

Gruñí.

- Ya voy – le contesté de mala gana.

Resollé por las napias y me dirigí al armario para coger lo primero que pillé. Me puse unos pantalones de chándal y una camiseta gris y salí de mi habitación para cenar, pasando primero por el cuarto de baño para meter los pantalones en la lavadora.

Cuando regresé a la sala, mi padre y ella ya estaban esperándome, sentados a la mesa. No quería mirarla, así que desvié la vista hacia cualquier otro lado, entonces, vi el sofá.

- Nessie te ha preparado el tresillo para que duermas más cómodo – me aclaró Billy, que se había dado cuenta de mi careto de estupefacción.

Y ahora me hacía la cama, ¿a qué se debía tanta amabilidad?

- No hacía falta – gruñí, sentándome -. En cuanto pase la tormenta, me voy a largar de aquí.

Sí, porque esta situación era muy incómoda para mí, y totalmente surrealista.

Pero cenar, iba a cenar. Ya sabes, el hambre es el hambre. Bueno, ya que ella se había quedado y yo tenía que soportar su presencia, podía aprovecharme un poco de la situación. Y, la verdad, para ser sinceros, esto olía demasiado bien como para desperdiciarlo. No me iba a morir por cenar algo tan rico, aunque lo hubiese hecho ella. Eso sí, lo comería lo más deprisa que pudiera para pirarme de aquí cuanto antes, y tampoco tenía pensado dirigirle la palabra.

- Pues tiene toda la pinta de que no va a parar – declaró ella, cogiendo sus cubiertos para comenzar a zampar.

Bueno, sólo una frase.

- Puede que la lluvia no pare, pero la tormenta pasará. Y eso es suficiente para que pueda dormir afuera – alegué con acidez.

Bueno, vale, eran dos frases.

- A veces los rayos caen y, sin embargo, nunca ha llovido – afirmó, mirándome con una intención que no pillé.

¿A qué venía esa frase tan tonta?

- Pues si no llueve, más fácil me lo pones – respondí, metiéndome un buen bocado de comida en la boca.

Que estaba riquísima, por cierto, había que reconocérselo.

- La verdad es que no tiene pinta de parar. Deberías dormir dentro – me aconsejó.
- La lluvia es lo que menos me preocupa, créeme – le contesté de mal rollo.
- Pues ya te he preparado el sofá.
- Pues no haberlo hecho.

Mierda. Sin darme cuenta, ya estaba conversando con ella. Bueno, conversando no, esto se parecía más a una discusión estúpida.

Billy nos miraba a los dos con un poco de prudencia. El muy idiota intentaba disimular, fijando la vista en el televisor como si no pasase nada, pero podía ver cómo nos observaba por el rabillo del ojo.

- Pues si no duermes dentro, me iré fuera contigo – espetó con terquedad.

Giré el rostro hacia ella y la fulminé con la mirada.

- Ni se te ocurra – gruñí.
- Pienso hacerlo.

Clavó esos ojazos en los míos con esa determinación que conocía tan bien. Esta era capaz de seguirme y todo si me largaba por ahí, o peor, si me piraba lejos y ella se perdía al seguirme o algo, sabía que terminaría dando la vuelta para buscarla como un imbécil. Eso me haría parecer más patético todavía, y, encima, delante de ella.

Solté todo tipo de maldiciones en mi fuero interno. ¿Por qué me tenían que pasar a mí estas cosas?

Dejé que continuase ese silencio que había quedado y volví mi enfrascada y malhumorada cara al plato para seguir cenando.

- ¿Dormirás en el sofá? – preguntó al ver que yo no le contestaba.

¿Pero a ella qué le importaba? No se había preocupado por mí en todo un año.

- Sí, dormiré en el dichoso sofá, ¿contenta? – refunfuñé, resoplando.
- Eso está mejor – sonrió.

Otra vez su sonrisa me pareció perfecta, dulce y cariñosa…

Percibí cómo el labio de Billy se elevaba ligeramente por uno de sus lados. Me dieron ganas de lanzarle algo para borrarle esa estúpida mueca de satisfacción.

Carraspeó y volvió la atención a la mesa.

- Esto está riquísimo, ¿verdad, Jake?

Genial. Ya empezaba. Esto ya me lo temía yo…

- Sí, muy rico… - mascullé de mala gana, clavando el tenedor en un trozo de carne.

La verdad es que lo estaba. Lo estaba como siempre lo habían estado todas sus recetas, pero este plato era mi favorito. No pude evitar que mi chamuscado cerebro volviese a preguntarse por qué lo había hecho.

- Gracias – asintió ella, sonriendo otra vez.

Me empeñé en fijarme en la pantalla de la tele, pero mi desobediente vista se me iba, se me iba.

- Dicen que a un hombre se le conquista por el estómago – rió Billy.

¿Sería idiota…?

Llevé mi mano hacia delante para coger mi vaso de agua, intentando fingir indiferencia mientras veía la televisión.

- Lo sé – sonrió ella de nuevo; y llevó sus ojazos de café a los míos para engancharlos con una mirada llena de intenciones.

El espasmo que me dio hizo que mi mano calculase mal y empujase el vaso. Éste cayó, chocando con mi plato, lo cual produjo un ruido un tanto estrepitoso, y el agua se desparramó por mi comida y por el mantel, llegando incluso a salpicarme algo en la camiseta.

- Mierda, genial – protesté, levantándome de la silla con rapidez para que el agua no llegase a mis pantalones, mientras me secaba la camiseta con las manos.
- Vaya por Dios – murmuró Billy, tirando su servilleta encima del charco del mantel para que el líquido dejase de gotear en el suelo.
- Deja que te ayude – se ofreció ella, poniéndose de pie.

Se acercó a mí y comenzó a secarme la camiseta con su servilleta.

- No, deja – me aparté, con nerviosismo -. No… no es nada, ya secará.
- Te cambiaré el plato y te echaré otro poco – dijo, dejando la servilleta en la mesa para recogerlo.
- No, no hace falta – le paré, cogiendo el plato yo -. Ya cené bastante. Seguid… seguid cenando vosotros.

Y corrí hacia la cocina. Dejé el plato en el fregadero y apoyé las manos en la meseta, inclinándome un poco hacia delante.

Me sentía un poco aturdido y desconcertado. ¿A qué venía tanta amabilidad ahora? Rechiné los dientes cuando me di cuenta del por qué. Era evidente que intentaba ser simpática para que la llevase a esa dichosa montaña de Canadá. Pues lo llevaba claro, porque no pensaba hacerlo.

Salí de la cocina y me dirigí al sofá para ver la televisión.

- ¿No te sientas con nosotros? – quiso saber mi viejo -. Aún no hemos terminado.
- Pero yo sí – respondí, cogiendo el mando de la mesita.
- No seas maleducado, Jacob – me regañó.
- Bah, déjame en paz – mascullé, dejándome caer en el tresillo, que estaba cubierto con sábanas y una manta.
- Este chico – farfulló primero -. Creo que todavía no ha pasado la adolescencia – afirmó después para hacerle la gracia a ella.

Le dediqué una mirada asesina mientras hacía zapping.

- No importa – sonrió ella.

Se hizo un placentero momento de silencio en el que sólo se escucharon los cubiertos trabajando sobre los platos.

- Dime, Nessie, ¿quién te está persiguiendo y por qué? – inquirió Billy.
- No puedo… decirlo – declaró ella, bajando la mirada.

Ja. Genial. Encima, no nos decía nada.

- ¿Es por seguridad? – siguió mi viejo.

¿Es un secreto?, pensé yo con retintín.

- Sí – asintió -. No puedo desvelar nada, lo siento. Tenéis que confiar en mí – y llevó sus pupilas a las mías, solicitándolo.

¿Confiar en ella? ¿Después de lo que me había hecho? ¡Ja!

No dije nada, volví la vista a la televisión y la obligué a quedarse allí tiesa, aunque eso me costara que se me secasen los ojos y se me cayesen rodando por el suelo.

- Bueno, si es así, lo haremos – aceptó el ingenuo de Billy. Que hablase por él -. Supongo que tu familia tendrá una buena razón para eso.
- Gracias, Billy. Oye, ¿qué tal están los chicos? – preguntó ella, se notaba que para cambiar de tema.
- Bien, hoy tenían una fiesta en First Beach, ¿no es así, Jacob? – y giró medio cuerpo para mirarme.
- Tenían – maticé, simulando un completo pasotismo.
- Sí, bueno, con esta lluvia seguro que han tenido que cancelarla – afirmó, volviéndose hacia ella de nuevo.
- Vaya, pobrecitos – rió ella.

Sí, pobrecitos. Me reí en mi fuero interno con un poco de malicia. Les había caído bien, por insistirme tanto con el tema. Se les acabaron las chicas por hoy. Mañana tendría material para meterme con el pesado de Embry.

- Es una lástima. Si no hubiese llovido, podíais haber ido hasta allí.

Sí, claro, cogiditos de la mano, no te digo… Este hombre estaba chalado.

- Bueno, no sé si hubiera sido buena idea – declaró ella, llevando la vista hacia su plato.

Mira, ya estábamos de acuerdo en algo.

- Ellos no están enfa…

Mi fuerte carraspeo le puso en sobre aviso. Como abriera más la bocaza, le tiraría el mando a esa cocorota dura que tenía. Billy entendió mi mensaje a la perfección y cerró su pico de oro. Al menos en este asunto, porque ella le preguntó cómo le iba y Billy se puso a hablar sobre sus hazañas de pesca, cosa que no le interesaba ni a él.

Intenté prestar la menor atención posible a la conversación que siguió, pero de vez en cuando mis estúpidos oídos se empeñaban en poner la parabólica.

Después de ese rato de charla, recogieron la mesa y la cocina, y regresaron a la sala.

Ella se metió en mi dormitorio y Billy colocó su silla junto al sofá para ver la televisión conmigo.

No llevábamos ni tres minutos de esa serie policíaca que mi viejo solía ver, cuando ella volvió a salir de mi cuarto.

Mi primer medio giro de cabeza fue para dedicarle una mirada recelosa, pero mi rostro volvió a voltearse súbitamente cuando la miré mejor. Mi corazón sufrió otro espasmo y el mando bailó un segundo en el revoltijo que mis torpes y nerviosas manos formaron de repente, hasta que no pude impedir que se me cayese al suelo.

Se había puesto una de mis camisetas, que le quedaba bastante amplia y le llegaba a los muslos, aunque debajo solamente vestía unos shorts de esos cortitos en color rosa pastel.

Tuve que respirar bien hondo y tragar mucha saliva para conseguir que mi vista regresara al televisor.

Mierda, mierda.

Sí, esto era una equivocación, debería largarme de allí ahora mismo.

Pero el idiota de mí no lo hizo.

Recogió el mando del suelo y se sentó junto a mí, acomodándose de lado, doblando las piernas para ponerlas sobre el sofá y reposando su codo en el respaldo para apoyar su cabeza en esa mano que se metía por su espeso cabello, éste se esparcía por todo su brazo.

Esto era surrealista.

- Espero que no te importe que te cogiera una de tus camisetas, no tenía nada para dormir – me dijo, ofreciéndome el mando.
- Haz lo que te de la gana – refunfuñé.

Eso hizo que no tuviera más remedio que mirar en su dirección para cogerlo.

Dios. ¿No había nada más sexy en el armario? Aunque a ella le quedaría bien cualquier cosa, claro, estaría sexy hasta con un harapo. No pude evitar que mis ojos actuasen con autonomía propia y le echasen un buen repaso. Sí, yo lo sabía muy bien, estaba muy, muy buena, como un tren, más que eso, estaba tremenda. Vaya, que mis hormonas estaban muy revolucionadas, vamos, hacía un año que yo no…, bueno, que no… Y, encima, sólo tenía ojos para ella. Y ella estaba aquí, justo a mi lado, a un solo movimiento mío…

Me pregunté si llevaría algo debajo de esa camiseta…

¡Arg! ¡Mierda! ¡Basta, basta!

Agarré el mando con precipitación y, del mismo modo, me eché a un lado para apartarme de ella, apoyándome entre el respaldo y el brazo del sofá. Peleé con mis tercas pupilas para que se despegasen de ese cuerpazo, aunque no podía dejar de echarle vistazos de reojo de vez en cuando.

Tenía que tener cuidado, ella era como una de esas sirenas que embelesan al marinero para después arrastrarlo al fondo del mar con el fin de ahogarle.

Me pasé el resto de la serie de esta guisa, peleándome conmigo mismo para no sucumbir a sus más que evidentes encantos. Para colmo, yo tenía que dormir aquí, en este incómodo tresillo, y no me quedaba más remedio que quedarme y esperar a que Billy y ella se fueran a la cama.

Volví a replantearme seriamente lo de pirarme para dormir fuera, pero fue entonces cuando ella decidió que era hora de irse a la cama.

Aleluya.

- Hasta mañana, Billy – se despidió con una sonrisa, poniéndose en pie.

Mi vista se escapó hacia ella otra vez. Maldita sea…

- Hasta mañana, que descanses – le contestó Billy.
- Hasta mañana, Jake – murmuró con voz más dulce.

Se quedó mirándome para ver si yo le decía algo, pero opté por no hacerlo. Sólo me limité a mirarla con ese recelo que le tenía reservado antes.

Respiró hondo y se dio la vuelta para caminar hacia mi dormitorio.

Y mi vista volvió a clavarse donde no debía. ¡Maldita sea!

En cuanto arrimó la puerta de mi cuarto, mis ojos pudieron tomarse un respiro, pero a mi pobre cerebro le vino trabajo por otro lado. Billy giró sus ruedas con brío y se acercó a mí.

Fruncí el ceño, a la defensiva. ¿Es que esta tortura no iba a parar?

- Tienes que ayudarla – empezó, bisbiseando las palabras -. Tienes que llevarla a esa montaña de Canadá.
- ¿Qué dices? – mis cejas se hundieron más -. No pienso hacerlo.
- Piénsalo, hijo – me cuchicheó el muy tonto, como si así ella no fuera a escucharlo -. Serán varios días, estaréis a solas, es una buena oportunidad para volver a…

¿Qué demonios decía? ¿Había bebido o qué?

- Para, para, para – le corté, enfadado, haciendo aspavientos con las manos -. Ni hablar. Ni hablar, ¿me oyes?
- Pero, escucha, si tú…
- Se acabó – volví a interrumpirle, levantándome -. Si no dejas este tema ya, me piro.
- Vale, está bien – resopló él, moviendo las ruedas para alejarse -. Haz lo que quieras, pero creo que estás perdiendo una oportunidad de oro. Luego no digas que no te lo he dicho.

Y se metió en su dormitorio, cerrando la puerta a sus espaldas.

Rechiné los dientes. Oportunidad de oro, decía. Chisté.

Apagué la televisión y la luz, y me tiré en el sofá de nuevo, recostándome.

Idiota. ¿Es que se creía que porque estuviéramos a solas unos pocos días ella iba a volver conmigo?

Sin embargo, esa absurda, alocada e imposible idea empezó a agujerear mi cabeza. Sólo fue el pinchazo de un alfiler, pero fue suficiente para que un gusano ya comenzase a hurgar donde no debía y me hiciese daño. Se colaba poco a poco por ese agujero para internarse en mi cerebro, comiéndose todas las zonas blandas de éste.

¡Estúpido! Eso era imposible, imposible. Estaba más que cantado lo que sucedería si la llevaba allí. Ella se marcharía después con ese imbécil con el que estuviese, se iría con él, y yo me quedaría hecho polvo de nuevo. Y esta vez no podría soportarlo, no podría aguantar que me dejase dos veces. No, no, ni hablar.

No sé cuánto tiempo pasó, pero los minutos fueron devorados mientras yo intentaba concentrarme en el sonido de la lluvia para no pensar en ella, cosa que era inútil, por otro lado. Maldita sea, no podía quitármela de la cabeza. Porque ella ocupaba todos, cada uno de mis pensamientos, siempre lo había hecho, pero es que hoy era especialmente duro. Ella estaba aquí. Aquí.

Mis ojos se fueron hacia la puerta arrimada de mi dormitorio. La vaga luz nocturna entraba a través de las ventanas y proyectaba en la misma el agua que chorreaba por los cristales. La tenía tan cerca. Solamente tenía que levantarme y caminar un par de pasos…

Sí, estaba chiflado. Sabía que el tenerla aquí iba a volverme loco, pero no pude evitarlo, la tentación era demasiado fuerte.

Me levanté despacio como un sonámbulo y caminé sigilosamente para acercarme a la puerta. Cuando llegué, me pegué a ésta y me quedé inmóvil.

¿Qué estaba haciendo? ¿Es que era masoquista o qué? Sí, claro que lo era, porque no debería, no debería. Ella era mi droga, esa droga prohibida, esa que, cuando pruebas una sola gota, ya no puedes dejarla. Luego me iba a arrepentir… Me mordí el labio, dudoso. Pero sólo quería verla una vez más antes de dejar que mañana se marchase. Sólo una mirada. Lo necesitaba.

Antes de que terminase de pensar todo esto, mi mano ya estaba empujando la puerta. La abrí lentamente, procurando que la hoja hiciese el menor ruido posible, y me asomé.

Ella estaba tumbada, dentro de la cama, durmiendo. Bueno, sí, vale, era lógico, ¿no? No iba a dormir en el armario.

- Jake – me llamó de pronto con un bisbiseo.

Pegué un bote, del susto. Guay. Menudo pillaje.

- No… no es lo que piensas – expliqué, y llevé mi mano a mi pelo para revolverlo con nerviosismo mientras buscaba una excusa -. Venía… venía a por unos pantalones cortos – se me ocurrió, entrando en la habitación del todo para acercarme al armario -. Con este calor no puedo dormir.
- ¿Quieres que te quite la manta? – se ofreció, incorporándose.
- No, deja, ya me pongo esto – no pude evitar que mi tono saliera con ese desagrado, aunque en esta ocasión fue más bien por esta situación tan ridícula en la que el idiota de mí se había metido solito.

¿Quién me mandaría a mí venir a mirar? Había que ser imbécil…

- Vale, como quieras – asintió ella con amabilidad, haciendo caso omiso a mis bufadas.

Cogí los primeros pantalones cortos que pillé, cerré el armario y me dirigí a la puerta de nuevo.

- Jake – me llamó otra vez.

Me giré a regañadientes, preguntándome a mi mismo por qué narices me giraba.

- ¿Qué pasa? – suspiré.
- ¿Puedes dejar la puerta abierta? Es que no me gustan los sitios cerrados.

¿Desde cuándo se había vuelto tan quisquillosa?

Resoplé por las napias y me di la vuelta para salir del dormitorio, dejando la puerta abierta.

Estupendo. Ahora tendría que dormir en el sofá, con esa puerta abierta toda la noche. Ahora su efluvio flotaría con más libertad en el ambiente. Ahora sería como si durmiésemos en la misma habitación, o parecido, vamos.

Me tiré de mala gana en el tresillo, sujetando esos pantalones cortos en la mano. Los miré con mal humor y terminé lanzándolos contra el suelo, rabiado.

Después, me acosté e intenté concentrarme en el sonido de la lluvia una vez más para que mi cerebro no pensase en ella. Y, de nuevo, fracasé.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Jun 18, 2011 6:27 pm

nooooooooooooooooooooooooooooo plis plis plis plis plis plis plis subi otro capitulo!!!!!
querio que al menos hablen del tema no aguantoooo, estoy locaaaaaaaaa locaaaaaa locaaaaaaa
vos no porque la escribiste y sabes lo que va a pasar ajajajajjajaja
pero yo creo que todas las demas coinciden conmigo... no estamos muriendo!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Jun 18, 2011 6:27 pm

aa... y podes llamarme Ali Smile
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Jun 18, 2011 7:31 pm

Gracias por ese capi tan pronto! Ese Jake enfadado me vuelve loquitaaaaaaaaaaaaaaaa!!!! Leí todo muy pronto ! Mi jefe me preguntó: qué haces por la internet??? y yo le dije: estoy estudiando español! Jajajajajaja... Gracias por esa lectura tan rica, por ser tan buena escritora y sobretodo por su atención y disposición, siempre muy amable con nosotras, eres genial genial genial!!!! Miles de apalusos para ti siempre, a ver ahora lo que pasará, ese Jake luchando para no rendirse a Nessie, me encantaaaaaaaaaaaa, ainsssssssssssss, yo quiero él para mí!!! Jajajajajaja, besos, guapa y saludos desde Brasil. I love you I love you alien alien
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Jun 18, 2011 11:15 pm

no lo puedooooo creeerrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr ya estoyy muerta de verdad....... Aliiiii gustoo en conocerte tambien y siiiii nena estoy muerta .......
jajajajajajajaja... tan bella la escritora nos subiooooo otrooo capiii rapiditoo gracias de verdad peroooo quieroo otroo, quieroo que se den al menos un besitoo peroo buenoo pocoo a pocoo pasara esoooo, pero espero que prontooo jajajajajaja por el momentooo sube otrooooooo creoo que nos vamos a volver locas siii no seguimos leyendoo jejejejejej
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Jun 18, 2011 11:22 pm

cristina muchooo gustooo sii o no que seria genial el celoo de nessie en este momentoo???
te imaginas a jacob jajajajaj de pelicula seria verlo resistir y con ese malgenioo que me enamora definitivamente deacuerdo contigooo respecto al hombre perfectoo para todas lo amooo jajajajajaj pero como dice la escritoora ese celo es en abril jajajajaja que lastima perooo sii este libroo esta genial tamara esperoo sigas escribiendo jejejejeje muaaa besos para todas
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Dom Jun 19, 2011 4:30 pm

Chicas, pienso que no aguantaré hasta el proximo capi!!!! Ainsssssss, me muero de la emoción!!!!! Ingrid, qué lastima, eh? Me olvidé de que el celo de Nessie es en Abril... Ainssssssssss, pero nuestra escritora genial y muy lista nos dará muchas sorpresas... Y este malgenio de nuestro Jacob, me vuelve loca y aún más apasionada... Qué hombre, qué majo, qué magnifico... Ainsssssssssssss
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Dom Jun 19, 2011 5:22 pm

¡HOLA, PRECIOSAS (como diria Jacob, jeje =)ºº )

Muchas gracias
Ali, Ingrid, Cristina!!!!

Muchas gracias por vuestros comentarios tan bonitos y vuestro animos!!!! =ºº)

Bueno, ante vuestra insistencia os dejare otro capi, jaja, pero no os acostumbreis mucho, ¿eh? que luego se me acaban los capis y sufrireis mas de la cuenta, jajaja Wink

Pues ahi esta nuestro Jake, luchando consigo mismo para no sucumbir a los encantos de Nessie Twisted Evil A mi tambien me vuelve loca este hombre, y mas cuando esta asi de enfadadito... Twisted Evil Ainssssssssss, es que es el mejor de toda la saga!!!!! Esta macizorro, como un tren, y encima tiene una personalidad deslumbrante, ¿que mas se puede pedir? =)ºº
Ojala pudieramos ver esto en una pelicula, ¿eh? Madre mia, yo no se si aguantaria en la butaca sin lanzarme a la pantalla, jajaja! Quien veria a nuestro Taylor en esas escenas torridas, o asi, enfadadito... Twisted Evil jaja
Bueno, pues aqui os dejo otro capi. ¿Creeis que Jake accedera a llevar a Nessie a Canada? Ya veremos Wink
Ah, y recordad que Nessie no puede decir ciertas palabras ni contarle nada por culpa de su hechizo...

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SI DIESEN PREMIOS A LA ESTUPIDEZ,
YO QUEDARÍA EL PRIMERO EN EL PÓDIUM, SEGURO


No pegué ojo en toda la noche. A la mañana siguiente me levanté hecho trizas, los muelles de ese sofá se me habían clavado en el costado y en la espalda continuamente, recreándose en mi patético dolor para que sufriera más. De nada me sirvieron mis inútiles intentos por evitarlos, y, encima, ese asqueroso gusano que ya estaba dentro de mis sesos no me había dejado en paz durante mi desconcertado insomnio.

Tuve que esperar a que ella terminase de ducharse y se secara el pelo con ese secador que Rachel había dejado aquí, para pasar al cuarto de baño, ya que se había levantado muy temprano y se me había adelantado. En cuanto pasó a mi dormitorio, me levanté y entré.

Cuando terminé de ducharme y salí de allí para dirigirme a la sala, Billy ya había terminado de preparar el desayuno y estaba sentado a la mesa, junto a ella.

Me quedé trabado como un tonto al verla. Mantenía una animada charla con Billy y sus labios dejaban ver esa sonrisa tan dulce. Se percató de mi presencia enseguida y dirigió sus preciosos ojos hacia mí.

- Buenos días, Jake – me sonrió.

Cogí una buena bocanada de aire para que mi pulso se controlase y todo en mi organismo volviese a la normalidad.

- Buenos… buenos días – murmuré, enfurruñado.

Me obligué a mover los pies y me acerqué a la mesa para sentarme, eso sí, lo más alejado de ella que pude.

Pasé de charlar con los dos, no me apetecía, así que estuve todo el desayuno con la vista clavada en el plato. La verdad es que todavía tenía la cabeza como un bombo, y lo único que deseaba es que ella se fuera lo más pronto posible de aquí para seguir con mi vacía y patética vida, que se largase de una vez para, después, volver a reconstruir mis ruinas lo antes posible. Sí, porque eso es lo que era yo sin ella, las ruinas de algo, y ella había aparecido para patearlas una vez más, desperdigándolas por todos sitios en trocitos aún más pequeños.

El horizonte que se me planteaba a partir de este día en el que ella se marcharía otra vez era desolador. Ahora tendría que empezar de nuevo, tendría que volver a construir ese rascacielos infinito y cochambroso que no se terminaba nunca, que era incapaz de levantar y que estaba cimentado en arenas movedizas. Sí, eso es lo que era yo. Sin embargo, en este año no había puesto ni la primera piedra, y con su segunda marcha ahora los cachitos eran más pequeños, prácticamente se habían pulverizado. Y las arenas movedizas seguían engulléndome, ya me llegaban al cuello.

Me levanté el primero de la mesa. Recogí mi plato, lo llevé a la cocina y me dirigí al baño para lavarme los dientes. Mi pericia con la pasta dentífrica hizo que me manchase la camiseta.

- Mierda – mascullé, escupiendo el último enjuague de mi boca.

Intenté limpiarlo con la toalla, pero el blanco de la pasta se quedó bien incrustado en el negro de la tela.

Guay.

Suspiré y salí de allí para entrar en mi habitación. Me dirigí al armario, cogí otra camiseta limpia y me cambié. Iba a salir de nuevo, cuando algo captó mi atención, y me detuve.

Ella había dejado varias cosas sobre la cama para guardarlas después en su mochila. Había algo de ropa, entre la que se incluían esos shorts rosa pastel, una caja metálica, un monedero pequeño y el recipiente de lo que parecía ser un medicamento.

Mis ojos se abrieron como platos y mi respiración comenzó a escapárseme con agitación cuando vi de qué se trataba ese medicamento. No era un medicamento. Ese recipiente lo conocía muy bien. Era ese pastillero de forma elíptica, con los días de la semana marcados en el borde. Eran esas píldoras anticonceptivas que Carlisle le conseguía.

Mis manos se cerraron en puños apretados y la camiseta que sostenía una de ellas se cayó al suelo.

No… no podía ser… Ella… se… con ese…

Noté su presencia en la habitación, detrás de mí, y me giré lentamente. No pude evitar que mis pupilas se clavasen en ella con esa mezcla de angustia y reproche. Sus ojos, en cambio, parecían alertados por mi descubrimiento, casi diría que con una gran preocupación.

- Jake, no... no es lo q... – alegó con voz queda, suplicándome con la mirada.

Pero mi mente ya comenzaba a crear su propia película. Llevé mis manos a mi pelo con nerviosismo y rabia, y mis pies empezaron a moverse de aquí para allá, tratando de que esa maldita imagen se largase de mi cabeza. No podía soportarlo, no podía soportarlo…

- Jake, por favor, escúchame - se acercó hacia mí y llevó su mano a mi brazo.
- ¡No me toques…! - mascullé, apretando los dientes con furia, esquivándola con brusquedad mientras la miraba con esa condena inevitable, con esa acusación, esa rabia, esa ira que ya empezaba a carcomerme con voracidad.

No, no podía soportarlo.

Salí de la habitación con urgencia, tenía que pirarme de allí, alejarme todo lo posible, sin embargo, ella empezó a seguirme.

- ¡Jake! – sollozó mientras caminaba detrás de mí -. ¡Jake, escúchame! ¡No es…! ¡Son para…! ¡Las tomo para nuestra lu…! – las frases se le quedaban colgando en la garganta -. ¡Jake! – lloró.
- ¿Qué pasa? ¿A dónde vas? – preguntó Billy en mi trayecto.

Abrí la puerta de casa de un bandazo y eché a correr a toda velocidad hacia el bosque. No sé por qué coño no me transformé, bueno, sí, porque lo único que quería era destrozar algo, destrozarlo como un hombre.

- ¡Jake, espera! – gritó ella a mis espaldas.

No, no podía soportarlo. Esto era demasiado doloroso para mí, demasiado, era una tortura, me quemaba por dentro. Porque la sola idea de que otro hombre pudiese gozar de su piel, de que le tocase uno solo de sus cabellos, me volvía completamente loco, la ira que se encendía en mí me cegaba.

¡No! ¡No lo soportaba!

Los dientes me rechinaron tanto, que la mandíbula hasta me dolía, de lo que apretaba, casi se me parte en dos. Le di un fuerte puñetazo a una rama que se interpuso en mi camino, la cual salió despedida en astillas, y aceleré. No tardé mucho en sacarle ventaja y en esquivarla.

No era tan idiota como para pensar que ese desgraciado con el que estuviera no la besaba, y sabía de sobra que habría más cosas, sin embargo, algo dentro de mí siempre me había dicho que ella no se iba a entregar a él, que ella jamás sería completamente suya, que eso era imposible. No, no podía creerlo, ella no. Era imposible. Eso me había mantenido más o menos cuerdo todos estos meses. ¡Estúpido! ¡Estúpido de mí! Jamás me había imaginado que iba a chocar con esto de morros y tan directamente, tan claramente. Era como un escupitajo en la cara.

Intenté evitar que esa sucia y cruel imagen se proyectase en mi más que martirizado cerebro, porque la vaga idea me hacía perder el control, llevaba esta lengua de fuego por todo mi cuerpo y llenaba mi cabeza de cosas innombrables, pero fue inútil. La película de otro hombre osando a poner sus sucias manos sobre mi ángel me cegó del todo.

Me lié a golpes y patadas con todo lo que encontré a mi paso, ramas, troncos, rocas… Todo, todo me servía para sacar esta cólera rabiosa y celosa que llevaba dentro y que me quemaba. Ardía, mi sangre ardía. Mis nudillos ya estaban en carne viva, pero me importaba una maldita mierda, antes de que la sangre que resbalaba por mis manos consiguiera tocar tierra, ya se estaban curando. Además, ese dolor no era nada comparado con el que afligía a mi corazón. Estúpido corazón, todavía latía por ella.

Quebré varios árboles y le hice una poda a otros cuantos, hasta que ya me quedé sin fuerzas y me detuve, agotado.

Apoyé mis ensangrentadas manos en el tronco de un pino y me incliné hacia delante para calmar mi rabiosa respiración, estrujando los párpados y los dientes.

Las heridas de mis manos ya se habían curado, aunque la sangre seguía en ellas, sin embargo, la herida de mi corazón se había abierto de par en par, éste sí que sangraba a chorros.

Escuché sus pisadas detrás de mí y se detuvo a mis espaldas, quedándose en silencio. Podía notar su mirada clavada en mi nuca.

No podía creerlo. ¿Por qué me seguía? ¿Por qué no me dejaba en paz? ¿Es que le divertía seguir torturándome?

- Lárgate – mascullé, rechinando los dientes con rabia.
- Jake, quiero explicarte…, pero no… – se lamentó, con un evidente nudo en la garganta mientras recogía las manos en puños apretados.

Hablaba como si estuviese desesperada. ¿Desesperada? ¿Y cómo tenía que estar yo?

Me giré con brusquedad para quedarme delante de sus narices.

- No quiero explicaciones – le respondí igual que antes -, quiero que te vayas.
- Tienes que creerme – imploró con los ojos llorosos -. No hay… - su voz se quedó atascada -. Tú eres el…

¿Qué le pasaba? ¿Es que le había comido la lengua el gato?

- ¿A qué has venido a La Push? – inquirí, más que enfadado, sacando todo el reproche que llevaba dentro -. ¿Has venido a regodearte? ¿A ver lo infeliz que es Jacob Black?

Su rostro se retorció en dolor.

- Claro que no – respondió -. Yo te… No quiero que sufras.
- Es demasiado tarde para eso, ¿no crees?
- Si me dejaras explicarte que… - y enmudeció de nuevo -. No es lo que… Yo también…

Sus manos subieron a su cabello con agitación y ansiedad.

- No hay nada que explicar – afirmé, dando paseíllos de aquí para allá, irritado -. Me abandonaste, me dejaste tirado como a un perro a dos días de la boda.
- No fue… Eso no… - su rostro se retorció más, cerrando los párpados.

Me paré en seco frente a ella.

- ¿Quieres saber por lo que pasé? – le solté, preparando mi arsenal de reproches. Ya puestos, iba a desahogarme -. Fui a buscarte – le confesé, enrabietado. Abrió los ojos de sopetón para mirarme sorprendida -. Me pasé llorando dos días, sentado en First Beach por si aparecías, por si te arrepentías. Pero no apareciste. Y aún así, salí en tu busca, soy un imbécil – reconocí, llevando mi mano a mi nuca mientras miraba hacia otro lado y rechinaba los dientes -. Adivina cuál fue el primer sitio al que fui a buscarte – y giré el careto para mirarla. No me contestó, se limitó a observarme con esos ojazos llenos de una mezcla entre horror e incredulidad -. Exacto, a Anchorage.
- Eso… eso es imposible – murmuró, confundida -. Mi padre… - y miró al suelo, como si hubiese caído en algo.
- En mi forma lobuna es muy fácil deshacer las ondas que desprende tu padre, mi don espiritual las pulveriza como si fuesen humo – declaré con un poco de altivez ácida. Ella alzó la vista, asombrada -. Así que él no podía hurgar en mi mente y no notó mi presencia. Adivina qué se cocía en la casa – seguí con mi juego de las adivinanzas, pero ella tampoco respondió esta vez -. Estaban hablando de tu boda – mi boca se negaba a pronunciar ese vocablo que ahora era tan amargo -, de tu boda con ese tipejo con el que estés – no pude evitar matizar la palabra con ira.
- ¿Qué? – musitó sin creérselo.

No se esperaba que yo me hubiese enterado, eso se notaba.

- Me dejaste para casarte con él – mascullé con rabia.

Pronunciarlo en voz alta me dolió como si me hubiesen sacado el hígado de cuajo.

Su lengua se quedó parada en el paladar.

- Jake, escucha… - murmuró después con voz trémula, acercándose a mí con ansiedad.

La esquivé y seguí con mi monólogo de patéticas confesiones, entre paseos intranquilos.

- Después de escuchar eso, me largué durante meses – revelé, dolido y enfadado.
- Cinco meses – acertó.

Me paré para mirarla alucinado. ¿Cómo sabía eso? Bueno, aunque enseguida supe la razón. Billy debía de habérselo dicho en algún momento, mientras me estaba duchando o algo. ¿Sería bocazas?

- Sí, cinco meses – reconocí, cabreado -. Cinco malditos meses. Hasta que regresé. Este año ha sido un infierno para mí, no te puedes imaginar cuánto.
- Lo… lo siento – se aproximó a mí, otra vez con los ojos suplicantes y llenos de ansiedad -. No te imaginas lo que me… Verte así me… - llevó la mano a la frente, parecía frustrada por algo.

Volví a apartarme de ella. No quería mirarla.

- Lo teníamos todo, creía que éramos felices – seguí, paseando frenéticamente a la vez que mi mano se aferraba a mi corto pelo.
- Jake, no lo entiendes, no es… Yo te… - miró a un lado con nerviosismo y giró su rostro hacia mí de nuevo -. Anchorage. ¿Te acuer…? Recuer… lo que te… La pro…

Ella también llevó la mano a su cabello con desesperación. ¿Qué le pasaba? ¿Acaso no tenía agallas para decirme la verdad?

- Recuer… la pesa…- cerró los ojos como esforzándose y los volvió a abrir para seguir hablando -. Los mal… Los sueños a veces se cumplen – y se quedó mirándome, esperando algo.
- Los sueños – repetí, expulsando el aire por la boca con enfado -. Seguro que los tuyos se han cumplido del todo, ¿verdad?
- No es eso a lo que me… - y su lengua se detuvo otra vez.
- Pues los míos se han roto del todo – confesé, dolido, preguntándome a mí mismo por qué era tan estúpido por rebajarme a este nivel -. No tienes ni idea de lo que he pasado. ¿Y ahora apareces otra vez, pidiéndome que te lleve a no sé qué mierda de montaña de Canadá? – bufé.
- Sí, ya… ya sé que suena muy raro – asintió nerviosamente, cerrando los ojos. Luego, los abrió para clavarlos en los míos con prisas -. Pero tienes que confiar en mí, no queda mucho tiempo.
- ¿Confiar en ti? – cuestioné con una acidez que me raspó hasta la garganta -. ¿Después del daño que me has hecho?
- Te juro que yo no… - su desesperada voz se paró abruptamente.

Sus pies comenzaron a moverse de aquí para allá mientras estudiaba el suelo como si estuviese buscando algún tipo de respuesta en él.

No entendía su actitud, estaba rara, se la veía muy nerviosa.

De pronto, se detuvo y se quedó frente a mí.

- Mira esto – y alzó la mano para ponerla en mi mejilla.

¡Uf! Eso sí que no. No quería más recuerdos, los pocos que yo mismo me atrevía a insinuar ya me hacían demasiado daño. No podría soportar que apareciese ese… cretino en alguna de sus imágenes. No quería saber cómo era, quién era. Eso haría que perdiese la cabeza del todo.

- No, apártate – rechiné los dientes, moviéndome a un lado para esquivar su mano -. No quiero que me toques.
- Por favor, Jake – suplicó, mirándome con unas pupilas ansiosas y húmedas -. Tienes que llevarme a esa montaña, y tenemos que partir ya mismo. Es muy urgente.
- No, no pienso llevarte – me negué, hablando con rabia -. Lo único que quiero es que te largues de aquí y me dejes en paz.
- Jake, por favor – siguió, lloriqueando -. Ojalá pudiera…, pero no… Sólo te pido que confíes en mí.

Pero, ¿por qué me hacía esto? Y encima, se ponía a lagrimear. Eso me hería más, porque, para colmo, no soportaba verla llorar. Sí, eso hacía que mi corazón se ablandase, y no podía permitirlo, era demasiado peligroso. Mi confuso miedo produjo en mí una reacción antagónica, mi mecanismo de defensa saltó como un automático eléctrico y me hizo responder con cólera. Solté las palabras casi sin pensar.

- ¡He dicho que no! – grité, furioso -. ¡¿Es que no lo entiendes?! ¡No quiero tenerte delante! ¡No quiero olerte, no quiero verte, no quiero notar tu presencia! ¡Me dan náuseas! ¡Quiero que te largues, que salgas de mi vida ya! ¡No te soporto! ¡Te odio, ¿me oyes?! ¡Te odio!

En cuanto terminé esa parrafada, ya me arrepentí.

Su hermoso rostro fue barrido por el dolor que mis crueles y falsas palabras le causaron. Sus ojos desbordaron más lágrimas mientras hacía negaciones con la cabeza y, cuando me quise dar cuenta, ya estaba echando a correr entre los árboles, perdiéndose de mi vista.

Mi corazón saltó, tocado y angustiado. El sentimiento de culpabilidad me barrió de arriba a abajo como un tsunami imparable.

- Mierda – masculle en voz alta, enfadado conmigo mismo por espetar esas frases que no sentía de verdad -. ¡Mierda! ¡No, espera!

Y ahí me tenías, corriendo detrás de ella como un auténtico idiota. ¡Arg, sí, era idiota, idiota! Porque estaba herido de muerte, pero, aún así, de pronto sentí que no podía dejarla marchar, y encima se había ido ella sola.

La busqué ansiosamente entre los árboles, ella me había sacado algo de ventaja y ya no la veía. Corrí como un poseso, guiándome por su maravilloso aroma.

¡¿Por qué había sido tan ruin?! Eso había sido un golpe bajo, demasiado mezquino, demasiado. Y demasiadas mentiras juntas.

Su olor se concentró en una zona más boscosa y aceleré.

La divisé entre los árboles y, entonces, mis ojos se abrieron como platos, haciendo que mi fuego saltara como un resorte rabioso.

- ¡No! – gritó, cayéndose hacia atrás.

Fue imparable, instantáneo, no lo dudé ni un solo instante.

Salté en esa dirección y me transformé en pleno vuelo, aterrizando justo delante de los tres vampiros para interponerme entre ellos y mi ángel, rugiéndoles en la misma cara como una fiera salvaje. Nadie la tocaría. ¡NADIE!

- Es él – habló uno de ellos.

Parecían asombrados por mi presencia, como si no se la esperasen.

Volví a rugir con cólera incontrolada, provocando la escapada de varios animales, y noté cómo ella se levantaba para quedarse detrás de mí. Eso me tranquilizó, estaría más segura en mi retaguardia. Aunque tampoco entendí por qué no se transformaba. Bueno, estos tres no eran nada para mí, así que, pensándolo bien, lo prefería.

Ese trío lucía sus asquerosas almas putrefactas de color malva, y también percibí un ligero vaho que me mostraba el temor que les infundía, pero algo me extrañó de ellos. No olían absolutamente a nada.

Más o menos me di cuenta del por qué. Debajo de la segunda piel de sus condenadas almas, había otro envoltorio de color grisáceo. Éste les cubría completamente, y era apagado, no brillaba. No entendía muy bien a qué se debía esto, pero estaba más que claro que eso era lo que anulaba su repelente olor.

Malditos chupasangres. Siempre buscando trucos baratos para confundirnos.

No les di opción a charlas, y tampoco me fijé en ellos mucho más, para mí eran todos iguales, solamente en que iban completamente de negro. Esas sanguijuelas formaban parte de aquellos que la estaban persiguiendo. Eso era más que suficiente para que mi furia explosionara como la lava de un volcán.

Me abalancé hacia ellos sin un atisbo de duda, rugiendo con más que ira. Dirigí mi primer ataque al que rezumaba más vaho. Miedica. Su impresión y su terror fue su perdición. Nunca dejes que un lobo te huela el miedo, eso es toda una invitación. Le arranqué la cabeza de cuajo en pleno vuelo y la lancé con saña hacia un lado. El cuerpo se desplomó en el suelo, pero la cabeza chocó con el tronco de uno de los árboles que nos rodeaban, provocando en el mismo una enorme fisura, y se quedó a unos pocos metros, con ese patético horror todavía dibujado en el careto.

Los otros dos intentaron asaltarme de frente, pero yo no vacilé en ningún momento. Me lancé a por ellos con la misma rabia, sin embargo, uno de ellos pegó un elevado brinco y saltó por encima de mí, pasándome de largo.

- ¡No! – volvió a gritar ella a mis espaldas.

¡No la toques!, rugí con cólera, dándole un fuerte empujón al que tenía delante para poder darme la vuelta e ir a por el otro.

Llegué a ese chupasangres y le destrocé el brazo de una dentellada antes de que él consiguiera agarrarla para llevársela. El vampiro empezó a bramar de dolor mientras se retorcía y se sujetaba lo que quedaba de su asquerosa extremidad.

Y, entonces, me quedé a cuadros cuando me fijé en ella.

Su alma refulgía con esa luz dorada, pero ella también estaba envuelta con algo debajo. Su envoltorio no era esa capa grisácea que lucían esos chupasangres, sino que se trataba de una especie de red negra más parecida a una telaraña cuyo epicentro se concentraba en la boca, distribuyéndose a partir de ahí hacia el resto del cuerpo.

¿Qué demonios…?

- ¡Jake, cuidado! – chilló de pronto.

Noté un fuerte impacto en mi lomo, una apisonadora que me empujó y me arrojó al suelo, arrastrándome varios metros.

- ¡Jake! – gritó ella, horrorizada.

Mierda, eran más buenos de lo que creía. Estos no eran como esos vampiruchos nómadas que venían en busca de emociones fuertes. Estos estaban preparados, bien preparados.

Me quedé sin respiración durante un par de segundos, sin embargo, enseguida reaccioné. Pude ponerme en pie antes de que el vampiro del muñón llegara hasta mí con un salto para aplastarme y continuara así el ataque de su compañero.

Pero no desaproveché esa acción suya. Ni hablar.

Cuando estaba aterrizando, mis fauces le sujetaron por los pies con un movimiento súbito y tiré hacia un lado. El vampiro del muñón se estampó de morros en el terreno y aproveché ese preciso momento para lanzarme hacia él con rapidez.

Sus gritos fueron estremecedores, tanto, que podía notar el vaho de su compañero rezumando en el ambiente con frenetismo. Intentó luchar, pero fue inútil. Lo desmembré con una saña rayana en el sadismo puro y duro, hasta que su destrozada cabeza también terminó rodando unos metros.

Me erguí con poder y autoridad y me planté delante del otro chupasangres, rugiéndole en la misma cara. Su vaho húmedo, frío y azulado casi llegaba hasta el cielo.
Se dio la vuelta con un movimiento casi imperceptible y echó a correr repentinamente. Sin embargo, yo no le di cuartel.

Salí despedido detrás de él y, de un potente salto, lo abatí como si de un tigre me tratase, arrojándolo al suelo para despedazarlo entre mis gruñidos y sus gritos de delirio.

Dejé esa porquería en el suelo cuando terminé del todo, escupiendo el último trocito.

- Jake – murmuró ella, ansiosamente, acercándose a mí para abrazarme.

Di un paso hacia atrás para apartarme y ella se detuvo. Observé frenéticamente esa telaraña que la envolvía y le eché un vistazo a los cuerpos destrozados que se repartían por el suelo. Sus oscuras almas aún relumbraban, éstas estaban llamando a los trocitos para revivirlos de nuevo, y esos envoltorios grisáceos seguían rodeando cada parte de sus cuerpos.

No sabía qué era, pero todo esto me daba muy, muy mala espina. Podía oler el inminente peligro, lo intuía. Entonces, esas palabras de Bella vinieron a mi cabeza para repetirse con urgencia, rebotando con todas las partes viscosas de mi cerebro: por favor, Jacob, Renesmee se morirá si no la llevamos allí antes de seis días.

Alcé la cabeza y mis ojos se toparon con los de ella, que me miraban implorantes, suplicantes.

No, no quería llevarla a esa montaña, pero, ¡mierda, mierda, mierda! Era esta estúpida pulsión. ¡Maldita sea! Ahora que había visto el serio peligro que corría, no podía dejarlo estar. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasarme esto a mí? Sí, definitivamente era un idiota, un tonto. Porque daba igual que me hubiese dejado por otro, yo siempre la protegería. Siempre, hasta la muerte. Acababa de hacerlo ahora mismo.

Además, ese imbécil con el que estuviera no debía de servir ni para ayudarla a cruzar un charco.

Eso sí, no pensaba ir solo con ella. Lo mejor era que alguien de la manada nos acompañase, cuantos más mejor. Mejor para protegerla, y mejor para no estar a solas con ella. Iba a tener que verla a todas horas, pero por lo menos…

Mis rapidísimos y neuróticos pensamientos enseguida se toparon con otro detalle, uno muy importante. Sólo tenía cinco días para llevarla a esa montaña, quien quiera que la estuviese persiguiendo ya había dado con ella aquí, y era alguien muy peligroso. Ahora mismo no teníamos tiempo para explicaciones, tenía que sacarla de aquí ya.

Vámonos de aquí, le dije con ansiedad, empujándola con el hocico para que echase a andar.

- Tengo que coger la mochila – me indicó, interpretando perfectamente mis gestos -. Es importante.

Gruñí con desaprobación, pero si íbamos a ir a una montaña, necesitaría ropa de abrigo.

Bueno, está bien, bufé, cambiando de dirección. Vamos a por esa dichosa mochila.

Ella solamente escuchó mis gañidos y resoplidos, pero fue suficiente para que supiera lo que quería decir.

Galopé un poco más despacio para que ella pudiera seguir mi ritmo y comenzamos a dirigirnos a mi casa.

Me conecté para pedir ayuda automáticamente.

Quil, Embry, necesito que organicéis un grupo ahora mismo, les pedí. Tenéis que venir conmigo.

Algo captó mi atención en las imágenes que comencé a distinguir, pero Quil se adelantó a mi pregunta.

¡Ahora mismo no podemos! ¡Estamos luchando con unos chupasangres!

Malditos nómadas…, gruñí.

¡No, no son nómadas!, me aclaró mientras seguía peleándose con uno. ¡Estos saben luchar bien, y van completamente de negro! ¡No sabemos quién demonios son, pero estaban por todas partes, Jake, y ni siquiera les habíamos olido!

Mi mandíbula se cerró audiblemente cuando escuché eso. Ya estaban aquí, y eran muchos.

Son ellos, mascullé con rabia, para mí mismo.

¡Tendrás que ir tú solo a esa montaña con Nessie!

¿Pero qué…? ¿Ya estaban al tanto?

¿Cómo demonios sabes de qué se trata?, quise saber.

Vi cómo le arreaba un golpe a uno de ellos para quitárselo de encima.

¡Los Cullen han estado aquí esta mañana y nos lo han contado! ¡Fue gracias a ellos que descubrimos a todas estas sanguijuelas!

¡¿Los Cullen han estado ahí?! ¡¿Han vulnerado el tratado?!

Genial. Habían estado esta mañana, y seguro que ya se habían largado para dejarme a mí todo el marrón.

¡No, bueno, no han sido ellos exactamente, pero no tengo tiempo de explicártelo!, le metió una buena dentellada a otro y lanzó su brazo a un lado. ¡Al parecer, estos miserables llevaban una larga temporada…!, su pensamiento se quedó trabado, como si tuviese interferencias o algo así. Mierda, no puedo ni pens…, resopló y siguió pensando. ¡Ve yendo tú con ella, nosotros te alcanzaremos más adelante, cuando nos libremos de estos vampiros!

No me gustaba esa idea. No me gustaba nada. Pero, mierda, lo primero era su seguridad, y estaba claro que esos chupasangres que la perseguían lo hacían con mucho ahínco, puesto que ya habían dado con ella, y eso que solamente llevaba una noche aquí.

Gruñí con desagrado.

¡Está bien!, acepté de mal humor. ¡Me adelantaré yo con ella, pero tú y Embry organizaos con un grupo lo más pronto posible! ¡Ah, y por aquí también hay porquería que quemar! ¡No tardéis!

¡Entendido! ¡Bueno, ya estaremos en contacto! ¡Te dejo, que tengo jaleo!

Volví a gruñir y me desconecté.

- ¿Qué pasa? – quiso saber ella, que no se le escapaba ni uno de mis gestos.

Nada, resoplé, sacando el aire por las narices.

También entendió eso.

Y seguimos galopando. No mucho más, ya que, en un momento, estábamos en mi casa.

No hizo falta ni que se lo insinuara. Yo me quedé fuera, esperando, ella entró, se asomó a la ventana de mi dormitorio y me lanzó unos pantalones.
En cuanto me transformé y me los puse, pasé dentro.

- ¿Qué pasa? ¿Qué es esta revolución? – inquirió Billy.
- No tengo tiempo de explicártelo – le contesté, apartando las cortinas para echar un vistazo al exterior. Después me alejé de la ventana para caminar hacia mi cuarto -. Me la llevo de aquí - me asomé por la puerta para ver si ella ya había terminado de una maldita vez -. ¿Te queda mucho? – resoplé.
- Ya casi estoy – respondió ella, que ya estaba cerrando esa dichosa mochila.
- Así que finalmente vas a llevarla a esa montaña – adivinó mi viejo con una cara de satisfacción y aprobación enorme.

Me giré hacia él, con las cejas hundidas sobre los ojos.

- Será mejor que se te borre esa estúpida sonrisa de la cara – le advertí -. Parte de la manada vendrá con nosotros.
- No – desaprobó, sorprendido.
- Sí – aprobé yo.
- Recuerda lo que hablamos – cuchicheó.
- El resto de la manada se quedará aquí para proteger a la tribu, por si acaso, así que estaréis seguros – disimulé yo, pasando de esas palabras que alimentaban a mi gusano.
- Ya estoy – irrumpió ella, saliendo de mi dormitorio con la mochila a la espalda.
- Bien, vamos – apremié, caminando hacia la salida con prisas.

Ella me siguió sin rechistar.

- Hasta luego, Billy – se despidió -. Muchas gracias por todo.

Mi viejo se rió entre dientes.

- Suerte – nos deseó él cuando abrí la puerta, aunque supe que ese suerte, iba dirigido a mí.

El muy idiota…

Le dediqué una última mirada asesina y salí de allí, seguido otra vez por ella.

Corrimos hacia el bosque, mientras yo vigilaba los alrededores, y nos introdujimos entre los árboles.

- Voy a cambiar de fase – le anuncié.
- No, ¿por qué? – rebatió -. Tengo dinero, podemos ir en coche hasta la frontera y alojarnos en algún motel allí.

¡Uf! No, no, ni hablar.

- Eso ya nos llevaría doce horas, y sin hacer ninguna parada para descansar. Llegaremos más pronto si viajamos con mis cuatro patas – declaré, echando a andar hacia el tronco de un árbol para ocultarme.
- Vale – aceptó ella, aunque no parecía muy conforme.

Me quité esos pantalones negros, los até a esa dichosa cinta y me transformé en lobo.

Sacudí un poco mi pelaje y salí de mi escondite, echándome delante de ella.

En fin, esto tampoco es que fuera de mi agrado, ya que también hacía que esos recuerdos que ahora eran tan dolorosos quisieran plantarse en mi más que tarado cerebro, pero cuanto antes llegásemos a esa mierda de montaña, mejor.

Sí, estaba tarado, chiflado, no sé por qué hacía esto.

Dio un paso atrás para coger impulso y saltó sobre mi lomo. Se acomodó entre mis paletas, y cuando noté que se agarraba bien, estiré mis patas para levantarme.

No perdí más tiempo. Primero empecé con un trote, seguí con un suave galope, cerciorándome de que ella estaba bien sujeta, y metí la quinta, saliendo disparado por los interiores del bosque para iniciar esa carrera hacia las montañas de Canadá.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Dom Jun 19, 2011 6:05 pm

bueno, no me quiero acostumbrar a esto jaja es que los dejas tam abiertos que me dan ganas de matarme de la ansiedad !!!!!!
espero que puedas subir pronto, y no importa si te quedas sin capitulos, leo la novela otra vez ajjajaj, pero si no subis es peor jajajajaj
beso
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Dom Jun 19, 2011 7:58 pm

malo aconstumbrarse perooo es que es de locos no queres leer mas es imposible
me encanta lo que escribes y ps estos capitulos estan espectaculares y de verdad apoyoo del todoo a ALI....................... jajajajjajaja me lo leeria una y mas veces no te imaginas cuantas veces me he leido newmoon jajajaja peroo es que tuu historia tiene algoooo y es como la emocion que le pones es re bueno por que no la pasamos con los pelos de punta;
ya quierooo un besoo entre los dos jajajajajaja nooooo me mueroo cuandoo pase esooooo
ESCRITORA dejame decirte que me encantan tus libros y que esperoo de corazon subas otroo capii asiii se acabe lo leeremos una yu otra y otra vez hasta que me lo sepa de memoria ..........
CRISTINA ps sii que lastima peroo esperoo que en palabras vulgares estoo se ponga caliente entre ellos dos me encanta el amor y espectacular tener un hombre como ese muerooooooooooooooooooooooooooooooooooo
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Cristina Almeida
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Jun 20, 2011 12:31 am

Gracias, gracias, gracias!!!! Claro, claro, insistiré solamente un poquito, jajajajaja, por cierto, sabemos que es necesario calma para que esa novela salga perfecta perfecta y mas perfecta... Esto de acuerdo con Ali, se te quedas sin capis, yo leo la novela otra vez, como hago siempre, leo dos, tres veces,es emocionante... Y ahora???? Qué hará el gran lobo a solas con la caperucita???? Me muero de ansiedad!!!! affraid
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Brenda
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Jun 20, 2011 12:35 am

Me encanta como se va desarrollando esta historia! Va estupendamentee!
Jacob es taaan... UFFH.. increíble! <3
Me gustaron muchísimo estos capi's Very Happy
No importa que no subas capis tan rápido.. el punto es qe sigas escribiendo tan lindo y genial como lo haz stado haciendo. Sube capi quando puedas! pero no nos dejes con la duda eh XD
Besoos!
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Day Black
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Jun 20, 2011 2:18 am

HOLAAAAA Very Happy
ME ENCANTO...en realidad tendria que decir ME ENCANTARON, ya que maravillosamente subiste tantos caps una a tras de otro y no me dejaste tiempo a comentarte pero no importa no me estoy quejando al contrario ME ENCANTA!
Como había extrañado la escenas entre Jake y Nessi aunque la verdad preferiaria la escenas "románticas-pasión" pero no todo en la vida es miel sobre hojuelas y un poco de acción siempre hace bien...
No me gusta ver a Jake sufrir pero a la vez me encanta ver como intenta hacerse el duro cuando en realidad lo que mas quiera es correr a los brazos de ella...Espero con ansias lo próximos caps.
ESCRIBES GENIAL!
BESOS Y CUÍDATE! Very Happy cheers
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Jun 20, 2011 4:59 pm

Han estado increibles estos ultimos capitulos!! Estoy esperando ansiosamente los siguientes, espero que todo les salga bién y Nessie consiga salvar a Jake!!
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Jun 20, 2011 5:08 pm

creo que maso menos ya entre 199 veces a ver si habias actualizado jajaja, es mi drogaa
ojala hoy halla capiiii
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Jun 20, 2011 7:46 pm

¡HOLA, PRECIOSAS!!!!!

Madre mia, MUCHISIMAS GRACIAS A TODAS POR LEER MI FIC ^^,
Ingrid, Ali, Cristina, Brenda, Marina y Day Black!!!!
Pues si, aqui tenemos a nuestro Jake, luchando contra sus sentimientos... Twisted Evil No os desespereis, que poco a poco las cosas iran mejorando Wink De momento, vamos a ver que ocurre hoy ^^ A mi tambien me da penita de mi Jacob, es que verlo sufrir nunca me ha gustado, pero tambien me pone mogollon, que le voy a hacer, jajaja Twisted Evil Pero bueno, todo tiene su recompensa, tranquilas... I love you

Bueno, guapisimas, MUCHAS GRACIAS POR DARME TANTOS ANIMOS Y APOYARME TANTO!!!!! =ºº)
Aqui os dejo vuestro capi, espero que os guste Wink

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¡UF, UF, UF!
PELIGRO, PELIGRO


Mi pausada y rítmica respiración se mezclaba y contrastaba con el frenético quejido de las ramas, hojas y tierra que mis pezuñas producían por el contacto de mis veloces pisadas. El zumbido del viento no era lo único que podía escuchar, las aves que nos sobrevolaban de vez en cuando acariciaban el cielo con sus alas, se podía percibir el sprint de un grupo de lobos un poco más allá, alertados por mi presencia, y la vertiginosa escalada de una ardilla por uno de los troncos hacia lo alto de las ramas.

Ella estaba sobre mi lomo, montándome con esa asombrosa habilidad de siempre, como sólo ella podría hacerlo. Y no hacían falta palabras ni señas, cuando yo tenía que virar, ella ya se colocaba automáticamente en la posición correcta, sabiendo en todo momento lo que iba a hacer.

No podía creerme lo que estaba haciendo, me estaba tirando al vacío yo mismo, realmente era un imbécil. Pero el sentimiento de protegerla era superior a cualquier otra cosa.

Llevábamos varias horas de viaje en las que habíamos galopado entre valles, atravesado ríos, subido y bajado las empinadas cuestas de las montañas arboladas, serpenteado por las faldas de las mismas para esquivarlas y no tener que volver a subir por otra más. Después de todo ese tiempo en el que mi concentración tenía que estar al máximo, volví a conectarme con la manada para que me dieran el último parte.

Quil, ¿cómo vais?, le pregunté.

Esto… Ya nos estamos preparando para partir mañana, me reveló.

¡¿Mañana?!, bufé, enfadado. ¡Ya teníais que estar de camino!

Ya, bueno, es que… Es que esos chupasangres nos han llevado más tiempo del que creíamos.

¿Era yo, o eso sonaba a excusa barata?

¡Venga, ya!, protesté.

En serio, tío, deberías de haber visto cómo luchaban, intervino Embry.

Algunos se piraron y tuvimos que perseguirlos, siguió Quil.

Resoplé.

Espero que, por lo menos, los hayáis aniquilado a todos.

Ah… Bueno, verás…, eran realmente rápidos, colega, y unos cuantos se nos escaparon, me reveló él.

Mierda, ¿cuántos?, quise saber.

No sé… Puede que cinco o seis, confesó, pronunciando los números a toda prisa.

¡¿Cinco o seis?!

No podía creerlo.

¿Qué dices, Quil?, rió Embry, nerviosamente. Explícate bien, hombre. No hagas caso, Jake, después les pillamos y terminamos con ellos en un plis.

Ah, sí, claro, es cierto, y Quil también soltó una risotada nerviosa.

Esto olía a chamusquina por todas partes. Además, podía ver cómo esos dos, más el resto de la manada, se esforzaban en cambiar esas imágenes de persecuciones alocadas por otras cosas.

No me estaréis tomando el pelo, ¿no?, solté con voz amenazante.

Que noooo, afirmó Embry, alargando la negación con voz despreocupada. Tú sigue tu viaje con Nessie y no te preocupes por nada.

Hablaba como si nos fuéramos a Disney World.

Sí, mañana ya partimos hacia allí. Os alcanzaremos pronto, tranqui, continuó Quil.

¡No, tenéis que venir ya!, volví a protestar, esta vez enérgicamente.

No, no quería pasar la noche con ella a solas.

Esto… Lo siento, pero tenemos que dejarte, dijo Embry de pronto.

Sí, tenemos… Tenemos que prepararlo todo y eso, declaró Quil.

¡No, escuchad!

Y desaparecieron antes de que me diese tiempo a darles la orden.

¡Quil, Embry!, nada, ya no estaban. Mierda, mascullé, cabreado.

Busqué a alguien más de la manada, pero no encontré a ninguno. Todos habían desaparecido de repente.

¿Qué era esto? ¿Un complot?

- ¿Pasa algo? – preguntó ella, rompiendo el silencio que reinaba en ese bosque.

Nada, nada, mascullé, enfadado, desconectándome de mi manada invisible.

Ella solamente escuchó mis gañidos, pero, como siempre, los entendió a la perfección, aunque pareció evitar el tema.

- ¿Podemos parar un poco? – me pidió -. Tengo hambre, y mi cuerpo está destrozado de llevar tantas horas aquí sentada.

La verdad es que llevábamos muchas horas de viaje, no habíamos parado ni para comer, y ella se había pasado todo ese tiempo sobre mi lomo, con esa mochila a la espalda.

Reduje la velocidad hasta que el descenso por esa montaña sólo fue un simple trote y después me paré. Me giré y me eché en el terreno mirando hacia arriba, de modo que ella lo tuviera más fácil para bajar, y se apeó de mi lomo, dejando la mochila en el suelo para estirarse.

- Gracias – me sonrió.

Asentí y me levanté.

Otra vez me fijé en la red en forma de telaraña que la envolvía bajo su alma. ¿Qué demonios sería eso? ¿Algún tipo de escudo? No. Parecía algo que la oprimiese. No me gustaba nada.

El problema es que no era ninguna energía, simplemente era eso, una especie de red, y no sabía si mi poder espiritual podría deshacerse de algo así. Me pregunté qué narices sería, porque jamás había visto nada parecido.

Llevé mi poder espiritual hacia ella para comprobarlo, no había peligro, no se iba a dar ni cuenta. Mi círculo de luz brillante se extendió y la envolvió.

Y entonces, mis ojos se abrieron como platos.

La telaraña se deshacía en algunas partes, pero eran sustituidas instantáneamente por otras, que se tejían a una velocidad ultrasónica. Sin embargo, eso, que ya era bastante alucinante y raro, no fue lo que más me sorprendió. Ella cerró los ojos y jadeó con intensidad, estaba sintiendo mi poder espiritual.

¿Cómo podía sentirlo? Eso… eso era imposible…

¿O no?

De pronto, mi cabeza se vio sacudida por una serie de imágenes y recuerdos dispersos, aleatorios, muy difusos y confusos que luchaban por salir de alguna parte, era como si estuviesen bloqueados por algo. Hasta que todo volvió a la calma de forma repentina.

¿Qué había sido eso?

Retiré mi círculo brillante inmediatamente, con urgencia.

La red siguió en el mismo sitio, y sus ojos continuaron cerrados durante un instante más mientras unas lágrimas se deslizaban a ambos lados de su precioso rostro maravillado. Los abrió lentamente, alzando sus largas pestañas, y los enganchó a los míos.

- Jake… - murmuró, alucinada.

Mierda. ¿Y ahora qué le decía yo?

¿Y ella? ¿Sabría que estaba envuelta con esa tela de araña?

- ¿Por qué has hecho eso? – preguntó con un murmullo, estudiándome con la mirada.

Genial.

¿No tenías hambre?, inquirí para cambiar de tema, gañendo y dando pataditas en el suelo como un imbécil.

- Ah, sí, claro, hemos parado para comer – recordó gracias a mis estúpidos gestos.

Oteé el ambiente con mi nariz, olisqueando para ver si detectaba algún efluvio animal cerca. Mi agudo olfato dio con una manada de ciervos no muy lejos de allí.

Vamos a cazar, gañí, empujándola con el hocico.

- Preferiría comer algo caliente, ya sabes, una hamburguesa o algo – declaró.

Vale, guay. Ahora quería una hamburguesa.

¿Una hamburguesa? ¿Y de dónde te crees que…?

- Si no te transformas en humano, no te entiendo ni una palabra – me cortó.

Sí, claro.

Digo que es mejor cazar un…

- No sé lo que dices – afirmó de nuevo, mirando hacia otro lado para hacerse la tonta.

Resollé por las napias.

Aquí no hay…

- Nada, ni una palabra – insistió.

Volví a resollar y me fui detrás de un árbol para adoptar mi forma humana. Me puse esos pantalones negros y cortos, y salí de ese escondite para reunirme con ella.

- ¿Te gusta más así? – pregunté de mal humor.
- Sí, así mucho mejor – y desplegó esa preciosa y dulce sonrisa.

Tuve que coger una buena bocanada de aire y desviar la mirada con urgencia.

- Decía que es mejor que cacemos algo por el bosque – repetí en lengua humana.
- Yo prefiero una hamburguesa, ya que estamos aquí – reiteró -. No estamos lejos de alguna carretera, y debe de haber una hamburguesería por aquí cerca, puedo oler la carne a la parrilla.

Pues sí, ahora que me fijaba olía, olía. Y también se escuchan los escasos coches que pasaban por esa calzada, además del curso de un río.

- No sé, no tenemos tiempo de…
- No pasa nada por parar a tomar una hamburguesa, además, un sitio lleno de gente es más seguro – me interrumpió otra vez -. ¿Es que tú no tienes hambre? Porque yo estoy famélica, y esas hamburguesas huelen de muerte.

Sí, tenía razón, esas hamburguesas olían de muerte, y yo empezaba a notar el revoltijo de mis tripas. Pero eso de cenar a solas… Bueno, aunque el sitio estaba lleno de gente, se podía escuchar el leve bullicio desde aquí, bastante lejos, por cierto, y el hilo musical del local.

- Pues sí, tengo hambre, pero no voy preparado – alegué, señalando mi escasa indumentaria.
- Ah, por eso no te preocupes. Te he metido algo de ropa y unas deportivas en mi mochila – reveló, agachándose para abrir la susodicha.

Parpadeé, perplejo. ¿Había metido ropa para mí en su mochila?

Me mordí el labio, pensativo y dubitativo, mientras ponía los brazos en jarra y miraba a mi alrededor como un idiota, sin saber qué hacer ni cómo actuar.

Cerró la mochila, se la cargó a la espalda y se levantó con una camiseta blanca y unas deportivas negras en la mano que a mí no me sonaban de nada.

- ¿De dónde has sacado eso? – quise saber, sorprendido -. No es mío.
- Te lo compré antes de ir a La Push – reveló con una sonrisa. Otra vez tuve que parpadear, completamente descolocado -. Venga, vamos – me azuzó, metiéndome el cuello de la camiseta por la cabeza y poniéndose detrás para empujarme.
- Vale, vale, pero, espera, tengo… tengo que calzarme – acepté, algo confuso todavía.

Bajó a mi lado mientras terminaba de ponerme la camiseta, cuya talla era justo la mía, y me calzaba las deportivas, que también eran exactamente de mi número. Ella siempre daba en el clavo, por supuesto.

No le debió de ser fácil encontrar tiendas que tuvieran estas tallas. ¿Por qué se había tomado tantas molestias?

- Vamos, tengo hambre – me apremió, sacándome de mis pensamientos mientras empezaba a caminar por esa cuesta abajo.
- Espera, ¿dónde vas tan deprisa? – resoplé, cogiéndole del brazo para pararla un poco -. No te separes de mí, ¿vale?
- No, nunca – espetó con un murmullo, alzando sus preciosos y dulces ojos para clavarlos en los míos con una doble intención que percibí a las claras.

¿A qué venía eso ahora?

- Va-vamos – tartamudeé, llevando mis pies hacia delante.

Idiota, idiota.

Se puso a mi lado para bajar junto a mí y me fijé en esa mochila. Parecía bastante pesada, aunque sabía que para ella no sería nada.

- Trae, yo te la llevaré – me ofrecí igualmente, quitándosela.

Ella me ayudó, sacando los brazos.

- Gracias – me sonrió.

Miré hacia el frente con rapidez y me la puse a la espalda.

- De… de nada – murmuré.
- Mira – me avisó, cogiéndome del brazo para que mirase a mi lado izquierdo, donde se encontraba ella -, se ven luces allí, ¿las ves? – y me señaló el sitio con el dedo de la mano que no me sujetaba -. Es un pueblo.

Sentir la calidez de su mano en mi brazo me puso todo el vello de punta.

- ¿Eh? Ah, sí, sí – asentí, obligándome a mí mismo a regresar al planeta tierra.

Tampoco me había dado cuenta de que estaba empezando a anochecer hasta que no me fijé en las luces de las casas.

Después de caminar varios minutos, con ella colgada de mi emocionado brazo, pasamos los últimos árboles del bosque y salimos a un terraplén muy empinado y alto que aterrizaba en el estrecho arcén de la carretera.

La vía seguía el curso del río, que se encontraba al otro lado de la misma.

Hice el amago de saltar, tirando de ella, pero me paró.

- Espera – dijo, sin soltar mi brazo.
- ¿Qué pasa? – quise saber, girando medio cuerpo para mirarla extrañado.
- No… no puedo bajarlo sola – declaró, mordiéndose el labio.
- ¿Cómo?
- Hace un rato me hice daño en un tobillo – me reveló -. No te dije nada para no preocuparte, pero me duele bastante. Si lo bajo yo sola, tengo miedo de hacerme un esguince o algo.
- ¿Un esguince tú? – cuestioné, alzando una ceja.
- Me duele bastante – repitió.

Suspiré con vehemencia, mirando al frente para observar la altura. Habría un metro ochenta por lo menos.

- Bueno, vale – refunfuñé no muy conforme -. Bajaré yo primero y te cogeré desde abajo.
- Vale – sonrió, soltando mi ahora desgraciado brazo para dejarme saltar a mí primero.

Suspiré de nuevo y salté el metro ochenta sin ningún problema.

Me di la vuelta y levanté los brazos para esperarla.

- Ya puedes saltar – le comuniqué.
- ¿Seguro que me cogerás? – dudó desde el borde del terraplén.
- No seas tonta, claro que te cogeré – resoplé, abriendo más los brazos -. Venga, tírate ya.
- Espero que no me la juegues, me metería un buen morrazo contra el suelo – bromeó, sonriendo.

No pude evitar que mi mente reprodujera esa escena y me hizo gracia. Cuando me di cuenta, los tendones de mi boca se estiraban para curvar mis labios hacia arriba, llevaban tanto tiempo sin hacer esta función, que me pareció que estaban anquilosados.

- Eso estaría bien – admití, escapándoseme una risita sorda que me sonó hasta extraña, a la vez que ladeaba la cara.
- Cuidado, que voy – me avisó.

Eso hizo que girase el careto hacia ella con precipitación. Saltó hacia mí rápidamente y yo la cogí cuando su cuerpo se estampó contra el mío.

Se separó un poco para mirarme. Sus brazos rodeaban mi cuello, tenerla tan pegada a mí, provocó que mi pulso se acelerase y que el cosquilleo de mi estómago cobrara protagonismo.

- Es la primera vez que sonríes – murmuró, con sus preciosos labios también curvados hacia arriba.

Me obligué a tomar aire para recuperar la compostura.

- Sí, bueno – murmuré, poniéndome serio mientras ya la dejaba en el suelo -. Será mejor que nos demos prisa, todavía hay que andar un rato.
- Sí – asintió.
- Camina detrás de mí, el arcén es muy estrecho – le aconsejé -. Y no te separes de mí en ningún momento.
- Sí – volvió a aceptar.

De pronto, su mano se enganchó a la mía, apretándola con fuerza. Eso hizo que mi corazón pegase otro salto y que el cosquilleo regresase. Sentí esa complicidad que siempre había existido entre los dos, como si nunca se hubiese ido. No me di la vuelta, no me detuve, pero me quedé con cara de idiota. Menos mal que ella no podía verla.

Me estaba cogiendo de la mano, me estaba cogiendo de la mano. ¿O era yo el que la cogía? Bueno, mi mano ya se negaba a soltarla. Realmente, era una situación de lo más extraña, y tampoco entendía qué estaba haciendo ella, a qué estaba jugando. Bueno, ni yo, porque lo que debería hacer es soltarla, pero el estúpido y tarado de mí ya no podía. Mi mano se negaba a dejar marchar a la suya, la había añorado tanto…

Sí, definitivamente era patético.

Me pregunté qué pensaría ese imbécil con el que estuviese si nos viese así. Por un instante rechiné los dientes al acordarme de él, pero por otro tenía que reconocer que sentí una enorme satisfacción, un poco maléfica y vengativa. Sabía de sobra qué parecíamos, y eso me gustaba. Maldita sea. Sí, todavía me gustaba. No me equivocaba, este viaje iba a ser muy peligroso para mí. Y aún así, seguía sin soltar su mano.

Caminamos siguiendo esa carretera que no sabíamos a qué pueblo daba mientras algún coche que otro pasaba a nuestro lado. Cuando esto sucedía, ella se pegaba más a mí, provocando continuamente ese cosquilleo de mi estómago.

- Dime, ¿te… te sigue doliendo el tobillo? – le pregunté sin quitar mi vista del frente.
- No, ahora no tanto.
- Bien.

No sé cuántos kilómetros anduvimos, y el tiempo se me pasó demasiado deprisa. Lo único que podía sentir era su mano sujetando la mía con ganas y su cuerpo muy próximo a mis espaldas, tras la mochila. Cuando me di cuenta, llegamos a nuestro objetivo.

Ambos nos detuvimos.

Justo delante de nuestras narices se encontraba la hamburguesería y un motel con un cartel enorme y luminoso que ponía Motel Wenatchee, consistente en una serie de casas prefabricadas de una sola planta baja que se distribuían en hilera y que estaban adosadas entre sí.

- ¿Dónde estaremos? – preguntó, soltando mi de repente desesperada mano para sacarse el mapa del bolsillo trasero de su pantalón vaquero. Lo desplegó y lo miró.
- Ni idea. Sólo sé que me dirigí hacia el este para no toparme con tantas montañas.
- Bueno, lo mejor será preguntar en la hamburguesería – concluyó, guardándose el plano en el mismo sitio.

Tengo que admitir que me encantó cuando volvió a engancharse de mi mano, aunque esta vez tuve que girarme hacia delante con rapidez para que no descubriera mi cara de tonto.

Iniciamos la marcha por ese arcén estrecho y caminamos hasta allí. El olor y la música ambiental ya eran más que evidentes.

Entramos en la hamburguesería. Había algo de gente, pero enseguida vi una mesa vacía, así que me dirigí hacia allí. No me di cuenta de que seguía sosteniendo su mano hasta que llegamos al asiento y ella se sentó, quedándose con la misma suspendida en el aire por mi amarre. La solté, algo avergonzado, y me senté enfrente.

Cogí la carta plastificada y miré su contenido nerviosamente, intentando disimular y olvidar ese gran desliz.

El camarero no tardó en llegar, se colocó junto a la mesa con una libretilla preparada para tomar nota.

- ¿Ya habéis decidido qué tomar? – preguntó.

Cuando apartó la vista de su libreta para mirarla, casi se le salen los ojos del sitio. Se quedó observándola, completamente deslumbrado por esa belleza suya de ángel. Bueno, era normal, ella era una diosa, cualquier idiota podría darse cuenta de eso. Se me escapó una mirada fulminante que me salió de forma automática.

- Sí, yo tomaré la número tres – declaró ella.
- Y yo la cuatro – decidí, dejando la carta en su sitio.
- Una número tres y cinco de la cuatro – matizó ella, haciendo lo mismo con su carta.

El camarero no fue el único que abrió los ojos como platos, yo también me quedé sorprendido, aunque por un motivo diferente. ¿Es que me leía los pensamientos o qué?

- No, yo también tomaré una – le indiqué.

No quería que ella gastase tanto dinero.

- No, tienes hambre – objetó -. Ha sido un viaje muy largo. Tomará cinco – le repitió al camarero.
- ¿Para beber? – inquirió él después de anotar eso.
- Dos cervezas sin alcohol – pidió ella.

Y una vez más, me leyó la mente.

¿Cómo lo hacía? El caso es que esto me sonaba de algo, pero, no sé, no sé lo que era…

El camarero tomó nota e hizo el amago de largarse a la cocina.

- Espere – le paró ella. El hombre se detuvo -. ¿Me puede decir en qué pueblo estamos, por favor? Es que estamos un poco perdidos.

Sus mejillas se ruborizaron un poco, cosa que me pareció tan adorable, que casi tengo que pellizcarme en el brazo para que no se me notase la cara de idiota.

- Claro – sonrió él con amabilidad -. Esto es Leavenworth.
- Gracias – sonrió ella, y él se quedó deslumbrado una vez más.

Carraspeé, sin poder evitar que mis ojos se clavasen en él con advertencia.

Mierda. ¿Por qué hacía eso? A mí ya no me importaba…, ¿no?

Sin embargo, el empleado se dio por aludido y se piró.

- Tengo que ir al servicio – me anunció ella, levantándose.
- Espera, te acompaño – le dije, poniéndome de pie.
- Jake, no hace falta, el cuarto de baño está aquí al lado – me detuvo, poniéndome las manos sobre los hombros para que no me levantase del todo -. Estaré bien, en serio, vendré ahora mismo.

Observé la puerta del baño. Quedaba al otro lado de la de la entrada, así que si entraba un chupasangres, tenía que pasar a mi lado obligatoriamente.

- Bueno, vale – acepté, sentándome.
- Vengo ahora – me sonrió.

Y se dio la vuelta para dirigirse al servicio.

No le quité ojo durante el corto trayecto, y tampoco a la puerta. Entonces, se me ocurrió que si el aseo tenía ventana…

- Mierda – mascullé, levantándome.

Pero cuando iba a dar un paso, ella salió por la puerta.

Respiré, aliviado, y me senté de nuevo.

Observé con extrañeza cómo ella hablaba con una mujer en la barra del establecimiento. La música y el bullicio de las conversaciones hicieron que no escuchara demasiado bien lo que hablaban, pero me pareció que ella estaba contratando algún tipo de servicio. No comprendí lo que era hasta que no vi cómo ella pagaba y la mujer le entregaba una llave.

¡Uf, uf! No, ni hablar. ¿Es que se había vuelto loca?

Se dirigió a la mesa y se sentó frente a mí de nuevo.

- ¿Has alquilado… una habitación en ese motel? – inquirí, sorprendido a la vez que nervioso.
- Sí – me confirmó ella, enseñándome la llave, la cual tenía un llavero enorme en forma rectangular con el número 8 impreso en él, igualmente grande.
- ¿Por… por qué?
- No querrás dormir en la calle, ¿verdad?

No me dio tiempo a contestarle, el camarero llegó con las cervezas, su hamburguesa y dos de las mías, dejándolo todo en la mesa.

- Luego te traeré el resto – me dijo.

Y se largó hacia la barra otra vez.

- Está muy rica, pruébala, ya verás – manifestó, tragándose el bocado que se había metido -. Mi sentido del olfato no falla – y se tocó la punta de la nariz mientras sonreía.
- Yo no voy a dormir ahí – refunfuñé, peleándome con mi hamburguesa para que no se me desparramasen todas las capas que llevaba.

Le di un buen bocado. La verdad es que esas hamburguesas estaban de miedo, o tal vez fuese mi hambre canina.

- Si quieres protegerme, tienes que dormir en la misma habitación, ¿o es que vas a dejarme sola? – alegó, comiéndose otro trozo.

Mierda. Eso era verdad.

- Puedo… Puedo…
- Anda, come – siguió ella.

Y ahí terminé yo, sin saber cómo, acabé sentado en la butaca de esa habitación, junto a la cama doble. ¿Cómo podía haberme dejado convencer?

Ella salió del baño, ataviada solamente con esos shorts de color rosa y la misma camiseta que había usado en casa de Billy para dormir.

Dios. Genial. Sí, ¿cómo me había dejado convencer?

Mientras yo notaba cómo mi estúpida boca no hacía caso a mi cerebro y se caía poco a poco y mis pupilas no se despegaban de su espectacular cuerpo, ella se tumbó en la cama, boca abajo, para observar el mapa. Sus preciosas y largas piernas se doblaron hacia arriba, iniciando un pequeño baile rítmico, y su larga melena cayó hacia delante, reposando en el papel y en la colcha.

- Estamos en Leavenworth – empezó a hablar -, así que hemos cruzado el Parque Nacional Wenatchee, de ahí el nombre de este motel. A ver… - pasó su dedo por el papel -. Nos queda bastante para llegar a la frontera, hemos dado un buen rodeo – y levantó la vista para mirarme con cierto reproche.
- Oye, yo no tengo la culpa de que nos encontrásemos tantas montañas – reaccioné.
- Si me hubieses hecho caso y hubiésemos venido en coche, ya estaríamos más adelantados – declaró ella -. Pero, claro, como eres tan cabezota…
- Bueno, vale, ¿y ahora qué? – resoplé, cruzándome de brazos -. ¿Hacia dónde tenemos que ir?
- Lo mejor es alquilar un coche y seguir por carretera – afirmó a la vez que miraba el mapa -. Ya no quedan muchos bosques por aquí para seguir a cuatro patas.

La idea no me hacía nada de gracia, pero tenía razón. Esta zona era bastante árida, a ver cómo un lobo gigante montado por una chica iba a pasar desapercibido.

- ¿Y se puede saber por qué tenemos tanta prisa? – quise saber -. Es decir, ya sé que te están persiguiendo y eso, pero no entiendo por qué tienes que estar en esa montaña antes de cuatro días.

Su rostro se giró levemente para mirarme por un instante y después bajo al mapa otra vez.

- No puedo… no puedo decírtelo – murmuró con desazón.
- Genial – mascullé, mirando a un lado con desagrado. Después, volví la vista hacia ella -. ¿Y quién demonios te está persiguiendo? ¿Quiénes eran todos esos chupasangres que fueron a La Push para buscarte?
- Tampoco… puedo decírtelo – susurró de igual modo.

Estupendo.

- Verás, si tengo que escoltarte hasta esa dichosa montaña, necesito saber contra quién tengo que protegerte, ¿no te parece?

Se incorporó un poco, quedándose echada de lado y llevó sus preciosos ojos marrones a los míos para mirarlos con convicción.

- Ojalá pudiera, pero no… - cerró los párpados con pesar para volverlos a abrir y clavar esas pupilas en mí como antes -. Confía en mí, por favor, sólo te pido eso.

Confiar, confiar. Hacer eso con una persona que te deja tirado a dos días de la boda para largarse con otro no es nada fácil, la verdad. Pero había algo en su mirada que, no sé, por lo menos parecía sincera. También recordé esa tela de araña extraña que la envolvía.

- ¿Es por esa red que te envuelve? – inquirí.

Ya de tirados al río…

- ¿Cómo? – preguntó sin comprender.
- Hay algo que te oprime, lo he visto – le expliqué -. Es como una telaraña que te envuelve, y el centro nace en tu boca. ¿Es por eso? ¿Por eso no puedes decirme quién te persigue?

Su rostro pareció iluminarse como si le estuviera enfocando con una linterna, pero cuando intentó abrir la boca para hablar, su lengua se quedó trabada en algún sitio. Tampoco fue capaz de asentir o negar, aunque ya era suficiente para que comprendiese.

Ahora entendía que todas las frases se cortasen. Eso que la oprimía la impedía hablar correctamente.

- Ya veo – asentí con entendimiento -. Así que tienes que subir a esa montaña para quitarte esa red, ¿no es eso? Y me imagino que esa gentuza que te está persiguiendo son los que te la han puesto.

Su lengua pasó por lo mismo y sus gestos volvieron a verse abocados a no poder manifestarse.

No comprendía qué era esa red ni cómo diablos se la habían puesto, pero no importaba.

- Bueno, es suficiente – concluí -. No quiero saber más - era demasiado peligroso para mí, eso ya era acercarme demasiado a ella -. Te llevaré a esa montaña lo más pronto que pueda.
- Gracias – sonrió, pudiendo hablar por fin.
- En fin, es mejor que durmamos. Mañana será un día muy largo y necesitamos descansar.
- Sí – asintió, poniéndose de rodillas en la cama.

Dobló el mapa, gateó hasta la mesilla para posarlo y se metió en la cama.

- Puedes dormir aquí, hay sitio de sobra para los dos – afirmó, incorporándose un poco para mirarme.

¡Uf!

- ¿Eh? Ah, no, no, aquí… aquí estoy bien, gracias.
- ¿Seguro? – se aseguró.
- Sí, sí, seguro, apaga la luz.
- Vale, como quieras – apagó la pequeña lamparita de la mesita y la habitación quedó a oscuras. Mi vista enseguida se acostumbró a ese estado, así que pude ver cómo terminaba de acomodarse en el lecho, echándose de lado, mirando en mi dirección -. Buenas noches, Jake – murmuró.
- Buenas… buenas noches.

Tardé un buen cacho en coger el sueño. Mi cerebro era un refrito de pensamientos y emociones, no dejaba de darle vueltas a un montón de cosas. El día había sido muy intenso y habían pasado tantas cosas… Su mano cogiendo la mía, notar esa complicidad de siempre, dormir aquí, junto a ella…

Barajé por un instante la posibilidad de volver a ser amigos, aunque eso fuera peligroso para mí, tal vez hiciera que me viera abocado a mi autodestrucción, pero ya no podía evitarlo. Necesitaba estar con ella, era mi droga, mi dulce droga.

Total, que cuando me dormí, lo hice por puro agotamiento.

Sin embargo, al poco de conseguirlo, algo me sobresaltó, haciendo que me incorporase automáticamente.

- ¡Jacob!

Me levanté sin pensar y corrí hacia ella.

- ¡Jacob! – lloraba, agitando la cabeza en la almohada.

Ella me estaba llamando, no me lo podía creer. Mi estúpido instinto hizo que me sentase en la cama para despertarla y calmarla. No me dio tiempo ni de abrir la boca. En cuanto notó mi presencia, abrió los ojos de sopetón, se alzó súbitamente y se enganchó a mí en un apretado abrazo.

Me quedé completamente paralizado, en estado de shock.

- Jake… - sollozó en mi hombro, clavándome sus dedos en la espalda.

Mi corazón se aceleró y mi estómago se llenó de esas chispas que hacían cosquillas sin parar. Su pelo rozaba mi cuello y mi barbilla, y su maravilloso efluvio se metía por mi nariz a fuego. Su pecho estaba pegado al mío, dejándose notar su calidez y todas sus formas voluptuosas. Eso, y notar su aliento en mi clavícula, ya me ponía todo el vello de punta, pero cuando una de sus manos subió hasta mi nuca, me estremecí.

Me quedé mudo y parado como un imbécil, casi no podía ni respirar, de lo acelerado que iba mi corazón.

Separó un poco su cuerpo del mío y subió el rostro para mirarme, aunque a cierta distancia. Sus dulces ojos se alzaron y se clavaron en los míos. Creo que mi desesperación y mis delirios ya empezaban a volverme tarado del todo, porque juraría que lo hicieron con anhelo y deseo, y también me pareció que su corazón iba a mil por hora. Esta vez no pude apartar la vista, mis independientes pupilas se negaron en rotundo.

- Jake… - susurró, arrastrando sus suaves y delicados dedos desde mi nuca para acariciarme la mejilla -. Estás aquí…

Sí, el tonto de mí seguía aquí, y no pude evitar estremecerme una vez más. Mis ganas de besarla se convirtieron en algo demasiado urgente.

Era irrefrenable, incurable. El deseo que siempre había sentido por ella seguía más vivo que nunca. Mi desintoxicación iba al revés, cada vez sentía más dependencia hacia ella, cada vez la ansiaba más, cada vez la deseaba más. Solamente ella era capaz de hacerme sentir esto sólo con rozarme.

De pronto, me fijé en algo en lo que no me había fijado hasta ahora. Sus dedos estaban en mi rostro y su muñeca quedaba a la vista. Se la cogí y la despegué de mi cara para mirarla mejor. No podía creerme lo que mis sorprendidos ojos estaban viendo. Era la pulsera. La pulsera de compromiso.

¿Por qué…? ¿Por qué seguía llevándola?

Mis ojos volvieron a clavarse en los suyos irremediablemente y ella llevó su mano hacia mi cuello, haciéndome estremecer una vez más.

- Jake… - susurró, implorándome con esa mirada de antes -. Duerme conmigo.

Mis manos rodearon su cintura y su espalda inconscientemente, no pude evitarlo, y sin saber cómo, la acerqué más a mí.

Su cuerpo volvió a pegarse al mío y mi frente por fin notó la suya, provocando aún más a ese alocado cosquilleo de mi estómago. Ambos jadeamos.

Entonces, comencé a sentir algo que empezó a fluir a nuestro alrededor y me asusté. Algo me sonaba, pero no sabía lo que era. Y era demasiado intenso, por eso era demasiado peligroso para mí.

Idiota, ¿pero qué narices estaba haciendo?

Me aparté de ella bruscamente, aunque más que por el enfado de mi bajada de guardia fue por el miedo que sentí de repente. Miedo a esos sentimientos que ya querían aflorar y que terminarían por hacerme mucho daño.

- No, es…, será… será mejor que duerma en la butaca – afirmé con nerviosismo, dejándome caer de cualquier manera en la misma.

Pareció algo decepcionada, pero, ¿qué quería? No entendía nada. Se iba a casar con ese cretino, sin embargo, me cogía de la mano, llevaba mi pulsera de compromiso, me pedía que durmiese con ella…

Por un momento sentí que era un auténtico idiota al rechazar tal invitación, cualquier desgraciado se hubiera metido en la cama con ella para intentar algo. El gusano que hurgaba por mis sesos empezó a moverse de nuevo. ¿Y si Billy tenía razón? Puede que todavía tuviese una oportunidad con ella, y si la había… Si la había yo me tiraba de cabeza, sin pensármelo.

Empecé a arrepentirme por haber reaccionado así, pero cuando llevé mi vista hacia ella, ya se encontraba dentro de la cama, intentando coger el sueño, así que mi tren se había escapado.

Genial, Jake.

- Buenas... buenas noches - intenté arreglar.
- Buenas noches - sonrió.

Bueno, puede que finalmente fuera mejor así.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Jun 20, 2011 8:26 pm

nooooooooooooooooooooooo jacob dios miooooo sos un idiota ajjaja perdon por la palabra pero queremos accion y vos... ajajajajja igual te amamos pero bue jajajaa
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Hoy a las 4:58 am

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2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18
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